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<journal-title>Ciencia Pol&#x00ED;tica</journal-title>
<abbrev-journal-title abbrev-type="publisher">Cienc. Politi.</abbrev-journal-title>
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<publisher-name>Universidad Nacional de Colombia</publisher-name>
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<article-title>El g&#x00E9;nero hace al trabajo: aportes de la econom&#x00ED;a feminista a la sociolog&#x00ED;a de las relaciones laborales</article-title>
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<trans-title xml:lang="en">Gender makes work: feminist economics contributions to sociology of labor</trans-title></trans-title-group>
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<surname>Barahona</surname>
<given-names>Leslie Lemus</given-names>
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<email>llemus@colmex.mx</email>
<uri>https://orcid.org/0000-0001-7759-6883</uri>
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<aff id="aff1"><institution content-type="original">Centro de Estudios Sociol&#x00F3;gicos - El Colegio de M&#x00E9;xico, Ciudad de M&#x00E9;xico</institution><country>M&#x00E9;xico</country></aff>
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<license license-type="open-access" xlink:href="http://creativecommons.org/licenses/by-nc/4.0" xml:lang="es"><license-p>Este art&#x00ED;culo est&#x00E1; publicado en acceso abierto bajo los t&#x00E9;rminos de la licencia Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 2.5 Colombia.</license-p>
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<abstract>
<title>Resumen</title>
<p>El g&#x00E9;nero no es solo un principio de diferenciaci&#x00F3;n, sino que es un sistema de relaciones sociales que configura el mundo del trabajo mediante un v&#x00ED;nculo sustantivo y mutuamente constitutivo. Por esto, desde la econom&#x00ED;a feminista se han propuesto premisas para el an&#x00E1;lisis sociol&#x00F3;gico de la organizaci&#x00F3;n social y la divisi&#x00F3;n del trabajo, las ocupaciones y los mercados laborales. Este art&#x00ED;culo es una breve revisi&#x00F3;n de estos aportes, partiendo de la cr&#x00ED;tica a la separaci&#x00F3;n artificial entre trabajo productivo y reproductivo, en el marco del capitalismo, as&#x00ED; como una revisi&#x00F3;n de la noci&#x00F3;n de divisi&#x00F3;n sexual del trabajo. El texto concluye con la presentaci&#x00F3;n de algunas claves feministas para pensar la agenda de investigaci&#x00F3;n de los estudios del trabajo de manera global.</p>
</abstract>
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<title>Abstract</title>
<p>Gender is not only a principle of differentiation, it is a system of social relations that shapes the world of work through a substantive and mutually constitutive linkage. For this reason, feminist economics has proposed premises for the sociological analysis of the social organization and division of labor, occupations, and labor markets. This article is a brief review of these contributions from the criticism about the artificial separation between productive and reproductive work in the framework of capitalism, it is also a review of the notion of sexual division of labor. In the final part of the text, some feminist keys are presented to think about the global research agenda of labor studies.</p>
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<kwd>divisi&#x00F3;n social del trabajo</kwd>
<kwd>trabajo productivo</kwd>
<kwd>trabajo reproductivo</kwd>
<kwd>divisi&#x00F3;n sexual del trabajo</kwd>
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<kwd>Social Division of Labor</kwd>
<kwd>Productive Work</kwd>
<kwd>Reproductive Work</kwd>
<kwd>Sexual Division of Labor</kwd>
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<title>Introducci&#x00F3;n</title>
<disp-quote>
<p><italic>&#x00BF;Que c&#x00F3;mo organizamos el trabajo? &#x00A1;Otra pregunta est&#x00FA;pida! Los hombres, naturalmente, realizan las tareas que exigen fuerza de hombre; las mujeres cuidan la casa, el establo y el gallinero; los ni&#x00F1;os hacen lo que pueden. &#x00A1;No vaya a pensar que yo env&#x00ED;o a la mujer a cortar le&#x00F1;a mientras yo orde&#x00F1;o la vaca! (El buen hombre no sabe, agreguemos, que, en muchas tribus primitivas, por ejemplo, entre los indios brasile&#x00F1;os, son las mujeres quienes cortan le&#x00F1;a, buscan ra&#x00ED;ces en el bosque y recolectan fruta, mientras que en las tribus ganaderas de Asia y &#x00C1;frica los hombres no s&#x00F3;lo cuidan a las vacas, tambi&#x00E9;n las orde&#x00F1;an. Aun hoy, en Dalmacia, puede observarse a la mujer cargando un pesado fardo sobre sus espaldas, mientras el robusto marido la acompa&#x00F1;a montado en su burro, fumando su pipa. Esa &#x201C;divisi&#x00F3;n del trabajo&#x201D; les parece tan natural como le parece natural a nuestro campesino que &#x00E9;l deba cortar la le&#x00F1;a mientras su mujer orde&#x00F1;a la vaca). </italic></p>
<attrib>Rosa Luxemburgo, &#x00BF;Qu&#x00E9; es la econom&#x00ED;a?</attrib>
</disp-quote>
<p>El estudio del mundo del trabajo ha estado dominado por tres grandes perspectivas. Por un lado, la econom&#x00ED;a neocl&#x00E1;sica que, en tanto imputa a las relaciones econ&#x00F3;micas un car&#x00E1;cter abstracto, se ha caracterizado por analizar este aspecto como una relaci&#x00F3;n entre variables de oferta y demanda de fuerza de trabajo &#x2014;sin actores, sin sujetos y sin relaciones de poder&#x2014; (<xref ref-type="bibr" rid="ref20">Jones, 1996</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="ref2">Carrasco y D&#x00ED;az, 2017</xref>).</p>
<p>En contraposici&#x00F3;n, la sociolog&#x00ED;a del trabajo &#x2014;de herencia marxista&#x2014; ha tenido como referente central al capitalismo industrial, tanto as&#x00ED; que sus problematizaciones y la identificaci&#x00F3;n de atipicidades en el mundo contempor&#x00E1;neo han tomado como medida esa forma de organizaci&#x00F3;n productiva. Sus objetos de estudio los ha limitado a las relaciones capital-trabajo en el marco del empleo asalariado y teniendo como prototipo de sujeto laboral a los obreros (proletarios) fabriles (<xref ref-type="bibr" rid="ref3">Castillo, 2000</xref>).</p>
<p>Luego, los estudios laborales se han beneficiado de las miradas que se descentran del paradigma de la industrializaci&#x00F3;n y la salarizaci&#x00F3;n, que han transitado hacia una caracterizaci&#x00F3;n amplia de las relaciones sociales que enmarcan los intercambios de fuerza de trabajo en los mercados laborales en distintos momentos hist&#x00F3;ricos y abordan las formas heterog&#x00E9;neas que toma el trabajo remunerado (<xref ref-type="bibr" rid="ref35">Tilly y Tilly, 1998</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="ref31">Pries, 2000</xref>).</p>
<p>No obstante, las diferencias entre la econom&#x00ED;a laboral (neocl&#x00E1;sica), la sociolog&#x00ED;a del trabajo y la sociolog&#x00ED;a de los mercados laborales, estas perspectivas coinciden en un aspecto nodal: su mirada androc&#x00E9;ntrica. Ocurre que se han centrado en analizar las actividades consideradas productivas en t&#x00E9;rminos de generaci&#x00F3;n directa de valor agregado. Estas han estado por lo general asociadas con actividades y ocupaciones que se realizan en el espacio p&#x00FA;blico y extradom&#x00E9;stico, es decir, que el imaginario dominante es que el trabajo productivo es t&#x00ED;picamente realizado por hombres y que el arquetipo de las clases trabajadoras es masculino.</p>
<p>La cr&#x00ED;tica feminista a estas perspectivas no se ha limitado a se&#x00F1;alar la consecuente invisibilizaci&#x00F3;n del aporte de las mujeres a la econom&#x00ED;a o a demostrar las brechas entre estas y los hombres cuando se encuentran en la esfera del trabajo productivo o remunerado (monetizado). El planteamiento fundamental de la econom&#x00ED;a feminista es que la organizaci&#x00F3;n total del mundo del trabajo, en especial en el capitalismo, no es neutral o simplemente funcional, sino que est&#x00E1; constituida por el g&#x00E9;nero, en tanto r&#x00E9;gimen de relaciones sociales. Tres son los argumentos fundamentales que han desplegado las autoras feministas al respecto de esta organizaci&#x00F3;n generizada del trabajo. En primer lugar, de manera artificiosa se ha opuesto el trabajo productivo frente al reproductivo, omitiendo que se trata de un ciclo y no de esferas separadas, pues la productividad de la fuerza de trabajo depende de sus capacidades y posibilidades de reproducci&#x00F3;n &#x2014;tanto si se refiere a la procreaci&#x00F3;n, como a la reposici&#x00F3;n de la energ&#x00ED;a vital de las y los trabajadores (descanso, alimentaci&#x00F3;n, cuidado personal, etc.)&#x2014;. En segundo lugar, se han jerarquizado estas dos esferas de actividad, relegando todo aquello que se relaciona con la reproducci&#x00F3;n humana a la categor&#x00ED;a de no-trabajo. En tercer lugar, se ha imputado a las mujeres una predisposici&#x00F3;n natural al trabajo reproductivo y, por ello, se las ha relegado al espacio dom&#x00E9;stico (<xref ref-type="bibr" rid="ref7">Federici, 2018</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="ref33">Swedberg, 2003</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="ref8">Ferber y Nelson, 2004</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="ref21">Kergoat, 1997a</xref>).</p>
<p>En sentido de lo anterior, en este texto se reconstruyen dos herramientas anal&#x00ED;ticas aportadas por la econom&#x00ED;a feminista y que resultan fundamentales para repensar la comprensi&#x00F3;n del mundo del trabajo en la actualidad. El primero de estos aportes es la reflexi&#x00F3;n te&#x00F3;rica sobre la complementariedad entre trabajo productivo y reproductivo, siendo esto un giro epistemol&#x00F3;gico que permite visibilizar c&#x00F3;mo se encuentran imbricadas las desigualdades de g&#x00E9;nero y clase. La otra herramienta aqu&#x00ED; recuperada es la genealog&#x00ED;a de la divisi&#x00F3;n sexual del trabajo, entendiendo que esta es constitutiva de la divisi&#x00F3;n social del trabajo en un sentido amplio.</p>
<p>La postura que aqu&#x00ED; se presenta es que el g&#x00E9;nero no es una categor&#x00ED;a complementaria o accesoria para analizar el mundo del trabajo. El campo de los estudios laborales se ha beneficiado de manera nodal de los aportes de la econom&#x00ED;a feminista para ampliar y complejizar sus an&#x00E1;lisis, por ejemplo, al incorporar el an&#x00E1;lisis acerca del trabajo reproductivo y al evidenciar las desiguales condiciones a las que se enfrentan hombres y mujeres en el trabajo remunerado. En virtud de esto, el documento cierra con una reflexi&#x00F3;n metodol&#x00F3;gica que apunta a la ruptura de las dicotom&#x00ED;as legadas por las disciplinas que han dominado en este campo. Asimismo, se comparten algunas anotaciones para pensar en una agenda de investigaci&#x00F3;n multidisciplinar.</p>
</sec>
<sec>
<title>Giro epistemol&#x00F3;gico: desmontar la artificial separaci&#x00F3;n entre trabajo productivo y reproductivo</title>
<p>Con frecuencia decimos &#x201C;no tener trabajo&#x201D; cuando no desempe&#x00F1;amos tareas o actividades que sean retribuidas con alg&#x00FA;n pago o salario, es decir, remuneradas. Esta afirmaci&#x00F3;n refleja un sentido com&#x00FA;n que las te&#x00F3;ricas de la econom&#x00ED;a feminista se han propuesto desmontar: que todas aquellas actividades necesarias para la supervivencia &#x2014;limpieza, alimentaci&#x00F3;n, cuidado de s&#x00ED; y cuidado de otros, entre otras&#x2014; no generan valor y por tanto no pueden ser consideradas productivas.</p>
<p>Para comprender el giro feminista a esta idea del trabajo es necesario recuperar las nociones de valor de uso y valor de cambio. El primero se refiere a los bienes o actividades que satisfacen una necesidad. En tanto el segundo consiste en si pueden ser objetos de transacci&#x00F3;n. Dos asuntos importantes han ocurrido en el marco del capitalismo. Una es que se ha institucionalizado el dinero como mediaci&#x00F3;n de los intercambios, es decir, que la econom&#x00ED;a se ha monetizado de tal forma que el ciclo privilegiado es dinero-producto / mercanc&#x00ED;a-dinero, y con ello se ha habilitado la posibilidad de acumulaci&#x00F3;n ilimitada. La segunda es que el trabajo mismo se ha transformado en mercanc&#x00ED;a, es decir, que para obtener lo necesario para vivir tenemos que vender nuestra capacidad de producir (fuerza de trabajo). En ese contexto, se consideran productivas solo a las actividades que generan productos &#x2014;bienes o servicios&#x2014; susceptibles de ser monetizados y, por tanto, que intervienen de manera directa en la generaci&#x00F3;n de valor agregado para el mercado (<xref ref-type="bibr" rid="ref9">Fortunati, 2019, pp. 33-34</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="ref24">Mies, 2019, p. 104</xref>).</p>
<p>Dos han sido las consecuencias de este predominio del valor de cambio por encima del valor de uso para la comprensi&#x00F3;n contempor&#x00E1;nea del trabajo. La primera es que se han separado las actividades consideradas productivas de aquellas denominadas reproductivas. La segunda es que se han planteado como opuestas y se las ha jerarquizado (<xref ref-type="bibr" rid="ref9">Fortunati, 2019, p. 35</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="ref21">Kergoat, 1997&#x00AA;, p. 15</xref>). Estas distinciones est&#x00E1;n sexuadas o generizadas y se expresan con m&#x00E1;s claridad si se examina la l&#x00F3;gica, los espacios y los sujetos asociados con cada una de esas esferas.</p>
<p>Dado que el objetivo primordial de la econom&#x00ED;a capitalista es y ha sido la acumulaci&#x00F3;n, m&#x00E1;s que suplir las necesidades humanas, esta se distingue de los modos de producci&#x00F3;n precapitalistas, como se examinar&#x00E1; en el siguiente apartado, y est&#x00E1; organizada de manera que se ejerce control sobre el proceso productivo, los medios de producci&#x00F3;n y los productos &#x2014;el modelo protot&#x00ED;pico ha sido la producci&#x00F3;n fabril industrial, pero en distintas fases del capitalismo ha mutado&#x2014;. <xref ref-type="bibr" rid="ref19">Se&#x00F1;ala Mies (2019, pp. 123124)</xref> que lo que se considera trabajo productivo en este contexto responda a una l&#x00F3;gica de dominio, apropiaci&#x00F3;n y explotaci&#x00F3;n de la naturaleza y de la capacidad productiva humana. Tampoco es casualidad que esta esfera est&#x00E9; asociada con lo masculino, dado que esta particular organizaci&#x00F3;n se monta sobre la experiencia hist&#x00F3;rica de los hombres como g&#x00E9;nero.</p>
<p>En contrapartida, apunta tambi&#x00E9;n <xref ref-type="bibr" rid="ref24">Mies (2019, pp. 117, 122)</xref>, la experiencia de las mujeres como g&#x00E9;nero se monta sobre dos hechos que han sido naturalizados y deshistorizados. En primera instancia, sus cuerpos son capaces de producir nueva vida y dar a luz seres humanos que a la postre se constituyen en trabajadores y trabajadoras. Dado el car&#x00E1;cter biol&#x00F3;gico de este hecho, se le ha querido despojar de su estatuto humano y social, por tanto, ha sido considerado no-trabajo<xref ref-type="fn" rid="fn1"><sup>1</sup></xref>. En segunda instancia, desde las fases precapitalistas de la econom&#x00ED;a, su capacidad productiva ha estado profundamente ligada a la producci&#x00F3;n para la subsistencia &#x2014;en especial a la producci&#x00F3;n de alimentos&#x2014;. La autora plantea que estas dos cuestiones responden a una l&#x00F3;gica creativa, rec&#x00ED;proca &#x2014;crecer y hacer crecer&#x2014; con la naturaleza, cooperativa y colaborativa en cuanto a constituci&#x00F3;n de relaciones sociales, pero que en el marco del capitalismo han quedado circunscritas a la esfera de la reproducci&#x00F3;n, al mundo dom&#x00E9;stico y al espacio privado.</p>
<p>En el modo de producci&#x00F3;n capitalista lo &#x00FA;nico que importa es la capacidad productiva de las y los trabajadores; la apropiaci&#x00F3;n de esta ocurre mediante un intercambio &#x2014;por un salario o retribuci&#x00F3;n, generalmente monetaria&#x2014; y se descargan los costos de reproducci&#x00F3;n de la fuerza de trabajo en ellos y ellas. La cuesti&#x00F3;n fundamental es que la capacidad productiva y la necesidad de reproducci&#x00F3;n est&#x00E1;n encarnadas en un mismo cuerpo y son f&#x00ED;sicamente indisociables, devienen en l&#x00F3;gicas opuestas en el contexto del capitalismo (<xref ref-type="bibr" rid="ref9">Fortunati, 2019, pp. 35, 39</xref>).</p>
<p>Autoras como <xref ref-type="bibr" rid="ref9">Fortunati (2019)</xref> han se&#x00F1;alado que la separaci&#x00F3;n de las esferas productiva y reproductiva es formal y no real, que su funcionamiento es dual y constituye un ciclo completo que ha sido ocultado. Lo cierto es que la reproducci&#x00F3;n produce un valor concreto &#x2014;la fuerza de trabajo&#x2014; que al ser desvalorizada permite una mayor acumulaci&#x00F3;n de capital, sin tener que retribuir de manera justa al trabajo, pues se &#x201C;explota a dos trabajadores con un salario&#x201D; (<xref ref-type="bibr" rid="ref9">Fortunati, 2019, pp. 37, 39</xref>).</p>
<p>A este doble proceso de extracci&#x00F3;n de valor se le ha nombrado tambi&#x00E9;n como superexplotaci&#x00F3;n:</p>
<disp-quote>
<p>Mi tesis es que esta amplia producci&#x00F3;n de vida, o producci&#x00F3;n de subsistencia &#x2014;realizada en la mayor parte gracias al trabajo no asalariado de las mujeres y de otros trabajadores no asalariados como los esclavos, trabajadores temporales y campesinos de las colonias&#x2014; constituye la base permanente sobre la cual se puede construir y explotar el &#x2018;trabajo productivo capitalista&#x2019; [&#x2026;] (<xref ref-type="bibr" rid="ref24">Mies, 2019, p. 108</xref>)</p>
</disp-quote>
<p>En la medida que esta separaci&#x00F3;n de lo productivo y reproductivo est&#x00E1; sexuada (<xref ref-type="bibr" rid="ref9">Fortunati, 2019, pp. 42, 47</xref>), es necesario pensar en t&#x00E9;rminos de coextensividad de las relaciones de opresi&#x00F3;n y dominaci&#x00F3;n de sexo y sobreexplotaci&#x00F3;n econ&#x00F3;mica (<xref ref-type="bibr" rid="ref17">Hirata, 1997b, p. 55</xref>). Es decir que, las relaciones sociales de g&#x00E9;nero y clase est&#x00E1;n imbricadas, aunque se produzcan &#x201C;variaciones en la manera de vivir las conjunciones&#x201D; (<xref ref-type="bibr" rid="ref21">Kergoat, 1997a, p. 29</xref>).</p>
<p>Tal parece que el patr&#x00F3;n hist&#x00F3;rico ha sido que la productividad masculina ha dependido de la productividad femenina (<xref ref-type="bibr" rid="ref24">Mies, 2019, p. 125</xref>), por ello es que la noci&#x00F3;n capitalista de trabajo productivo resulta restrictiva. En este sentido, la propuesta, desde la econom&#x00ED;a feminista, consiste en un doble movimiento anal&#x00ED;tico. En primer lugar, se plantea recuperar la noci&#x00F3;n ampliada de trabajo, en el sentido de toda aquella actividad socialmente necesaria para la satisfacci&#x00F3;n de las necesidades humanas. Y, en el marco del capitalismo, hay que reconocer que existen dos tipos de producci&#x00F3;n &#x2014;para la subsistencia y para el mercado&#x2014; (<xref ref-type="bibr" rid="ref24">Mies, 2019, pp. 111-112</xref>). El segundo movimiento, consecuencia del primero, consistir&#x00ED;a en poner en el centro el valor de uso por encima del valor de cambio, y a todas aquellas actividades consideradas reproductivas otorgarles estatuto de &#x201C;trabajo productor de vida&#x201D; (<xref ref-type="bibr" rid="ref24">Mies, 2019, p. 107</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="ref9">P&#x00E9;rez, 2019</xref>). De cara a la investigaci&#x00F3;n, atender al trabajo como categor&#x00ED;a global conllevar&#x00ED;a realizar an&#x00E1;lisis que consideren en simult&#x00E1;nea ambos tipos de producci&#x00F3;n o actividad, y est&#x00E9;n necesariamente dotados de herramientas te&#x00F3;ricas y metodol&#x00F3;gicas para observar la diferenciaci&#x00F3;n sexual (<xref ref-type="bibr" rid="ref21">Kergoat, 1997a, p. 25</xref>).</p>
</sec>
<sec>
<title>La cr&#x00ED;tica hist&#x00F3;rica: acerca del origen y evoluci&#x00F3;n de la divisi&#x00F3;n sexual del trabajo</title>
<p>El hallazgo acerca de la artificiosa separaci&#x00F3;n del trabajo productivo y reproductivo, as&#x00ED; como el hecho de que est&#x00E1; sexuada o generizada, abri&#x00F3; una serie de cuestionamientos acerca de si esto siempre fue de este modo, por qu&#x00E9; se produjo y si necesariamente implica desigualdad y jerarquizaci&#x00F3;n entre hombres y mujeres, entre capital y trabajo. Desde la econom&#x00ED;a feminista se plantea que si esta diferenciaci&#x00F3;n no es natural tiene que ser hist&#x00F3;rica, por tanto, es necesario hacer una genealog&#x00ED;a de la espec&#x00ED;fica divisi&#x00F3;n sexual del trabajo capitalista, que ha devenido en una relaci&#x00F3;n asim&#x00E9;trica de explotaci&#x00F3;n y para nada constituye una simple divisi&#x00F3;n funcional de tareas entre partes en igualdad de condiciones (<xref ref-type="bibr" rid="ref24">Mies, 2019, pp. 105-106</xref>)<xref ref-type="fn" rid="fn2"><sup>2</sup></xref>.</p>
<p>Una respuesta preliminar la ha ofrecido <xref ref-type="bibr" rid="ref24">Mar&#x00ED;a Mies (2019)</xref>, que en el desarrollo y la ampliaci&#x00F3;n de las categor&#x00ED;as del materialismo hist&#x00F3;rico ha propuesto un esquema de tres momentos en la constituci&#x00F3;n de la divisi&#x00F3;n social del trabajo como divisi&#x00F3;n sexual del trabajo, asociados a modos de producci&#x00F3;n espec&#x00ED;ficos: sociedades prepatriarcales a las que llama &#x201C;matr&#x00ED;sticas&#x201D;<xref ref-type="fn" rid="fn3"><sup>3</sup></xref>, feudalismo y capitalismo. Quiz&#x00E1; el aporte m&#x00E1;s relevante de esta narrativa es que invierte las explicaciones dominantes acerca del papel de hombres y mujeres en los inicios de la vida en sociedad y anal&#x00ED;ticamente esto le permite argumentar por qu&#x00E9; el capitalismo contempor&#x00E1;neo se funda en la desigualdad entre hombres y mujeres, no en virtud de la naturaleza sino de relaciones de poder.</p>
<p>La afirmaci&#x00F3;n de <xref ref-type="bibr" rid="ref24">Mies (2019)</xref> acerca de que la productividad masculina depende de la productividad femenina se basa en considerar a las mujeres como las primeras productoras: de vida (seres humanos) y de medios para la subsistencia (alimentaci&#x00F3;n). Sirvi&#x00E9;ndose de hallazgos arqueol&#x00F3;gicos y paleontol&#x00F3;gicos, retoma una idea consensuada en el campo de los estudios sobre prehistoria, y es que las sociedades humanas en sus inicios deb&#x00ED;an colectar sus alimentos de la naturaleza &#x2014;plantas y peque&#x00F1;os animales&#x2014;. Luego, afirma que quienes se encargaban de ello eran las mujeres, porque de esto depend&#x00ED;a su supervivencia y la de los seres que procreaban. Por esta raz&#x00F3;n, tambi&#x00E9;n es dable pensar que las primeras en crear tecnolog&#x00ED;a para la actividad colectora &#x2014;como recipientes contenedores o herramientas para cortar&#x2014; fueron ellas (<xref ref-type="bibr" rid="ref24">Mies, 2019, pp. 110, 125</xref>).</p>
<p>Seg&#x00FA;n el razonamiento de <xref ref-type="bibr" rid="ref24">Mies (2019)</xref>, la primera divisi&#x00F3;n sexual del trabajo se produjo con la invenci&#x00F3;n de la agricultura. La autora imputa este hecho a las mujeres, dado que eran las responsables de producir el sustento diario. Para realizar esta actividad debieron adoptar un modo de vida sedentario y hacerlo de forma colectiva. La agricultura as&#x00ED; organizada gener&#x00F3; un excedente destinado al consumo, no a la acumulaci&#x00F3;n, que habr&#x00ED;a estimulado dos cuestiones. Una, la creaci&#x00F3;n de tecnolog&#x00ED;a para almacenamiento y preservaci&#x00F3;n. Otra, una noci&#x00F3;n de futuro y previsi&#x00F3;n, que la autora identifica como el germen de la historia social<xref ref-type="fn" rid="fn4"><sup>4</sup></xref>. Contin&#x00FA;a se&#x00F1;alando que esto permiti&#x00F3; a los hombres, que no procreaban ni alimentaban de modo directo, pero ten&#x00ED;an asegurada su alimentaci&#x00F3;n en el colectivo, incursionar en la caza de presas de gran tama&#x00F1;o, que constitu&#x00ED;an un insumo extraordinario para la supervivencia (<xref ref-type="bibr" rid="ref24">Mies, 2019, pp. 120-121; pp. 126, 130</xref>).</p>
<p>Seg&#x00FA;n <xref ref-type="bibr" rid="ref24">Mies (2019)</xref>, la conjunci&#x00F3;n de estos procesos &#x2014;desarrollo de la agricultura, adopci&#x00F3;n de asentamientos estables y la relaci&#x00F3;n con los animales mediante la cacer&#x00ED;a&#x2014; habilit&#x00F3; a los hombres un conocimiento acerca de la domesticaci&#x00F3;n de los animales, que m&#x00E1;s tarde trasladar&#x00ED;an a su relaci&#x00F3;n con las mujeres y otros grupos humanos conquistados. Enfatiza la autora en que la l&#x00F3;gica de este modo de producir es de dominaci&#x00F3;n, no de reciprocidad, porque depende de la capacidad productiva de lo que se domestica, y no es creaci&#x00F3;n propia; esto habr&#x00ED;a permitido un limitado proceso de acumulaci&#x00F3;n que trascend&#x00ED;a la unidad dom&#x00E9;stica y haber dado lugar a las sociedades patriarcales. Aqu&#x00ED; es cuando ella identifica la emergencia de la segunda divisi&#x00F3;n social y sexual del trabajo (<xref ref-type="bibr" rid="ref24">Mies, 2019, pp. 133-134</xref>): la apropiaci&#x00F3;n de la capacidad productora de las mujeres se instituy&#x00F3; por medio del matrimonio y las convirti&#x00F3; en seres dependientes de la proveedur&#x00ED;a masculina, mientras que la apropiaci&#x00F3;n de la capacidad productora de la naturaleza &#x2014;tierra y animales&#x2014; fue por medio de la propiedad privada. Asimismo, la esclavitud fue la forma que tom&#x00F3; la apropiaci&#x00F3;n del trabajo de otros grupos humanos (<xref ref-type="bibr" rid="ref24">Mies, 2019, pp. 133, 139</xref>).</p>
<p>El afianzamiento y desarrollo de un modo de producci&#x00F3;n depredador, basado en la coerci&#x00F3;n, constituye la base de los procesos de acumulaci&#x00F3;n capitalista (<xref ref-type="bibr" rid="ref24">Mies, 2019, p. 138</xref>). As&#x00ED; se produce la tercera divisi&#x00F3;n social y sexual del trabajo, que implic&#x00F3; tres grandes procesos de desvalorizaci&#x00F3;n del trabajo. El primero es la domesticaci&#x00F3;n radical de las mujeres, que en Europa cobr&#x00F3; la forma de cacer&#x00ED;a de brujas y consisti&#x00F3; en el despojo de medios de producci&#x00F3;n de vida que les permitieran autonom&#x00ED;a (tierra, cuerpo y saberes). El segundo fue la &#x201C;liberaci&#x00F3;n&#x201D; de trabajadores para la producci&#x00F3;n industrial, que se vieron obligados a vender su fuerza de trabajo para subsistir y que experimentaron procesos de pauperizaci&#x00F3;n dados por los bajos salarios, la escasez de alimentos y los altos precios. El tercero fue la esclavizaci&#x00F3;n de trabajadores y trabajadoras de las colonias en &#x00C1;frica, Asia y Am&#x00E9;rica (<xref ref-type="bibr" rid="ref5">Federici, 2004</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="ref24">Mies, 2019, pp. 144-145</xref>).</p>
<p>Recapitulando, conviene decir que en los comienzos de las sociedades prepatriarcales existi&#x00F3; una divisi&#x00F3;n social y sexual del trabajo que no implicaba distinci&#x00F3;n entre lo productivo y reproductivo, pues todo estaba orientado a la subsistencia, como tampoco a la dominaci&#x00F3;n de un g&#x00E9;nero sobre otro (<xref ref-type="bibr" rid="ref24">Mies, 2019, pp. 126, 139</xref>). Con el tr&#x00E1;nsito hacia las sociedades feudales se fue produciendo la jerarquizaci&#x00F3;n entre hombres y mujeres, pero a&#x00FA;n no se distingu&#x00ED;an plenamente las esferas: &#x201C;[&#x2026;] en los modos de producci&#x00F3;n precapitalista exist&#x00ED;a una identidad, una coincidencia del trabajador con las condiciones objetivas del trabajo de reproducci&#x00F3;n de los individuos [&#x2026;]&#x201D; (<xref ref-type="bibr" rid="ref9">Fortunati, 2019, p. 41</xref>). Es con la emergencia del modo de producci&#x00F3;n capitalista, espec&#x00ED;ficamente en el proceso de acumulaci&#x00F3;n originaria, que la divisi&#x00F3;n social del trabajo deviene en divisi&#x00F3;n sexual y territorial del trabajo, jer&#x00E1;rquica y desigual: &#x201C;La divisi&#x00F3;n jer&#x00E1;rquica del trabajo entre hombres y mujeres es parte integral de las relaciones de producci&#x00F3;n dominantes, es decir, las relaciones de clase de una &#x00E9;poca y sociedad espec&#x00ED;fica y de una m&#x00E1;s extensa divisi&#x00F3;n nacional e internacional del trabajo&#x201D; (<xref ref-type="bibr" rid="ref24">Mies, 2019, p. 110</xref>).</p>
<p>La principal implicaci&#x00F3;n anal&#x00ED;tica de estas proposiciones es que el g&#x00E9;nero organiza las formas contempor&#x00E1;neas del trabajo y la producci&#x00F3;n, no constituye un atributo de individuos o grupos categoriales, sino de las relaciones sociales, y es, por tanto, hist&#x00F3;rico y din&#x00E1;mico. Entonces, la tarea de la investigaci&#x00F3;n cient&#x00ED;fica es identificar la variabilidad y persistencia de los patrones de desigualdad que se derivan de esta configuraci&#x00F3;n social (<xref ref-type="bibr" rid="ref17">Hirata, 1997a, pp. 45, 51</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="ref21">Kergoat, 1997a, pp. 15, 30</xref>).</p>
</sec>
<sec>
<title>Estudiar el mundo del trabajo en clave feminista: apuntes para una agenda de investigaci&#x00F3;n</title>
<p>La separaci&#x00F3;n entre trabajo productivo y reproductivo, as&#x00ED; como la naturalizaci&#x00F3;n de la divisi&#x00F3;n sexual del trabajo han legado a las ciencias sociales una serie de dicotom&#x00ED;as que no pueden asumirse m&#x00E1;s de un modo descriptivo. A saber, trabajo asalariado / no asalariado, remunerado / no remunerado, material / inmaterial, entre otras. Estas claves han sido asumidas por las perspectivas dominantes en el estudio del mundo del trabajo, desde los enfoques m&#x00E1;s liberales hasta los marxistas.</p>
<p>El fen&#x00F3;meno hist&#x00F3;rico de la incursi&#x00F3;n de las mujeres al trabajo remunerado, que seg&#x00FA;n cada sociedad corresponde a distintos momentos hist&#x00F3;ricos y responde a diferentes procesos sociales, ha requerido el desarrollo de herramientas explicativas sobre su especificidad e implicaciones hist&#x00F3;ricas. De aqu&#x00ED; deriva el desarrollo de la econom&#x00ED;a feminista como disciplina particular que ha venido a interpelar campos como la econom&#x00ED;a laboral, la sociolog&#x00ED;a del trabajo y la sociolog&#x00ED;a de los mercados laborales.</p>
<p>En este sentido, uno de los hallazgos fundantes y fundamentales de la econom&#x00ED;a feminista ha sido que la masificaci&#x00F3;n de la participaci&#x00F3;n femenina en los mercados laborales &#x2014;por tanto, en el intercambio de fuerza de trabajo por salario o retribuci&#x00F3;n&#x2014;, puede interpretarse como respuesta a dos necesidades econ&#x00F3;micas en el marco del capitalismo: 1) ampliar la base de recursos monetarios de los hogares (ingreso), y 2) la mayor demanda de fuerza de trabajo, en virtud de la expansi&#x00F3;n de ciertas actividades econ&#x00F3;micas y el desplazamiento de la mano de obra masculina hacia otras actividades &#x2014;guerra o migraciones, por ejemplo&#x2014;. Luego, tambi&#x00E9;n fue identificado que la salida de las mujeres a este espacio p&#x00FA;blico &#x2014;considerado productivo&#x2014; no implic&#x00F3; la igualdad con los trabajadores hombres, por el contrario, intensific&#x00F3; su explotaci&#x00F3;n por v&#x00ED;a de la ampliaci&#x00F3;n de sus jornadas &#x2014;la doble jornada&#x2014;.</p>
<p>De lo anterior se han derivado dos tipos de an&#x00E1;lisis complementarios. El primero es acerca del lugar diferenciado de las mujeres respecto de los hombres en el trabajo remunerado y que deriva en desigualdades de salarios, jornadas, ocupaciones, etc. El segundo es la incorporaci&#x00F3;n de los estudios sobre la esfera reproductiva o de producci&#x00F3;n de la vida, tales como las investigaciones sobre uso del tiempo, trabajos dom&#x00E9;stico, de cuidados y afectivo, entre otros subcampos.</p>
<p>Luego, las claves feministas aqu&#x00ED; reconstruidas, la desnaturalizaci&#x00F3;n de la separaci&#x00F3;n producci&#x00F3;n-reproducci&#x00F3;n y la historizaci&#x00F3;n de la divisi&#x00F3;n sexual del trabajo, permiten construir una agenda de investigaci&#x00F3;n que trascienda los an&#x00E1;lisis diferenciados y romper con las dicotom&#x00ED;as. La propia transformaci&#x00F3;n del mundo del trabajo as&#x00ED; lo impele y varios son los ejemplos que al respecto pueden citarse.</p>
<p>Al analizar las desigualdades de g&#x00E9;nero que se producen en el trabajo remunerado, no bastar&#x00ED;a con identificar las brechas salariales entre hombres y mujeres (<xref ref-type="bibr" rid="ref27">OIT, 2019</xref>), tampoco es suficiente se&#x00F1;alar la discriminaci&#x00F3;n de la que son objeto y que les impide escalar posiciones en las ocupaciones, los mercados y el ingreso (<xref ref-type="bibr" rid="ref9">Fortunati, 2019, p. 44</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="ref26">OIT, 2016</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="ref36">Vartika, 2021</xref>). Las desventajas que experimentan las mujeres en el trabajo asalariado provienen del reparto desigual del trabajo reproductivo (<xref ref-type="bibr" rid="ref21">Kergoat, 1997a, p. 23</xref>). De aqu&#x00ED; que el an&#x00E1;lisis no pueda disociarse y deban observarse en simult&#x00E1;nea los dos tipos de actividad y c&#x00F3;mo se distribuye entre hombres y mujeres, entre hogares, poblaciones y territorios.</p>
<p>Es en esta imbricaci&#x00F3;n entre trabajo remunerado y el que sostiene la vida, entre el espacio p&#x00FA;blico (unidad productiva) y el espacio privado (familia), que se ha producido el hallazgo sobre las desigualdades en el uso del tiempo y la llamada &#x201C;doble jornada&#x201D; de las mujeres (<xref ref-type="bibr" rid="ref13">Garc&#x00ED;a y Pacheco, 2014</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="ref29">Pedrero, 2018</xref>). En este sentido, Fortunati llama la atenci&#x00F3;n sobre la persistencia de roles a pesar de la incursi&#x00F3;n de las mujeres en el trabajo remunerado, pues tal parece que ellas no pueden ser vistas solo como trabajadoras &#x201C;productivas&#x201D;, mientras que los hombres no ser&#x00E1;n vistos solamente como trabajadores &#x201C;reproductivos&#x201D; (<xref ref-type="bibr" rid="ref9">2019, p. 46</xref>). Quiz&#x00E1; se requiere de explicaciones m&#x00E1;s profundas de los elementos culturales e idiosincr&#x00E1;ticos que hacen de esto un arreglo social resistente al cambio (<xref ref-type="bibr" rid="ref12">Garc&#x00ED;a y De Oliveira, 1994</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="ref21">Kergoat, 1997b</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="ref15">Guadarrama, 2008</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="ref16">Herrera, 2021</xref>).</p>
<p>Otra cuesti&#x00F3;n relevante por estudiar son los procesos de generizaci&#x00F3;n de las ocupaciones y los mercados laborales, a los que Hirata describe del modo siguiente: &#x201C;M&#x00E1;s que la supresi&#x00F3;n de la divisi&#x00F3;n sexual del trabajo, lo que se produce permanentemente es el continuo desplazamiento de fronteras entre lo masculino y femenino&#x201D; (<xref ref-type="bibr" rid="ref17">1997b, p. 63</xref>). Quiz&#x00E1; el argumento m&#x00E1;s desarrollado al respecto es el de la feminizaci&#x00F3;n, que cobra varias acepciones, pero aqu&#x00ED; interesa recuperarla en el sentido de la instrumentaci&#x00F3;n de la divisi&#x00F3;n sexual del trabajo y las jerarqu&#x00ED;as de g&#x00E9;nero en funci&#x00F3;n de habilidades o rasgos espec&#x00ED;ficos atribuidos por &#x201C;naturaleza&#x201D; a las mujeres &#x2014;como el cuidado o la sumisi&#x00F3;n&#x2014;, que permiten asignarles tareas en fases simples de la producci&#x00F3;n y contar con fuerza de trabajo controlable o disciplinada, que puede ser retribuida a un menor precio que la masculina (<xref ref-type="bibr" rid="ref32">Standing, 1999</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="ref1">Caraway, 2005</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="ref21">Kergoat, 1997a</xref>).</p>
<p>Luego, el estudio de las actividades consideradas reproductivas desde estas mismas claves permite ver su complejidad e imbricaci&#x00F3;n con los procesos de acumulaci&#x00F3;n capitalista a lo largo del tiempo. Por ejemplo, los primeros escritos que problematizaban la naturaleza del trabajo dom&#x00E9;stico inclu&#x00ED;an demandas por el reconocimiento monetario &#x2014;salarizaci&#x00F3;n&#x2014;, bajo la apuesta de generar autonom&#x00ED;a para quienes lo ejecutaban, generalmente mujeres (<xref ref-type="bibr" rid="ref6">Federici, 2013, p&#x00E1;gs. 35, 44</xref>). Investigaciones m&#x00E1;s recientes han sido dedicadas a mostrar el origen colonial, la l&#x00F3;gica colonialista y racializada detr&#x00E1;s de esta forma de trabajo &#x2014;primero como servidumbre, luego como trabajo asalariado&#x2014; (<xref ref-type="bibr" rid="ref4">Cumes, 2014</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="ref14">Goldsmith, 1998</xref>).</p>
<p>En continuidad, una agenda de investigaci&#x00F3;n abierta m&#x00E1;s recientemente ha sido la del estudio del trabajo de cuidados &#x2014;infancias, tercera edad, discapacidades&#x2014;, que se distingue del trabajo dom&#x00E9;stico en cuanto al car&#x00E1;cter espec&#x00ED;ficamente personal de las actividades y remite a la imposibilidad de disociar la capacidad productiva de la necesidad de supervivencia de los seres humanos. Estas tareas han sido realizadas principalmente por mujeres en el marco del espacio dom&#x00E9;stico y privado, y han experimentado un proceso de monetizaci&#x00F3;n y pasado a formar parte de la econom&#x00ED;a de servicios (<xref ref-type="bibr" rid="ref10">Fraga, 2018</xref>). Incluso algunos aportes han mostrado la impronta de divisi&#x00F3;n territorial (desigual) del trabajo de cuidados en las formas que este ha cobrado en el contexto del capitalismo globalizado: como encadenamientos econ&#x00F3;micos (<xref ref-type="bibr" rid="ref38">Yeates, 2012</xref>).</p>
<p>Existen dos agendas de investigaci&#x00F3;n que desde su origen constituyen una ruptura con la mirada dicot&#x00F3;mica del mundo del trabajo y quiz&#x00E1;s adoptan una perspectiva m&#x00E1;s completa sobre el ciclo de producci&#x00F3;n capitalista. Una es la de los estudios sobre el trabajo sexual, que ha sido reconstruido hist&#x00F3;ricamente y mostrado su papel en la reposici&#x00F3;n de la fuerza de trabajo &#x2014;de mayor&#x00ED;a masculina&#x2014;, y su dimensi&#x00F3;n privada &#x2014;pareja&#x2014; y p&#x00FA;blica &#x2014;los mercados sexuales&#x2014;, as&#x00ED; como el car&#x00E1;cter generizado de los sujetos del intercambio, en particular que las personas trabajadoras son predominantemente mujeres y las otras son feminizadas (<xref ref-type="bibr" rid="ref34">Tinat y Laverde, 2021</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="ref6">Federici, 2013, pp. 45, 50</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="ref19">Hoffman y Cabrapa, 2019</xref>).</p>
<p>La otra agenda es la del trabajo alimentario, tanto remunerado como no remunerado. Por ahora es posible destacar algunos estudios que han hecho &#x00E9;nfasis en las actividades y tareas que realizan mujeres en el marco de estrategias de supervivencia; estos muestran la conexi&#x00F3;n inextricable entre el espacio dom&#x00E9;stico y el mercado en varios sentidos: 1) este tipo de trabajo es necesario para sostener la vida de las familias y sus integrantes; 2) dado que los hogares no producen los productos que consumen, tienen que comprarlos, y 3) cuando es necesario complementar ingresos, las mujeres acuden a vender el producto de este trabajo: comida (<xref ref-type="bibr" rid="ref37">Villag&#x00F3;mez, 2021</xref>).</p>
<p>Ambas agendas comparten que tanto el trabajo sexual como el alimentario est&#x00E1;n imbuidos de una fuerte carga mental y emocional &#x2014;el llamado trabajo afectivo&#x2014;, lo que pone una vez m&#x00E1;s en evidencia que no se puede separar al trabajador del trabajo que realiza, por tanto, no puede sostenerse la separaci&#x00F3;n entre los aspectos productivos y reproductivos de la actividad humana (<xref ref-type="bibr" rid="ref25">Nieto, 2017</xref>).</p>
<p>En suma, las claves aportadas por la econom&#x00ED;a feminista conllevan la transformaci&#x00F3;n de la agenda de investigaci&#x00F3;n y la manera de estudiar el trabajo en el momento hist&#x00F3;rico actual. Dos son los aportes metodol&#x00F3;gicos que aqu&#x00ED; conviene recuperar: la divisi&#x00F3;n sexual del trabajo no es natural, sino es hist&#x00F3;rica; nuestros an&#x00E1;lisis tendr&#x00ED;an que asumir una perspectiva din&#x00E1;mica y procesual capaz de captar el cambio social, pero tambi&#x00E9;n explicar las persistentes desigualdades (<xref ref-type="bibr" rid="ref24">Mies, 2019, pp. 109, 113</xref>). Enseguida, si el g&#x00E9;nero es mucho m&#x00E1;s que una categor&#x00ED;a de adscripci&#x00F3;n y diferenciaci&#x00F3;n, los objetos de estudio a reconstruir tienen que ser las relaciones sociales situadas y evitar la designaci&#x00F3;n de individuos, grupos o espacios como productivos o reproductivos. Tal como han se&#x00F1;alado algunas autoras, es necesario estudiar las conjunciones espec&#x00ED;ficas en tiempo y espacio (<xref ref-type="bibr" rid="ref21">Kergoat, 1997a, p&#x00E1;gs. 22, 29</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="ref17">Hirata, 1997b, pp. 60, 62</xref>). Y si se toma esto &#x00FA;ltimo como el reto mayor, los estudios del trabajo tienen que trascender la mirada disciplinar y al menos proponerse di&#x00E1;logos multidisciplinares.</p>
</sec>
</body>
<back>
<bio>
<title>Leslie Lemus Barahona</title>
<p>Doctora en Ciencia Social con especialidad en Sociolog&#x00ED;a, de El Colegio de M&#x00E9;xico. Maestra en Ciencias Sociales, del Posgrado Centroamericano de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales &#x2014;Sedes Acad&#x00E9;micas Guatemala y Costa Rica&#x2014;. Licenciada en Ciencias Pol&#x00ED;ticas con Orientaci&#x00F3;n en An&#x00E1;lisis y Prospectiva, de la Universidad Rafael Land&#x00ED;var (Guatemala).</p>
<p>En su trayectoria docente y de investigaci&#x00F3;n tambi&#x00E9;n ha abordado t&#x00F3;picos relativos a estudios de juventud, perspectiva de g&#x00E9;nero, relaciones &#x00E9;tnicas y violencia urbana. Tiene conocimientos en m&#x00E9;todos cuantitativos y cualitativos, as&#x00ED; como en la aplicaci&#x00F3;n de metodolog&#x00ED;as mixtas. En su an&#x00E1;lisis privilegia perspectivas relacionales y procesuales derivadas de los aportes de la sociolog&#x00ED;a hist&#x00F3;rica.</p>
</bio>
<notes>
<fn-group>
<fn id="fn1" fn-type="other"><label>1</label><p>La necesidad de profundizar en la reflexi&#x00F3;n sobre este hecho debemos encontrarla en la expresi&#x00F3;n extrema de la reproducci&#x00F3;n humana como trabajo y que observamos en fen&#x00F3;menos contempor&#x00E1;neos como la maternidad subrogada (<xref ref-type="bibr" rid="ref28">Olavarr&#x00ED;a, 2018</xref>).</p></fn>
<fn id="fn2" fn-type="other"><label>2</label><p>La contrapartida a este argumento es que la divisi&#x00F3;n social del trabajo es resultado de la complejizaci&#x00F3;n de la sociedad, pues la especializaci&#x00F3;n deviene como necesaria para la coordinaci&#x00F3;n del conjunto del cuerpo social y resulta por ello funcional (<xref ref-type="bibr" rid="ref11">Freidson, 1976</xref>). La cr&#x00ED;tica fundamental a esta visi&#x00F3;n es que omite las desigualdades y el conflicto realmente existente.</p></fn>
<fn id="fn3" fn-type="other"><label>3</label><p>La autora se adscribe a una corriente que impugna la forma en que la Historia como disciplina ha periodizado el desarrollo de las sociedades humanas, por considerarla androc&#x00E9;ntrica y patriarcal. De manera concreta, se cuestiona llamarle &#x201C;matriarcado&#x201D; a las sociedades y formas de organizaci&#x00F3;n social prehist&#x00F3;ricas, porque esto supondr&#x00ED;a que las mujeres establecieron sistemas sociales basados en la dominaci&#x00F3;n, asunto que ella pone en tela de juicio en su obra (<xref ref-type="bibr" rid="ref24">Mies, 2019, p. 116</xref>).</p></fn>
<fn id="fn4" fn-type="other"><label>4</label><p>Este razonamiento se enmarca en una disputa por dotar de estatuto humano al trabajo de las mujeres, en el marco de una discusi&#x00F3;n amplia sobre el concepto de trabajo.</p></fn>
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