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<journal-title>Ciencia Pol&#x00ED;tica</journal-title>
<abbrev-journal-title abbrev-type="publisher">Cienc. Politi.</abbrev-journal-title>
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<publisher-name>Universidad Nacional de Colombia</publisher-name>
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<article-title>Aportes feministas al campo de la seguridad: reflexiones cr&#x00ED;ticas a sus principales posturas y propuestas anal&#x00ED;ticas para su transformaci&#x00F3;n<xref ref-type="fn" rid="fn1"><sup>1*</sup></xref></article-title>
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<trans-title xml:lang="en">Feminist contributions to the field of security: Critical reflections on their main positions and analytical proposals for their transformation</trans-title></trans-title-group>
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<surname>Farf&#x00E1;n</surname>
<given-names>July Samira Fajardo</given-names>
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<email>jfajardof@unal.edu.co</email>
<uri>https://orcid.org/0000-0002-4787-2426</uri>
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<aff id="aff1"><institution content-type="original">Universidad Nacional de Colombia, Bogot&#x00E1;</institution><country>Colombia</country></aff>
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<license license-type="open-access" xlink:href="http://creativecommons.org/licenses/by-nc/4.0" xml:lang="es"><license-p>Este art&#x00ED;culo est&#x00E1; publicado en acceso abierto bajo los t&#x00E9;rminos de la licencia Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 2.5 Colombia.</license-p>
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<abstract>
<title>Resumen</title>
<p>El art&#x00ED;culo aborda las principales rupturas epistemol&#x00F3;gicas, te&#x00F3;rico-metodol&#x00F3;gicas y pol&#x00ED;ticas que el feminismo, mediante la categor&#x00ED;a de g&#x00E9;nero y otras como la interseccionalidad, ha provocado en los estudios y en las pr&#x00E1;cticas sobre la seguridad. Para ello se presentan sus aportes cr&#x00ED;ticos a los estudios de seguridad tradicionales y a otros considerados alternativos, as&#x00ED; como algunas de sus propuestas anal&#x00ED;ticas principales. Adem&#x00E1;s, apelando a la postura cr&#x00ED;tica que caracteriza al feminismo, este art&#x00ED;culo tambi&#x00E9;n identifica algunas de las limitaciones que luego de varias d&#x00E9;cadas de estudios feministas sobre la seguridad se han hecho visibles y que constituyen retos para el fortalecimiento de su capacidad anal&#x00ED;tica y de transformaci&#x00F3;n de la seguridad.</p>
</abstract>
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<title>Abstract</title>
<p>The article addresses the main epistemological, theoretical, methodological and political ruptures that feminism, through the category of gender, but also through other categories such as intersectionality, has provoked in security studies and practices. To this end, its critical contributions to traditional and alternative security studies are presented, as well as some of its main analytical proposals. Additionally, appealing to the critical stance that characterizes feminism, the article also identifies some of the limitations that after several decades of feminist studies on security, have become visible and that constitute challenges for the strengthening of its analytical capacity and the transformation of security.</p>
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<kwd>estudios feministas sobre la seguridad</kwd>
<kwd>estudios cr&#x00ED;ticos de seguridad</kwd>
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<kwd>Feminist Security Studies</kwd>
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<title>Introducci&#x00F3;n </title>
<p>La preocupaci&#x00F3;n de las mujeres por la seguridad no es reciente. Tan solo en los &#x00FA;ltimos 120 a&#x00F1;os, el activismo de las mujeres por la paz, en contra del armamentismo, la militarizaci&#x00F3;n y los conflictos armados, son un ejemplo de ello. Tambi&#x00E9;n lo es el trabajo colectivo que han realizado en m&#x00FA;ltiples escenarios para la erradicaci&#x00F3;n de todas las formas de violencia en su contra. Todos estos aspectos est&#x00E1;n hoy asociados con concepciones cr&#x00ED;ticas sobre la seguridad, dentro de las cuales el feminismo ha jugado un rol importante. </p>

<p>Sin embargo, no siempre fue as&#x00ED;. La preminencia de la postura realista &#x2014;y neorrealista&#x2014; sobre la seguridad, conocida tambi&#x00E9;n como la postura tradicional, concentr&#x00F3; durante siglos las discusiones y pr&#x00E1;cticas de la seguridad en torno al Estado, la soberan&#x00ED;a, las fronteras, la identificaci&#x00F3;n de enemigos externos e internos, y el aparato militar. En las &#x00FA;ltimas d&#x00E9;cadas del siglo XX, esta tendencia empez&#x00F3; a cambiar. En particular, la d&#x00E9;cada de los noventa se caracteriz&#x00F3; por la emergencia de posturas sobre la seguridad que recog&#x00ED;an debates, preocupaciones y cr&#x00ED;ticas dirigidas a la postura realista, que ven&#x00ED;an present&#x00E1;ndose desde a&#x00F1;os anteriores. Esta d&#x00E9;cada es un punto de referencia importante en la evoluci&#x00F3;n del concepto de seguridad hacia enfoques m&#x00E1;s globales que relacionan a las personas y descentran de la discusi&#x00F3;n al Estado (<xref ref-type="bibr" rid="ref47">Villellas, 2007</xref>). </p>

<p>En este contexto, desde los primeros a&#x00F1;os de los noventa, las feministas empezaron a enmarcar expl&#x00ED;citamente sus preocupaciones en torno a la paz, las violencias, la militarizaci&#x00F3;n, etc., en t&#x00E9;rminos de &#x201C;seguridad&#x201D; (<xref ref-type="bibr" rid="ref48">Wibben, 2011</xref>). Por supuesto, es posible identificar organizaciones feministas utilizando este concepto en situaciones espec&#x00ED;ficas, con anterioridad a un uso m&#x00E1;s generalizado. La Liga Internacional de Mujeres por la Paz y la Libertad (LIMPAL / WILPF), por ejemplo, en la Conferencia de las Naciones Unidas, en San Francisco, en 1945, &#x201C;promovi&#x00F3; el concepto de seguridad mundial, basado en la libertad y la justicia y no en el poder militar y el prestigio&#x201D; (WILPF, s.f.). </p>

<p>Desde 1992, cuando Ann Tickner public&#x00F3; <italic>Gender in International Relations: Feminist Perspectives on Achieving Global Security</italic>, considerado pionero dentro de los abordajes feministas en los estudios de seguridad, en el marco de la relaciones internacionales (RR. II.) (<xref ref-type="bibr" rid="ref45">Sjoberg, 2021</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="ref48">Wibben, 2011</xref>), un nutrido campo de estudios se ha ido consolidando, abarcando tambi&#x00E9;n esferas no solo dentro de las RRII, as&#x00ED; como temas que ampl&#x00ED;an constantemente sus propios marcos. Los estudios feministas sobre la seguridad, t&#x00E9;rmino acu&#x00F1;ado desde mediados de la primera d&#x00E9;cada del dos mil (<xref ref-type="bibr" rid="ref45">Sjoberg, 2021</xref>), son un campo en permanente construcci&#x00F3;n. </p>

<p>Las investigaciones realizadas desde enfoques feministas que evidencian la importancia del an&#x00E1;lisis del g&#x00E9;nero en los conflictos armados, la militarizaci&#x00F3;n, las violencias, la paz, etc., e incluyen perspectivas de seguridad no estato-c&#x00E9;ntricas ni militarizadas, han sido por lo general ignoradas tanto por los estudios de paz como por las RR. II. Pese a su acumulado, no son percibidas como parte de los debates sobre la seguridad ni se incluyen f&#x00E1;cilmente en espacios de discusi&#x00F3;n al respecto; las feministas han sido con frecuencia relegadas en estos contextos, porque su trabajo es visto como un proyecto pol&#x00ED;tico y no cient&#x00ED;fico (<xref ref-type="bibr" rid="ref48">Wibben, 2011</xref>). La divisi&#x00F3;n entre pol&#x00ED;tica y ciencia, establecida principalmente en los c&#x00E1;nones de construcci&#x00F3;n de conocimiento en Occidente, ha sido el motor para deslegitimar, en buena medida, la producci&#x00F3;n te&#x00F3;rica de las feministas en este campo, aunque ah&#x00ED; radica tambi&#x00E9;n su potencia. En este escenario, el nombre &#x201C;estudios feministas sobre la seguridad&#x201D;, inicialmente se usa con la intenci&#x00F3;n de visibilizar &#x201C;las formas en las que el trabajo feminista no solo criticaba, sino que tambi&#x00E9;n reconstru&#x00ED;a, reconstitu&#x00ED;a, y transformaba el objeto de estudio de los Estudios de Seguridad [&#x2026;]&#x201D; (<xref ref-type="bibr" rid="ref45">Sjoberg, 2021</xref>). </p>

<p>El acumulado investigativo y te&#x00F3;rico feminista sobre la seguridad ha dejado en evidencia que no solo la postura tradicional, sino que tambi&#x00E9;n los abordajes m&#x00E1;s recientes en el marco de los estudios cr&#x00ED;ticos presentan limitaciones en cuanto a su alcance, temas, sujetos y complejidad, cuando son problematizados desde an&#x00E1;lisis de g&#x00E9;nero, pero tambi&#x00E9;n desde an&#x00E1;lisis interseccionales. Algunos rasgos comunes, en mayor o menor medida, son los siguientes: ignorar el g&#x00E9;nero, pese a su marcada presencia en las relaciones sociales, el desarrollo de las guerras y las instituciones militares (<xref ref-type="bibr" rid="ref49">Wibben, 2020</xref>); asumir la experiencia masculina como la norma (<xref ref-type="bibr" rid="ref53">Zeitlin y Mpoumou, 2004</xref>), aunque se presenten neutros con respecto al g&#x00E9;nero; incluir sesgos de g&#x00E9;nero en el concepto de seguridad, y otros conceptos centrales, como el de Estado, guerra, violencia, etc. (<xref ref-type="bibr" rid="ref44">Sjoberg, 2009</xref>). </p>

<p>En este contexto, la construcci&#x00F3;n del campo de los estudios feministas sobre la seguridad ha permitido avanzar en preguntas cuyas respuestas son imposibles sin un an&#x00E1;lisis feminista de las diferentes instituciones y relaciones estructurales de poder que les constituyen. Por ejemplo, para autoras como Carol Cohn, preguntarse por las guerras, su prevenci&#x00F3;n, los procesos de reconstrucci&#x00F3;n, entre otros, no es posible en el marco de los estudios [tradicionales] de seguridad, porque estos no incluyen todas las instituciones y relaciones de poder, lo que los hace poco &#x00FA;tiles como punto de partida, adem&#x00E1;s de restrictivos respecto al rango de visi&#x00F3;n (<xref ref-type="bibr" rid="ref7">Cohn, 2011</xref>). </p>

<p>El presente art&#x00ED;culo profundiza en algunos de los aspectos centrales que son abordados por los estudios feministas sobre la seguridad, sus aportes cr&#x00ED;ticos a los estudios de seguridad tradicionales y otros alternativos, as&#x00ED; como en las principales rupturas epistemol&#x00F3;gicas y te&#x00F3;rico-metodol&#x00F3;gicas que se han suscitado en este campo. Tambi&#x00E9;n se&#x00F1;ala algunas de sus limitaciones y potencialidades. </p>
</sec>
<sec>
<title>Puntos de partida </title>
<p>El feminismo es una expresi&#x00F3;n plural con posiciones diversas y tambi&#x00E9;n disonantes entre s&#x00ED;, por ello una definici&#x00F3;n &#x00FA;nica no es posible. Sin embargo, como lo plantea Bell Hooks, &#x201C;Explicado de forma sencilla, el feminismo es un movimiento para acabar con el sexismo, la explotaci&#x00F3;n sexista y la opresi&#x00F3;n&#x201D; (<xref ref-type="bibr" rid="ref23">Hooks, 2017, p. 21</xref>). Es un movimiento pol&#x00ED;tico, pero tambi&#x00E9;n, uno te&#x00F3;rico y epistemol&#x00F3;gico fundamental en la lucha de las mujeres por la erradicaci&#x00F3;n de las discriminaciones, desigualdades, exclusiones y violencias que enfrentan. Sus pr&#x00E1;cticas te&#x00F3;rico-pol&#x00ED;ticas abarcan procesos sociales organizativos de variada &#x00ED;ndole, as&#x00ED; como escenarios acad&#x00E9;micos dentro de los cuales han cuestionado los c&#x00E1;nones sobre los que se ha construido la(s) ciencia(s), principalmente en Occidente, dado su sesgo patriarcal y colonial, y han ampliado, a la vez, las posibilidades de construcci&#x00F3;n de conocimiento. </p>

<p>Conceptos y categor&#x00ED;as de an&#x00E1;lisis como patriarcado, g&#x00E9;nero, divisi&#x00F3;n sexual del trabajo, sexismo, racismo, masculinidad hegem&#x00F3;nica e interseccionalidad, entre otras, han sido clave para comprender el predominio masculino en las funciones y decisiones que socialmente se consideran fundamentales para el sostenimiento de las sociedades: las econ&#x00F3;micas, las pol&#x00ED;ticas, las militares, las religiosas y las cient&#x00ED;ficas. Esta situaci&#x00F3;n, junto con la correspondiente ausencia colectiva de las mujeres en los escenarios privilegiados en los que se supon&#x00ED;a el desarrollo de estas funciones, ha tenido implicaciones concretas, tanto materiales como simb&#x00F3;licas. El <italic>mundo </italic>fue constituido y dotado de sentido desde una visi&#x00F3;n particular, la masculina hegem&#x00F3;nica &#x2014;con predominio Occidental&#x2014;, igual que las v&#x00ED;as para conocerlo, explicarlo e interpretarlo. Estas caracter&#x00ED;sticas est&#x00E1;n impl&#x00ED;citas en los &#x00E1;mbitos de la vida social y acad&#x00E9;mica, aunque no en todos los casos sus expresiones m&#x00E1;s visibles se presenten con la misma intensidad. As&#x00ED;, hay campos pr&#x00E1;cticos y te&#x00F3;ricos cuya influencia patriarcal parece mucho m&#x00E1;s notoria. Tal es el caso de la seguridad, enmarcada por lo general en &#x00E1;mbitos pol&#x00ED;ticos, militares y de las RR. II., todos asociados paradigm&#x00E1;ticamente con los hombres y, en su mayor&#x00ED;a, con la masculinidad. </p>

<p>Es importante precisar aqu&#x00ED;, sea entendido como instituci&#x00F3;n (<xref ref-type="bibr" rid="ref37">Millett, 1995</xref>) o sistema general (<xref ref-type="bibr" rid="ref2">Bennett, 2006</xref>), el patriarcado tiene por n&#x00FA;cleo central la subordinaci&#x00F3;n de las mujeres y todo(s) aquello(s) construido(s) como femenino(s), a partir del control de su sexualidad, capacidad reproductiva, cuerpos y deseos. Se trata de una construcci&#x00F3;n hist&#x00F3;rica en la que hombres y mujeres han estado involucrados, por tanto no es eterno ni inmutable (<xref ref-type="bibr" rid="ref31">Lerner, 1990</xref>). El patriarcado se ha adaptado a diferentes circunstancias hist&#x00F3;ricas y su poder no se ejerce en solitario: &#x201C;est&#x00E1; imbricado en otros sistemas de opresi&#x00F3;n humana, tales como, el imperialismo, el racismo, el feudalismo, el capitalismo y el heterosexismo&#x201D; (<xref ref-type="bibr" rid="ref2">Bennett, 2006, p. 58</xref>). Aunque se asuma como un concepto en singular, hay muchas formas de patriarcado (<xref ref-type="bibr" rid="ref2">Bennett, 2006</xref>). Este aspecto es central para la comprensi&#x00F3;n de la constituci&#x00F3;n hist&#x00F3;rica de la seguridad como un campo con predominio masculino, pues las configuraciones y &#x00F3;rdenes de g&#x00E9;nero, basados en la divisi&#x00F3;n y jerarquizaci&#x00F3;n de los sexos socialmente elaboradas e impuestas, tienen expresiones diferentes seg&#x00FA;n las intersecciones entre patriarcado y otros sistemas de opresi&#x00F3;n. </p>

<p>En la construcci&#x00F3;n del g&#x00E9;nero, la masculinidad y la feminidad, adem&#x00E1;s de contener caracter&#x00ED;sticas altamente normativas para las personas a partir de la diferencia sexual, se involucra una serie de pr&#x00E1;cticas que se han asociado con espacios, estatus y valoraciones espec&#x00ED;ficas. Los principios fundamentales en los que se basa la divisi&#x00F3;n sexual del trabajo son los siguientes: 1) el principio de separaci&#x00F3;n, y 2) el principio jer&#x00E1;rquico (<xref ref-type="bibr" rid="ref26">Kergoat, 2003</xref>). El primero, cuya caracter&#x00ED;stica b&#x00E1;sica es que existen unos trabajos para hombres y otros para mujeres, facilit&#x00F3; la instauraci&#x00F3;n de la divisi&#x00F3;n excluyente de los espacios entre ambos. La esfera productiva fue considerada la esfera p&#x00FA;blica, asignada a los hombres, y la esfera reproductiva fue ligada al cuidado de la familia y los trabajos dom&#x00E9;sticos, asignada a las mujeres, y considerada propia de la esfera privada. El segundo principio, por su parte, ha jerarquizado el trabajo de unos y otras: el de los hombres suele tener mayor reconocimiento que el de las mujeres; aunque no todos los trabajos de los hombres tienen el mismo reconocimiento; ser blanco y heterosexual marca generalmente una diferencia. En el caso de las mujeres, sucede igual; no todas han vivido en la misma medida el principio de separaci&#x00F3;n de los espacios, pero probablemente s&#x00ED;, el principio jer&#x00E1;rquico, no solo respecto de los hombres, sino tambi&#x00E9;n de otras mujeres de las &#x00E9;lites pol&#x00ED;ticas, econ&#x00F3;micas y raciales. Bell Hooks, citada por Ochy Curiel, llama la atenci&#x00F3;n sobre el hecho de que las mujeres negras siempre han trabajado fuera del hogar como fuerza de trabajo en las calles y en la casa de las personas blancas, fruto de la herencia de la esclavitud (<xref ref-type="bibr" rid="ref14">Curiel, 2011</xref>). Su trabajo, adem&#x00E1;s de precarizado, ha sido doblemente invisibilizado, lo que facilita su explotaci&#x00F3;n. </p>

<p>Ahora bien, desde la perspectiva de la masculinidad, algunas configuraciones espec&#x00ED;ficas de las pr&#x00E1;cticas de g&#x00E9;nero se han establecido en determinados momentos como un patr&#x00F3;n, permitiendo que la dominaci&#x00F3;n por parte del colectivo de los hombres hacia las mujeres no termine. A este tipo de configuraciones, desde los estudios sobre las masculinidades se les ha denominado &#x201C;masculinidad hegem&#x00F3;nica&#x201D;. </p>
<disp-quote>
<p>La masculinidad hegem&#x00F3;nica se puede definir como la configuraci&#x00F3;n de pr&#x00E1;ctica gen&#x00E9;rica, que encarna la respuesta corrientemente aceptada al problema de la legitimidad del patriarcado, la que garantiza (o se toma para garantizar) la posici&#x00F3;n dominante de los hombres y la subordinaci&#x00F3;n de las mujeres. (<xref ref-type="bibr" rid="ref10">Connell, 1997, p. 39</xref>)</p>
</disp-quote>
<p>La existencia de una masculinidad hegem&#x00F3;nica supone un proceso de diferenciaci&#x00F3;n con respecto, no solo a lo femenino, sino tambi&#x00E9;n a otras masculinidades, puesto que no es la &#x00FA;nica. Tambi&#x00E9;n, un proceso de jerarquizaci&#x00F3;n, pues enmarca el ideal de comportamiento y funciones que se espera de los varones en determinado contexto y &#x00E9;poca. La subordinaci&#x00F3;n de las masculinidades no hegem&#x00F3;nicas es un presupuesto para la existencia de la masculinidad hegem&#x00F3;nica (<xref ref-type="bibr" rid="ref11">Connell, 2005</xref>). Dentro de los rasgos sobre la masculinidad que resultan m&#x00E1;s recurrentes, principalmente &#x2014;pero no solo&#x2014;, desde la perspectiva de la masculinidad hegem&#x00F3;nica, se encuentra la relaci&#x00F3;n que se establece entre hombres-poder-violencia. Relaci&#x00F3;n que, adem&#x00E1;s, es fundamental para comprender las posturas tradicionales sobre la seguridad. </p>

<p>Este tipo de masculinidad no se ha constituido en un solo momento. Como lo plantea R. W, Connell, hay varios hitos que han impactado su configuraci&#x00F3;n desde el siglo XVI hasta el siglo XX (<xref ref-type="bibr" rid="ref9">Connell, 1993</xref>). A partir del trabajo de esta autora, es posible notar que las transformaciones en la masculinidad hegem&#x00F3;nica se han dado en torno a los aspectos que en cada contexto particular aseguran poder, honor, autoridad y capital: la propiedad de la tierra, el linaje, el ejercicio directo de la violencia o su control (los ej&#x00E9;rcitos), los negocios (las empresas / f&#x00E1;bricas del capitalismo temprano o las corporaciones globales) y el conocimiento (la ciencia). </p>

<p>En procesos complejos e hist&#x00F3;ricos de separaci&#x00F3;n y jerarquizaci&#x00F3;n de actividades, espacios, definici&#x00F3;n normativa de caracter&#x00ED;sticas personales y pr&#x00E1;cticas sociales que se construyen a partir de la diferencia sexual, entre otras, los &#x00E1;mbitos mediante los cuales se desarrolla el mundo en Occidente, privilegiaron, en su mayor&#x00ED;a, unas visiones en las que las mujeres como colectivo y otros grupos subordinados a la masculinidad hegem&#x00F3;nica fueron generalmente excluidos. Esta visi&#x00F3;n ha impactado, adem&#x00E1;s, otros lugares geopol&#x00ED;ticos mediante m&#x00FA;ltiples procesos de colonizaci&#x00F3;n. </p>

<p>Comprender que el mundo y las formas v&#x00E1;lidas para conocerlo han sido configuradas desde unas visiones particulares, por encima de todas las dem&#x00E1;s, apoyadas en el establecimiento de la ciencia moderna como su posibilidad, no ha sido un hecho autom&#x00E1;tico. Autoras feministas como Sandra Harding han dejado en evidencia c&#x00F3;mo &#x201C;los hombres &#x2013;y solo los hombres blancos burgueses&#x2013; han monopolizado firmemente el derecho a definir lo que constituye un problema cient&#x00ED;fico&#x201D; (<xref ref-type="bibr" rid="ref20">Harding, 1996, p. 206</xref>). Ser el grupo que define estos problemas asegura, en gran medida, a los hombres, que la ciencia haya legitimado de forma exclusiva su experiencia social particular (<xref ref-type="bibr" rid="ref20">Harding, 1996</xref>), y facilita narrativas que naturalizan la subordinaci&#x00F3;n y exclusi&#x00F3;n de los dem&#x00E1;s grupos y colectivos humanos. Como bien lo plante&#x00F3; Kate Millett en el marco de sus reflexiones sobre la pol&#x00ED;tica sexual, el conocimiento es fundamental, porque es una de las v&#x00ED;as del poder. En ese sentido, es poco probable que la ciencia carezca de intereses pol&#x00ED;ticos, como se ha defendido desde el pensamiento Occidental. </p>

<p>El positivismo, como postura epistemol&#x00F3;gica para la construcci&#x00F3;n de conocimiento, asoci&#x00F3; un m&#x00E9;todo espec&#x00ED;fico, el cient&#x00ED;fico, que surge en el marco de las ciencias naturales y exactas, pero se extendi&#x00F3; a los dem&#x00E1;s campos. Desde esta postura, conocer es un proceso objetivo, basado en la neutralidad valorativa, lo que marca de principio a fin la relaci&#x00F3;n de quien investiga con su problema de investigaci&#x00F3;n, con su objeto. El conocimiento se construye con independencia de la perspectiva individual del sujeto que investiga y del que es investigado, de la misma manera que del contexto. Los procesos de producci&#x00F3;n de conocimientos que se ubicaban por fuera de estas pautas se han desestimado, visto como inferiores. Las reflexiones epistemol&#x00F3;gicas feministas han sido fundamentales para identificar las limitaciones que estas posturas tienen con respecto a la construcci&#x00F3;n de conocimiento, as&#x00ED; como los impactos que han tenido en la situaci&#x00F3;n de subordinaci&#x00F3;n y exclusi&#x00F3;n de las mujeres, pues, </p>
<disp-quote>
<p>[&#x2026;] i dentifica las concepciones dominantes y las pr&#x00E1;cticas de atribuci&#x00F3;n, adquisici&#x00F3;n y justificaci&#x00F3;n del conocimiento, que sistem&#x00E1;ticamente ponen en desventaja a las mujeres porque se les excluye de la investigaci&#x00F3;n, se les niega que tengan autoridad epist&#x00E9;mica, [&#x2026;] se producen teor&#x00ED;as que las representan como inferiores o desviadas con respecto al modelo masculino, se producen teor&#x00ED;as de fen&#x00F3;menos sociales que invisibilizan las actividades y los intereses de las mujeres o las relaciones desiguales de poder gen&#x00E9;ricas, y se produce conocimiento cient&#x00ED;fico y tecnol&#x00F3;gico que refuerza y reproduce jerarqu&#x00ED;as de g&#x00E9;nero. (<xref ref-type="bibr" rid="ref4">Blazquez, 2010, p. 22</xref>) </p>
</disp-quote>
<p>Cuando las mujeres feministas ingresaron a escenarios acad&#x00E9;micos, hicieron nuevas preguntas, cuestionaron las teor&#x00ED;as existentes, generaron nuevas teor&#x00ED;as que fueron capaces de reconocer sujetos y problemas distintos a los privilegiados por el patriarcado, y construyeron propuestas epistemol&#x00F3;gicas diferentes a las institucionalizadas desde la visi&#x00F3;n masculina hegem&#x00F3;nica. As&#x00ED;, en gran medida, se hizo posible la constituci&#x00F3;n de las mujeres, el g&#x00E9;nero, la desigualdad entre los sexos y la intersecci&#x00F3;n de los sistemas de dominaci&#x00F3;n, entre otros, como temas de estudio en la academia. Romper con la invisibilizaci&#x00F3;n de las mujeres en campos te&#x00F3;rico-pr&#x00E1;cticos como los de la seguridad ha sido posible gracias a la incidencia de ellas, organizadas en varios lugares del mundo, y a las aperturas te&#x00F3;rico-metodol&#x00F3;gicas que las epistemolog&#x00ED;as feministas han marcado en este y dem&#x00E1;s campos. </p>

<p>Algunos aspectos vitales de las epistemolog&#x00ED;as feministas son: 1) su postura cr&#x00ED;tica de los sistemas de interpretaci&#x00F3;n y an&#x00E1;lisis, dejando en evidencia sus rasgos: la l&#x00F3;gica dicot&#x00F3;mica, que genera relaciones que facilitan la dominaci&#x00F3;n social, la deshumanizaci&#x00F3;n y la abstracci&#x00F3;n conceptual (<xref ref-type="bibr" rid="ref4">Blazquez, 2010</xref>); 2) su reconocimiento de la influencia de valores personales, sociales, pol&#x00ED;ticos y del contexto en la ciencia, y en general en todos los procesos de generaci&#x00F3;n de conocimiento. Desde las epistemolog&#x00ED;as feministas se entra&#x00F1;a la existencia de una relaci&#x00F3;n entre saber y ser (<xref ref-type="bibr" rid="ref20">Harding, 1996</xref>); 3) su reconocimiento de experiencias de las mujeres como fuentes de conocimiento. La investigaci&#x00F3;n feminista recupera la visi&#x00F3;n y las experiencias de las mujeres como recursos emp&#x00ED;ricos, te&#x00F3;ricos y anal&#x00ED;ticos, como fuente importante para la generaci&#x00F3;n de conocimiento (<xref ref-type="bibr" rid="ref21">Harding, 1998</xref>); 4) el lugar central que ocupa la relaci&#x00F3;n entre la persona que conoce y lo que se conoce: junto a otras posturas cr&#x00ED;ticas a la objetividad cient&#x00ED;fica positivista, se rechaza la tendencia a asumir los objetos de conocimiento como &#x201C;cosas&#x201D;, como elementos inertes. Desde los feminismos, el conocimiento sobre el mundo no deber&#x00ED;a responder a la l&#x00F3;gica del descubrimiento, &#x201C;sino a una relaci&#x00F3;n social de &#x003C;&#x003C;conversaci&#x00F3;n&#x003E;&#x003E; cargada de poder&#x201D; (<xref ref-type="bibr" rid="ref19">Haraway, 1995, p. 342</xref>), y 5) los conocimientos situados como una pol&#x00ED;tica del posicionamiento en los procesos de construcci&#x00F3;n de conocimiento: en estos convergen las diferentes cr&#x00ED;ticas a las posturas dominantes en la ciencia y los aportes del feminismo mencionados, como propuestas concretas para pluralizar las formas del conocimiento. </p>

<p>Ahora bien, desde la problematizaci&#x00F3;n misma de las visiones &#x00FA;nicas y los conocimientos situados que han propuesto las epistemolog&#x00ED;as feministas, se reconocen estos aportes como fundamentales para avanzar en la transformaci&#x00F3;n de los diferentes campos de conocimiento. Sin embargo, se acepta tambi&#x00E9;n que no son suficientes para dar cuenta de las complejas y diferentes realidades de mujeres en otros lugares geopol&#x00ED;ticos del mundo, pues no logran escapar de la l&#x00F3;gica universalista y colonial de Occidente. Estar ubicadas en ese marco implica una situaci&#x00F3;n privilegiada en t&#x00E9;rminos econ&#x00F3;micos, pol&#x00ED;ticos, sociales y raciales con respecto a las dem&#x00E1;s mujeres, lo que impacta las visiones desde donde construyen conocimiento. Los estudios feministas sobre la seguridad, pese a la transformaci&#x00F3;n que generan en el campo de los estudios de seguridad, no est&#x00E1;n exentos, como se presenta en apartados posteriores, de estas cr&#x00ED;ticas. </p>

<p>Dentro de los aspectos que los feminismos negros, decoloniales y de las periferias han puesto de manifiesto sobre las pr&#x00E1;cticas te&#x00F3;rico-pol&#x00ED;ticas del feminismo occidental, se destacan los siguientes: 1) el reduccionismo y homogenizaci&#x00F3;n de la existencia y experiencia de las mujeres del &#x201C;tercer mundo&#x201D;<xref ref-type="fn" rid="fn2"><sup>2</sup></xref>: son vistas, invariablemente, como v&#x00ED;ctimas de la violencia masculina, dependientes universales de los hombres, atrapadas en imposiciones religiosas causantes de la desigualdad de g&#x00E9;nero y el subdesarrollo, etc. (<xref ref-type="bibr" rid="ref38">Mohanty, 2008</xref>); 2) su incapacidad para entender en realidad la intersecci&#x00F3;n de los sistemas de dominaci&#x00F3;n, por lo que en general los impactos de estos suelen invisibilizarse. Por ejemplo, como lo ha se&#x00F1;alado Mar&#x00ED;a Lugones, no es posible ver a las mujeres de color si el g&#x00E9;nero y la raza no se perciben como entretramados o fusionados de forma indisoluble (<xref ref-type="bibr" rid="ref32">Lugones, 2014</xref>)<xref ref-type="fn" rid="fn3"><sup>3</sup></xref>, y 3) su falta de postura con respecto a categor&#x00ED;as diferentes al g&#x00E9;nero en los procesos de construcci&#x00F3;n de conocimiento. La raza, la clase, el capital social y la geopol&#x00ED;tica, entre otros, son aspectos sobre los que debe tomarse postura en la construcci&#x00F3;n del conocimiento (<xref ref-type="bibr" rid="ref15">Curiel, 2014</xref>).</p>

<p>Todos los aspectos te&#x00F3;ricos y epistemol&#x00F3;gicos presentados en este apartado son punto de partida fundamental para comprender las reflexiones cr&#x00ED;ticas que desde los feminismos se han realizado a las posturas tradicionales, pero tambi&#x00E9;n algunas consideradas alternativas, en el marco de los estudios y las pr&#x00E1;cticas de la seguridad, as&#x00ED; como de sus propuestas en el marco de los estudios feministas sobre la seguridad. </p>
</sec>
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<title>An&#x00E1;lisis feministas sobre las posturas predominantes y alternativas de la seguridad</title>
<p>Como se mencion&#x00F3; con anterioridad, la seguridad, como campo te&#x00F3;rico-pr&#x00E1;ctico, tiene un visible arraigo patriarcal, dadas las caracter&#x00ED;sticas que hist&#x00F3;ricamente lo han definido y las &#x00E1;reas en las que se ha construido: la pol&#x00ED;tica y las relaciones entre Estados. En el marco de los principales paradigmas de las RR. II.<xref ref-type="fn" rid="fn4"><sup>4</sup></xref>, como son el Idealismo y el Realismo Pol&#x00ED;tico, se han derivado posiciones espec&#x00ED;ficas sobre la seguridad, pero tambi&#x00E9;n sobre el poder, la paz y la guerra, conceptos ampliamente articulados. No obstante, ha sido el Realismo Pol&#x00ED;tico el que ha dominado, sobre todo, el campo de la seguridad. Las doctrinas de seguridad derivadas de la postura realista han demostrado una gran capacidad de adaptabilidad a lo largo de la historia, lo que puede evidenciarse con claridad en el &#x00FA;ltimo siglo. Aunque profundizar en la postura realista supera el alcance de este art&#x00ED;culo, es importante revisar algunos aspectos b&#x00E1;sicos.</p>

<p>El Realismo Pol&#x00ED;tico tiene por principio abordar las relaciones pol&#x00ED;ticas y las RR. II. a partir de lo que son y no de c&#x00F3;mo deber&#x00ED;an ser. Asume, por tanto, que la relaci&#x00F3;n entre los Estados es necesariamente conflictiva, en raz&#x00F3;n a tres aspectos que considera caracter&#x00ED;sticos de estas relaciones: la competencia, la desconfianza y la gloria (<xref ref-type="bibr" rid="ref2">S&#x00E1;nchez y Rodr&#x00ED;guez, 2006</xref>). En el siglo XIX, August Ludwing von Rochau acu&#x00F1;&#x00F3; el concepto de <italic>realpolitik</italic> (<xref ref-type="bibr" rid="ref36">Medina-N&#x00FA;&#x00F1;ez, 2019</xref>), no obstante, sus or&#x00ED;genes se remontan a siglos anteriores. Autores como Nicol&#x00E1;s de Maquiavelo y Tomas Hobbes<xref ref-type="fn" rid="fn5"><sup>5</sup></xref> (siglos XVI y XVII, respectivamente) se identifican como referentes fundamentales de esta postura en sus inicios. </p>

<p>Con Maquiavelo, en su estudio sobre las formas del poder pol&#x00ED;tico, consignado en su obra <italic>El Pr&#x00ED;ncipe</italic>, se empieza a marcar con claridad la asociaci&#x00F3;n entre las masculinidades hegem&#x00F3;nicas, la subvaloraci&#x00F3;n de lo femenino en la pol&#x00ED;tica, el ejercicio del poder y la configuraci&#x00F3;n de los Estados. &#x00C9;l considera como una caracter&#x00ED;stica vital de los principados su capacidad para &#x201C;levantar un ej&#x00E9;rcito respetable y presentar batalla a quien quiera que se atreva a atacarlos&#x201D; (Maquiavelo, n.d., p. 41). Para el autor, la consolidaci&#x00F3;n del gobierno &#x2014;del pr&#x00ED;ncipe&#x2014; requiere de la capacidad del gobernante para asegurar el poder, lo que a su vez depende de caracter&#x00ED;sticas espec&#x00ED;ficas del gobernante, que no solo las identifica en hombres, sino, adem&#x00E1;s, en masculinidades espec&#x00ED;ficas, aquellas hegem&#x00F3;nicas para la &#x00E9;poca: ligadas al control territorial, al uso directo de la violencia a gran escala y su control (ej&#x00E9;rcitos), a la capacidad de decisi&#x00F3;n y de mando, a la competencia, la valent&#x00ED;a y, sobre todo, al conocimiento del arte de la guerra (Maquiavelo, n.d., p. 55). Por el contrario, aspectos que hacen que un pr&#x00ED;ncipe sea despreciable son, &#x201C;el ser considerado voluble, fr&#x00ED;volo, afeminado, pusil&#x00E1;nime e irresoluto, defectos de los cuales debe alejarse [&#x2026;] para que en sus actos se reconozca grandeza, valent&#x00ED;a, seriedad y fuerza&#x201D; (Maquiavelo, n.d., p. 70). </p>

<p>Por su parte, en Hobbes, la generaci&#x00F3;n de un Estado que concentre el poder soberano es la &#x00FA;nica forma de establecer la seguridad, la paz y la defensa com&#x00FA;n. Para que estos prop&#x00F3;sitos del Estado puedan cumplirse, el pacto que le da origen debe dotarse de fuerza, en tanto, &#x201C;[&#x2026;] los pactos que no descansan en la espada no son m&#x00E1;s que palabras, sin fuerza para proteger al hombre en modo alguno&#x201D; (Hobbes, n.d., p. 99). La seguridad aqu&#x00ED; se basa, sin equ&#x00ED;voco, en el uso de la fuerza, expresada en los ej&#x00E9;rcitos, en el componente militar. Desde la perspectiva del pensamiento de este autor, es posible identificar un rasgo fundamental de las concepciones tradicionales sobre la seguridad, aun en el presente: la premisa de que garantizar la seguridad del Estado es lo m&#x00E1;s importante, pues defenderlo equivaldr&#x00ED;a a defender el pueblo, ya sean s&#x00FA;bditos o ciudadanos. Esta premisa est&#x00E1; en la base de las diferentes cr&#x00ED;ticas a la seguridad tradicional, ya que como se profundizar&#x00E1; m&#x00E1;s adelante, la seguridad del Estado ha sido insuficiente, incluso contraria, a la seguridad de la ciudadan&#x00ED;a, particularmente de las mujeres. </p>

<p>Ahora bien, de manera m&#x00E1;s reciente, los contextos de las dos guerras mundiales del siglo XX y la Guerra Fr&#x00ED;a fortalecieron la postura realista en las RR. II. Algunos autores clave aqu&#x00ED; son los siguientes: 1) Edward Hallet Carr plante&#x00F3; en su obra que las tres formas m&#x00E1;s claras de poder pol&#x00ED;tico internacional son: el poder militar, el poder econ&#x00F3;mico y el poder sobre las opiniones (<xref ref-type="bibr" rid="ref40">Ortiz, 2000</xref>); 2) Carl Schmitt, en el marco de la construcci&#x00F3;n de su concepto de lo pol&#x00ED;tico, ha sido fundamental para el desarrollo de la l&#x00F3;gica dicot&#x00F3;mica amigo-enemigo; l&#x00F3;gica que ha estado expl&#x00ED;citamente en el centro de las teor&#x00ED;as y pr&#x00E1;cticas de la seguridad desde mediados del siglo XX. Amigo-enemigo es para este autor &#x201C;la distinci&#x00F3;n pol&#x00ED;tica espec&#x00ED;fica, aquella a la que pueden reconducirse todas las acciones y motivos pol&#x00ED;ticos&#x201D; (<xref ref-type="bibr" rid="ref43">Schmitt, 2009, p. 56</xref>); 3) Hans Morgenthau, reconocido como el representante principal de la Teor&#x00ED;a de la Seguridad Nacional, en tanto fue su obra <italic>La pol&#x00ED;tica entre las naciones</italic>, de 1948, la que marc&#x00F3; el inicio del desarrollo de la Seguridad Nacional como doctrina internacional. Esta doctrina fue impulsada por los Estados Unidos y se constituye en la materializaci&#x00F3;n del Realismo Pol&#x00ED;tico. Esta corriente, desde la perspectiva de Morgenthau, plantea que el objetivo &#x00FA;ltimo de las naciones es el poder, pues este permite la seguridad de la naci&#x00F3;n (<xref ref-type="bibr" rid="ref2">S&#x00E1;nchez y Rodr&#x00ED;guez, 2006</xref>)<xref ref-type="fn" rid="fn6"><sup>6</sup></xref>.</p>

<p>Con la terminaci&#x00F3;n de la Guerra Fr&#x00ED;a y la centralidad que toma el discurso de los derechos humanos (DD. HH.) a nivel mundial, otras teor&#x00ED;as sobre la seguridad encontraron una ventana de oportunidad a nivel internacional. Sin embargo, los atentados del 11 de septiembre del 2001 en la ciudad de Nueva York, en Estados Unidos, reimpulsaron y dotaron de mayor fuerza a la Seguridad Nacional &#x2014;que segu&#x00ED;a siendo central desde la perspectiva de la militarizaci&#x00F3;n en el plano nacional e internacional&#x2014; (<xref ref-type="bibr" rid="ref29">Leal, 2011</xref>). </p>

<p>De este modo, la postura realista sobre la seguridad se ha construido a lo largo de varios siglos, consolid&#x00E1;ndose como la postura tradicional sobre la misma. La Seguridad Nacional, heredera de esa larga tradici&#x00F3;n, est&#x00E1; fundamentada en la centralidad de la seguridad del Estado, la prima-c&#x00ED;a del componente militar &#x2014;en general, la violencia&#x2014; y su consecuente uso de la fuerza, la competencia y dominio entre Estados (entre unos pocos sobre todos los dem&#x00E1;s), y una marcada insistencia en las amenazas externas que atentan contra las fronteras y la soberan&#x00ED;a. Todas estas caracter&#x00ED;sticas son construidas desde una visi&#x00F3;n hegem&#x00F3;nica masculina sobre el mundo y est&#x00E1;n asociadas con los valores m&#x00E1;s importantes de la masculinidad, desde la perspectiva tradicional de los &#x00F3;rdenes de g&#x00E9;nero; la correspondencia entre unas y otros no es coincidencia. </p>

<p>La centralidad dada al Estado como objeto de la seguridad no es una situaci&#x00F3;n menor desde la perspectiva del g&#x00E9;nero. El Estado es una construcci&#x00F3;n hist&#x00F3;rica que ha tenido como referente principal lo que se ha considerado como el &#x00E1;mbito de lo p&#x00FA;blico, que desde la dicotom&#x00ED;a p&#x00FA;blico-privado, basada en los principios de separaci&#x00F3;n y jerarquizaci&#x00F3;n de la divisi&#x00F3;n sexual del trabajo, solo permiti&#x00F3; / reconoci&#x00F3; hist&#x00F3;ricamente la presencia de hombres, aunque grupos de mujeres hicieran parte de la fuerza de trabajo fuera de su hogar. As&#x00ED;, las concepciones sobre lo pol&#x00ED;tico y lo social en el Estado se constituyeron en relaci&#x00F3;n con la experiencia masculina hegem&#x00F3;nica, siendo invisibles todas las dem&#x00E1;s experiencias (<xref ref-type="bibr" rid="ref1">Alca&#x00F1;iz, 2011</xref>). Para autoras como Katherine MacKinnon, de hecho, el Estado es masculino: sus formas, todo su aparato legislativo y jurisprudencial, fundamental en la l&#x00F3;gica cotidiana de su acci&#x00F3;n, est&#x00E1;n basados en los principios de la neutralidad y la objetividad, asociados con una l&#x00F3;gica masculina[hegem&#x00F3;nica] de ver y entender el mundo, entre otras (<xref ref-type="bibr" rid="ref33">MacKinnon, 1995</xref>). </p>

<p>La relaci&#x00F3;n de la visi&#x00F3;n estato-c&#x00E9;ntrica con la visi&#x00F3;n militarista es tambi&#x00E9;n problem&#x00E1;tica cuando se analiza desde enfoques feministas. Los estamentos militares han sido espacios privilegiados de reproducci&#x00F3;n de la masculinidad hegem&#x00F3;nica y el sistema patriarcal. Cynthia Enloe ha llamado la atenci&#x00F3;n, en repetidos trabajos, acerca de esta relaci&#x00F3;n, y plantea que &#x201C;[&#x2026;] para desafiar eficazmente los privilegios del g&#x00E9;nero masculino, el militarismo debe ser abiertamente evaluado y sopesado&#x201D; (<xref ref-type="bibr" rid="ref16">Enloe, 2003, p. 364</xref>). Las activistas feministas pacifistas han se&#x00F1;alado tambi&#x00E9;n, desde hace varias d&#x00E9;cadas, la relaci&#x00F3;n dependiente entre militarismo y patriarcado (<xref ref-type="bibr" rid="ref39">Mujeres de Negro de Belgrado, 1997</xref>). Los estamentos militares, en tanto unidades de defensa, al ser concebidos bajo el rol protector masculino, ponen a quienes supuestamente protegen, paradigm&#x00E1;ticamente, ni&#x00F1;os, ni&#x00F1;as y mujeres, en una posici&#x00F3;n de dependencia y obediencia, y en el marco de la seguridad del Estado autoriza el control y la vigilancia de sus ciudadanos (<xref ref-type="bibr" rid="ref51">Young, 2003</xref>)<xref ref-type="fn" rid="fn7"><sup>7</sup></xref>. </p>

<p>Adem&#x00E1;s, la insistencia de la postura tradicional de la seguridad en ubicar lo externo como fuente central de las amenazas ha derivado, con diversos matices en diferentes momentos, en una dicotom&#x00ED;a del &#x201C;nosotros&#x201D; y &#x201C;los otros&#x201D; en la construcci&#x00F3;n de las narrativas sobre la seguridad y la inseguridad; dicotom&#x00ED;a que se enmarca en la distinci&#x00F3;n amigo-enemigo. Como lo precisa <xref ref-type="bibr" rid="ref46">Maria Stern (2006)</xref>, en el &#x201C;nosotros&#x201D; siempre est&#x00E1; implicada alg&#x00FA;n tipo de identidad. Por ejemplo, la identidad nacional, identidades &#x00E9;tnicas, identidades religiosas, etc. Las identidades que se construyen como base del &#x201C;nosotros&#x201D; en las narrativas sobre la seguridad / inseguridad suelen pensarse como estables y tienden a homogenizar todo bajo ese r&#x00F3;tulo, son altamente movilizadoras y acostumbran a estar acompa&#x00F1;adas de una espacialidad determinada, cuyos l&#x00ED;mites y fronteras se definen con claridad con respecto a &#x201C;los otros&#x201D;, y el peligro y la amenaza que suponen. Muchas veces esto se traduce en medidas que producen peligro, miedo y da&#x00F1;o con devastadoras consecuencias para quienes son construidos como los &#x201C;otros&#x201D; (<xref ref-type="bibr" rid="ref46">Stern, 2006</xref>). Por supuesto, quienes son &#x201C;los otros&#x201D; nunca es casual. Las teor&#x00ED;as y pr&#x00E1;cticas tradicionales de la seguridad no solo tienen una base patriarcal y militarista que legitima una l&#x00F3;gica espec&#x00ED;fica masculina &#x2014;blanca, heterosexual&#x2014; sino adem&#x00E1;s una base profundamente racista<xref ref-type="fn" rid="fn8"><sup>8</sup></xref>. </p>

<p>Ahora bien, como se se&#x00F1;al&#x00F3; en la introducci&#x00F3;n de este art&#x00ED;culo, no solo las teor&#x00ED;as tradicionales sobre la seguridad tienen este tipo de caracter&#x00ED;sticas. Aunque con rasgos y expresiones diferentes, tambi&#x00E9;n varias de las corrientes de los denominados Estudios Cr&#x00ED;ticos de la Seguridad. Son por lo menos dos los abordajes desde donde estos estudios se han planteado: 1) los que han priorizado como referente de la seguridad a los individuos, entendidos desde tres perspectivas: individuos como personas con derechos, individuos en tanto ciudadanos de un Estado e individuos como parte de una comunidad global, y 2) los que proponen que el referente id&#x00F3;neo de la seguridad es la identidad y las conexiones de esta con la comunidad y la cultura (<xref ref-type="bibr" rid="ref27">Krause y Williams, 1997</xref>). El asunto que ha logrado mayor desarrollo es el primero, el que est&#x00E1; centrado en los individuos. En ambos casos es clave resaltar la desvinculaci&#x00F3;n que hacen de la l&#x00F3;gica estato-c&#x00E9;ntrica de la seguridad. Las perspectivas involucradas se enmarcan en el constructivismo, la teor&#x00ED;a cr&#x00ED;tica, el feminismo, la perspectiva poscolonial, el posestructuralismo y la teor&#x00ED;a de la securitizaci&#x00F3;n, con temas que abarcan el medio ambiente, la salud, la seguridad humana, la migraci&#x00F3;n y la informaci&#x00F3;n. </p>

<p>A pesar de que los abordajes feministas sobre la seguridad se encuentran en el marco de los Estudios Cr&#x00ED;ticos, autoras feministas dentro de los debates sobre la seguridad ponen distancia con respecto a estos, porque consideran que hay en estos estudios rasgos patriarcales que dejan intactas las construcciones de g&#x00E9;nero, con lo que reproducen, desde esta perspectiva, una marca b&#x00E1;sica de la seguridad tradicional: 1) la mayor&#x00ED;a ha dado por sentado los supuestos de g&#x00E9;nero, obviando la reflexi&#x00F3;n al respecto en los abordajes y temas que han propuesto; 2) aunque en algunos casos cambian considerablemente las narrativas de seguridad tradicionales, estas modificaciones no son estructurales, pues se reducen a veces a variaciones en los referentes y actores de la seguridad (<xref ref-type="bibr" rid="ref48">Wibben, 2011</xref>), y 3) en algunos casos, se asume que &#x201C;a&#x00F1;adir&#x201D; a las mujeres es suficiente para reformular las concepciones de seguridad con atenci&#x00F3;n a la dimensi&#x00F3;n de g&#x00E9;nero, lo que deja de lado discusiones profundas sobre la desigualdad, sobre las concepciones acerca del poder, la fuerza, la violencia, etc.</p>

<p>Aunque son varios los abordajes sobre la seguridad que se ubican dentro de los Estudios Cr&#x00ED;ticos, es importante se&#x00F1;alar que no todos han logrado el mismo alcance. La Seguridad Humana, considerada como el concepto liberal de seguridad de finales del siglo XX, es el abordaje que ha tenido la mayor difusi&#x00F3;n y cobertura, en gran medida por el impulso que ha tenido desde organismos internacionales como las Naciones Unidas. La Seguridad Humana busca girar o alterar el &#x00E9;nfasis hist&#x00F3;rico del concepto de seguridad, cambiando para ello dos aspectos fundamentales: 1) paso del acento exclusivo en la seguridad territorial y del Estado a un acento mucho mayor en la seguridad de la poblaci&#x00F3;n, y 2) paso de la seguridad con los armamentos a la seguridad mediante el desarrollo humano sostenible (<xref ref-type="bibr" rid="ref41">PNUD, 1994</xref>). Sin embargo, se ha planteado como complementaria a la seguridad del Estado (<xref ref-type="bibr" rid="ref8">Commission on Human Security, 2003</xref>), lo que le resta una parte importante de su potencial transformador, aunque sin duda marca diferencia con respecto a las concepciones tradicionales sobre la seguridad. </p>

<p>Otros cuestionamientos realizados a esta postura se centran en el hecho de que el t&#x00E9;rmino seguridad &#x201C;humana&#x201D; se presenta con caracter&#x00ED;sticas de neutralidad en cuanto al g&#x00E9;nero (<xref ref-type="bibr" rid="ref24">Hudson, 2005</xref>). En la Seguridad Humana no existe una problematizaci&#x00F3;n sobre el concepto de lo humano y, tal como lo ha planteado Natasha Marhia, este no puede entenderse como un concepto acabado. Marhia enfatiza en que lo humano ha sido hist&#x00F3;ricamente construido como un elemento de exclusi&#x00F3;n y una categor&#x00ED;a en lo fundamental &#x201C;generizada&#x201D; desde lo masculino, aunque se presente aparentemente sin g&#x00E9;nero. De esta manera, algunos seres humanos resultan designados / son vistos / aparecen como menos &#x201C;humanos&#x201D; que otros (<xref ref-type="bibr" rid="ref35">Marhia, 2013</xref>). Esto, por supuesto, no aplica solo desde la construcci&#x00F3;n del g&#x00E9;nero, sino que tambi&#x00E9;n se presenta de manera similar desde lo cultural, religioso, &#x00E9;tnico y racial. </p>

<p>De este modo, los an&#x00E1;lisis feministas presentados en este apartado permiten afirmar que la seguridad ha sido hist&#x00F3;ricamente un campo te&#x00F3;rico y pr&#x00E1;ctico en el que se reflejan las concepciones jerarquizadas sobre las que se ha organizado la vida social y el conocimiento en Occidente. </p>
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<title>Estudios feministas sobre la seguridad </title>
<p>Como se mencion&#x00F3; en la introducci&#x00F3;n de este art&#x00ED;culo, los estudios feministas sobre la seguridad surgen cuando se problematiza la ausencia y la falta de reconocimiento de las mujeres como actoras acad&#x00E9;micas y pol&#x00ED;ticas, pero tambi&#x00E9;n como sujetos con necesidades espec&#x00ED;ficas de seguridad, en el campo de la seguridad. Las feministas, en este campo, dejan al descubierto la carga sexista y patriarcal que lo ha constituido, identifican las implicaciones te&#x00F3;ricas y pol&#x00ED;ticas que esto tiene, y propenden por abordajes que permitan pensar en otras formas de seguridad, que reconozcan a las personas por encima de los Estados, sin ignorar que se encuentran inmersas en construcciones de g&#x00E9;nero, raciales y geopol&#x00ED;ticas, entre otras. Aunque los estudios feministas sobre la seguridad no se han desarrollado de manera lineal y homog&#x00E9;nea, y no todas las autoras enmarcan su trabajo de forma expl&#x00ED;cita ah&#x00ED;, un aspecto clave en su argumentaci&#x00F3;n es que el g&#x00E9;nero es conceptual, emp&#x00ED;rica y normativamente esencial para el estudio de la seguridad (<xref ref-type="bibr" rid="ref45">Sjoberg, 2021</xref>). Lo que permite ver situaciones que desde otras posturas permanecen invisibles. </p>

<p>Con ese punto de partida, un elemento b&#x00E1;sico que han abordado estos estudios es la identificaci&#x00F3;n de los prejuicios de g&#x00E9;nero impl&#x00ED;citos en las concepciones tradicionales sobre la seguridad (<xref ref-type="bibr" rid="ref44">Sjoberg, 2009</xref>), lo que ha permitido, entre otras, complejizar y retar los discursos en los que &#x2014;todas&#x2014; las mujeres est&#x00E1;n vinculadas irreflexivamente con la paz, reconociendo la participaci&#x00F3;n directa y el apoyo que las mujeres han brindado, por ejemplo, a muchas guerras (<xref ref-type="bibr" rid="ref3">Blanchard, 2003</xref>). Pero tambi&#x00E9;n, los discursos en los que &#x2014;todos&#x2014; los hombres son sujetos listos para la guerra e identificados con esta. Por supuesto, sin ignorar que el orden normativo de g&#x00E9;nero empuja principalmente a los hombres a la guerra y prefiere a las mujeres, al menos, como sujetas activas en el ejercicio de la violencia por fuera de esta, la realidad ha mostrado ejemplos permanentes de la porosidad de estos l&#x00ED;mites. Investigar los roles de hombres y mujeres en contextos espec&#x00ED;ficos de guerras y otros tipos de confrontaciones armadas es una tarea fundamental. </p>

<p>Con respecto a las violencias, las investigaciones feministas reconocen la existencia de un car&#x00E1;cter interrelacional entre los diferentes tipos de violencias, aquellas que se ejercen contra las mujeres en espacios considerados privados, y las que se presentan en otros escenarios y con otras justificaciones. La naturalizaci&#x00F3;n de las primeras hace parte de los aspectos que perpet&#x00FA;an la resoluci&#x00F3;n violenta de los conflictos y las guerras, lo que en t&#x00E9;rminos de Charlotte Bunch alimenta la aceptaci&#x00F3;n de la violencia, no solo como evitable, sino tambi&#x00E9;n como normal (<xref ref-type="bibr" rid="ref5">Bunch, 2004</xref>). Acabar con las violencias armadas y las guerras pasa necesariamente por la prevenci&#x00F3;n y erradicaci&#x00F3;n de las violencias en los hogares y en la vida cotidiana, y que permanecen invisibles en gran medida, como las violencias racistas. Esto significa que el eje de an&#x00E1;lisis de la seguridad no puede reducirse a la dicotom&#x00ED;a patriarcal entre lo p&#x00FA;blico y lo privado, ni ignorar categor&#x00ED;as de jerarquizaci&#x00F3;n y discriminaci&#x00F3;n diferentes a las que se basan en el g&#x00E9;nero. </p>

<p>Ligado a lo anterior, en los estudios feministas sobre la seguridad se reconoce la conexi&#x00F3;n que hay entre las violencias contra las mujeres como un <italic>continuum</italic> que, adem&#x00E1;s de diluir la diferencia entre lo privado y lo p&#x00FA;blico, transgrede los l&#x00ED;mites entre la guerra y la paz, y entre las esferas internacional y dom&#x00E9;stica (<xref ref-type="bibr" rid="ref49">Wibben, 2020</xref>). Con respecto a lo primero, existe una conexi&#x00F3;n palpable entre las experiencias de las mujeres en tiempos de guerra y en momentos de paz, porque tanto en unos como en otros est&#x00E1;n por lo general bajo la amenaza de alg&#x00FA;n tipo de violencia (<xref ref-type="bibr" rid="ref6">Chandra, Enloe y Erlingsd&#x00F3;ttir, 2022</xref>). Una oposici&#x00F3;n simplista de la guerra y la paz, cuando se analiza la inseguridad de las mujeres, no aporta posibilidades de transformaci&#x00F3;n. De hecho, para comprender de mejor manera lo que sucede con las mujeres en tiempos de guerra, &#x201C;es necesario observar el estatus de las mujeres en las leyes, sus condiciones econ&#x00F3;micas, las visiones que tienen de ellas mismas y que las dem&#x00E1;s personas tienen sobre ellas <italic>antes de la guerra</italic>&#x201D; (<xref ref-type="bibr" rid="ref6">Chandra, Enloe y Erlingsd&#x00F3;ttir, 2022, p. 78</xref>). Con respecto a lo segundo, un aporte muy importante de los estudios feministas sobre la seguridad tiene que ver con los avances que presentan en cuanto a an&#x00E1;lisis multiescalares que enlazan lo global, lo regional y lo local, y que han permitido comprender c&#x00F3;mo se materializan en la vida cotidiana de las mujeres en contextos espec&#x00ED;ficos, las grandes decisiones en materia de seguridad internacional, por lo general con efectos negativos sobre sus vidas. As&#x00ED;, lo personal no solo es pol&#x00ED;tico sino tambi&#x00E9;n internacional en lo que respecta a la seguridad (Enloe, 1990, citada en <xref ref-type="bibr" rid="ref48">Wibben, 2011</xref>). La seguridad internacional y la seguridad de los Estados, desde esta perspectiva de an&#x00E1;lisis, se muestra construida sobre la inseguridad de las poblaciones y grupos m&#x00E1;s vulnerables en cada contexto particular (Tickner, 2005, citada en <xref ref-type="bibr" rid="ref48">Wibben, 2011</xref>). </p>

<p>Los estudios sobre las violencias en clave de la relaci&#x00F3;n inseguridad / seguridad han permitido tambi&#x00E9;n profundizar acerca de la militarizaci&#x00F3;n y los efectos negativos que tiene en las sociedades en general y en la vida de las mujeres en particular, en el marco de su vinculaci&#x00F3;n con el patriarcado y las formas hegem&#x00F3;nicas de masculinidad (<xref ref-type="bibr" rid="ref48">Wibben, 2011</xref>). Por esto es claro que un abordaje de seguridad que reconozca las fuentes diferenciales de inseguridad que enfrentan las mujeres y propenda por su erradicaci&#x00F3;n, requiere necesariamente de la eliminaci&#x00F3;n del peso militarista que ha tenido la gran mayor&#x00ED;a hasta hoy. La violencia militar, con independencia de la orilla pol&#x00ED;tica desde donde se ejerza, es una expresi&#x00F3;n de violencia patriarcal. </p>

<p>Ahora bien, con las posibilidades que el feminismo ha abierto en los an&#x00E1;lisis sobre la seguridad, otros elementos absolutamente excluidos en los debates tradicionales han empezado a hacer parte tambi&#x00E9;n de la conversaci&#x00F3;n. Por ejemplo, la relaci&#x00F3;n entre la &#x00E9;tica del cuidado, la inseguridad y la seguridad. El punto de partida es el reconocimiento del cuidado como un aspecto que hace girar el mundo local y globalmente, y que per-mite mantener la seguridad de las personas (<xref ref-type="bibr" rid="ref12">Conway, 2021</xref>). En el marco de un paradigma alternativo de cuidados, que no se basa en la relaci&#x00F3;n feminidad-cuidado, se parte de la premisa de que todas las personas son en alg&#x00FA;n grado vulnerables y que las relaciones que fomentan el cuidado aportan en lo que podr&#x00ED;a llamarse &#x201C;provisi&#x00F3;n de seguridad&#x201D; (Robinson, 2011, citado en <xref ref-type="bibr" rid="ref30">Leone y Caballero, 2021</xref>). Esta perspectiva resalta el reconocimiento de la interdependencia y vulnerabilidad propias de las personas, restando fuerza a la dicotom&#x00ED;a entre quien protege, como fuerte, y quien es protegido, como d&#x00E9;bil (<xref ref-type="bibr" rid="ref30">Leone y Caballero, 2021</xref>). </p>

<p>Los estudios feministas sobre la seguridad no solo han problematizado las bases te&#x00F3;ricas y las l&#x00ED;neas tem&#x00E1;ticas tradicionales sobre la seguridad, tambi&#x00E9;n sus m&#x00E9;todos y metodolog&#x00ED;as de construcci&#x00F3;n de conocimiento, visibilizando las experiencias que en el positivismo de la ciencia moderna no han tenido un lugar. De ese modo se han desarrollado propuestas centradas en recuperar la experiencia de seguridad / inseguridad de las mujeres en diferentes contextos, mediante, por ejemplo, abordajes narrativos. El feminismo ha tenido una tradici&#x00F3;n significativa tambi&#x00E9;n en el trabajo en torno a la dimensi&#x00F3;n narrativa, ya sea en los estudios cr&#x00ED;ticos de literatura con la narratolog&#x00ED;a feminista o mediante la investigaci&#x00F3;n feminista narrativa. </p>

<p>Al respecto, plantea <xref ref-type="bibr" rid="ref48">Wibben (2011)</xref>, que las narrativas tienen al menos dos caracter&#x00ED;sticas diferenciadas que es necesario tener en cuenta para cualquier an&#x00E1;lisis narrativo: son siempre una imposici&#x00F3;n y una forma de violencia en su insistencia en un significado particular, pero pueden tambi&#x00E9;n ser disruptivas cuando se reh&#x00FA;san a encajar dentro de un orden espec&#x00ED;fico (contranarrativas). Desde esta l&#x00ED;nea, se&#x00F1;ala que detr&#x00E1;s de todas las concepciones sobre la seguridad circulan narrativas. Comprender las narrativas de seguridad permite cuestionar el privilegio de ciertos tipos de seguridad e imaginar caminos posibles para desplazarse m&#x00E1;s all&#x00E1;. Al respecto, esta autora se&#x00F1;ala tambi&#x00E9;n que entender la seguridad como narrativa hace posible poner atenci&#x00F3;n en c&#x00F3;mo los temas y los significados son construidos en las narrativas de seguridad, y c&#x00F3;mo ese proceso est&#x00E1; permeado por el g&#x00E9;nero (en tanto este impregna toda la experiencia humana de hombres y mujeres). </p>

<p>En el an&#x00E1;lisis que Wibben ha realizado sobre las narrativas de seguridad identifica que las construcciones tradicionales siguen una forma particular de imponer sentido y de crear valor en aquello que las RR. II. han considerado un mundo an&#x00E1;rquico. La continua reproducci&#x00F3;n de estas narrativas tradicionales ha solidificado hist&#x00F3;ricamente el desarrollo de pr&#x00E1;cticas &#x2014;violentas&#x2014; que insisten en la imposici&#x00F3;n de significados que privilegian la centralidad del Estado y las formas militares de seguridad. En esa l&#x00ED;nea, <xref ref-type="bibr" rid="ref48">Wibben (2011)</xref> plantea que las narrativas tradicionales de seguridad presentan una estructura cerrada construida a partir de cuatro elementos principales: la localizaci&#x00F3;n de amenazas que gene-ran peligro; los referentes a ser protegidos / asegurados; los agentes que proveen la seguridad, y los medios para contener el peligro. La identificaci&#x00F3;n de amenazas por lo general es presentada dada desde los Estados en t&#x00E9;rminos de &#x201C;lo que nos amenaza&#x201D;, unos otros externos al &#x201C;nosotros&#x201D;, de quienes debemos &#x201C;protegernos&#x201D;. As&#x00ED;, este tipo de narrativas est&#x00E1;n fuertemente vinculadas con las identidades nacionales y patri&#x00F3;ticas, y facilitan la generaci&#x00F3;n de &#x201C;cohesi&#x00F3;n interna&#x201D; en los Estados. Las narrativas de seguridad que no est&#x00E1;n conformadas por la se&#x00F1;alada estructura, que generan pr&#x00E1;cticas diferentes y que puedan desafiar sus presupuestos epistemol&#x00F3;gicos, no son reconocidas como parte de los debates sobre la seguridad; raz&#x00F3;n por la que la tradici&#x00F3;n sobre la seguridad heredada del Realismo Pol&#x00ED;tico contin&#x00FA;a plenamente vigente. </p>

<p>Los estudios feministas sobre la seguridad reconocen que la existencia y visibilidad de otro tipo de narrativas acerca de este tema requiere ubicarse en posiciones no hegem&#x00F3;nicas de construcci&#x00F3;n de conocimiento, ser conscientes del papel que juega la experiencia y la subjetividad y preguntarse por aquello que las narrativas tradicionales nunca han tenido en cuenta. Las investigaciones que se ubican en este tipo de posiciones hacen preguntas en lugares en los que las personas del &#x00E1;rea de los estudios de seguridad raramente hacen, recurren a los relatos personales de quienes raramente son escuchadas, recreando as&#x00ED; una perspectiva de seguridad desde mujeres no solo marginalizadas por las RR. II., sino adem&#x00E1;s por las sociedades en las que viven. Estas narrativas de seguridad, contadas desde el punto de vista y posicionamiento de quienes no han sido preguntadas en estos debates, ofrecen un acento muy diferente sobre esta, que la narrativa dominante centrada en el Estado (<xref ref-type="bibr" rid="ref48">Wibben, 2011</xref>). </p>

<p>Todas estas l&#x00ED;neas anal&#x00ED;ticas que hoy hacen parte de las discusiones sobre la seguridad, gracias al trabajo de autoras feministas, han sido fundamentales para el posicionamiento creciente de las mujeres en este campo, pero tambi&#x00E9;n para hacer visibles situaciones de inseguridad de las mujeres y otros grupos excluidos de estos debates, que desde &#x00F3;pticas tradicionales jam&#x00E1;s ser&#x00ED;an conocidas. Sin embargo, pese a estos avances, es necesario tambi&#x00E9;n se&#x00F1;alar que este acumulado te&#x00F3;rico e investigativo tiene algunas limitaciones. En justicia del reconocimiento de las posiciones de construcci&#x00F3;n de conocimiento, es importante se&#x00F1;alar que la mayor&#x00ED;a de las reflexiones que componen aquello enmarcado como parte de los estudios feministas sobre la seguridad se han desarrollado en la academia europea y norteamericana, lo que por supuesto las ubica desde la perspectiva de los puntos de vista, en uno particular y privilegiado. </p>

<p>Aunque estos estudios son estrat&#x00E9;gicos al lograr abrir escenarios de discusi&#x00F3;n sobre la seguridad desde una mirada no hegem&#x00F3;nica masculina que involucra a las mujeres y al feminismo como apuesta pol&#x00ED;tica, es fundamental reconocer tambi&#x00E9;n que su potencial explicativo puede ser limitado cuando de realidades espec&#x00ED;ficas no occidentales se trata. No es por ello sorprendente que desde el feminismo decolonial se hayan manifestado preocupaciones relacionadas con que el &#x201C;lenguaje y las estructuras en desarrollo de los EFS<xref ref-type="fn" rid="fn9"><sup>9</sup></xref> contienen estructuras racializadas y clasistas&#x201D; (<xref ref-type="bibr" rid="ref45">Sjoberg, 2021</xref>, p. 24). El hecho mismo del predominio de la literatura anglosajona en estos estudios implica una limitaci&#x00F3;n importante para una conversaci&#x00F3;n m&#x00E1;s global y compartida sobre el tema (<xref ref-type="bibr" rid="ref25">Instituto Catal&#x00E1;n Internacional para la Paz [ICIP], 2021</xref>), y, por supuesto, m&#x00E1;s incluyente. </p>

<p>La dificultad no radica en la inexistencia de producci&#x00F3;n de conocimientos sobre las mujeres y la seguridad desde an&#x00E1;lisis feministas y de g&#x00E9;nero en otras latitudes geopol&#x00ED;ticas, sino en que estas producciones no necesariamente tienen lugar en espacios considerados acad&#x00E9;micos. Por tanto, son vistos por lo general como conocimientos activistas a los que no se les reconoce el mismo estatus. Por ejemplo, en lugares como Colombia, la perspectiva de la producci&#x00F3;n te&#x00F3;rica y editorial de conocimientos feministas sobre la seguridad es menor que en pa&#x00ED;ses europeos y norteamericanos, lo que responde a las diferencias que hay en las condiciones materiales y sociales, como lo ha se&#x00F1;alado Ochy Curiel de manera m&#x00E1;s general para el caso de los conocimientos feministas en Am&#x00E9;rica Latina y del Caribe (<xref ref-type="bibr" rid="ref13">Curiel, 2010</xref>). Sin embargo, en el marco de las pr&#x00E1;cticas pol&#x00ED;ticas y las reflexiones colectivas feministas de los movimientos sociales en el campo de la incidencia pol&#x00ED;tica, la construcci&#x00F3;n de conocimientos sobre la seguridad es significativa. Incluso, en el marco de las investigaciones aplicadas desde an&#x00E1;lisis feministas a las pol&#x00ED;ticas p&#x00FA;blicas de seguridad<xref ref-type="fn" rid="fn10"><sup>10</sup></xref>. </p>

<p>Los estudios feministas sobre la seguridad tienen una experiencia importante en la eliminaci&#x00F3;n de las barreras entre lo acad&#x00E9;mico y lo pol&#x00ED;tico / activista &#x2014;que en general se marca en las escuelas norteamericanas y europeas&#x2014;, mediante, por ejemplo, todo el trabajo en torno a la Resoluci&#x00F3;n 1325 de 2000 sobre mujeres, paz y seguridad, del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, en el que las feministas en los centros acad&#x00E9;micos y en las organizaciones y movimientos sociales se han sumado juntas a las reflexiones y a la incidencia en torno a esta. No obstante, no parece suceder de la misma manera cuando esta relaci&#x00F3;n involucra lugares de producci&#x00F3;n distintos desde la perspectiva geopol&#x00ED;tica.</p>

</sec>
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<title>Conclusiones </title>
<p>Las teor&#x00ED;as feministas han sido fundamentales para la problematizaci&#x00F3;n y transformaci&#x00F3;n de las ciencias, con un &#x00E9;nfasis especial en las denominadas ciencias sociales y humanas. La capacidad de interpelar campos con fuerte arraigo patriarcal como el de la seguridad, ha sido posible gracias al desarrollo de categor&#x00ED;as de an&#x00E1;lisis tan importantes como g&#x00E9;nero, interseccionalidad, masculinidad hegem&#x00F3;nica, etc., as&#x00ED; como de las reflexiones sobre las posturas epistemol&#x00F3;gicas desde donde conocemos y construimos el mundo. </p>

<p>Es imposible desconocer hoy la asociaci&#x00F3;n hist&#x00F3;rica y dependiente entre seguridad y masculinidad, y todo el entramado te&#x00F3;rico, epistemol&#x00F3;gico y pol&#x00ED;tico que la sustenta, dentro de lo que se denominan las posturas tradicionales. El patriarcado mantuvo esta asociaci&#x00F3;n, no solo como natural, sino como necesaria durante siglos, con implicaciones concretas en la vida de las mujeres y de las personas por fuera del patr&#x00F3;n masculino hegem&#x00F3;nico. Los feminismos no solo pusieron en evidencia esta situaci&#x00F3;n y sus impactos, sino que tambi&#x00E9;n han reconstruido, reconstituido, y transformado el campo de los estudios y pr&#x00E1;cticas de la seguridad, pese a que mucho del trabajo que desde all&#x00ED; se ha desarrollado siga siendo intencionalmente ignorado. </p>

<p>En una trayectoria con m&#x00FA;ltiples voces y esfuerzos anal&#x00ED;ticos e investigativos, el campo de los estudios feministas sobre la seguridad ha estado consolid&#x00E1;ndose durante un poco m&#x00E1;s de tres d&#x00E9;cadas, principalmente en el marco de las academias europea y norteamericana. Sin embargo, esa nutrida trayectoria, pese a notables logros y avances, no est&#x00E1; completa. La construcci&#x00F3;n de conocimientos feministas sobre la seguridad, en muchos lugares del mundo, como Colombia, tiene trayectorias igualmente significativas, pero diferentes, y por ello, invisibles desde la l&#x00F3;gica del conocimiento en Occidente. Situaciones como el conflicto armado, la pobreza y la exclusi&#x00F3;n han implicado reflexiones sobre la seguridad para las mujeres en otros lugares geopol&#x00ED;ticos, aunadas a acciones pol&#x00ED;ticas a todo nivel, que suman hoy acumulados feministas sobre la seguridad. </p>

<p>Pluralizar y complejizar los debates feministas sobre la seguridad pasan tambi&#x00E9;n por reconocer los conocimientos que al respecto se producen por fuera de la academia y en lugares diferentes a los que hasta ahora han liderado la discusi&#x00F3;n. Nuevos temas, l&#x00ED;neas de an&#x00E1;lisis y problematizaciones enriquecer&#x00E1;n el campo cuando las diversas voces que est&#x00E1;n sumando al tema sean reconocidas. Una apuesta fundamental de la tesis doctoral, de cuyos avances hacen parte reflexiones incluidas en este art&#x00ED;culo, va en esa direcci&#x00F3;n. </p>

</sec>
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<bio>
<title>July Samira Fajardo Farf&#x00E1;n </title>
<p>Es investigadora feminista. Soci&#x00F3;loga, magistra en Pol&#x00ED;tica Social y candidata a Ph. D. en Estudios Pol&#x00ED;ticos y Relaciones Internacionales, de la Universidad Nacional de Colombia. Ha sido docente e investigadora en la Universidad Santo Tom&#x00E1;s, la Pontificia Universidad Javeriana y la Universidad Nacional de Colombia, as&#x00ED; como consultora sobre temas de g&#x00E9;nero, conflicto armado, paz y seguridad, en organizaciones nacionales e internacionales. </p>
</bio>
<notes>
<fn-group>
<fn id="fn1" fn-type="other"><label>1</label><p>*Este art&#x00ED;culo se construye a partir del documento in&#x00E9;dito <italic>Aportes de las epistemolog&#x00ED;as y teor&#x00ED;as feministas para la comprensi&#x00F3;n de las narrativas y concepciones sobre la seguridad, </italic>presentado, sustentando y aprobado como examen de calificaci&#x00F3;n doctoral en 2021, en el doctorado en Estudios Pol&#x00ED;ticos y Relaciones Internacionales, de la Universidad Nacional de Colombia. </p></fn>
<fn id="fn2" fn-type="other"><label>2</label><p>Chandra Talpade Mohanty utiliza en su obra el t&#x00E9;rmino &#x201C;Tercer mundo&#x201D; de manera cr&#x00ED;tica, siempre en comillas, para denotar un cuestionamiento constante a dicha designaci&#x00F3;n, que reconoce simplista. </p></fn>
<fn id="fn3" fn-type="other"><label>3</label><p>Trabajos como los de Kimberle Crenshaw, desde inicio de la d&#x00E9;cada de los noventa, han sido fundamentales para comprender la interseccionalidad. En su trabajo analiza los impactos que tienen en la vida de las mujeres de color las intersecciones entre racismo y sexismo, as&#x00ED; como la necesidad de su comprensi&#x00F3;n en el marco de las luchas feministas y antirracistas, en la academia, en los sistemas de justicia, etc. </p></fn>
<fn id="fn4" fn-type="other"><label>4</label><p>Seg&#x00FA;n la clasificaci&#x00F3;n realizada por Eduardo Ortiz en <italic>Teor&#x00ED;as de las Relaciones Internacionales, del a&#x00F1;o 2000</italic>. </p></fn>
<fn id="fn5" fn-type="other"><label>5</label><p>Eduardo Ortiz, en el texto mencionado antes, plantea que Hobbes, aunque es reconocido realista, en algunas de sus posturas, principalmente en torno a la noci&#x00F3;n de pacto y sus planteamientos desde el derecho natural, se acerca al idealismo. </p></fn>
<fn id="fn6" fn-type="other"><label>6</label><p>En Suram&#x00E9;rica, esta concepci&#x00F3;n fue adoptada, en mayor o menor medida, mediante la llamada &#x201C;Doctrina de la Seguridad Nacional&#x201D;, en periodos comprendidos entre las d&#x00E9;cadas de los sesenta y de los ochenta del siglo XX. En esta Doctrina se determin&#x00F3; que para salvaguardar la seguridad de la sociedad, asumida como la misma seguridad del Estado, era necesaria la injerencia y control militar de este y el desarrollo de estrategias de defensa fundamentalmente militares. Adem&#x00E1;s, se traslad&#x00F3; la amenaza del enemigo externo al enemigo interno, con lo que inicia la persecuci&#x00F3;n de los nacientes grupos guerrilleros surgidos a la luz de la experiencia cubana, y de todos aquellos y aquellas que demostraran simpat&#x00ED;a con estos (<xref ref-type="bibr" rid="ref28">Leal, 2006</xref>). </p></fn>
<fn id="fn7" fn-type="other"><label>7</label><p>Iris Young, a partir de las implicaciones de la Lucha contra el Terrorismo, liderada por Estados Unidos, analiza la asociaci&#x00F3;n existente, en la l&#x00F3;gica masculina del Estado, entre la posici&#x00F3;n del jefe de familia como protector de la familia y los gobernantes, en su mayor&#x00ED;a hombres, como protectores de sus ciudadanos. </p></fn>
<fn id="fn8" fn-type="other"><label>8</label><p>As&#x00ED;, por ejemplo, la pol&#x00ED;tica de seguridad de Lucha contra el Terrorismo posterior a 2001, que reforz&#x00F3; la islamofobia, tiene sus bases en lo que Ram&#x00F3;n Grosfoguel se&#x00F1;ala como racismo cultural. Este tipo de racismo est&#x00E1; concentrado en la inferioridad de las costumbres, las creencias, el comportamiento o los valores de un determinado grupo de personas (<xref ref-type="bibr" rid="ref18">Grosfoguel, 2014</xref>). Estas personas por lo general no son ni blancas, ni europeas ni norteamericanas. En la Guerra contra el Terrorismo, adem&#x00E1;s, la matriz patriarcal-racista de los discursos masculinos tradicionales de la seguridad fue evidente. George Bush utiliz&#x00F3; como una de sus justificaciones para la invasi&#x00F3;n de Afganist&#x00E1;n, &#x201C;la necesidad de liberar a las mujeres de color de las atrocidades de los hombres de color&#x201D; (<xref ref-type="bibr" rid="ref18">Grosfoguel, 2014, p. 93</xref>). </p></fn>
<fn id="fn9" fn-type="other"><label>9</label><p>Sigla utilizada por algunas autoras para los Estudios Feministas de Seguridad. </p></fn>
<fn id="fn10" fn-type="other"><label>10</label><p>En Colombia hay una experiencia importante en la reflexi&#x00F3;n e incidencia pol&#x00ED;tica sobre el tema de seguridad desde perspectivas feministas y an&#x00E1;lisis de g&#x00E9;nero, principalmente en torno a la situaci&#x00F3;n de las mujeres en el conflicto armado, las pol&#x00ED;ticas de seguridad nacional y ciudadana, los avances en la implementaci&#x00F3;n de la Resoluci&#x00F3;n 1325 de 2000 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas y, de manera m&#x00E1;s reciente, sobre los significados de la seguridad para las mujeres en contextos espec&#x00ED;ficos en el pa&#x00ED;s (<xref ref-type="bibr" rid="ref17">Fajardo, 2019</xref>). Estos trabajos se han publicado, sobre todo, por parte de organizaciones y plataformas feministas y de mujeres, y en menor medida en la academia (con una tendencia creciente). Algunas organizaciones son, por ejemplo, la Liga Internacional de Mujeres por la Paz y la Libertad (Limpal Colombia), la Corporaci&#x00F3;n Humanas, la Corporaci&#x00F3;n de Investigaci&#x00F3;n y Acci&#x00F3;n Social y Econ&#x00F3;mica (Ciase), la Colaci&#x00F3;n 1325, la Mesa Mujer y Conflicto Armado y la Corporaci&#x00F3;n Sisma Mujer. Reci&#x00E9;n, tambi&#x00E9;n organizaciones que trabajan por la defensa de los derechos de personas LGBTI, como Colombia Diversa, se han sumado a la reflexi&#x00F3;n, abordando la seguridad desde la perspectiva diferencial de las mujeres LBT.</p></fn>
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