Recibido: 9 de marzo de 2023; Aceptado: 3 de diciembre de 2023
Entre la representación y el silencio. “La Página del Pueblo” durante el primer año del magazín Mundial (Perú, 1920-1931)
Between Representation and Silence. “La Página del Pueblo” during the First Year of Mundial Magazine (Peru, 1920-1931)
Entre a representação e o silêncio. “La Página del Pueblo” no primeiro ano da revista Mundial (Peru, 1920-1931)
Resumen
Objetivo
analizar la sección “La Página del Pueblo” (lpdp) de la revista Mundial en el período de la Patria Nueva de Augusto Leguía y del género magazín.
Metodología
estudiamos lpdp durante el primer año de circulación de la revista ahondando en las problemáticas que plantea esta sección en un momento de aparente renovación político-social. Los ejes disciplinarios son: los estudios del campo revisteril, que brindan un marco para abordar las materialidades y comprender la singularidad de Mundial con respecto a otras publicaciones equivalentes en la región; los históricos, para insertar los temas y problemas en el mapa de las discusiones y coyunturas del momento; y los de cultura visual, con las pautas para analizar los entramados escritos-visuales y considerar la sección como la imagen-objeto concedida a un “pueblo” silenciado y vulnerado en otros apartados de la revista.
Originalidad
no existen estudios sobre esta sección y tampoco estudios específicos sobre las secciones en Mundial. La presencia de grandes figuras del campo literario-intelectual, como Mariátegui, soslayó inquietudes sobre una publicación controversial que, aunque dio plataforma a intelectuales asociados con un pensamiento reivindicativo, se mantuvo, como plantea esta lectura del borde al centro, próxima a los intereses de la burguesía liberal y el pensamiento cristiano.
Conclusiones
lpdp fue el espacio donde se discutieron las problemáticas de un grupo socionacional que permaneció como objeto de reflexión y no como sujeto político. La escasez de imágenes, la mediación ideológica y la infantilización, estos intentos de representación en realidad poco visibilizaban a los grupos sociales discursivamente sobreexpuestos.
Palabras clave
huelgas, “La página del pueblo”, magazines, movimiento obrero peruano, Mundial , Patria Nueva, pueblo, revistas culturales latinoamericanas.ABSTRACT
Objective
To analyze Mundial magazine's “La página del pueblo” (lpdp) within the context of Augusto Leguía's “Patria Nueva” and the conceptualizations about the magazine genre.
Methodology
By focusing on lpdp during the magazine's first year of circulation, we aim to delve into the problematics posed by this section, especially during a time of alleged sociopolitical opening and renewal. The disciplinary fields include: magazine studies, which provide a framework to address the materialities and understand the uniqueness of Mundial with regards to other equivalent publications in the region; history studies, to insert the themes and problems into the map of the discussions and situations of the moment; and visual culture studies, with the guidelines to analyze the written-visual frameworks and consider the section as the image-object granted to “el pueblo” silenced and violated in other sections of the magazine.
Originality
There is a lack of studies about Mundial's “La página del pueblo” or about specific sections of the magazine. The presence of relevant figures from the literary-intellectual field, such as Mariátegui, evaded concerns about a controversial publication that, despite giving a platform to intellectuals associated with a vindictive thought, remained, as this reading from the edge to the center suggests, close to the interests of the liberal bourgeoisie and Christian thought.
Conclusions
lpdp was the discussion platform for problems of a socio-national group that remained as an object of reflection and not as a political subject. The reduced amount of images of popular sectors, as well as their mediated depictions and continuous infantilization, showcase to what extent the attempts to represent popular groups actually had the opposite outcome.
Keywords
“La página del pueblo”, magazine, Peruvian Labor Movement, Mundial , Patria Nueva, lower classes, Latin American cultural periodicals, strikes.RESUMO
Objetivo
analisar a secção “La página del pueblo” (lpdp) da revista Mundial no contexto de “Patria Nueva” de Augusto Leguía e do género magazine.
Metodologia
estudamos lpdp durante o primeiro ano de circulação da revista, a fim de aprofundar os problemas colocados por esta secção, especialmente num momento de alegada abertura e renovação sociopolítica. As áreas disciplinares incluem: estudos de revistas, que fornecem uma estrutura para abordar as materialidades e compreender a singularidade da Mundial em relação a outras publicações equivalentes na região; estudos de história, para inserir os temas e problemas no mapa das discussões e situações do momento; e estudos de cultura visual, com as diretrizes de analisar os quadros escrito-visuais e considerar a seção como a imagem-objeto concedida ao “el pueblo” silenciada e violada em outras seções da revista.
Originalidade
não há estudos sobre este trecho e nem estudos específicos sobre os trechos da Mundial. A presença de grandes figuras do campo literário-intelectual, como Mariátegui, escapou às preocupações com uma publicação polêmica que, embora tenha dado plataforma a intelectuais associados a um pensamento vingativo, permaneceu, como sugere esta leitura da ponta ao centro, próximo dos interesses da burguesia liberal e do pensamento cristão.
Conclusões
lpdp foi o espaço onde se discutiram os problemas de um grupo socionacional que permaneceu como objeto de reflexão e não como sujeito político. A escassez de imagens, a mediação ideológica e a infantilização desafiam as tentativas de tornar visíveis estes grupos sociais discursivamente sobre-expostos.
Palavras-chave
greves, “La Página del Pueblo”, magazine, movimento operário peruano, Mundial , o povo, Patria Nueva, revistas culturais latino-americanas.Desconfiemos, por lo tanto, de las palabras que acompañan la exposición de nuestros pueblos.
GEORGES DIDI-HUBERMAN 2
La revista Mundial circuló en Perú entre 1920 y 1931 bajo la dirección de Andrés Avelino Aramburú Salinas (Lima, 1883 - Santiago de Chile, 1933), hijo del fundador del diario La Opinión Nacional (1873-1914) Andrés Avelino Aramburú Sarrio (Lima, 1822-1916). Mundial condensa un ambi- cioso proyecto editorial emblemático de la modernización del periodismo peruano en los albores del régimen de Augusto Leguía (1863-1932).3 En tal sentido, converge con el espíritu de renovación, inicialmente progresista, de la denominada Patria Nueva, marcado por el imperativo de ruptura con la tradición política a la que Jorge Basadre llamó “aristocrática”,4 dado su cariz oligárquico y elitista y la distancia con respecto a los sectores populares y racializados, aspecto que, como lo refiere Fiona Wilson, intentará subsanar el régimen de Leguía.5 En este contexto de hastío con la política civilista, de efervescencia de las luchas obreras alineadas a idearios anarquistas y apu- estas sindicalistas6 y de consolidación de medios impresos y asociaciones orientadas a la incorporación y el reconocimiento de la población indígena, Leguía asumió la dirigencia.7
Estudiosos como Guerra Martinière, Ramos Núñez y Paulo Drinot se- ñalan que la Patria Nueva afirmó su compromiso con la renovación de las estructuras tradicionales de poder desde el reconocimiento de las burguesías emergentes y un proyecto de modernización que, si bien intentó validar, en sus etapas más tempranas, a los indígenas y obreros (con entidades como el Patronato de la Raza Indígena y la legitimación de los sindicatos), oscilará entre el paternalismo y el autoritarismo.8
Situada en la intersección entre la cultura letrada y la de masas, Mundial fue una revista tipo magazín que respondió al nuevo ordenamiento de sen- sibilidades concomitante con el clima general de posguerra a nivel global y con los aires de problemática apertura y renovación a nivel local. Además de dialogar con los intereses de la burguesía liberal, incluyó en sus páginas debates sobre la actualidad política nacional e internacional, las problemá- ticas sociales y asuntos que dieran cuenta de la participación de la sociedad peruana en las dinámicas asociadas con la modernidad.
Desde el 23 de abril de 1920, la revista circulaba todos los viernes con un tiraje que fluctuaba entre los 10.000 y 13.000 ejemplares.9 Grandes figuras de la intelectualidad y la política peruana pasaron por sus páginas, como José Carlos Mariátegui, José Gálvez, Jorge Basadre, Darío Eguren, al igual que escritoras y periodistas como Elvira García y García, Catalina Recava- rren, Isolina Soto y Ángela Ramos.10 Según Cipriano A. Laos, tres factores explicaban el éxito de Mundial: “el bautismo intelectual que significaba la herencia de un preclaro nombre, Don Andrés Avelino Aramburú (fundador del recordado diario “La Opinión Nacional” y de la casa editora del mismo título) en favor de su hijo Don Andrés Aramburú S., director de la revista”; así como “el estupendo material literario y gráfico” y “la excelente calidad de papel, elegante formato y demás características”.11 Este tipo de aprecia- ciones han devenido una suerte de pauta de lectura de la publicación que complejizamos con este ensayo, en el que, además, se propone ahondar en las especificidades de la revista en el contexto de las publicaciones latino- americanas tipo magazín.
Aunque eran constantes en la publicación los documentos escritos-visuales en los que se celebraba una modernidad democrática, la desaparición de la servidumbre o el ingreso de las mujeres en la esfera pública, otros contenidos se insertaron en un horizonte ideológico más bien conservador que reiteraba los estereotipos de raza y clase que intentarían ser borrados en otras secciones. A esto se le sumaban las profusas representaciones visuales de las dinámicas de sociabilidad propias de las clases altas capitalinas, todo lo cual apuntaba a reforzar, en conjunto, la imagen de modernidad y cosmopolitismo tanto de la revista como del país en proceso de renovación.
Ahora bien, un aspecto que singularizaba a Mundial con respecto a otros magazines, tanto en el Perú como en la región, era la sección “La página del pueblo” (lpdp), la cual se mantuvo en los apartados finales de la revista como espacio donde se discutían los problemas de los sectores populares, como las huelgas o la crisis de la vivienda. No obstante, a diferencia de otras sec- ciones dirigidas a lectores interpelados con los títulos, como “La crónica social” o “Para el hombre de negocios”, lpdp se enfocaba menos en desar- rollar un contenido explícito para este sector que en vehiculizar las ideas de los propios editores sobre la “cuestión social”.12 Esta sección, que tenía como interlocutores ideales los empresarios y comerciantes, frecuentemente invitados a invertir en publicidad en la revista, no tenía equivalente en otras publicaciones tipo magazín de la época, como Variedades o Monos y Monadas, en el ámbito local, o Caras y Caretas y Zig-Zag en el contexto regional.13 Si bien en estas revistas había contenidos vinculados con las luchas sociales en ebullición en el periodo, dentro de las secciones de actualidades y noticias, nunca dedicaron un espacio fijo para estos temas y problemas.13 Ahora bien, la posterior participación de José Carlos Mariátegui en Mundial añadiría otros matices a la discusión. Tras su regreso de Europa, el fundador del Partido Socialista Peruano se hizo cargo de la sección “Peruanicemos al Perú” desde el 11 de septiembre de 1925 hasta el 19 de mayo de 1929, a solicitud del director de la revista. Otra de las secciones en las que publicó fue “Motivos polémicos”. Muchas de sus columnas aparecieron también en otras publicaciones, como Amauta (1926-1930). Igualmente, Mariátegui tuvo su espacio en la revista Variedades, en la sección “Figuras y aspectos de la vida mundial”. En todas estas colaboraciones periodísticas, el autor articuló y vehiculizó sus ideas sobre la política, la sociedad y la cultura local e internacional. Algunos de esos textos fueron publicados posteriormente en libros como los Siete ensayos de interpretación de la realidad peruana y El alma matinal y otras estaciones del hombre de hoy. 14
Desde un enfoque que combina los estudios históricos, de cultura visual y el campo revisteril, nos centramos en las entregas de lpdp durante el pri- mer año de circulación de Mundial, pues coincide con el auge del proyecto de renovación sociopolítica nacional. Resulta metodológica y críticamente retador este apartado por el cuidadoso tratamiento que plantea de la “cues- tión social” en un contexto en el cual las luchas obreras, las exigencias de reivindicaciones laborales, las huelgas y las agrupaciones políticas sindicales estaban cobrando importante presencia en la esfera pública.15 Así, la sección, con su misma estética y materialidad, y estudiada en diálogo con el resto de la publicación, da cuenta de una serie de eufemismos en el abordaje de preocupaciones sociales pensadas más desde el lugar del empresariado y la burguesía emergentes que desde la perspectiva y en la voz de los trabajadores. Los llamados a la caridad y la compasión, las reflexiones sobre “el pueblo” y “la cuestión social” predominan en lpdp.
Asimismo, el término “pueblo”, tan ideológicamente cargado, expone las tensiones que atraviesan la revista. Según Hernández Solís, quien se apoya en las ideas de Laclau, Dussel, Rancière y Badiu, la palabra “pueblo se pierde en la polisemia”. Y aunque precisar sus significaciones y derivas sería objeto de otro trabajo, nos interesa rescatar la forma en que el autor destaca la condición de sujeto político e histórico que implica el concepto pueblo.16 Su presencia en el título de la sección reconoce su existencia. Ahora bien, como veremos más adelante, el gesto político de la revista con la cre- ación de lpdp se orientaba, paradójicamente, a desvirtuar esa condición.17
Por su parte, la “cuestión social” sería, como lo ha referido Paulo Drinot, el macroconcepto mediante el cual las élites políticas e intelectuales locales abordaron, en clave de despolitización, los reclamos de los trabajadores (obreros) y, también, las tensiones sociorraciales imperantes en la nación peruana.18 Señala Drinot que, dado que la élite preveía que el capitalismo promovería dentro de su propio sistema fuerzas que jugarían en su contra, esta consideró necesario proteger a los obreros de las ideas socialistas y an- arquistas, al tiempo que mantenía a la clase obrera en condiciones precarias. Para el autor, “la cuestión obrera en el Perú y en otros países fue, entonces, expresión de la forma en que la clase obrera comenzó a verse como un problema, al mismo tiempo, moral y social, que requería de una solución”.19 Al hablar de “pueblo”, en lugar de obreros, Mundial parecía minar los puentes que vinculaban a los trabajadores locales con el politizado movimiento obrero transnacional. Así, la sección daba cuenta de un intento de intervenir en los debates que distintos sectores ideológicos mantenían en torno a este grupo social. Este gesto cobra sentido en la medida en que Mundial, como revista comercial, aspiraba a llegar a un público lector amplio y, por lo tanto, era una tribuna idónea para hacer circular las ideas del sector político-social al que pertenecían tanto su director como buena parte de sus colaboradores.
En las siguientes páginas ofrecemos una breve presentación del campo revisteril y un acotado estado del arte sobre el estudio de las revistas tipo magazín, para luego enfocarnos en el análisis de la sección lpdp atendien- do tanto a su contenido escrito como a sus componentes gráficos. Se tomó como objeto de estudio una muestra correspondiente al primer año de circulación de la revista Mundial (1920-1921), para desarrollar un análisis en profundidad, en diálogo con la propuesta editorial de la revista y la Patria Nueva liderada por Augusto Leguía.
En la medida en que el género magazín destaca por la diversidad de con- tenidos cubiertos, por apelar a una audiencia amplia y por incluir novedosos recursos gráficos, el objetivo es analizar el entramado verbal y visual con el que la revista se propuso abordar al “pueblo”. En ese contexto, se busca exponer y problematizar la función que tuvo dicha sección, que, a juzgar por el título, estaría orientada a darles un lugar y una voz a los sectores obreros, aunque sus contenidos escritos y componentes gráficos más bien despolitizaban a este grupo social emergente. “La página del pueblo”, por lo tanto, fue una tribuna en la que los editores y la élite limeña debatían y reflexionaban sobre la cuestión obrera en el contexto de una aparente renovación política y social.
Mundial en el contexto de un campo de estudio emergente
Las revistas han sido estudiadas en campos disciplinares diversos (historia, sociología, literatura) que han destacado su valor como fuentes documentales imprescindibles para la historia intelectual y la historia de las ideas y para la conformación de redes y/o comunidades de intelectuales.20 En diálogo con la perspectiva anterior, en otras investigaciones las han abordado como un objeto que en su totalidad cumple un papel activo en la definición del campo cultural.21 Para Pita y Grillo, las revistas muestran las “tensiones del campo cultural de un período” en el que se cruzan intereses individuales y colectivos y se exponen inquietudes sobre cuestiones políticas, estéticas y de “identidad de la modernidad”.22 Por su parte, Gramuglio destaca el valor de las revistas como artefactos sintomáticos de las sociedades modernas. En ese contexto, “revelan el pulso de los tiempos”, son portadoras de las novedades y de los debates del período y “definen posiciones en el campo intelectual”.23 Para Fernanda Beigel, las revistas culturales son “un signo distintivo de la modernización latinoamericana”.24 Asimismo, Moraña plantea que las revistas son “objetos culturales” que “proponen protocolos de lectura”,25 asunto también trabajado por Antonia Viu en sus estudios sobre las revistas Babel, Claridad y Zig-Zag. 26
Con la publicación de Las revistas culturales latinoamericanas. Giro material, tramas intelectuales y redes revisteriles, el historiador Horacio Tarcus sintetiza la emergencia y consolidación de lo que denomina el campo revisteril.27 Tarcus ofrece un nutrido panorama de antecedentes y referentes en donde expone los principales ejes a partir de los cuales fueron estudiadas las revistas y, en particular, las culturales, en las últimas décadas del siglo pasado. En ese contexto, destacan los trabajos enfocados en la historia de las ideas y las redes intelectuales. Como fenómeno más reciente, Tarcus resalta la importancia que ha cobrado para el estudio de las revistas su comprensión como artefactos culturales, cuyas cualidades materiales, como la diagramación y los recursos gráficos, son objeto de reflexión académica. Si bien el libro de Tarcus no se enfoca especialmente en los estudios sobre el género magazín, sí traza las principales líneas para aproximarse a este campo emergente.
Aunque no existen distinciones tajantes entre magazines y revistas culturales, es posible esbozar algunas diferencias. Según Checa Godoy, las revistas culturales son publicaciones que abordan “una gran variedad de temáticas relacionadas con arte, literatura, ciencia, historia, política” y suelen ser el resultado de un interés particular de colectividades por el quehacer de las humanidades, las artes, la política o las ciencias sociales, como lo fue, por ejemplo, la revista Amauta. 28
Por su parte, las revistas tipo magazín fueron medios fundamentales para el desarrollo de la cultura de masas y, a diferencia de las culturales, tuvieron una orientación claramente comercial. Eduardo Santa Cruz plan- tea la hipótesis de que estas revistas ampliaron y expandieron la idea de cotidianidad y señala que los magazines admiten “todo tipo de contenidos” destinados a un público amplio.29 Además, al no tener una orientación te- mática específica, han sido vistos como banales, cuando no como frívolos, por la crítica ilustrada.30
Las revistas magazín fueron, en sí mismas, artefactos que en su materi- alidad expresaban la modernidad y, como tales, se instalaban como un objeto de consumo deseado. Además de la inclusión de fotograbados, fotografías, ilustraciones y otros materiales gráficos, en el magazín convergían las viejas élites políticas y culturales y las incipientes capas medias. Asimismo, visto como dispositivo impreso de la industria cultural y la expansión del con- sumo, que daba cabida a los nuevos saberes o a contenidos paracientíficos, el magazín visibilizaba audiencias y consumidores emergentes. De este modo, noticias sobre moda y acontecer nacional iban de la mano con otros contenidos que remitían a los nuevos intereses de la cultura de masas, como anuncios sobre pitonisas, entretenimiento o deportes.
La diversidad de contenidos del magazín respondió a una voluntad de atraer a una lectoría amplia y así disputar un espacio entre la emergente lectoría de clase media. Si bien Mundial cubría intereses de actualidad general para audiencias segmentadas por género y edad, no tuvo dentro su audiencia ideal a los sectores obreros. Se observa, en cambio, la presencia de nuevos destinatarios: el hombre de negocios, los niños y, de vez en cuando, los jóvenes. También compartía con otras revistas de la región la cualidad de dirigirse a una mujer moderna, aunque todavía, casi exclusivamente, en su papel de dueña de casa. No obstante, no todos los contenidos estuvieron tan definidos, lo que dejaba un margen amplio para la lectoría. De hecho, en su primer año eran frecuentes los mensajes que revelaban la voluntad de la revista de adecuarse a los intereses de su público: “Queremos satisfacer el gusto de todos nuestros lectores. Escríbannos lo que, en su concepto, le hace falta a ‘Mundial’”.31 Con ello, la publicación reiteraba su participación en las dinámicas capitalistas propias de una industria cultural que, como analizan Theodor Adorno y Max Horkheimer, no solo se sostiene en los consumidores, sino que también los dirige y los absorbe.32
Los recursos visuales, sean fotografías, ilustraciones u otros elementos gráficos, ocupan un lugar importante en los magazines, aunque en los prime- ros años de Mundial las colaboraciones escritas tenían un lugar prominente en comparación con las imágenes. Al igual que Caras y Caretas (Argentina) y Sucesos (Chile), Mundial recurrió a la sátira política por medio de la in- clusión de una caricatura en la portadilla que hizo las veces de editorial.33 Según Geraldine Rogers, las revistas son “construcciones destinadas a mostrar (poner a la vista, dar a leer)” y este hecho implica una “dimen- sión performativa” en la que se podría tensionar lo que se expone visual- mente con el editorialismo programático. De este modo Rogers invita a pensar en las formas y cualidades que adoptan los contenidos que están en exposición. Es así, añade la autora, que las revistas intervienen “en el reparto de lo visible y lo legible en la esfera pública y en el mercado de bienes simbólicos”.34
Cuando pensamos en Mundial como un “dispositivo de exhibición”, nos preguntamos también por la manera en que se disponen y exhiben los contenidos y, sobre todo, en la forma en que temas, cuerpos y sujetos “se po- nen a la vista” en sus páginas. Como lo ha referido Beatriz Sarlo, las revistas plantean una sintaxis, “un orden, una paginación, una forma de titular que, por lo menos idealmente, sirven para definir el campo de lo deseable y lo posible de un proyecto”.35 Así, aunque la ubicación de lpdp hacia el final de cada ejemplar podría indicar una subordinación, la ponderación de otros aspectos propios de su materialidad, como la diagramación, la extensión y el encabezado, revela una jerarquía similar a la de otras secciones permanentes de la revista. En lpdp el contenido era principalmente textual y consistía en una reflexión, a veces cercana a una columna de opinión, sobre la crisis social y laboral que estaría atravesando el Perú y que solía mostrarse como parte de una crisis global. En tal sentido, la sección era menos secundaria que el proletariado al que aludía en la revista, cuyas realidades y, sobre todo, su búsqueda de agencia política en el nuevo escenario social eran objeto angular de reflexión y discusión por parte de las élites intelectuales y económicas del momento. Es decir, si bien esta sección buscaba dar alguna visibilidad a los trabajadores, se trata de una representación problemática que conllevaba su subexposición, pues los consideraba objeto de reflexión y no sujeto de representación.36
Son estas tensiones en el proyecto de visibilizar a este grupo sociona- cional las que abordamos en este trabajo. Atendiendo a la materialidad de la revista y las escasas imágenes que acompañan esta sección, las cuales no siempre van en línea con los contenidos allí discutidos, partimos de los postulados de Georges Didi-Huberman sobre las tensiones en los intentos de representación de los pueblos, que los tornan, más bien, en “pueblos sin rostros” expuestos a la desaparición.37
“La página del pueblo”: representación, visibilidad, despolitización
En Pueblos expuestos. Pueblos figurantes, Georges Didi-Huberman ex- plica que las formas tradicionales de representación escrita-visual del pueblo son también condenas que conducen a su desaparición, sobre todo debido al uso de una categoría genérica: “el pueblo”, que borra el espacio para las diferencias y especificidades angulares para la agencia política. Según el autor:
Los pueblos están expuestos a desaparecer porque están --fenómeno hoy muy flagrante, intolerablemente triunfante en su equivocidad misma-- subexpuestos a la sombra de sus puestas bajo la censura o, a lo mejor, pero con un resultado equivalente, sobreexpuestos a la luz de sus puestas en espectáculo. La subexposición nos priva sencillamente de los medios de ver aquello de lo que podría tratarse: basta, por ejemplo, con no enviar a un reportero-fotógrafo [...]. Pero la sobreexposición no es mucho mejor: demasiada luz ciega. Los pueblos expuestos a la reiteración estereotipada de las imágenes son también pueblos expuestos a desaparecer.38
En tal sentido, aun cuando se trate de intentos de conceder lo que Jacques Rancière denominó el “derecho a la imagen” para sujetos tradicionalmente exentos de voz representación, las estrategias desplegadas pueden implicar también homogeneizaciones despolitizadoras.39 Como señala Didi-Huberman, la representación no suele ir de la mano con “el aparecer político de los pueblos”, entendido como un proceso de “aparición de diferencias”.40
En el caso de Mundial, lpdp sería un espacio, pero, sobre todo, una imagen (más discursiva que visual) compensatoria y suplementaria del silencio en la representación de sujetos populares en lugares más centrales de la revista. La posibilidad de considerar un entramado textual como imagen-objeto surge de los estudios sobre la cultura visual cuyos postulados y énfasis en la visión y la visualidad, más que en las imágenes en concreto, enfatizan el carácter impuro de letra e imagen y proponen, más bien, los sustratos visuales de lo escrito y los sustratos escritos de lo visual.41 Desde esta perspectiva, sostenemos que lpdp constituye la imagen-objeto que se le concede al “pueblo” en la revista, pues esta sección, en su materialidad, provoca un efecto visual en el que la palabra “pueblo” funge en sí misma como una imagen que conlleva un complejo sistema ideológico, político y semántico que se pone en debate a nivel tanto de contenido (los textos que conforman la sección en las distintas entregas de la revista), como de su análisis, en diálogo con los discursos e imágenes que aparecen en el resto de la publicación. lpdp es el retrato suplementario de un pueblo constantemente aludido, pero ausente en términos de rostros singulares que anuncien la posibilidad reivindicativa de subjetividad e identidad. Esto tensiona el gesto democrático y modernizador de la revista que se embarca en la discusión de problemáticas sociales, aunque más como una “emulación y adaptación de ejemplos europeos y norteamericanos de ‘mejoramiento’ social” que como el tipo de denuncia política que se vehiculizaba en medios impresos como El Obrero Textil (Lima 1919-1925) o La Protesta (1911-1927).42
En esa línea, es fundamental detenerse en el tono controversial que atra- viesa las referencias y aparentes reivindicaciones de las luchas obreras en la revista. En la entrega del 23 de abril de 1920, lpdp adjudicaba la crisis social que enfrentaba el país a las secuelas del gobierno de José Pardo y Barreda (1915-1919), marcado por las convulsiones sociales y el paro general de 1919.43 Ahora bien, a medida que avanzaba el año, cada número enfatizaba distintas aristas de la crisis, como las dificultades para acceder a los alimentos o las precariedades de la vivienda para los sectores populares, y se interpelaba con mayor frecuencia al gobierno actual.
El número del 20 de septiembre de 1920 volvía a enfatizar la situación económica que, según el texto, no afectaba exclusivamente al Perú, sino a “todos los pueblos del mundo”.44 Sin embargo, se alegaba su mayor incidencia en el ámbito local, debido al clima de inestabilidad política que habría su- mido al país en “la más negra anarquía”.45 En línea con el espíritu moderno y pluralista del que se jactaba la revista y de los nuevos tiempos, el texto criticaba la sordera del Parlamento ante los reclamos sociales:
[...] los ancianos que han dejado sus músculos y sus energías en los engranajes de las máquinas enemigas y la acción destructora del tiempo y del trabajo, llegan a la impotencia, sin una ley que les ponga a cubierto del hambre y la desnudez; y los pobres que son víctimas de la intemperie y del clima y por las malas instalaciones y la peor con- dición de la faena, llegan a la invalidez sin los beneficios de la ley que consagra y reconoce las enfermedades profesionales, y lo que es más, para decirlo todo, sin que todavía en esta era de justicia y derecho, en que la ley debe normar los actos de todos los hombres y de todos los pueblos, sea entre nosotros ley de la nación el Contrato del Trabajo, única forma de armonizar los valiosos e impostergables intereses y necesidades de capitalistas y trabajadores.46
Ahora bien, el compromiso no se extendía a la lucha activa de los tra- bajadores y las huelgas obreras locales eran descalificadas, so pretexto de la ausencia de formación intelectual de estos sujetos, condenados por su precariedad y debilidad ideológica, en contraste con la imagen que se tenía del obrero europeo:47
Las huestes obreras, amargadas por el eterno infortunio, decepcio- nadas por la censurable indiferencia y azotadas por clamorosa injusticia, hartas ya de tanto daño, se juntan lastimosamente con ideales impropios de quienes tienen ofensas que cobrar y tierras que reconquistar y pro- claman ideales, que son justos y santos, donde la opresión y la tiranía tienen torturada a la democracia, pero inconvenientes en una república libre y que por desgracia no tiene intacta la hijuela de sus mayores.48
Según Drinot, la discusión de las problemáticas obreras en la década de 1920 devela las contradicciones ideológicas de los proyectos de modernización anclados en el pensamiento social cristiano, evidenciado en la alusión a la justeza y santidad de los ideales proclamados. Así, mientras defendían ideas progresistas reiteraban la necesidad de conservar la estructura social y sus jerarquías mediante una activa intervención del Estado, que debería “frenar la acumulación de excesiva riqueza y buscar la ‘justicia distributiva’”.49 Este cristianismo social, que abogaba por el consenso y las mejoras en las condi- ciones de vida de los trabajadores sin alterar el statu quo, cristalizaba el tipo de aproximación a la cuestión social tanto en lpdp como en el resto de la revista y evidenciaba los intentos de socavar la posible vinculación de las luchas de los trabajadores locales con las consignas del anarquismo o el socialismo que estaban en ebullición a nivel local e internacional. Así, la entrega de lpdp del 14 de mayo de 1920 deslegitimaba una huelga de trabajadores alegando que era injustificada e impertinente en un país como el Perú, descrito como de- mocrático e igualitario. Aseveraba también que estos levantamientos estaban condenados al fracaso, al carecer de respaldo social:
En esta era, de peligro supremo para los pueblos cuya cultura fue siempre descuidada, toca al Perú conocer su verdadera situación y afrontarla con talento y energía y, sobre todo, con un bien entendido patriotismo. // Entre nosotros, [sic] no hay que dar lecciones de odio ni venganza contra nada ni contra nadie. No hay aquí la plaga terrible del Zaarismo [sic] con sus abominables delitos; ni existe tampoco aquí la sombra fatídica del militarismo brutal y despótico de casta, contra los cuales ha luchado el mundo entero al final y los apóstoles del socialismo hacen [sic] muchos años atrás. En nuestra patria hay la igualdad democrática que tanto se proclama, y en materia de leyes protectoras del pueblo, no somos tan desdichados que digamos; falta nomás [sic], que una conveniente organización social y política, ar- monize [sic] todos los intereses exigiendo que los ricos sean menos ricos, para que los pobres sean menos desgraciados. // En cuanto a las huelgas, por falta de orientación de las masas y por lamentable descuido del estado, en nuestro país, estas han empeorado siempre la condición del obrero reclamante.50
Es interesante la ausencia de imágenes que ilustren estos movimientos sociales. Como señalábamos en líneas precedentes, tanto la retórica cristiana como la representación problemática de los conflictos con la mediación ideológica y escrituraria de quienes no comulgan con tales levantamientos son vías para despolitizar al mismo pueblo al que intenta representarse en esta sección. Los obreros que se levantan se reducen al pueblo sin rostro que no tiene demasiada cabida en la revista.
En tal sentido, la entrega de lpdp del 2 de septiembre de 1921 resaltaba por ser de las pocas en incluir una imagen para ilustrar la discusión sobre “La crisis del trabajo”. Ahora bien, esta imagen también evidencia la elisión del pueblo como sujeto político. Titulada “las víctimas de las huelgas. ¡Dios mío, cuándo se pondrán de acuerdo!”, presenta en el primer plano a una mujer empobrecida, a juzgar por su indumentaria y su actitud deses- perada e impotente, junto a un niño aferrado a sus piernas. El significado que construyen letra e imagen es que los más vulnerables, madres y niños, son los más afectados con los levantamientos sociales y, por ende, los más interesados en la paz, la conciliación y el trabajo de los varones proveedores. En un tercer plano, y solo a través de una ventana, vemos una masa enar- decida que representaría a los obreros en huelga. Se trata de un conjunto sin rostro e indiferenciado que, en tal sentido, no solo queda despolitizado, sino cuestionado, pues su accionar se plantea como antagónico del bienestar de las familias. Esa imagen recuerda el imaginario urbano sobre las masas, que, desde las últimas décadas del siglo xix en Europa, se constituyeron como una amenaza para las élites (figura 1). 51
Figura 1.: “La crisis del trabajo”
Una elisión aún mayor se da en la ausencia de marcas raciales en la mujer y el niño. Los sujetos representados pueden responder a cualquier contexto moderno transnacional y resultan hasta disonantes con respecto a la realidad local. La clase obrera en Mundial es, como lo señalará Drinot, un subterfugio para borrar las marcas indígenas y vehiculizar un proyecto socionacional moderno anclado en la industrialización y la preservación de las estructuras convencionales.52 Según Drinot, “los proyectos de formación del Estado” en estas tempranas décadas del siglo xx se articularon en la “seducción de la clase obrera”, es decir, en “la creencia de que esta clase era un agente de progreso y civilización, o, lo que es lo mismo, un medio para superar el problema del indio en el Perú”.53
Entretanto, el texto enfatizaba la necesidad de leyes obreras que pudieran restaurar el “trabajo redentor” que daría a los sectores populares la garantía de estabilidad, pues la “cuestión social” había devenido “la principal cuestión de estado”, aunque anticipaba una potencial deslegitimación de los conflictos. Además, los comparaba con patologías que debían ser atendidas y, sobre todo, contenidas, antes de que ocasionaran un daño mayor:
Dice Renault que cuando un pueblo con razón o sin ella se convul- siona y agita, pidiendo o exigiendo algo que según su criterio le falta, se presenta ante la consideración de la sociedad un organismo enfermo, cuya dolencia es necesario atender, antes que el mal tome mayores pro- porciones y sea más difícil y acaso imposible la curación.54
Destaca la elocuencia de la metáfora patológica y la constante infanti- lización de un pueblo al que se le despolitizaba mediante la relativización de sus reclamos y el llamado a la acción por parte del Estado, en lugar de la legitimación de la dirigencia obrera.55
Figura 2.: “El primer huelguista”
La problemática de la vivienda, recurrente en esta sección, también se mante- ní en el tono despolitizado que apelaba a la humanidad de los arrendadores sin adentrarse en cuestiones legales, como lo muestra la entrega del 1 de octubre de 1920 titulada “Humanidad y justicia”, donde se recalcaba la gravedad de la crisis habitacional y cuestionaba la ausencia de “humanidad” de los arrendadores, que expulsaban a quienes no podían cubrir los montos de alquiler, con frecuencia, sujetos femeninos. El texto refería la preocupación ante el desalojo de una madre soltera con cinco niños de menos de ocho años a su cargo:
Lo que hay que evitar es que la usura y la avaricia, el soborno y el escándalo, invadan los estrados judiciales de menor cuantía y procurar que estos sean regentados por gente austera que tenga el corazón y la conciencia en su sitio para que no se repitan estos actos de inhumanidad e incultura que, por mucho que estén ajustados al a letra de la ley, no dejan de ser un baldón para la cultura y la piedad de un pueblo noble. // [...] la cultura nacional exige, el buen nombre de nuestra sociedad impone, la humanidad determina y la delicadeza del momento actual manda, que los señores jueces antes de proceder en extremos tan fatales, vean bien lo que hacen y traten de armonizar los dictados de la ley escrita con los imperativos de la piedad y la misericordia, que son también leyes, si no tan adaptables, en cambio mucho más justas y humanas.56
La denuncia se mantenía en un plano etéreo, aún movilizado por principios religiosos que fungían como recomendaciones basadas en esencialismos: el buen corazón de los jueces deseables y la nobleza de un pueblo que, al ser tratado como entelequia distante, continuaba desprovisto de derechos legales y de representación. Como lo ha referido Drinot, acá se trata de un pensamiento social cristiano que cuestiona “el egoísmo y la rapacidad de los capitalistas, y al mismo tiempo, las tácticas subversivas de los socialistas”.57 Aun cuando el Mariátegui que escribiría los Siete ensayos de interpretación de la realidad peruana posteriormente fue colaborador de la revista, el tono ideológico que prevalecía en la publicación, y que se afianzaba en la sección objeto de estudio, es más bien próximo al que asu- mirán otras figuras, como Víctor Andrés Belaúnde, anclado en las premisas del catolicismo social, al que concebían como idóneo, por su alegada universalidad (haciendo énfasis en las capitales europeas y estadounidenses) y por su relación con los cimientos religiosos de la sociedad peruana.58
Asimismo, el segundo texto de la sección: “Las mujeres y los niños que trabajan”, mantenía el tono religioso y conciliador, ajustado a las preferencias de esa burguesía que constituía el destinatario principal de la revista. Este escrito, de aparente denuncia, no terminaba de confrontar a los empleadores que no cumplían las regulaciones. En cambio, los exhortaba a acatar la nor- mativa, definida como “mandato imperativo”, mientras apelaba a sutilezas y preguntas retóricas, como al aludir a los empleadores extranjeros: “Se creerán ellos acaso que nuestras mujeres y niños son distintos a los de su patria...?”.59
El énfasis en la intervención del Estado o el comportamiento noble de los empleadores reiteraba la infantilización de un pueblo, borrado como sujeto político, y evidencia la visión de una élite que, como lo refiere Drinot, ponía toda la responsabilidad de contención, corrección y mejora en el Estado.60
A medida que se acercaba el final del año 1920, aumentaron las imágenes que apuntaban a una mayor presencia del “pueblo”, allende el concepto abs- tracto o la materia de debate, aunque siempre se trataba de grupos acotados que borraban la faceta laboral de los obreros y, más aún, su rol político. Es lo que vemos con la entrega de lpdp titulada “Fiesta Obrera”, con fotografías de la Confederación de Artesanos y la Escuela Nocturna para señoritas del Comité Obrero de Lima (figura 3).
Figura 3.: “Fiesta Obrera”
Estas imágenes, en cierta medida dignificadoras, entran en tensión con las muchas apariciones del “pueblo” en caricaturas y material gráfico donde se reafirmaban los estereotipos sociorraciales e, incluso, la criminalización de la pobreza. En el número del 23 de abril de 1920, lpdp incorporó una breve viñeta cómica que planteaba la tirantez entre la buena voluntad y los prejuicios arraigados (figura 4). La caricatura enfatiza la falta de ilustración de quien pareciera provenir de un sector social más vulnerable.
Figura 4.: La página del pueblo
Mientras en el cuerpo de la publicación identificamos dislocaciones entre el decir y el mostrar al pueblo, lpdp se va tornando una tribuna para exhibir, como una suerte de producto comercial, al “obrero bueno”, definido en términos de su compromiso, su patriotismo y, sobre todo, su ausencia de interés político o económico. Esto es lo que exaltaba el texto “Patriotismo obrero” del 3 de septiembre de 1920:
Desde hacen [sic] días se encuentra entre nosotros, de regreso de París, lugar donde llevó importante misión social y nacional de la Con- federación de Artesanos Unión Universal, ante la clase trabajadora de Francia, el señor Emilio Bobbio, miembro distinguido del Gremio de Chauffers de esta capital. // [...] Bobbio ha viajado por su cuenta en calidad de chauffer del señor Alberto Magot, quien por el cariño que tiene a este buen servidor, y el amor que siempre demostró por nuestra patria que la considera como la segunda suya, ha contribuido poderosamente al éxito social y nacional obtenido.61
Como lo señala Geraldine Rogers, las relaciones entre prensa y publicidad crean puentes entre el mostrar y el anunciar, en clave comercial.62 La repre- sentación del “buen obrero” no solo hace eco del “buen salvaje” (Rousseau), sino que también se presenta como un paradigma modélico, disciplinario y ajustado a las exigencias de los lectores-consumidores. El obrero es parte del entramado publicitario que busca vender la revista. Su exposición en singularidad no lo repotiliza ni apunta a su humanización, como ocurriría con las fotografías de Bazin analizadas por Didi-Huberman.63 Al contrario, es objeto de una mirada que hace de él un bien comercializable, aunque modélico, al que cosifica.
La entrega del 20 de agosto de 1920 abordaba la muerte de un artesano, pero se mantiene dentro del tono controversial en términos del intento de representación. Aun cuando se incluía la fotografía del fallecido, bajo el subtítulo de “Duelo obrero” (figura 5), la imagen ocupaba el mismo lugar que en otras ediciones se dedicaba a la publicidad (figuras 6 y 7).
Figura 5.: La cuestión social
Figura 6.: El patriotismo del pueblo
Figura 7.: Habitaciones obreras
En “Cómo funciona el contenido”, aunque con el foco puesto en los libros, Michel Bhaskar plantea ideas pertinentes que aquí podemos extrapolar para pensar la relación entre los discursos escritos-visuales que circulan en las publicaciones impresas en relación con el marco ---soportes, contenedores (en este caso, la revista o la misma sección, entendida como un subconte- nedor)--- y el modelo (la razón de ser o el sentido).64 De acuerdo con este enfoque, todo lo que está encuadrado para el rótulo “La página del pueblo”, incluso sus recursos materiales (papel, tinta, signos) conforman su contenido. En la medida en que la composición no se limita al contenido objetivo de las secciones, sino que abarca también los anuncios publicitarios, podríamos leer la columna titulada “Duelo obrero” dentro de lpdp como un anuncio publicitario más. Aun cuando no venda un producto o servicio, ofrece un bien simbólico que publicita, mediante letra e imagen, al obrero modélico: “quien no solo fuera en vida un obrero ejemplar y laborioso, sino que tam- bién fue un esforzado defensor de la patria, en las horas que esta demandó el contingente de todos sus hijos”.65
En las dos últimas ediciones de diciembre de 1920, con motivo de la colecta de juguetes realizada por Mundial para los niños en situación de pobreza, lpdp se dedica a profundizar en un asunto anunciado en otras entregas: la relación afectivo --y paternalista- que Andrés Avelino Aramburú desarrolló hacia los obreros. En ese sentido, estas entregas confirman el funcionamiento de la sección como parte del “editorialismo programático” de la revista:
No han de haber olvidado los proletarios, aquellos que desde 1860 pusieron la primera piedra de nuestra organización social, defectuosa y retrograda ayer, entusiasta y decidida hoy; seguramente perfeccionada y fuerte mañana, los sabios consejos y las viriles arengas, que su gran maestro y buen amigo, el cantor de sus alegrías y sus infortunios de aquellas primeras horas de entusiasmo y ensueños, don Andrés Avelino Aramburú, dedicara a lo que más vale y más significa en los pueblos cultos: los niños, y más todavía, si se trata de los niños pobres.66
El 24 de diciembre, se volvía a comentar una temática similar, en recuerdo del fundador de La Opinión Nacional, padre del director de Mundial, desde un nosotros solidario, empático, benefactor, y se invitaba a “firmar el tratado de paz y alianza social que el Perú necesita para no verse envuelto en la ola de sangre que está arrollando y arrollará a todo el mundo y solidarizar a toda la familia peruana para indispensable reintegración de esta patria mutilada”.67 La diferencia es que, en esta oportunidad, en contraste con ediciones anteriores, sí había una firma: la de Federico Ortiz Rodríguez. La ausencia de firma en la mayoría de los textos de la sección publicados el año 1920 y la firma de Ortiz en esta entrega abren la duda sobre la autoría de los otros textos. ¿Corresponderían a Andrés Avelino Aramburú Salinas? Si bien no es posible afirmarlo, la sección, como medio de expresión distintivo de la revista y como tribuna para comentar sobre uno de los temas más sensibles de las primeras décadas del siglo xx, sobrexpone, siguiendo los postulados de Didi-Huberman, la cuestión social. Entretanto, recurría a la retórica de la beneficencia, “subalternizaba” a los artesanos y obreros, los despolitizaba y, con ello, los acercaba, en su tono ideológico, al abordaje que se hacía en la revista de otros sujetos ambivalentes en términos de derechos, como los niños (con la sección “Gente menuda”).
Esta sobreexposición silenciadora evidencia la problemática performa- tividad de los gestos solidarios, como el que ensalzaba el que los estudiantes de ingeniería se hubieran vestido con los overoles típicos de los trabajadores en faena. El número del 21 de mayo de 1920 celebraba el ejemplo “de senci- llez y democracia” que había dado los jóvenes “a las colectividades obreras y clases modestas que se sacrifica[ba]n y devana[ba]n en lucha desigual con los especuladores sin compasión y son conciencia” (figura 7). 68
Figura 7.: Los Overalls
El obrero se reducía a la indumentaria típica, homogeneizadora y genérica, en claro ocultamiento del trabajo forzado y precariamente remunerado que realizaba. En el primer año de la revista, los obreros o no aparecían o se los representaba en prendas formales en algún evento social. De lo contrario, se exponían vicariamente mediante overoles usados por otros que no eran obreros o como accesorios de máquinas que insertaban su trabajo pesado en el entramado ideológico y visual del progreso.
Como hemos visto mediante los distintos ejemplos expuestos, los in- tentos de representar al pueblo en la revista durante la etapa abordada y discutir los temas y problemas vinculados con la denominada “cuestión social” exponían más bien las tensiones ideológicas que atravesaban estas apuestas de visibilización. lpdp, como controversial imagen compensato- ria que se le confería a un grupo social silenciado en la revista, terminaba más bien contribuyendo a su despolitización. La ausencia de imágenes o las representaciones escritas-visuales descontextualizadas o en clave de excepcionalidad reiteraban la negación de las condiciones de posibilidad para concebir al pueblo como agente político alineado con los movimientos ideológicos-políticos y sociales que estaban teniendo lugar en un contexto transnacional.
Reflexiones finales
En este trabajo hemos propuesto leer el magazín Mundial del borde al centro y ahondar así en las divergencias ideológicas de una publicación angular del campo revisteril y el campo intelectual peruanos en un contexto político-social de renovación. Si bien esta revista contó con la participación figuras clave para el pensamiento social y político reivindicativo de los grupos oprimidos, como José Carlos Mariátegui, en el periodo aquí estudiado, la sección “La Página del Pueblo”, que estaba destinada a mostrar al “pueblo” y hablar de sus problemáticas, se mantuvo más bien próxima a los idearios de una burguesía que veía el abordaje de este tipo de asuntos como una forma de participar de la modernidad. En ese sentido, según hemos explicado a lo largo de estas páginas, la inclusión de esta sección no significó necesa- riamente un reconocimiento social y político de los trabajadores como clase organizada que asumiera una voz en el reclamo de derechos. Esto tornaba al “pueblo”, tan mencionado, en una suerte de entelequia abstracta y sin rostro. El pueblo ---eufemismo con el que se difuminaba cualquier aspecto de raza, clase o agencia política que resultaran corrosivos del statu quo-- permanecía subexpuesto desde su sobreexposición.
La lectura que aquí proponemos es deudora de planteamientos prove- nientes de la historia, el campo revisteril y de los estudios de la imagen. En la medida en que las revistas son artefactos culturales complejos, apostamos por una propuesta que combinara conceptos provenientes de estas tres áreas dado que permite ofrecer una reflexión de “La Página del Pueblo” en la que se ponen en relación ideas sociopolíticas del período de Patria Nueva, la materialidad y diagramación de la revista y sus componentes visuales. Buscamos que la reflexión sobre el lugar del “pueblo” en Mundial no se li- mitara a un análisis de las columnas de opinión, componente textual de la sección, sino que respondiera a un enfoque global que parte de que la revista se lee y/o “se ve” u hojea. Como fuente documental, se estimó pertinente considerar sus atributos textuales y visuales. Para ello nos aproximamos a la sección considerando su entramado material completo, en diálogo con la revista en su totalidad y con su propuesta editorial.
La originalidad de este trabajo radica, en primer lugar, en que enfrenta la escasez de investigaciones centradas exclusivamente en Mundial y, mucho menos, en sus secciones específicas, vistas en diálogo con la totalidad de la publicación y el contexto sociohistórico. En segundo lugar, en los caminos que traza en términos conceptuales, teórico-críticos y metodológicos para el estudio de fuentes complejas como Mundial allende las visiones reduccio- nistas, las homogeneizaciones o simplificaciones que resultan de abordajes más bien descriptivos o generalistas. En esta línea, la aproximación que proponemos a lpdp puede aplicarse a otros apartados de la revista, pues, como mencionábamos, son aún limitados los trabajos sobre la publicación y sus apartados. En tercer lugar, este trabajo ha querido aportar al campo de los estudios revisteriles con una propuesta teórico-crítica y metodológica que, al combinar las herramientas de distintas disciplinas, tiende puentes de diálogo entre los contenidos escritos y visuales de la revista y sus componentes materiales y discursivos, en un contexto sociohistórico acotado. Por último, el artículo contribuye al estudio de un momento en particular la historia peruana, tal como era visto por la revista Mundial. Es decir, abordamos una doble cara de la revista: como artefacto cultural y como fuente documental en la que se debatía sobre la “cuestión obrera” y las problemáticas sociales relacionadas con el tema.
Nuestro trabajo espera ser un primer paso para estudios ulteriores que ahonden y conceptualicen críticamente las derivas de secciones como lpdp a lo largo de la trayectoria de la publicación, siempre en diálogo con la tota- lidad compleja de la revista, los planteamientos sobre el emergente campo revisteril y, también, el contexto de la Patria Nueva de Augusto Leguía. Una tarea pendiente es el seguimiento de la sección a lo largo de los diez años en los que se publicó la revista, con el objetivo de profundizar en el estudio de otras temáticas, como las cuestiones de género y, sobre todo, los potenciales cruces entre este apartado y las secciones que fueron surgiendo con el desarrollo de la publicación, como, por ejemplo, las que estuvieron a cargo de intelectuales como José Carlos Mariátegui.
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