Fuente: Autoría propia

Vivienda, trabajo y reproducción social en la urbanización popular.

Hacer ciudad y sostener la vida[1]

Housing, Labor, and Social Reproduction in Popular Urbanization.

City-Making and Sustaining Life

Habitação, trabalho e reprodução social na urbanização popular.

Fazer cidade, sustentar a vida

Logement, travail et reproduction sociale dans l’urbanisation populaire.

Produire la ville, soutenir la vie

María del Pilar Isla

Univer­sidad Nacional de Mar del Plata – CONICET

mariadelpilarisla@gmail.com

https://orcid.org/0009-0001-2197-9145

Cómo citar este artículo:

Isla, M. P. (2025). Vivienda, trabajo y reproducción social en la urbanización popular. Hacer ciudad y sostener la vida. Bitácora Urbano Territorial, 35(III): 127-140.

https://doi.org/10.15446/bitacora.v35n3.122529

Recibido: 01/09/2025

Aprobado: 11/12/2025

ISSN electrónico 2027-145X. ISSN impreso 0124-7913. Universidad Nacional de Colombia, Bogotá

[1] Este trabajo forma parte de una investigación doctoral en curso financiada por CONICET.

(3) 2025: 127-140

Autor

09_122529

Resumen

En este artículo se argumenta que la cuestión habitacional en América Latina no puede reducirse al déficit de vivienda ni a parámetros técnicos, sino que debe comprenderse en su vínculo con el trabajo y la reproducción social. El enfoque teórico se apoya en tres campos: la tradición marxista sobre vivienda y cuestión urbana, los aportes feministas sobre reproducción social y economías populares y los debates latinoamericanos en torno a la urbanización popular. El análisis se organiza en torno a la categoría central de estrategias de mejora habitacional, abordando tres dimensiones analíticas: la integración entre actividades productivas y reproductivas en la vivienda; las redes comunitarias y disputas territoriales; y el vínculo con políticas públicas de mejoramiento del hábitat. La estrategia metodológica es cualitativa y consiste en combinar herramientas conceptuales y empíricas a través del estudio de tres trayectorias habitacionales en dos barrios populares de Mar del Plata (Provincia de Buenos Aires, Argentina). Los resultados obtenidos permiten avanzar más allá de la noción de informalidad y aportan evidencia para sostener que los procesos de urbanización popular son prácticas de producción del espacio-tiempo donde la reproducción de la vida demanda una reposición cotidiana de las condiciones materiales del hábitat.

Palabras clave: vivienda, trabajo, ciudad, urbanización popular, reproducción social

Abstract

This article argues that the housing question in Latin America cannot be reduced to a housing deficit or technical parameters, but must instead be understood in its relationship to work and social reproduction. The theoretical approach draws on three fields: the Marxist tradition on housing and the urban question, feminist contributions on social reproduction and popular economies, and Latin American debates on popular urbanization. The analysis is organized around the central category of housing improvement strategies, addressing three analytical dimensions: the integration of productive and reproductive activities within the home; community networks and territorial disputes, and the relationship with public policies aimed at improving habitat conditions. The methodological strategy is qualitative and combines conceptual and empirical tools through the study of three housing trajectories in two low-income neighborhoods of Mar del Plata (Province of Buenos Aires, Argentina). The findings allow us to move beyond the notion of informality and provide evidence that processes of popular urbanization are practices of space–time production in which the reproduction of life requires the everyday restoration of the material conditions of habitat.

Keywords: housing, labour, city, popular urbanization, social reproduction

Resumo

Este artigo sustenta que a questão habitacional na América Latina não pode ser reduzida ao déficit de moradia nem a parâmetros técnicos, mas deve ser compreendida em sua relação com o trabalho e a reprodução social. A abordagem teórica apoia-se em três campos: a tradição marxista sobre moradia e questão urbana, as contribuições feministas sobre reprodução social e economias populares, e os debates latino-americanos em torno da urbanização popular. A análise organiza-se em torno da categoria central de estratégias de melhoria habitacional, abordando três dimensões analíticas: a integração entre atividades produtivas e reprodutivas na moradia; as redes comunitárias e disputas territoriais, e a relação com políticas públicas de melhoria do habitat. A estratégia metodológica é qualitativa e consiste em combinar ferramentas conceituais e empíricas por meio do estudo de três trajetórias habitacionais em dois bairros populares de Mar del Plata (Província de Buenos Aires, Argentina). Os resultados obtidos permitem avançar para além da noção de informalidade e oferecem evidências de que os processos de urbanização popular são práticas de produção do espaço-tempo nas quais a reprodução da vida demanda uma reposição cotidiana das condições materiais do habitat.

Palavras-chave: moradia, trabalho, cidade, urbanização popular, reprodução social

Résumé

Cet article soutient que la question du logement en Amérique latine ne peut être réduite ni au déficit de logement ni à des paramètres techniques, mais qu’elle doit être comprise dans son lien avec le travail et la reproduction sociale. L’approche théorique s’appuie sur trois champs : la tradition marxiste portant sur le logement et la question urbaine, les apports féministes sur la reproduction sociale et les économies populaires, ainsi que les débats latino-américains autour de l’urbanisation populaire. L’analyse s’organise autour de la catégorie centrale des stratégies d’amélioration de l’habitat, en abordant trois dimensions analytiques : l’intégration entre activités productives et reproductives au sein du logement ; les réseaux communautaires et les conflits territoriaux, et le lien avec les politiques publiques de transformation de l’habitat. La stratégie méthodologique est qualitative et consiste à combiner des outils conceptuels et empiriques à partir de l’étude de trois trajectoires résidentielles dans deux quartiers populaires de Mar del Plata (Province de Buenos Aires, Argentine). Les résultats obtenus permettent d’aller au-delà de la notion d’informalité et montrent que les processus d’urbanisation populaire sont des pratiques de production de l’espace-temps dans lesquelles la reproduction de la vie exige une reconstitution quotidienne des conditions matérielles de l’habitat.

Mots-clés : logement, travail, ville, urbanisation populaire, reproduction sociale

Introducción

La cuestión habitacional, históricamente vinculada a la llamada ‘cuestión social’, se transformó en ‘cuestión urbana’ en un proceso de especialización disciplinaria que, como advierte Topalov (1990a), tendió a autonomizar el análisis del espacio urbano respecto de las estructuras sociales que lo producen. Este desplazamiento hacia un tratamiento más técnico y sectorial, reforzado por la institucionalización de la planificación y la política urbana, ha contribuido a abordar de forma fragmentaria fenómenos complejos, como el acceso a la vivienda y la producción social del hábitat, diluyendo su dimensión política y sus vínculos con el mundo del trabajo y la reproducción social. Las visiones dominantes de la disciplina urbanística tienden a formas de concepción del espacio estatalistas, tecnocráticas y mercantilistas (Brenner, 2009) quedando entrampadas en visiones dualistas de la ciudad (formal/informal, legal/ilegal).

En América Latina este dualismo resulta particularmente problemático, ya que la dificultad para acceder a suelo urbanizado, lejos de representar una anomalía, es un fenómeno extendido y persistente de nuestras ciudades (Jaramillo, 2021). Las normas que regulan y restringen la propiedad privada consideran en condición de ilegalidad/informalidad tanto a quienes no pueden acceder a títulos de propiedad, como a quienes, en el proceso de urbanización, incumplen las normas de construcción (Clichevsky, 2000). Pero al mismo tiempo, es la falta de regulación estatal lo que permite el incremento de las lógicas especulativas que dificultan cada vez más el acceso al suelo con servicios y acrecientan los niveles de informalidad. Según Smolka (como se citó en Del Río, Gonzalez, 2019), las ciudades latinoamericanas se caracterizan por poseer una elevada proporción de suelo con escasa o nula cobertura de servicios, equipamientos e infraestructura y elevados precios de suelo en relación con sus niveles de ingreso y desarrollo; esto permite a los dueños de la tierra apropiarse de una renta diferencial producto de la escasez relativa de suelo urbano. Resulta insuficiente reducir las formas de habitar de las mayorías urbanas a las conceptualizaciones dominantes que las inscriben bajo las etiquetas de ‘ilegal’ o ‘informal’, ya que, por un lado, existen numerosas excepciones y transgresiones a los códigos normativos urbanos de emprendimientos inmobiliarios en connivencia con gobiernos locales y, por otro, eludir ciertas ambigüedades forma parte de pactos sociales implícitos que posibilitan la existencia de estos sectores (The Urban Popular Economy Collective, 2022). En consecuencia, se adopta la noción de urbanización popular, entendida como las prácticas que llevan adelante los propios pobladores de barrios empobrecidos en pos de subsanar, reponer y cuestionar el despojo de infraestructura pública (Gago, 2019). La premisa que orienta el análisis sostiene que el problema persistente de la vivienda en América Latina no puede comprenderse plenamente sin considerar su articulación con las formas de trabajo y los procesos de reproducción social. Esto permite desplazar el análisis desde un enfoque centrado exclusivamente en el déficit habitacional o en las condiciones físicas de la vivienda, hacia una lectura que la entiende como parte de un entramado de estrategias domésticas, productivas y comunitarias que sostienen la vida. De este modo, indagar en esta articulación resulta clave para visibilizar cómo las familias combinan recursos, espacios y tiempos destinados tanto a la generación de ingresos como a las tareas de cuidado y cómo, estas prácticas, se entrelazan con las disputas por la urbanización popular. Desde esta perspectiva, el artículo sostiene que las estrategias de mejora habitacional desarrolladas en los barrios populares se constituyen a partir de prácticas productivo-reproductivas y su análisis permite tener una compresión más acabada de la urbanización popular, superando la mirada en el déficit y el dualismo formal/informal.

En este sentido, las coordenadas teóricas que orientan el análisis se construyen a partir del diálogo entre tres perspectivas, las cuales ofrecen herramientas conceptuales complementarias para comprender la imbricación entre vivienda, trabajo y reproducción social en la urbanización popular. En primer lugar, se retoman las contribuciones pioneras del marxismo urbano que permiten situar la vivienda en relación con los procesos de acumulación del capital y con la reproducción de la fuerza de trabajo. Luego se incorporan los aportes del feminismo y economías populares, que han visibilizado el trabajo doméstico y de cuidados como componente estructural para la reproducción del capital y han cuestionado la división entre lo productivo y lo reproductivo al evidenciar su interdependencia, a la vez que han enfatizado la diversidad y centralidad de las estrategias productivas no subordinadas exclusivamente al empleo formal. Finalmente, se retoman los debates latinoamericanos sobre urbanización popular, en particular, aquellos vinculados a las estrategias de autoproducción y autogestión del hábitat y sus relaciones con las políticas públicas habitacionales.

Perspectiva Teórica

Vivienda y Cuestión Urbana en los Clásicos

Este apartado recupera los aportes de autores considerados clásicos en los estudios urbanos, cuyas elaboraciones —vinculadas a la tradición crítica marxista— sentaron las bases para comprender la vivienda y la ciudad como dimensiones inseparables de las relaciones sociales de producción y de las contradicciones propias del capitalismo.

En primer lugar, la obra Contribución al problema de la vivienda (2006 [1873]) de Friedrich Engels es, sin dudas, una de las primeras elaboraciones teóricas que articula de manera explícita las condiciones materiales de vida —y en particular la vivienda— con la organización social del trabajo. Surge de una serie de artículos en los que discute con algunos de sus contemporáneos sobre cómo resolver el problema de la vivienda de los sectores proletarios de la época. Engels no aborda la cuestión habitacional como un problema sectorial ni meramente técnico, sino como una manifestación estructural de las contradicciones del capitalismo, inseparable de la lógica de explotación que organiza la producción y la reproducción de la fuerza de trabajo. En este sentido, el texto ofrece herramientas conceptuales tempranas, críticas de miradas artefactuales sobre la vivienda, y enlaza las condiciones del trabajo de lo que hoy llamaríamos sectores populares con dinámicas urbanas concretas.

Algunas de esas preocupaciones fueron retomadas un siglo después por el filósofo francés Henri Lefebvre, quien avanza sobre una teoría marxista del espacio (social) —y de las relaciones sociales que en él y por él se producen—. Así, en La producción del espacio, Lefebvre (2013 [1974]) plantea la necesidad de una teoría unitaria sobre el espacio de la práctica social, lo cual podríamos entender en algún punto como la radicalización del gesto de Engels al plantear la imposibilidad de disociar la cuestión de la vivienda de las condiciones del trabajo y del modo de producción capitalista. Si bien no aborda explícitamente el problema de la vivienda, su crítica a la fragmentación y a la disociación del tiempo y el espacio permite pensar cómo las estrategias de reproducción social que sostienen la vida cotidiana forman parte constitutiva de la producción del espacio urbano y son una dimensión analítica relevante.

A diferencia de Lefebvre, cuyas formulaciones se inscriben en una filosofía del espacio, Manuel Castells aborda estos problemas desde una sociología urbana anclada en la economía política. En La cuestión urbana (1999 [1972]), plantea la vivienda como condición de reproducción de la fuerza de trabajo y como bien de consumo colectivo cuya provisión exige intervención estatal, a la vez que introduce una crítica a la planificación como exclusivamente técnica, develando su carácter político y situando la vivienda en el cruce entre reproducción social e intervención estatal.

Christian Topalov, retoma estas discusiones realizando un repaso de las investigaciones urbanas de inspiración marxista en un trabajo denominado Hacer la historia de la investigación urbana: la experiencia francesa desde 1965 (1990b). De acuerdo con este autor, las investigaciones de los años setenta estaban orientadas a la urbanización, las políticas públicas y los movimientos sociales perocomo efectos de una dinámica estructural, como procesos sin sujeto” (Topalov, 1990b, p. 16), y “las prácticas resultan de una interacción entre las características derivadas de la posición de los grupos en la estructura social y las condiciones externas que resultan de la lógica de la acumulación y de las políticas estatales” (Topalov, 1990b, p. 16). Identifica que, como crítica a esto, surgen una serie de investigaciones que ponen la mirada en la mediación entre las prácticas y condiciones y la especificidad del individuo, sin perder de vista su posición de clase.

Los trabajadores ya no son vistos como una simple fuerza de trabajo, es decir desde el punto de vista de su función para el capital, sino también como sujetos que desarrollan prácticas. Estas prácticas de clase no necesariamente toman la forma de acción colectiva, porque las respuestas populares a las situaciones son en principio cotidianas y silenciosas (Topalov, 1990b, p. 17).

Topalov señala que, si bien este nuevo momento se apoya en la superación de los vacíos dejados por las teorías estructuralistas anteriores, no alcanza la densidad teórica de sus predecesores. En sus palabras, más que consolidar un marco explicativo robusto, lo que se observa es una “rehabilitación del empirismo bajo la forma de una descripción infinita de singularidades” (Topalov, 1990b, p. 17), lo cual fragmenta el análisis y lo priva de capacidad de generalización crítica. Esto plantea un problema analítico sobre cómo identificar patrones diferenciales que estructuran las prácticas urbanas sin reducirlas a determinismos abstractos o singularidades dispersas.

Aportes desde la Perspectiva Feminista y de Economías Populares

La literatura feminista de orientación marxista ofrece herramientas claves, permitiendo identificar patrones diferenciales —particularmente de género— que no se diluyen en singularidades ni se reducen a determinismos estructurales. Estas autoras realizan relevantes aportes a la conceptualización de la reproducción social en su composición histórica y en diversas relecturas de Marx, evidenciando que el crecimiento del régimen capitalista necesitó institucionalizar la separación entre producción y reproducción sobre una determinada base de género. Nancy Fraser, en su artículo Las contradicciones del capital y los cuidados (2020) explica que, por un lado, la reproducción social es una de las condiciones necesarias para la acumulación sostenida del capital, pero que, por otro, la orientación del capitalismo a la acumulación ilimitada tiende a desestabilizar los procesos mismos de reproducción donde se asienta, en lo que denomina la contradicción sociorreproductiva del capitalismo (Fraser, 2020). Además, existen numerosos trabajos que documentan cómo la reestructuración de las relaciones globales de producción bajo el neoliberalismo afectó negativamente las condiciones de reproducción de las grandes mayorías sociales, lo que muchas autoras han denominado como ‘crisis de los cuidados’ (Fraser, 2020). En particular en Argentina, la crisis del 2001 resultó un momento bisagra, donde la irrupción en las calles de los movimientos sociales, especialmente del movimiento de desocupados, al mismo tiempo que abrió la “problematización sobre el trabajo y la pregunta por la vida digna desacoplada del régimen salarial” (Gago, 2021, p. 960), evidenció un protagonismo indisimulable de las mujeres en la organización de espacios colectivos destinados a la reproducción de la vida (Gago, 2019). Las tareas reproductivas ya no se encontraban relegadas exclusivamente al interior de la vivienda, sino que se organizaban en una multiplicidad de prácticas en el espacio público como el barrio, el piquete, la marcha, la feria, etc. Simultáneamente, la creciente falta de empleo condujo a amplios sectores a idear nuevas formas de autogestión de la fuerza de trabajo, en lo que ahora nombramos economías populares. Estas economías no representan simplemente un paisaje de transición hacia la restauración del empleo asalariado tradicional; más bien, han demostrado una persistencia y consolidación a lo largo del tiempo, y han ejercido una “potencia estructuradora de lo social en momentos de descomposición de la autoridad estatal” (Gago, 2016, p. 184). Esto abre la pregunta sobre el alcance que tienen estas inteligencias y estrategias desplegadas por sectores populares urbanos —en su composición doméstica y comunitaria— y cómo se intersectan con los procesos de urbanización popular.

Los Debates Latinoamericanos sobre Urbanización Popular

La perspectiva desarrollada en este trabajo se apoya en una tradición consolidada dentro de los estudios urbanos latinoamericanos que, desde hace décadas, cuestionan la mirada centrada en el déficit habitacional y la dicotomía formal/informal. En América Latina, la urbanización popular, entendida como el conjunto de prácticas de hacer ciudad materializadas por los propios pobladores, ha sido objeto de múltiples debates. Una primera línea de análisis vincula el fenómeno de la pobreza urbana con las dinámicas de dependencia económica respecto de los países centrales, que estructuran los patrones socioespaciales de las ciudades latinoamericanas (Schteingart, 1973). Otra gran línea de debate —ampliamente desarrollada por autores como Turner y Pradilla— tuvo como objeto el rol de la participación popular a través de la autoconstrucción, asumiendo las contradicciones propias del modelo de producción capitalista. Sin embargo, existe un amplio consenso respecto al hecho de que esta forma de producción de ciudad tiene un nivel de extensión que se convierte en una característica general de nuestras ciudades. El concepto de Producción Social del Hábitat ha sido muy difundido en las últimas décadas gracias a asociaciones civiles y conferencias internacionales vinculadas a la temática del hábitat. Se trata de modalidades planificadas cuya promoción, conducción y supervisión provienen de actores externos a las unidades domésticas (Rodríguez et al., 2007). En cambio, cuando la iniciativa, el control y la construcción quedan en manos de los propios habitantes, estamos frente a procesos de autoproducción y autoconstrucción del hábitat (Rodríguez et al., 2007). En esta línea, los aportes de Pírez (2019) contribuyen a entender cómo se resuelve la cuestión de la vivienda e infraestructura en los sectores populares, a través de prácticas de lo que denomina urbanización inversa, donde primero se habita el suelo —despojado de infraestructura, en condiciones precarias y en ocasiones de riesgo ambiental o hídrico— y luego se consolida mediante sucesivos procesos de urbanización popular, donde las etapas de producción y consumo coexisten (Del Río et al., 2011).

Entre esas prácticas, Di Virgilio, Mejica y Guevara (2012) identifican cuatro dimensiones clave en las estrategias de acceso a suelo y vivienda: el acceso al suelo, mediante ocupación directa, compra-venta informal o cesión; el acceso a la vivienda, a través de autoconstrucción, compra-venta o alquileres informales de piezas; la situación dominial, marcada por la ausencia de regulación estatal, la falta de títulos o contratos y los desgastantes procesos de regularización a los que enfrentan los pobladores, y la evolución del lote, en función de las modificaciones progresivas realizadas en la parcela —central para el análisis en este trabajo—. A su vez, Di Virgilio (2011) caracteriza a las relaciones y redes familiares como un elemento fundamental sobre el cual se estructuran las condiciones del hábitat, donde se construyen estrategias para resolver las problemáticas habitacionales y se vinculan recursos tanto de programas sociales como de acceso a servicios públicos. En síntesis, para la autora, estas redes operan como gestoras de demandas sociales y de la resolución de problemas de la vida cotidiana, dando lugar a formas colectivas e individuales de gestión de la cotidianeidad (Di Virgilio, 2011).

La articulación de estos tres campos teóricos permite situar las estrategias de mejora habitacional en un entramado que combina dimensiones productivas, reproductivas, comunitarias y político-estatales. En la Figura 1 se sintetiza cómo estos aportes se organizan, distinguiendo —a efectos analíticos y sin pretensión de clausura— los aspectos en los que cada enfoque incide principalmente para la construcción de las dimensiones de análisis.

Estrategia Metodológica

La investigación desarrolla una estrategia metodológica situada en el campo de los estudios urbanos, que articula herramientas conceptuales y empíricas para analizar las interrelaciones entre vivienda, trabajo y reproducción de la vida. Se propone como categoría central las estrategias de mejora habitacional y, a partir de las coordenadas teóricas planteadas en el apartado anterior, se construyen tres dimensiones de análisis: integración de actividades productivas y reproductivas en la vivienda; redes comunitarias y disputas territoriales, y articulación con políticas públicas de mejoramiento del hábitat. Este trabajo busca comprender el rol que tienen las actividades productivas, reproductivas y comunitarias en las estrategias de mejora del hábitat dentro de los procesos de urbanización popular. Estas estrategias son analizadas a partir de las trayectorias habitacionales de tres mujeres de dos barrios populares de la ciudad de Mar del Plata (Provincia de Buenos Aires, Argentina) (ver Figura 2. Para esto, se adopta un enfoque cualitativo en línea con lo planteado por Sautu (2005), para quien este tipo de estrategias metodológicas resulta adecuado para describir procesos, atendiendo a la interacción entre prácticas y contexto, y permitiendo al mismo tiempo captar los sentidos en disputa. Se trabajó con entrevistas semiestructuradas, conversaciones informales en el marco de una investigación participante y registros fotográficos. A partir de este material, se reconstruyeron gráficamente las estrategias de mejora habitacional observando las transformaciones intralote.

El trabajo de campo se realizó entre 2021 y 2024, en el marco de la implementación de políticas impulsadas por la Secretaría de Integración Socio Urbana de la Nación[1][2] (en adelante SISU–N) para garantizar el acceso a infraestructura básica y equipamientos comunitarios a los más de 6,647 barrios populares de la Argentina, donde según el ReNaBaP[3] habitan cerca de 1.2 millones de familias.

En la ciudad de Mar del Plata, el grupo Ciencia y Tecnología para el Habitar Popular (en adelante CyTHaP) —en el cual se inscribe esta investigación— brindó acompañamiento social y técnico, articulando con diversos actores institucionales y vecinales para implementar estas políticas. El barrio Caribe —ubicado en la zona noroeste de la ciudad— es de reciente formación y cuenta con una fuerte red de mujeres organizadas, que han llevado adelante demandas por acceso al agua, electricidad, recolección de residuos y seguridad. El barrio San Jacinto —en la zona sur— no es de formación reciente, pero la zona ha atravesado en los últimos años un marcado proceso de crecimiento, en el que adquirió relevancia un espacio comunitario vinculado al Movimiento de Trabajadores Excluidos.

La elección de las tres trayectorias de mejora habitacional respondió a criterios analíticos específicos: que residieran en barrios inmersos en procesos activos de urbanización popular, que participaran de redes barriales y comunitarias, y que presentaran combinaciones diferentes entre autoconstrucción, uso del espacio de la vivienda para actividades productivas y articulación con políticas públicas.

Resultados

En las urbanizaciones populares, la vivienda representa el proyecto de vida donde más esfuerzo y dinero se invierte y cuya temporalidad específica suele atravesar largos períodos de inconclusividad, estando sujeta a transformaciones y alteraciones constantes (Caldeira, 2017). Los pocos recursos económicos con los que cuentan muchas familias de barrios populares suelen movilizarse en pos de mejorar la vivienda como una búsqueda de estabilidad y progreso a futuro.

Las trayectorias analizadas a continuación permiten observar cómo estas dinámicas de mejora sucesiva despliegan y entrelazan distintas dimensiones de la vida cotidiana, articulando procesos de producción y reproducción, construcción de redes comunitarias, organización de luchas territoriales e implementación de políticas públicas.

Integración de Actividades Productivas-Reproductivas en la Vivienda

Como ha señalado la literatura feminista, el rol reproductivo históricamente asignado a las mujeres las ha llevado a conciliar, en muchos casos, responsabilidades productivas, reproductivas y comunitarias en el ámbito doméstico.

Laura, del barrio Caribe, decidió comenzar, a partir de la pandemia, un comedor comunitario en su vivienda, que para ese entonces seguía siendo una casilla de madera. Los comedores, además de proveer alimento a muchas familias del barrio (más de 30 familias según estima Laura), resuelven para quienes los sostienen un rol central en la organización de su propia reproducción cotidiana. En su comedor trabajan alrededor de 20 personas, siendo sieta mujeres las más activas, entre las que se encuentran su madre y su hija (ver Figura 3), además de algunas vecinas que también tienen relaciones de parentesco entre sí. Estas dinámicas muestran un fuerte protagonismo femenino y formas de cooperación intergeneracional en torno a la organización del cuidado. En paralelo a esta actividad, y en el marco de una política pública de mejoramiento barrial, la pareja de Laura destinó una porción de su lote para instalar un núcleo productivo de cestos de madera para la recolección de basura, que luego fueron colocados en la entrada de todas las viviendas del barrio.

En el caso de Julia, del barrio San Jacinto, la participación política de su hermana como referenta del MTE les permitió a ella y a su pareja integrar una cooperativa de trabajo y participar en un programa de mejoramiento habitacional financiado por el Banco Interamericano de Desarrollo. Comenzó como ayudante, pero, al no contar con alguien que pudiera cuidar a sus hijos, la organización acordó con ella que trabajara como pañolera —persona a cargo del control de herramientas y maquinaria destinadas a la obra— en un obrador construido en su propio lote. Esto transformó su vivienda en un espacio donde las actividades productivas y reproductivas se articulan, generando lo que Gago describe como un espacio “donde producción y reproducción se fusionan” (Gago, 2014, p. 52).

Redes Comunitarias y Luchas Territoriales

En los casos analizados, el primer movimiento dentro de sus estrategias habitacionales fue la movilidad residencial hacia ciudades o barrios con mejores condiciones para el acceso a la tierra. Los barrios populares de Mar del Plata suelen contar con población proveniente de otras provincias o de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Tal es el caso de Julia, quien decidió mudarse junto con su familia desde una villa de la Ciudad de Buenos Aires hacia el barrio San Jacinto, movilizada por el hacinamiento y apoyada en redes sociales y de parentesco previamente consolidadas (Hinojosa Gordonava, 2019). Estas redes permiten reducir costos de desplazamiento, mejorar las posibilidades de inserción laboral y facilitar el asentamiento (Sassen, 1993, 2007 como se citó en Hinojosa Gordonava, 2019).

De manera similar, las movilidades internas entre barrios también responden a la disponibilidad de tierra vacante y a situaciones familiares. Laura, por ejemplo, se trasladó desde un barrio de la zona norte hacia Caribe, donde luego se establecieron también su hija mayor y su madre, conformando un entramado de corresidencialidad y cuidados.

Me había quedado sin vivienda y estaba viviendo en lo de mi hermano y bueno, éramos muchos. Yo estaba separada con mis dos hijas y surgió este terreno. Mi hermano iba a vivir también acá pero después no le gustó porque no había luz, no había agua, nada. Y bueno, me largué sola a vivir acá porque no me quedaba otra. Así que lo compré como pude, lo pagué […] ya tenía la casilla para venir a armarla acá. (Entrevista a Laura, 2023)

En el mismo lote de Laura, además de su pareja y sus hijas menores, se estableció su hija más grande con su familia: “Y atrás le di un pedazo de terreno a mi hija que alquilaba y gastaba mucho de alquiler. Vino con su marido y mi nieto, hace más de dos años ya” (Entrevista a Laura, 2023).

Un tiempo después, la madre también se fue a vivir allí porque tenía problemas de salud y requería cuidados y, más tarde, su otra hija con la familia. De este modo, se observa cómo las redes familiares generan dinámicas que reconfiguran el uso del lote y la organización de la vivienda (ver Figura 3).

Como señala Hinojosa Gordonava (2019), las redes sociales repercuten en todos los campos de la reproducción social de las comunidades, fomentando actividades sociales, culturales, económicas y políticas. En los casos analizados, estas redes se materializan en espacios comunitarios ubicados dentro o junto a las viviendas, previamente mencionados, que cumplen un rol clave en la organización barrial, la circulación de información y la articulación con políticas públicas.

En este marco, la participación de Laura en el MTE, asociada a su comedor comunitario, la lleva a asistir a encuentros periódicos con trabajadores de otros comedores en lo que denominan la ‘terri’, ampliando sus redes y vínculos organizativos más allá del propio barrio.

En el caso de Julia, el espacio comunitario del MTE se encuentra junto a su vivienda, y allí ha participado del desarrollo de una huerta y plantinera experimental para todo el barrio con apoyo de un grupo de investigación.

En el caso de Sandra —del barrio Caribe—, su vivienda funciona como comedor barrial y espacio comunitario desde el cual se realizan actividades educativas, celebraciones y jornadas de salud. Desde allí ha impulsado múltiples luchas territoriales: reclamos colectivos por acceso al agua, electricidad, mejora de calles, entre otros. Su casa es también un nodo de reunión y articulación desde donde se elaboran estrategias colectivas frente a problemas del barrio (ver Figura 4), como el conflicto con la empresa distribuidora de gas natural, Camuzzi, cuando esta impuso una medida que frenó las obras financiadas por la SISU-N por la proximidad a uno de sus ramales de gas.

Por último, tanto en el caso de Laura como en el de Julia se observa que, en poco tiempo, estas mujeres lograron tejer redes sociales robustas que, mediante estrategias individuales, familiares y comunitarias, permitieron impulsar mejoras en sus viviendas y en el barrio.

Articulación con Políticas Públicas de Mejoramiento del Hábitat

En el transcurso del trabajo de campo (2021-2024) se ejecutaron en ambos barrios diversos proyectos, financiados por la SISU-N, que introdujeron mejoras infraestructurales en el barrio. En el barrio Caribe se construyeron tanques domiciliarios de agua, conexiones intradomiciliarias eléctricas, veredas, arbolado público, cestos de recolección de residuos, una plaza con equipamiento infantil y 20 núcleos húmedos (unidad habitacional de baño y cocina integrado a la vivienda existente). Al tenerse en cuenta para la selección de los beneficiarios el rol comunitario que tenían en el barrio, tanto Sandra como Laura fueron beneficiadas con un núcleo húmedo. Esto permitió separar los espacios vinculados con la vivienda de las actividades comunitarias. A su vez, ambas salieron sorteadas en el programa Mi Pieza[4]; Sandra usó ese dinero para la construcción de una nueva habitación y Laura para el completamiento de una habitación inconclusa.

Por su parte, en San Jacinto, se implementó un programa de mejoramiento habitacional financiado por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) a través de la SISU-N. Con este programa de mejoras, Julia, ‘envolvió’ la casilla de madera donde vivía con ladrillos (ver Figura 5). A su vez, también salió sorteada en el Programa Mi Pieza, lo que posibilitó iniciar un proyecto de ampliación y, combinando ambas políticas, aspirar a una mejora más completa de la vivienda.

Cabe señalar que la retracción de estas políticas lleva a las familias a desplegar otro tipo de estrategias entre las cuales es frecuente la toma de deuda orientada al completamiento y la mejora de la vivienda, así como en momentos de mayor crisis eso se desplaza a bienes no durables como alimento. En el caso de Sandra, en cuya vivienda viven 11 personas, ella ha recurrido a esto en varias oportunidades.

Para terminar, saqué un préstamo. Ahora me metí en otro para revocar. Quiero hacer el piso de la pieza mía. Siempre, préstamos para construir. Debo haber sacado entre 5 y 6, algunos en ANSES[5] y otros en Efectivo sí[6]. (Entrevista a Sandra, 2023)

Los préstamos de empresas privadas suelen tener altas tasas de interés y, aun así, ser montos muy bajos en relación con los costos reales de los materiales de construcción. La chapa, por ejemplo, es un insumo especialmente costoso y, al mismo tiempo, indispensable para evitar filtraciones de agua en los techos. La limitación de recursos económicos conduce, en muchos casos, a soluciones constructivas insuficientes —como la colocación de chapas sin estructura adecuada de tirantería de madera o perfilería metálica—, lo que reproduce condiciones de precariedad habitacional. Estas soluciones no solo resultan insuficientes para mejorar la vivienda, sino que pueden implicar riesgos adicionales, desde posibles derrumbes hasta la exposición a fuertes vientos que pueden arrancar los techos. De ese modo, vemos cómo la vivienda, como nodo de la articulación productivo-reproductivo y comunitario, es también objeto de intromisión de dispositivos financieros que encuentran allí posibles espacios de captura (Cavallero y Gago, 2022).

Conclusiones

Urbanización Popular como Tecnología Productiva-Reproductiva

Luego de haber realizado un análisis de algunas experiencias de mejora de vivienda e infraestructura pública en dos barrios populares de la ciudad de Mar del Plata, podemos afirmar que las distintas estrategias llevadas adelante en pos de mejorar las condiciones de reproducción individuales/familiares encuentran puntos de retroalimentación con procesos comunitarios colectivos. En el desarrollo de este trabajo se ha visto cómo los límites entre lo productivo y reproductivo se desdibujan tanto en la vivienda como en el barrio. La reposición de infraestructura pública común y los procesos progresivos de la vivienda se articulan entre sí y se despliegan a lo largo de extensos períodos de inconclusividad. Pero la capacidad de desarrollar estos procesos, como plantea el Colectivo de Economías Urbano-populares, reside en que se producen mediante formas de colectividad basadas en la oportunidad y el ingenio compartidos, más que en formas organizadas de acción colectiva (The Urban Popular Economy Collective, 2022, p. 1).

Garantizar las condiciones de reproducción supone una carga exponencial en los barrios populares que va desde el sostenimiento del funcionamiento del hogar hasta el estado de las viviendas y la mejora de infraestructura de servicios básicos. Esa enorme carga de trabajo no remunerado, en muchos casos, obliga a recurrir a préstamos con tasas altamente desfavorables.

Por último, cabe destacar que los casos desarrollados demuestran que estas mujeres tienen un fuerte reconocimiento a escala barrial y en las redes donde participan a nivel local. Son escuchadas por funcionarios, medios de comunicación y demuestran un fuerte liderazgo llevando adelante procesos de lucha. Esto verifica que, si bien el trabajo que realizan en términos reproductivos no es remunerado, tiene un peso simbólico importante en el barrio y en la sociedad en general. Es en las economías populares donde encuentran el lugar propicio para articular la enorme carga de tareas de reproducción social con otras formas de trabajo.

La experiencia de estas tres trayectorias de mujeres que habitan en los barrios Caribe y San Jacinto muestra que la vivienda no es solo un objeto físico sujeto a mejoras progresivas, sino también un nodo que articula actividades productivas y reproductivas, y que se vincula con redes comunitarias y luchas territoriales. En estos barrios, las mujeres transforman el espacio doméstico en taller, comedor, obrador o centro comunitario, generando una trama que desborda las categorías convencionales de ‘trabajo’ y ‘hogar’.

Retomando a Topalov (1990b), si bien el análisis se apoya en evidencia empírica, se ha intentado evitar una mera descripción fragmentaria, procurando articular los casos con marcos conceptuales que permitan contribuir a una comprensión crítica de la urbanización popular y sus disputas con los modelos hegemónicos de ciudad.

Los casos analizados permiten volver a la pregunta inicial y aportar insumos para comprender que el problema de la vivienda en América Latina no puede entenderse escindido de las condiciones de trabajo y de la reproducción social. La mirada fragmentaria que predomina en las políticas y en buena parte de los estudios urbanos —anclada en visiones tecnocráticas y dualistas del espacio— deja fuera los procesos cotidianos mediante los cuales las familias producen y reproducen su hábitat. Además, se evidencia que la reproducción de la vida en contextos de despojo de infraestructura pública y criticidad habitacional asume una indistinción práctica entre las tareas cotidianas del hogar y la mejora constante y paulatina del hábitat.

De este modo, la urbanización popular no es únicamente una forma de acceso informal al suelo, sino una práctica compleja que disputa el sentido de la ciudad y del derecho al hábitat. Reconocer esta articulación implica, por un lado, reponer la dimensión política de la cuestión habitacional y, por otro, cuestionar las fronteras disciplinares que han contribuido a invisibilizarla.

En este sentido, se retoma la noción de urbanización popular como tecnología productiva-reproductiva para referirse a un proceso que no se limita al acceso al suelo, sino que integra en una misma trama socioespacial el trabajo doméstico, comunitario y remunerado. Esta categoría permite comprender que la producción de ciudad por parte de los sectores populares no es solo una respuesta a la falta de vivienda formal, sino una forma compleja de organización social que articula la reproducción de la vida con la producción material del hábitat.

Se cuestionan así las fronteras disciplinares que reducen la vivienda a su dimensión física, y se pone en primer plano su papel como infraestructura social y económica, producida colectivamente y sostenida a través de prácticas que desbordan las categorías clásicas de lo urbano y lo doméstico.

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  1. [1]

  2. [2] Formó parte de una generación de políticas bajo el paradigma de la integración socio urbana que tuvieron lugar en Argentina entre 2020 y 2023 a cargo del Ministerio de Desarrollo Social de la Nación y que se vieron interrumpidas en la presidencia de Javier Milei. Para más información ver Bonano e Isla, 2024.

  3. [3] El Registro Nacional de Barrios Populares es un sistema oficial de información de actualización periódica de la situación de los barrios populares.

  4. [4] Programa de mejora de vivienda impulsado por la Secretaría de Integración Socio Urbana de la Nación orientado a mujeres mayores de 18 años residentes de barrios populares del Registro Nacional de Barrios Populares. Para más información ver Isla et al., 2024.

  5. [5] Administración Nacional de la Seguridad Social (entidad pública).

  6. [6] Empresa de préstamos privada

María del Pilar Isla

Arquitecta por la Facultad de Arquitectura, Urbanismo y Diseño de la Universidad Nacional de Mar del Plata (FAUD-UNMdP). Doctoranda en el Programa de Estudios Urbanos de la Universidad Nacional de General Sarmiento (UNGS). Becaria doctoral del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET), con lugar de trabajo en el Instituto de Investigaciones en Desarrollo Urbano, Tecnología y Vivienda (FAUD-UNMdP).

Autor

Hacer ciudad y sostener la vida

Vivienda, trabajo y reproducción social en la urbanización popular.

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La premisa que orienta el análisis sostiene que el problema persistente de la vivienda en América Latina no puede comprenderse plenamente sin considerar su articulación con las formas de trabajo y los procesos de reproducción social. Esto permite desplazar el análisis desde un enfoque centrado exclusivamente en el déficit habitacional o en las condiciones físicas de la vivienda, hacia una lectura que la entiende como parte de un entramado de estrategias domésticas, productivas y comunitarias que sostienen la vida.

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Figura 1. Diagrama de articulación teórico-analítica

Fuente: Elaboración propia.

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Figura 2.Barrios Caribe y San Jacinto

Fuente: Elaboración propia con base en MGP y RENABAP.

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Figura 3. Trayectoria intralote Laura - Fotografía del comedor y sus trabajadoras

Fuente: Elaboración propia. Fotografía archivo CyTHaP.

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Figura 4. Trayectoria intralote de Sandra. Reunión vecinal por acceso al agua

Fuente: Elaboración propia. Fotografía archivo CyTHaP.

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Figura 5. Trayectoria intralote Julia - Imagen de proceso de mejora de envolvente

Fuente: Elaboración propia. Archivo personal.

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