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<journal-title>Ciencia Pol&#x00ED;tica</journal-title>
<abbrev-journal-title abbrev-type="publisher">Cienc. Politi.</abbrev-journal-title>
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<issn pub-type="epub">2389-7481</issn>
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<publisher-name>Universidad Nacional de Colombia</publisher-name>
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<article-id pub-id-type="doi">10.15446/cp.v16n32.97636</article-id>
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<article-title>Michael Kohlhaas, rabia y resistencia</article-title>
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<trans-title xml:lang="en">Michael Kohlhaas, Rage and Resistance</trans-title>
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<contrib contrib-type="author"><name><surname>Romo</surname><given-names>Mateo</given-names></name><xref ref-type="aff" rid="aff1"></xref></contrib>
<aff id="aff1"><institution content-type="original">Universidad Libre</institution><city>Bogot&#xe1;, D.C.</city><country>Colombia</country> <email>mateo.romo@unilibre.edu.co</email> <uri xlink:href="https://orcid.org/0000-0002-2914-8602">https://orcid.org/0000-0002-2914-8602</uri></aff>
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<pub-date publication-format="electronic" date-type="pub" iso-8601-date="2021-07">
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<license license-type="open-access" xlink:href="http://creativecommons.org/licenses/by-nc/4.0" xml:lang="es"><license-p>Este art&#x00ED;culo est&#x00E1; publicado en acceso abierto bajo los t&#x00E9;rminos de la licencia Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 2.5 Colombia.</license-p>
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<abstract>
<title>Resumen</title>
<p>En la condici&#xf3;n humana convergen dos <italic>fuerzas</italic> constitutivas: la raz&#xf3;n y las emociones. Sin embargo, a lo largo de la historia, con mayor o menor intensidad, ha prevalecido la constante de separar, cuando no subsumir, una de estas fuerzas en la otra. La balanza se ha inclinado en exceso a favor de la raz&#xf3;n, al punto que se va por el mundo a medio andar, luego de haber confinado en el recoveco de lo &#x201C;peligroso&#x201D;, lo &#x201C;ca&#xf3;tico&#x201D; y lo &#x201C;irrazonable&#x201D; la otra mitad de lo que somos: emociones y sentimientos. Una de las emociones que m&#xe1;s se ha censurado es la rabia. Este art&#xed;culo de reflexi&#xf3;n descree de la lectura dominante, reafirma su potencial transformador y la asume como emoci&#xf3;n pol&#xed;tica. Para hacerlo, se trazan vasos comunicantes entre la filosof&#xed;a pol&#xed;tica y la literatura a partir de una interpretaci&#xf3;n del relato de Von Kleist titulado <italic>Michael Kohlhaas</italic>, buscando flexibilizar las fronteras imaginarias entre <italic>realidad</italic> y <italic>ficci&#xf3;n</italic>.</p>
</abstract>
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<title>Abstract</title>
<p>Two constitutive <italic>forces</italic> converge in the human condition: reason and emotions. However, throughout history, with greater or lesser intensity, the constant of separating when not reducing one of these forces to the other has prevailed. The balance has tipped too much in favor of reason, to the point that today we are halfway around the world, after having confined the other half into the recess of the &#x201C;dangerous&#x201D;, the &#x201C;chaotic&#x201D; and the &#x201C;unreasonable&#x201D; of what we are: emotions and feelings. One of the emotions that has been most censored is anger. This reflection article disbelieves the dominant reading by reassurance the anger transformative potential and assumes it as a political emotion. To do so, communicating bridges are built between political philosophy and literature through an interpretation of Von Kleist&#x2019;s <italic>Michael Kohlhaas</italic>, seeking for flexibility between the imaginary borders of <italic>reality</italic> and <italic>fiction</italic>.</p>
</trans-abstract>
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<kwd>emociones</kwd>
<kwd>literatura</kwd>
<kwd>Michael Kohlhaas</kwd>
<kwd>pol&#xed;tica</kwd>
<kwd>rabia</kwd>
<kwd>resistencia</kwd>
<kwd>revoluci&#xf3;n</kwd>
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<kwd>Emotion</kwd>
<kwd>Literature</kwd>
<kwd>Michael Kohlhaas</kwd>
<kwd>Politic</kwd>
<kwd>Rage</kwd>
<kwd>Resistance</kwd>
<kwd>Revolution</kwd>
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<title>Introducci&#xf3;n</title>
<p>Cuando se reflexiona sobre la rabia, frecuentemente se afirma que se trata de una emoci&#xf3;n de connotaci&#xf3;n negativa, que mina el esp&#xed;ritu y corroe todo a su paso. El consejo habitual es que, ante su eventual presencia, esta debe confinarse en los escondrijos de la mente y de la voluntad, y en ning&#xfa;n caso exteriorizarse, as&#xed; contenerla implique una implosi&#xf3;n en nuestra inmensidad &#xed;ntima. Como ant&#xed;doto para contrarrestarla se sugiere visitar a un sacerdote o a un profesional de la salud, ir a terapia, tomar aire, sostener la respiraci&#xf3;n al menos diez segundos, exhalar de nuevo y sonre&#xed;r, como si nada hubiera pasado. Sin embargo, cabe preguntar: &#xbf;bien encaminada, esta emoci&#xf3;n puede ser la semilla de un frondoso &#xe1;rbol?</p>
<p>En este texto se explora esa posibilidad, tras asumir la rabia como una emoci&#xf3;n compleja, cuya vertiente instituyente, revolucionaria, soberana y colectiva le da la identidad de emoci&#xf3;n pol&#xed;tica. Constituir un aporte a la prol&#xed;fica y creciente reflexi&#xf3;n sobre los vasos comunicantes entre la dimensi&#xf3;n afectiva y las luchas por los derechos, a trav&#xe9;s de la resignificaci&#xf3;n pol&#xed;tica de la rabia, ese es el prop&#xf3;sito de este texto, que ve en la superaci&#xf3;n de los abismos te&#xf3;ricos entre emociones y revoluci&#xf3;n la clave para una lectura sentipensante de la historia social. Sin desconocer los importantes estudios en los cuales se trazan diferencias entre un concepto y otro, aqu&#xed;, rabia e ira tendr&#xe1;n un uso indistinto.</p>
<p>Bajo la premisa de que las Ciencias Sociales y las Humanidades no solo se complementan, sino que se completan (si una siembra las flores, la otra las riega), se propone reflexionar sobre la rabia y los modos de resistencia, a partir del an&#xe1;lisis del c&#xe9;lebre relato <italic>Michael Kohlhaas</italic>, del poeta, dramaturgo y novelista alem&#xe1;n Heinrich von Kleist,<xref ref-type="fn" rid="fn1"><sup>1</sup></xref> desde los lentes de la filosof&#xed;a pol&#xed;tica, a prop&#xf3;sito de la siguiente pregunta: &#xbf;qu&#xe9; tipolog&#xed;a de resistencia encarn&#xf3; el protagonista de la historia?</p>
<p>En aras de abordar esta pregunta, inicialmente, se resumir&#xe1; buena parte de la novela. En un segundo momento, se har&#xe1; una aproximaci&#xf3;n a las formas de resistencia contra el tirano, la ley y el orden establecido, para, en un tercer momento, retomar el hilo de la historia de Von Kleist y analizar la gesta del protagonista. Finalmente, se reflexionar&#xe1; sobre lo que implica asumir la rabia como emoci&#xf3;n pol&#xed;tica, preludio de insumisi&#xf3;n y semilla del frondoso &#xe1;rbol de las luchas por la redistribuci&#xf3;n y el reconocimiento.</p>
</sec>
<sec>
<title>1. La par&#xe1;bola del castillo</title>
<p>Durante el siglo XVI, un tratante de caballos cruza, como de costumbre, las tierras de un bar&#xf3;n local. Una barrera nunca vista atraviesa el camino. Se trata de un nuevo privilegio concedido al caballero del castillo. El guardabarrera le exige al tratante un gravamen para poder pasar. Sin mayor reparo, el tratante entrega el dinero y se dispone a seguir su viaje. En ese momento, una nueva voz lo interpela: &#x201C;&#xbf;Trae usted el <italic>documento de paso</italic>?&#x201D;, le pregunta el alcaide del castillo. Con extra&#xf1;eza, pero sin dejar de lado su actitud estoica, el titular de los caballos le pregunta qu&#xe9; es un &#x201C;documento de paso&#x201D;. El alcaide asevera que ning&#xfa;n tratante puede atravesar la frontera sin el permiso del se&#xf1;or del territorio (era la decimosexta vez que atravesaba la frontera y la primera que esto pasaba).</p><p>Ante la terquedad desafiante del alcaide, el tratante da sus caballos al criado que lo acompa&#xf1;a y pide hablar personalmente con el se&#xf1;or del castillo. Minutos m&#xe1;s tarde, el caballero, que est&#xe1; con algunos amigos, le pregunta al tratante qu&#xe9; quiere. Ni siquiera hab&#xed;a llegado al meollo del asunto, cuando los escuchas se precipitaron a la ventana. &#x201C;&#xbf;Caballos? &#xbf;D&#xf3;nde?&#x201D; El noble propone ir a verlos. Al llegar al patio, los examinan con detalle. Se trata de un magn&#xed;fico grupo de caballos como no hay m&#xe1;s en el pa&#xed;s. El noble pregunta qu&#xe9; precio tiene el bayo de gran alzada. Su administrador le sugiere comprar los dos imponentes caballos negros, pues ser&#xed;an de gran utilidad en las labores del campo.</p>
<p>Al final, no hay acuerdo. El tratante no insiste y dice que a lo mejor cierren el trato en una pr&#xf3;xima ocasi&#xf3;n. Hace una reverencia y se dispone a partir. Nuevamente, el alcaide le echa la retah&#xed;la del &#x201C;documento especial&#x201D;. El tratante le pregunta al noble si esa formalidad es realmente necesaria, pues destruye su negocio. &#x201C;S&#xed;, tienes que sacar el documento&#x201D;. El tratante pide que por esta vez le deje cruzar la frontera, no sin antes asegurarle que no burlar&#xe1; las disposiciones legales y que acudir&#xe1; a la canciller&#xed;a para que le extiendan el documento respectivo. Comienza a llover. El noble le dice al alcaide que por esta ocasi&#xf3;n lo deje marchar. Hace un gesto a sus amigos y todos se dirigen de vuelta al castillo. En ese momento, el alcaide le dice a su se&#xf1;or que le deber&#xed;an dejar alguna garant&#xed;a. El tratante es constre&#xf1;ido a dejar los dos caballos negros. Le encomienda a su criado cuidarlos bien hasta su regreso y emprende camino.</p>
<p>En la canciller&#xed;a, los funcionarios confirman la sospecha: lo del documento es pura f&#xe1;bula. Ya de vuelta en el castillo, se topa con dos malas noticias: el criado que dej&#xf3; al cuidado de los caballos recibi&#xf3; una paliza y fue expulsado. Para completar, &#x201C;en lugar de sus dos magn&#xed;ficos caballos, bien alimentados y relucientes, se vio frente a dos jamelgos esquel&#xe9;ticos y esquilmados&#x201D;.</p>
<p>Con un d&#xe9;bil relincho, saludan a su querido amo. Indignado, le pregunta a un encargado qu&#xe9; ha sucedido. Las excusas son absurdas. A&#xfa;n as&#xed;, el tratante se dispone a partir con sus maltrechos caballos. Justo entonces aparece el alcaide. Ante las preguntas del due&#xf1;o de los caballos, este espet&#xf3; que el criado que dej&#xf3; al cuidado fue arrojado y que nadie ten&#xed;a por qu&#xe9; cuidar de los <italic>jamelgos</italic>. Lo propio, asegura, es que los animales se ganen la comida con su trabajo. De pronto, aparece el se&#xf1;or del castillo con una escolta de perros, criados y caballeros. Viene de una partida de caza. Al preguntar por lo que sucede, el alcaide da una versi&#xf3;n distorsionada de los hechos. Con insolencia, el noble soslaya los reclamos del tratante que, finalmente, advierte que encontrar&#xe1; la manera de hacer justicia y se va del castillo.</p>
<p>El comerciante redacta una demanda. Pide &#x201C;el castigo de los culpables, restituci&#xf3;n de los caballos en su estado anterior e indemnizaci&#xf3;n de los da&#xf1;os y perjuicios que tanto &#xe9;l como su criado hab&#xed;an sufrido&#x201D;. La demanda es arrumbada; el noble tiene parientes en el gobierno.</p>
<p>El tratante decide vender su casa, pues se siente excluido dentro de su pa&#xed;s &#x2013;expulsado de la comunidad en cuanto desprotegido por la ley&#x2013;. No soporta estar en un lugar donde no se amparan sus derechos. Su esposa, no obstante, lo persuade para que le conf&#xed;e la demanda. Ella le propone entreg&#xe1;rsela directamente al soberano del territorio. La empresa, empero, es la m&#xe1;s desdichada de todas. Su esposa es gravemente herida por un lacayo del soberano. Nuestro personaje brama de <italic>furia</italic>. Ella le estrecha la mano y expira.</p>
<p>Luego de m&#xe1;s desmanes, pasar&#xe1; lo indefectible: la nobleza de esp&#xed;ritu desafiar&#xe1; la nobleza de t&#xed;tulo. El caparaz&#xf3;n de aparente rectitud del <italic>Estado</italic> fue confrontado por el filo de la espada y un <italic>ballet</italic> de fuego. Al sobrepasar las capas y ver el interior, no hab&#xed;a m&#xe1;s que podredumbre y malevolencia. Otros descontentos y despose&#xed;dos se sumaron a la causa, que era su misma causa: la lucha por la dignidad.</p>
<p>Muchos intentaron detener por la fuerza la resistencia en marcha. Sin embargo, esta era incontenible. La rabia de las gentes hab&#xed;a dado vida a un volc&#xe1;n popular andante. El fuego arrasaba con todo a su paso, pero tambi&#xe9;n vaticinaba un nuevo comienzo. Este fuego era uno de rostro heracl&#xed;teo, que hac&#xed;a las veces de <italic>arj&#xe9;</italic> social-restaurador. As&#xed; como se encendi&#xf3;, seg&#xfa;n un orden regular, as&#xed; tambi&#xe9;n se apagar&#xed;a. Tal como una llama viva representa un constante devenir donde hay algo que permanece insistente: un t&#xe1;cito orden en la materia, lo propio pasa con la insumisi&#xf3;n de los comunes: como el fuego, se expande, se contrae, pero siempre preservando un orden inalterado a medida que fluct&#xfa;a. Si la met&#xe1;fora del devenir de la vida es el fuego, la revoluci&#xf3;n es su correlato.</p>
<p>Hubo alguien que intent&#xf3; persuadir a nuestro personaje con la fuerza m&#xe1;s contundente de todas: la de las ideas. Se trataba de un c&#xe9;lebre te&#xf3;logo y fraile, que le escribi&#xf3; un manifiesto luego de tener conocimiento de su <italic>acci&#xf3;n abrasadora</italic>. Para el fraile, lo hecho por el personaje no era encomiable bajo ning&#xfa;n punto de vista. Acus&#xf3; al tratante de arrogante y argucioso, de empu&#xf1;ar la espada de la desgracia, de hablar como justiciero y actuar como rebelde. El fraile era Mart&#xed;n Lutero. Los relojes de la historia marcaban sus tiempos y los de la reforma protestante.</p>
<p>El maltrato a los caballos representa el signo obstinado de la negaci&#xf3;n del otro, el no-respeto rec&#xed;proco, base de la amistad civil. Los desafueros cometidos contra el criado van m&#xe1;s all&#xe1; de la mera afrenta al orgullo, pues no se trataba de una llana relaci&#xf3;n de trabajo; entre uno y otro hab&#xed;a camarader&#xed;a. La muerte de la amada, bueno, es tambi&#xe9;n la muerte de nuestro personaje. Ella era toda su vida.</p>
<p>A esta triple herida se suma otra: la sensaci&#xf3;n de paria, al ser un hombre de ley, ir&#xf3;nicamente vulnerado en sus derechos por la propia ley que admiraba y honraba con sus actos. La idea de <italic>vivir</italic> en un pa&#xed;s donde vulneraban sus derechos lo abrumaba, al punto que llevaba a cuestas la autoconciencia del expulsado.</p>
<p>&#xbf;C&#xf3;mo el fraile pudo inquirir que el meollo del asunto era una cuesti&#xf3;n insignificante? Al entrevistarse directamente con el hombre que acusaba y conocer algo de sus heridas morales, decidi&#xf3; entrar en contacto con el elector del caso. Su intercesi&#xf3;n tendr&#xe1; efectos decisivos y la historia dar&#xe1; giros dram&#xe1;ticos. Habr&#xe1; un doble veredicto y la iron&#xed;a de ser y no ser desafiar&#xe1; el principio de no contradicci&#xf3;n.</p>
<p>Antes de referir el desenlace, valga evocar la vieja idea de que un mismo acontecimiento puede leerse de diferentes formas. Mientras, para algunos, la gesta de nuestro personaje puede interpretarse como un dignificante acto de resistencia, para otros, no hay nada distinto a un impulso inserto en la ley del tali&#xf3;n.</p>
<p>Con el prop&#xf3;sito de dar una clave de lectura sobre la manifestaci&#xf3;n de resistencia que, a mi juicio, constituy&#xf3; el actuar del personaje, se har&#xe1; un breve comentario sobre las m&#xe1;s conocidas formas de insumisi&#xf3;n. Una vez presentados los caminos, se retomar&#xe1; el hilo de la historia y se dar&#xe1; una hip&#xf3;tesis. Aunque hay un amplio mar de posibilidades interpretativas, procurar&#xe9; ser riguroso en mi lectura, pues, en vez del peligroso relativismo, se reafirma la tesis de verdad en el mundo moral de <xref ref-type="bibr" rid="ref16">Dworkin (2013)</xref>, es decir, la idea seg&#xfa;n la cual en el vasto mundo de la interpretaci&#xf3;n se debe asumir como verdadera la concepci&#xf3;n que se integra coherentemente con otras razones en &#x201C;una red de valor a la que prestamos una adhesi&#xf3;n aut&#xe9;ntica&#x201D; (<xref ref-type="bibr" rid="ref16">Dworkin, 2013, p. 104</xref>).</p>
</sec>
<sec>
<title>2. Resistencia y emociones</title>
<p>La idea subyacente de este apartado es que la rabia pol&#xed;tica ha tenido un papel instituyente en la historia social, pese a que se ha tratado como elemento secundario. Cuando la vileza acecha, la alegr&#xed;a escampa, por lo que tarde o temprano la indignaci&#xf3;n dialoga con la rabia, que la rehabilitan, al erigir un principio de esperanza, traducido en oponer resistencia a la tormenta incesante. Esta fuerza en el &#xe1;mbito pol&#xed;tico se expresa de diferentes formas, por ejemplo, confrontando al tirano, a la ley injusta o a todo el orden establecido, cuando este es hacedor de desigualdades y menosprecio.</p>
<p>Un caso paradigm&#xe1;tico del primer supuesto lo constituye el asesinato de Hiparco de Atenas (514 a.C.). A su vez, incipientes teorizaciones sobre la legitimidad de esta praxis pueden hallarse en autores como <xref ref-type="bibr" rid="ref41">Polibio (1986)</xref>, <xref ref-type="bibr" rid="ref10">Cicer&#xf3;n (1959)</xref> y <xref ref-type="bibr" rid="ref40">Plutarco (1987)</xref>. La primera formulaci&#xf3;n l&#xfa;cida y esclarecedora del tiranicidio en Europa suele adjudicarse a Juan de <xref ref-type="bibr" rid="ref45">Salisbury (1984)</xref>; la m&#xe1;s c&#xe9;lebre, por su parte, a Juan de <xref ref-type="bibr" rid="ref35">Mariana (1981)</xref>.</p>
<p>En la <italic>Vindiciae contra tyrannos</italic> (<xref ref-type="bibr" rid="ref29">Junius, 2008</xref>), cl&#xe1;sico de la teor&#xed;a pol&#xed;tica, considerado la <italic>biblia</italic> del derecho de resistencia, se hacen reflexiones en torno a la defensa de los derechos del pueblo frente al absolutismo mon&#xe1;rquico, la degeneraci&#xf3;n del gobernante en tirano, la procedencia de la resistencia ante el despotismo y, en casos extremos, del tiranicidio.</p>
<p>Hobbes y Locke tambi&#xe9;n le dieron un espaldarazo a la legitimidad del principio de resistencia contra la autoridad constituida, en defensa de los derechos naturales y siempre que esta desconozca los fines por los cuales fue conformada: en el caso de <xref ref-type="bibr" rid="ref27">Hobbes (1980)</xref>, amenace la vida, la paz o la seguridad; en el caso de <xref ref-type="bibr" rid="ref31">Locke (2006)</xref>, la vida, la libertad o las posesiones. En las construcciones te&#xf3;ricas del contractualismo cl&#xe1;sico no es posible hacer resistencia leg&#xed;tima contra las leyes sin que el contra-to sea terminado y la sociedad civil disuelta.</p>
<p>Rawls moder&#xf3; decididamente este paradigma al asumir el rechazo de conciencia y la desobediencia civil como &#x201C;instrumentos de supervisi&#xf3;n, presi&#xf3;n y resistencia de la ciudadan&#xed;a sobre el ordenamiento jur&#xed;dico positivo&#x201D; (<xref ref-type="bibr" rid="ref37">Mej&#xed;a, 2016, p. 349</xref>). Pese a suponer el cuestionamiento y la confrontaci&#xf3;n de leyes o mandatos de corte gubernamental o administrativo, estos instrumentos no constituyen un retorno al estado de naturaleza. La resistencia contra el ordenamiento hace las veces de estabilizador del sistema. Ambos mecanismos cumplen un papel protag&#xf3;nico en la <italic>Teor&#xed;a de la justicia</italic> (<xref ref-type="bibr" rid="ref42">Rawls, 1995</xref>), donde Rawls plante&#xf3; un modelo de justicia como equidad, orientado a &#x201C;satisfacer por consenso las expectativas de igual libertad y justicia distributiva de la sociedad&#x201D; (<xref ref-type="bibr" rid="ref37">Mej&#xed;a, 2016, p. 261</xref>) y, en efecto, a afrontar &#x201C;la crisis de legitimaci&#xf3;n en las democracias moderno-tard&#xed;as&#x201D; (<xref ref-type="bibr" rid="ref37">Mej&#xed;a, 2016, p. 261</xref>).</p>
<p>El rechazo de conciencia es el derecho fundamental que tiene toda persona en un r&#xe9;gimen democr&#xe1;tico de resistirse a obedecer un mandato legislativo o una orden administrativa, debido a la tensi&#xf3;n entre dicho precepto y sus convicciones &#xe9;ticas y morales. Este modo de resistencia &#x201C;no se basa necesariamente en principios pol&#xed;ticos; puede fundarse en principios religiosos o de otra &#xed;ndole, en desacuerdo con el orden constitucional&#x201D; (<xref ref-type="bibr" rid="ref42">Rawls, 1995, p. 336</xref>). Se trata de un derecho aut&#xf3;nomo, aunque intr&#xed;nsecamente relacionado con la libertad de conciencia. Un ejemplo es el rechazo para prestar el servicio militar obligatorio por considerar que va en contra de los dictados de la conciencia individual. Lo mismo pasa con la negativa a prestar juramento, la realizaci&#xf3;n de actividades laborales los s&#xe1;bados y el estudio de espec&#xed;ficas materias religiosas en una instituci&#xf3;n educativa.</p>
<p>Por su parte, <xref ref-type="bibr" rid="ref42">Rawls (1995)</xref> define la desobediencia civil &#x201C;como un acto p&#xfa;blico, no violento, consciente y pol&#xed;tico, contrario a la ley, cometido habitualmente con el prop&#xf3;sito de ocasionar un cambio en la ley o en los programas del gobierno&#x201D; (<xref ref-type="bibr" rid="ref42">Rawls, 1995, p. 332</xref>). La teor&#xed;a hecha ejemplo frecuentemente lleva a pensar en Gandhi y su llamado a la no violencia activa en el proceso de independencia de la India.</p>
<p><xref ref-type="bibr" rid="ref22">Gandhi (2002)</xref> destac&#xf3; con especial cari&#xf1;o un ensayo: <italic>El deber de la desobediencia civil</italic>, de Thoreau: &#x201C;En la persona de Thoreau me han dado un maestro. Su ensayo [&#x2026;] me proporcion&#xf3; la confirmaci&#xf3;n cient&#xed;fica de las razones de mi acci&#xf3;n&#x201D; (<xref ref-type="bibr" rid="ref22">Gandhi, 2002, p. 77</xref>).</p>
<p>Sin restar m&#xe9;rito a los pensadores que le anteceden, no es un desprop&#xf3;sito decir que Thoreau es el primer gran representante de la expresi&#xf3;n de resistencia que lleva el mismo nombre que su ensayo (<xref ref-type="bibr" rid="ref23">Gonz&#xe1;lez, 2010</xref>). Luego de prender las alarmas al advertir que &#x201C;un sexto de la poblaci&#xf3;n de una naci&#xf3;n que se ha comprometido a ser el refugio de la libertad son esclavos, y todo un pa&#xed;s es injustamente invadido y conquistado por un ej&#xe9;rcito extranjero&#x201D; (<xref ref-type="bibr" rid="ref49">Thoreau, 1990, p. 349</xref>), el autor exige que Estados Unidos &#x201C;debe dejar de tener esclavos y de hacerle la guerra a M&#xe9;xico, aunque le cueste su existencia como pueblo&#x201D; (<xref ref-type="bibr" rid="ref49">Thoreau, 1990, p. 350</xref>). Ante las leyes que respaldan las pr&#xe1;cticas que &#xe9;l condena, <xref ref-type="bibr" rid="ref49">Thoreau (1990)</xref> hace dos preguntas que a&#xfa;n resuenan en nuestro tiempo:</p>
<disp-quote><p>Las leyes injustas existen: &#xbf;deber&#xed;amos contentarnos con obedecerlas, o bien deber&#xed;amos luchar por enmendarlas? &#xbf;Y deber&#xed;amos seguir obedeci&#xe9;ndolas hasta que tuvi&#xe9;semos &#xe9;xito, o bien deber&#xed;amos transgredirlas inmediatamente? [&#x2026;] [Thoreau responde] Si la injusticia [&#x2026;] es de tal naturaleza que le exige a usted ser el agente de injusticia para otro, entonces yo le digo, incumpla la ley. Deje que su vida sea la contrafricci&#xf3;n que pare la m&#xe1;quina. (<xref ref-type="bibr" rid="ref49">Thoreau, 1990, pp. 354-355</xref>)</p></disp-quote>
<p>El llamado a la acci&#xf3;n se complementa con una analog&#xed;a: &#x201C;Si una planta no puede vivir de acuerdo a la naturaleza, se muere; lo mismo el hombre&#x201D; (<xref ref-type="bibr" rid="ref49">Thoreau, 1990, p. 361</xref>). Lo natural es vivir sin ser subyugados, como sostuvieron los sofistas de la &#xfa;ltima &#xe9;poca. Alcidamas, por ejemplo, lleg&#xf3; a afirmar que &#x201C;la naturaleza no ha hecho esclavo a ning&#xfa;n hombre&#x201D; (Alcidamas, como se cit&#xf3; en <xref ref-type="bibr" rid="ref44">Sabine, 1945, p. 34</xref>). Por su parte, Antif&#xf3;n neg&#xf3; que <italic>naturalmente</italic> existiese alguna diferencia entre un b&#xe1;rbaro y un griego (<xref ref-type="bibr" rid="ref44">Sabine, 1945</xref>).</p>
<p>Thoreau puso en pr&#xe1;ctica los mismos postulados de desobediencia civil que teoriz&#xf3;. La an&#xe9;cdota m&#xe1;s recordada es que se neg&#xf3; a pagar un impuesto de capitaci&#xf3;n, pues hacerlo implicar&#xed;a apoyar la esclavitud (legal por aquel entonces en los estados del sur de Estados Unidos) y contribuir a sufragar los gastos de la guerra de Estados Unidos contra M&#xe9;xico por el territorio de Texas. Seg&#xfa;n <xref ref-type="bibr" rid="ref49">Thoreau (1990)</xref>, si bien no es nuestro deber proscribir el mal de la humanidad, s&#xed; lo es no ser aliados de la injusticia. As&#xed; como Thoreau inspir&#xf3; a Gandhi, estos hicieron lo mismo con Martin Luther King. Al igual que ellos, tambi&#xe9;n fue un hombre en el cual la pr&#xe1;ctica se hizo teor&#xed;a y viceversa.</p>
<p>Seg&#xfa;n <xref ref-type="bibr" rid="ref42">Rawls (1995)</xref>, &#x201C;el rechazo de conciencia no es una forma de apelar al sentido de justicia de la mayor&#xed;a [Por el contrario] la desobediencia civil es el llamado a una concepci&#xf3;n de la justicia com&#xfa;nmente compartida&#x201D; (<xref ref-type="bibr" rid="ref42">Rawls, 1995, p. 336</xref>). El rechazo de conciencia apela al fuero interno y ostenta un car&#xe1;cter privado, aunque no en la connotaci&#xf3;n de secreto. El que se exprese p&#xfa;blicamente es lo que distingue el rechazo de la evasi&#xf3;n de conciencia. Su car&#xe1;cter privado obedece a que el objetor rechaza el mandato legislativo o la orden administrativa por la advertencia de la inmensidad &#xed;ntima, seg&#xfa;n la cual aquellos ri&#xf1;en con las propias convicciones.</p>
<p>Los conceptos de &#x201C;apelaci&#xf3;n al sentido de justicia de la mayor&#xed;a&#x201D; y &#x201C;car&#xe1;cter privado&#x201D; han generado m&#xfa;ltiples confusiones, al punto que los criterios cualitativos se convierten en cuantitativos, bajo la tesis de que, mientras el rechazo de conciencia se realiza individualmente, la desobediencia civil se ejerce en grupo. Sin embargo, &#x201C;la distinci&#xf3;n puede revelarse enga&#xf1;osa, al convertir un grupo de objetores en desobedientes y a un desobediente solitario en un objetor de conciencia&#x201D; (<xref ref-type="bibr" rid="ref9">Capdevielle, 2015, p. 27</xref>).</p>
<p>Otra diferencia es que el rechazo de conciencia es directo; recae concretamente sobre la norma <italic>invasiva</italic>. La desobediencia civil puede ser directa o indirecta. En este &#xfa;ltimo caso, m&#xe1;s que contrariar deliberadamente la norma respectiva:</p>
<disp-quote><p>Provoca elementos disruptivos sin relaci&#xf3;n con la medida, pero buscando su revocaci&#xf3;n. Por ejemplo, mientras Martin Luther King llamaba al boicot de los autobuses para luchar frontalmente contra las pol&#xed;ticas segregacionistas en los transportes, Gandhi organizaba la Marcha de la Sal para alentar simb&#xf3;licamente a sus compatriotas a violar el monopolio del gobierno brit&#xe1;nico sobre la sal, y as&#xed; llamar la atenci&#xf3;n sobre una situaci&#xf3;n de injusticia. (<xref ref-type="bibr" rid="ref9">Capdevielle, 2015, p. 30</xref>)</p></disp-quote>
<p>Una distinci&#xf3;n m&#xe1;s: el rechazo de conciencia no pone en tela de juicio el marco jur&#xed;dico vigente. Hay un respeto general hacia los fundamentos del Estado y las instituciones. La desobediencia civil, en cambio, supone tanto una cr&#xed;tica mordaz al modelo/ox&#xed;moron democr&#xe1;tico representativo (<xref ref-type="bibr" rid="ref36">Mej&#xed;a, 2009</xref>) como un acto de insumisi&#xf3;n contra el ordenamiento; aunque persiste, en mayor o menor medida, el respeto por el r&#xe9;gimen pol&#xed;tico-constitucional (<xref ref-type="bibr" rid="ref25">Habermas, 1988</xref>). Se puede ser infiel a la ley, pero leal al <italic>derecho</italic>, porque la constituci&#xf3;n es normativa, no nominal-subsidiaria. Rechazo y desobediencia, en todo caso, pese a ser &#x201C;recursos estabilizadores del sistema constitucional&#x201D; (<xref ref-type="bibr" rid="ref42">Rawls, 1995, p. 348</xref>), est&#xe1;n ir&#xf3;nicamente expuestos al castigo, m&#xe1;s la segunda que el primero, dado su <italic>nebuloso</italic> car&#xe1;cter bifurcado ilegal-constitucional. Las probabilidades aumentan cuando el establecimiento pone el c&#xf3;digo por encima de la constituci&#xf3;n, reduciendo el derecho a la ley. Hay, pues, una posibilidad real de ser castigado, que el objetor o el desobediente bien pueden aceptar o buscar evadir (<xref ref-type="bibr" rid="ref43">Raz, 1985</xref>).</p>
<p>Aunque la v&#xed;a de la resistencia contra leyes injustas ha alcanzado un c&#xe9;nit te&#xf3;rico y metodol&#xf3;gico con pensadores como Thoreau, Gandhi, Luther King y Rawls, no por ello puede asumirse como exclusiva de la contemporaneidad. Esta ha sido protag&#xf3;nica de m&#xfa;ltiples momentos estelares. El caso m&#xe1;s conocido de la Antig&#xfc;edad &#x2013;y quiz&#xe1; de la historia de Occidente&#x2013;, a prop&#xf3;sito del conflicto entre la ley humana y la ley divina, la ley positiva y la ley natural, se encuentra en la tragedia <italic>Ant&#xed;gona</italic>.</p>
<p>En la filosof&#xed;a medieval, y espec&#xed;ficamente en la rica y compleja tradici&#xf3;n del <italic>iusnaturalismo</italic> teol&#xf3;gico, pensadores como Agust&#xed;n de Hipona y Tom&#xe1;s de Aquino se refirieron a los l&#xed;mites del poder establecido al plantear que la ley humana no puede contravenir la ley natural (participaci&#xf3;n de la ley eterna en la criatura racional). Si as&#xed; ocurriera, aquella deber&#xed;a ser desobedecida. No en vano, los principios de justicia que esta comprende, de manera objetiva, universal, inmutable e indeleble, deben concretarse en la ley humana. De lo contrario, sostiene Tom&#xe1;s de <xref ref-type="bibr" rid="ref14">Aquino (1993)</xref>, la ley positiva &#x201C;ya no es ley, sino corrupci&#xf3;n de la ley&#x201D; (<xref ref-type="bibr" rid="ref14">De Aquino, 1993, p. 742</xref>). En este sentido, varios siglos antes, Agust&#xed;n de <xref ref-type="bibr" rid="ref15">Hipona (1947)</xref> dijo, en <italic>Del libre albedr&#xed;o</italic>, que le &#x201C;parece que no es ley la que no es justa&#x201D; (<xref ref-type="bibr" rid="ref15">De Hipona, 1947, p. 212</xref>).</p>
<p>A diferencia de los mecanismos mencionados (rechazo de conciencia y desobediencia civil), la rebeli&#xf3;n reivindica el uso leg&#xed;timo de la violencia, esto es, de una violencia direccionada a desenmascarar la aparente legitimidad y justeza del orden establecido. En una l&#xed;nea de pensamiento como la de Frantz Fanon &#x2013;el Rousseau de la revoluci&#xf3;n argelina, seg&#xfa;n Krim Belkacem (<xref ref-type="bibr" rid="ref11">Clairmonte, 1964</xref>), y el primero despu&#xe9;s de Engels en hacer tambi&#xe9;n una teor&#xed;a coherente y sistem&#xe1;tica de la violencia, seg&#xfa;n <xref ref-type="bibr" rid="ref47">Sartre (1963)</xref>&#x2013;, la violencia que reavivan expresiones colectivas de resistencia y formas radicales de insumisi&#xf3;n es una de identidad revolucionaria, que moviliza a las masas al tiempo que las unifica como pueblo, luego de introducir &#x201C;en cada conciencia la noci&#xf3;n de causa com&#xfa;n, de destino nacional, de historia colectiva&#x201D; (<xref ref-type="bibr" rid="ref20">Fanon, 1965, p. 46</xref>).</p>
<p>Esta violencia no necesariamente es cruenta, pero casi siempre consiste en luchar contra la opresi&#xf3;n o, en una segunda fase de construcci&#xf3;n de la naci&#xf3;n, despu&#xe9;s de la liberaci&#xf3;n nacional, en &#x201C;luchar contra la miseria, el analfabetismo, el subdesarrollo [&#x2026;] El pueblo comprueba que la vida es un combate interminable&#x201D; (<xref ref-type="bibr" rid="ref20">Fanon, 1965, pp. 46-47</xref>). La violencia-revolucionaria, en suma, goza de un torrencial poder cat&#xe1;rtico, pues acompa&#xf1;ada de ideas e imaginaci&#xf3;n tiene la capacidad de liberar a los cuerpos y las mentes del yugo; mientras confronta los complejos de inferioridad, inherentes a cualquier sistema de sujeci&#xf3;n, y empodera en acto a las gentes como seres de pensamiento cr&#xed;tico y complejo, capaces de alterar en potencia el poder del destino con la fuerza de la voluntad. En este sentido, &#x201C;la violencia desintoxica&#x201D; (<xref ref-type="bibr" rid="ref20">Fanon, 1965, p. 47</xref>) y libera al individuo &#x201C;de sus actitudes contemplativas o desesperadas. Lo hace intr&#xe9;pido, lo rehabilita ante sus propios ojos&#x201D; (<xref ref-type="bibr" rid="ref20">Fanon, 1965, p. 47</xref>). A su vez, sobre la identidad revolucionaria de la violencia, <xref ref-type="bibr" rid="ref19">Engels (2014)</xref> manifest&#xf3; que:</p>
<disp-quote><p>La violencia juega tambi&#xe9;n otro papel en la historia, tiene un papel revolucionario: es, seg&#xfa;n la frase de Marx, la partera de toda vieja sociedad pre&#xf1;ada de otra nueva sociedad, es el instrumento con ayuda del cual el movimiento social se abre paso y rompe formas pol&#xed;ticas muertas. (<xref ref-type="bibr" rid="ref19">Engels, 2014, p. 263</xref>)</p></disp-quote>
<p>Para ilustrar un caso de violencia-revolucionaria cifrada en rebeli&#xf3;n, recordemos el protagonismo del que esta goz&#xf3; en algunas constituciones revolucionarias estadounidenses aprobadas en 1776. La Constituci&#xf3;n del Pueblo de Pensilvania, que muestra &#x201C;vestigios evidentes de una difusa ideolog&#xed;a republicana de impronta democr&#xe1;tico-radical&#x201D; (<xref ref-type="bibr" rid="ref21">Fioravanti, 2007, p. 88</xref>), es un ejemplo de ello. Basta citar el numeral V, del cap&#xed;tulo I, seg&#xfa;n el cual &#x201C;la comunidad tiene un derecho indudable, inalienable e inanulable para reformar, modificar o abolir el gobierno en la manera que dicha comunidad considere mejor para el bienestar p&#xfa;blico&#x201D; (<xref ref-type="bibr" rid="ref24">Grau, 2009, p. 55</xref>). Este derecho, a su vez, tuvo como fundamento la Declaraci&#xf3;n de Independencia de los Estados Unidos de Am&#xe9;rica del 4 de julio de 1776. El pre&#xe1;mbulo es contundente: ampara la vida, la libertad y la felicidad, al tiempo que reconoce como derecho del pueblo &#x2013;y m&#xe1;s, como deber&#x2013;, derrocar todo gobierno desp&#xf3;tico que lo someta, en pos de establecer nuevos resguardos para su futura seguridad.</p>
<p>En la atm&#xf3;sfera francesa liberal-burguesa, la toma de La Bastilla el 14 de julio de 1789 representa el ejercicio del derecho natural a la rebeli&#xf3;n. En el art&#xed;culo 2 de la Declaraci&#xf3;n de los Derechos del Hombre y del Ciudadano de 1789, dicho derecho fue consagrado expresamente. A la postre, la rebeli&#xf3;n ser&#xed;a protocolizada en el pre&#xe1;mbulo de la Declaraci&#xf3;n Universal de los Derechos Humanos de 1948 (<xref ref-type="bibr" rid="ref46">S&#xe1;nchez y Maldonado, 2000</xref>).</p>
<p>La pugna entre libertad y poder es tan antigua como determinante en las gram&#xe1;ticas de la historia. Por lo mismo, la incursi&#xf3;n en v&#xed;as como la rebeli&#xf3;n es tambi&#xe9;n de vieja data, pues su subtexto es la defensa de la vida ante estructuras leoninas y d&#xe9;spotas que la amenazan. Uno de los ejemplos m&#xe1;s paradigm&#xe1;ticos de todos los tiempos es el de Espartaco, que lider&#xf3; la gran rebeli&#xf3;n contra la Rep&#xfa;blica romana en suelo it&#xe1;lico.</p>
<p>Las ideas pol&#xed;ticas sobre esta forma de insumisi&#xf3;n tambi&#xe9;n gozan de una amplia carga de profundidad hist&#xf3;rica. Un siglo antes de la Declaraci&#xf3;n de Independencia de 1776, Spinoza ya hab&#xed;a considerado que, si un Estado no sigue los consejos de la raz&#xf3;n y transgrede derechos naturales, como la vida o los ligados a la libertad de pensamiento, se habilita una &#xfa;ltima v&#xed;a para la defensa del bien com&#xfa;n: la rebeli&#xf3;n, que es consecuencia de la infidelidad del Estado con sus coasociados (disoluci&#xf3;n del <italic>contrato</italic>) (<xref ref-type="bibr" rid="ref48">Spinoza, 1986</xref>). Seg&#xfa;n <xref ref-type="bibr" rid="ref26">Hermosa (1989)</xref>: &#x201C;constituye su &#xfa;ltimo recurso frente a un soberano cuyo comportamiento se gu&#xed;a por la sinraz&#xf3;n&#x201D; (<xref ref-type="bibr" rid="ref26">Hermosa, 1989, p. 69</xref>).</p>
<p>En lo que ata&#xf1;e a su caracterizaci&#xf3;n, valga decir que su origen no proviene de ning&#xfa;n derecho legalmente reconocido, lo que permite situar el derecho de rebeli&#xf3;n en el orden del derecho natural. Por otra parte, no se puede perder de vista que lo de Spinoza no es una mera extensi&#xf3;n de la doctrina del tiranicidio. En palabras de Ernest <xref ref-type="bibr" rid="ref34">Mandel (2020)</xref>:</p>
<disp-quote>
<p>Mientras que la doctrina de la rebeli&#xf3;n leg&#xed;tima contra los tiranos se sigue derivando directamente de una disposici&#xf3;n de la soberan&#xed;a del rey (que se declara limitada), la legitimidad de la revoluci&#xf3;n de Spinoza se basa en una doctrina de la esencia del Estado como servicio al bienestar de sus ciudadanos. Cuando ya no cumple esa funci&#xf3;n, los ciudadanos tienen derecho a rebelarse. (<xref ref-type="bibr" rid="ref34">Mandel, 2020</xref>)</p>
</disp-quote>
<p>Por elementos democr&#xe1;tico-revolucionarios como este, <xref ref-type="bibr" rid="ref34">Mandel (2020)</xref> sostiene: &#x201C;el <italic>Tractatus Politicus</italic> [&#x2026;] constituye un paso adelante extraordinariamente importante con respecto al <italic>Tractatus Theologico-Politicus</italic>&#x201D; (<xref ref-type="bibr" rid="ref34">Mandel, 2020</xref>).</p>
<p>La m&#xe1;s pr&#xed;stina expresi&#xf3;n de insumisi&#xf3;n colectiva es la revoluci&#xf3;n, que se manifiesta generalmente a trav&#xe9;s del derecho natural a la rebeli&#xf3;n. No obstante, esta es habitualmente subestimada y calumniada por un argumento que ha hecho carrera en la historia de las ideas: &#x201C;la revoluci&#xf3;n es irracional, puesto que recurre a la violencia, que en &#xfa;ltima instancia es movida por las emociones&#x201D;.</p>
<p>Este argumento tiene al menos tres ideas subyacentes: (1) las emociones son irracionales, (2) las emociones que suscitan la violencia-leg&#xed;tima-popular tienen una connotaci&#xf3;n negativa, (3) solo las emociones, nunca la raz&#xf3;n, mueven a la violencia-leg&#xed;tima-popular, por lo que la revoluci&#xf3;n es irracional.</p>
<p>Estas tres ideas, en particular, y las que van en esta l&#xed;nea, en general, tienen una causa com&#xfa;n. En la condici&#xf3;n humana convergen dos <italic>fuerzas</italic> constitutivas: la raz&#xf3;n y las emociones. Sin embargo, salvo algunas tradiciones y momentos excepcionales, a lo largo de la historia ha existido una constante encaminada a separar cuando no reducir una de estas <italic>fuerzas</italic> a la otra (un ejemplo a este respecto son las teor&#xed;as dualistas de Plat&#xf3;n y Descartes). La balanza se ha inclinado en gran medida a favor de la raz&#xf3;n, al punto que hoy vamos por el mundo a medio andar, luego de haber confinado en el recoveco de lo &#x201C;peligroso&#x201D;, lo &#x201C;ca&#xf3;tico&#x201D; y lo &#x201C;irrazonable&#x201D; la otra mitad de lo que somos: emociones y sentimientos. En una corriente alterna, pensadores como Nussbaum, Gilligan, Mouffe, Rorty, Damasio, Singer y Elster han hecho importantes contribuciones.</p>
<p>Lo mismo se ha de decir de los trabajos circunscritos en la corriente te&#xf3;rico-reflexiva del giro afectivo. Estas investigaciones, que se han desarrollado sobre todo a lo largo de las &#xfa;ltimas tres d&#xe9;cadas, se han distinguido por recoger la cr&#xed;tica fundadora a la dicotom&#xed;a raz&#xf3;n/emoci&#xf3;n, mientras horadan en las relaciones entre la dimensi&#xf3;n afectiva, la vida p&#xfa;blica y pol&#xed;tica, y repiensan el cuerpo, junto con sus capacidades para afectar y ser afectado. La transdisciplinariedad es la estrategia metodol&#xf3;gica asumida, por incentivar un di&#xe1;logo de saberes lo m&#xe1;s completo posible.</p>
<p>El giro afectivo, que constituye una suerte de <italic>emocionalizaci&#xf3;n</italic> de las ciencias sociales, ha forjado vasos comunicantes entre la sociolog&#xed;a y la filosof&#xed;a; pero m&#xe1;s concretamente entre los estudios de g&#xe9;nero, las teor&#xed;as feministas, el posestructuralismo, los estudios culturales, la neurociencia y el psicoan&#xe1;lisis. Brian Massumi, Moira Gatens, Eve Sedgwick y Adam Frank son algunos de los autores fundadores del <italic>boom</italic> afectivo. Una influencia generalizada es Spinoza. Gilles Deleuze y Silvan Tomkins tambi&#xe9;n ocupan un lugar importante. En los <italic>&#xfa;ltimos a&#xf1;os</italic>, Lauren Berlant, Sianne Ngai, Ann Cvetkovich, Heather Love, Sara Ahmed, Jack Halberstam y Jos&#xe9; Esteban Mu&#xf1;oz han dado mucho de qu&#xe9; hablar por sus aportes al giro afectivo.</p>
<p>La primera de las tres ideas olvida que existen emociones complejas, como la indignaci&#xf3;n, que se diferencian de emociones simples, como el dolor, por cuanto solo emergen luego de un proceso racional (<xref ref-type="bibr" rid="ref17">Elster, 1996</xref>). Si el pueblo se siente indignado con respecto al poder constituido, es porque previamente ya ha <italic>analizado</italic> minuciosamente los factores y <italic>deducido</italic>. Por ejemplo, que las principales instituciones son ineficientes e injustas, que el drama de la vida tiene como uno de sus detonantes el ox&#xed;moron de que el poder p&#xfa;blico violenta, precisamente, los derechos que deber&#xed;a salvaguardar, que la ley no goza de validez material, sino meramente formal, y que la misma ley le hace la coartada al poder constituido, dan atav&#xed;o de legalidad y, en el peor de los casos, de justicia (a la luz de una corriente de positivismo ideol&#xf3;gico) a lo que a todas luces es ileg&#xed;timo. Si se reconocen estos rasgos, probablemente la rabia colectiva transformadora florezca e impulse la acci&#xf3;n. Ser&#xed;a una rosa erguida en medio de un jard&#xed;n de lirios marchitos.</p>
<p>A prop&#xf3;sito de la segunda idea, cabe recordar que hay al menos dos acepciones sobre la violencia: una seg&#xfa;n la cual la violencia enajena y ata, y otra para la que la violencia ensimisma y libera. Aparte de las distinciones dadas por Engels y Fanon, podr&#xed;a decirse que, aunque en esta y aquella las pasiones siempre est&#xe1;n a flor de piel, en el caso de la violencia-revolucionaria las emociones a las que usualmente se les asigna una connotaci&#xf3;n negativa trascienden dicha apreciaci&#xf3;n. La indignaci&#xf3;n y la ira se tornan primas-hermanas, cuando no almas gemelas, de la empat&#xed;a, la solidaridad y el amor. &#xbf;C&#xf3;mo amar la libertad sin indignarse ante la esclavitud?</p>
<p>En la revoluci&#xf3;n, aunque hay m&#xfa;ltiples causas, sufrimientos, clamores, intereses y sinergias, prevalece con mayor o menor intensidad un deseo com&#xfa;n: la superaci&#xf3;n de la opresi&#xf3;n como precondici&#xf3;n de la conquista de la libertad. La lucha colectiva por la libertad es un acto de amor propio y con el otro, que implica empat&#xed;a y solidaridad, al tiempo que se desdobla en tiempo presente y futuro. Las conquistas de hoy resuenan en el devenir.</p>
<p>La idea seg&#xfa;n la cual solo las emociones, y nunca la raz&#xf3;n, mueven a la violencia, centra tanto la atenci&#xf3;n en el &#xe1;rbol que pierde de vista el bosque. La revoluci&#xf3;n &#x2013;y por tanto la violencia-revolucionaria&#x2013;, aunque apuesta por la reivindicaci&#xf3;n de las emociones, es sobre todo una leg&#xed;tima expresi&#xf3;n de acciones e ideas (deliberada en su lucha por desmontar estructuras abominables e inhumanas, y espont&#xe1;nea en la creatividad de los medios y las formas), que tiene como prop&#xf3;sito la constituci&#xf3;n de la libertad. En este punto y en atenci&#xf3;n a la eventual pregunta sobre qu&#xe9; diferencia a esta forma de resistencia de todas las dem&#xe1;s expresiones de resistencia violenta-revolucionaria, Hannah <xref ref-type="bibr" rid="ref2">Arendt (1992)</xref> plantea que:</p>
<disp-quote>
<p>Todos estos fen&#xf3;menos [insurrecciones, guerras civiles, golpes de Estado] tienen en com&#xfa;n con las revoluciones su realizaci&#xf3;n mediante la violencia, raz&#xf3;n por la cual a menudo han sido identificados con ella. Pero ni la violencia ni el cambio pueden servir para describir el fen&#xf3;meno de la revoluci&#xf3;n; s&#xf3;lo cuando el cambio se produce en el sentido de un nuevo origen, cuando la violencia es utilizada para constituir una forma completamente diferente de gobierno, para dar lugar a la formaci&#xf3;n de un cuerpo pol&#xed;tico nuevo, cuando la liberaci&#xf3;n de la opresi&#xf3;n conduce, al menos, a la constituci&#xf3;n de la libertad, s&#xf3;lo entonces podemos hablar de revoluci&#xf3;n. (<xref ref-type="bibr" rid="ref2">Arendt, 1992, pp. 35-36</xref>)</p>
</disp-quote>
<p>Si un gobierno hostil o impostado, por ejemplo, es enfrentado o proscrito a trav&#xe9;s de una insurrecci&#xf3;n o un golpe de Estado, se configura una aut&#xe9;ntica liberaci&#xf3;n: la violencia media la consecuci&#xf3;n de un fin que bien puede ser el cese de la causa concreta que provoc&#xf3; el levantamiento o la sustituci&#xf3;n del poder de unas manos por otras. Ahora bien, aunque una insurrecci&#xf3;n victoriosa, como se&#xf1;al&#xf3; <xref ref-type="bibr" rid="ref50">Trotsky (2019)</xref>, &#x201C;solo puede ser la obra de una clase destinada a colocarse a la cabeza de la naci&#xf3;n&#x201D; (<xref ref-type="bibr" rid="ref50">Trotsky, 2019, p. 877</xref>), lo cual es profundamente distinto a lo que pasa con un golpe de Estado, en cuanto &#x201C;realizado por conspiradores que act&#xfa;an a espaldas de las masas&#x201D; (<xref ref-type="bibr" rid="ref50">Trotsky, 2019, p. 877</xref>), todo indica que ni en este caso ni en el del &#x201C;arte de la insurrecci&#xf3;n&#x201D; est&#xe1;n dadas las claves distintivas de la revoluci&#xf3;n, pues, como ya se dijo, no se trata de la conquista de la liberaci&#xf3;n, sino de la libertad. No obstante, ya que la primera es condici&#xf3;n de la &#xfa;ltima y esta, a su vez, suele ser el sentido de aquella, la insurrecci&#xf3;n, dado su apoyo en &#x201C;el auge revolucionario del pueblo&#x201D; (<xref ref-type="bibr" rid="ref30">Lenin, 1976, p. 132</xref>), a menudo funge como preludio de la revoluci&#xf3;n y factor concomitante.</p>
<p>La libertad a la que se refiere la revoluci&#xf3;n es pol&#xed;tica, por lo que aparte de la liberaci&#xf3;n se requiere de un cambio profundo y radical de la estructura econ&#xf3;mica, que sea antecedente de la emancipaci&#xf3;n, y la emancipaci&#xf3;n, la condici&#xf3;n de posibilidad de la democracia.</p>
<p>Un incipiente ejemplo de <italic>guerra-revolucionaria</italic>, aunque interrumpida, es la guerra de los campesinos alemanes. La reforma protestante allan&#xf3; el camino de una nueva alianza. Burgueses y pr&#xed;ncipes, cautivados por la idea de hacer suyas las inmensas extensiones de tierra de la Iglesia cat&#xf3;lica, dieron <italic>un paso adelante</italic> y formalizaron la coalici&#xf3;n. A caballo de la reforma, miles y miles de campesinos se alzaron e intentaron limitar cuando no abolir la explotaci&#xf3;n feudal. La coalici&#xf3;n entre burgues&#xed;a ascendente y principado elector demandaba la perpetuaci&#xf3;n de la instituci&#xf3;n de la servidumbre, en aras de garantizar su dominaci&#xf3;n jurisdiccional y territorial.</p>
<p>La iron&#xed;a de desafiar a la Iglesia cat&#xf3;lica, primer poder feudal, y preservar relaciones de se&#xf1;or&#xed;o y servidumbre, hizo mella en &#x201C;los de abajo&#x201D;. Entre 1524 y 1525, los campesinos llevaron a cabo una revuelta popular colosal. Solo hasta la revoluci&#xf3;n francesa de 1789, Europa ver&#xe1; una gesta m&#xe1;s ruidosa, generalizada y masiva. Si el paso de un cometa por la Tierra es un fen&#xf3;meno astron&#xf3;mico extraordinario, la revoluci&#xf3;n es un cometa pol&#xed;tico-mundanizado. Entre 1524 y 1525, el <italic>cometa</italic> que maravill&#xf3; la existencia de las gentes, al tiempo que conmovi&#xf3; y estremeci&#xf3; a los observadores del mundo, recibi&#xf3; el nombre de la <italic>revoluci&#xf3;n del hombre com&#xfa;n</italic>. Fue un acontecimiento que sacudi&#xf3; todo el Sacro Imperio Romano Germ&#xe1;nico.</p>
<p>La nueva alianza, sin embargo, hizo hasta lo imposible por evitar su esplendor.<xref ref-type="fn" rid="fn2"><sup>2</sup></xref> Ante el cometa plebeyo-campesino, los <italic>enemigos</italic> olvidaron viejos rencores y limaron asperezas. Lutero y el Papa, pr&#xed;ncipes y burgueses, curas y nobles &#x201C;se aliaron &#x2018;contra las bandas asesinas de campesinos ladrones&#x2019;. &#x2018;Hay que despedazarlos, degollarlos y apu&#xf1;alarlos, en secreto y en p&#xfa;blico; &#xa1;y los que puedan que los maten como se mata a un perro rabioso!&#x2019;, gritaba Lutero&#x201D; (<xref ref-type="bibr" rid="ref18">Engels, 1974, p. 31</xref>), que pas&#xf3; de cl&#xe9;rigo rebelde a contrarrevolucionario.</p>
<p>El caudillo de los campesinos fue Thomas M&#xfc;ntzer. Su <italic>alter ego</italic>, como se detallar&#xe1; m&#xe1;s adelante, es Michael Kohlhaas, el protagonista del relato. Por ahora, un adelanto sobre este s&#xed;mil de personalidades: &#x201C;En la misma Turingia, donde viv&#xed;a Lutero, establecieron su cuartel general los m&#xe1;s decididos insurgentes capitaneados por M&#xfc;ntzer&#x201D; (<xref ref-type="bibr" rid="ref18">Engels, 1974, pp. 30-31</xref>). Algunos &#xe9;xitos m&#xe1;s, afirma Engels, &#x201C;y Alemania entera ard&#xed;a en llamas, Lutero era apresado &#x2013;y tal vez &#x2018;pasado por las baquetas&#x2019; como traidor&#x2013; y la reforma burguesa arrastrada por la marea de la revoluci&#xf3;n campesina y plebeya&#x201D; (<xref ref-type="bibr" rid="ref18">Engels, 1974, p. 31</xref>).</p>
<p>La guerra-revolucionaria del hombre com&#xfa;n es un testimonio vivo del cual hay mucho que aprender, &#x201C;en cuanto retorno del m&#xe1;s antiguo ensue&#xf1;o, en cuanto m&#xe1;s ancho estallido de la historia de las herej&#xed;as, en cuanto &#xe9;xtasis del caminar erguido y de la impaciente, rebelde y severa voluntad de para&#xed;so&#x201D; (<xref ref-type="bibr" rid="ref5">Bloch, 1968, p. 67</xref>).</p>
</sec>
<sec>
<title>3. La rabia como puente entre la tristeza y la alegr&#xed;a</title>
<p>Presentado este marco de reflexi&#xf3;n, cabe preguntarse: &#xbf;qu&#xe9; tipolog&#xed;a de resistencia encarn&#xf3; Michael Kohlhaas, el protagonista del relato? Es interesante la lectura que tiene el narrador de la historia. Seg&#xfa;n &#xe9;l, su haza&#xf1;a se reviste de las formas de la venganza o la toma de justicia por propia mano:</p>
<disp-quote>
<p>Tan pronto como qued&#xf3; cubierta la tumba, colocada la cruz sobre ella, y despedidos los invitados que hab&#xed;an acompa&#xf1;ado el cad&#xe1;ver a su &#xfa;ltima morada, cay&#xf3; de rodillas [&#x2026;] ante el lecho de su esposa, ahora desierto, y comenz&#xf3; a poner en obra su venganza. [&#x2026;] El mundo hubiera bendecido todav&#xed;a hoy su memoria, si no hubiera pecado de excesivo en una virtud. Su sentimiento de la justicia, empero, le convirti&#xf3; en asesino y bandolero. (<xref ref-type="bibr" rid="ref51">Von Kleist, 2007, pp. 1, 17</xref>)</p>
</disp-quote>
<p>Otras c&#xe9;lebres voces tambi&#xe9;n interpelaron el obrar de nuestro personaje y manifestaron que la espada que esgrimi&#xf3; es la del asesinato y el robo, que m&#xe1;s que palad&#xed;n de justicia no fue m&#xe1;s que un vulgar rebelde. A lo sumo, un insurrecto.</p>
<p>A diferencia de la postura dominante, quisiera sostener, en gracia de discusi&#xf3;n, otra clave de lectura y sugerir que la gesta de resistencia capitaneada por nuestro personaje se trat&#xf3; de una revoluci&#xf3;n en ciernes, aunque interrumpida, de una revoluci&#xf3;n en potencia, que no perdi&#xf3; su identidad pese a ser eclipsada en acto, de una tentativa de revoluci&#xf3;n orientada a dar vida a un nuevo orden de cosas fundador de libertad.</p>
<p>El Estado no era leg&#xed;timo, pues las leyes, cuando no injustas, eran desacatadas (por los poderosos) y las instituciones, podridas. A prop&#xf3;sito de esta atm&#xf3;sfera kafkiana, es menester recordar la tesis rawlsiana: &#x201C;No importa si las leyes o las instituciones son eficientes y bien estructuradas, estas deben de reformarse o abolirse si son injustas&#x201D; (<xref ref-type="bibr" rid="ref42">Rawls, 1995, p. 17</xref>). Pues bien, en el relato evocado, aquellas ni eran justas ni eficientes, de modo que la resistencia y consecuente lucha asumieron la forma de una instancia de correcci&#xf3;n moral-pol&#xed;tica del orden establecido. Kohlhaas no es un eventual tiranicida ni un insurrecto <italic>stricto sensu</italic>; su prop&#xf3;sito trasciende la muerte del d&#xe9;spota o el alzamiento moment&#xe1;neo. No se queda en las ramas. Tampoco en el tronco. Va hasta las profundidades. Acaricia la semilla. La resistencia abon&#xf3; la tierra para el creciente surgimiento de un poder ilimitado que, a diferencia del <italic>gobierno</italic>, es creador, originario e incondicionado, en cuanto revolucionario. &#x201C;Al principio, las autoridades tratan sus acciones como meros actos de bandidaje, pero a medida que atrae cada vez m&#xe1;s partidarios, reconocen que puede ser el origen de un levantamiento popular&#x201D; (<xref ref-type="bibr" rid="ref12">Coetzee, 2013, p. 18</xref>).</p>
<p>As&#xed; pues, vale pensar que lo que <italic>movi&#xf3;</italic> al personaje no fue una ira genuina-explosiva &#x2013;pulsi&#xf3;n que ha sido cuestionada desde Arist&#xf3;teles<xref ref-type="fn" rid="fn3"><sup>3</sup></xref> hasta Montaigne&#x2013;.<xref ref-type="fn" rid="fn4"><sup>4</sup></xref> Tampoco la puesta en marcha de un atavismo retributivo-vindicativo, traducido en pagar con mal a quien mal le ha tratado. La rabia llana mut&#xf3; en <italic>ira transicional</italic>, por lo que Kohlhaas no tuvo como horizonte la venganza en tiempo presente, sino la aspiraci&#xf3;n de un futuro donde la dignidad no estuviera en cuidados intensivos, para lo cual fue imperioso luchar y valerse de un uso estrat&#xe9;gico de la violencia,<xref ref-type="fn" rid="fn5"><sup>5</sup></xref> que liberara al tiempo que uniera. En palabras de Ihering, &#x201C;no es un salvaje sentimiento de venganza lo que le anima; no se torna bandolero y asesino&#x201D; (<xref ref-type="bibr" rid="ref28">Ihering, 2018, p. 96</xref>). Para Ihering, Kohlhaas act&#xfa;a &#x201C;bajo la influencia de una idea moral [&#x2026;] no lleva adelante una guerra de aniquilaci&#xf3;n desprovista de objetivos, sino que se enfrenta &#xfa;nicamente a los culpables y a todos los que hacen con &#xe9;l causa com&#xfa;n&#x201D; (<xref ref-type="bibr" rid="ref28">Ihering, 2018, p. 96</xref>).</p>
<p>Lo anterior constituye un intento por poner en di&#xe1;logo los conceptos de <italic>ira transicional</italic> y <italic>violencia-revolucionaria-cat&#xe1;rtica</italic>. As&#xed; como se dieron unas pinceladas sobre el segundo t&#xe9;rmino y su autor, hagamos lo mismo con el primero y su autora.</p>
<p>Martha <xref ref-type="bibr" rid="ref39">Nussbaum (2018)</xref> es una de las pensadoras que con mayor rigor se ha dedicado al estudio de las emociones. En lo que respecta a la ira, su libro<italic>La ira y el perd&#xf3;n. Resentimiento, generosidad, justicia</italic> (<xref ref-type="bibr" rid="ref39">Nussbaum, 2018</xref>) es un referente excepcional. La autora retorna a la filosof&#xed;a griega y romana. Igualmente, se detiene en tradiciones como la judeocristiana y en paradigmas del pensamiento, como el fil&#xf3;sofo y te&#xf3;logo ingl&#xe9;s Joseph Butler, en aras de allanar el camino para recorrer anal&#xed;ticamente tiempos m&#xe1;s actuales, y considera culturas como la estadounidense y la india.</p>
<p><xref ref-type="bibr" rid="ref39">Nussbaum (2018)</xref> analiza las relaciones entre ira y religi&#xf3;n; ira y g&#xe9;nero; ira y otras emociones; ira y condici&#xf3;n humana; ira y trasfondo &#xe9;ticomoral; ira, cotidianidad y relaciones &#xed;ntimas, ira y derecho. En el cap&#xed;tulo VII, &#x201C;La esfera pol&#xed;tica: justicia revolucionaria&#x201D; (<xref ref-type="bibr" rid="ref39">Nussbaum, 2018, p. 328</xref>), aborda el concepto de <italic>ira transicional</italic>. Esta, a diferencia de la <italic>ira genuina</italic>, no se enfoca en la venganza, sino en la construcci&#xf3;n de un futuro compartido. La generosidad, la empat&#xed;a y el perd&#xf3;n subliman y transforman la ira en favor del bien com&#xfa;n. Como ejemplos, cita a Gandhi, a King y a Mandela.</p>
<p>Podr&#xed;a pensarse que el obrar de nuestro personaje no encaja del todo en el concepto de <italic>ira transicional</italic>. &#xbf;Pero necesariamente debe ser as&#xed;? A lo mejor este punto de vista se puede flexibilizar con el concepto de <italic>violencia-revolucionaria-cat&#xe1;rtica</italic>, de <xref ref-type="bibr" rid="ref20">Fanon (1965)</xref>. Cuando la violencia libera, mientras une en la lucha contra la opresi&#xf3;n y busca superar estadios de odio para anticipar la creaci&#xf3;n de comunidades de vida inclusivas y respetuosas de la dignidad, esta violencia no es de car&#xe1;cter <italic>genuino</italic>, vindicativo, sino de identidad <italic>transicional</italic>. &#xbf;Kohlhaas sinti&#xf3; dolor e ira genuina?, s&#xed;. &#xbf;Pero esta mut&#xf3; en empat&#xed;a e ira transicional?, tambi&#xe9;n. La violencia revolucionaria y cat&#xe1;rtica fue su aliada. A&#xfa;n se recuerda vivamente su exhortaci&#xf3;n al pueblo &#x201C;a fin de que se uniera a &#xe9;l para establecer en el pa&#xed;s un orden de cosas m&#xe1;s justo&#x201D; (<xref ref-type="bibr" rid="ref51">Von Kleist, 2007, p. 23</xref>).</p>
<p>En el caso evocado, empero, la haza&#xf1;a no fue completa. Hubo violencia leg&#xed;tima encaminada a un cambio superlativo o nuevo estado de cosas. Sin embargo, esta fue confrontada por la violencia desp&#xf3;tica/ no leg&#xed;tima: los resquicios hegem&#xf3;nicos dominantes de las estructuras burocr&#xe1;ticas.</p>
<p>El fraile, doctor Mart&#xed;n Lutero, le propuso al elector del caso otorgarle una amnist&#xed;a a Michael Kohlhaas por todos sus cr&#xed;menes, en aras de que el pleito que ten&#xed;a con el caballero pudiera someterse de nuevo a juicio. El elector resolvi&#xf3; concederle un salvoconducto para que viaje a Dresde y presente otra vez su demanda ante tribunal competente. Cuando Kohlhaas vio que su derecho podr&#xed;a ser restaurado, depuso voluntariamente sus armas. Pero aqu&#xed; no terminar&#xed;a todo, Kohlhaas parec&#xed;a destinado a mostrar en carne propia:</p>
<disp-quote><p>Hasta qu&#xe9; punto la ignominia, la ilegalidad y la bajeza de car&#xe1;cter llegaron a rebajarse en esa &#xe9;poca [Fue as&#xed; como] se falt&#xf3; a la promesa de amnist&#xed;a, se viol&#xf3; el salvoconducto del que se le hab&#xed;a provisto y termin&#xf3; su vida en el pat&#xed;bulo. (<xref ref-type="bibr" rid="ref28">Ihering, 2018, pp. 96-97</xref>)</p></disp-quote>
<p>En la traves&#xed;a hacia la muerte, una c&#xe1;psula que colgaba del cuello de Kohlhaas adquirir&#xed;a una importancia suprema. Lo que la c&#xe1;psula llevaba adentro era un talism&#xe1;n de libertad. Al d&#xed;a siguiente del entierro de su esposa, Kohlhaas tuvo contacto con una gitana. Ella fue quien le entreg&#xf3; la c&#xe1;psula, acompa&#xf1;ada por un acertijo: &#x201C;Un amuleto es lo que te doy, Michael Kohlhaas; cons&#xe9;rvalo cuidadosamente, que un d&#xed;a te salvar&#xe1; la vida&#x201D; (<xref ref-type="bibr" rid="ref51">Von Kleist, 2007, p. 51</xref>).</p>
<p>Por distintos azares, el elector de Sajonia escuch&#xf3; del propio Kohlhaas la historia del <italic>amuleto</italic>. Hacerse con el trozo de papel que reposaba al interior de la c&#xe1;psula se convirti&#xf3; en su obsesi&#xf3;n. A cambio, le ofreci&#xf3; la libertad y la vida. Kohlhaas retuvo el papel. &#xbf;Por qu&#xe9; era de tanta importancia para el elector? &#xc9;l tambi&#xe9;n hab&#xed;a tenido un encuentro con la gitana. Ning&#xfa;n buen vaticinio tuvo para darle. La gitana escribi&#xf3; en un papel el nombre del &#xfa;ltimo soberano de su casa, el a&#xf1;o en que perder&#xed;a su trono y el nombre de quien se apoderar&#xed;a de &#xe9;l por las armas. De Kohlhaas depend&#xed;a la develaci&#xf3;n del secreto. &#xa1;Qu&#xe9; iron&#xed;a! El elector <italic>a hurtadillas</italic> vel&#xf3; porque le cortaran la cabeza a Kohlhaas, sin saber, si no hasta muy tarde, que de su cuello pend&#xed;a la fragilidad de su trono.</p>
<p>Kohlhaas finalmente fue acusado por su majestad imperial, que no se hallaba compelido por la <italic>amnist&#xed;a</italic> del elector de Sajonia. Antes de morir, sin embargo, Kohlhaas ver&#xed;a satisfechos sus derechos. Se le devolvieron sus dos caballos, los florines, la bufanda, la ropa e incluso los gastos de curaci&#xf3;n de su criado y escudero muerto en batalla. Inefable fue la expresi&#xf3;n de su rostro al leer en la sentencia que el caballero Wenzel von Tronka &#x2013;arquetipo de una nobleza corrupta, menor, decadente y paquid&#xe9;rmica&#x2013; fue condenado a dos a&#xf1;os de prisi&#xf3;n.</p>
<p>As&#xed; como S&#xf3;crates prefiri&#xf3; la cicuta a ceder ante una transacci&#xf3;n indebida de la justicia, Kohlhaas prefiri&#xf3; el encuentro con el hacha a un pacto oscuro y desde&#xf1;able con la hipocres&#xed;a. Instantes previos a la cita con el cadalso, Kohlhaas <italic>camin&#xf3; erguido</italic> y engull&#xf3; el <italic>amuleto</italic>. Este acto es la &#xfa;ltima r&#xe9;plica por medio de la cual el tratante confronta la tramoya del elector.</p>
<p>Kohlhaas es, en este orden de ideas, un m&#xe1;rtir del derecho, un <italic>litigante obsesivo</italic>, en palabras de <xref ref-type="bibr" rid="ref6">Bloch (1980)</xref>, que &#x201C;ha apremiado el cumplimiento de un art&#xed;culo con tanta rebeld&#xed;a como si se tratara del derecho natural&#x201D; (<xref ref-type="bibr" rid="ref6">Bloch, 1980, p. 79</xref>). Si se situ&#xf3; fuera de la ley, fue &#x201C;por pasi&#xf3;n jur&#xed;dica&#x201D; (<xref ref-type="bibr" rid="ref6">Bloch, 1980, p. 80</xref>). En este sentido, Bloch hace una analog&#xed;a entre Don Quijote y Kohlhaas, &#x201C;aunque con la diferencia de que Kohlhaas no persigue [&#x2026;] ideales pasados, sino ideales empalidecidos e inm&#xf3;viles, o bien la necia-sublime identidad: derecho tiene que ser derecho&#x201D; (<xref ref-type="bibr" rid="ref6">Bloch, 1980, p. 81</xref>). En todo caso, superadas las diferencias, dice Bloch:</p>
<disp-quote><p>Si Don Quijote es un caballero rom&#xe1;nticamente tard&#xed;o, Michael Kohlhaas es un jacobino parad&#xf3;jicamente prematuro [Finalmente] y por lo que se refiere al rigorismo abstracto [&#x2026;] se podr&#xed;a tambi&#xe9;n casi decir: Kohlhaas es el Immanuel Kant de la teor&#xed;a del derecho, en tanto que Don Quijote. (<xref ref-type="bibr" rid="ref6">Bloch, 1980, pp. 81-82</xref>)</p></disp-quote>
<p>Fue as&#xed; como al final el h&#xe9;roe consigui&#xf3; justicia en su caso, aunque fue sentenciado y condenado a muerte como gran villano. Una sentencia reconoci&#xf3; la justeza de su demanda; la otra censur&#xf3; la radicalidad de sus actos. La discordancia de los tiempos se revela en un doble veredicto: el suplicio que vivi&#xf3; <italic>el hombre</italic> en el <italic>pasado</italic> es reprochable, as&#xed; como lo es, seg&#xfa;n el tribunal, el posterior obrar del <italic>incendiario</italic> que comparece ante &#xe9;l en tiempo <italic>presente</italic>, como acusado de haber quebrantado la paz jur&#xed;dica imperial.</p>
<p>Nuestro personaje acept&#xf3; las dos sentencias, junto con el ox&#xed;moron de ser culpable e inocente, v&#xed;ctima y victimario. El drama se entremezcla con la &#xe9;pica en un desenlace que retrata las pasiones humanas y haza&#xf1;as de un funambulista que no le teme a la cuerda floja, sino a la aparente consistencia del sistema, verdadera soga endeble que cuelga sobre un precipicio.</p>
<p>La revoluci&#xf3;n en marcha del personaje tuvo un detonante emocional: la rabia. Esta, a su vez, fue el resultado de una amalgama de vivencias y razonamientos que trajeron consigo un viaje de formaci&#xf3;n sentimental. De la admiraci&#xf3;n a la ley y al orden establecido a la confusi&#xf3;n; de la confusi&#xf3;n a la decepci&#xf3;n y la impotencia; y de estas al dolor emp&#xe1;tico, al miedo y a la sensaci&#xf3;n de exilio. Del deshabitar a la nostalgia y a la inconformidad intensa. Del estar inconforme al estar horrorizado e inmensamente triste al quedar sin la mitad de su alma. Del <italic>desgarrarse</italic> al desvanecerse y del volverse humo a la rabia.</p>
<p>Esta no es solo la historia de un <italic>noble</italic> que perdi&#xf3; un castillo por ocho herraduras ni la de un reino por dos caballos, sino la de un hombre aterrorizado ante la injusticia que se neg&#xf3; a renunciar a la dignidad, el &#xfa;nico contacto que le quedaba con lo humano. Para no <italic>deshabitarse</italic>, la ira allan&#xf3; el camino de la lucha por el reconocimiento mutuo. La rabia, m&#xe1;s que cualquier otra cosa, fue un barniz de humanidad.</p>
<p>La injusticia, la desigualdad, la humillaci&#xf3;n y la opresi&#xf3;n nos <italic>despotencian</italic>, pues amilanan nuestro deseo de permanencia en el mundo. Dicho de otro modo, nos entristecen. Insuflar tristeza es un modo de aniquilar la inclinaci&#xf3;n innata de existir y mejorar. La digna rabia, en cambio, nos potencia, al fungir como cris&#xe1;lida de emociones y anteceder lo extraordinario: la metamorfosis de oruga en mariposa. La rabia, apropiada como categor&#xed;a &#x201C;sentipensante&#x201D;, da conciencia del paisaje y dice &#x201C;basta&#x201D; a la ignominia. Se articula con la espontaneidad creativa y la deliberaci&#xf3;n profunda, luego da vida a lo insospechado, una vez se expande entre la multitud. Esta no se asume como masa amorfa, sino como cuerpo colectivo autoorganizado, que no es ac&#xe9;falo por carecer de un dirigente pastoril, pues a la cabeza est&#xe1;n los que habitan el cuerpo mismo, en gran parte, porque entre afectos e ideas no hay jerarqu&#xed;a.</p>
<p>La rabia potencia la esperanza, la sinergia de cuerpos que se reconfortan, al reafirmar la resistencia a la autodestrucci&#xf3;n. En resumen, supone alegr&#xed;a, y por eso, al seguir una l&#xed;nea de fuga como la spinozista, es dable decir que la rabia es buena porque es deseable, y es deseable porque nos potencia y empuja a romper la cris&#xe1;lida.</p>
<p>La resistencia a causas externas que buscan apagarnos se materializa en el esfuerzo por seguir existiendo y mejorar (<italic>conatus</italic>). Esta fuerza persigue la alegr&#xed;a, que es el afecto que nos hace conscientes de que aumentamos nuestra potencia. El <italic>conatus</italic>, a su vez:</p>
<disp-quote><p>Se funda en la constituci&#xf3;n f&#xed;sica y an&#xed;mica del hombre, una constituci&#xf3;n distinta en cada quien, pues resulta de la experiencia y forma de vida que se ha tenido. Spinoza utiliza el t&#xe9;rmino &#x201C;ingenio&#x201D; para referirse al conjunto de im&#xe1;genes, ideas y pasiones que la constituci&#xf3;n de un hombre le han permitido tener; de ah&#xed; que lo identifica con la facultad de juicio de cada quien. [...] Para nuestro autor, juzgo que algo es bueno porque lo deseo o, al contrario, juzgo que algo es malo porque lo aborrezco. El juicio es producto del ingenio, de la conciencia de lo que aumenta o disminuye la potencia del conato, es decir, de la historia de encuentros positivos y negativos con el mundo. (<xref ref-type="bibr" rid="ref1">Alarc&#xf3;n, 2007, p. 459</xref>)</p></disp-quote>
<p><italic>Afecto</italic>, <italic>conatus</italic> e <italic>ingenium</italic> es una tr&#xed;ada compleja y fecunda en el pensamiento de Spinoza, que m&#xfa;ltiples campos del conocimiento, como la sociolog&#xed;a hist&#xf3;rica, la cr&#xed;tica cultural y la ciencia pol&#xed;tica, han sabido recuperar, problematizar y enriquecer. Un ejemplo de esto es la obra <italic>Los afectos de la pol&#xed;tica</italic>, donde <xref ref-type="bibr" rid="ref33">Lordon (2017)</xref> explica estas tres ideas del pensamiento spinozista: reafirma el <italic>ingenium</italic> como expresi&#xf3;n pol&#xed;tica y la pol&#xed;tica como espacio de florecimiento de ideas-afectos.</p>
<p>Si Lordon revela una interpretaci&#xf3;n de la acci&#xf3;n pol&#xed;tica en el l&#xfa;cido y adelantado pensamiento de Spinoza, <italic>mutatis mutandis</italic>, en este ensayo se propone leer la rabia pol&#xed;tica ni como un punto de llegada ni como uno de partida, sino m&#xe1;s bien como un puente entre la tristeza y la alegr&#xed;a, pol&#xed;ticamente entendidos como la transici&#xf3;n entre la servidumbre violenta o voluntaria y la constituci&#xf3;n de una fuerza capaz de ser pol&#xed;tica, prejur&#xed;dica e ilimitada. El pueblo, en su fase libre-multitudinaria, es <italic>conatus</italic> en esplendor, esfuerzo vivo por seguir existiendo y mejorar. Kohlhaas encarna el empe&#xf1;o por florecer, aunque las instituciones han marchitado. Su deseo revolucionario busc&#xf3; animar un levantamiento popular que forja renovadas relaciones entre multitudes e instituciones.</p>
<p>Como un <italic>alter ego</italic> de Thomas M&#xfc;ntzer, Michael Kohlhaas no suscribi&#xf3; la l&#xed;nea de reformador burgu&#xe9;s, sino la de revolucionario plebeyo. Como <italic>te&#xf3;logo de la revoluci&#xf3;n</italic>, fue agitador pol&#xed;tico, acaudill&#xf3; las clases populares y legitim&#xf3; la lucha contra autoridades tir&#xe1;nicas en pro de una vigorosa transformaci&#xf3;n del orden existente. Tambi&#xe9;n en ambas historias, la <italic>real</italic> y la <italic>imaginada</italic>, la revoluci&#xf3;n fue interrumpida y Mart&#xed;n Lutero desempe&#xf1;&#xf3; un papel crucial.</p>
<p>Al ser el cultivo de las emociones una de las claves del relato, la historia se hace demasiado humana. En palabras de <xref ref-type="bibr" rid="ref8">Calvino (1992)</xref>, siempre tendr&#xe1; algo por decir y por eso es un relato de arena, como dir&#xed;a Borges. Al seguir el argumento de <italic>Kafka y sus precursores</italic> (<xref ref-type="bibr" rid="ref7">Borges, 1960</xref>), todo indica que esta historia tiene la potencia de resignificar el pasado, al punto que hoy podemos decir que tal o cual lucha de la antig&#xfc;edad nos parece &#x201C;kleistiana&#x201D;.</p>
<p>Para ilustrar mejor los vasos comunicantes entre la <italic>novela</italic> y la <italic>vida</italic>, el <italic>pasado</italic> y el <italic>presente</italic>, a prop&#xf3;sito de la emoci&#xf3;n de la rabia y la frontera imaginaria entre <italic>ficci&#xf3;n</italic> y <italic>realidad</italic>, valga citar otro ejemplo, tambi&#xe9;n paradigm&#xe1;tico: las luchas de las mujeres por sus derechos. En esta l&#xed;nea, la escritora, editora y periodista boliviana Liliana <xref ref-type="bibr" rid="ref13">Colanzi (2019)</xref> afirma: &#x201C;la rabia de las mujeres puede ser una extraordinaria fuerza revolucionaria&#x201D; (<xref ref-type="bibr" rid="ref13">Colanzi, 2019, p. 107</xref>), con un gran potencial desestabilizador y transformador de paradigmas hegem&#xf3;nicos. En defensa de su tesis, cita a la feminista afroamericana Audre Lorde y a la periodista y escritora Rebecca Traister:</p>
<disp-quote><p>Lorde fue una de las primeras en abordar este potencial en su extraordinario ensayo de 1981 &#x201C;Los usos de la ira: las mujeres responden al racismo&#x201D;, en el que habla del racismo, el sexismo y la homofobia como los soportes de la sociedad norteamericana, y de la ira como una herramienta de transformaci&#xf3;n. [&#x2026;] En <italic>Buenas y enojadas. El poder revolucionario de la rabia de las mujeres</italic>, Rebecca Traister reivindica la ira femenina como el motor de varias revoluciones que han transformado la cara de los Estados Unidos: en las huelgas de las obreras textiles que consiguieron cambiar las condiciones de trabajo en las f&#xe1;bricas en el siglo XIX, en la negativa de la activista negra Rosa Parks a sentarse en la parte trasera del autob&#xfa;s &#x2013;hecho que inspir&#xf3; la lucha por los derechos civiles de los negros&#x2013;, y en la batalla de Susan B. Anthony y Elizabeth Cady Stanton por conseguir el sufragio femenino, la ira ha sido un factor fundamental de progreso y de cambio. Un d&#xed;a estas mujeres decidieron que no pod&#xed;an seguir soportando la situaci&#xf3;n de desigualdad en que viv&#xed;an, y enfurecieron. Y entonces empezaron a organizarse y a actuar. (<xref ref-type="bibr" rid="ref13">Colanzi, 2019, pp. 107-108</xref>)</p></disp-quote>
<p>A prop&#xf3;sito del potencial desestabilizador de la rabia, dice <xref ref-type="bibr" rid="ref13">Colanzi (2019)</xref>:</p>
<disp-quote><p>Traister recuerda por ejemplo a Flo Kennedy, la abogada y activista negra que en 1969 organiz&#xf3; la protesta feminista contra la prohibici&#xf3;n del aborto en Nueva York &#x2013;anulada en 1970&#x2013;; Kennedy era descrita por la prensa como &#x201C;la boca m&#xe1;s grande, ruidosa e indisputablemente insolente&#x201D; entre las feministas, capaz de desatar la furia e inspirar a los dem&#xe1;s a la acci&#xf3;n. (<xref ref-type="bibr" rid="ref13">Colanzi, 2019, p. 108</xref>)</p></disp-quote>
<p>Si se interioriza la reflexi&#xf3;n de <xref ref-type="bibr" rid="ref13">Colanzi (2019)</xref> sobre la extraordinaria fuerza revolucionaria de la rabia, en la l&#xed;nea de pensamiento de Lorde y Traister, se descubre que se trata de una m&#xe1;xima que interpela a todas y todos por igual. Si la revoluci&#xf3;n es la partitura, uno de sus compases es la rabia. Si la vida de pronto ha adquirido las formas del pentagrama, no caben dudas sobre lo que hay que hacer: m&#xfa;sica.</p>
<p>Los derechos humanos son conquistas sociales mediadas por revoluciones, y las revoluciones son leg&#xed;timas respuestas de vida digna contra paradigmas injustos. Pues bien, la sistematicidad de la discriminaci&#xf3;n allana el nacimiento de la rabia y esta suele ser el preludio de la revoluci&#xf3;n y de las dem&#xe1;s formas de insumisi&#xf3;n.</p>
<p>La rabia as&#xed; vista es una emoci&#xf3;n pol&#xed;tica revolucionaria, esto es, una modalidad de emoci&#xf3;n compleja, prima-hermana de la empat&#xed;a, la solidaridad y el amor. Bien cultivada, puede convertirse en una de las semillas del frondoso &#xe1;rbol de las luchas por la redistribuci&#xf3;n y el reconocimiento. Incluso, llevada a su esplendor, puede acompa&#xf1;ar el proceso que conduce a la fundaci&#xf3;n de la libertad.</p>
<p>Ni &#x201C;masculina&#x201D; ni &#x201C;irracional&#x201D; ni &#x201C;fea&#x201D; ni &#x201C;hist&#xe9;rica&#x201D; ni &#x201C;antinatural&#x201D; ni &#x201C;monstruosa&#x201D; ni &#x201C;exagerada&#x201D; ni &#x201C;rid&#xed;cula&#x201D;. La rabia-revolucionaria es un motor de transformaci&#xf3;n que dice: &#x201C;&#xa1;basta, no m&#xe1;s indignidad!&#x201D; Sin ira, la ignominia ser&#xed;a eterna:</p>
<disp-quote>
<p>Toda [persona] posee un nutrido arsenal de ira potencialmente &#xfa;til en la lucha contra la opresi&#xf3;n, personal e institucional, que est&#xe1; en la ra&#xed;z de esa ira. Bien canalizada, la ira puede convertirse en una poderosa fuente de energ&#xed;a al servicio del progreso y del cambio. Y cuando hablo de cambio [&#x2026;] me refiero a la modificaci&#xf3;n profunda y radical de los supuestos en que se basa nuestra vida. (<xref ref-type="bibr" rid="ref32">Lorde, 2003, p. 140</xref>)</p>
</disp-quote>
</sec>
<sec>
<title>Conclusi&#xf3;n</title>
<p>Cuando las causas de la rabia son pol&#xed;ticas, la rabia asume la forma de una emoci&#xf3;n compleja revolucionaria, de una manifestaci&#xf3;n que al ponerse en marcha tiene la potencia de anteceder la apertura a nuevos mundos. Si el detonante de la rabia es la violencia institucional, la discriminaci&#xf3;n, la invisibilizaci&#xf3;n y la desigualdad, m&#xe1;s que nunca se revela que, lejos de ser un <italic>pecado capital</italic>, la ira encarna una <italic>virtud</italic> de resistencia.</p>
<p>En esta l&#xed;nea de resignificaci&#xf3;n pol&#xed;tica de las emociones, cabe una &#xfa;ltima precisi&#xf3;n: este texto de ninguna manera exalta la emoci&#xf3;n que supone la p&#xe9;rdida de la capacidad de autodeterminaci&#xf3;n y deviene en arbitraria muerte o tragedia. La manifestaci&#xf3;n que aqu&#xed; se destaca es la rabia colectiva hecha sinergia y fiesta democr&#xe1;tica, contestataria e insumisa, que implica un ejercicio de la libertad, defiende la vida y allana el camino de una gran gesta, fruto de la feliz s&#xed;ntesis entre ideas y acci&#xf3;n. En otras palabras, no se resalta la emoci&#xf3;n que enajena y genera posteriores arrepentimientos en quien fue apresado por ella, sino la que ensimisma, se vive intensamente y recuerda con satisfactoria nostalgia, dignidad y orgullo, dado que no encadena, libera, como ilustra <italic>La rage du peuple</italic>, de Keny <xref ref-type="bibr" rid="ref4">Arkana (2006)</xref>.</p>
<p>Lo que se enaltece, en &#xfa;ltimas, es la emoci&#xf3;n pol&#xed;tica que en tiempo presente cautiva y encanta con creatividad y esperanza de cambio, vela por deponer paradigmas, s&#xed;mbolos y sistemas te&#xf3;rico-pr&#xe1;cticos desp&#xf3;ticos heredados desde un pasado m&#xe1;s o menos remoto, y clama por un futuro no dist&#xf3;pico, al que por lo pronto impulsan los vientos de &#x201C;progreso&#x201D; que tanto aterran al &#xe1;ngel de la historia. Pues, aunque el hurac&#xe1;n lleva al abismo, se cree que es un trampol&#xed;n al mal so&#xf1;ado para&#xed;so de mermelada y miel.</p>
<p>Se siente un aumento colectivo del ritmo card&#xed;aco, de la presi&#xf3;n sangu&#xed;nea y de los niveles de adrenalina. Algo extraordinario se est&#xe1; gestando:</p>
<disp-quote>
<p>La rabia corrosiva que una larga frustraci&#xf3;n ha acumulado en nosotros ya no se dirige contra nosotros mismos, nuestras esposas y nuestros compa&#xf1;eros; ha encontrado finalmente el blanco hacia el que debe apuntar: el r&#xe9;gimen de explotaci&#xf3;n. Es una rabia sana y franca y no la fuerza maligna que minaba nuestro ser. Es elemento necesario de nuestro amor hacia aquellos para los cuales tratamos de crear un mundo nuevo. Y nuestro afecto ya no est&#xe1; solamente hecho de compasi&#xf3;n, protecci&#xf3;n, consuelo, sino de aliento, solidaridad, ayuda en el combate. Ya no nos amaremos como vencidos cr&#xf3;nicos, sino como compa&#xf1;eros de una inmensa y riesgosa empresa llena de esperanza. Y si al final no conseguimos gran cosa como conquistas laborales, al menos conseguiremos lo esencial: descubrimos que la vida puede tener un sentido y que ese sentido es la lucha. (<xref ref-type="bibr" rid="ref52">Zuleta, 1976</xref>)</p>
</disp-quote>
</sec>
</body>
<back>
<ack>
<title>Reconocimientos</title>
<p>Dedico este art&#xed;culo a mi padre. Tambi&#xe9;n env&#xed;o agradecimientos al maestro Ricardo S&#xe1;nchez &#xc1;ngel, a los profesores Adriana Rodr&#xed;guez Pe&#xf1;a y Germ&#xe1;n Gaviria &#xc1;lvarez y al grupo de investigaci&#xf3;n &#x201C;Filosof&#xed;a y Teor&#xed;a Jur&#xed;dica Contempor&#xe1;nea&#x201D;, de la Universidad Libre, sede Bogot&#xe1; D.C., al cual se halla adscrito este art&#xed;culo.</p>
</ack>
<bio id="bio1">
<title>Mateo Romo Ord&#xf3;&#xf1;ez</title>
<p>Abogado, especialista y estudiante del programa de Maestr&#xed;a en Filosof&#xed;a del Derecho de la Universidad Libre, sede Bogot&#xe1;, D.C. Investigador auxiliar del Doctorado en Derecho e integrante del grupo de investigaci&#xf3;n &#x201C;Filosof&#xed;a y Teor&#xed;a Jur&#xed;dica Contempor&#xe1;nea&#x201D;, de la misma universidad. Estudiante del programa de Creaci&#xf3;n Literaria en la Universidad Central, Bogot&#xe1;, D.C.</p>
</bio>
<ref-list>
<title>Referencias</title>
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<element-citation publication-type="book"><person-group person-group-type="author"><name><surname>Trotsky</surname><given-names>L.</given-names></name></person-group><year>2019</year><article-title>El arte de la insurrecci&#x00F3;n</article-title><source>Historia de la Revoluci&#x00F3;n rusa</source><fpage>877</fpage><lpage>905</lpage><publisher-loc>Madrid</publisher-loc><publisher-name>Verbum</publisher-name></element-citation></ref>
<ref id="ref51"><mixed-citation>Von Kleist, H. (2007). <italic>Michael Kohlhaas</italic> [Trad. I. Hern&#xe1;ndez]. Madrid: Alba.</mixed-citation>
<element-citation publication-type="book"><person-group person-group-type="author"><name><surname>Von Kleist</surname><given-names>H.</given-names></name></person-group><year>2007</year><source>Michael Kohlhaas</source><person-group person-group-type="author"><name><surname>Hern&#x00E1;ndez</surname><given-names>I.</given-names></name></person-group><publisher-loc>Madrid</publisher-loc><publisher-name>Alba</publisher-name></element-citation></ref>
<ref id="ref52"><mixed-citation>Zuleta, E. (1976). &#xa1;Viva la huelga! <italic>Ruptura,</italic> (3). Recuperado de <uri xlink:href="https://www.reflexionesobrasliterarias.com/viva-la-huelga-por-estanislao-zuleta/">https://www.reflexionesobrasliterarias.com/viva-la-huelga-por-estanislao-zuleta/</uri></mixed-citation>
<element-citation publication-type="other"><person-group person-group-type="author"><name><surname>Zuleta</surname><given-names>E.</given-names></name></person-group><year>1976</year><article-title>&#x00A1;Viva la huelga!</article-title><source>Ruptura</source><volume>3</volume><comment>Recuperado de <uri>http://www.reflexionesobrasliterarias.com/viva-la-huelga-por-estanislao-zuleta/</uri></comment></element-citation></ref>
<ref id="ref53"><mixed-citation>Zweig, S. (1999). <italic>La lucha contra el demonio (H&#xf6;lderlin - Kleist - Nietzsche)</italic> [Trad. J. Verdaguer]. Madrid: Acantilado.</mixed-citation>
<element-citation publication-type="book"><person-group person-group-type="author"><name><surname>Zweig</surname><given-names>S.</given-names></name></person-group><year>1999</year><source>La lucha contra el demonio (H&#x00F6;lderlin - Kleist - Nietzsche)</source><person-group person-group-type="author"><name><surname>Verdaguer</surname><given-names>J.</given-names></name></person-group><publisher-loc>Madrid</publisher-loc><publisher-name>Acantilado</publisher-name></element-citation></ref>
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<notes>
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<fn id="fn1"><label>1</label><p>Von Kleist es considerado uno de los m&#xe1;s grandes escritores del romanticismo alem&#xe1;n y de toda la literatura alemana. Se lo sit&#xfa;a al lado de Goethe y Schiller. Stefan Zweig, el &#x201C;bi&#xf3;grafo de las almas&#x201D;, le dedic&#xf3; un estudio en su libro <italic>La lucha contra el demonio</italic> (<xref ref-type="bibr" rid="ref53">Zweig, 1999</xref>). Escritores como Thomas Mann, Kafka y Coetzee fueron influenciados por la obra de Von Kleist.</p></fn>
<fn id="fn2"><label>2</label><p>Se supon&#xed;a que la burgues&#xed;a era la aliada natural de la masa de la naci&#xf3;n. La alianza no merece un calificativo diferente a &#x201C;traici&#xf3;n&#x201D;. La traici&#xf3;n burguesa nuevamente hizo de las suyas en 1848.</p></fn>
<fn id="fn3"><label>3</label><p>Seg&#xfa;n <xref ref-type="bibr" rid="ref3">Arist&#xf3;teles (1999)</xref>, la ira es un &#x201C;apetito penoso de venganza por causa de un desprecio manifestado contra uno mismo o contra los que nos son pr&#xf3;ximos, sin que hubiera raz&#xf3;n para tal desprecio&#x201D; (<xref ref-type="bibr" rid="ref3">Arist&#xf3;teles (1999, p. 312)</xref>.</p></fn>
<fn id="fn4"><label>4</label><p>Montaigne afirm&#xf3;: &#x201C;No hay pasi&#xf3;n que trastorne tanto la rectitud de los juicios como la ira&#x201D; (<xref ref-type="bibr" rid="ref38">Montaigne, 1912, p. 100</xref>).</p></fn>
<fn id="fn5"><label>5</label><p>Estrat&#xe9;gico, en cuanto dispuesto a acudir a un di&#xe1;logo real. La lucha armada fue el &#xfa;ltimo recurso en defensa de la vida y el bien com&#xfa;n; la v&#xed;a emergente hacia el reconocimiento mutuo.</p></fn>
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