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<journal-title>Ciencia Pol&#x00ED;tica</journal-title>
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<article-title>Presentaci&#x00F3;n</article-title>
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<p>Un amargo sabor de boca parec&#x00ED;a mantenerse y hacerse m&#x00E1;s severo mientras trascurr&#x00ED;an las cavilaciones realistas y decepcionadas de Antonio Gramsci, te&#x00F3;rico y dirigente pol&#x00ED;tico de la izquierda italiana, en tiempos de la primera posguerra mundial. Corr&#x00ED;a el final de la convulsa d&#x00E9;cada de 1910 y los inicios de los llamados &#x201C;felices a&#x00F1;os veinte&#x201D;, sobrenombre que gan&#x00F3; tal &#x00E9;poca por el desasosiego que reinaba entre las poblaciones europeas despu&#x00E9;s del paso desolador y traum&#x00E1;tico de la entonces denominada Gran Guerra: una confrontaci&#x00F3;n dantesca no proyectada por las potencias en su posibilidad y, mucho menos, en su envergadura (<xref ref-type="bibr" rid="ref18">Hobsbawm, 1995, pp. 29-32</xref>). Pero Gramsci, un convencido marxista, parec&#x00ED;a no animarse con ese ambiente de relajaci&#x00F3;n poscatastr&#x00F3;fica. Era inundado por oleadas de escepticismo al prever como irrepetible el proceso de la Revoluci&#x00F3;n de Octubre de 1917, aquella que en medio de un proceso complejo y le&#x00ED;do estrat&#x00E9;gicamente por Vladimir Lenin socav&#x00F3; el sistema de dominaci&#x00F3;n cuasifeudal que hab&#x00ED;an sostenido desde el siglo XVII los zares Romanov en Rusia y que llev&#x00F3; a los bolcheviques al poder (<xref ref-type="bibr" rid="ref6">Caro, 2006</xref>). Al menos no parec&#x00ED;a existir una posibilidad semejante en Alemania o en Italia, encaraba Gramsci: en enero de 1919 la Liga Espartaquista hab&#x00ED;a fallado en su intento de revoluci&#x00F3;n en los territorios alemanes y la Huelga General de los obreros del norte de Italia, pese a dos a&#x00F1;os de arduo trabajo de movilizaci&#x00F3;n de los Consejos de F&#x00E1;brica, tambi&#x00E9;n hab&#x00ED;a culminado con un parte de derrota en 1920. </p>
<p>A ese escepticismo que embargaba a nuestro autor se le sumaba cierta desilusi&#x00F3;n al observar la falta de movilizaci&#x00F3;n popular amplia que se esperaba acompa&#x00F1;ara a los proyectos pol&#x00ED;ticos anticapitalistas. Los marxistas m&#x00E1;s ortodoxos hab&#x00ED;an se&#x00F1;alado que el hambre y la sobreexplotaci&#x00F3;n, originados por las contradicciones del sistema, dar&#x00ED;an base a sentimientos de injusticia y sin duda a levantamientos sociales. Pese a la profec&#x00ED;a, la coyuntura europea posb&#x00E9;lica vociferaba otra cosa. Las masas empobrecidas parec&#x00ED;an estar m&#x00E1;s bien embelesadas en una suerte de enamoramiento con las propuestas nacionalistas que promet&#x00ED;an el renacimiento de las otrora gloriosas naciones; de hecho, as&#x00ED; lo constataba Gramsci en su propia tierra, pues Benito Mussolini ganaba en la apuesta de movilizaci&#x00F3;n de las masas con un discurso que promet&#x00ED;a venganza y resurgimiento para una Italia lastimada por los tratados del fin de la Guerra. La desilusi&#x00F3;n frente a las propuestas pol&#x00ED;ticas que emerg&#x00ED;an despu&#x00E9;s de la Revoluci&#x00F3;n Rusa se hac&#x00ED;a todav&#x00ED;a mayor con el ascenso de la figura de Joseph Stalin y su proceder de burocracia gris y mano dura en la direcci&#x00F3;n de la Uni&#x00F3;n de Rep&#x00FA;blicas Socialistas Sovi&#x00E9;ticas (<xref ref-type="bibr" rid="ref23">Portantiero, 1977</xref>). La utop&#x00ED;a era ensombrecida en el sentir de Gramsci con la imagen que iba tomando el socialismo real y con la falta de terreno propicio para la expansi&#x00F3;n de la punta de lanza revolucionaria. </p>
<p>En medio de tal contexto y ya encarcelado por el r&#x00E9;gimen fascista italiano en calidad de preso pol&#x00ED;tico, Gramsci se dedic&#x00F3; a reflexionar el porqu&#x00E9; de esa coyuntura de derrota: se consagr&#x00F3; a pensar por qu&#x00E9; si el hambre ya hab&#x00ED;a arreciado, la guerra corro&#x00ED;do los poblados y la revoluci&#x00F3;n socialista hab&#x00ED;a triunfado en un gigantesco territorio no se lograba la alianza y movilizaci&#x00F3;n popular revolucionaria extendida en Europa. En los <italic>Cuadernos de la c&#x00E1;rcel, </italic>descifrables en su motivo al tener en cuenta este encuadre, guiado por esa preocupaci&#x00F3;n, el autor detect&#x00F3; la existencia de un sistema m&#x00E1;s extenso de dominaci&#x00F3;n que manten&#x00ED;a pasivos o reaccionarios a los sectores populares frente al cambio. &#x201C;[L]a miseria y el hambre pueden provocar convulsiones, revueltas que lleguen incluso a destruir el equilibrio establecido, pero hacen falta muchas otras condiciones para destruir el sistema capitalista&#x201D;, se&#x00F1;alaba (Gramsci citado por: <xref ref-type="bibr" rid="ref23">Portantiero, 1977, p. 56</xref>). </p>
<p>Ahondando en el diagn&#x00F3;stico y en cr&#x00ED;tica al mecanicismo materialista que esperaba el levantamiento social, asentaba categ&#x00F3;ricamente Gramsci, si se deseaba propiciar la lucha revolucionaria era necesario tener en cuenta que la poblaci&#x00F3;n que sufr&#x00ED;a la explotaci&#x00F3;n del capitalismo estaba tambi&#x00E9;n atravesada por un sistema de pensamiento que naturalizaba/ acog&#x00ED;a/llamaba a defender las relaciones de poder que la somet&#x00ED;a. Era pues necesario reconocer que los explotados y empobrecidos tambi&#x00E9;n estaban condicionados por una forma de imaginar el mundo que hac&#x00ED;a ver a ciertas relaciones de dominaci&#x00F3;n o situaciones de privilegio como necesarias, &#x00FA;nicas o irremplazables; por esa v&#x00ED;a se legitimaba un determinado orden social y de reproducci&#x00F3;n de la vida que al estar tan enraizado subjetivamente resultaba dif&#x00ED;cil de corroer o desestabilizar. </p>
<p>&#x00BF;C&#x00F3;mo se hab&#x00ED;a construido esta trampa? Esto suced&#x00ED;a, explicaba el autor, en tanto los seres humanos necesitamos una concepci&#x00F3;n del mundo para dar sentido a nuestras acciones. Por medio de la socializaci&#x00F3;n y la educaci&#x00F3;n acogemos la interpretaci&#x00F3;n de nuestra existencia que est&#x00E1; en circulaci&#x00F3;n en nuestro contexto. Sin pensamiento autocr&#x00ED;tico, convertimos como referente ya impensado de actuaci&#x00F3;n a matrices culturales que validan determinados esquemas organizativos y d&#x00E1;divas de poder sin que despu&#x00E9;s podamos identificarlos como tales. Es decir, en tanto todos los seres humanos somos &#x201C;[&#x2026;] fil&#x00F3;sofos, aunque sea a su manera, inconscientemente, porque en la m&#x00E1;s m&#x00ED;nima manifestaci&#x00F3;n de una actividad intelectual cualquiera, el &#x00AB;lenguaje&#x00BB;, se contiene ya una determinada concepci&#x00F3;n del mundo&#x201D; (<xref ref-type="bibr" rid="ref15">Gramsci, 1978, p. 11</xref>), todos somos susceptibles de este proceso de &#x201C;cooptaci&#x00F3;n&#x201D; filos&#x00F3;fica en la explicaci&#x00F3;n que hacemos del mundo. Reproducimos entonces la matriz vigente de interpretaci&#x00F3;n de nuestra existencia disponible en nuestros &#x00E1;mbitos de socializaci&#x00F3;n, pues all&#x00ED; reposa nuestro aliado de significaci&#x00F3;n y sentido, la reproducimos as&#x00ED; esto suponga subordinaci&#x00F3;n evidente (incluso la propia) pues llegamos a estar convencidos de la inevitabilidad de nuestra realidad. </p>
<p>Ahora bien, Gramsci advert&#x00ED;a que el proceso por el cual un determinado orden social se nos hace imperceptible en su condici&#x00F3;n de creaci&#x00F3;n humana y de tener consecuencias en la distribuci&#x00F3;n y operaci&#x00F3;n del poder, permitiendo que perdamos de vista hasta sus contradicciones, supone largos tiempos y complejos procesos de socializaci&#x00F3;n intensiva con una espec&#x00ED;fica figuraci&#x00F3;n del mundo. Rastreando el origen de estos sistemas de pensamiento que devienen en organizaci&#x00F3;n ya no percibida, puntualizaba, primero nos encontrar&#x00ED;amos con iniciativas interpretativas del mundo elaboradas por algunos intelectuales; hablamos de ideas que circulan en principio entre grupos reducidos, entre sujetos de las &#x00E9;lites. Para ese tiempo cierta explicaci&#x00F3;n del mundo a&#x00FA;n ser&#x00ED;a parte de lo que nuestro autor denomina como &#x00AB;filosof&#x00ED;a de los fil&#x00F3;sofos&#x00BB; (<xref ref-type="bibr" rid="ref15">Gramsci, 1978, p. 44</xref>). A esa etapa le sobrevendr&#x00E1; una en que tal ideaci&#x00F3;n se vuelve cultura. En derivaci&#x00F3;n de una victoria pol&#x00ED;tica, el esquema interpretativo se convierte en lineamiento referente para la acci&#x00F3;n de una colectividad. La ahora &#x00AB;cultura filos&#x00F3;fica&#x00BB;, a decir de <xref ref-type="bibr" rid="ref15">Gramsci (1978, p. 41)</xref>, estar&#x00E1; acompasada de una &#x201C;&#x00E9;tica adecuada a su estructura&#x201D; (<xref ref-type="bibr" rid="ref15">Gramsci, 1978, p. 42</xref>), esto es, tendr&#x00E1; por soporte para su reproducci&#x00F3;n a una f&#x00F3;rmula con la que se valora impl&#x00ED;citamente todas las actividades humanas con miras a verificar el cumplimiento de lo colectivamente aceptado. Por &#x00FA;ltimo, la socializaci&#x00F3;n cotidiana con esa cultura y con la &#x00E9;tica derivada de ella, as&#x00ED; como el respaldo que recibe esa concepci&#x00F3;n de parte de los cuadros pol&#x00ED;ticos dirigentes, lleva a que una idea &#x2014;que recordemos en principio era monopolio de unos cuantos intelectuales&#x2014; se acabe convirtiendo en norma de comportamiento. Con ese proceso expansivo, la interpretaci&#x00F3;n del mundo de reducido tr&#x00E1;nsito, la filosof&#x00ED;a antes lejana, toma la forma de &#x201C;religi&#x00F3;n de grandes masas&#x201D; (<xref ref-type="bibr" rid="ref15">Gramsci, 1978, p. 41</xref>). En ese &#x00FA;ltimo estadio ya no existe una reflexi&#x00F3;n por parte del sujeto operante sobre el origen del esquema que dirige su acci&#x00F3;n, ni de la estructura de poder que ella ayuda a reproducir, nos dice Gramsci. A este punto se hace invisible el desequilibrio de poder y tambi&#x00E9;n pasan inadvertidos los privilegios de algunos que en el marco cultural asentado son vistos como mandatarios naturales. Cumplida la trayectoria, la ideaci&#x00F3;n inicial se ha hecho hegemon&#x00ED;a, se ha hecho una estructura de lo impensado.<xref ref-type="fn" rid="fn1"><sup>1</sup></xref></p>
<p>Pues bien, tal explicaci&#x00F3;n le permit&#x00ED;a a Gramsci desentra&#x00F1;ar el origen de la crisis sociopol&#x00ED;tica por la que se atravesaba en su tiempo y proponer una estrategia dirigida a develar y desestabilizar estos sistemas de pensamiento que crean mundos en desbalance, mundos injustos y violentos, pero aceptados como naturales y resultado de lo que los contempor&#x00E1;neos piensan como &#x00FA;nica forma posible de existencia. Pero el pensamiento estrat&#x00E9;gico de Gramsci no cerraba con ese diagn&#x00F3;stico. Se&#x00F1;alaba que el primer paso para encauzar la lucha y hacer viable otra organizaci&#x00F3;n social implicaba &#x201C;[&#x2026;] sistematizar cr&#x00ED;tica y coherentemente las propias intuiciones del mundo y de la vida&#x201D;. Proyectaba as&#x00ED; el papel de intelectuales comprometidos (maestros, literatos, artistas) que ayudasen a desestructurar poderes impensados en trabajo con las mayor&#x00ED;as populares (<xref ref-type="bibr" rid="ref2">Aric&#x00F3;, 2005</xref>).</p>
<p>Gramsci no se ocup&#x00F3; de los asuntos relacionados con los roles y lugares de poder entregados a los sujetos en las sociedades de acuerdo con las figuraciones culturales realizadas en torno a los sexos biol&#x00F3;gicos. Evidentemente esto no era parte de su agenda pol&#x00ED;tica ni intelectual. Sin embargo, me parece que el camino al que invit&#x00F3; para el develamiento de las relaciones y producciones culturales que mantienen en la subordinaci&#x00F3;n a amplias poblaciones puede guiarnos en la comprensi&#x00F3;n de la trayectoria, apuesta y resultados que ha implicado la categor&#x00ED;a de g&#x00E9;nero en las Ciencias Sociales y las Humanidades. La historia de esta plataforma para el an&#x00E1;lisis social y para la cr&#x00ED;tica de lo establecido &#x2014;esto en tanto permite notar relaciones de poder que originan marginaciones o vulneraciones con base en argumentos biologicistas&#x2014;, tiene sus ra&#x00ED;ces en las dudas epistemol&#x00F3;gicas sembradas por acad&#x00E9;micas feministas desde finales de la d&#x00E9;cada de 1960. Bien podemos decir recurriendo a lo aprendido antes con Gramsci, que estas intelectuales encontraron que exist&#x00ED;a una hegemon&#x00ED;a plenamente inadvertida: ellas hallaron que exist&#x00ED;a una organizaci&#x00F3;n de los cuerpos hecha sentido com&#x00FA;n que hac&#x00ED;a pasar por destino biol&#x00F3;gico algo que era hist&#x00F3;rico y profundamente redituable en t&#x00E9;rminos de concentraci&#x00F3;n de poder para algunos. Pero deteng&#x00E1;monos solo un poco para recordar y constatar c&#x00F3;mo el pensamiento autocr&#x00ED;tico de estas analistas origin&#x00F3; un cambio fundamental para nuestras disciplinas al demostrar la extensi&#x00F3;n que en ellas ten&#x00ED;a el sesgo basado en la hegemon&#x00ED;a de la cultura de g&#x00E9;nero androc&#x00E9;ntrica, patriarcal y binaria. </p>
<p>En principio, verificando la marginaci&#x00F3;n de las causas de las mujeres en las banderas m&#x00E1;s amplias y grupos movilizados a finales de la d&#x00E9;cada de 1960 en Occidente y pregunt&#x00E1;ndose sobre el porqu&#x00E9; de tal tratamiento peyorativo, estas intelectuales hallaron y resaltaron el vac&#x00ED;o que atravesaba a las reconstrucciones realizadas por los cient&#x00ED;ficos y analistas sociales con respecto a la experiencia vital de las mujeres tanto en otras &#x00E9;pocas como en el presente. Tras un examen consistente de lo producido en sus disciplinas a esa fecha, dictaminaron estas acad&#x00E9;micas de &#x00E1;nimo cr&#x00ED;tico, las mujeres aparec&#x00ED;an diluidas en una masa confusa de &#x00AB;lo humano&#x00BB;; una masa que al ser observada a detalle se revelaba perfilada a imagen y semejanza de las de los hombres, de sus espacios y sus experiencias (<xref ref-type="bibr" rid="ref20">Lerner, 1975</xref>). En caso de aparecer, las plumas de sus colegas &#x2014;hombres y mujeres&#x2014; las delimitaban actuando en los m&#x00E1;rgenes de estereotipos que las hac&#x00ED;an sujetos muy poco seductores para el estudio a profundidad: siempre ocupando los mismos espacios, siempre a cargo de esas tareas cotidianas que se borran y deben rehacerse mec&#x00E1;nicamente &#x2014;como dec&#x00ED;a Virginia Woolf a principios del siglo XX&#x2014;. Pero su propio presente les se&#x00F1;alaba a estas investigadoras que ellas mismas estaban siendo relegadas o invisibilizadas del momento que promet&#x00ED;a rehacer el mundo y no propiamente por fruto de su intenci&#x00F3;n o capacidades. </p>
<p>Frente a esa &#x00AB;experiencia de vac&#x00ED;o&#x00BB; por la que atravesaron al buscar la presencia de las mujeres en el foco de an&#x00E1;lisis social y tambi&#x00E9;n la explicaci&#x00F3;n del lugar de subordinaci&#x00F3;n que ellas experimentaban en la mayor&#x00ED;a de las situaciones y esquemas sociales en Occidente, estas investigadoras dudaron de la f&#x00F3;rmula de interpretaci&#x00F3;n del mundo que hab&#x00ED;a homogenizado y estereotipado a las mujeres releg&#x00E1;ndolas en el mundo de la vida y en la producci&#x00F3;n de conocimiento. As&#x00ED; las cosas, parafraseando a <xref ref-type="bibr" rid="ref11">Teresa De Lauretis (1991, p. 176)</xref>, resulta claro que la conciencia de la situaci&#x00F3;n no fue el resultado sino la condici&#x00F3;n del proceso de fractura habilitado en nuestras disciplinas por la duda feminista. </p>
<p>A contracorriente &#x2014;como sucede en todo aliento contrahegem&#x00F3;nico&#x2014; iniciaron entonces una tarea de recuperaci&#x00F3;n de las historias y sujetos del vac&#x00ED;o y, a partir de ella, de interpelaci&#x00F3;n del c&#x00FA;mulo de conocimiento inventariado a la fecha por las Ciencias Sociales y las Humanidades (<xref ref-type="bibr" rid="ref14">Gordon, Joo y Schrom, 1976</xref>). Haciendo un an&#x00E1;lisis de las distintas experiencias de las mujeres, entre otras cosas, encontraron que la concepci&#x00F3;n de &#x00AB;mujer&#x00BB;, as&#x00ED; como las disciplinas impuestas sobre sus cuerpos y los roles esperados de ellas, no eran iguales para todas (variaba de acuerdo con la edad, la situaci&#x00F3;n educativa, econ&#x00F3;mica, &#x00E9;tnica, ubicaci&#x00F3;n en el sistema-mundo, direcci&#x00F3;n del deseo, etc.) y que tales ideaciones tampoco eran asuntos est&#x00E1;ticos ni organizados en sentido evolutivo en el transcurrir hist&#x00F3;rico con respecto al alcance de libertades (<xref ref-type="bibr" rid="ref13">Gadol, 1990</xref>). Las mujeres deb&#x00ED;an ser reconocidas en su pluralidad para corroer la impl&#x00ED;cita referencia a un &#x00AB;eterno femenino&#x00BB;, puntualizaron entonces. Generaban as&#x00ED; una ruptura frente a un par&#x00E1;metro de sentido com&#x00FA;n que se&#x00F1;alaba que por fruto de la naturaleza las mujeres siempre, sin importar su condici&#x00F3;n particular y en el pasado a&#x00FA;n m&#x00E1;s que en el presente, hab&#x00ED;an ocupado el mismo tipo de funciones sociales y permanecido en condici&#x00F3;n de marginalidad/pasividad en la construcci&#x00F3;n y desempe&#x00F1;o de sus sociedades. Por tal v&#x00ED;a, rehaciendo huellas y constituyendo nuevas fuentes, muchos rastros fueron recuperados a la vista de los estudiosos sociales. </p>
<p>Verificando el aporte realizado hasta la primera mitad de la d&#x00E9;cada de 1970 en esta l&#x00ED;nea de trabajo, la historiadora Natalie Zemon Davis anot&#x00F3; en 1976 que el desaf&#x00ED;o ya no radicaba en rescatar la presencia femenina y en denunciar el lugar de subordinaci&#x00F3;n creado para las mujeres, sino en entender &#x201C;[&#x2026;] el significado de los sexos, de los grupos de g&#x00E9;nero en el pasado hist&#x00F3;rico&#x201D; [traducci&#x00F3;n propia], ese que avalaba la condici&#x00F3;n distinta y subordinada de ellas y de lo femenino en el relacionamiento cotidiano y que suele pasar inadvertido en su calidad de construcci&#x00F3;n sociocultural (<xref ref-type="bibr" rid="ref10">Davis, 1976, p. 90</xref>). Es decir, en una traducci&#x00F3;n a los t&#x00E9;rminos gramscianos, Davis invitaba a dar pasos en una agenda acad&#x00E9;mica comprometida en explicar c&#x00F3;mo surgi&#x00F3; ese orden de los cuerpos que relegaba y subordinaba a determinados sujetos y deseos y qu&#x00E9; trayectoria sigui&#x00F3; para tomar la calidad de hegemon&#x00ED;a. </p>
<p>La disrupci&#x00F3;n inicial, que no s&#x00F3;lo se quedaba en un debate abstracto sino tambi&#x00E9;n en luchas cotidianas por la apertura de espacios en las instituciones universitarias y de investigaci&#x00F3;n, fue alimentada en la d&#x00E9;cada de 1980 con los insumos del giro ling&#x00FC;&#x00ED;stico propiciado por el posestructuralismo franc&#x00E9;s (Morgan, 2006). Con ese segundo referente las intelectuales feministas se&#x00F1;alaron que detr&#x00E1;s del signo (la palabra &#x00AB;mujer&#x00BB;, por ejemplo) se encontraban distintos significados, plagados de relaciones y consecuencias de poder para los cuerpos. Por ese camino se concluy&#x00F3; con evidencias hist&#x00F3;ricas, antropol&#x00F3;gicas y sociol&#x00F3;gicas y en debate con la explicaci&#x00F3;n biologicista que &#x201C;[n]o existe una esencia de lo que es la feminidad (o la masculinidad) que pueda proporcionar un sujeto estable para nuestras historias; s&#x00F3;lo est&#x00E1;n las repeticiones sucesivas de una palabra que carece de referente fijo y que, por ende, no significa lo mismo&#x201D; (<xref ref-type="bibr" rid="ref25">Scott, 2008, p. 1426</xref>) [traducci&#x00F3;n propia]. </p>
<p>As&#x00ED; las cosas, tal y como Gayle Rubin lo hab&#x00ED;a propuesto en 1975, se indic&#x00F3; que al observar la experiencia humana de los cuerpos tendr&#x00ED;amos que denotar la existencia de una sexualidad biol&#x00F3;gica y tambi&#x00E9;n de una construcci&#x00F3;n discursiva de la diferencia sexual: esta &#x00FA;ltima convierte a <italic>machos </italic>y <italic>hembras </italic>en las figuras de hombres y mujeres hist&#x00F3;ricamente situadas. Es decir, esa segunda construcci&#x00F3;n supone limitaciones o represiones de ciertas posibilidades para los cuerpos y los deseos, as&#x00ED; como la exacerbaci&#x00F3;n de algunas caracter&#x00ED;sticas biol&#x00F3;gicas con miras a hacer m&#x00E1;s r&#x00ED;gidas las divisiones creadas culturalmente, todo ello dependiendo de los referentes ideol&#x00F3;gicos de quienes se encuentren ocupando o influenciando el poder pol&#x00ED;tico. En tal orden de ideas se cristaliz&#x00F3; como referente, en palabras de Joan Scott (1990), que &#x201C;&#x00AB;hombre&#x00BB; y &#x00AB;mujer&#x00BB; son al mismo tiempo categor&#x00ED;as vac&#x00ED;as y rebosantes. Vac&#x00ED;as porque carecen de un significado &#x00FA;ltimo, trascendente. Rebosantes, porque aun cuando parecen estables, contienen en su seno definiciones alternativas, negadas o eliminadas&#x201D; (p. 55). Esto es, comprendimos que las categor&#x00ED;as referidas a los cuerpos y los deseos son conceptos empapados y productores de relaciones de poder. El g&#x00E9;nero, esa estructura que entrega roles a los cuerpos sexuados, que demanda y dispone disciplinas sobre ellos y las emociones, y que se inserta profundamente en la creaci&#x00F3;n de subjetividades funcionando como fuente de par&#x00E1;metros organizadores de la vida en colectividad, se convirti&#x00F3; as&#x00ED; desde mediados de los a&#x00F1;os ochenta en materia de estudio habilitando temas, sujetos y fuentes hasta entonces intocados y animando a la revisi&#x00F3;n cr&#x00ED;tica de lo que hasta ese momento eran datos desestabilizados o descuidados por nuestras ciencias. </p>
<p>En s&#x00ED;ntesis anal&#x00ED;tica de los elementos te&#x00F3;ricos que retom&#x00E1;bamos de Gramsci y lo ahora comentado de esta trayectoria epistemol&#x00F3;gica, podemos decir que gracias al trabajo de las estudiosas feministas de las mujeres y del g&#x00E9;nero hoy nos percatamos que socializamos en medio de una construcci&#x00F3;n sociocultural de los significados de los cuerpos y con ello de sus posibilidades de deseos, actitudes y emociones, una construcci&#x00F3;n que es fruto de una figuraci&#x00F3;n de la condici&#x00F3;n humana que se ha hecho hegemon&#x00ED;a y que tiene entre sus estrategias discursivas reclamar como proveniente de lo biol&#x00F3;gico aquel orden que pondera como deseable. En una segunda l&#x00ED;nea de incidencia, no podemos dejar de advertirlo, el empuje feminista ha puesto en duda el camino habilitado por las ciencias sociales positivistas para entrar en contacto con la realidad. Profundizando en el paradigma interpretativista, ha llamado a reconocer los privilegios que existen en la producci&#x00F3;n de conocimiento, invitado a los agentes del mismo a denotar la forma en que su subjetividad interviene y se transforma en el contacto con lo estudiado y a descentrarse como protagonistas de la interpretaci&#x00F3;n de la vivencia de los &#x201C;subordinados&#x201D; (<xref ref-type="bibr" rid="ref8">Curiel, 2014</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="ref16">Haraway, 1991</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="ref17">Harding, 1987</xref>). </p>
<p>No pensemos en todo caso que a partir de esta fractura se cre&#x00F3; una nueva <italic>doxa</italic> que se ha mantenido inamovible; de hecho, gracias a mantener viva la duda y el deseo de debate, la fisura se ha profundizado. Las voces cr&#x00ED;ticas de mujeres provenientes o en an&#x00E1;lisis de las disidencias sexogen&#x00E9;ricas a la heteronorma (<xref ref-type="bibr" rid="ref1">Anzald&#x00FA;a, 2016</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="ref5">Butler, 1997</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="ref24">Preciado, 2005</xref>), de los colectivos en lucha desde reivindicaciones &#x00E9;tnicas y anticoloniales (<xref ref-type="bibr" rid="ref7">Collins, 2012</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="ref21">Lugones, 2014</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="ref22">Mohanty, 2008</xref>), de los cruces productivos con las denuncias de las explotaciones de diverso calibre (<xref ref-type="bibr" rid="ref9">Davis, 2005</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="ref12">Federici, 2021</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="ref27">Valencia, 2022</xref>) y de los movimientos de mujeres asentados en el Sur que no se identifican con la etiqueta de los feminismos (<xref ref-type="bibr" rid="ref3">Bidaseca, 2009</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="ref26">Segato, 2010</xref>), han mantenido en efervescencia ese &#x00E1;nimo inici&#x00E1;tico de develamiento del encuadre simplificador de la existencia humana que intenta hacer la hegemon&#x00ED;a de la estructura de g&#x00E9;nero patriarcal, binaria y heteronormada antes intocada. </p>
<p>A m&#x00E1;s de cuatro d&#x00E9;cadas de uso de la categor&#x00ED;a de g&#x00E9;nero en nuestra &#x00E1;rea de estudio, la revista <italic>Ciencia Pol&#x00ED;tica</italic> hace por medio del presente dossier un balance de las fracturas que abri&#x00F3; esta herramienta cr&#x00ED;tica en las Ciencias Sociales y las Humanidades, del camino avanzado en nuestras diferentes disciplinas en cubrimiento de lo otrora invisibilizado y tambi&#x00E9;n de las paradojas y retos que debemos enfrentar en sus empleos actuales si queremos mantener vivo el esp&#x00ED;ritu cr&#x00ED;tico que permiti&#x00F3; su surgimiento y cimentaci&#x00F3;n. En tiempos en que empiezan a subir de tono los reclamos reaccionarios bajo banderas antig&#x00E9;nero y/o antifeministas, este recorrido nos ayuda a reafirmar el aporte que ha significado este pensamiento de ruptura para denunciar espec&#x00ED;ficas formas sociales que atentan contra la dignidad y proyectos de ciertos individuos o poblaciones al reducirles en su potencia o estigmatizarles. La categor&#x00ED;a de g&#x00E9;nero, tendremos oportunidad de verificar con el contenido que aqu&#x00ED; compartimos, no s&#x00F3;lo ha complejizado el conocimiento producido por nuestras disciplinas, tambi&#x00E9;n ha permitido reclamar y construir sociedades m&#x00E1;s justas. Parafraseando a J. Scott, reafirmamos, es una categor&#x00ED;a &#x00FA;til para el an&#x00E1;lisis y la transformaci&#x00F3;n social en t&#x00E9;rminos de ampliaci&#x00F3;n de la garant&#x00ED;a de la dignidad humana. </p>
<p>Iniciamos nuestro recorrido de balance y an&#x00E1;lisis de la reconfiguraci&#x00F3;n epistemol&#x00F3;gica lograda por la categor&#x00ED;a de g&#x00E9;nero con los aportes de Valentina L&#x00F3;pez Agudelo, Mar&#x00ED;a Fernanda &#x00C1;lvarez Torres y Leila Selena Zimmerman que muestran la estrecha conexi&#x00F3;n que existe entre este campo de indagaci&#x00F3;n y las luchas sociales interesadas en abrir espacios de participaci&#x00F3;n y reconocimiento para sujetos hist&#x00F3;ricamente invisibilizados por estructuras patriarcales. Resaltan todas ellas la apuesta pol&#x00ED;tica que sigue suponiendo adelantar investigaciones en uso de la categor&#x00ED;a de g&#x00E9;nero. En un segundo momento, con los aportes de Helena Varela Guinot y Alma Boh&#x00F3;rquez Rodr&#x00ED;guez, veremos el impacto que ha tenido la categor&#x00ED;a para pensar los l&#x00ED;mites de lo pol&#x00ED;tico (aquello con potencial de escalar a punto de discusi&#x00F3;n colectiva) y la pol&#x00ED;tica (como lugar de disputa para dirigir la organizaci&#x00F3;n de lo com&#x00FA;n). Verifican estas autoras ese hilo comunicante entre lo personal y lo pol&#x00ED;tico, siempre en ciclo de retroalimentaci&#x00F3;n. En similar inter&#x00E9;s por describir la reconfiguraci&#x00F3;n de un &#x00E1;rea de an&#x00E1;lisis cl&#x00E1;sico de las Ciencias Sociales, con las contribuciones de Leslie Lemus, Nadia Castillo y Amaranta Cornejo, nos acercaremos a la lectura cr&#x00ED;tica que en torno a los procesos de producci&#x00F3;n y acumulaci&#x00F3;n se ha hecho desde una &#x00E9;tica feminista comprometida con la reproducci&#x00F3;n amplia de la vida y la proyecci&#x00F3;n/reclamo de otro modo de subsistencia. Diana Molina, Patricia Pab&#x00F3;n Mantilla y Mariana Laura Solan, por su parte, ponen sobre la mesa las paradojas que a&#x00FA;n atraviesan la producci&#x00F3;n legislativa y la concepci&#x00F3;n de la justicia cuando se denota que han sido codificadas desde la unicidad androc&#x00E9;ntrica. Pero no s&#x00F3;lo las Ciencias Pol&#x00ED;ticas, la Econom&#x00ED;a, la Sociolog&#x00ED;a o el Derecho, como Ciencias Sociales cl&#x00E1;sicas, han sido conmovidas por la reflexi&#x00F3;n suscitada por el g&#x00E9;nero. As&#x00ED; lo demuestran aqu&#x00ED; las contribuciones de Samira Fajardo Farf&#x00E1;n, Sara Luna Elizarrar&#x00E1;s, Magally Alegre Henderson y &#x00C1;ngel M&#x00E9;ndez Montoya, quienes adelantan itinerarios de verificaci&#x00F3;n de su hondura en las Relaciones Internacionales, los estudios urbanos, la Historia y la Teolog&#x00ED;a, respectivamente. Cerramos nuestro dossier con la rese&#x00F1;a de Silvana Beatriz dos Santos a prop&#x00F3;sito de la obra <italic>G&#x00E9;nero, trabajo y pol&#x00ED;tica. Experiencia, sociabilidad y protesta en la Argentina del siglo XX </italic>(2022), un texto que cruzando los intereses de la historia social y las indagaciones por el g&#x00E9;nero nos muestra la complejidad que esta plataforma anal&#x00ED;tica nos sigue aportando. </p>
<p>Como colof&#x00F3;n de esta presentaci&#x00F3;n vale la pena recordar que Gramsci anunci&#x00F3; la necesidad de continuidad en el tiempo, cargada de paciencia y creatividad, para cualquier estrategia contrahegem&#x00F3;nica. Los frutos alcanzados por los estudios feministas del g&#x00E9;nero en el cuestionamiento y reconfiguraci&#x00F3;n de las Ciencias Sociales y las Humanidades, tanto en sus procedimientos como en sus alcances, resultan innegables. Tampoco podemos dejar de ver con optimismo el nivel de interpelaci&#x00F3;n logrado desde esta base frente a las instituciones jur&#x00ED;dico-pol&#x00ED;ticas, en especial, en las &#x00FA;ltimas tres d&#x00E9;cadas. No obstante, ante los peligros de la institucionalizaci&#x00F3;n, la cooptaci&#x00F3;n o el vaciamiento de su condici&#x00F3;n cr&#x00ED;tica en medio de la avalancha de producci&#x00F3;n acad&#x00E9;mica que los reclama como parte de su marco interpretativo, deberemos mantenernos en guardia para proteger aquella duda antidogm&#x00E1;tica y siempre dispuesta a entablar di&#x00E1;logo agudo y de dif&#x00ED;cil satisfacci&#x00F3;n que le dio piso a su surgimiento. </p>
<p>En pocas palabras, y retomando los puntos que aqu&#x00ED; hemos compartido, las y los interesados por esta &#x00E1;rea de trabajo y acci&#x00F3;n sociopol&#x00ED;tica deberemos estar dispuestas a proteger y alimentar la condici&#x00F3;n contrahegem&#x00F3;nica de la categor&#x00ED;a de g&#x00E9;nero; esa que permite interpelar y desestabilizar ordenes dados como &#x00FA;nicos bajo la falsa percepci&#x00F3;n de estabilidad con la que se han blindado las ideaciones de los cuerpos. </p>
<p><bold>Nathaly Rodr&#x00ED;guez S&#x00E1;nchez</bold><xref ref-type="fn" rid="fn2"><sup>2</sup></xref></p>
<p>Editora invitada</p>
<p><italic>Universidad Iberoamericana Puebla</italic></p>
</body>
<back>
<notes>
<fn-group>
<fn id="fn1" fn-type="other"><label>1</label><p>La adjetivaci&#x00F3;n que aqu&#x00ED; recuperamos proviene de los par&#x00E1;metros epistemol&#x00F3;gicos a los que convocaba el historiador Fernand Braudel en el estudio del comportamiento humano, advirtiendo que &#x201C;[&#x2026;] el tiempo corto es la m&#x00E1;s caprichosa, la m&#x00E1;s enga&#x00F1;osa de las duraciones&#x201D; (1971, p. 66) e invitando por ello a observar aquello que se asienta con el largo tiempo hasta convertirse en una suerte de formas inconscientes de lo social. &#x201C;Para nosotros, los historiadores, una estructura es indudablemente un ensamblaje, una arquitectura; pero, m&#x00E1;s a&#x00FA;n, una realidad que el tiempo tarda enormemente en desgastar y en transportar. Ciertas estructuras est&#x00E1;n dotadas de tan larga vida que se convierten en elementos estables de una infinidad de generaciones: obstruyen la historia, la entorpecen y, por tanto, determinan su transcurrir. Otras, por el contrario, se desintegran m&#x00E1;s r&#x00E1;pidamente. Pero todas ellas, constituyen, al mismo tiempo, sostenes y obst&#x00E1;culos. [&#x2026;] ha presidido las artes de vivir, de pensar y de creer y ha limitado de antemano, con dureza, la aventura intelectual de los esp&#x00ED;ritus m&#x00E1;s libres&#x201D; (Braudel, 1971, pp. 70-72), nos ense&#x00F1;&#x00F3;.</p></fn>
<fn id="fn2" fn-type="other"><label>2</label><p>Polit&#x00F3;loga egresada de la Universidad Nacional de Colombia e integrante del grupo de investigaci&#x00F3;n en Teor&#x00ED;a Pol&#x00ED;tica Contempor&#x00E1;nea de la misma universidad. Maestra y doctora en Historia por El Colegio de M&#x00E9;xico. Sus campos de inter&#x00E9;s investigativos giran en torno a la historia de las mujeres, los feminismos, el g&#x00E9;nero y la diversidad sexual en Hispanoam&#x00E9;rica. Actualmente se desempe&#x00F1;a como Acad&#x00E9;mica investigadora de Tiempo Completo del Departamento de Ciencias Sociales de la Universidad Iberoamericana Puebla y es miembro del Sistema Nacional de Investigadores Nivel I del Consejo Nacional de Humanidades, Ciencias y Tecnolog&#x00ED;a de M&#x00E9;xico. <bold>Correo de contacto</bold>: 711969@iberopuebla.mx. <bold>Orcid</bold>: https://orcid.org/0000-0001-7408-5439</p></fn>
</fn-group>
</notes>
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<title>Referencias</title>
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