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<journal-id journal-id-type="publisher-id">CP</journal-id>
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<journal-title>Ciencia Pol&#x00ED;tica</journal-title>
<abbrev-journal-title abbrev-type="publisher">Cienc. Politi.</abbrev-journal-title>
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<issn pub-type="epub">2389-7481</issn>
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<publisher-name>Universidad Nacional de Colombia</publisher-name>
<publisher-loc>Colombia</publisher-loc>
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<article-id pub-id-type="doi">10.15446/cp.v15n30.88280</article-id>
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<subject>Otras investigaciones</subject>
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<article-title>Estado del arte sobre el acoso sexual callejero: un estudio sobre aproximaciones te&#x00F3;ricas y formas de resistencia frente a un tipo de violencia basada en g&#x00E9;nero en Am&#x00E9;rica Latina desde el 2002 hasta el 2020</article-title>
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<trans-title xml:lang="en">State of Art on Street Sexual Harassment: A Study on Theoretical Approaches and Forms of Resistance to a Type of Gender-based Violence in Latin America from 2002 to 2020</trans-title>
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<contrib contrib-type="author"><name><surname>L&#x00F3;pez</surname><given-names>Mar&#x00ED;a Claudia</given-names></name><email>abogada.msinfronteras@colectivajusticiamujer.org</email><xref ref-type="aff" rid="aff1"/></contrib>
<aff id="aff1"><institution content-type="original">Corporaci&#x00F3;n Colectiva Justicia Mujer</institution>, <city>Apartad&#x00F3;</city>, <country>Colombia</country></aff>
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<pub-date publication-format="electronic" date-type="pub" iso-8601-date="2020-07">
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<pub-date publication-format="electronic" date-type="pub" iso-8601-date="2020-12">
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<year>2020</year>
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<volume>15</volume>
<issue>30</issue>
<fpage>195</fpage>
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<date date-type="received" iso-8601-date="2020-03-24">
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<copyright-year>2020</copyright-year>
<copyright-holder>Ciencia Pol&#x00ED;tica</copyright-holder>
<license license-type="open-access" xlink:href="http://creativecommons.org/licenses/by-nc/4.0" xml:lang="es"><license-p>Este art&#x00ED;culo est&#x00E1; publicado en acceso abierto bajo los t&#x00E9;rminos de la licencia Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 2.5 Colombia.</license-p>
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<abstract>
<title>Resumen</title>
<p>El acoso sexual callejero es una forma de interacci&#x00F3;n que se da en lugares p&#x00FA;blicos y comprende exhibicionismo, persecuciones, acoso expresivo, f&#x00ED;sico y verbal de contenido sexual y no correspondido. Este estudio indaga las aproximaciones te&#x00F3;ricas e iniciativas sociales sobre el acoso sexual callejero como un tipo de violencia de g&#x00E9;nero en Latinoam&#x00E9;rica. Para ello, se desarroll&#x00F3; una b&#x00FA;squeda en fuentes de informaci&#x00F3;n utilizando ciertos criterios, tales como: espacio p&#x00FA;blico, ciudadan&#x00ED;a sexual, violencia y ciudades seguras. A partir de los textos encontrados se hace una conceptualizaci&#x00F3;n del acoso como t&#x00E9;rmino y como un tipo de violencia; adem&#x00E1;s se clasifica de acuerdo con sus modalidades y su diferencia con otros tipos de acoso seg&#x00FA;n las relaciones de poder, el anonimato, el contexto p&#x00FA;blico, el consentimiento y la connotaci&#x00F3;n sexual. Se concluye que el acoso es un tipo de violencia sexual que afecta el uso del espacio p&#x00FA;blico en condiciones de igualdad.</p>
</abstract>
<trans-abstract xml:lang="en">
<title>Abstract</title>
<p>Street sexual harassment is a form of interaction that takes place in public places and includes exhibitionism, persecution, expressive, physical and verbal harassment of sexual and unrequited content. This study investigates theoretical approaches and social initiatives on street sexual harassment as a form of gender violence in Latin America. For this, a search was carried out in information sources using certain criteria, such as: public space, sexual citizenship, violence and safe cities. From the texts found, a conceptualization of harassment is made as a term and as a type of violence; It is also classified according to its modalities and its difference from other types of harassment according to power relations, anonymity, public context, consent and sexual connotation. It is concluded that harassment is a type of sexual violence that affects the use of public space under conditions of equality.</p>
</trans-abstract>
<kwd-group xml:lang="es">
<kwd>consentimiento</kwd>
<kwd>espacio p&#x00FA;blico</kwd>
<kwd>Feminismo</kwd>
<kwd>mujeres</kwd>
<kwd>piropo</kwd>
<kwd>violencia</kwd>
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<kwd>Compliments</kwd>
<kwd>Consent</kwd>
<kwd>Feminism</kwd>
<kwd>Public Space</kwd>
<kwd>Violence</kwd>
<kwd>Women</kwd>
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<disp-quote content-type="epigraph">
<p><italic>No si grand&#x00ED;simo desgusto puedo sufrir&#x2026; las pesadas libiandades que me dizen quantos hombres encuentro quando salgo fuera.</italic></p>
<attrib><italic>Personaje de la Comedia Erudita (Sep&#x00FA;lveda como se cit&#x00F3; en <xref ref-type="bibr" rid="ref9">Carvajal, 2014, p. 34</xref>).</italic></attrib>
</disp-quote>
<sec>
<title>Introducci&#x00F3;n</title>
<p>Si bien no existe una definici&#x00F3;n &#x00FA;nica del asunto, lo cierto es que, para efectos de esta investigaci&#x00F3;n, se puede precisar que el acoso sexual callejero es una forma de interacci&#x00F3;n que se da en espacios p&#x00FA;blicos y consiste en miradas, comentarios, persecuciones, exhibicionismo, silbidos, tocamientos, entre otros comportamientos de connotaci&#x00F3;n sexual que no son consentidos. En consecuencia, se trata de un conjunto de acciones que producen un ambiente hostil para quien lo recibe, as&#x00ED; como consecuencias psicol&#x00F3;gicas que afectan su comportamiento, su manera de vestir, de caminar, su percepci&#x00F3;n de seguridad y generan desigualdad en el uso del espacio p&#x00FA;blico. Desde una perspectiva de g&#x00E9;nero, se puede entender que este tipo de conductas constituyen un tipo de violencia sexual producto de la interpretaci&#x00F3;n que determinada cultura hace sobre el sexo como hecho biol&#x00F3;gico para asignar conductas y valores a unos como a otros.</p>
<p>Esto significa que la diferenciaci&#x00F3;n hist&#x00F3;rica en los roles entre hombres y mujeres ha significado una distribuci&#x00F3;n desigual de poder que se concreta en que las mujeres habitan el espacio p&#x00FA;blico de una forma diferente a los hombres. Esta diferencia se traduce en un privilegio que permite a los primeros ocupar el espacio p&#x00FA;blico y todo lo relacionado al mismo como la calle, el trabajo remunerado, el transporte p&#x00FA;blico, el deporte, cargos de representaci&#x00F3;n pol&#x00ED;tica, entre otros escenarios que culturalmente han sido ligado a la categor&#x00ED;a de espacio p&#x00FA;blico. Por otra parte, lo femenino ha sido asociado hist&#x00F3;ricamente a la administraci&#x00F3;n del hogar, al cuidado de la vida, al trabajo no remunerado y otras caracter&#x00ED;sticas que constituyen la noci&#x00F3;n de lo que se entiende por espacio privado. Incluso, ambos espacios poseen una valoraci&#x00F3;n diferenciada cuando a las labores desarrolladas en el espacio p&#x00FA;blico se les asigna un mayor reconocimiento, frente a las desarrolladas en el espacio privado que se entienden propias a la naturaleza femenina. Por lo tanto, el mensaje intr&#x00ED;nseco de esta norma social es que infringirla significa la exposici&#x00F3;n a un conjunto de violencias y discriminaciones traducidas en el acoso en espacios p&#x00FA;blicos. En consecuencia, se trata de un sistema que ubica a los hombres en el lugar del &#x201C;sujeto&#x201D; al otorgarles el poder de decidir si el cuerpo de una mujer es o no para su satisfacci&#x00F3;n y, a su vez, sit&#x00FA;a a la mujer en una posici&#x00F3;n alterna de &#x201C;objeto&#x201D; donde es sometida al deseo del otro. Con ello no se niega que tambi&#x00E9;n los hombres sean objeto de otro tipo de violencias asociadas al g&#x00E9;nero; por el contrario, se afirma que lo son de una manera distinta, en otros espacios y con una afectaci&#x00F3;n particular. Se trata de una construcci&#x00F3;n social legitimada por sistemas pol&#x00ED;ticos, religiones, valores &#x00E9;ticos, costumbres y tradiciones alrededor del mundo que tienen sus variaciones de modalidades o frecuencia con relaci&#x00F3;n a din&#x00E1;micas de cada territorio.</p>
<p>Ahora bien, la informaci&#x00F3;n que se encuentra sobre el acoso sexual callejero es embrionaria frente a la relacionada con el acoso sexual en el trabajo y en espacios educativos, pero es importante diferenciarlos. Para ello, la discusi&#x00F3;n girar&#x00E1; en torno a las categor&#x00ED;as que componen el acoso sexual callejero, a saber, la connotaci&#x00F3;n sexual, el consentimiento, la relaci&#x00F3;n de poder, la interacci&#x00F3;n, el espacio p&#x00FA;blico y el anonimato. Estos elementos nos permiten no solo visibilizar este fen&#x00F3;meno como un tipo de violencia de g&#x00E9;nero y diferenciarlo con el piropo y el halago, sino tambi&#x00E9;n evidenciar que es una forma de discriminaci&#x00F3;n. Por eso, para la construcci&#x00F3;n del t&#x00E9;rmino, se tienen en cuenta las iniciativas de los movimientos de mujeres que han sido fundamentales al poner este asunto en di&#x00E1;logo. Por ejemplo, la iniciativa ciudadana desarrollada en redes sociales con la etiqueta #MiPrimerAcoso evidencia varios relatos sobre acoso para visibilizarlo como un fen&#x00F3;meno ligado al g&#x00E9;nero. Fueron experiencias contadas por mujeres de distintos pa&#x00ED;ses de Am&#x00E9;rica Latina que en su mayor&#x00ED;a sufrieron acoso desde los 8 a&#x00F1;os; 62 % de los agresores fueron hombres y en el 47 % de los casos ocurri&#x00F3; en el espacio p&#x00FA;blico. Asimismo, con otras iniciativas, como la creaci&#x00F3;n del Observatorio contra el Acoso Sexual Callejero en Chile, Guatemala, Bolivia, Costa Rica, Uruguay, Nicaragua y antes en Colombia, se demostr&#x00F3; la magnitud del fen&#x00F3;meno y su escasa atenci&#x00F3;n a trav&#x00E9;s de la observaci&#x00F3;n de casos con perspectiva de g&#x00E9;nero.</p>
<p>No obstante, este art&#x00ED;culo pretende indagar acerca de las aproximaciones te&#x00F3;ricas y estudios emp&#x00ED;ricos sobre el acoso sexual callejero y construir el estado actual del tema a trav&#x00E9;s de la b&#x00FA;squeda en bases de datos de libros, cap&#x00ED;tulos de libro y art&#x00ED;culos cient&#x00ED;ficos sobre el acoso sexual callejero en Am&#x00E9;rica Latina abordado ya sea desde una perspectiva feminista o desde una perspectiva tradicional de la ciencia. A partir de su an&#x00E1;lisis y la sistematizaci&#x00F3;n de fuentes de informaci&#x00F3;n, se busca aportar una mirada a la reflexi&#x00F3;n feminista y presentar otros interrogantes que permitan profundizar en la discusi&#x00F3;n con el fin de dar respuesta a la pregunta: &#x00BF;cu&#x00E1;l ha sido el tratamiento que se le ha dado al acoso sexual callejero en Latinoam&#x00E9;rica desde la academia y los movimientos de mujeres?</p>
</sec>
<sec>
<title>Metodolog&#x00ED;a</title>
<p>Este estado del arte utiliz&#x00F3; el m&#x00E9;todo cualitativo mediante el cual se desarroll&#x00F3; una revisi&#x00F3;n bibliogr&#x00E1;fica de textos que abordan el acoso sexual callejero en Latinoam&#x00E9;rica, particularmente sobre los factores que lo componen y las perspectivas desde las cuales se describe este fen&#x00F3;meno. Para lo anterior, se utilizaron fuentes de b&#x00FA;squeda de textos acad&#x00E9;micos como Redalyc, FLACSO, Mendeley, Scielo, Dialnet, Jstor, Google Acad&#x00E9;mico, repositorio de la Universidad Pontificia Bolivariana, de la Universidad de Medell&#x00ED;n&#x00A0;y de la Universidad de Antioquia, a partir de los cuales se desarroll&#x00F3; un m&#x00E9;todo de sistematizaci&#x00F3;n de informaci&#x00F3;n que consiste en ubicar en una hoja de Excel los textos recolectados caracterizados por enlace, nombre del texto, nombre de la autora o autor, su g&#x00E9;nero, a&#x00F1;o, resumen y pa&#x00ED;s. Tras la lectura, cada texto se completaba con una ficha que requer&#x00ED;a aspectos tanto formales, como de contenido. Fueron 55 textos, de los cuales 7 tuvieron participaci&#x00F3;n o fueron escritos por hombres. A su vez, se cont&#x00F3; con pa&#x00ED;ses como Argentina, Chile, Per&#x00FA;, M&#x00E9;xico, Venezuela, Ecuador, Bolivia y Colombia comprendiendo el periodo de 2002 hasta 2020. Con estos insumos se procedi&#x00F3; a inter-pretar la informaci&#x00F3;n por n&#x00FA;cleos tem&#x00E1;ticos encontrando los puntos en com&#x00FA;n, as&#x00ED; como en los que divergen los y las autoras, a fin de que pudiesen dialogar y desarrollar la construcci&#x00F3;n te&#x00F3;rica de los elementos que determinan el acoso.</p>
<sec>
<title>1. Desarrollo</title>
<sec>
<title>1.1. Aproximaciones conceptuales sobre el fen&#x00F3;meno del acoso sexual callejero</title>
<p>El acoso sexual callejero ha sido un tema de discusi&#x00F3;n principalmente en los c&#x00ED;rculos feministas y movimientos de mujeres, por lo que el abordaje con esta denominaci&#x00F3;n va a corresponder, principalmente, a estudios que se han desarrollado bajo la lupa feminista. Sin embargo, a lo largo de este barrido, se tendr&#x00E1; en cuenta otro tipo de textos que han abordado el mismo fen&#x00F3;meno desde la literatura o los estudios de la ling&#x00FC;&#x00ED;stica sobre la figura del piropo. De esta manera, se evidenciar&#x00E1; el avance en la discusi&#x00F3;n sobre la precisi&#x00F3;n conceptual del acoso desde varias autoras de Argentina, Chile, Per&#x00FA;, M&#x00E9;xico, Venezuela, Ecuador, Bolivia y Colombia desde el a&#x00F1;o 2002 al 2020,&#x00A0;alrededor de los siguientes interrogantes: &#x00BF;qu&#x00E9; es el acoso sexual callejero?, &#x00BF;qu&#x00E9; diferencia existe entre el piropo y el acoso? y &#x00BF;es un tipo de violencia sexual contra las mujeres?</p>
<p><xref ref-type="bibr" rid="ref18">Fal&#x00FA; (2009)</xref> vincula al Estado con la violencia urbana, en general, y con la ejercida contra las mujeres en el espacio p&#x00FA;blico, en particular. La explica como producto del crecimiento poblacional, la globalizaci&#x00F3;n y las pol&#x00ED;ticas neoliberales de los estados latinoamericanos y todos los fen&#x00F3;menos sociales, pol&#x00ED;ticos, culturales y econ&#x00F3;micos que trae consigo, tal como la militarizaci&#x00F3;n, la pobreza, la segregaci&#x00F3;n, la inseguridad, la desigualdad y la p&#x00E9;rdida del concepto de legalidad que pueden ser entendidos como rezagos de las dictaduras. Esta autora manifiesta que &#x201C;a la segregaci&#x00F3;n del espacio se superpone una divisi&#x00F3;n sexual, que tambi&#x00E9;n jerarquiza los territorios, que define los que deben ser ocupados por varones y no permitidos a las mujeres&#x201D; (<xref ref-type="bibr" rid="ref18">Fal&#x00FA;, 2009, p. 24</xref>). Por tanto, el &#x201C;g&#x00E9;nero y las relaciones de g&#x00E9;nero son factores clave en el modo c&#x00F3;mo los espacios son organizados y desarrollados&#x201D; y pueden resultar ser funcionales para crear dispositivos de subordinaci&#x00F3;n, como los sentimientos de inseguridad y riesgo (<xref ref-type="bibr" rid="ref10">Castro y Buchelly, 2016, p. 251</xref>). <xref ref-type="bibr" rid="ref18">Fal&#x00FA; (2009)</xref> define al espacio p&#x00FA;blico como el espacio para la construcci&#x00F3;n de ciudadan&#x00ED;a y manifiesta que &#x201C;el espacio p&#x00FA;blico es producto de una construcci&#x00F3;n social, donde se manifiestan y potencian relaciones de distinto orden; tambi&#x00E9;n las de subordinaci&#x00F3;n, entre las que se encuentra la de g&#x00E9;nero&#x201D; y otras categor&#x00ED;as (<xref ref-type="bibr" rid="ref18">Fal&#x00FA;, 2009, p. 24</xref>).</p>
<p>Por su parte, <xref ref-type="bibr" rid="ref9">Carvajal (2014)</xref> hace un an&#x00E1;lisis desde los estudios culturales y realiza una precisi&#x00F3;n te&#x00F3;rica sobre este asunto investigando los antecedentes del <italic>piropo</italic>. Esta autora encontr&#x00F3; que en la historia espa&#x00F1;ola y en las investigaciones desarrolladas por la ling&#x00FC;&#x00ED;stica se hacen las primeras referencias y que, por tanto, su registro primigenio se da entre el siglo XI y XIII (Calvo, como se cit&#x00F3; en <xref ref-type="bibr" rid="ref9">Carvajal, 2014, p. 25</xref>). A su vez, <xref ref-type="bibr" rid="ref26">Ledezma (2017)</xref> cuenta que el uso de esta palabra probablemente comenz&#x00F3; en el siglo XVII cuando en los versos de Arias Montano simb&#x00F3;licamente se describe las mejillas enrojecidas de una mujer joven, hermosa como una piedra preciosa roja llamada piropo (<xref ref-type="bibr" rid="ref26">Ledezma, 2017, p. 1293</xref>); o puede ser una consecuencia del romance medieval donde se cantaban versos en grupo en los balcones (<xref ref-type="bibr" rid="ref26">Ledezma, 2017, p. 1294</xref>).&#x00A0;Esto evidencia que, posiblemente, se trata de una herencia colonial, dado que los antecedentes hist&#x00F3;ricos que se encuentran sobre el piropo se remontan a la historia espa&#x00F1;ola a trav&#x00E9;s de los estudios de la lengua. Por lo anterior, <xref ref-type="bibr" rid="ref9">Carvajal (2014)</xref> cita a autoras que han hecho una lectura cr&#x00ED;tica sobre el piropo espa&#x00F1;ol y concluye que esta pr&#x00E1;ctica se desarroll&#x00F3; al t&#x00E9;rmino del romance medieval (<xref ref-type="bibr" rid="ref9">Carvajal, 2014, p. 26</xref>).</p>
<p>Ahora bien, tras el auge del movimiento feminista y la politizaci&#x00F3;n de conductas ligadas a construcciones de g&#x00E9;nero, el piropo fue visto tras el lente feminista y nombrado acoso sexual. <xref ref-type="bibr" rid="ref22">Gayt&#x00E1;n (2009)</xref> expone que este t&#x00E9;rmino fue utilizado por la estadounidense Catharine Mckinnon en 1978, seg&#x00FA;n la cual, las mujeres no ten&#x00ED;an c&#x00F3;mo nombrar este conjunto de experiencias que ya ten&#x00ED;an una historia (<xref ref-type="bibr" rid="ref22">Gayt&#x00E1;n, 2009, p. 33</xref>). En su momento, Farley lo defini&#x00F3; como:
<disp-quote>
<p>Conductas masculinas que no son solicitadas ni rec&#x00ED;procas, que reafirman el rol sexual de la mujer por encima de su funci&#x00F3;n como trabajadora. Estas conductas pueden ser alguna o todas las siguientes: miradas insistentes, comentarios o tocamientos en el cuerpo de una mujer; solicitar el consentimiento de alguien para comprometerse en una conducta sexual; proposiciones de citas que no son bienvenidas; peticiones de tener relaciones sexuales; y la violaci&#x00F3;n. (Farley, como se cit&#x00F3; en <xref ref-type="bibr" rid="ref22">Gayt&#x00E1;n, 2009, p. 33</xref>)</p>
</disp-quote></p>
<p>Se evidencia entonces que, en un principio, este t&#x00E9;rmino fue utilizado para referirse al acoso sexual en espacios laborales, pero fue creciendo la necesidad de realizar una diferenciaci&#x00F3;n, pues esa sola precisi&#x00F3;n quedaba corta para representar experiencias similares que suced&#x00ED;an en otros &#x00E1;mbitos como la universidad y la calle. Aun as&#x00ED;, la definici&#x00F3;n de Farley brinda una base para cuestionar sobre estos comportamientos en el espacio p&#x00FA;blico y preguntarse si el rechazo a estas conductas es reciente o si, por el contrario, no existe un registro en la historia que permita conocer la aprobaci&#x00F3;n o desaprobaci&#x00F3;n a los piropos desde la perspectiva de las mujeres. A partir de los anteriores lineamientos, <xref ref-type="bibr" rid="ref22">Gayt&#x00E1;n (2009)</xref> lo define as&#x00ED;:
<disp-quote>
<p>El acoso sexual consiste en una o varias interacciones focalizadas cuyos marcos y significados tienen un contenido alusivo a la sexualidad, en las que la actuaci&#x00F3;n de al menos uno de los participantes puede consistir en aproximaciones sexuales indirectas (empleo de s&#x00ED;mbolos, mensajes escritos, silbidos a distancia, material pornogr&#x00E1;fico), soborno sexual, acercamientos, miradas, susurros y contactos f&#x00ED;sicos o proposiciones y comentarios sexuales que no son autorizados ni correspondidos [&#x2026;] Es posible que involucren diferencias de jerarqu&#x00ED;a y estatus, y necesariamente implican un desequilibrio en las relaciones de poder entre los individuos que puede ser contrarrestado o no durante la misma situaci&#x00F3;n. (<xref ref-type="bibr" rid="ref22">Gayt&#x00E1;n, 2009, p. 53</xref>)</p>
</disp-quote></p>
<p>An&#x00E1;logamente, <xref ref-type="bibr" rid="ref9">Carvajal (2014)</xref> expone ciertos factores en los que varias definiciones coinciden:
<disp-quote>
<p>1) Una relaci&#x00F3;n de dominaci&#x00F3;n donde el hombre prevalece sobre la mujer; 2) acoge diversas formas que van desde lo gestual hasta lo f&#x00ED;sico, pasando por lo verbal; 3) contienen una alta carga sexual en su expresi&#x00F3;n; 4) sucede en lugares p&#x00FA;blicos; 5) se da entre desconocidos. (<xref ref-type="bibr" rid="ref9">Carvajal, 2014, p. 38</xref>)</p>
</disp-quote></p>
</sec>
<sec>
<title>1.2. El acoso sexual callejero: una modalidad de la violencia sexual</title>
<p>Desde la incorporaci&#x00F3;n de la perspectiva de g&#x00E9;nero en el espacio p&#x00FA;blico se puede decir que este ha sido hist&#x00F3;ricamente masculino, y que el acceso de las mujeres a &#x00E9;l ha sido producto de sus luchas. Esto explica que tal espacio sea limitado seg&#x00FA;n el horario o la vestimenta y que su uso y disfrute sea diferenciado seg&#x00FA;n el g&#x00E9;nero. Como consecuencia, las mujeres habitan el espacio p&#x00FA;blico, en parte, desde la inseguridad, la prevenci&#x00F3;n y el miedo (<xref ref-type="bibr" rid="ref18">Fal&#x00FA;, 2009, p. 23</xref>). Estos elementos se pueden definir como obst&#x00E1;culos en atenci&#x00F3;n al g&#x00E9;nero y que afectan la autoestima de las mujeres.</p>
<p>En esta etapa se hace importante citar a <xref ref-type="bibr" rid="ref6">Bol&#x00ED;var (2017)</xref>, a fin de precisar la influencia de la vestimenta en el acoso sexual callejero y c&#x00F3;mo deter-mina el comportamiento de las mujeres en el espacio p&#x00FA;blico. <xref ref-type="bibr" rid="ref6">Bol&#x00ED;var (2017)</xref> desarroll&#x00F3; una investigaci&#x00F3;n desde una disciplina muy particular como el Dise&#x00F1;o de Vestuario. En su investigaci&#x00F3;n busca &#x201C;identificar el lenguaje corporal y el comportamiento que desarrollan las mujeres en el momento de enfrentar una situaci&#x00F3;n de acoso sexual callejero en la ciudad de Medell&#x00ED;n&#x201D; (<xref ref-type="bibr" rid="ref6">Bol&#x00ED;var, 2017, p. 6</xref>). En ella, esta autora concluye:
<disp-quote>
<p>El acoso sexual callejero no solo afecta la identidad femenina, minimizando a la mujer frente a una sociedad machista, gobernada por hombres, influye tambi&#x00E9;n en su seguridad, su libertad de expresi&#x00F3;n y desarrollo como miembro de una colectividad donde es tenida en cuenta como ser inferior, provocador y sumiso. (<xref ref-type="bibr" rid="ref6">Bol&#x00ED;var, 2017 p. 6</xref>)</p>
</disp-quote></p>
<p>La autora realiz&#x00F3; un experimento en las calles de Medell&#x00ED;n con dos mujeres. Una de ellas transitaba con ropa ligera y la otra vest&#x00ED;a lo opuesto. Se registr&#x00F3; con una c&#x00E1;mara todo el trayecto de ambas mujeres por separado y luego juntas. Cada una experiment&#x00F3; acercamientos, miradas insistentes, sonidos y comentarios como &#x201C;&#x00A1;rica que est&#x00E1; mami!&#x201D; o &#x201C;est&#x00E1; hecha todo un beb&#x00E9;&#x201D; (<xref ref-type="bibr" rid="ref6">Bol&#x00ED;var, 2017, p. 49</xref>).</p>
<p>Con ello Bol&#x00ED;var demostraba que el vestuario no condiciona al acoso sexual callejero, que solo basta el ser mujer para vivir a diario este tipo de situaciones y que su causa radica en el desequilibrio de poder entre hombres y mujeres donde se compromete la libertad sexual de ellas. De esta manera, esta autora conecta el acoso sexual callejero con la noci&#x00F3;n de seguridad y la imposici&#x00F3;n de gestualidades o comportamientos en las mismas, y que su funci&#x00F3;n obedece m&#x00E1;s a su uso distintivo del g&#x00E9;nero que a su estilo, porque est&#x00E1; claro que &#x201C;la ropa permite en la mayor&#x00ED;a de los casos identificar a una mujer cuando se le ve en un lugar p&#x00FA;blico. Otros rasgos se suman a esta identificaci&#x00F3;n, como los ademanes y la forma de caminar&#x201D; (Gayt&#x00E1;n, como se cit&#x00F3; en <xref ref-type="bibr" rid="ref6">Bol&#x00ED;var, 2017, p. 23</xref>).</p>
<p>Sin embargo, frente a la pregunta de si el acoso sexual callejero deter-mina la manera de vestirse y de comportarse de las mujeres en el espacio p&#x00FA;blico, <xref ref-type="bibr" rid="ref6">Bol&#x00ED;var (2017)</xref> plantea que esta sociedad logra &#x201C;imponer gestualidades, c&#x00F3;digos de vestuario y posturas corporales&#x201D; (<xref ref-type="bibr" rid="ref6">Bol&#x00ED;var, 2017, p. 12</xref>) y durante el desarrollo de su texto concluye que el vestuario no determina el acoso sexual callejero, pero deja abierta su hip&#x00F3;tesis en tanto no se establece sobre c&#x00F3;mo (de manera inversa) el acoso callejero determina la forma de vestirse de las mujeres en el espacio p&#x00FA;blico.</p>
<p>A este respecto, <xref ref-type="bibr" rid="ref48">Toro y Ochoa (2017)</xref> explican que las mujeres adoptan ciertas actitudes defensivas y ofensivas frente al acoso sexual callejero. Entre estas se encuentran la utilizaci&#x00F3;n de vestimenta recatada para prevenir el acoso y la creaci&#x00F3;n de otros mecanismos de defensa o prevenci&#x00F3;n contra las violencias &#x201C;en unos casos defensivos (como ignorar al agresor, bajar la mirada, vestirse con recato) u ofensivos (tomar cursos de defensa personal, tener objetos para contrarrestar la agresi&#x00F3;n como gas pimienta, gritar, reaccionar, insultar o golpear)&#x201D; (<xref ref-type="bibr" rid="ref48">Toro y Ochoa, 2017, p. 6</xref>). Por la misma l&#x00ED;nea, <xref ref-type="bibr" rid="ref44">Santamar&#x00ED;a (2013)</xref> cuenta que:
<disp-quote>
<p>De las 811 mujeres que tomaron la encuesta de Stop Street Harassment en el 2008, todas afirmaron que, por lo menos una vez al mes, asum&#x00ED;an comportamientos que se pueden identificar como defensivos. Un 80 % dijo que analizaba su entorno, 69 % evit&#x00F3; hacer contacto visual, 37 % us&#x00F3; ropa para voluntariamente llamar menos la atenci&#x00F3;n y un 42 % habl&#x00F3; o fingi&#x00F3; hablar por el celular. Adem&#x00E1;s, la encuesta revel&#x00F3; cu&#x00E1;les son los comportamientos m&#x00E1;s comunes para limitar el acceso a espacios p&#x00FA;blicos: por lo menos una vez al mes un 50 % de las mujeres cambi&#x00F3; de ruta o de acera, un 45 % evit&#x00F3; salir de noche y un 40 % evit&#x00F3; estar afuera sin compa&#x00F1;&#x00ED;a. (<xref ref-type="bibr" rid="ref44">Santamar&#x00ED;a, 2013, p. 33</xref>)</p>
</disp-quote></p>
<p>Al hilo de lo expuesto, queda claro que el acoso sexual callejero condiciona el comportamiento de las mujeres en el espacio p&#x00FA;blico y que, por lo tanto, no hay un disfrute igualitario del mismo, sino diferenciado entre mujeres y hombres. Desde esta clasificaci&#x00F3;n es donde nace la justificaci&#x00F3;n del acoso como un tipo de violencia sexual, dado que, el uso discriminado del espacio p&#x00FA;blico se basa en los roles de g&#x00E9;nero, y la violencia consecuente se materializa en la prohibici&#x00F3;n t&#x00E1;cita para las mujeres de habitar el espacio p&#x00FA;blico sin que sea vulnerada su libertad sexual.</p>
<p>Ahora bien, resulta pertinente aclarar tanto los factores que hacen del acoso sexual callejero un tipo de violencia particular frente al acoso sexual laboral y en espacios universitarios, como las modalidades que lo componen.</p>
</sec>
<sec>
<title>1.3. Modalidades de Acoso Sexual Callejero</title>
<sec>
<title>1.3.1. Acoso expresivo</title>
<p>El acoso expresivo consiste en &#x201C;el empleo del cuerpo para transmitir informaci&#x00F3;n que complementa o refuerza el mensaje que se est&#x00E1; dando mediante palabras, gestos, miradas, ademanes, posici&#x00F3;n corporal, sonidos, gemidos, suspiros, silbidos, que enfatizan las actitudes y los mensajes del hablante&#x201D; (<xref ref-type="bibr" rid="ref36">Medina y Zapana, 2016, p. 66</xref>). Este tipo de acoso es el m&#x00E1;s cuestionado por quienes entienden que llamar acoso a ciertas actitudes que no implican hablar ni tocar constituye un atentado a la libertad de expresi&#x00F3;n de quien acosa, pero al igual que los otros tipos de acoso, afecta en igual o mayor medida la percepci&#x00F3;n de seguridad que tienen las mujeres al transitar el espacio p&#x00FA;blico.</p>
</sec>
<sec>
<title>1.3.2. Acoso verbal</title>
<p><xref ref-type="bibr" rid="ref36">Medina y Zapana (2016)</xref> hacen un paralelismo con la informaci&#x00F3;n dada por mujeres que est&#x00E1;n entre los 15 y los 24 a&#x00F1;os en Per&#x00FA;. Entre los piropos que recibieron las informantes est&#x00E1; el de &#x201C;Buenos d&#x00ED;as&#x201D; considerado como apropiado, y el &#x201C;&#x00A1;Ay mamita rica! &#x00BF;C&#x00F3;mo est&#x00E1;s?&#x201D; como inapropiado (<xref ref-type="bibr" rid="ref36">Medina y Zapana, 2016, p. 67</xref>). En consecuencia, en el acoso verbal se enmarcan los piropos &#x201C;feos&#x201D;, en el sentido que esta &#x201C;categor&#x00ED;a&#x201D; la asigna quien desaprueba el piropo que ha recibido, por tanto, esta desaprobaci&#x00F3;n se traducir&#x00ED;a en la ausencia de consentimiento, elemento constitutivo del acoso. Esto ser&#x00E1; discutido con m&#x00E1;s amplitud en el apartado 1.4.1 Piropo.</p>
</sec>
<sec>
<title>1.3.3. Acoso f&#x00ED;sico</title>
<p>Este tipo de acoso consiste en tocamientos de partes del cuerpo que se consideran er&#x00F3;genas, como las caderas, los senos, la vulva y los gl&#x00FA;teos que le dan la caracter&#x00ED;stica de connotaci&#x00F3;n sexual al acoso (<xref ref-type="bibr" rid="ref7">Buenahora, et al., 2013, p. 89</xref>): &#x201C;est&#x00E1; constituido por todas las formas intencionales en las que un hombre toca el cuerpo de una mujer sin su autorizaci&#x00F3;n en un lugar p&#x00FA;blico&#x201D; (<xref ref-type="bibr" rid="ref36">Medina y Zapana, 2016, p. 68</xref>).</p>
<p>Si bien el acoso sexual callejero no est&#x00E1; penalizado como tal en Colombia, lo cierto es que s&#x00ED; existe un tipo penal para los tocamientos en particular. Este es el tipo penal de &#x201C;acto sexual violento&#x201D; que prescribe: &#x201C;El que realice en otra persona acto sexual diverso al acceso carnal <italic>mediante violencia</italic>, incurrir&#x00E1; en prisi&#x00F3;n de ocho (8) a diecis&#x00E9;is (16) a&#x00F1;os&#x201D; (<xref ref-type="bibr" rid="ref14">Ley 599, 2000, &#x00E9;nfasis a&#x00F1;adido</xref>). As&#x00ED;, en su art&#x00ED;culo 212A se define &#x201C;violencia&#x201D; como:
<disp-quote>
<p>[E]l uso de la fuerza; la amenaza del uso de la fuerza; la coacci&#x00F3;n f&#x00ED;sica o psicol&#x00F3;gica, como la causada por el temor a la violencia, la intimidaci&#x00F3;n; la detenci&#x00F3;n ilegal; la opresi&#x00F3;n psicol&#x00F3;gica; el abuso de poder; la utilizaci&#x00F3;n de entornos de coacci&#x00F3;n y circunstancias similares que impidan a la v&#x00ED;ctima dar su libre consentimiento. (<xref ref-type="bibr" rid="ref14">Ley 599, 2000, art. 212A</xref>)</p>
</disp-quote></p>
<p>Por lo tanto, lo que determina el acoso f&#x00ED;sico son:
<disp-quote>
<p>Los fines o la connotaci&#x00F3;n sexuales y la definici&#x00F3;n de libertad sexual, pues a partir de esta &#x00FA;ltima un juez o una jueza que no tenga conocimientos en g&#x00E9;nero podr&#x00ED;a juzgar con real diligencia un caso donde concurran los siguientes factores: que la v&#x00ED;ctima sea mujer, que se trate de una agresi&#x00F3;n sexual y que haya sido contra una mujer por el hecho de serlo. (<xref ref-type="bibr" rid="ref32">L&#x00F3;pez, 2018, p. 15</xref>)</p>
</disp-quote></p>
<p>En este asunto, <xref ref-type="bibr" rid="ref32">L&#x00F3;pez (2018)</xref> se ha referido a la sentencia 25743 de 2006 de la Corte Suprema de Justicia, Sala Penal porque trata un caso emblem&#x00E1;tico de un tocamiento en el espacio p&#x00FA;blico que estaba siendo judicializado como acto sexual violento. No obstante, la Corte anul&#x00F3; esta tipificaci&#x00F3;n y no reconoci&#x00F3; el g&#x00E9;nero o la connotaci&#x00F3;n sexual como variables determinantes, y en su lugar, calific&#x00F3; estos hechos como una ofensa al honor. En consecuencia, orden&#x00F3; que se investigase como una injuria por v&#x00ED;a de hecho (<xref ref-type="bibr" rid="ref32">L&#x00F3;pez, 2018, p. 86</xref>).</p>
<p>A la vista de lo expuesto, se concluye que el acoso f&#x00ED;sico est&#x00E1; estrechamente ligado a la vulneraci&#x00F3;n de la libertad sexual de las mujeres, entendi&#x00E9;ndose como la facultad de decidir c&#x00F3;mo, cu&#x00E1;ndo, d&#x00F3;nde y por qui&#x00E9;n quiere ser tocada (<xref ref-type="bibr" rid="ref7">Buenahora, et al., 2013, p. 89</xref>).</p>
</sec>
<sec>
<title>1.3.4. Persecuci&#x00F3;n</title>
<p>Se trata de la prolongaci&#x00F3;n del acoso verbal. La insistencia del acosador se da en el espacio p&#x00FA;blico por un periodo de tiempo que sobrepasa el t&#x00E9;rmino de la fugacidad, elemento considerado como una caracter&#x00ED;stica del acoso: &#x201C;la se&#x00F1;al m&#x00E1;s evidente de que se est&#x00E1; desarrollando una persecuci&#x00F3;n, adem&#x00E1;s de la insistencia verbal, es el mantenimiento de la cercan&#x00ED;a f&#x00ED;sica por parte del acosador a trav&#x00E9;s de intersecciones y transbordos&#x201D; (<xref ref-type="bibr" rid="ref36">Medina y Zapana, 2016, p. 69</xref>).</p>
</sec>
<sec>
<title>1.3.5. Exhibicionismo</title>
<p>El exhibicionismo consiste en &#x201C;la exposici&#x00F3;n de los genitales general-mente por parte de los hombres frente a las mujeres desconocidas que transitan por las calles, o que viajan en un transporte p&#x00FA;blico&#x201D; (<xref ref-type="bibr" rid="ref36">Medina y Zapana, 2016, p. 70</xref>).</p>
</sec>
</sec>
<sec>
<title>1.4. Otros fen&#x00F3;menos que se diferencian del acoso sexual callejero</title>
<p>Como se ha dicho, el acoso sexual callejero ha sido un nombramiento dado desde los estudios feministas que problematizan el halago y el piropo desde una perspectiva de las mujeres. Sin embargo, perduran puntos de vista tradicionales que dan lugar al piropo como una pr&#x00E1;ctica positiva porque exalta la belleza de las mujeres. A continuaci&#x00F3;n, se explican los puntos en los que difiere o coincide una y otra posici&#x00F3;n. Por otro lado, se clasifican otros tipos de acoso seg&#x00FA;n el contexto (laboral, acad&#x00E9;mico o p&#x00FA;blico).</p>
<sec>
<title>1.4.1. Piropo</title>
<p>Para tener un acercamiento te&#x00F3;rico al piropo, <xref ref-type="bibr" rid="ref9">Carvajal (2014)</xref> cita a Schereier y diferencia el piropo con el halago. Esta autora expresa que el halago necesita que exista mutuo conocimiento entre ambas personas y una respuesta por parte de quien lo recibe. El piropo tiene como condici&#x00F3;n la calle, el anonimato y una respuesta rec&#x00ED;proca. A diferencia del piropo &#x201C;el cumplido exige una respuesta en el mismo c&#x00F3;digo y no ocurre en la calle. El piropo siempre suceder&#x00E1; en los espacios p&#x00FA;blicos&#x201D; (<xref ref-type="bibr" rid="ref9">Carvajal, 2014, p. 33</xref>).</p>
<p>En su investigaci&#x00F3;n, <xref ref-type="bibr" rid="ref9">Carvajal (2014)</xref> evidenciaba que las mujeres diferenciaron los piropos bonitos de los feos, lo que revela un asunto trascendental que es la subjetividad. &#x201C;Reconocer en el receptor el poder interpretativo [...] y por tanto valorativo con relaci&#x00F3;n a c&#x00F3;digos, es determinante a la hora de comprender lo que se considera o no una ofensa, agresi&#x00F3;n, violencia o, por el contrario, un halago&#x201D; (<xref ref-type="bibr" rid="ref9">Carvajal, 2014, p. 41</xref>).</p>
<p>Desde una perspectiva de los estudios ling&#x00FC;&#x00ED;sticos se encuentra el texto <italic>An&#x00E1;lisis de los piropos vulgares</italic> de <xref ref-type="bibr" rid="ref30">Lopera (2015)</xref>. En &#x00E9;l, se entiende el piropo vulgar como &#x201C;una expresi&#x00F3;n verbal altisonante, callejera, producida por hombres, dirigida a mujeres, y suele referirse a partes del cuerpo f&#x00ED;sico femenino y al acto sexual&#x201D; (<xref ref-type="bibr" rid="ref30">Lopera, 2015, p. 1</xref>). Seg&#x00FA;n el autor, el piropo vulgar se caracteriza por: tener contenido sexual referido a temas tab&#x00FA;es; su producci&#x00F3;n en p&#x00FA;blico; valerse de mecanismos ling&#x00FC;&#x00ED;sticos como un juego de palabras o una met&#x00E1;fora; y, generalmente, la ausencia de un deseo real de los participantes (<xref ref-type="bibr" rid="ref30">Lopera, 2015, p. 2</xref>).</p>
<p>As&#x00ED; como <xref ref-type="bibr" rid="ref30">Lopera (2015)</xref> diferencia el piropo aceptable del vulgar, <xref ref-type="bibr" rid="ref24">Lamas y Serrano (2014)</xref> distinguen el sentido displicente y el complaciente del piropo. El primero se trata de un &#x201C;halago a la belleza o simpat&#x00ED;a de alguna f&#x00E9;mina&#x201D;, y el segundo (al cual llama contrapiropo o antipiropo) alude a la valoraci&#x00F3;n del cuerpo femenino con alto contenido sexual como, por ejemplo: &#x201C;mamita &#x2018;tas como el mango&#x2026; pa&#x2019; chupate hasta la pepa&#x2026;&#x201D; (<xref ref-type="bibr" rid="ref24">Lamas y Serrano, 2014, p. 84 y 86</xref>). De esta manera, otra autora lo divide en corteses y descorteses. Los primeros son &#x201C;aquellos enunciados que muestran la intenci&#x00F3;n del hombre de hacerlas sentir bien al reconocer su belleza o sus cualidades&#x201D; y los otros &#x201C;hacen referencia expl&#x00ED;cita al acto sexual o a las partes del cuerpo femenino&#x201D; (Gonz&#x00E1;lez, como se cita en <xref ref-type="bibr" rid="ref40">Pericchi, 2011, p. 210</xref>).</p>
<p>En su texto <italic>Los cumplidos en Medell&#x00ED;n y su &#x00C1;rea Metropolitana</italic>, <xref ref-type="bibr" rid="ref29">Lopera (2013)</xref> se refiere al piropo como un cumplido de apariencia: &#x201C;las investigadoras documentaron que los hablantes del espa&#x00F1;ol hacen uso de los &#x2018;piropos&#x2019; como una forma de hacer un cumplido de apariencia en Colombia&#x201D; (Campo y Zuluaga, como se cit&#x00F3; en <xref ref-type="bibr" rid="ref29">Lopera, 2013, p. 5</xref>). Sin embargo, el autor hace alusi&#x00F3;n a determinados ejemplos de halagos o cumplidos de apariencia que al parecer no presentan contenido sexual: &#x201C;ah, mija, &#x00A1;qu&#x00E9; bolso tan bonito!&#x201D; (cumplido de apariencia), &#x201C;uy parce, vos sos mero monstruo pa&#x2019; hacer pases largos&#x201D; (Cumplido de habilidad) y; &#x201C;eres muy maduro para tu edad&#x201D; (Cumplido de personalidad) (<xref ref-type="bibr" rid="ref29">Lopera, 2013, p. 5</xref>).</p>
<p>Como conclusi&#x00F3;n, se puede decir que los textos que estudian este fen&#x00F3;meno como una pr&#x00E1;ctica discursiva, se refieren al piropo descort&#x00E9;s como al que tiene una connotaci&#x00F3;n sexual. No obstante, los aceptables se refieren a la apariencia f&#x00ED;sica, esto significa que la intencionalidad del emisor est&#x00E1; dirigida al cuerpo y de igual manera se podr&#x00ED;a considerar como una intencionalidad er&#x00F3;tica o sexual.</p>
</sec>
<sec>
<title>1.4.2. Halago</title>
<p>Un cumplido se define como: &#x201C;un acto de habla que impl&#x00ED;cita o expl&#x00ED;citamente honra a otra persona diferente al hablante, usualmente al interlocutor por su posesi&#x00F3;n, caracter&#x00ED;stica, habilidad, etc., y que es valorado positivamente tanto por el hablante como por el oyente&#x201D; (Holmes, como se cit&#x00F3; en <xref ref-type="bibr" rid="ref29">Lopera, 2013, p. 235</xref>). Se diferencia del piropo y el acoso debido a que se compone de una relaci&#x00F3;n previa; puede no poseer connotaci&#x00F3;n sexual; existe correspondencia; puede ser en el espacio p&#x00FA;blico o no; y solo es verbal.</p>
</sec>
<sec>
<title>1.4.3. Acoso sexual laboral</title>
<p><xref ref-type="bibr" rid="ref43">R&#x00ED;os y Valadez (2014)</xref> asemejan este tipo de acoso al hostigamiento sexual y explican que al igual que el callejero su causa se debe al &#x201C;estereotipo cultural seg&#x00FA;n el cual las mujeres deben proyectar una imagen sexual. Las mujeres son vistas como seductoras y distractoras de los hombres con quienes trabajan&#x201D; (<xref ref-type="bibr" rid="ref43">R&#x00ED;os y Valadez, 2014, p. 629</xref>).</p>
<p>Por otra parte, el acoso sexual laboral ha contado con un reconocimiento institucional mayor al del acoso callejero teniendo en cuenta que el primero ha sido declarado un tipo de violencia sexual, f&#x00ED;sica y psicol&#x00F3;gica contra la mujer por la Convenci&#x00F3;n Belem do Par&#x00E1; (<xref ref-type="bibr" rid="ref27">Lenis y Londo&#x00F1;o, 2015</xref>), y ha sido abordado legalmente en pa&#x00ED;ses como Argentina, Colombia, M&#x00E9;xico, Chile y Venezuela (<xref ref-type="bibr" rid="ref49">Ugarte, 2012, p. 223</xref>). Para la configuraci&#x00F3;n del delito de acoso sexual en Colombia se tienen en cuenta elementos como &#x201C;fines sexuales no consentidos&#x201D; y &#x201C;relaciones de autoridad o de poder, edad, sexo, posici&#x00F3;n laboral, social, familiar o econ&#x00F3;mica&#x201D; (<xref ref-type="bibr" rid="ref14">Ley 599, 2000</xref>). No obstante, no existe un desarrollo jurisprudencial que permita aplicar este tipo a un caso de acoso sexual en espacios p&#x00FA;blicos, por lo que se circunscribe necesariamente solo al &#x00E1;mbito laboral o educativo. Por esto, es preciso hacer una lectura de los tipos penales super-poniendo el car&#x00E1;cter hist&#x00F3;rico, relacional y jer&#x00E1;rquico de los fen&#x00F3;menos que afectan de manera exclusiva a las mujeres como grupo poblacional.</p>
<p>En resumen, en el acoso sexual laboral hay una relaci&#x00F3;n formalizada, por lo que la relaci&#x00F3;n de poder es f&#x00E1;cil de percibir. A diferencia de este, el acoso callejero se caracteriza, en primer lugar, por desarrollarse en un marco donde no existen jerarqu&#x00ED;as institucionales y, en segundo lugar, porque se da en el anonimato, compuesto por actos fugaces que no dejan &#x201C;huellas palpables de su ocurrencia&#x201D; (<xref ref-type="bibr" rid="ref21">Gayt&#x00E1;n, 2007, p. 14</xref>).</p>
</sec>
<sec>
<title>1.4.4. Acoso sexual en instituciones educativas</title>
<p>El acoso sexual universitario o escolar consiste en acciones verbales, no verbales y f&#x00ED;sicas dadas en el marco de una relaci&#x00F3;n de poder, jer&#x00E1;rquica y en un entorno acad&#x00E9;mico,&#x00A0;donde una persona realiza sobre otras, actos como exposici&#x00F3;n de objetos pornogr&#x00E1;ficos, comentarios, observaciones, miradas, sonidos y chantajes de connotaci&#x00F3;n sexual no consentidos y que influye directamente en los logros acad&#x00E9;micos y en el desarrollo integral de los/las estudiantes (<xref ref-type="bibr" rid="ref16">Echeverr&#x00ED;a, et al., 2017, pp. 17-18</xref>).</p>
</sec>
</sec>
<sec>
<title>1.5. Iniciativas sociales</title>
<p>Las iniciativas sociales comienzan con peque&#x00F1;os actos de resistencia que van desde la respuesta coet&#x00E1;nea a la agresi&#x00F3;n (<xref ref-type="bibr" rid="ref1">Acosta, et al. 2016, p. 72</xref>) hasta &#x201C;chistes, chismes, cuentos de venganza, discursos ocultos de c&#x00F3;lera y agresi&#x00F3;n disfrazados de dignidad y se gestan en las pl&#x00E1;ticas que se sostienen entre mujeres en las que intercambian sus experiencias cotidianas&#x201D; (<xref ref-type="bibr" rid="ref21">Gayt&#x00E1;n, 2007, p. 15</xref>). Existen tambi&#x00E9;n otros impulsos dirigidos a transformar la institucionalidad y a rescatar el derecho a la ciudad. Este &#x00FA;ltimo concepto se conoce como una pol&#x00ED;tica que ha sido incluida en agendas internacionales y locales dirigidas a promover una ciudad m&#x00E1;s democr&#x00E1;tica e inclusiva. Se entiende como &#x201C;la garant&#x00ED;a para acceder a las oportunidades econ&#x00F3;micas, sociales, pol&#x00ED;ticas y culturales que brinda la vida urbana&#x201D; (<xref ref-type="bibr" rid="ref41">Rainero, 2009, pp. 16, 164</xref>). Esto indica que, a trav&#x00E9;s de esta pol&#x00ED;tica, la institucionalidad a nivel internacional reconoce que hombres y mujeres no transitan el espacio p&#x00FA;blico en condiciones de igualdad, y que los espacios tambi&#x00E9;n se dividen seg&#x00FA;n la raza, la edad, la etnia u opci&#x00F3;n sexual, m&#x00E1;s all&#x00E1; del g&#x00E9;nero (<xref ref-type="bibr" rid="ref18">Fal&#x00FA;, 2009, p. 33</xref>).</p>
<p><xref ref-type="bibr" rid="ref9">Carvajal (2014)</xref> identifica y clasifica tres etapas que atraves&#x00F3; este fen&#x00F3;meno para ser reconocido como acoso sexual callejero: estas comprenden la instancia legal con la tipificaci&#x00F3;n del piropo como acoso; la segunda posee un car&#x00E1;cter estructural y social que se da a trav&#x00E9;s del reconocimiento de que el acoso es una expresi&#x00F3;n de la violencia de g&#x00E9;nero; y la tercera etapa es la local o pol&#x00ED;tica que se materializa a trav&#x00E9;s de la adopci&#x00F3;n del concepto de ciudades seguras, entendi&#x00E9;ndose este como un objetivo de desarrollo sostenible adoptado por la ONU (<xref ref-type="bibr" rid="ref9">Carvajal, 2014, p. 44</xref>). En Medell&#x00ED;n se llev&#x00F3; a cabo una caracterizaci&#x00F3;n sobre percepci&#x00F3;n de seguridad, respecto al acoso y violencia sexual contra las mujeres en el espacio p&#x00FA;blico de la comuna 3 financiada por el gobierno y desarrollado por la academia. Este estudio recoge los lineamientos de la iniciativa de Ciudades Seguras y presenta varias propuestas planteadas por las y los participantes de los grupos focales, entre ellas est&#x00E1;n: la formaci&#x00F3;n, capacitaci&#x00F3;n, campa&#x00F1;as de prevenci&#x00F3;n, intervenci&#x00F3;n de infraestructura, procesos de sensibilizaci&#x00F3;n, alianzas entre organizaciones de mujeres e instituciones p&#x00FA;blicas, trabajo cultural y fortalecimiento de procesos comunitarios existentes (Centro de Estudios de Opini&#x00F3;n de la Universidad de Antioquia, 2017, p. 219).</p>
<p>Frente a este panorama, autoras como <xref ref-type="bibr" rid="ref44">Santamar&#x00ED;a (2013)</xref> y <xref ref-type="bibr" rid="ref31">L&#x00F3;pez (2015)</xref> sostienen que, por su naturaleza cultural, su intervenci&#x00F3;n no deber&#x00ED;a ser la penalizaci&#x00F3;n, en cuanto la carga probatoria ser&#x00ED;a un obst&#x00E1;culo para la v&#x00ED;ctima. <xref ref-type="bibr" rid="ref31">L&#x00F3;pez (2015)</xref> sostiene que el empoderamiento es la v&#x00ED;a para abordar el acoso sexual callejero dado que un tipo penal es una soluci&#x00F3;n que no afecta las causas estructurales de este fen&#x00F3;meno y resulta, adem&#x00E1;s, funcional para el Estado para &#x201C;callar las solicitudes de las mujeres de una forma disfrazada&#x201D; (<xref ref-type="bibr" rid="ref31">L&#x00F3;pez, 2015, p. 5</xref>). Adem&#x00E1;s, la autora sostiene que solicitar la intervenci&#x00F3;n del Estado supone delegar la responsabilidad del cambio en sujetos externos a las mujeres, negando su posici&#x00F3;n de sujetos y su capacidad de cambiar los espacios donde se desenvuelven (<xref ref-type="bibr" rid="ref31">L&#x00F3;pez, 2015, p. 6</xref>). Por su parte otras autoras defienden que el enfoque punitivo &#x201C;m&#x00E1;s que una soluci&#x00F3;n genera reacciones que refuerzan el control social de la sexualidad y victimizan a las mujeres&#x201D; (Lamas como se cit&#x00F3; en <xref ref-type="bibr" rid="ref20">Fern&#x00E1;ndez, 2019, p. 4</xref>).</p>
<p>A continuaci&#x00F3;n, se describen o se nombran algunas de las iniciativas de movimientos de mujeres en Am&#x00E9;rica Latina que contribuyen a desnaturalizar las creencias que giran en torno a legitimar el acoso sexual callejero.</p>
<p>El movimiento de la "Marcha de las Putas" nace en 2011 en Canad&#x00E1; a ra&#x00ED;z de una declaraci&#x00F3;n de un oficial de polic&#x00ED;a durante una conferencia de seguridad donde manifest&#x00F3; que las mujeres deber&#x00ED;an de evitar vestirse como putas para no ser v&#x00ED;ctimas de violencia sexual. Ese a&#x00F1;o se movilizaron alrededor de 3 000 personas y el movimiento se fue extendiendo por Am&#x00E9;rica Latina (<xref ref-type="bibr" rid="ref42">Ram&#x00ED;rez, 2017, p. 2</xref>). Su discurso se basa en resignificar la palabra &#x201C;puta&#x201D;, que hist&#x00F3;ricamente ha sido usada para limitar la libertad sexual y est&#x00E9;tica de las mujeres en el espacio p&#x00FA;blico como para juzgar su comportamiento sexual.</p>
<p>Por otro lado, en Colombia se llev&#x00F3; a cabo un documental desarrollado por <xref ref-type="bibr" rid="ref47">Toro y Manrique (2015)</xref> titulado <italic>Mujeres, a la calle</italic>, que evidencia el acoso sexual callejero en Medell&#x00ED;n y las creencias que lo legitiman mediante la historia de Gilma, quien tuvo que desertar de la universidad por el acoso que sufr&#x00ED;a en su barrio. Actualmente, cuenta la historia como una forma de reivindicar y de nombrar el acoso desde una perspectiva no normalizadora de este fen&#x00F3;meno (<xref ref-type="bibr" rid="ref47">Toro y Manrique, 2015</xref>). Asimismo, <xref ref-type="bibr" rid="ref8">Carvajal y Hurtado (2009)</xref> llevaron a cabo un documental titulado <italic>Rico pa&#x2019; rico</italic> que mostraba la perspectiva de varias mujeres cale&#x00F1;as sobre los piropos en la ciudad.</p>
<p>Por otra parte, se encuentran otras iniciativas de mujeres que inciden directamente en el espacio p&#x00FA;blico. Est&#x00E1;n Las Hijas de Violencia (<xref ref-type="bibr" rid="ref23">La Julia, 2016</xref>) que fue un movimiento de tres mujeres artistas que hac&#x00ED;an una serie de performances en la Ciudad de M&#x00E9;xico, y entre sus acciones estaba el transitar por las calles de la ciudad y cuando experimentaban una situaci&#x00F3;n de acoso, enfrentaban al acosador con una pistola de confeti, una c&#x00E1;mara, un amplificador y una canci&#x00F3;n que dec&#x00ED;a: &#x201C;Eso que t&#x00FA; hiciste hacia a m&#x00ED; se llama acoso, si t&#x00FA; me haces eso de esta forma yo respondo&#x201D; (<xref ref-type="bibr" rid="ref45">Seal y Gaze, 2016</xref>). Seg&#x00FA;n ellas, el hecho de reclamar por la intervenci&#x00F3;n del Estado le da un sentido paternalista a la lucha contra el acoso, y adem&#x00E1;s de revictimizar a las mujeres, las ubica en una situaci&#x00F3;n m&#x00E1;s vulnerable. Esta fue una forma de desmitificar la aceptaci&#x00F3;n de este fen&#x00F3;meno como natural y de motivar a m&#x00E1;s mujeres para que respondan ante las agresiones. Por esta misma l&#x00ED;nea, tambi&#x00E9;n se encuentran <xref ref-type="bibr" rid="ref25">"Las Morras" (2016)</xref>, quienes hacen un experimento caminando por las calles del centro hist&#x00F3;rico de la Ciudad de M&#x00E9;xico para evidenciar el acoso. All&#x00ED;, las mujeres se enfrentan a los acosadores, quienes les hacen comentarios constantemente sobre su aspecto f&#x00ED;sico y crean una ola de opiniones en las redes sociales, a partir de las cuales se demuestra las creencias que hoy en d&#x00ED;a legitiman el acoso como algo natural (<xref ref-type="bibr" rid="ref25">Las morras, 2016</xref>). Del mismo modo, en Medell&#x00ED;n se desarroll&#x00F3; un plant&#x00F3;n de mujeres de negro llevado a cabo por el colectivo "Ruta Pac&#x00ED;fica de las Mujeres" a fin de visibilizar la ocurrencia de estos hechos en la ciudad. Surgi&#x00F3; tambi&#x00E9;n un movimiento internacional llamado &#x201C;<italic>Hollaback!</italic>&#x201D; contra el acoso sexual callejero adoptado en la ciudad de Bogot&#x00E1;, consistente en una plataforma para visibilizar historias de acoso en la ciudad.</p>
<p>Por lo que se refiere al &#x00E1;mbito acad&#x00E9;mico, existen otras iniciativas como el Observatorio contra el Acoso Callejero con presencia en Chile, Per&#x00FA;, Guatemala, en M&#x00E9;xico y, anteriormente, en Colombia. En Chile desarrollaron diferentes actividades en alianza con las instituciones, cuentan con servicios de intervenci&#x00F3;n psicol&#x00F3;gica y jur&#x00ED;dica, y se movilizan a trav&#x00E9;s de las redes sociales.</p>
</sec>
</sec>
<sec>
<title>2. Discusi&#x00F3;n</title>
<p>En este ac&#x00E1;pite se expondr&#x00E1;n los textos encontrados a fin de que se debata alrededor de los puntos principales que caracterizan el acoso sexual callejero, desde su conceptualizaci&#x00F3;n, pasando por la disputa en torno al piropo, hasta su configuraci&#x00F3;n como un tipo de violencia y de discriminaci&#x00F3;n.</p>
<sec>
<title>2.1. Factores que caracterizan el acoso sexual callejero</title>
<p>Existe un consenso entre las autoras para determinar los factores que definen el acoso sexual callejero y que se resumen en los siguientes.</p>
<sec>
<title>2.1.1. Relaci&#x00F3;n de poder</title>
<p>El acoso sexual callejero es un tipo de violencia, basada en el g&#x00E9;nero, contra las mujeres porque se da en el marco de un sistema patriarcal que se funda en el dominio sobre este grupo poblacional y que legitima todo un conjunto de violencias que atentan contra su libertad e integridad sexual.</p>
<p><xref ref-type="bibr" rid="ref35">Mart&#x00ED;nez (2002)</xref>, manifiesta que el acoso equivale a una pulsi&#x00F3;n sexual entendida como una construcci&#x00F3;n subjetiva que los hombres hacen sobre su masculinidad, es decir que, desde su perspectiva, el acoso se da debido a la esencia salvaje de los hombres que expresan su sexualidad a trav&#x00E9;s de la violencia (<xref ref-type="bibr" rid="ref35">Mart&#x00ED;nez, 2002, p. 2</xref>). En un sentido similar, la literatura de los cr&#x00ED;menes de odio se ha dedicado a estudiar hechos de violencias motivadas por la orientaci&#x00F3;n sexual, la edad, la etnicidad, la clase y la religi&#x00F3;n que solo personas mentalmente enfermas ejecutan (<xref ref-type="bibr" rid="ref12">Chac&#x00F3;n, 2019, p. 4</xref>). Por lo tanto, para <xref ref-type="bibr" rid="ref12">Chac&#x00F3;n (2019)</xref> el &#x201C;nudo cr&#x00ED;tico&#x201D; radica en que una visi&#x00F3;n esencialista se dirige a analizar el fen&#x00F3;meno desde una cuesti&#x00F3;n de identidad, y otra lo hace desde la diferencia y la desigualdad entre g&#x00E9;neros. La primera patologiza las conductas y excluye el an&#x00E1;lisis estructural de estos tipos de violencia &#x201C;ya que no ofrece explicaciones adecuadas del por qu&#x00E9; ciertos individuos o grupos de personas son sistem&#x00E1;ticamente hostigados y violentados por otros en la calle&#x201D; (<xref ref-type="bibr" rid="ref12">Chac&#x00F3;n, 2019, p. 4</xref>).</p>
<p>Esta visi&#x00F3;n esencialista de la violencia se enfrenta tambi&#x00E9;n con la de <xref ref-type="bibr" rid="ref5">Benalc&#x00E1;zar (2012)</xref> quien manifiesta que esta &#x201C;tiene m&#x00E1;s relaci&#x00F3;n con un ejercicio de poder, m&#x00E1;s que de placer y deseo&#x201D; (<xref ref-type="bibr" rid="ref5">Benalc&#x00E1;zar, 2012, p. 24</xref>). Entendi&#x00E9;ndolo as&#x00ED;, el acoso se da necesariamente en el marco de una relaci&#x00F3;n asim&#x00E9;trica de poder que existe hist&#x00F3;ricamente entre mujeres y hombres, y que muchas veces se naturaliza o no se percibe con facilidad porque no sucede dentro de una relaci&#x00F3;n de jerarqu&#x00ED;a formalizada, como sucede en el acoso laboral y en el &#x00E1;mbito universitario. Esta relaci&#x00F3;n asim&#x00E9;trica de poder ubica a la mujer como objeto de deseo y al hombre como el sujeto de deseo y due&#x00F1;o del espacio p&#x00FA;blico. All&#x00ED; yace la idea de que:
<disp-quote>
<p>Los cuerpos que circulan en la calle son cuerpos disponibles, y si no dan se&#x00F1;ales inequ&#x00ED;vocas de recato son cuerpos abordables sin permiso por el solo hecho de estar all&#x00ED;. Abordables f&#x00ED;sica y simb&#x00F3;licamente, con manoseos o con pretendidos piropos que nos ponen en situaci&#x00F3;n de presa y a ellos en situaci&#x00F3;n de dominio. (<xref ref-type="bibr" rid="ref34">Maff&#x00ED;a, 2013</xref>)</p>
</disp-quote></p>
<p>Sin embargo, la relaci&#x00F3;n de poder como factor intr&#x00ED;nseco en el acoso sexual callejero no es un asunto en el que todas las autoras coinciden. <xref ref-type="bibr" rid="ref22">Gayt&#x00E1;n (2009)</xref> examina si el t&#x00E9;rmino de desigualdad de poder y estatus son conceptos o palabras, y se pregunta qu&#x00E9; sucede con el acoso sexual entre mujeres o entre hombres.</p>
<p>A este respecto, <xref ref-type="bibr" rid="ref31">L&#x00F3;pez (2015)</xref> afirma que el acoso sexual callejero no constituye un tipo de violencia de g&#x00E9;nero contra los hombres porque:
<disp-quote>
<p>No hace parte de un sistema de violencias donde se les controle continuamente el cuerpo y la sexualidad en los espacios p&#x00FA;blicos y privados,&#x00A0;[y que, por tanto] no se puede crear una categor&#x00ED;a de an&#x00E1;lisis a partir de hechos que no representan a una poblaci&#x00F3;n hist&#x00F3;ricamente. (<xref ref-type="bibr" rid="ref31">L&#x00F3;pez, 2015, p. 5</xref>).</p>
</disp-quote></p>
<p>En este punto de su obra, <xref ref-type="bibr" rid="ref22">Gayt&#x00E1;n (2009)</xref> cuestiona la tesis de una sociedad patriarcal, puesto que este concepto las ubica en un contexto victimizante. Esta autora explica que el desequilibrio de poder es intr&#x00ED;nseco a la definici&#x00F3;n de acoso, no porque se trate de una cuesti&#x00F3;n de violencia sistem&#x00E1;tica contra las mujeres en el marco de un sistema sexo/ g&#x00E9;nero; por el contrario, ese desequilibrio se evidencia en la imposici&#x00F3;n del emisor y en &#x201C;las consecuencias negativas para quien lo recibe, en la no autorizaci&#x00F3;n y la no correspondencia&#x201D; (<xref ref-type="bibr" rid="ref22">Gayt&#x00E1;n, 2009, p. 53</xref>). Por lo tanto, si en una situaci&#x00F3;n de insinuaci&#x00F3;n sexual no se presentan estas caracter&#x00ED;sticas, es decir, que la persona que la recibe la autoriza, no se estar&#x00ED;a hablando de acoso y se equilibrar&#x00ED;a la relaci&#x00F3;n de poder cuando la acci&#x00F3;n sea correspondida en los mismos t&#x00E9;rminos.</p>
<p>Incluso, otras autoras manifiestan que el &#x201C;discurso hegem&#x00F3;nico&#x201D; del acoso sexual &#x201C;genera mecanismos sociales para vigilar y prohibir expresiones sexualizadas en los entornos laborales y universitarios donde no solo se realizan actividades productivas sino tambi&#x00E9;n se socializa&#x201D;. Sostienen que a pesar de que estos hechos se enmarcan regularmente en relaciones asim&#x00E9;tricas de poder, no hacen parte necesariamente de una violencia sistem&#x00E1;tica.</p>
<p>Frente a esto, <xref ref-type="bibr" rid="ref9">Carvajal (2014)</xref> expresa que el piropo callejero se trata de una relaci&#x00F3;n de poder entre g&#x00E9;neros porque:
<disp-quote>
<p>(a) Ha asignado comportamientos que responden a una condici&#x00F3;n de g&#x00E9;nero; (b) gira en torno a temas est&#x00E9;ticos, sexuales o de cortejo que siempre suponen una relaci&#x00F3;n hombre/mujer y; (c) se caracteriza por una inter-venci&#x00F3;n comunicativa no consentida hacia otra persona (generalmente mujer), que se refiere a valoraciones corporales o insinuaciones de actos sexuales que suponen la dominaci&#x00F3;n de quien emite sobre la persona a quien se dirige. (<xref ref-type="bibr" rid="ref9">Carvajal, 2014, p. 36</xref>)</p>
</disp-quote></p>
<p>De este modo, la relaci&#x00F3;n de poder se refleja en la din&#x00E1;mica bajo la cual se desarrolla el acoso culturalmente, es decir, el hecho de que el hombre sea el emisor (parte activa) y la mujer su interlocutora (parte pasiva), refleja la diferencia de poder que hay entre ellos: &#x201C;el hombre como participante con m&#x00E1;s poder en el grupo social tiene la posibilidad de iniciar la interlocuci&#x00F3;n y terminarla sin considerar o esperar respuesta alguna de su interlocutora&#x201D; (Achugar, como se cit&#x00F3; en <xref ref-type="bibr" rid="ref26">Ledezma, 2017, p. 1295</xref>). En este mismo sentido, <xref ref-type="bibr" rid="ref39">P&#x00E9;rez (2020)</xref> afirma que es socialmente aceptado el hecho de que un var&#x00F3;n comunique un inter&#x00E9;s afectivo y sexual a las mujeres, mientras que estas solo se limitan a rechazarlos, y concluye que mediante la frase &#x201C;&#x2018;el var&#x00F3;n propone, la mujer dispone&#x2019;, los roles para que las relaciones sexuales se gesten son claros, los varones poseen la iniciativa y las mujeres deben prestar consentimiento&#x201D; (Jones, como se cit&#x00F3; en <xref ref-type="bibr" rid="ref39">P&#x00E9;rez, 2020, p. 13</xref>).</p>
</sec>
<sec>
<title>2.1.2. Interacci&#x00F3;n</title>
<p>El acoso sexual callejero es una forma de interacci&#x00F3;n, en tanto existe un mensaje que necesariamente provoca una reacci&#x00F3;n en quien lo recibe, ya sea &#x201C;gestos de desagrado o agrado, reclamar frontalmente, o simplemente ignorar el piropo&#x201D; (<xref ref-type="bibr" rid="ref5">Benalc&#x00E1;zar, 2012, p. 81</xref>). A lo anterior, <xref ref-type="bibr" rid="ref5">Benalc&#x00E1;zar (2012)</xref> le llama margen de negociaci&#x00F3;n, en el cual la persona que recibe un comentario o una mirada puede responder de manera activa o pasiva. All&#x00ED; hay un punto de encuentro con <xref ref-type="bibr" rid="ref21">Gayt&#x00E1;n (2007)</xref>, quien define a este fen&#x00F3;meno como &#x201C;interacci&#x00F3;n focalizada&#x201D;, esto es, frente a la incitativa del emisor, la persona que recibe el comentario (o la mirada) &#x201C;autoriza o reconoce mediante alguna se&#x00F1;al, emitida por sus ojos, voz u otra&#x201D; (<xref ref-type="bibr" rid="ref21">Gayt&#x00E1;n, 2007, p. 12</xref>). De esta manera, ambas autoras concuerdan en que el silencio o la indiferencia tambi&#x00E9;n es una manifestaci&#x00F3;n de la voluntad o forma de respuesta, ya sea de aprobaci&#x00F3;n o de desagrado.</p>
</sec>
<sec>
<title>2.1.3. Connotaci&#x00F3;n sexual</title>
<p>En el acoso sexual callejero se env&#x00ED;a un mensaje de reafirmaci&#x00F3;n del poder de lo masculino en el espacio p&#x00FA;blico donde necesariamente no hay una pretensi&#x00F3;n sexual espec&#x00ED;fica, tal como lo expresa <xref ref-type="bibr" rid="ref2">Arancibia, et al. (2015)</xref>:
<disp-quote>
<p>En el caso del acoso sexual callejero, no siempre se tiene por objetivo la posesi&#x00F3;n sexual, sino que puede funcionar como mera afirmaci&#x00F3;n de la dominaci&#x00F3;n. En otras palabras, las diversas manifestaciones del acoso sexual callejero (miradas lascivas, sonidos, piropos, agarrones, entre otros) no tienen como fin concretar la posesi&#x00F3;n sexual, sino que es otro instrumento a lo que lo masculino puede apelar para demostrar a sus pares, que es m&#x00E1;s viril que ellos y que se encuentra en una posici&#x00F3;n dominante, que le permite realizar estas acciones de manera p&#x00FA;blica y con impunidad. (<xref ref-type="bibr" rid="ref2">Arancibia, et al., 2015, p. 8</xref>)</p>
</disp-quote></p>
<p>Sin embargo, se refiere a la sexualidad como un medio para tal reafirmaci&#x00F3;n en virtud del rol de sujeto sexual del hombre frente al del objeto sexual con que se asocia a lo femenino, por lo tanto, el silbido, el comentario o el tocamiento pueden considerarse &#x201C;pr&#x00E1;cticas verbales y no verbales basadas en el sexo&#x201D; (<xref ref-type="bibr" rid="ref2">Arancibia, et al., 2015, p. 15</xref>).</p>
<p><xref ref-type="bibr" rid="ref12">Chac&#x00F3;n (2019)</xref> da un paso adelante y cuestiona el hecho de que el acoso callejero solo se le asigne un car&#x00E1;cter sexual porque de esta manera se excluye las agresiones dadas en el espacio p&#x00FA;blico basadas en el g&#x00E9;nero (no solo en el sexo), como las sufridas por las migrantes, &#x201C;mujeres lesbianas, pero tambi&#x00E9;n las experiencias de acoso sufridas por hombres pertenecientes a minor&#x00ED;as sexuales y en general a toda persona cuyo sexo no coincide con su identidad de g&#x00E9;nero&#x201D; (<xref ref-type="bibr" rid="ref12">Chac&#x00F3;n, 2019, p. 5</xref>).</p>
</sec>
<sec>
<title>2.1.4. Consentimiento</title>
<p>Esta es la caracter&#x00ED;stica fundamental para diferenciar entre acoso, piropo y halago. <xref ref-type="bibr" rid="ref4">Bedolla y Garc&#x00ED;a (2002)</xref> se refieren al acoso como &#x201C;acciones sexuales no rec&#x00ED;procas&#x201D; (<xref ref-type="bibr" rid="ref4">Bedolla y Garc&#x00ED;a, 2002, p. 2</xref>), frente a lo cual <xref ref-type="bibr" rid="ref22">Gayt&#x00E1;n (2009)</xref> manifiesta que &#x201C;la reciprocidad se encuentra en el nivel de la reacci&#x00F3;n que provoca en la persona acosada en la primera l&#x00ED;nea de acci&#x00F3;n&#x201D; (<xref ref-type="bibr" rid="ref22">Gayt&#x00E1;n, 2009, p. 42</xref>). Esto significa que, partiendo de que el acoso sexual callejero es un tipo de interacci&#x00F3;n, necesariamente hay un intercambio de voluntades, una es la del emisor (acosador) quien realiza un acto sexual determinado dirigido a la persona receptora (acosada), ya sea un comentario, una mirada, un sonido o un tocamiento, frente al cual la otra persona puede optar por la indiferencia, bajar la mirada, responder, unirse al acoso o denunciar. A estos niveles, <xref ref-type="bibr" rid="ref22">Gayt&#x00E1;n (2009)</xref> los llama niveles de reciprocidad, que no significa consentir o aprobar el acoso, sino que seg&#x00FA;n el interaccionismo social que adopta la autora, la reacci&#x00F3;n frente el acoso, sea cual sea, constituye una forma de reciprocidad sin importar si la respuesta es de aprobaci&#x00F3;n o desaprobaci&#x00F3;n (<xref ref-type="bibr" rid="ref22">Gayt&#x00E1;n, 2009, p. 42</xref>).</p>
<p>No obstante, para <xref ref-type="bibr" rid="ref20">Fern&#x00E1;ndez (2019)</xref> la configuraci&#x00F3;n del acoso no debe condicionarse a la percepci&#x00F3;n de una persona, porque:
<disp-quote>
<p>Si dejamos la interpretaci&#x00F3;n en lo subjetivo, lo que entra en juego es la dimensi&#x00F3;n del inconsciente que incluye las propias historias de vida, los deseos, las fantas&#x00ED;as y las resistencias, y a&#x00F1;ade que lo que puede percibirse como una conducta abusiva para alguien no lo es para otra persona. (<xref ref-type="bibr" rid="ref20">Fern&#x00E1;ndez, 2019, p. 6</xref>)</p>
</disp-quote></p>
<p>De esta manera, se halla un punto de vista que ri&#x00F1;e con la delimitaci&#x00F3;n subjetiva que diferencia al piropo del acoso, pues desde ese punto la determinaci&#x00F3;n de esa pr&#x00E1;ctica como violenta no depende de la persona que recibe el acoso, sino del grupo social u otro ente indefinido.</p>
</sec>
<sec>
<title>2.1.5. Espacio p&#x00FA;blico</title>
<p>Esta es una caracter&#x00ED;stica que diferencia el acoso sexual callejero del acoso laboral y del universitario, en tanto el contexto en el cual se desarrolla el callejero es el transporte p&#x00FA;blico o centros comerciales, calles, etc. Se trata de un espacio donde se construyen imaginarios sobre la masculinidad y feminidad que &#x201C;se traducen espacialmente, y que gene-ran lugares para lo masculino y lugares para lo femenino&#x201D; (Mesa y Rojas como se cit&#x00F3; en <xref ref-type="bibr" rid="ref2">Arancibia, et al., 2015, p. 17</xref>).</p>
<p>El espacio p&#x00FA;blico se asocia con el espacio donde se toman las decisiones pol&#x00ED;ticas, y el privado al cuidado de la familia y el hogar. Su separaci&#x00F3;n viene dada por el contrato sexual (entendi&#x00E9;ndose este como el pacto social que organiza la colectividad de acuerdo con el sexo) sobre el cual se fundamenta la &#x201C;separaci&#x00F3;n antag&#x00F3;nica de lo p&#x00FA;blico y lo privado [y] la reclusi&#x00F3;n de la mujer a la esfera privada, entendida como espacio opuesto a lo p&#x00FA;blico&#x201D; (<xref ref-type="bibr" rid="ref37">Morales, Quiroz y Ram&#x00ED;rez, 2016, p. 27</xref>). La divisi&#x00F3;n hist&#x00F3;rica de ambas dimensiones se acent&#x00FA;a con la configuraci&#x00F3;n del Estado moderno, porque su discurso apelaba a una supuesta naturaleza femenina &#x201C;incapaz de crear vida pol&#x00ED;tica y habilitar la constituci&#x00F3;n de las mujeres como sujetos en la vida p&#x00FA;blica&#x201D; (<xref ref-type="bibr" rid="ref17">Espinoza, 2014, p. 23</xref>).</p>
</sec>
<sec>
<title>2.1.6. Anonimato</title>
<p>Es una condici&#x00F3;n que lo hace particular, en tanto requiere una interacci&#x00F3;n casual o improvisada debido al espacio donde se desarrolla (la calle). Por lo anterior, el acoso es caracterizado por &#x201C;las interacciones entre grandes cantidades de gente en un espacio en el que se concentran con frecuencia multitudes: en el metro, en las calles del centro hist&#x00F3;-rico, en los lugares de intersecci&#x00F3;n o de trasbordo de transportes, etc.&#x201D; (<xref ref-type="bibr" rid="ref21">Gayt&#x00E1;n, 2007, p. 14</xref>). Este es un factor que contribuye a los sentimientos de inseguridad y temor porque su suceso es aleatorio.</p>
</sec>
</sec>
<sec>
<title>2.2. La problem&#x00E1;tica alrededor del piropo</title>
<p>Como se ha visto a lo largo del texto, la diferencia principal entre el piropo y el acoso es el consentimiento. Se ven&#x00ED;a planteando que se habla de piropo cuando el comentario es aprobado por quien lo recibe, pero se torna en acoso cuando es desaprobado. Sin embargo, autoras como <xref ref-type="bibr" rid="ref9">Carvajal (2014)</xref> no dan lugar a desligar ambos fen&#x00F3;menos, pues a&#x00FA;n con el consentimiento de la receptora puede seguir consider&#x00E1;ndose acoso. Por el contrario, <xref ref-type="bibr" rid="ref36">Medina y Zapana (2016)</xref> y <xref ref-type="bibr" rid="ref20">Fern&#x00E1;ndez (2019)</xref> sostienen que no todos los piropos significan acoso sexual. En consecuencia, la discusi&#x00F3;n radica en el aspecto subjetivo que supone el consentimiento, porque la l&#x00ED;nea entre piropo y acoso se condiciona a que la receptora consienta o no. Por otra parte, cuando <xref ref-type="bibr" rid="ref30">Lopera (2015)</xref> habla sobre piropos vulgares est&#x00E1; dividiendo la cuesti&#x00F3;n entre los que son aceptables y los que no, pero &#x00BF;c&#x00F3;mo y qui&#x00E9;n define cu&#x00E1;les son los vulgares y los que no? Se puede evidenciar que para el autor son los que contienen connotaci&#x00F3;n sexual; no obstante, en ambos se refiere a una cuesti&#x00F3;n de gusto meramente f&#x00ED;sico y sexual, y de esta manera tiende a referirse necesariamente al consentimiento.</p>
<p>Del mismo modo <xref ref-type="bibr" rid="ref9">Carvajal (2014)</xref>, <xref ref-type="bibr" rid="ref36">Medina y Zapana (2016)</xref> conceptualizan los piropos aceptables y los que no. De acuerdo con la informaci&#x00F3;n recogida por estas &#x00FA;ltimas autoras, &#x201C;los piropos agradables, o considerados &#x2018;bonitos&#x2019; son aquellos que utilizan comparaciones de las mujeres con flores y con &#x00E1;ngeles (porque simbolizan la belleza y la bondad), los saludos, los que emplean adjetivos como &#x2018;bonita&#x2019;, &#x2018;preciosa&#x2019;, &#x2018;bella&#x2019;, &#x2018;interesante&#x2019;&#x201D; (<xref ref-type="bibr" rid="ref36">Medina y Zapana, 2016, p. 68</xref>). Esto significa que, durante lo investigado en este trabajo, diversas autoras y autores se refieren al piropo desagradable como una degeneraci&#x00F3;n de una bella pr&#x00E1;ctica que en sus inicios se consideraba positiva y que en &#x00FA;ltima instancia puede resultar ofensiva (<xref ref-type="bibr" rid="ref38">Ortiz, 2008, p. 54</xref>). Por lo tanto, para <xref ref-type="bibr" rid="ref38">Ortiz (2008)</xref> esta degradaci&#x00F3;n del piropo obedece, en mayor medida, a &#x201C;la escasez y falta de vocabulario, debido a la cada vez menor pr&#x00E1;ctica lectora&#x201D; (2008, p. 57). Adicionalmente, <xref ref-type="bibr" rid="ref28">Lino (2017, p. 8</xref>) atribuye la degradaci&#x00F3;n de dicha pr&#x00E1;ctica al paso del tiempo, esto explica que la visi&#x00F3;n positiva del piropo la tenga en su mayor&#x00ED;a las generaciones m&#x00E1;s adultas. Sin embargo, es de resaltar que en esos textos que se menciona existe poco registro donde se exponga la percepci&#x00F3;n de aquellas mujeres que viv&#x00ED;an el piropo en sus inicios, con el fin de comparar si en t&#x00E9;rminos hist&#x00F3;ricos ha sido un ejercicio positivo para ellas o si, por el contrario, siempre ha significado una experiencia negativa desde su percepci&#x00F3;n.</p>
</sec>
<sec>
<title>2.3. Acoso como discriminaci&#x00F3;n</title>
<p>Seg&#x00FA;n <xref ref-type="bibr" rid="ref6">Bol&#x00ED;var (2017)</xref>, en el acoso no existe una segregaci&#x00F3;n real que pretende retirar a las mujeres del espacio p&#x00FA;blico y eso significa someterlas a un trato distinto por pertenecer al g&#x00E9;nero femenino (<xref ref-type="bibr" rid="ref6">Bol&#x00ED;var, 2017, p. 27</xref>). Difiere de otras autoras que expresan que el acoso sexual callejero constituye una forma de exclusi&#x00F3;n de las mujeres del espacio p&#x00FA;blico, siendo este un territorio masculino, y no reconoce que:
<disp-quote>
<p>La l&#x00F3;gica de g&#x00E9;nero que opera en la ciudad impone l&#x00ED;mites y fronteras que se vuelven naturales; pocas veces las mujeres son conscientes de la exclusi&#x00F3;n de la que hacen parte, simplemente la viven. Para las mujeres encuestadas (23), son m&#x00E1;s seguros los lugares cerrados mencionando centros comerciales, universidades, centros culturales, parques de diversiones, bibliotecas, museos y oficinas, caracterizados por contar con vigilancia y ser bastante concurridos: &#x201C;en general considero seguros lugares cerrados y bajo vigilancia&#x201D;, &#x201C;alg&#x00FA;n lugar afuera no es seguro&#x201D;, &#x201C;la universidad en el d&#x00ED;a&#x201D;. (<xref ref-type="bibr" rid="ref48">Toro y Ochoa, 2017, p. 10</xref>)</p>
</disp-quote></p>
<p>Seg&#x00FA;n un estudio sobre el espacio p&#x00FA;blico desarrollado en Rosario, Montevideo, Mendoza, Talca y Asunci&#x00F3;n, &#x201C;son las mujeres las que por temor limitan el uso y apropiaci&#x00F3;n de la ciudad; son ellas las que arbitran estrategias individuales elusivas de determinados lugares del barrio o de la ciudad&#x201D; (<xref ref-type="bibr" rid="ref41">Rainero, 2009, p. 167</xref>). Estos comportamientos son naturalizados y, a su vez, invisibilizados, tanto es as&#x00ED; que se convierten en acciones inconscientes que est&#x00E1;n mediatizadas por el miedo (<xref ref-type="bibr" rid="ref41">Rainero, 2009, p. 167</xref>).</p>
<p>En consecuencia, la discriminaci&#x00F3;n se evidencia en las actitudes que adoptan las mujeres como secuela de haber sufrido alguna vez alg&#x00FA;n tipo de agresi&#x00F3;n sexual; esas actitudes (o estrategias) consisten b&#x00E1;sicamente en modificar su forma de vestir, seleccionar rutas seguras, sentarse en un asiento cerca del chofer o ir acompa&#x00F1;adas por un hombre (<xref ref-type="bibr" rid="ref36">Medina y Zapana, 2016</xref>). Incluso, existen otros efectos econ&#x00F3;micos que se derivan del cambio de comportamiento para evitar el acoso, a lo que <xref ref-type="bibr" rid="ref50">Zambrano (2015)</xref> llama &#x201C;costo marginal social&#x201D; (<xref ref-type="bibr" rid="ref50">Zambrano, 2015, p. 49</xref>). El hecho de transitar por determinadas rutas seguras de la ciudad o dedicarse a ciertas actividades productivas como una actitud elusiva del acoso, afecta a sus decisiones de consumo o de producci&#x00F3;n de bienes y servicios. Adem&#x00E1;s, se produce &#x201C;un efecto renta, dado que existe una p&#x00E9;rdida monetaria real de la v&#x00ED;ctima por el hecho de sustituir una actividad por otra para evitar el acoso&#x201D; (<xref ref-type="bibr" rid="ref50">Zambrano, 2015, p. 49</xref>).</p>
<p>En un estudio citado por <xref ref-type="bibr" rid="ref15">Coraz&#x00F3;n (2016)</xref> sobre 228 estudiantes mujeres estadounidenses, se concluy&#x00F3; que &#x201C;el temor a [la] violaci&#x00F3;n era directamente proporcional a la frecuencia de acoso sexual, y tambi&#x00E9;n que las mujeres con mayor temor a violaci&#x00F3;n restring&#x00ED;an su libertad de movimiento&#x201D; (<xref ref-type="bibr" rid="ref15">Coraz&#x00F3;n, 2016, p. 63</xref>). Adicionalmente, &#x201C;relacionaron al acoso sexual con la aparici&#x00F3;n de s&#x00ED;ntomas negativos en estudiantes mujeres como ansiedad, miedo, verg&#x00FC;enza, culpa, cefaleas, sue&#x00F1;o interrumpido, decremento de apetito y p&#x00E9;rdida de peso&#x201D; (<xref ref-type="bibr" rid="ref15">Coraz&#x00F3;n, 2016, p. 64</xref>). En otro estudio llevado a cabo en 125 adolescentes entre los 13 y 15 a&#x00F1;os de Quer&#x00E9;taro, se hall&#x00F3; que el rango del su primer acoso fue de 6 a 14 a&#x00F1;os, adem&#x00E1;s &#x201C;el 69,5 % del grupo de mujeres hab&#x00ED;an experimentado el acoso, mientras que un 25,4 % de los hombres lo padecieron&#x201D; (<xref ref-type="bibr" rid="ref15">Coraz&#x00F3;n, 2016, p. 181</xref>). Las personas encuestadas manifestaron experimentar los mismos sentimientos como desesperaci&#x00F3;n, enojo, impotencia, inseguridad, intimidaci&#x00F3;n y miedo, pero en m&#x00E1;s proporci&#x00F3;n en mujeres que en hombres (<xref ref-type="bibr" rid="ref15">Coraz&#x00F3;n, 2016, p. 182</xref>).</p>
<p>Por lo anterior, el acoso sexual callejero constituye tambi&#x00E9;n un tipo de violencia simb&#x00F3;lica en tanto las mujeres experimentan inconscientemente estos sentimientos &#x201C;a pesar de sus convicciones internas y sus deseos de resistencia a la opini&#x00F3;n dominante&#x201D;, y de esta manera se atenta contra la autodeterminaci&#x00F3;n personal y la igualdad (<xref ref-type="bibr" rid="ref19">Felitti y Rizzotti, 2016, p. 20</xref>). La restricci&#x00F3;n de circulaci&#x00F3;n por el espacio p&#x00FA;blico es latente, en cuanto es inseguro para las mujeres circular en determinados horarios (noche) y en ciertas zonas (deshabitadas o sin iluminaci&#x00F3;n) (<xref ref-type="bibr" rid="ref2">Arancibia, et al., 2015</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="ref33">Machado, 2009</xref>).</p>
<p>Lo anterior se explica a trav&#x00E9;s del trinomio poder-sexualidad-violencia conceptualizado por <xref ref-type="bibr" rid="ref4">Bedolla y Garc&#x00ED;a (2002)</xref>. Seg&#x00FA;n ellas, la victimizaci&#x00F3;n sexual se convierte en una forma de control de los cuerpos de las mujeres donde se subraya la superioridad masculina sobre lo femenino y la &#x201C;tendencia a concebir a la mujer como objeto sexual, defini&#x00E9;ndosele en t&#x00E9;rminos de lo que complace al hombre, como objeto de deseo y no como ser sexuado&#x201D;&#x00A0;(<xref ref-type="bibr" rid="ref4">Bedolla y Garc&#x00ED;a, 2002, p. 5</xref>).</p>
<p>De acuerdo con <xref ref-type="bibr" rid="ref3">Atencio (2014)</xref>, existen determinados modelos culturales sobre la representaci&#x00F3;n social femenina en el imaginario de la ciudad de Cartagena de Indias, estos son: el modelo del bello sexo, el de la mujer agredida, el del objeto sexual y el modelo materno. Los piropos se centran en estos cuatro arquetipos de la mujer en la sociedad donde se le presenta como &#x201C;un ser er&#x00F3;tico, coqueto, que agrada al hombre, y donde es &#x00E9;l quien tiene el dominio&#x201D; (<xref ref-type="bibr" rid="ref3">Atencio, 2014, p. 78</xref>).</p>
<p>En resumen, el acoso sexual callejero constituye un tipo de discriminaci&#x00F3;n de g&#x00E9;nero y violencia sexual porque afecta a la libertad sexual y el libre tr&#x00E1;nsito de las mujeres en el espacio, y que limita la forma de habitar la calle en comparaci&#x00F3;n con los varones (Rosaldo, como se cit&#x00F3; en <xref ref-type="bibr" rid="ref37">Morales, et al., 2016, p. 27</xref>).</p>
</sec>
</sec>
</sec>
<sec>
<title>Conclusiones</title>
<p>La perspectiva a partir de la cual autoras como <xref ref-type="bibr" rid="ref18">Fal&#x00FA; (2009)</xref>, <xref ref-type="bibr" rid="ref9">Carvajal (2014)</xref>, <xref ref-type="bibr" rid="ref6">Bol&#x00ED;var (2017)</xref>, <xref ref-type="bibr" rid="ref21">Gayt&#x00E1;n (2007</xref>, <xref ref-type="bibr" rid="ref22">2009)</xref>, <xref ref-type="bibr" rid="ref48">Toro y Ochoa (2017)</xref> abordan el acoso, revela una posici&#x00F3;n que politiza el acoso sexual callejero porque reconocen que es un tipo de violencia sistem&#x00E1;tica contra las mujeres en raz&#x00F3;n de su g&#x00E9;nero. Por ende, estas autoras evidencian que este fen&#x00F3;meno, a pesar de ser cotidiano, se enmarca en una relaci&#x00F3;n de poder que jerarquiza las relaciones sociales entre hombres y mujeres.</p>
<p>Por otro lado, se evidencia un punto de vista tradicional en textos como el de <xref ref-type="bibr" rid="ref29">Lopera (2013</xref>, <xref ref-type="bibr" rid="ref30">2015)</xref>, desde el cual no existe una politizaci&#x00F3;n del piropo que trascienda el estudio de la ling&#x00FC;&#x00ED;stica. Esto explica que desde esa &#x00F3;ptica no se le denomina acoso o no se reconoce como una violencia a pesar de que, al hablar de piropos vulgares reconoce que hay unos piropos que el receptor acepta como otros que no (para problematizar el consentimiento), y que destaca que el piropo es producido por varones y dirigido a mujeres (para revelar la relaci&#x00F3;n de g&#x00E9;nero).</p>
<p>Si se quiere contribuir a la discusi&#x00F3;n te&#x00F3;rica o jur&#x00ED;dica del acoso sexual callejero ser&#x00E1; necesario que quien investigue reconozca su subjetividad en t&#x00E9;rminos de sesgos o creencias previas al estudio y; por ende, partir de que la producci&#x00F3;n de conocimiento no es ajena al contexto pol&#x00ED;tico e hist&#x00F3;rico de lo que se investiga. Si se analiza el acoso callejero desde una perspectiva as&#x00E9;ptica en t&#x00E9;rminos acad&#x00E9;micos o ajena al contexto territorial y a los movimientos de mujeres puede incurrirse en una posici&#x00F3;n no solo miope, sino tambi&#x00E9;n legitimadora de las violencias contra las mujeres, lo que a su vez puede resultar en un obst&#x00E1;culo para el avance en la discusi&#x00F3;n.</p>
<p>La escasa participaci&#x00F3;n de las mujeres en la producci&#x00F3;n de conocimiento a lo largo de la historia explica el hecho de que no se encuentre literatura sobre el piropo desde la perspectiva de ellas. Esto se traduce en que no se posee una vista completa del panorama hist&#x00F3;rico que permita argumentar la legitimidad de lo que aqu&#x00ED; se concluye, en especial frente al interrogante de si inicialmente se trat&#x00F3; de una pr&#x00E1;ctica positiva que se fue degenerando con el tiempo, o si, por el contrario, siempre se trat&#x00F3; de una violencia naturalizada.</p>
<p>A partir del reconocimiento del acoso callejero como un tipo de violencia basada en el g&#x00E9;nero se permite admitir que existe una limitaci&#x00F3;n no solo al libre tr&#x00E1;nsito de las mujeres, sino tambi&#x00E9;n a la libertad sexual. Desde all&#x00ED; ser&#x00E1; posible estudiar nuevas estrategias desde lo institucional (como considerar nuevos bienes jur&#x00ED;dicos) y desde lo comunitario (estimulando la sanci&#x00F3;n social). Con esto no se sostiene que una posible soluci&#x00F3;n sea la penalizaci&#x00F3;n de estas conductas, sino que es importante una intervenci&#x00F3;n estatal que sumada a las acciones comunitarias permita abordar unas soluciones concertadas mediante las cuales se aborde la problem&#x00E1;tica desde lo estructural.</p>
<p>Por &#x00FA;ltimo, frente a la discusi&#x00F3;n que ha generado un sector del feminismo liberal planteada principalmente por la antrop&#x00F3;loga Marta Lamas (como se cit&#x00F3; en <xref ref-type="bibr" rid="ref20">Fern&#x00E1;ndez, 2019</xref>), se identifica que hay un temor a denominar ciertas conductas &#x201C;cotidianas&#x201D; como acoso, debido a que preexiste una equiparaci&#x00F3;n inmediata del acoso con una sanci&#x00F3;n penal. Lo que se problematiza es que el acoso no debe tratarse como un hecho aislado, sino como un tipo de violencia que, aunque se puede confundir entre interacciones sexuales propias de las relaciones sociales, se repite en todos los espacios, en todos los contextos y territorios en los que transita una mujer a lo largo de su vida con ciertos matices a los que puede nombrarse niveles de gravedad, si se quiere. Por lo tanto, no se desconoce que hay una discusi&#x00F3;n pendiente alrededor del control de la sexualidad femenina a trav&#x00E9;s de la victimizaci&#x00F3;n que, seg&#x00FA;n varias autoras, supone el discurso del acoso. Sin embargo, es necesario admitir que dentro de un sistema de violencias basadas en el g&#x00E9;nero se limitan las posibilidades de que una mujer se desenvuelva c&#x00F3;modamente en espacios sexualizados que no est&#x00E9;n enmarcados en una relaci&#x00F3;n de poder desigual entre hombres y mujeres.</p>
</sec>
</body>
<back>
<ack>
<title>Reconocimientos</title>
<p>Este art&#x00ED;culo nace del inter&#x00E9;s en contribuir a la conceptualizaci&#x00F3;n del acoso desde una perspectiva feminista. Fue realizado en el marco de mi especializaci&#x00F3;n en la Universidad de Medell&#x00ED;n, donde cont&#x00E9; con docentes con amplia trayectoria profesional y un compromiso pol&#x00ED;tico significativo. Agradezco a la profesora Dora Saldarriaga por vincularme a los estudios de g&#x00E9;nero y orientarme en la escritura de este art&#x00ED;culo; a las profesoras Ana Milena Montoya y Alejandra Restrepo porque a trav&#x00E9;s de ellas aprehend&#x00ED; las herramientas epistemol&#x00F3;gicas y metodol&#x00F3;gicas necesarias para participar en el debate actual del acoso; a la profesora Nora Vargas que hace posible el desarrollo de una Especializaci&#x00F3;n en Estudios de G&#x00E9;nero en la ciudad; a los/las dem&#x00E1;s docentes que aportaron a la construcci&#x00F3;n de este art&#x00ED;culo; y a mi madre, Blanca Gil, por brindarme las condiciones para dedicar tiempo a la escritura. Finalmente, agradezco a las personas que leen y citan este texto por permitirme hacer parte de la discusi&#x00F3;n sobre este tema.</p>
</ack>
<sec sec-type="COI-statement">
<title>Mar&#x00ED;a Claudia L&#x00F3;pez</title>
<p>Abogada feminista, graduada de la Universidad Aut&#x00F3;noma Latinoamericana y especialista en Estudios de G&#x00E9;nero de la Universidad de Medell&#x00ED;n. Se desempe&#x00F1;a como abogada de la Corporaci&#x00F3;n Colectiva Justicia Mujer en Apartad&#x00F3;, Antioquia. Autora de art&#x00ED;culos como "Acoso sexual callejero: Evaluaci&#x00F3;n de su percepci&#x00F3;n cultural en el Valle de Aburr&#x00E1; y an&#x00E1;lisis de g&#x00E9;nero de las formas de sanci&#x00F3;n en Colombia en las &#x00FA;ltimas dos d&#x00E9;cadas" publicado en la revista <italic>Indisciplinas</italic>; y "Empoderamiento vs intervenci&#x00F3;n del Estado: Un an&#x00E1;lisis desde el acoso sexual callejero" incluido en el Bolet&#x00ED;n Observatorios y Semilleros de Mujer, G&#x00E9;nero de la Gobernaci&#x00F3;n de Antioquia del 2015. Particip&#x00F3; tambi&#x00E9;n como tallerista y ponente en el III Encuentro Latinoamericano de Investigadores sobre Cuerpos y Corporalidades en las Culturas en noviembre del 2018 en la Ciudad de M&#x00E9;xico.</p>
</sec>
<ref-list>
<title>Referencias</title>
<ref id="ref1"><mixed-citation>Acosta, E., et al. (2016). Apropiaci&#x00F3;n y significaci&#x00F3;n cultural y art&#x00ED;stica del espacio urbano: el caso del Chorro de Quevedo en Bogot&#x00E1;. <italic>Aposta</italic>, (71), 62-94. Recuperado de <uri>http://www.apostadigital.com/revistav3/hemeroteca/aliaga4.pdf</uri></mixed-citation>
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<ref id="ref2"><mixed-citation>Arancibia, J., et al. (2015). <italic>Acoso Sexual Callejero: Contexto y dimensiones</italic>. Recuperado de <uri>http://www.ocac.cl/wp-content/uploads/2016/09/Acoso-Sexual-Callejero-Contexto-y-dimensiones-2015.pdf</uri></mixed-citation>
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