Ciencia Política
1909-230X
Universidad Nacional de Colombia
https://doi.org/10.15446/cp.v14n27.73323

Recibido: 20 de junio de 2018; Aceptado: 30 de octubre de 2018

Análisis Político del Discurso e investigación empírica: herramientas teóricas y estrategias metodológicas para estudiar identidades y procesos políticos desde América Latina

Political Analysis of Discourse and Empirical Research: Theoretical Tools and Methodological Strategies to Study Identities and Political Processes from Latin America

H. Fair, 1

Conicet-Universidad Nacional de Quilmes, Buenos Aires, Argentina hernanfair@conicet.gov.ar Universidad Nacional de Quilmes Conicet Universidad Nacional de Quilmes Buenos Aires Argentina Argentina

Ha escrito diversos artículos científicos y ensayos sobre la Teoría Política del Discurso de Ernesto Laclau y utilizado sus principales conceptos para investigar la construcción de la hegemonía neoliberal durante el menemismo en su Tesis de Maestría (FLACSO Argentina, año 2007) y de Doctorado (UBA, 2013). Actualmente investiga desde esta misma perspectiva la etapa de crisis de la hegemonía neoliberal durante el gobierno de la Alianza.

Resumen

Este artículo ofrece algunas herramientas teóricas y elabora algunas estrategias metodológicas consistentes y útiles para profundizar y fortalecer el Análisis Político del Discurso y la investigación empírica de identidades, fenómenos y procesos histórico-políticos, enfocados en los problemas de y para América Latina. En primer lugar, distingue, desde la Teoría Política del Discurso de Laclau, dimensiones, planos y niveles internos. Luego, operacionaliza algunos de los principales conceptos de la teoría de la hegemonía desde el análisis de los enunciados textuales-escritos y la delimitación de tres niveles ascendentes de estructuración de los discursos. Por último, articula el artefacto con algunas herramientas complementarias de teoría y sociología política, y análisis del discurso político para estudiar los enunciados de los actores sociales, sus formas de organización colectiva y sus diferentes grados de institucionalización. El trabajo incluye algunos ejemplos ilustrativos de investigaciones previas situadas en América Latina para mostrar el funcionamiento del artefacto teórico-metodológico desde la dinámica política de la lucha por la hegemonía.

Palabras clave:

cadenas equivalenciales, fronteras políticas, metodología, Teoría Política del Discurso.

Abstract

This article offers some theoretical tools and elaborates some consistent and useful methodological strategies to deepen and strengthen the Political Analysis of Discourse and the empirical investigation of identities, phenomena and historical-political processes, with focus on the problems of and for Latin America. In the first place, it distinguishes dimensions, planes and internal levels from Laulau’s Political Theory of Discourse. Then, it operationalizes some of the main concepts of the theory of hegemony from the analysis of written-textual statements and the delimitation of three levels of structuring of discourses. Finally, it articulates the artifact with some tools from other perspectives of analysis of political discourse to study the statements of social actors and their forms of collective organization. The work includes some illustrative examples of previous investigations located in Latin America to show the functioning of the theoretical-methodological artifact from the political dynamics of the struggle for hegemony.

Keywords:

Equivalential Chains, Methodology, Political Borders, Political Theory of Discourse.

1. Introducción

La Teoría Política del Discurso (TPD) dispone de valiosas herramientas para el análisis político y social. Sin embargo, a diferencia de otras perspectivas de análisis del discurso, no cuenta con una metodología consistente y útil para la investigación empírica. Desde diferentes instancias y latitudes se aportaron recursos que procuraron sortear este déficit metodológico para estudiar problemas concretos. Algunos de los aportes metodológicos más sistemáticos para la investigación social desde la teoría de la hegemonía se encuentran en Buenfil Burgos (1994, 1998), Errejón (2011), Glynos y Howarth (2007), Glynos et al. (2009), Howarth (2000, 2005), Howarth, Glynos y Griggs (2016), Howarth, Norval y Stavrakakis (2000), Howarth y Torfing (2004) y Jorgensen y Philips (2010).

Teniendo en cuenta estas contribuciones, este artículo tiene como objetivo principal ofrecer una serie de herramientas teóricas y desplegar algunas estrategias metodológicas útiles para profundizar y fortalecer el Análisis Político del Discurso (APD) y la investigación empírica desde una perspectiva transdisciplinaria situada en América Latina. Los objetivos específicos consisten en (a) operacionalizar los conceptos de cadena equivalencial, frontera política, significante vacío, significante flotante, punto nodal y formación discursiva de la teoría de la hegemonía para fortalecer el análisis discursivo de identidades y procesos políticos desde América Latina; y (b) elaborar algunas estrategias teórico-metodológicas consistentes y útiles para el desarrollo de investigaciones empíricas sobre identidades, fenómenos y procesos histórico-políticos desde nuestra América.

En primer lugar, a través de contribuciones de la teoría discursiva de la hegemonía, el trabajo plantea una distinción metodológica de dimensiones, planos y niveles internos. Luego, operacionaliza algunos de los principales conceptos de la TPD para la investigación social desde el abordaje de los enunciados textuales-escritos y la delimitación de tres niveles ascendentes de estructuración de los discursos. Por último, articula el artefacto con algunas herramientas complementarias de teoría y sociología política y Análisis del Discurso Político para estudiar los enunciados de los actores sociales, sus modos de organización colectiva y sus diferentes grados de institucionalización. Se incluyen algunos ejemplos ilustrativos de investigaciones previas que pusieron en juego estas herramientas desde el análisis de identidades y procesos políticos de América Latina (con énfasis en la Argentina reciente), para mostrar el funcionamiento del artefacto en la dinámica política.

2. Breves consideraciones sobre la Teoría Política del Discurso (TPD) y sus usos desde la investigación empírica

La TPD constituye una innovadora perspectiva posfundacional, posestructuralista y posmarxista (posgramsciana en sentido estricto) que comenzó a estructurarse en la primera mitad de los años ochenta. Sus principales referentes son Ernesto Laclau y Chantal Mouffe. Esta perspectiva es conocida en el ámbito anglosajón como Teoría del Discurso (Theory of Discourse) de la Escuela de Essex. En otras latitudes se lo denomina de forma indistinta como teoría del discurso, teoría política del discurso, teoría del discurso político, teoría de la hegemonía o teoría de las identidades políticas.1 Sus usos desde la investigación social en América Latina, a partir de las contribuciones de Rosa Buenfil Burgos, se conocen como Análisis Político del Discurso (APD).

Desde los presupuestos ontológicos y epistémicos, la teoría del discurso y las identidades políticas, liderada por Laclau, adopta una perspectiva construccionista social y posestructuralista que asume la negatividad y la contingencia radical de lo social como aspectos constitutivos. Además, se distingue por presentar una concepción amplia del discurso en la que el orden significante construye de forma relacional y sobredetermina las identidades y la realidad social. Esta perspectiva antiesencialista se opone tanto al mentalismo individualista, hipersubjetivista y racionalista del idealismo (ya sea dialéctico o trascendental), como al realismo positivista, empirista y objetivista (aristotélico, materialista histórico, funcionalista, conductista o positivista lógico).

Desde el plano axiológico la TPD se posiciona dentro del campo posmarxista. Fue influida particularmente por la teoría de la hegemonía de Antonio Gramsci y las contribuciones de Claude Lefort, así como por los enfoques deconstruccionistas y algunos pensadores gramscianos. Su proyecto posmarxista tiene como meta ético-política la construcción de una estrategia socialista y una democracia radicalizada y plural que se opone a los fundamentalismos y a las formas de explotación y opresión sobre los sectores subordinados y lucha políticamente por sus emancipaciones sociales, a partir del reconocimiento de las diferencias y particularidades como constitutivas y deseables. De este modo, la TPD anuda el plano ontológico con el contenido óntico (fenoménico y ético-político crítico), a través de las construcciones del orden significante.2

2.1. Principales contribuciones de la Teoría Política del Discurso a los estudios del discurso

De un modo sintético, podemos identificar cuatro contribuciones clave de la TPD a los estudios del discurso:

  1. La concepción ampliada del discurso, que integra los aspectos lingüísticos y extralingüísticos en una misma totalidad significante que sobredetermina lo social.

  2. La concepción de lo social como una lucha hegemónica entre formaciones discursivas y antagónicas entre sí por universalizar, tendencialmente, determinadas demandas y significados particulares y encarnar, imaginariamente, el orden comunitario ausente.

  3. La articulación interdisciplinaria de categorías de la teoría política, la retórica y el psicoanálisis lacaniano desde el plano ontológico y su uso óntico (contingente) para el análisis discursivo de la construcción de hegemonías, lo que permite analizar las tensiones y desplazamientos en las posiciones, las formas de identificación social y las estrategias político-ideológicas de dominación social.

  4. La idea de que la realidad social, como construcción discursiva histórica y conceptual, es ontológicamente precaria, parcial y contingente, al estar atravesada por una pluralidad de antagonismos constitutivos y por una dislocación estructural (similar a lo Real lacaniano), que se inscribe dentro del orden simbólico y permite reactivar políticamente lo social sedimentado.

2.2. Breves consideraciones teórico-metodológicas y estrategia de investigación

Para operacionalizar los conceptos de la TPD nos enfocaremos en los textos más relevantes de Laclau desde su giro al posfundacionalismo hasta su fallecimiento (1985-2014) (Laclau, 1985, 1993, 1996, 2003, 2004, 2005a, 2005b, 2008, 2014; Laclau y Mouffe, 2004). Teniendo en cuenta los déficits metodológicos de la teoría de la hegemonía, articularemos el artefacto con algunas herramientas de otras perspectivas más sistemáticas de análisis del discurso político (principalmente, desde la sociosemiótica). Sin desconocer las diferencias entre las perspectivas, asumimos una estrategia de articulación pragmática que acentúa la utilidad de sus herramientas para investigar fenómenos políticos concretos. Dicha estrategia es consistente con la noción de “juegos de lenguaje” que emplea Laclau (1993, p. 134; Laclau, 2003, p. 284) y con su énfasis en la lógica antiesencialista de la “articulación” como su principio rector (Glynos y Howarth, 2007, pp. 182-183). De allí que referentes como David Howarth (2005) definan la estrategia metodológica de la teoría de la hegemonía como el “método de la articulación”. Tenemos en cuenta, además, que todas las propuestas metodológicas que parten desde la TPD articulan en alguna medida herramientas que exceden a la obra de Laclau (y Mouffe).

En segundo término, aunque este trabajo procura aportar algunas herramientas para la investigación empírica, ello no implica asumir una concepción positivista, empirista o instrumentalista. A partir de los postulados y premisas onto-epistemológicas de la TPD sobre la contingencia radical y la negatividad constitutiva de lo social, se asume que la realidad es una construcción social, conceptual, histórica y contingente que se encuentra en una disputa indecidible de sentidos y solo puede sedimentarse y objetivarse de un modo relativo, precario y parcial. Se reconoce, además, el objetivo socialmente transformador inherente a la teoría de la hegemonía. Esta perspectiva lucha políticamente contra las diferentes formas de esencialismo, explotación y opresión social para contribuir a las emancipaciones de los grupos subordinados. Siguiendo a Glynos y Howarth (2007, p. 7 y ss.), el artefacto teórico-metodológico busca trascender el relativismo cultural de las filosofías nihilistas y posmodernas del “todo vale” para edificar un conocimiento válido, con cierta sistematicidad, rigurosidad y pretensión de objetividad. Sin embargo, a falta de fundamentos últimos y verdades objetivas, universales y eternas, todos los aportes que pueda brindar esta propuesta son relativos, contingentes y abiertos a la discusión. Por último, aclaramos que, si bien desde la perspectiva de Laclau existe un anudamiento (sin subsunción) entre lo teórico-conceptual y la praxis política, en este artículo no se examinarán específicamente las cuestiones axiológicas y normativas.

3. La distinción metodológica de dimensiones, planos y niveles internos para el análisis discursivo de identidades, fenómenos y procesos políticos contemporáneos

La TPD asume una concepción amplia del discurso que integra todos los elementos lingüísticos y extralingüísticos, a través de su sobredeterminación significante. Sin embargo, Laclau al mismo tiempo reconoce en sus textos la posibilidad de diferenciar niveles internos al discurso, sin que ello implique distinguir entre prácticas significantes y no significantes (Laclau, 1985, p. 23; Laclau y Mouffe, 2004, p. 147). A partir de estas especificaciones, hemos propuesto diferenciar planos y niveles del discurso para el análisis empírico de la hegemonía: en primer lugar, realizamos una diferenciación analítica (no ontológica) entre el plano lingüístico (oral y escrito) y el no meramente lingüístico del discurso. Esta distinción operativa permite estudiar sus articulaciones (interacciones y tensiones atributivas) desde la dinámica política. En segundo término, identificamos niveles internos a cada plano del discurso. Desde el plano lingüístico retomamos una distinción analítica, presente en Benveniste, Foucault y Lacan, y desarrollada por perspectivas de la semiótica social francesa (Verón, 1987; Courtés, 1997) entre el lado de lo enunciado (lo que se enuncia) y el lado de la enunciación (cómo y desde qué posición se enuncia ). Ambos lados forman parte de un mismo fenómeno discursivo. Se diferencia, entonces, entre:

a. El nivel de análisis de los enunciados: concierne al análisis del contenido enunciado por determinado/s agente/s, en cierto tiempo y espacio. Corresponde al análisis del “qué” se enuncia.3

b. El nivel de análisis de la enunciación: concierne al análisis de las formas, modalidades, géneros, estilos, estrategias y valoraciones que expresan los discursos enunciados. Incluye las modalidades enunciativas, las tonalidades, los géneros discursivos, las estrategias retóricas y argumentativas (incluyendo los usos del ethos y del pathos), los dispositivos enunciativos y otras marcas de subjetividad (adverbios, adjetivaciones, uso de condicionales) que emplean los agentes para vincularse con sus enunciados, escenificar una imagen de sí y descalificar a la alteridad. También incluye el grado relativo de dialogismo y de adhesión que presenta el agente-enunciador frente a aquello que enuncia, en determinado tiempo y espacio. Corresponde al análisis de “desde dónde” y “cómo” se construyen y legitiman los discursos enunciados.

La distinción analítica entre el enunciado y la enunciación permite identificar relacionalmente tensiones y potenciales contradicciones en los enunciados, desde una perspectiva interpretativa y atributiva. Además, al estudiar de un modo comparado las articulaciones ónticas entre dos o más enunciados, en determinado tiempo y espacio, el analista político puede identificar intensidades gradualmente diferenciales de sedimentación y de reactivación de los discursos desde la disputa por la hegemonía.4

Desde el plano discursivo no meramente lingüístico identificamos, a partir de los textos de Laclau, los siguientes niveles internos: (a) prácticas y acciones sociales; (b) elementos institucionales (que incluyen normas y procedimientos tipificados por escrito); (c) organización productiva (sistema capitalista y modelo de acumulación, producción y consumo); (d) cuestiones afectivas (ligazones catexiales, identificaciones y fuentes de goce); (e) mitos, fantasías, utopías e imaginarios sociales; (f) tradiciones culturales; (g) imágenes y gestos visuales y auditivos (que incluyen a los formatos interactivos5); (h) hechos físicos, biológicos y naturales; y (i) el postulado de lo Real (en un sentido lacaniano).

En este trabajo estudiaremos los elementos estrictamente lingüísticos del discurso. De manera particular, colocaremos el foco en los enunciados textuales-escritos. Sin embargo, desde la TPD el análisis de la operación hegemónica debe integrarse con los aspectos enunciativos y extralingüísticos (histórico-contextuales, económicos, prácticos, institucionales, afectivos) para ser completo.6

Laclau, además, distinguió en algunos fragmentos de su obra entre las condiciones de producción y las condiciones de recepción del discurso (Laclau, 1985, p. 39) y reflexionó sobre los aspectos parcialmente sedimentados que limitan la “efectividad” de la operación hegemónica (Laclau, 2003, p. 90; Laclau, 2014, p. 165). También se refirió a los problemas para analizar los límites de las interpelaciones dominantes “desde la perspectiva de los individuos que reciben esas interpelaciones” (Laclau, 1993, p. 220). Teniendo en cuenta estas especificaciones, planteamos para la investigación empírico-discursiva de la hegemonía dos dimensiones de análisis: (1) la dimensión de la construcción hegemónica y (2) la dimensión del impacto o la eficacia de la operación hegemónica.

Si bien en este trabajo no abordaremos específicamente esta temática, la distinción entre la construcción hegemónica y su impacto permite estudiar desde el análisis del discurso el grado de eficacia performativa de determinadas interpelaciones dominantes (por ejemplo, las interpelaciones de la figura del presidente) sobre ciertos actores situados estratégicamente en posición de interpelados (por ejemplo, referentes sindicales).7

4. Herramientas de la Teoría Política del Discurso para el análisis textual-escrito de los enunciados desde la dinámica política

A continuación, se proponen algunos recursos útiles para el análisis discursivo-textual (escrito) de los enunciados desde la dinámica política. Para ello, se distinguen tres niveles analíticos, desde una escala ascendente. Para esta construcción teórico-metodológica se parte de las premisas de negatividad, relacionalidad y contingencia radical de lo social de la teoría y ontología laclauniana. Las herramientas de la TPD que se toman como base para la operacionalización son: “cadena equivalencial”, “frontera política”, “significante vacío”, “significante flotante”, “significante Amo”, “punto nodal” y “formación discursiva”. Además, se incluyen dentro del artefacto los conceptos de “articulación”, “antagonismo”, “metáfora”, “metonimia”, “mito”, “imaginario social”, “demanda”, “sedimentación” y “actores sociales” y las lógicas de la “equivalencia” y de la “diferencia”.8

4.1. Primer nivel de análisis: las cadenas equivalenciales y las fronteras políticas

Una vez que se decidió escoger como perspectiva a la TPD -y ponderadas las decisiones metodológicas sobre el recorte del corpus, la selección de las fuentes y de los agentes en función del tema, los objetivos, las preguntas-problemas, la hipótesis-conjetura y el tipo de abordaje de la investigación (Fair, 2017a)-, el analista del discurso (como ente relativamente externo a su “objeto” de estudio) se encuentra en condiciones de iniciar el análisis discursivo propiamente dicho.

Hemos observado que diferentes trabajos situados desde la teoría de la hegemonía parten de fijar a priori al significante vacío, para luego procurar “comprobar” desde el análisis discursivo lo que ya presupusieron antes del estudio concreto del corpus. Proponemos, en cambio -como paso inicial- abandonar el establecimiento apriorístico del significante vacío que -supuestamente- simboliza el orden comunitario ausente, para enfocarse en el análisis empírico-discursivo de las cadenas equivalenciales y las fronteras políticas que aparecen enunciadas fenoménicamente en el corpus. Identificamos tres herramientas básicas para analizar este primer nivel en la dinámica política:

  1. La cadena de equivalencias del lado interno de la frontera política: corresponde al análisis textual de aquellos significantes que aparecen encadenados equivalencialmente (es decir, de un modo equivalente entre sí: A≡B) en el lado interno de la frontera. Forman parte de los enunciados valorados de forma positiva por los agentes. Por ejemplo, en el siguiente fragmento discursivo del vocero de Raúl Alfonsín (año 1988), -que retomamos de una investigación previa-, la democracia se construye como un valor deseado y se articula al régimen democrático y a la defensa de las libertades individuales: “Hay dos principios que deben ser barajados y armonizados: la preocupación por consolidar y afianzar el sistema democrático, el mantenimiento del sistema democrático y las libertades que, consiguientemente, prescriben el funcionamiento auténtico de una democracia” (Página 12, como se citó en Fair, 2016b, p. 52) En este caso, el encadenamiento se escribe: Democracia ≡ Sistema democrático ≡ (defensa de las) libertades.

  2. La cadena de equivalencias del lado externo de la frontera política: corresponde al análisis textual de aquellos significantes que se encadenan equivalencialmente en el lado externo de la frontera. Representan a los significantes que son excluidos y atribuidos de forma negativa por los agentes. Por ejemplo, en el siguiente fragmento de Alfonsín de 1988, el entonces presidente construye una cadena significante que simboliza aquello que pretende negativizar: “Es necesario sepultar al sectario y al violento que llevamos adentro. Es aceptable todo, menos la confrontación que produce la violencia” (La Nación, como se citó en Fair, 2016b, p. 52). En este caso, se escribe: (democracia como significante implícito) vs. Sectarismo ≡ confrontación ≡ violencia.

  3. Las fronteras políticas: corresponde al análisis de los enunciados del corpus que se construyen como contraposiciones. Se estructuran en términos antagónicos (A vs. B). Distinguimos dos tipos de “fronteras de exclusión” (Laclau, 1996, p. 72). Por un lado, están las fronteras que contraponen cadenas significantes en términos sincrónicos. Por ejemplo, en el siguiente fragmento discursivo de Alfonsín de 1988, se articula la Democracia ≡ sociedad abierta ≡ debate ≡ Respeto a los demás (lado interno) vs. Espíritu de violencia ≡ sectarismo (lado externo):

    ¿Qué significa la cultura de la democracia? Significa una sociedad abierta, menos cristalizada en sus ideas, dispuesta al debate y al respeto a los demás. Significa que cada uno ha hecho lo posible por enterrar el espíritu de violencia y sectarismo que llevamos dentro. (Clarín, como se citó en Fair, 2016b, p. 52)

Por otro lado, están las fronteras políticas que delimitan una “ruptura absoluta”. Este tipo de fronteras se caracterizan por marcar una abrupta, tajante y muy intensa escisión con un pasado demonizado, que a su vez se contrapone vis a vis a un futuro venturoso que aparece como la contracara de ese pasado (Aboy Carlés, 2001, pp. 169-174). La edificación de una frontera política tajante se puede observar en el siguiente fragmento de un discurso oficial de Alfonsín, en el que delimita una “línea divisoria” binaria: “El país atraviesa un momento crucial de su historia nacional: la línea divisoria que separa una etapa de decadencia y disgregación, de un porvenir de progreso y bienestar en el marco de la democracia” (Alfonsín, como se citó en Aboy Carlés, 2001, p. 173).

4.1.1. Herramientas complementarias desde el primer nivel de análisis

Desde el primer nivel de los enunciados escritos se pueden emplear una serie de herramientas complementarias para el APD de identidades, fenómenos y procesos políticos:

  1. 1.Las cadenas equivalenciales modales: representan aquellas cadenas de equivalencias que, en determinado corpus, aparecen replicadas con mayor frecuencia. Para identificarlas desde la dinámica política se puede observar la cantidad y diversidad de agentes que mencionan ciertas cadenas significantes. Por ejemplo, en una investigación previa en torno a los discursos políticos en la prensa en la Argentina de 1988 encontramos que la cadena equivalencial democracia ≡ justicia social constituía una cadena modal (Fair, 2013).

    En este punto el analista del discurso puede distinguir entre cadenas modales breves y amplias:

    1. Las cadenas modales breves: corresponde al análisis textual de aquellas cadenas equivalenciales que se presentan mediante un encadenamiento secuencial de dos a tres significantes. Por ejemplo, en la siguiente frase de Arturo Frondizi: “Estamos unidos por ideales comunes: la concordia, la democracia y el desarrollo nacional” (Frondizi, como se citó en Laguado Duca, 2011, p. 92), se puede observar una cadena modal breve: concordia ≡ democracia ≡ desarrollo nacional.

    2. Las cadenas modales amplias: corresponde al análisis textual de aquellas cadenas equivalenciales que se presentan mediante un encadenamiento secuencial de más de tres significantes. Por ejemplo, en el siguiente fragmento discursivo de Carlos Menem: “Estamos cambiando la historia, está naciendo una nueva Argentina, está en marcha la Revolución Productiva, que va poniendo de pie a nuestra querida Patria para que camine hacia su destino de grandeza” (Menem, como se citó en Souroujon, 2014, p. 164), se puede observar una cadena modal amplia: Revolución Productiva ≡ Poner de pie a la Patria ≡ Cambiar la historia ≡ Nueva Argentina ≡ Destino de grandeza

  2. 2.Los tópicos flotantes: corresponde al análisis textual de aquellos significantes conceptualizados como temas o tópicos que han sido problematizados socialmente (discursivamente) por los agentes.9 Se presentan en determinada coyuntura o proceso histórico-político mediante una disputa hegemónica por sus significados. De este modo, asumen el rol de significantes “flotantes” (Laclau, 2003, p. 305; Laclau, 2005a, p. 165), ya que generan entre los agentes significaciones enfrentadas entre sí. Por ejemplo, Mauro (2005) analizó la construcción de la agenda política y las disputas discursivas en torno al tópico-problema de la corrupción durante la campaña para Jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires del 2003.

  3. 3.Los significantes legitimadores: corresponde al análisis textual de aquellos significantes de valencia positiva que asumen en la dinámica política el papel de reforzadores de determinadas significaciones. Estos significantes privilegiados pueden ser identificados por el analista del discurso al remitir a imaginarios sociales históricamente sedimentados que son atribuidos como valiosos por los agentes en determinada coyuntura o proceso, y situados en el lado interno de la frontera. Por ejemplo, en una investigación previa en la Argentina de 1993 encontramos que el significante “modernización” era empleado por una multiplicidad de enunciadores con el objeto de legitimar sus enunciados (Fair, 2013).

  4. 4.Las metáforas políticas: estas figuras retóricas se caracterizan por sustituir a determinados significados y por objetivar y naturalizar (tendencialmente) ciertos contenidos y relaciones de fuerza particulares. Como señala Laclau: las metáforas son relevantes en política, ya que “naturalizan relaciones sociales contingentemente articuladas, con el fin de legitimizar las relaciones de poder” (Laclau, 2003, p. 288). En este sentido, De Ípola (1982, pp. 143 y ss.) encontró en el discurso de Perón un uso recurrente de metáforas organicistas tales como “organismo social”, “cuerpo social”, “lucha por la vida”, “selección natural”, “gérmenes patógenos”, “virus sociales”, “células”, “salud”, “enfermedad”, “metabolismo”, “evolución”, entre otras. Muñoz y Retamozo (2008) observaron en el discurso de Kirchner el uso de la metáfora del “infierno” como tropo político para nominar la crisis dislocatoria del orden neoliberal del 2001. Souroujon (2014) analizó el uso de la metáfora de la “cirugía mayor sin anestesia” en el discurso de Menem. También se pueden identificar en los textos las metáforas que remiten a prácticas de la vida cotidiana y se sedimentan en el sentido común. En este sentido, Aymá (2015) analizó la utilización de metáforas de sentido común para representar la experiencia de una histórica inundación del 2003 en Santa Fe (Argentina).

  5. 5.Las metonimias políticas: corresponde a la identificación de aquellos enunciados que presentan un desplazamiento tendencial por contigüidad del interés particular transfigurado como el interés general o universal. De este modo, contribuyen a legitimar determinados contenidos y demandas particulares. En esta línea, Muñoz y Retamozo (2008) estudiaron de qué modo en la retórica de Kirchner el pueblo, el gobierno y el Estado se desplazan de forma metonímica hasta amalgamarse en torno al gobierno kirchnerista como único y legítimo depositario de la soberanía popular y promesa de plenitud social, en clave estatal.

  6. 6.Las construcciones esencialistas: concierne al análisis de los enunciados fantasiosos (ideológicos) que remiten a formas esencialistas o fundacionales de intelección de lo social. Se caracterizan por negar la contingencia radical, la historicidad de lo social y su carácter político (conflictivo, antagónico, polémico). Por ejemplo: el uso de frases como “No hay alternativas”, esto es “inevitable”, esto es “normal” y esto otro “anormal”. En este sentido, Novaro (1994) analizó las invocaciones mesiánicas del discurso de Menem como un “elegido por Dios”.

  7. 7.Los mitos políticos: las narraciones míticas se caracterizan por conectar un relato parcialmente estructurado sobre el pasado con la situación presente y ambos con un futuro imaginario de unidad plena, felicidad, paz, justicia, liberación y/o grandeza de la nación o del pueblo. Por ejemplo, Aboy Carlés estudió los usos políticos del mito fundacional del 17 de octubre de 1945 en la construcción discursiva de la identidad peronista (Aboy Carlés, 2001). Barros (2002) investigó los mitos de la “guerra fría” y del “mercado libre” como condiciones de posibilidad de la última Dictadura cívico-militar en la Argentina. Muñoz y Retamozo (2008) encontraron en el discurso de Kirchner la construcción del mito del Estado como reparador, promotor del progreso, remedio para la desigualdad y garante de la igualdad social. Ello instituyó al Estado como “suturador” de las heridas sociales y lo transformó, desde la retórica presidencial, en un espacio de contención social de amplios sectores allí enumerados (trabajadores, jubilados, etc.).

4.1.2. Herramientas de otras perspectivas de análisis del discurso político para estudiar los enunciados desde la disputa por la hegemonía

Existen herramientas complementarias de otras perspectivas de análisis del discurso político que permiten complejizar y fortalecer la investigación empírica de los enunciados desde la disputa por la hegemonía. Estas herramientas son particularmente útiles si el objeto de estudio se enfoca en el discurso presidencial o en las campañas electorales:

  • Los componentes del discurso político: consiste en identificar las zonas predominantes del discurso político. Siguiendo a Verón (1987, pp. 19-23), el analista puede distinguir cuatro componentes del discurso: (a) el componente descriptivo: constata y describe la realidad fenoménica mediante verbos en presente del indicativo; (b) el componente didáctico: explica verdades con pretensiones universales mediante el uso de formas impersonales (en tercera persona del singular) y con un estilo tecnocrático (sin marcas de enunciación) que se legitima mediante el supuesto saber superior, técnico y objetivo; (c) el componente prescriptivo: prescribe el deber ser en términos deontológicos o imperativos (“Hay que”, “Se debe”); (d) el componente programático: realiza promesas políticas y toma decisiones vinculantes que comprometen acciones programáticas en un futuro, con base en el poder hacer (“Prometo que”, “Voy a”). Desde el análisis del corpus estos componentes pueden y suelen combinarse entre sí en diferentes proporciones. En este sentido, véanse los estudios de Bonetto, Martínez y Piñero (2001) y de Canelo (2011) sobre el discurso menemista.

  • Los colectivos de identificación política: concierne a los usos que determinados enunciadores emplean para simbolizar a los “colectivos de identificación” (Verón, 1987), con el objeto de legitimarse ante sus destinatarios. El analista político del discurso puede identificar a los agentes y los significados que adosan al colectivo de identificación “Pueblo”, “Nación” (y equivalentes vernáculos, como la “Argentina” y los “argentinos”) u otros como “trabajadores”. En este sentido, De Ípola (1982) encontró en el discurso de Perón el uso de múltiples y variantes colectivos de identificación. Montero (2009) observó en el discurso de asunción y en los discursos de apertura de sesiones legislativas de Kirchner un encadenamiento amplio del prodestinatario a su ‘querido pueblo’, al ‘pueblo de mi Patria’ y al ‘pueblo todo de la Nación argentina’ (Montero, 2009, p. 323). Muñoz y Retamozo (2008) encontraron en el discurso de Kirchner la fuerte presencia de símbolos “nacional-populares”, a través del uso de la figura del “pueblo dañado” y la construcción del pueblo como un metacolectivo singular al que se identifica como depositario directo de la soberanía. Schuttenberg (2014) analizó la centralidad de estos colectivos de identificación política, pero desde el discurso de los movimientos sociales que apoyaron al kirchnerismo. También se pueden analizar otros colectivos de identificación habituales en el marco de sociedades hipermediatizadas, dominadas por las nuevas técnicas de marketing político y el respeto de “lo que quiere la gente” (Vommaro, 2008). Por ejemplo, la apelación a la “gente” y a los “vecinos” y el uso de la segunda y la tercera persona del singular en forma voseante. En esta línea, Montero (2018, pp. 54-55) encontró en el discurso de la gobernadora bonaerense María Eugenia Vidal un uso asiduo de apelativos voseantes (“vivís”, “viste”, “necesitaste”, “sabés”, “tuviste”, “a vos te quiero decir que estamos acá para vos”), lo que incluye el uso del condicional (“si te bancaste”) y la exhortación mediante preguntas retóricas de respuesta restringida (“¿cómo no vas a apostar a una nueva oportunidad?”).

  • Los slogans y spots de campaña política: concierne a las fórmulas que suelen emplear determinadas fuerzas políticas y figuras institucionalmente claves (dirigentes partidarios y otras figuras investidas de autoridad política) durante el período de campaña electoral con el objeto de generar identificaciones sociales entre sus destinatarios. Pueden identificarse a través del análisis de discursos oficiales y/o de afiches electorales. Un ejemplo es el slogan del gobierno de Cambiemos “Haciendo lo que hay que hacer”, que se encadena equivalencialmente a diferentes obras realizadas por el Gobierno (Montero, 2018, pp. 55-57).

  • Las formas nominales de la alteridad política: consiste en analizar las “formas nominalizadas” (Verón, 1987, p. 19) que emplean los agentes para descalificar a la alteridad/contradestinatario constitutivo. Pueden asumir la forma de actores políticos individualizados y concretos que son personalizados, y/o una forma más implícita, difusa, impersonal y encubierta, que escenifica un oscurecimiento del contradestinatario. Siguiendo a Montero (2012), diferenciamos tres subtipos de contradestinatarios (que pueden combinarse desde el análisis empírico): (a) el destinatario encubierto: aparece en los textos o bien bajo la tercera persona plural o singular, o bien bajo la forma ambigua de la segunda o tercera persona del plural (por ejemplo: aquellos que, el/los que, ese/a/os/as que, algunos/as que), a través de una advertencia o amenaza; (b) el destinatario indirecto: aparece menos explicitado y es evocado mediante marcas polifónicas, como la negación polémica o metalingüística; y (c) la contradestinación directa: realiza una interpelación directa y en segunda persona (en ocasiones, en forma voseante) del adversario político, a quien interpela directamente y con un tono informal, desafiante e intensamente confrontativo, que busca descalificarlo o desautorizarlo radicalmente (Montero, 2012, pp. 201 y ss.).

Un ejemplo de alteridad personificada se encuentra en los discursos binarios de Hugo Chávez contra el expresidente estadounidense George Bush (Arnoux, 2008). Una lógica parecida también está presente en los discursos de Cristina Fernández de Kirchner en los que denuncia, ataca y descalifica a legisladores parlamentarios, jueces, medios de comunicación, dirigentes rurales, el FMI e incluso a los docentes, en términos de enemigos de su “modelo” de país (Raiter, 2013, pp. 107 y ss.). Un ejemplo de alteridad difusa e impersonal es la construcción de la alteridad de De la Rúa contra los “violentos” durante la crisis del 2001 (Fair, 2017b). El uso de la contradestinación indirecta aparece con frecuencia en el discurso de Néstor Kirchner. Allí la alteridad es evocada a partir de la negación u otras marcas polifónicas, como la denuncia del carácter “oscuro” de los acuerdos de sus adversarios, las “manipulaciones a espaldas de la sociedad” para sostener la gobernabilidad, la defensa de un “modelo” económico y político erróneo, o la polémica en torno a la “libertad de expresión” y a la naturaleza del “pluralismo”. El discurso de Kirchner también se caracterizó por construir una contradestinación directa contra los militares acusados de violaciones a los Derechos Humanos, quienes fueron directamente interpelados, desafiados y descalificados (en forma voseante en algunos casos) a través de vocativos como “señor”, “querido ex represor”, “asesino” o “delincuente”, poniendo radicalmente en cuestión sus grados jerárquicos y quitándoles el “mérito” de ser llamados “generales” (Montero, 2012, pp. 206-210).

  • Las citas de autoridad: concierne a la apelación discursiva a figuras políticas arquetípicas y socialmente reconocidas, con el objeto de legitimar los enunciados propios.10 Por ejemplo, las apelaciones intertextuales de Menem a la figura de Perón como una cita de autoridad para mostrar una relación de continuidad ideológica entre ambos gobiernos y justificar las nuevas alianzas políticas y las reformas neoliberales entre los sectores de tradición peronista (Canelo, 2001; Souroujon, 2014).

  • Las referencias a los próceres históricos nacionales: corresponde al análisis textual de los significados que los agentes construyen sobre los próceres nacionales para legitimar sus enunciados. Por ejemplo, en el discurso de Chávez, Arnoux (2008, p. 19 y ss.) encontró múltiples referencias intertextuales a Simón Bolívar. En el discurso de Menem encontramos referencias intertextuales a próceres de la tradición liberal, como Juan B. Alberdi, para justificar el giro identitario del menemismo, una vez en el poder (Fair, 2013).

  • Las frases formulísticas: concierne a determinados giros discursivos o slogans cristalizados de mediana duración que emplean referentes políticos claves de la operación hegemónica para legitimar sus enunciados. Se los puede identificar por su uso reiterado en el tiempo. Por ejemplo, Philips (1998) identificó en el discurso de Thatcher el uso de la fórmula “libertad de elegir” con el objeto de legitimar las ideas neoliberales.

  • Los modos de negación política: concierne a los diferentes modos de emplear la negación (no) del adversario en la lucha por la hegemonía. A través de una escala con diferentes intensidades (mayores o menores) se puede analizar el grado relativo de cuestionamiento o rechazo textual frente a determinadas interpelaciones, acusaciones, mandatos o valores políticos que son significados por los agentes desde una valencia negativa. Distinguimos dos modalidades de negación política:

    1. La negación irónica: siguiendo a Montero (2011), la ironía consiste en la puesta en escena de un punto de vista que aparece representado como absurdo o insostenible. Asume una forma irónica y sarcástica cuando el agente no solo escenifica, sino que también cita de forma directa, indirecta o narrativizada, palabras atribuidas a sus adversarios para burlarse de ellas y descalificarlos. Como ejemplo, véase el siguiente fragmento del discurso de Kirchner:

      Ustedes saben que muchos de los hombres de buenos modales y mejores costumbres que tiene la Argentina son los estafadores más grandes que hemos tenido, se portan muy bien, comen bien, colocan bien los cuchillos y después nos comen a todos, esto es lo que nos ha pasado históricamente acá en la Argentina. (Kirchner, como se citó en Montero, 2011, p. 8)

      Otro ejemplo es del titular de la CGT Naldo Brunelli, cuando en su presentación oficial al frente de la central sindical, en 1993, sostuvo, en clara referencia a Menem: “No les voy a prometer el Salariazo, porque ustedes están curados de espanto. Pero sí que vamos a tratar de revertir el industricidio” (Página 12, como se citó en Fair, 2016b, p. 2).

    2. La negación contrastativa: en este tipo de negación el agente niega o rechaza una acusación del adversario semantizada con una valencia negativa. Por ejemplo, en este fragmento, Kirchner niega la acusación de autoritario: “Cuando nos dicen: ahí están los autoritarios. ¿Autoritarios de qué nosotros? Si nosotros lo único que estamos tratando de hacer en todas nuestras acciones es, primero, como en el caso de la libre opción previsional, que se pueda elegir” (Montero, 2011, p. 11).

  • Un grado más intenso para simbolizar la negación política es a través de la escenificación de una oposición contrastativa, que muestra el contraste antagónico entre dos discursos políticos. Este tipo de negación puede ser acompañado de una segunda instancia de reafirmación del significante antagónico, del tipo: No solo no soy autoritario (negación de), sino que soy muy democrático (contraste de oposición). En este sentido, en un discurso de 1988 el titular de la CGT Saúl Ubaldini respondía a las críticas de dirigentes oficialistas recordando la participación de la CGT (y de él mismo) en la histórica huelga opositora de 1982. En ese marco, se refería a “Algunos agoreros que nos acusan de golpistas porque pedimos justicia social, pero no se acuerdan de que el 30 de marzo de 1982 estuvimos en la calle contra la Dictadura” (Fair, 2016b, p. 70). Esta oposición contrastativa también puede encadenarse a una segunda instancia de proyección externa de cierta acusación en su adversario. Al estilo: Me acusás a mí (de autoritario), pero en realidad sos vos el autoritario. A modo de ejemplo, Fair (2016b) encontró en un discurso de 1988 que el dirigente justicialista Carlos Grosso cuestionaba la represión oficial de la protesta social, sosteniendo que el presidente Alfonsín “se comporta como los gobiernos totalitarios en retirada, que mandan a la policía con palos y bastones, cuando el pueblo sale a la calle a pedir pan y trabajo” (Página 12, como se citó en Fair, 2016b, p. 72). En este caso se presenta tanto una negación de la acusación de autoritario, como una proyección contrastativa (elevada en intensidad) del significante de valencia negativa, que se dirige al antagonista político del interlocutor.

    • Las formas coloquiales: consiste en la apelación a refranes, vocablos del lenguaje familiar y formas del habla de la cultura popular, con el objeto de generar identificaciones entre los destinatarios. Por ejemplo, De Ípola (1982) encontró en el discurso de Perón el uso de formas de expresión coloquiales tales como “hacerse los vivos”, “pisarse los pantalones”, “estirar la pata” entre otras.

    • Las frases fallidas del inconsciente: consiste en el análisis textual de los enunciados atribuidos de forma interpretativa como fallidos orales que revelan el deseo inconsciente de los agentes estudiados. Por ejemplo, la frase-fallido de la Gobernadora bonaerense Vidal que sostuvo “Cambiamos futuro por pasado”, cuando atributivamente podemos afirmar que pretendió enunciar lo contrario.

    • El uso del storytelling: consiste en la narración de anécdotas personales o historias individuales de la vida cotidiana por parte de referentes de poder institucional, con el objeto de persuadir a los destinatarios, generar empatía y legitimarse socialmente. Estas “narrativas” (Laclau, 2014, p. 97) se caracterizan por presentar una secuencia temporal que estructura un principio, un desarrollo y un fin, y por apelar a situaciones sociales concretas y sencillas que se vinculan a una trama familiar de la cultura popular y presentan cierta verosimilitud.11 Recurre, además, a distintos “apelativos empáticos” que pueden ser analizados desde los enunciados escritos. En este sentido, Montero (2018) analizó el uso del storytelling a través de los spots publicitarios difundidos desde la cuenta oficial de Facebook de Macri.

4.2. Segundo nivel de análisis: la incorporación de los paquetes de discursos y las modulaciones internas

La TPD cuestiona la distinción foucaultiana entre prácticas discursivas y no discursivas y asume que todo objeto se constituye como discurso y que toda práctica social es discursiva. Sin embargo, al mismo tiempo Laclau retoma la noción de “formación discursiva” y su “método” basado en la búsqueda de una “regularidad” en la “dispersión” contingente de los discursos12 (Laclau, 2008, p. 172; Laclau y Mouffe, 2004, pp. 143-148). El empleo deconstruido de esta herramienta resulta útil para fortalecer la sistematicidad de la perspectiva laclauniana. De manera específica, el analista del discurso puede realizar un abordaje textual-escrito de los enunciados del corpus y, a partir de ciertas regularidades tendenciales, estructurarlos en paquetes de discursos o macro-discursividades más amplios que los condensan. Esta estrategia metodológica contribuye a una articulación contingente de los enunciados, al destacar ciertas correlaciones (no causales ni deterministas) en el análisis de las cadenas equivalenciales, las fronteras, los tópicos, estrategias y modalidades que construyen los agentes desde los textos.13

La estructuración fenoménica de paquetes discursivos no implica asumir una visión empirista o positivista. Ello se debe a que las regularidades atribuidas por el analista no son ateóricas ni reflejan una presunta realidad externa. Tampoco son objetivas ni universales. Mucho menos tienen pretensiones de realizar explicaciones deterministas o causales. Constituyen, por el contrario, construcciones teóricas contingentes, relativas y precarias que efectúa el analista del discurso para ordenar los discursos dispersos. Estas construcciones conceptuales reconocen el aspecto histórico, contingente, indecidible, precario, polémico y polisémico de lo social y se encuentran sobredeterminadas por el orden significante. El artefacto discusivo pretende contribuir a encontrar algunas relaciones parciales entre los enunciados y a realizar cierto ordenamiento relativo de la contingente y caótica realidad social.

A partir de la construcción de los paquetes de discursos el analista puede identificar modulaciones. Las modulaciones corresponden a las variaciones internas que el investigador del discurso observa y atribuye, con base en el examen de las cadenas equivalenciales y las fronteras políticas que enuncian los agentes desde los textos.

Sintetizando, identificamos las siguientes herramientas:

  1. Los paquetes de discursos o macro-discursividades: corresponde al agrupamiento de determinados enunciados escritos que presentan atributivamente ciertas regularidades tendenciales en su modo de estructuración, lo que permite integrarlos en paquetes discursivos más amplios. Con el objeto de realizar esta estructuración, el analista del discurso debe enfocarse en el estudio empírico-fenoménico de los tópicos, las cadenas equivalenciales, las fronteras políticas, las modalidades y estrategias enunciativas. A partir de la agrupación tendencial de los enunciados del corpus, el analista puede estructurar-construir (desde un perfil inductivo) los paquetes de discursos que los condensan. Por ejemplo, como resultado de una investigación previa encontramos, a partir del análisis empírico de una multiplicidad de enunciados en la prensa en 1988, un paquete de discursos que presentaba una concepción típica del nacionalismo popular y se expresaba a favor de la intervención y regulación del Estado y la crítica a las políticas de reducción del aparato estatal. Definimos como Nacional-popular a este macrodiscurso. Al mismo tiempo, encontramos un segundo macrodiscurso opuesto al anterior, al que denominamos Neoliberal; y un tercer macrodiscurso en intersección, definido como Neo-desarrollista (Fair, 2013).

  2. Las modulaciones: concierne a las variaciones internas que el analista del discurso observa y atribuye en los macro-discursos. Se pueden identificar a través del estudio de las cadenas equivalenciales, las fronteras políticas y las estrategias enunciativas que emplean los agentes. Por ejemplo, en una investigación previa encontramos, a partir del análisis empírico de una multiplicidad de enunciados en la prensa, en 1988, dos modulaciones dentro de la formación Nacional-popular (Fair, 2013).

El agrupamiento de los enunciados del corpus en macrodiscursos y la identificación de sus modulaciones contribuye a cierto ordenamiento de los discursos dispersos. Esto permite ganar en sistematicidad analítica. Sin embargo, debe quedar claro que ello no implica un cierre esencialista, objetivo o universal de los discursos, como tampoco supone una contraposición entre prácticas discursivas y no discursivas. En cambio, forma parte de una construcción conceptual, relativa, histórica y contingente que efectúa el analista del discurso, con el objeto de fortalecer la capacidad heurística y contribuir a darle cierta validación argumentativa y racional a su investigación. Asimismo, el perfil inductivo para el análisis de los enunciados tampoco implica asumir un método inductivista en el momento en que los discursos representan construcciones sociales conceptuales, polémicas, contingentes y relativas que se encuentran sobredeterminadas por el orden significante. Además, como luego veremos, esta estrategia metodológica se complementa con una segunda fase retroductiva que anuda dialécticamente (no en un sentido hegeliano) la evidencia empírica recogida del corpus con el análisis de fuentes bibliográficas.

4.3. Tercer nivel de análisis: los significantes claves (flotantes), el significante Amo (significante vacío) y el núcleo nodal

Desde un tercer nivel, gradualmente ascendente, el analista político del discurso cuenta con herramientas complementarias que se derivan de conceptos de la TPD para complejizar la investigación empírica de los enunciados textuales-escritos:

  • Los significantes flotantes claves: corresponde a la identificación de aquellos significantes que adquieren contextualmente un rol privilegiado, al ser replicados con mayor frecuencia en el corpus y/o al asumir una mayor cantidad y diversidad de significaciones entre los agentes que corporeizan la lucha hegemónica. Asumen una forma flotante (en disputa de sentidos) desde la dinámica política. Por ejemplo, Laguado Duca (2011) encontró, en una profunda investigación empírica sobre la construcción de la cuestión social durante el desarrollismo en la Argentina, que la noción de “desarrollo” actuaba como un significante flotante clave en los discursos de una multiplicidad de enunciadores de poder que disputaban por la hegemonía (Laguado Duca, 2011).

  • El significante Amo/significante vacío: corresponde a la identificación, con base en el análisis empírico, de aquel significante “privilegiado” (Laclau, 2003, p. 76; Laclau, 2005a, p. 107) que logra trascender y “vaciar” (tendencialmente) su inherente particularismo y representa simbólicamente el orden comunitario ausente (Laclau, 1996, pp. 69 y ss.). El “significante Amo” (Laclau, 2003, p. 76) o estructurador del orden social se lo puede identificar en determinado corpus, ya que es replicado en reiteradas ocasiones, es mencionado por una multiplicidad de referentes políticos de diversas procedencias ideológicas y asume en la dinámica política diferentes significaciones sociales, aunque comparten invariablemente su valencia positiva y su rol de encarnación imaginaria del orden social ausente como plenitud.14 Por ejemplo, Barros (2002)) encontró desde el APD en la Argentina contemporánea que las nociones de “orden” durante la última Dictadura militar, “democracia” durante el gobierno de Alfonsín y “estabilidad” durante el gobierno de Menem, se constituyeron como significantes vacíos.

  • El núcleo nodal: corresponde a la identificación, a partir del análisis del corpus, de la articulación equivalencial por contigüidad que se establece relacionalmente, en determinada coyuntura o proceso histórico-político, entre el significante Amo que actúa como punto nodal y otros significantes clave que se construyen intensa y mutuamente cimentados como si constituyeran un combo. De esta manera, se logra establecer un juego retórico-político en el que la aceptación del significante Amo que actúa como punto nodal exige necesariamente la compra de su equivalente encadenado. Por ejemplo, como resultado del análisis relacional de una multiplicidad de discursos en la prensa durante los años noventa, en una investigación previa encontramos que el menemismo estructuró un núcleo nodal que encadenó fuertemente a la estabilidad con la Ley de Convertibilidad y luego ató intensamente a ambos significantes privilegiados con las reformas y ajustes estructurales del paradigma neoliberal. Este doble encadenamiento orgánico (retórico) se articuló, a su vez, a una serie de significados adosados (estabilidad económica y social, seguridad jurídica, paz social, crecimiento, modernización, progreso, inserción inédita al mundo global, justicia social) a los que el menemismo pretendió incluir a la figura de Menem como único gestor legítimo. Este sólido e intenso encadenamiento hegemónico obligaba a los actores políticos clave a convalidar las reformas estructurales y sus efectos económicos y sociales regresivos, si se pretendía conservar el objetivo indiscutido de la estabilidad. Al mismo tiempo, el consenso básico en torno a la estabilidad del “1 a 1” (1 peso = 1 dólar) se traducía en un rechazo generalizado de los actores de poder al reverso del punto nodal, asociado a la devaluación monetaria (Fair, 2013).

Este tercer nivel condensa herramientas fundamentales de la TPD (significante vacío y punto nodal) que contribuyen a examinar los ejes centrales de la operación hegemónica desde la dinámica política. También permite analizar sus grados relativos de sedimentación y objetivación social en determinada coyuntura o proceso histórico-político. La identificación del núcleo nodal resulta clave para el APD, ya que logra sedimentar en el tiempo, objetivar y naturalizar (tendencialmente) ciertos significados particulares para encarnar una ilusión de universalidad y transparencia del orden comunitario. De este modo, el significante Amo consigue convertir exitosamente un elemento particular y una relación contingente, histórica y arbitraria, en un efecto (imaginario) de necesidad, universalidad y objetividad social. Este efecto hegemónico de construcción de un nuevo sentido común y un nuevo orden objetivado y naturalizado logra reprimir (tendencialmente) la visibilidad pública de los discursos antagónicos al significante Amo y a las formaciones sociales que representan su exterior constitutivo.15

5. Algunas estrategias metodológicas para investigar los enunciados textuales-escritos desde la dinámica política

5.1. Estrategias para investigar las cadenas equivalenciales y las fronteras políticas

A partir de las herramientas teóricas que desplegamos, identificamos dos estrategias metodológicas para estudiar las cadenas equivalenciales y las fronteras políticas a nivel textual-escrito (nivel 1):

  1. Análisis de los enunciados por párrafos: consiste en estudiar segmentos textuales que articulan varias oraciones enunciadas de forma continua, divididos por criterios tipográficos o temáticos.

  2. Análisis de los enunciados por cláusulas: consiste en estudiar la secuencia de cláusulas que constituyen la realización léxico-gramatical del texto. Permite segmentar los enunciados en unidades de análisis menores.

El análisis de los enunciados textuales mediante la selección de párrafos constituye la estrategia empleada con mayor frecuencia por las investigaciones empíricas que se basan en la TPD. Esta estrategia, desarrollada por la teoría sociosemiótica francesa, tiene la ventaja que permite analizar procesos más amplios (Verón, 1987). De este modo, resulta pertinente para desplegar un análisis más amplio e integral de la construcción y disputa por la hegemonía.

El análisis de los enunciados a través de cláusulas, estrategia utilizada con frecuencia desde los enfoques de lingüística sistémico-funcional y el ACD, permite realizar un estudio más microscópico y coyuntural de los modos de implicación entre las cadenas equivalenciales y las fronteras políticas en la lucha por la hegemonía. Esta estrategia resulta particularmente útil para analizar la construcción hegemónica de determinado/s agente/s político/s (por ejemplo, el discurso del presidente o editoriales de un medio de prensa). También puede contribuir a estudiar afiches gráficos durante una campaña electoral. Cabe destacar que ambas estrategias no son excluyentes y pueden ser articuladas desde la investigación empírica.

5.2. Estrategias para conceptualizar y nominalizar a las formaciones discursivas

Indicamos previamente que el analista político del discurso puede agrupar tendencialmente los enunciados textuales en paquetes de discursos. Ahora bien, ¿cómo distinguir a las formaciones discursivas? Laclau solo nos indica al respecto que “basta que ciertas regularidades establezcan posiciones diferenciales para que podamos hablar de una formación discursiva” (Laclau y Mouffe, 2004, p. 148). En este trabajo proponemos dos estrategias metodológicas (no excluyentes) para contribuir a resolver este problema para la investigación empírica:

  1. Una primera estrategia consiste en observar si los enunciados textuales-escritos del corpus comparten determinados tópicos, cadenas equivalenciales, fronteras políticas, metáforas y colectivos de identificación (así como determinadas modalidades de enunciación que no serán tratadas acá). Por ejemplo, una característica distintiva de la formación Nacional-popular en la Argentina de 1988 es que asociaba a la democracia con la defensa de los reclamos salariales para los trabajadores (Fair, 2013, 2016b).

  2. Una segunda estrategia consiste en observar si los agentes que corporeizan los enunciados presentan posiciones antagónicas entre sí desde la dinámica de la lucha por la hegemonía. Por ejemplo, a partir del análisis de los discursos de 1988 encontramos que Alsogaray y Ubaldini, como principales exponentes de los macrodiscursos Neoliberal y Nacional-popular, presentaban posiciones políticas antagónicas en la escena pública (Fair, 2013, 2016b).

Por lo pronto, cabe resolver una cuestión operativa que concierne al modo de nominalizar a las formaciones discursivas. En este punto uno de los problemas de la perspectiva arqueológica foucaultiana es que rechaza la idea de tradición (Foucault, 2008). De este modo, no permite conceptualizar a las formaciones con ningún criterio de sedimentación histórica. En contraste, la TPD reconoce, desde la fenomenología existencialista, la importancia de las tradiciones históricas (Laclau, 1993, p. 228; Laclau, 2003, pp. 89-90). De hecho, Laclau se refirió a la existencia en América Latina de una tradición “nacional-popular” que se contrapone a una tradición “liberal” (Laclau, 1985, pp. 31 y ss.). Además, enfatizó en numerosas oportunidades la importancia de los elementos coyunturales, contextuales e históricos que se encuentran parcialmente sedimentados o estructurados en el tiempo, a los que definió como construcciones discursivas contingentes y con límites porosos16 (Laclau, 1993, pp. 41 y ss.; Laclau, 1996, p. 82; Laclau, 2003, pp. 76, 192-194, 212; Laclau, 2005a, pp. 119-121; Laclau, 2014, pp. 49, 64 y ss.).

Con el objetivo de conceptualizar y nominalizar a las formaciones discursivas el analista político puede escoger entre dos estrategias metodológicas:

  1. 1.El uso de textos sedimentados de referencia académica: consiste en emplear textos bibliográficos de referencia que presentan un extendido uso dentro del campo académico-científico.17 Esta estrategia habilita dos opciones (no excluyentes entre sí):

    1. El uso de textos académicos de las Ciencias Sociales y Humanas: el investigador puede utilizar textos de pensadores reconocidos en el campo de la teoría y la filosofía política, libros de historia y/o manuales de economía política en los que existe cierto consenso en considerar como referentes o clásicos. Estos textos de referencia permiten conceptualizar a las formaciones (y sus modulaciones) con una base argumentativa que remite a tradiciones político-culturales parcialmente sedimentadas y legitimadas por la comunidad académica. Por ejemplo, con base a textos atribuidos como clásicos de la teoría política (Bobbio, Macpherson, Pettit, Gray y otros), el analista político puede conceptualizar a las formaciones discursivas como neoliberal, republicana, democrática, conservadora, liberal. Desde textos de referencia académica el analista del discurso también puede distinguir las variantes o modulaciones internas de las tradiciones políticas. En este sentido, pueden tomarse como fuente los trabajos de Morresi (2007)) sobre las diferentes escuelas neoliberales (escuela monetarista de Chicago, escuela austríaca, escuela de Virginia, economía social de mercado, libertiarismo) y sus características propias. En esta línea, en una investigación previa sobre las disputas por la hegemonía en la Argentina de los años noventa caracterizamos a un paquete de discursos como neoliberal y a un segundo macrodiscurso como liberal-republicano (Fair, 2013). Es importante destacar que la conceptualización de los discursos enunciados en términos de tradiciones intelectuales de ningún modo niega el carácter construido, polémico y polisémico de las tradiciones. Estas constituyen significantes que carecen de esencias y se encuentran abiertas a la disputa por la hegemonía y a la potencial redefinición conceptual.

    2. El empleo del Diccionario de la Real Academia Española (DRAE): consiste en emplear ciertas definiciones textuales relativamente sedimentadas y con un extendido consenso social en el lenguaje de uso común (en el mundo de habla hispana). Cabe destacar que el uso del DRAE no puede desconocer las intensas polémicas que existen en torno a los significados legitimados y cierta arbitrariedad de las definiciones que se deciden incluir y excluir de ese texto.

  2. 2.La identificación del significante modal que condensa a la formación discursiva: consiste en identificar en la dinámica política al significante replicado con mayor frecuencia en determinado paquete discursivo y que condensa su contenido identitario. Habitualmente, representa el significante privilegiado que acolchona y estructura la identidad política de la formación. Por ejemplo, una formación discursiva que enuncia con mucha frecuencia al significante “modernización” y valora intensamente a dicho significante puede ser caracterizada como Modernizadora o Modernizante. También se puede conceptualizar a una formación por los temas centrales que hacen a la construcción de su identidad política. Y puede ocurrir que un significante modal se estructure a través de la negativa y condense el lado externo de la frontera política. En esta línea, véanse los trabajos de Balsa (2017) sobre las formaciones discursivas en torno a la cuestión rural en la Argentina contemporánea.

Además, dentro de cada formación social se puede incorporar un análisis con base a lógicas político-discursivas que agrupan -tendencialmente- a los enunciados. Por ejemplo, dentro de un paquete de discursos conceptualizado como neoliberal el analista puede identificar lógicas propias. La atribución de una lógica discursiva que promueve la competencia y la primacía del individuo como valores supremos y deseables per se puede ser conceptualizada como individualista. Una lógica discursiva que valora como primordial la búsqueda de la máxima rentabilidad económica al menor costo posible puede caracterizarse como mercantilista o utilitaria y su racionalidad puede ser configurada como capitalista. En esta línea, Liaudat (2015) halló en los discursos de las organizaciones agropecuarias AAPRESID y AACREA, en la Argentina, una ideología neoliberal que se basa en elementos eficientistas, mercantilistas e individualistas y se condensa en la idea del empresario “innovador” para legitimar el paradigma de los agronegocios. Para nominalizar estas lógicas políticas el analista del discurso puede emplear definiciones sedimentadas en el DRAE. También puede apoyarse en textos clásicos o de referencia académica que conceptualizaron previamente dichos fenómenos en términos de tradiciones sedimentadas.

6. Herramientas complementarias para complejizar el Análisis Político del Discurso desde la disputa por la hegemonía

Junto con las herramientas que destacamos, el analista del discurso puede incorporar recursos complementarios que contribuyen a complejizar el estudio de los enunciados textuales-escritos:

  • El análisis de los significantes tabú: definimos como significantes tabú o significantes prohibidos a la identificación en el corpus de aquellos significantes que presentan una dificultad para ser formulados públicamente, o que directamente son excluidos del orden del discurso, en determinada coyuntura o proceso histórico-político. Los significantes tabú tienen la particularidad que, contextualmente, tienden a ser reprimidos ideológicamente y no pueden expresarse públicamente, a riesgo de ver descalificado al sujeto de enunciación de la legitimidad del discurso.18 Pueden ser identificados por el analista, ya que constituyen significantes clave que no se mencionan públicamente en determinado corpus, o los agentes lo sitúan invariablemente en la frontera de exclusión. Habitualmente, representan el reverso inmediato del significante Amo. Por ejemplo, en una investigación previa situada en la Argentina de los años noventa realizamos un análisis del discurso de Menem y de los principales actores políticos clave (dirigentes de las fuerzas político-partidarias, empresarios, sindicalistas, economistas, referentes eclesiásticos y miembros del establishment internacional). Como resultado del análisis empírico encontramos que el significante “devaluación” se estructuró como un significante tabú durante la etapa de sedimentación del orden neoliberal, al simbolizar el reverso del significante Amo “estabilidad”, punto nodal de la hegemonía menemista (Fair, 2013).

  • El análisis del juego de resemantización dialógica: consiste en examinar el juego retórico-político de desarticulación, rearticulación y exclusión de determinados significantes clave que disponen de una “relativa estructuralidad” (Barros, 2002, p. 23; Barros, 2009), por parte de referentes centrales de la operación hegemónica. Tiene en cuenta la dinámica de “desarticulación y rearticulación de posicionalidades” (Laclau, 1985, p. 21) que caracteriza a la construcción hegemónica y la parcial sedimentación de lo social que destaca Laclau (1993). Por ejemplo, en una investigación previa encontramos en el discurso pulpístico de Menem un juego de desarticulación del significante “justicia social” del paquete de discursos nacional-popular y su posterior rearticulación al macrodiscurso neoliberal, excluyéndole varios de sus significados históricamente adosados y sedimentados, e incorporándole nuevas significaciones que lo adosaban al paradigma neoliberal, como la defensa de los planes de asistencia social focalizada y la estabilidad macroeconómica (Fair, 2013). El análisis dialógico-político también permite estudiar el juego de interacción discursivo-institucional entre el líder y las demandas privilegiadas enunciadas por otros actores de poder. Por ejemplo, se puede analizar el juego discursivo de articulación de voluntades en torno a un proyecto de ley entre los legisladores en el Congreso, aunque ello implica incorporar elementos no meramente lingüísticos que exceden a este trabajo.

  • La incorporación de un análisis cuantitativo: permite identificar frecuencias léxicas de los enunciados textuales a través del conteo de ciertos significantes. Desde esta estrategia, poco explorada desde el APD, se puede realizar un conteo de ciertos significantes, cadenas y fronteras políticas en determinado recorte del corpus, a partir de tres opciones no excluyentes entre sí:

    1. Sobre el total de los discursos enunciados: por ejemplo, cuantificar las veces que se menciona el significante “democracia” entre todos los discursos políticos recopilados en determinado corpus.

    2. Sobre determinadas organizaciones políticas: por ejemplo, analizar las frecuencias léxicas sobre la totalidad de los documentos públicos recogidos en el corpus de una entidad corporativa del empresariado o del sindicalismo.

    3. Sobre determinados agentes políticos clave: por ejemplo, cuantificar las veces que el presidente menciona cierto significante o cadena equivalencial en determinado corpus.

La triangulación a través de herramientas cuantitativas puede ser útil para identificar los significantes, cadenas equivalenciales y fronteras replicadas con mayor frecuencia en determinado corpus y que, por lo tanto, asumen un rol contextual más relevante en la disputa por la hegemonía. También puede contribuir a nominalizar a las formaciones. Sin embargo, desde la TPD no se puede reducir el núcleo de la investigación empírica a un abordaje lexicológico. En todo caso, su potencial utilidad debe ser ponderada como una herramienta más para fortalecer el análisis cualitativo.19

7. Algunas herramientas para realizar un Análisis Político del Discurso en perspectiva comparada

Una estrategia útil, relevante y poco explorada hasta el momento desde la TPD de nuestra región consiste en desplegar un análisis político del discurso en perspectiva comparada.20 Desde un análisis textual-escrito de los enunciados esta estrategia metodológica permite comparar determinados significantes, cadenas equivalenciales, fronteras políticas, frases formulísticas y/o tópicos enunciados por ciertos agentes y/u organizaciones sociales. Esta perspectiva habilita comparar los discursos en determinado tiempo cronológico (análisis sincrónico) y/o en dos o más etapas históricas diferentes (análisis diacrónico). Ello permite identificar en el corpus sus variaciones y sus “núcleos invariantes” (Verón, 1987), desde diferentes estrategias metodológicas. Entre ellas, los cortes sincrónicos de momentos coyunturales clave, los recortes aleatorios o los análisis más extensos en el tiempo (Fair, 2017a).

Por ejemplo, en una investigación previa analizamos de un modo comparado los discursos políticos en la Argentina entre 1988 y 1993 desde la prensa. A partir del análisis de más de dos millares de discursos (que incluyeron los discursos de Menem y referentes de las principales fuerzas político-partidarias, sindicales, empresariales, eclesiásticas, economistas

y exponentes del establishment internacional) examinamos los cambios y continuidades en los discursos de los presidentes y del resto de los actores clave del sistema político (tanto en términos individuales como nucleados de forma organizacional). Como resultado de la investigación empírica encontramos un desvanecimiento del macrodiscurso Nacional-Popular que predominaba a finales de los años ochenta (Fair, 2013).

Pero a través de esta estrategia metodológica se pueden comparar una multiplicidad de fenómenos y procesos políticos. Por ejemplo, Groppo (2009) realizó una comparación histórica de las identidades políticas de Perón y Vargas. Quiroga (2017) comparó desde la TPD los modos de la constitución y reformulación de las identidades políticas de la Central de Trabajadores de la Argentina (CTA) y del Movimiento al Socialismo-Instrumento Político por la Soberanía de los Pueblos (MAS-IPSP) en Bolivia. Mientras que Bonetto, Martínez y Piñero (2001) realizaron un análisis comparativo de los discursos de Menem y Angeloz en los períodos preelectorales. La adopción de esta estrategia debe o bien procurar la comparación de fuentes homogéneas entre sí, o bien argumentar y justificar la importancia de dicha articulación.

El análisis de los enunciados contradictorios: al estudiar de un modo comparado los discursos de los agentes, el analista puede observar y atribuir, de una forma interpretativa, potenciales incongruencias y contradicciones entre dos o más enunciados textuales. Estas contradicciones atributivas adquieren relevancia para el análisis del discurso, en particular cuando provienen de actores políticos a los que se imputa una elevada capacidad performativa. Por ejemplo, Novaro (1994) encontró, en el discurso de Menem durante la campaña presidencial de 1989, múltiples contradicciones en el contenido de sus enunciados temporalmente diferidos.

8. El análisis relacional de los actores políticos y sus modos de nucleamiento institucional en la lucha por la hegemonía

La mayor parte de las perspectivas estructuralistas y posestructuralistas del discurso privilegian las restricciones estructurales y abandonan -o al menos relegan notablemente- el análisis del papel creativo, relativamente autónomo y activo que presentan los sujetos políticos. De este modo, no analizan las construcciones, posicionamientos y disputas de sentido entre los referentes que corporeizan las formaciones discursivas y luchan entre sí por la hegemonía. Laclau destacó en sus textos la necesidad de “deconstruir” la “noción de agente” e ir hacia “una superación del dualismo agente-estructura” (Laclau, 1993, p. 233). Laclau también se refirió en varias ocasiones a la noción de “actores sociales” (Laclau, 1996, p. 181; Laclau, 2003, p. 53; Laclau, 2005b, pp. 281 y 286; Laclau, 2008, p. 27) y recuperó elementos del historicismo gramsciano y de la fenomenología existencialista que le permitieron superar el binarismo sujeto-estructura. Sin embargo, más allá de destacar en su última etapa la creciente autonomía de los sujetos políticos (Laclau, 2003, p. 63, 2005a) y de asociar al sujeto populista con una individualidad (Arditi, 2010), Laclau no avanzó de forma consistente en la conceptualización de los sujetos políticos y sus modos de acción (Aboy Carlés, 2001, 2005; De Ípola, 2001).

Desde una perspectiva posestructuralista nos basamos en estas contribuciones y propusimos enfatizar en el papel relativamente activo de los agentes y en el carácter relacional que define a la lucha por la hegemonía (Fair, 2013, 2016b, 2017a, 2017b). En efecto, en toda dinámica política existe una pluralidad de actores políticos y sociales que co-construyen y disputan entre sí por la hegemonía. Sin ser puramente instrumentales, estratégicos y racionales, los agentes de carne y hueso son capaces de responder explícita o implícitamente a otros enunciados, realizar interpelaciones, construir argumentaciones, tomar (o rehusarse a tomar) determinadas decisiones, efectuar acciones y generar como efecto ciertas identificaciones sociales o rechazos interpelativos. Además, aunque están atravesados por pasiones y deseos inconscientes -y no pueden conocer todas las condiciones sociales ni prever todas las consecuencias de su accionar-, los agentes son capaces de ofrecer ciertas motivaciones sobre sus decisiones y acciones. También son capaces de diferir en el tiempo y rechazar, en diverso grado y magnitud, ciertas interpelaciones, decisiones y acciones sociales.

A partir de estas consideraciones, proponemos deconstruir el concepto de actor desde el marco de la TPD y redefinirlo como un agente social con cierta capacidad reflexiva y racional y como un ser social relativamente activo y autónomo frente a las determinaciones estructurales. Ello implica asumir que, desde la dinámica política, los discursos enunciados pueden ser analizados no solo en términos estructurales, sino también a partir de la identificación de agentes concretos que los corporeizan y pueden ser individualizados relativamente entre sí.21 Los agentes sociales, además, presentan ciertos cuerpos, voces, tonalidades, estilos, construyen determinadas estrategias enunciativas para expresar sus discursos y son capaces, por acción u omisión, de tomar decisiones y realizar acciones sociales. En este sentido, como sostiene Laguado Duca (2011), los enunciadores “son también productores activos de la construcción de hegemonía” (Laguado Duca, 2011, p. 43).

Al incorporar la voz de los actores políticos como agentes sociales con relativa autonomía y capacidad activa el analista del discurso puede posicionar a los actores corporeizados dentro de los macrodiscursos previamente delimitados. Al hacerlo, puede observar en la dinámica política a agentes que, de un modo comparado, presentan un mayor o menor grado relativo de dialogismo. Por ejemplo, a partir del análisis de los discursos públicos de 1988 encontramos a actores como Álvaro Alsogaray, fuertemente estructurados dentro del macrodiscurso neoliberal y con un mínimo dialogismo con otras formaciones. En contraste, el discurso pulpistico de Menem amalgamaba polifónicamente, y con un elevado grado de dialogismo, elementos de los macrodiscursos nacional-popular y neoliberal (Fair, 2013).

El análisis de los actores políticos que corporeizan los discursos y disputan entre sí por la hegemonía no implica asumir un individualismo metodológico, en el momento en que todos los agentes son seres sociales, en falta y limitados por una multiplicidad de factores discursivos que los exceden. El hecho de destacar la relativa capacidad racional y reflexiva de los agentes -como postulado- tampoco implica adoptar un enfoque racionalista, intencionalista o consensualista. Por el contrario, partimos de la base que existe un aspecto emocional (afectivo, libidinal, pasional) que es inherente al ser humano (en sentido genérico) y que puede percibirse desde sus modos habituales de manifestación fenoménica pulsional. Los agentes sociales se acercan, en este sentido, a la metáfora del centauro de Maquiavelo, que combina elementos racionales y emocionales. Además, como sabemos desde los aportes del psicoanálisis, todo ser social se encuentra atravesado por deseos inconscientes constitutivos (Freud, 1973). Por lo tanto, reconocemos que todo actor es un ser social, libidinal y “barrado” (Laclau, 2003, p. 77). Y seguimos a Laclau cuando sostiene que la racionalidad de los actores sociales es siempre “relativa” (Laclau, 1993, p. 227). El posicionamiento de los agentes en términos dialógicos tampoco supone asumir un esencialismo, en el momento en que las posiciones de los agentes son siempre relativas, contingentes y varían a través del tiempo.

En segundo término, distinguimos analíticamente entre agentes individualizados y agentes nucleados de forma colectiva en determinadas organizaciones sociales. Esta distinción operativa le permite al investigador observar y atribuir, en la dinámica de la lucha hegemónica, potenciales conflictos y contradicciones en los discursos enunciados por los diferentes agentes que forman parte de una misma organización, quienes pueden -y suelen- presentar posiciones antagónicas o en tensión entre sí. De este modo, se evita el riesgo de hipostasiar una -imposible- unidad homogénea de posiciones dentro de las organizaciones políticas y sociales, que es antitética con la teoría y la ontología laclauniana.

Teniendo en cuenta las contribuciones de Laclau sobre “la naturaleza institucional de las posiciones de sujeto” (Laclau, 1993, p. 231), el analista del discurso también puede estudiar los posicionamientos fenoménicos que presentan los agentes a nivel institucional. Para ello, puede considerar su configuración dentro de determinadas organizaciones que los agrupan de una forma colectiva y contribuyen a estabilizar sus posiciones (corporaciones sindicales, empresariales, partidos políticos, etc.). Al desplazarse a la dinámica política concreta esta estrategia permite estudiar los discursos enunciados desde diferentes formas cruzadas de organización colectiva y a nivel nacional, regional y/o local (Fair, 2017a). Además, a partir de un análisis relacional y comparado, el analista del discurso puede identificar grados diferenciales de institucionalización de las organizaciones y de los agentes allí nucleados. Un ejemplo de una investigación empírica y rigurosa desde el APD que articuló a los agentes y sus modos de nucleamiento colectivo e institucional desde América Latina es el estudio de Groppo (2009) sobre el peronismo y el varguismo.

Es importante destacar que este modo de abordaje no presupone que lo institucional sea equivalente a una lógica objetiva, neutral o puramente técnica. Por el contrario, reconocemos, con Laclau, que toda institución responde a una dinámica conflictiva que expresa una determinada correlación de fuerzas. Sin embargo, ello no implica negar que los agentes de carne y hueso se encuentran efectivamente nucleados en diferentes instituciones (muchas veces superpuestas entre sí) que fenoménicamente los agrupan, contribuyen a sedimentar sus posiciones y permiten, en cierto modo, identificarlos políticamente.

El paso final para estudiar la dinámica compleja de la operación hegemónica consiste en articular las construcciones, posicionamientos y disputas por la hegemonía de los actores políticos y sociales (individualizados y/o nucleados de forma colectiva en ciertas organizaciones) con los elementos discursivos no meramente lingüísticos (contextos históricos sedimentados, marco institucional, sistema productivo, tradiciones, imaginarios, afectos y prácticas sociales) que los condicionan.

9. Reflexiones finales

En este trabajo ofrecimos algunas herramientas teóricas y elaboramos algunas estrategias metodológicas consistentes y útiles para profundizar y fortalecer el Análisis Político del Discurso (APD) y la investigación empírica de identidades, fenómenos y procesos histórico-políticos desde América Latina. Incluimos algunos ejemplos ilustrativos de investigaciones previas situadas en nuestra América para mostrar el funcionamiento del artefacto teórico-metodológico desde la dinámica política de la lucha por la hegemonía.

Las estrategias teórico-metodológicas que desplegamos en este trabajo no buscan establecer una metodología taxativa, objetiva y de alcance universal. Por el contrario, forman parte de una construcción social contingente y relativa que pretende contribuir en alguna medida a desarrollar una investigación empírica consistente y útil desde la Teoría Política del Discurso. Esta propuesta tampoco tiene pretensiones meramente técnicas o instrumentales. En primer lugar, porque partimos desde una perspectiva construccionista social que reconoce el carácter conceptual e históricamente construido y situado de la realidad. En este sentido, asumimos que la realidad social está sobredeterminada por el orden significante, que la negatividad es constitutiva y que lo social solo puede sedimentarse y objetivarse de un modo precario y parcial. Esto supone aceptar la contingencia radical de lo social, así como la indecidibilidad, relatividad y precariedad ontológica de todo artefacto metodológico. En segundo término, porque desde la teoría de la hegemonía existe una mutua imbricación (no mecánica ni lineal) entre la construcción teórico-conceptual y la praxis política (discursiva). Ello implica recordar que la teoría del discurso y las identidades políticas de Laclau tiene un objetivo ético-político crítico que va más allá de una mera comprensión especulativa de la realidad social o de una mera acumulación del conocimiento. Esta meta política, inscrita en el campo de la izquierda posmarxista, pretende contribuir a concientizar a los grupos subordinados para que perciban sus condiciones de opresión y explotación social, construyan las relaciones de subordinación en términos de antagonismo contra el sistema de dominación y puedan edificar una estrategia socialista y una democracia radicalizada y plural que articule hegemónicamente sus luchas políticas y promueva sus emancipaciones sociales, reconociendo las diferencias y particularidades como constitutivas y deseables. Debido a este posicionamiento ético-político crítico inherente, la teoría de la hegemonía no puede representar una técnica instrumental y objetiva de aplicación del conocimiento.

Con relación a este punto resulta interesante la propuesta metodológica que plantean Glynos y Howarth (2007) para la investigación empírica. Estos referentes de la Teoría del Discurso sostienen que la estrategia de investigación para el APD debería ser de tipo abductiva o retroductiva. Como señalan Glynos y Howarth (2007, p. 43), Laclau empleó este modo de razonamiento para edificar -junto a Mouffe- su innovadora teoría posmarxista de la hegemonía. El historiador argentino partió de la base de los problemas ontológicos, epistémicos y conceptuales que percibió en el cuerpo teórico marxista al contraponer fenoménicamente sus postulados y premisas con la compleja realidad histórico-política (discursiva) que caracterizaba al capitalismo realmente existente de finales del siglo XX. A partir del análisis de estos problemas óntico-fenoménicos, en articulación con una sólida base teórica de apoyo, Laclau logró problematizar y redefinir sus anteriores postulados y premisas de tradición marxista y elaborar una nueva y más compleja concepción teórico-política atributivamente más adecuada y consistente para comprender (y transformar) la dinámica social (discursiva) que caracteriza al capitalismo de su tiempo.

En consecuencia, consideramos que la estrategia teórico-metodológica para la investigación empírica desde la TPD puede continuar este mismo modo de razonamiento retroductivo. Ello implica poner en juego y procurar validar de algún modo las herramientas teórico-conceptuales y el aparato metodológico construidos (un artefacto que, a su vez, se encuentra anudado a los presupuestos y premisas ontológicas y epistémicas y a las metas político-axiológicas de la TPD), en función de su capacidad atributiva para comprender y contribuir a explicar situaciones, fenómenos y procesos histórico-políticos concretos. Si bien toda construcción teórico-metodológica (incluso si dispone de una sólida evidencia empírica) será siempre relativa, precaria, parcial y estará abierta a la contestación, la polémica y la redefinición histórica, consideramos que esta estrategia resulta útil para combatir dos alternativas igualmente simplificantes y reduccionistas. Por un lado, para combatir el positivismo ingenuo que pretende desligar al artefacto metodológico de las cuestiones teórico-conceptuales y axiológico-normativas (ético-políticas) que les son constitutivas. Por el otro, para combatir el teoricismo vacuo y meramente especulativo, que pretende desligar la construcción ontológica y conceptual de una mínima base empírico-discursiva que respalde con algún tipo de evidencia fenomenológica las conjeturas y presunciones del investigador. De esta manera, se podría contribuir a superar la falsa disyuntiva entre un empirismo ateórico, objetivista, positivista y tecnocrático, que pretende alcanzar una fantasía ilusoria de objetivismo científico e ingeniería social y niega el carácter subjetivo, socialmente construido, indecidible, polisémico y polémico de toda realidad. Y un dogmatismo teoricista y anti-historicista, que corre el riesgo de negar los hechos fácticos (aunque sabemos que los hechos sólo adquieren sentido desde el orden significante y son siempre histórica, social y conceptualmente estructurados), o de forzar la interpretación de la contingente, compleja y cambiante realidad histórico-social con el único propósito de hacerla concordar dogmáticamente con los postulados y premisas previamente construidos, y no problematizados como tales.

Somos conscientes de los límites intrínsecos de todo artefacto teórico-metodológico y de la apertura a la contingencia radical de todo análisis político-discursivo. En ese marco, en este trabajo sólo hemos expuesto algunas opciones posibles (entre otras) en respuesta a los déficits metodológicos de la TPD. Pretendemos abrir el espacio al debate y a la discusión teórica, metodológica, epistémica y política para contribuir a elaborar una metodología interpretativa de Análisis Político del Discurso que sea rigurosa, consistente y útil para el desarrollo de investigaciones empíricas con foco en los problemas de y para nuestra América.

Acknowledgements

Reconocimientos

Este artículo de investigación fue financiado de forma íntegra por el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET).

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Laclau, además, construyó una teoría discursiva del populismo y una teoría posmarxista de la ideología que forman parte de una misma teoría de la hegemonía, aunque en este trabajo no examinaremos específicamente estas categorías y conceptos. Tampoco podremos enfocarnos en las intensas discusiones en torno a su obra, y en particular sobre su más reciente teoría del populismo. Para una síntesis de estos debates en América Latina, ver Quiroga (2014) y Fair (2016a).
No podemos explayarnos aquí sobre los aspectos onto-epistemológicos, conceptuales y axiológicos de la TPD. Tampoco sobre las diferentes etapas de la obra de Laclau, que incluyen continuidades, reformulaciones, rupturas e importantes inconsistencias. Sobre estos aspectos recomiendo la lectura de los trabajos de Buenfil Burgos (1994), Aboy Carlés (2001), Barros (2002), Glynos y Stavrakakis (2004), Howarth (2000, 2008), De Ípola (2009), Arditi (2010), y Retamozo (2011).
Como señalan Sigal y Verón (2003): “el nivel del enunciado es aquel en el que se piensa cuando se habla de contenido de un discurso; el enunciado es aquello que se dice”. En cambio, “el plano de la enunciación es ese nivel del discurso en el que se construye, no lo que se dice, sino la relación del que habla con aquello que dice” (Sigal y Verón, 2003, p. 23). Desde la teoría de los discursos de Verón, al igual que en la arqueología foucaultiana, ambos niveles se encuentran integrados, pero aquí se los distingue de un modo analítico.
Analizamos algunos de los usos de esta estrategia de intensidades relativas para la investigación social empírica desde la TPD en Fair (2016b, 2017b, 2017c).
Este nivel no lingüístico del discurso no fue analizado por Laclau, aunque lo hemos integrado al APD a través de su sobredeterminación significante.
Para un ejemplo de cómo se puede realizar esta articulación desde el APD para investigar fenómenos políticos concretos, véase el excelente trabajo de Laguado Duca (2011).
Para más detalles de esta distinción analítica de dimensiones, planos y niveles desde la TPD y sus usos para investigar la construcción y el impacto hegemónico en procesos políticos de la Argentina reciente ver Fair (2013, 2016b, 2017b, 2017c).
Glynos y Howarth (2007) distinguen, desde la Teoría del Discurso, entre un plano “político”, otro “social” y otro “fantasmático”. En esta línea, se puede plantear una distinción analítica entre los conceptos que forman parte del registro simbólico; y aquellos otros que, como en el caso de los mitos, fantasías e imaginarios sociales, corresponden al registro de lo imaginario (fantasioso), en un sentido lacaniano. Este trabajo, sin embargo, articula algunos elementos de ambos registros en una misma caja de herramientas.
La distinción entre significantes y tópicos (objetos) es meramente analítica, en el momento en que ambos remiten a construcciones del orden significante. Sin embargo, consideramos importante distinguir entre los objetos-útiles de existencia física (por ejemplo, un billete de un dólar, un objeto-remera o un arma de fuego) y los conceptos más abstractos (por ejemplo, las palabras democracia o libertad). A su vez, existen ciertos tópicos que se constituyen como cuestiones que son “socialmente problematizadas” en determinada coyuntura política (Oszlak y O’Donnell, 1995), y otros que, por diversas razones, no logran ser problematizadas públicamente por los agentes clave e ingresar en la agenda política y mediática.
Sobre el concepto de cita-autoridad, ver Maingueneau (1976).
Sobre las características y posibles usos del storytelling, ver D’Adamo y García (2016).
Sobre los vínculos y convergencias entre la arqueología de Foucault y la teoría del discurso de Laclau, ver Howarth (2000).
Para un antecedente de esta estrategia metodológica, ver Balsa (2017).
Cabe destacar que desde la teoría de la hegemonía la distinción entre los significantes “flotantes” y “vacíos” es analítica, ya que como señala Laclau: “No hay, estrictamente hablando, un significante que sea realmente vacío, sino significantes de vacuidad tendencial” (Laclau, 2003, p. 303). Este vaciamiento tendencial (y no absoluto) de los significantes evita confundir la relación de equivalencia de la operación hegemónica con una identidad total que disolvería el concepto de hegemonía (Laclau, 2003, pp. 196, 305). El propio Laclau indica que “En la práctica ambos procesos se sobredeterminan entre sí, pero es importante mantener la distinción analítica entre ellos” (Laclau, 2003, p. 305).
Para ponderar el grado de éxito hegemónico de esta operación discursiva existen diferentes indicadores directos e indirectos. Sin embargo, este trabajo no se enfoca en el análisis del impacto o la eficacia hegemónica. Al respecto, ver Fair, 2013, 2016b, 2017b, 2017c.
Sobre la importancia de los elementos históricos y contextuales relativamente estructurados y objetivados y sus diferentes usos desde el análisis discursivo de la hegemonía, ver los trabajos de Aboy Carlés (2001) y Barros (2002, 2009).
En esta línea, ver Jorgensen y Philips (2010, p. 144).
Como afirma Foucault, existen procedimientos que determinan aquello que está prohibido, que establecen que “No se puede hablar de todo en cualquier circunstancia, que cualquiera, en fin, no puede hablar de cualquier cosa” (Foucault, 1973, p. 12). Estos temas de los que no se puede hablar en público constituyen temas “tabú”.
Existen diversas herramientas tecnológicas para desarrollar esta estrategia. Una posibilidad relativamente sencilla consiste en completar una planilla de datos de Excel con los discursos que conforman el corpus. Esto permite incorporar cálculos estadísticos de significantes y cadenas equivalenciales sobre el total de los discursos y/o por determinados agentes u organizaciones políticas.
Para una reflexión inicial sobre este problema desde la metodología de investigación de la TPD, ver Howarth (2005).
Como señala Bajtín (1982), el lenguaje expresa, a fin de cuentas, el “mundo individual del hablante”, lo que implica pensarlo como “persona” y como “individuo” que es “activo” (Bajtín, 1982, p. 256). En efecto, “el discurso puede existir en la realidad tan sólo en forma de enunciados concretos pertenecientes a los hablantes o sujetos del discurso [en ese marco] el discurso siempre está vertido en la forma del enunciado que pertenece a un sujeto discursivo determinado y no puede existir fuera de esta forma” (Bajtín, 1982, p. 260). Sin embargo, para Bajtín no se trata de un discurso individual, como el que propone el liberalismo, sino de un individuo social.
: APA: Fair, H. (2019). Análisis Político del Discurso e investigación empírica: herramientas teóricas y estrategias metodológicas para estudiar identidades y procesos políticos desde América Latina. Ciencia Política, 14(27), 47-90. MLA: Fair, H. “Análisis Político del Discurso e investigación empírica: herramientas teóricas y estrategias metodológicas para estudiar identidades y procesos políticos desde América Latina”. Ciencia Política, 14.27 (2019): 47-90.