Fuente: Autoría propia
Habitar como cuidar.
Espacialidades relacionales en un asentamiento informal de Coquimbo, Chile
Dwelling as Caring.
Relational Spatialities in an Informal Settlement in Coquimbo, Chile
Habitar como cuidar.
Espacialidades relacionais em um assentamento informal em Coquimbo, Chile
Habiter comme prendre soin.
Spatialités relationnelles dans un quartier informel à Coquimbo, Chili
Andrés Hurtado
Instituto de Políticas Públicas, Universidad Católica del Norte, Coquimbo, Chile
andres.hurtado@ucn.cl
https://orcid.org/0000-0001-9117-7052
Walter Imilan
Centro de Estudios Arquitectónicos, Urbanísticos y del Paisaje (CEAUP), Universidad Central de Chile, Santiago, Chile
walter.imilan@ucentral.cl
https://orcid.org/0000-0002-2478-8176
Cómo citar este artículo:
Hurtado, A. y Imilan, W. (2025). Habitar como cuidar: Espacialidades relacionales en un asentamiento informal de Coquimbo, Chile. Bitácora Urbano Territorial, 35(III): 141-154.
https://doi.org/10.15446/bitacora.v35n3.120130
Recibido: 30/04/2025
Aprobado: 7/10/2025
ISSN electrónico 2027-145X. ISSN impreso 0124-7913. Universidad Nacional de Colombia, Bogotá
[1] Este artículo se basa en resultados de la tesis “Vivir tranquilos, resguardar el lugar: Autoconstrucción y proyectos de vida en Newen Kallfu” (Hurtado-Álvarez, 2024), presentada para optar al grado de Magíster en Antropología Sociocultural de la Universidad de Chile.
(3) 2025: 141-154
Autores
10_120130
Resumen

En Chile, durante los últimos años, ha aumentado la diversidad de asentamientos informales que, pese a las oportunidades que abren a sus habitantes, siguen siendo leídos como espacios residenciales transitorios marcados por la marginalidad urbana. Sin embargo, muchos de ellos hoy se proyectan como hábitats residenciales definitivos, en los que convergen trayectorias, saberes y prácticas diversas. Con una perspectiva etnográfica, estudiamos cómo, en un campamento con más de 10 años de historia en la ciudad de Coquimbo, el proceso de configuración espacial y sociomaterial se articula en torno a relaciones afectivas, sensibilidades ecológicas y aspiraciones que producen ambientes de vida. El texto presenta tres relatos construidos a partir de experiencias de habitantes del campamento, que permiten identificar una espacialidad basada en relaciones que, de forma amplia, pueden ser entendidas desde los cuidados. En la historia de sus habitantes, el campamento deviene una infraestructura que sostiene la vida, un proceso inacabado y permanente. El artículo contribuye a los debates sobre informalidad urbana al mostrar cómo los cuidados se configuran como una dimensión clave en la consolidación socioespacial de asentamientos con vocación de permanencia.
Palabras clave: asentamientos humanos, urbanización, barriada, vivienda, etnografía
Abstract

In Chile, the diversity of informal settlements has increased in recent years. Despite the opportunities they open for their inhabitants, they continue to be read as transient residential spaces marked by urban marginality. However, many of these settlements are now projected as permanent habitats where multiple trajectories, knowledges, and practices converge. From an ethnographic perspective, this study examines how, in a settlement with more than ten years of history in the city of Coquimbo, the process of spatial and sociomaterial configuration is articulated around affective relationships, ecological sensibilities, and aspirations that generate living environments. The text presents three narratives built from the experiences of camp residents, which reveal a spatiality grounded in relationships broadly understood through care. In the life stories of its inhabitants, the settlement becomes an infrastructure that sustains life — an unfinished and ongoing process. The article contributes to debates on urban informality by showing how care emerges as a key dimension in the socio-spatial consolidation of settlements with a vocation for permanence.
Keywords: human settlements, urbanization, shantytowns, housing, ethnography
Resumo

No Chile, nos últimos anos, tem aumentado a diversidade de assentamentos informais que, apesar das oportunidades que oferecem a seus habitantes, continuam sendo interpretados como espaços residenciais transitórios marcados pela marginalidade urbana. No entanto, muitos deles hoje se projetam como habitats residenciais permanentes, nos quais convergem trajetórias, saberes e práticas diversas. A partir de uma perspectiva etnográfica, o estudo analisa como, em um assentamento com mais de dez anos de história na cidade de Coquimbo, o processo de configuração espacial e sociomaterial se articula em torno de relações afetivas, sensibilidades ecológicas e aspirações que produzem ambientes de vida. O texto apresenta três relatos construídos a partir das experiências dos moradores do assentamento, que permitem identificar uma espacialidade baseada em relações amplamente compreendidas a partir dos cuidados. Na história de seus habitantes, o assentamento torna-se uma infraestrutura que sustenta a vida — um processo inacabado e permanente. O artigo contribui para os debates sobre a informalidade urbana ao mostrar como o cuidado se configura como uma dimensão chave na consolidação socioespacial de assentamentos com vocação de permanência.
Palavras-chave: assentamentos humanos, urbanização, favela, habitação, etnografia
Résumé

Au Chili, ces dernières années, la diversité des quartiers informels s’est accrue. Malgré les opportunités qu’ils offrent à leurs habitants, ils continuent d’être perçus comme des espaces résidentiels transitoires marqués par la marginalité urbaine. Cependant, nombre d’entre eux se projettent aujourd’hui comme des habitats permanents où convergent trajectoires, savoirs et pratiques diverses. À partir d’une perspective ethnographique, cette étude analyse comment, dans un quartier informel fort de plus de dix ans d’histoire à Coquimbo, le processus de configuration spatiale et sociomatérielle s’articule autour de relations affectives, de sensibilités écologiques et d’aspirations qui produisent des environnements de vie. Le texte présente trois récits élaborés à partir des expériences des habitants du quartier, permettant d’identifier une spatialité fondée sur des relations largement compréhensibles à travers le prisme du soin. Dans l’histoire de ses habitants, le quartier devient une infrastructure qui soutient la vie — un processus inachevé et permanent. L’article contribue aux débats sur l’informalité urbaine en montrant comment le soin se configure comme une dimension clé dans la consolidation sociospatiale des établissements ayant une vocation de permanence.
Mots-clés : hábitat humain, urbanisation, bidonville, logement, ethnographie
Introducción
Los asentamientos informales en América Latina expresan una amplia gama de proyectos, expectativas, saberes y capacidades económicas. Su estudio ha sido extenso y continúa siendo clave para comprender las formas contemporáneas de producción de ciudades en la región (Abramo, 2012; Caldeira, 2017).
En Chile, la literatura académica reciente ha documentado principalmente experiencias de campamentos —una forma particular de asentamiento informal— como espacios residenciales transitorios, construidos por sectores vulnerables que esperan acceder a una vivienda formal. En esos estudios, se identifican crecientes procesos más bien individuales o familiares, a la par de un debilitamiento de las dimensiones colectivas que hicieron posibles los campamentos en la segunda mitad del siglo XX (Zenteno-Torres et al., 2025).
Sin embargo, las formas que adoptan hoy los procesos colectivos son distintas. Newen Kallfu, un campamento ubicado en la comuna de Coquimbo, permite explorar el papel que los cuidados —de la naturaleza, la familia, el espacio público, las infancias— desempeñan en la configuración socioespacial de los asentamientos informales, más allá de lo estrictamente habitacional. A lo largo de más de una década, Newen Kallfu se ha sostenido en el diseño abierto e inacabado de ambientes e infraestructuras que hacen posible el habitar (Amin, 2014; Ingold, 2012). Aunque las condiciones estructurales de desigualdad y vulnerabilidad en Chile son insoslayables, resulta igualmente relevante reconocer los conocimientos y prácticas transformadoras que los propios habitantes de los campamentos como Newen Kallfu movilizan para, al modelar el espacio, modelar su vida (Turner, 2018).
En América Latina, los estudios sobre asentamientos e informalidad urbana se han centrado en la desigualdad en el acceso al suelo, las tensiones entre legalidad e informalidad y las formas de agencia que se impulsan en los procesos de producción social del hábitat (Abramo, 2012; Caldeira, 2017; Canestraro, 2013; Chanampa & Lorda, 2020; Clichevsky, 2007). En Chile, estas aproximaciones han estado marcadas por perspectivas sociológicas de la acción colectiva, centradas en las estrategias y demandas del movimiento de pobladores, que desempeñó un rol político transformador en las décadas de 1970 y comienzos de 1980 (Garcés, 2002). La dictadura cívico-militar (1973-1989) interrumpió estas luchas, reconfigurando actores y políticas institucionales (Imilan et al., 2020). Durante los años 1990 y 2000, las estadísticas parecieron mostrar una disminución en la formación de campamentos, producto de una agresiva política de vivienda (Ducci, 2007). Sin embargo, desde la década de 2010, el campamento reaparece con fuerza y masividad como estrategia habitacional (Vergara-Perucich, 2022), proceso acentuado tras la pandemia de Covid-19 (Zenteno-Torres et al., 2025).
Desde las políticas públicas, este aumento se asocia al deterioro del acceso a vivienda adecuada por las vías formales (Déficit Cero & Techo, 2024). El habitar en campamento se concibe como una etapa previa al acceso a una vivienda subsidiada; sin embargo, esto no siempre ocurre. En años recientes, distintos trabajos han descrito el aumento de los campamentos como efecto de la desigualdad urbana y la ‘financiarización’ de la vivienda (Contreras Gatica & Seguel Calderón, 2022; Vergara-Perucich, 2022), junto con estudios que destacan el papel de las redes locales e historias compartidas (Inostroza & Schulze, 2014; Pino Vásquez & Ojeda Ledesma, 2013). Otros análisis, por su parte, abordan las nuevas relaciones entre migración latinoamericana y asentamientos informales (Briceño González, 2024; Pérez & Palma, 2021). Estos enfoques relativizan la idea de transitoriedad y marginalidad, resaltando formas de colaboración y organización de los propios habitantes. Junto con lo anterior, se han identificado procesos de comercialización de suelo al interior de los campamentos, impulsados por ‘urbanizadores piratas’ (Contreras Gatica & Seguel Calderón, 2022).
En síntesis, el marco de comprensión de los campamentos como realidad socioespacial se ha ampliado, reconociendo su diversidad. Un campamento se produce y sostiene no sólo por las condiciones estructurales impuestas por la política habitacional o el mercado inmobiliario —que no dejan de ser relevantes—, sino también por proyectos que configuran relaciones diversas con el habitar: desde la residencia temporal y estratégica hasta la permanencia prolongada o erradicación, y desde la organización comunitaria hasta el arriendo o compra informal de espacios (Imilan et al., 2020).
Para muchos residentes, el campamento no es la última opción de acceder a un techo, y en no pocas ocasiones las personas están dispuestas a priorizar aspectos como localización en la ciudad, amplitud del espacio o seguridad colectiva por sobre condiciones de inseguridad en la tenencia o habitabilidad precaria. Es decir, priorizan espacios que permitan mantener la vida andando (Amin, 2014; Ingold, 2012).
Newen Kallfu, en la comuna de Coquimbo, ofrece una trayectoria de más de una década que contribuye a comprender la diversidad de los asentamientos informales contemporáneos. En primer lugar, se constituye como un proyecto que, aunque no fue colectivo en su origen, se transformó y dio lugar a formas de colaboración para construir viviendas y espacios públicos en diálogo con la naturaleza y paisaje circundante. Sus habitantes no lo conciben como un lugar de paso, sino como un espacio en el cual diseñar proyectos y sostener sus vidas.
Si bien diversos trabajos han destacado la agencia de los habitantes de asentamientos informales en la producción de sus espacios (Caldeira, 2017; Holston, 2009) (su dimensión cotidiana y relacional ha sido menos explorada. Desde enfoques que conciben el espacio y el habitar como un proceso en el que las personas diseñan y son diseñadas por sus prácticas espaciales, en este artículo estudiamos algunos aspectos de Newen Kallfu desde el prisma de las éticas de los cuidados: posicionamientos afectivos y políticos que enfatizan la interdependencia entre humanos y no humanos (Puig de La Bellacasa, 2017), y que sostienen formas de reparación, mantenimiento y creación de mundos que se enfrentan al deterioro y la desaparición. Desde esta perspectiva, el campamento deja de entenderse sólo como una ‘solución habitacional’ transitoria o una plataforma de demandas al Estado, para pensarse como una infraestructura viva (Amin, 2014).
A partir de un trabajo etnográfico de siete meses con Newen Kallfu, presentamos tres relatos que dan cuenta de distintos entramados de relaciones desarrollados a lo largo de su historia. Basados en observación participante y entrevistas etnográficas, estos relatos buscan relevar la capacidad de agencia y transformación cotidiana de sus habitantes, sustentada en lógicas —no necesariamente transaccionales— de colaboración y cuidado.
Con matices, nuestro análisis muestra a Newen Kallfu como un colectivo forjado a contrapelo de las tendencias de individualización que acompañan el incremento actual de asentamientos informales en Chile (Zenteno-Torres et al., 2025). Al mismo tiempo, permite ir más allá del análisis habitacional convencional, al evidenciar cómo vecinos, espacios, plantas y paisajes se entrelazan en la producción de ambientes e infraestructuras de vida a través de relaciones de cuidado, ampliando así los marcos de análisis sobre los asentamientos informales en América Latina.
El Campamento y sus Relaciones Espaciales
Observamos el campamento como la espacialización de las relaciones que lo hacen posible, el espacio, desde nuestra perspectiva, no es la superficie o escenario donde la vida ocurre, sino el resultado abierto e inacabado de trayectorias e historias en marcha (Massey, 2005). Las historias que relatamos en este artículo involucran prácticas que, en su creatividad y astucia espacial, pueden ser comprendidas como una forma de diseño, es decir, prácticas improvisadas de dar-forma a circunstancias y contextos siempre cambiantes (Ingold, 2012). Historias, prácticas y diseños, junto con otros elementos sociomateriales, se ponen en relación y se co-producen e impactan recíprocamente, produciendo una infraestructura viva (Amin, 2014): un ensamblaje que provee de elementos básicos para la vida urbana (agua, electricidad, techo, seguridad, entre otros).
Entonces, ¿qué elementos entran en relación y producen el espacio en Newen Kallfu? Jirón et al. (2024) sugieren que en muchas ocasiones las motivaciones y sentidos para la autoconstrucción, ampliación y transformación de las viviendas son guiadas por éticas de los cuidados (Puig de La Bellacasa, 2017). Esta perspectiva se apoya en una conceptualización amplia que considera la necesidad universal de formas de mantenimiento, sostenimiento y reparación como dimensiones centrales para comprender cómo llevamos nuestras vidas. En efecto, el observar la espacialidad de Newen Kallu desde esta perspectiva, permite comprender de mejor manera las condiciones no transitorias que sus habitantes plantean. Desde esta perspectiva, observamos cómo las materialidades y prácticas en Newen Kallfu se entrelazan para dar forma a un habitar relacional que denominamos ‘habitar-con’.
Newen Kallfu y sus Habitantes
El campamento Newen Kallfu en la ciudad de Coquimbo posee una historia que, si bien no es extraordinaria, es producto de procesos particulares de ocupación y transformación del espacio. Su historia arrancó en el año 2012, en plena península de Coquimbo (ver Figura 1) en un sector llamado ‘Parte Alta’, históricamente conformado por ocupaciones informales con distintos grados de regularización (Inostroza & Schulze, 2014). El área en la que se emplaza particularmente Newen Kallfu es llamada por los vecinos ‘Las Peñas’, por su carácter árido, rocoso y costero (ver Figura 2). En la actualidad es de propiedad pública, se encuentra bajo administración municipal y el nuevo Plan Regulador Comunal lo proyecta como área verde.
Los procesos particulares de ocupación y transformación del espacio en Newen Kallfu siguen una orientación ‘ecologista’, la que se expresa a través de distintas prácticas socioespaciales que se vinculan, pero no se limitan, a la autoconstrucción. Antes de la formación del campamento, el lugar era un vertedero clandestino que fue limpiado y organizado por los vecinos para promover y practicar determinadas formas de habitar. Vivir en Newen Kallfu implica poner atención a las características ecológicas de Las Peñas, lugar en donde además de residir humanos residen grandes rocas, animales y plantas, especialmente lucumillos (Myrcianthes coquimbensis) y añañucas (Rhodophiala rhodolirion): especies del norte de Chile con ciclos vitales complejos y vinculadas al fenómeno llamado ‘desierto florido’.
La dimensión paisajística de Las Peñas también tiene centralidad en el habitar en Newen Kallfu. Sin ir más lejos, la elección del nombre del campamento, que se traduce desde el mapuzugun como ‘fuerza azul’, hace referencia, según los vecinos, a la continuidad del cielo y el mar que se observa desde las viviendas autoconstruidas, y que tiene efectos relajantes para sus habitantes (ver Figura 2).
De acuerdo con el último Catastro Municipal de Campamentos (Municipalidad de Coquimbo, 2023) en Newen Kallfu residen cerca de 145 personas, que componen 65 familias (74% de 1-3 miembros) de las cuales 10 tienen ciudadanía extranjera. En dicho estudio se expone que en 2012 llegaron las primeras 4 familias, posteriormente, el 2015 arribaron 12 y el 2018 otras 10. Durante el 2020, año de la pandemia Covid-19, llegaron 7 familias.
La investigación tuvo un trabajo de campo de siete meses de duración (entre abril y octubre de 2023). Durante este tiempo se llevaron a cabo jornadas de observación participante y entrevistas etnográficas, cuyos resultados fueron sistematizados en un cuaderno de campo. La observación participante fue realizada en reuniones, asambleas, jornadas de autoconstrucción, entre otras instancias, y las entrevistas fueron principalmente conducidas en las viviendas de los habitantes del campamento. Cabe señalar que, en distintos momentos del trabajo de campo, de manera muchas veces casual —al pasar tiempo en el campamento— surgieron de manera inesperada conversaciones que, con apariencia anodina (Wacquant, 2006), condensaron sentidos y lógicas locales transmitidas de manera cotidiana, mientras que, a la vez, permitieron construir y mantener relaciones de confianza entre investigadores e interlocutores. La mayoría de las entrevistas etnográficas fueron conducidas luego de dos o tres conversaciones de este tipo. Los nombres de los habitantes mencionados en los relatos son seudónimos, los cuales, en su mayoría, fueron escogidos por ellos mismos. La producción y análisis del material etnográfico fueron realizadas durante el trabajo de campo —y revisitadas para este artículo— a partir de un proceso reflexivo en donde descripción e interpretación van de la mano (Guber, 2001). De esta forma, los cuidados y su relevancia en la conformación del campamento fueron categorías emergentes del trabajo de campo y su posterior discusión, que encuentra su síntesis en la noción de ‘habitar-con’.
Los relatos se organizan principalmente en torno a secuencias narrativas que toman elementos de todas las técnicas aplicadas. La escritura en algunos momentos se inspira en la técnica de relato de vida, con miras a mostrar cómo determinados encuentros entre personas, espacios y materialidades generan transformaciones recíprocas, abren oportunidades y configuran vidas.
La construcción de estos relatos pone especial atención en la dimensión de cuidados. En ellos se describen diversas relaciones y compromisos éticos y políticos (Puig de La Bellacasa, 2017) que van más allá de lo habitacional. El primer relato aborda, desde las historias de Aby, cómo Newen Kallfu nace de éticas asociadas al cuidado de Las Peñas: un espacio que valoran y transforman desde un vertedero hasta un asentamiento a partir de sus prácticas socioespaciales. El segundo relato muestra, con las historias de Guacolda y José, cómo las trayectorias habitacionales pueden ser modeladas por el cuidado de la familia, y pueden llevar a salir de barrios percibidos como inseguros. El tercer relato describe prácticas de autoconstrucción orientadas al cuidado de las infancias del campamento, a partir del diseño, instalación y puesta en marcha de una parada para el transporte escolar. Estas prácticas que enfatizamos en los relatos proveen elementos para dimensionar y comprender el rol que las relaciones de cuidado juegan en el asentamiento.
Tres Relatos sobre ‘Habitar-con’
Habitar con Añañucas y Lucumillos:
Relatos de Aby
Aby es una vecina que reside en Newen Kallfu desde hace más de 10 años. Aunque inicialmente residía con sus padres, en la actualidad tiene una vivienda separada en un sitio que comparte con su familia. Su vivienda es pre-construida y fue montada sobre pilotes de madera. Es simétrica y está armada con tablas paralelas de materiales homogéneos. La reja que la rodea está compuesta de una combinación de madera y mallas raschel. Colgada a la reja, hay una pizarra con información sobre futuras actividades comunitarias en el campamento: Aby es parte de la nueva directiva.
Con su hija en brazos, Aby relata su historia mientras tomamos mate en la sala de estar de la vivienda: un espacio abierto, conectado a un pequeño comedor y cocina. La biografía de Aby está estrechamente vinculada al lugar en donde está Newen Kallfu: un sitio que conoció hace más de 15 años, cuando aún estaba cursando su enseñanza escolar, residía en Iquique —a más de mil kilómetros al norte de Coquimbo— y aún no existía Newen Kallfu. Sus padres —Guacolda y José, cuyas historias relatamos más adelante— habían migrado a Coquimbo un par de años antes y tuvo que seguirlos para terminar sus estudios de tornería y soldadura en el Liceo Industrial de su nueva ciudad.
En esos años, Aby era pareja de Antonio, también de Iquique y futuro primer habitante de Newen Kallfu. Ambos emigraron a Coquimbo con sus respectivas familias, a viviendas arrendadas en la Parte Alta de Coquimbo: un conjunto de barrios populares creados a partir de antiguos asentamientos informales regularizados. Llegaron a casas ubicadas a poca distancia y compartieron amistades e intereses. En este contexto, comenzaron a organizar actividades artísticas comunitarias en la Plaza Víctor Jara, espacio que los conectó con Las Peñas. Desde allí, es posible ver el futuro emplazamiento de Newen Kallfu.
Los eventos lograron congregar a artistas de todo tipo: músicos, actores, cuentacuentos. Lograban una buena asistencia de público, por lo que volvieron a organizarlos año tras año. Gracias a esos eventos, Las Peñas —los roqueríos bajo la quebrada de la plaza— comenzaron a ser observadas y recorridas por muchas personas, algunas de ellas futuras residentes del campamento.
Aby relata que desde la Plaza Víctor Jara es posible distinguir el cielo, el mar y los roqueríos de la costa: un paisaje privilegiado que, gracias a la primacía del color azul, llevó a la elección del nombre en mapuzungun del campamento: Fuerza o energía azul en español. Sin embargo, al recorrer la parte baja de la quebrada era inevitable encontrar cerros de basura: colchones viejos, autos abandonados, residuos pesqueros, plásticos, botellas y basura de todo tipo, siendo arrojados por camiones que sistemáticamente iban a Las Peñas a descargar basura. Esta imagen es acentuada cuando, al mirar con atención al poniente, se observa la presencia de un emisario submarino de aguas servidas que día a día lanza al mar deposiciones de todo Coquimbo a través de una larga tubería. Mientras realizaban eventos en la Plaza Víctor Jara, y en sus recorridos por Las Peñas, Aby y sus amigos se volvieron críticos con el uso residual que se le daba al sector: era una especie de ‘patio trasero’ de la ciudad de Coquimbo.
Al tiempo, Aby y Antonio decidieron dejar las viviendas que compartían con sus padres —ambas arrendadas en la Parte Alta, relativamente cerca de Las Peñas— y residir juntos, lo que los llevó a —en sus palabras— “pasar de casa en casa arrendando”. Para subsistir, se dedicaban a trabajos diversos: pintaban casas y piscinas en sectores de altos ingresos de La Serena y Coquimbo, gracias a datos de trabajo a los que Antonio accedía al provenir de una familia de contratistas y constructores. Este antecedente biográfico le permitía tener siempre a la mano los más diversos datos sobre materiales, viviendas y, en general, todo tipo de oportunidades vinculadas a la construcción. Hastiado de los trabajos esporádicos e inestables y de los arriendos sucesivos, Antonio le informó a Aby que tenía la intención de irse a vivir a Las Peñas, justificando su decisión en criterios habitacionales —principalmente dejar de pagar arriendo—, pero también para evitar que las camionetas que día a día botaban basura en el sector siguieran haciéndolo.
Ambos terminaron al tiempo su relación, pero Antonio concretó su plan de vivir en Las Peñas. Con ayuda de sus amigos, lentamente comenzó a remover las grandes rocas que, al pie de la quebrada, cubrían el sitio donde imaginaba su casa: hoy en día, ese lugar es la entrada norte de Newen Kallfu.
Siguiendo el ejemplo de Antonio, las primeras familias adoptaron prácticas ecológicas como el uso de palafitos, compostaje, reciclaje y baños secos, tanto por convicciones ambientales como por necesidad ante la falta de infraestructura. El campamento no estaba incluido en las rutas de los camiones de desechos, por lo que para evitar olores desagradables en las viviendas y espacios públicos por acumulación de desechos era importante no mezclar residuos orgánicos y no-orgánicos. Tampoco había alcantarillado, por lo que aprender sobre el uso y funcionamiento de los baños secos era fundamental. Además, las deposiciones recolectadas por esta vía sirven como abono y fertilizante para cultivos domésticos: muchas casas del campamento tienen huertos que permiten a los habitantes contar con verduras y hortalizas de temporada.
Estas prácticas, sin embargo, no estuvieron exentas de tensiones: el lugar de Newen Kallfu, usando antes de la llegada de los vecinos como un vertedero clandestino, seguía siendo el destino de camionetas que día tras día buscaban desechar ahí todo tipo de basura. “Esto era un basural”, “todos los días venían camionetas a botar basura”, suelen narrar los vecinos al recordar los primeros días del campamento. “¡No ves que aquí hay niños!”, “¡no ves que aquí vive gente!”, eran interpelaciones comunes hacia aquellos que buscaban seguir usando Las Peñas como basurero. Con el tiempo, lograron remover la gran cantidad de residuos y hacer lugar tanto para sus viviendas como para la flora y fauna local, la que conocieron con mayor profundidad gracias a jornadas de educación ambiental gestionadas con el apoyo de una ONG local. En la actualidad, la protección de la flora es practicada a través de regulaciones que la propia comunidad ha establecido que prohíben los usos residenciales al poniente de la calle principal del campamento. Dicho sector es llamado por los vecinos Parque Las Peñas, nombre que hace referencia a la aspiración de conservarlo como un espacio natural. Actualmente, esta regulación comunitaria se encuentra en tensión, ya que algunos habitantes aspiran a la regulación del asentamiento por parte del Estado como forma de asegurar la tenencia y acceder a infraestructura de servicios básicos. En caso de una regulación, las disposiciones impuestas por la comunidad para proteger y habitar con añañucas, lucumillos y otras plantas se verían evidentemente amenazadas.
Mientras Antonio terminaba su casa, Aby aún residía con sus padres en una pequeña vivienda arrendada cerca de Las Peñas, en plena Parte Alta de Coquimbo. Dicho sector es recordado por ella y por sus padres como un lugar peligroso, donde no era extraño escuchar balazos y presenciar conflictos durante los fines de semana. El tamaño reducido de la vivienda, la inseguridad y las dificultades para seguir pagando el arriendo llevaron a José, su padre, a tomar la decisión de tomarse un terreno a pocos metros de Antonio, cuando Newen Kallfu empezaba a tomar forma.
Habitar con la Familia: Relatos de Guacolda y José
En nuestra conversación en el comedor de su casa, José y Guacolda comparten historias que se entrelazan estrechamente con el relato anterior. Narran que llegaron a Coquimbo desde Alto Hospicio, una ciudad del norte de Chile, en donde residían en una vivienda obtenida a través de un subsidio. Guacolda trabajaba como técnica de párvulos en la Junta Nacional de Jardines Infantiles (en adelante JUNJI) y José como transportista independiente. Cansados de un barrio hostil, al que atribuyen problemas de violencia y narcotráfico, decidieron migrar fuera de la ciudad donde habían residido buena parte de sus vidas. Finalmente, escogieron la Región de Coquimbo (cerca de 1400 kilómetros al sur de Alto Hospicio) porque tanto él como Guacolda tienen parientes en los valles de la región. Guacolda, como funcionaria de la JUNJI, solicitó un traslado a su empleador y le ofrecieron tres posibles ciudades ubicadas en la misma región. De las tres opciones, llegaron a Coquimbo debido a que a Guacolda le asignaron un trabajo en un jardín infantil ubicado en la Parte Alta de dicha ciudad, a pocos pasos de Las Peñas y el futuro Newen Kallfu.
Fue a partir de este traslado laboral, gatillado por la inseguridad experimentada en su barrio de origen, que Guacolda y José llegaron cerca del año 2008 a vivir a una pequeña casa arrendada en la Parte Alta de Coquimbo, donde se enfrentaron a problemas similares a los experimentados en su casa de Alto Hospicio: violencia, balazos, narcotráfico. José tenía la costumbre de ir a buscar en su pequeño camión a Guacolda a su trabajo, y juntos aprovechaban el tiempo libre para recorrer su nueva ciudad. En esos recorridos llegaron a Las Peñas, en una época en la que, en el sector, en palabras de Guacolda, “no había nada, nada, nada, nada”. Ambos recuerdan que, pese a su cercanía al centro, Las Peñas transmitía una paz inusual frente los entornos inseguros que habían habitado. Guacolda narra que luego de una jornada laboral, mientras paseaba con José, imaginó que podría vivir ahí: “Era como una paz que tú sientes acá”, narra en un tono tranquilo, “porque no había gente”, añade José. Ambos recuerdan con nostalgia lo reconfortante que era recorrer y mirar el lugar, tanto después del trabajo como los fines de semana.
Mientras en sus recorridos disfrutaban de la belleza de Las Peñas, Guacolda y José experimentaban dificultades económicas. Les resultaba cada vez más difícil pagar el arriendo de la pequeña vivienda que habitaban. Antonio, a quien conocían desde Alto Hospicio —y que además tuvo una relación sentimental con su hija Aby— les mencionó que existía la posibilidad de “tomarse un terreno” en Las Peñas, sector que conocía bien, como mostramos en el relato anterior. José recuerda que Antonio le decía “tómate un terreno nomás, si no es de nadie esto”, por lo que un día empezó a poner “los primeros palos” de lo que posteriormente sería la casa donde realizamos la entrevista. Mientras conversamos, Guacolda y José muestran esas vigas de madera, que hasta el día de hoy marcan las primeras habitaciones de la vivienda. Durante los últimos años, su vida ha cambiado: actualmente se dedican a comercializar bicicletas —que compran y reparan— en las ferias de Coquimbo. Sin embargo, a pesar de este u otros cambios, proyectan seguir residiendo en Newen Kallfu, idealmente con el título de dominio de su terreno que les permita tener certeza de que podrán seguir habitando con su familia.
Habitar con las Infancias: Autoconstrucción de una Parada Escolar
En una asamblea del campamento, los vecinos acordaron realizar una jornada de limpieza y reparación colectiva de algunos espacios comunes que, en más de una oportunidad, han sido criticados por su deterioro: en la plaza del campamento hay bancas rotas y desteñidas, el techo quincho está en mal estado, hay basura entre las rocas, arrojada por personas que transitan por ahí o incluso algunos vecinos, el huerto comunitario está algo descuidado, por lo que ya no ofrece muchas hortalizas. Decidieron comenzar por ‘el paradero’, un punto ubicado en la intersección de las dos calles principales del asentamiento, donde se detiene el furgón escolar que moviliza a los niños del campamento al colegio. También es un punto relevante para las mujeres del campamento: allí se reúnen las madres a conversar antes y después de la salida y llegada de sus hijos, por lo que es un espacio para el encuentro entre vecinas y la circulación de información sobre la comunidad. Rosa —dirigenta del campamento— lo dice claramente: “cuando quiero enterarme de algo, me voy a dar una vuelta al paradero”.
Este punto, sin embargo, carecía de la infraestructura que los vecinos identificaban como necesaria: no había un lugar donde sentarse ni un techo que cobijara de la llovizna costera o del frío del invierno. Los vecinos decidieron autoconstruir uno a partir de materiales reciclados disponibles en sus casas.
La autoconstrucción del paradero escolar la realizamos en dos jornadas comunitarias de trabajo. En la primera (ver Figura 3) recolectamos materiales reutilizables desde algunas casas y la sede vecinal autoconstruida, y diseñamos y montamos improvisadamente una estructura con techo firme, una banca y señaléticas, cuidando de no romper —al hacer los hoyos para los pilares— los tubos de PVC que, bajo tierra, permiten el autoabastecimiento de agua potable en el campamento. En la segunda jornada (ver Figura 4) montamos la cubierta con madera y calaminas, y se decoró el espacio con carteles pintados por los vecinos —como “La basura no es parte del paisaje” — y maceteros hechos con neumáticos reciclados. El trabajo lo realizamos bajo un toldo traído por un vecino, para protegernos del fuerte sol.
Una vez finalizada la estructura del paradero —bancas, techo— los vecinos decidieron que era necesario instalar una luz solar para iluminar el espacio público, especialmente en las madrugadas y noches de invierno: en la calle no hay tendido eléctrico. También acuerdan ubicar allí una pizarra para publicar información valiosa para la comunidad.
A los pocos días, un primer bus escolar se detuvo en el nuevo paradero para llevar a los niños a su establecimiento educacional.
Resulta importante apuntar que en Newen Kallfu la participación en las jornadas de autoconstrucción no es homogénea: pese al consenso sobre la necesidad de crear espacios comunes, son grupos relativamente pequeños de habitantes quienes las organizan y sostienen.
Discusión
Los tres relatos que presentamos aportan elementos para comprender la espacialidad de Newen Kallfu, un asentamiento que no se concibe como transitorio en contexto de vulnerabilidad urbana, sino como un espacio de permanencia y autorrealización donde el habitar se configura de manera relacional, es decir, con otros (humanos y no humanos). Desde la noción de ‘habitar-con’, buscamos aproximarnos al fenómeno atendiendo a las prácticas y éticas del cuidado —de la naturaleza, la familia, el espacio público y las infancias— que se despliegan en las dinámicas espaciales abiertas e interdependientes del campamento.
Un primer elemento para destacar es la relación de los habitantes con el entorno natural del que el asentamiento forma parte. En el relato de Aby se observa cómo el cuidado de Las Peñas constituye una dimensión central en las trayectorias residenciales de los primeros residentes, quienes deciden autoconstruir sus viviendas en un espacio donde el manejo de residuos, basura y escombros se vuelve prioritario. Este proceso transforma un vertedero clandestino en un asentamiento donde el habitar implica atender a las interrelaciones entre personas, rocas, plantas y paisajes. El relato permite, además, visibilizar la complejidad del manejo de los residuos en la ciudad y en los asentamientos informales. La agencia de los habitantes de Newen Kallfu se expresa en compromisos afectivos con un espacio percibido como residual, dañado y precarizado, que deciden reparar y mantener, relevando su biodiversidad y belleza paisajística. Esta ética puede ser leída como una de cuidados (Puig de La Bellacasa, 2017).
Si en el primer relato el cuidado de la naturaleza define el habitar, en el segundo lo hace el cuidado de la familia, a través de la búsqueda de seguridad y tranquilidad. Guacolda y José son habitantes de Newen Kallfu que, antes de llegar al campamento, habían accedido a una vivienda formal mediante programas de subsidio público. Su decisión de dejar esa vivienda responde a experiencias de inseguridad que dificultan el cuidado familiar. A su vez, su trayectoria residencial tensiona algunos supuestos asociados al estudio de los asentamientos informales, particularmente la relación entre formalidad e informalidad (McFarlane, 2019). Al llegar a Newen Kallfu, ambos se insertan en redes laborales y habitacionales formales: ella como educadora de párvulos, él como transportista independiente. El relato muestra que las circunstancias que llevan a habitar un campamento no siempre implican una marginación del mercado laboral o habitacional formal. En este caso, las motivaciones son tanto económicas —por la dificultad de costear un arriendo— como afectivas, al buscar un entorno seguro para su familia. En ambos planos —ahorro y seguridad— el campamento ha contribuido a sostener sus vidas.
El tercer relato, centrado en la autoconstrucción de un paradero para el transporte escolar, muestra cómo las prácticas colectivas de autoconstrucción, reparación y mantenimiento de los espacios públicos dan sentido al habitar en Newen Kallfu, volviendo al campamento una infraestructura viva (Amin, 2014). La mantención de los espacios de convivencia se experimenta como mantención de la comunidad: en el paradero se cuidan las infancias, pero también se comparten noticias y conversaciones sobre la vida cotidiana. Las señaléticas incorporadas —como el mensaje “la basura no es parte del paisaje, ¡llévatela!” — evidencian la necesidad de reforzar de manera constante las prácticas ecológicas a través de una infraestructura que organiza determinadas formas de vecindad y cuidado, reuniendo cuerpos, afectos y prácticas (Amin, 2014).
Nuestro trabajo muestra cómo las relaciones que producen el campamento emergen en la vida cotidiana a partir de decisiones, aspiraciones y prácticas socioespaciales concretas que se inscriben en una ética de los cuidados (Puig de La Bellacasa, 2017). Este ‘habitar-con’ adopta diversas formas: respeto y convivencia con la naturaleza, búsqueda de seguridad y creación y mantención colectiva de los espacios públicos.
Conclusión
La diversidad de experiencias y procesos de urbanización en los asentamientos informales en Chile evidencia la necesidad de re-problematizar su estudio y abrir nuevas perspectivas de análisis. El caso de Newen Kallfu muestra que el campamento no puede entenderse sólo como un hábitat precario o transitorio, sino como una forma de habitar relacional (Amin, 2014; Escobar, 2017; Ingold, 2012; Massey, 2005; Puig de La Bellacasa, 2017). La espacialidad del campamento emerge de vínculos entre vida cotidiana, diseño y cuidados, que tensiona las visiones del campamento como lugar de espera de una vivienda ‘definitiva’.
Desde la noción de ‘habitar-con’ proponemos dar centralidad a las prácticas y éticas de cuidado (Puig de La Bellacasa, 2017) —proteger, sostener, reparar, acompañar— que hacen emerger formas relacionales de habitar asociadas a infraestructuras vivas (Amin, 2014). En Newen Kallfu, los espacios y modos de vida se diseñan de manera simultánea, y en ese movimiento reconocemos un potencial político para imaginar otros futuros posibles. Como señala Amin (2014), incluso en su precariedad las infraestructuras vivas modelan afectos, identidades y prácticas, mediando el habitar y organizando relaciones de vecindad y cuidado. En futuras investigaciones, esta propuesta podría tener un diálogo fructífero con perspectivas relacionales sobre la sociabilidad, como las de comunalidad y convivialidad (Neal et al., 2019; Stavrides, 2016, 2020) que por motivos de extensión no desarrollamos aquí.
En los relatos etnográficos que presentamos, el Estado adopta un papel secundario, pues las prácticas cotidianas de los habitantes no se orientan explícitamente a contestar lógicas estatales. No obstante, las aspiraciones de radicación en Las Peñas los llevan a problematizar las vías para lograrlo: mientras algunos impulsan formas de autogestión del hábitat (Moreno Crossley, 2021), otros demandan políticas de regularización. Estas tensiones muestran que el ‘habitar-con’ no es una noción idealizada de colaboración armónica, sino una práctica situada y en ajuste permanente.
Newen Kallfu evidencia una forma profunda de politización del hábitat. Desde los cuidados emerge una práctica de ‘habitar-con’ arraigada en las vidas cotidianas, familiares y colectivas. Su enunciación no proviene de la carencia, sino de la posibilidad de construir ambientes de vida (Ingold, 2012) en relación con otros, humanos y no humanos (plantas, paisajes). Aunque los asentamientos informales han sido abordados como escenarios de acción colectiva y luchas por el derecho a la ciudad, este caso muestra una politización cotidiana donde el Estado queda en segundo plano y las relaciones de cuidado adquieren protagonismo.
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Andrés Hurtado-Álvarez
Investigador del Instituto de Políticas Públicas de la Universidad Católica del Norte y docente de Sociología y Trabajo Social en la Universidad Central de Chile. Es sociólogo (Universidad Central de Chile) y magíster en Antropología Sociocultural (Universidad de Chile). Trabaja en la actualidad en estudios urbanos con una perspectiva etnográfica.
Walter Imilan
Académico del CEAUP de la Universidad Central y del Instituto de la Vivienda de la Universidad de Chile. Estudió Antropología (Universidad de Chile) para luego especializarse en Desarrollo Urbano (PUC) y realizar estudios doctorales en planificación urbana (TU-Berlin). Ha trabajado temas de vivienda y hábitat desde la perspectiva de movilidad.
Autores
Espacialidades relacionales en un asentamiento informal de Coquimbo, Chile
Habitar como cuidar.
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Desde enfoques que conciben el espacio y el habitar como un proceso en el que las personas diseñan y son diseñadas por sus prácticas espaciales, en este artículo estudiamos algunos aspectos de Newen Kallfu desde el prisma de las éticas de los cuidados: posicionamientos afectivos y políticos que enfatizan la interdependencia entre humanos y no humanos (Puig de La Bellacasa, 2017), y que sostienen formas de reparación, mantenimiento y creación de mundos que se enfrentan al deterioro y la desaparición.
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Dossier Central
Figura 1. Mapa de Newen Kallfu
Fuente: Elaboración propia.
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Julio - Octubre 2025
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Figura 2. Vista de Las Peñas desde Avenida El Remanso, calle principal de Newen Kallfu
Fuente: Archivo de los autores.
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Figura 3. Autoconstrucción de paradero (jornada 1).
Fuente: Archivo de los autores.
Figura 4. Autoconstrucción de paradero (jornada 2).
Fuente: Archivo de los autores.
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Figura 5. Primer día de uso del paradero autoconstruido
Fuente: Archivo de los autores – enviada por habitante de Newen Kallfu.
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