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<journal-title specific-use="original" xml:lang="es">FORUM. Revista Departamento de Ciencia Política</journal-title>
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<subject>Tema libre</subject>
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<bold>Análisis de los mecanismos de desconexión moral en el
discurso de Álvaro Uribe Vélez<xref ref-type="fn" rid="fn2">*</xref>
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<trans-title xml:lang="en">Analysis of the Mechanisms of Moral Disengagement in Álvaro Uribe
Vélez’s Discourse</trans-title>
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<contrib-id contrib-id-type="orcid">https://orcid.org/0000-0002-3906-682X</contrib-id>
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<surname>Bolaño-Pérez**</surname>
<given-names>Laura</given-names>
<suffix> Maestra en Estudios Humanísticos por el Tecnológico de Monterrey, México. Catedrática de la Universidad del Rosario, Colombia.</suffix>
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<email>laura.bolano@urosario.edu.co</email>
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<title>Resumen</title>
<p>El artículo presenta un análisis discursivo de los mecanismos de desconexión moral identificados por Bandura (1994, 1999) en las declaraciones de Álvaro Uribe Vélez (en adelante, AUV) sobre la masacre en San José de Apartadó (2005) y las ejecuciones extrajudiciales de Soacha (2008). Primero, se examinaron los enunciados de estas declaraciones a partir de las categorías de sujeto discursivo, coyuntura y formación imaginaria y así entender tanto el contexto de producción del discurso de AUV como los imaginarios que se formaron de las víctimas de los eventos referidos. Después, se identificaron los mecanismos de desconexión moral en AUV. Se concluye que los mecanismos que predominan son la culpabilización de la víctima y la deshumanización. Además, AUV estableció discursivamente una dicotomía entre los pertenecientes a la “patria” y los que no, de modo que se culpa a los sujetos excluidos de las conductas inhumanas de las que fueron víctimas.</p>
</abstract>
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<title>Abstract</title>
<p>This article presents a discursive analysis of the mechanisms of moral disengagement identified by Bandura (1994, 1999) in the statements of Álvaro Uribe Vélez (hereafter, AUV) about the massacre in San José de Apartadó (2005) and the extrajudicial executions in Soacha (2008). First, the statements of these declarations were examined from the categories of discursive subject, conjuncture and imaginary formation in order to understand both the context of production of AUV's discourse and the imaginaries that were formed of the victims of these events. Then, the mechanisms of moral disengagement in AUV were identified. It is concluded that the predominant mechanisms are victim blaming and dehumanization. In addition, AUV discursively established a dichotomy between those belonging to the "homeland" and those who do not, so that the excluded subjects are blamed for the inhuman behaviors of which they were victims.</p>
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<title>Palabras clave</title>
<kwd>desconexión moral</kwd>
<kwd>discurso político</kwd>
<kwd>conflicto armado</kwd>
<kwd>víctima</kwd>
<kwd>Álvaro Uribe Vélez</kwd>
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<title>Keywords</title>
<kwd>moral disengagement</kwd>
<kwd>political discourse</kwd>
<kwd>armed conflict</kwd>
<kwd>victim</kwd>
<kwd>Álvaro Uribe Vélez</kwd>
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<meta-name>Cómo citar:</meta-name>
<meta-value>Bolaño-Pérez, L. (2022). Análisis
de los mecanismos de desconexión moral en el discurso de Álvaro Uribe Vélez. <italic>FORUM. Revista Departamento Ciencia Política,
21</italic>, 8-32. https://doi.org/10.15446/frdcp.n21.93620</meta-value>
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<title>
<bold>Introducción</bold>
</title>
<p> Colombia ha sufrido más de 50 años de conflicto armado. Según el Registro Único de Víctimas de la Unidad para la Atención y Reparación Integral a las Víctimas, al 30 de junio de 2021, el conflicto armado dejó un saldo de 9.153.078 víctimas, de las cuales 8.143.758 fueron objeto de desplazamiento forzado, 273.216 de homicidio, 50.488 de desaparición forzada y 34.529 de secuestro<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_4012922002_ref40"> (Unidad de Víctimas, 2021)</xref>. Desde mediados de los setenta, los gobiernos de Alfonso López Michelsen (1974-1978), Belisario Betancur (1982-1986), Virgilio Barco (1986-1990), César Gaviria (1990-1994), Ernesto Samper (1994-1998), Andrés Pastrana (1998-2002), Álvaro Uribe Vélez (2002-2010) y Juan Manuel Santos (2010-2018) le han apostado, en menor o mayor medida, a la salida negociada del conflicto armado. Uno de los más notables fue el que lideró el expresidente Pastrana en 1997, cuyo gobierno inició un proceso de paz con la guerrilla de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia - Ejército del Pueblo (FARC-EP) que, finalmente, fracasó y dejó la sensación ante la opinión pública que el gobierno cedió una parte del territorio nacional a las FARC-EP. Dicho fracaso llevó al recrudecimiento del conflicto y al aumento de las actividades ilícitas en los territorios despejados durante las negociaciones.  </p>
<p> Lo anterior condujo a que a finales de la administración Pastrana tomara fuerza el discurso de AUV, quien llegó a la presidencia de Colombia en 2002. AUV ganó las elecciones argumentando su discurso en la “mano dura” contra las FARC-EP, premisa fundamental en la construcción de la Política de Seguridad Democrática (PSD), la cual priorizó la seguridad y la defensa militar en Colombia <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_4012922002_ref20">(Espinosa, 2017)</xref>. La PSD se tradujo en la presencia de las Fuerzas Armadas en todo el territorio colombiano y la confrontación bélica con las FARC-EP.  </p>
<p> Con el fin de ganarle la guerra a las FARC-EP, el gobierno colombiano, junto a grupos paraestatales, protagonizó varias violaciones a los Derechos Humanos y en las dos presidencias de AUV las ejecuciones a civiles presentados como bajas en combate aumentaron en un 154 % <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_4012922002_ref8">(Cárdenas y Villa, 2013)</xref>. En 2018, varios jóvenes fueron presentados como guerrilleros muertos en combate cuando, en realidad, eran civiles que habían sido ejecutados por militares, luego de que se les ofreciera un trabajo en el noroeste del país. El caso fue expuesto por AUV el 7 de octubre de 2008 ante la opinión pública, a través de un comunicado de prensa según el cual “los jóvenes desaparecidos de Soacha fueron dados de baja en combate y no fueron a recoger café, fueron con propósitos delincuenciales y no murieron un día después de su desaparición sino un mes más tarde” <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_4012922002_ref41">(Uribe dice que desaparecidos de Soacha murieron en combates, 2008)</xref>. Respecto a este y otros casos similares, se llevó a cabo en la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP) <sup>
<xref ref-type="fn" rid="fn4">[1] </xref>
</sup>la primera audiencia pública de los familiares de los jóvenes presentados ilegítimamente como muertos en combate en 2019<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_4012922002_ref25"> (JEP, 2019)</xref>. Con informes de víctimas, instituciones del Estado y declaraciones de comparecientes de la Fuerza Pública, la JEP pudo establecer que agentes del Estado habrían presentado entre 2002 y 2008 a, por lo menos, 6402 colombianos como guerrilleros muertos en combate cuando no lo eran, periodo que coincide con las dos presidencias de AUV<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_4012922002_ref26"> (JEP, 2021)</xref>. </p>
<p> La llegada de AUV al poder transformó el enfoque que se le había dado al conflicto entre el Estado y las guerrillas —y no tanto entre el Estado y los grupos paramilitares—, así como el discurso en torno al conflicto. La PSD y la comunicación gubernamental de esta política estaban estrechamente vinculadas<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_4012922002_ref27"> (López de la Roche, 2014)</xref>. AUV capitalizó el sentimiento de rechazo de la sociedad colombiana contra las Farc y las convirtió en una “amenaza terrorista”. Así, el gobierno de AUV eliminó del discurso el estatus de “guerrilla” o de “grupo insurgente” de las FARC-EP para transformarlo en un grupo narcoterrorista. Como se verá más adelante, esto trajo como consecuencia una división artificial entre quienes rechazaban el terrorismo y quienes lo amparaban. A este último grupo podían pertenecer desde políticos opositores al gobierno, líderes comunitarios, hasta grupos de civiles que buscaban permanecer al margen del conflicto armado. Esta narrativa de “guerra contra el terror”, impuesta desde Washington a partir de los ataques del 9-11, así como la tesis de que los fines son superiores a sus medios fue utilizada para excusar los actos inhumanos cometidos a raíz de la PSD.  </p>
<p> Los actos inhumanos pueden resignificarse a partir de mecanismos de desconexión moral. Estos son atajos psicológicos para calificar como morales, actos inmorales. Estos mecanismos fueron definidos por Bandura (1994, 1999) quien describe que las personas, en virtud de sus procesos de socialización, pueden reconocer y aprender normas morales. Cuando las personas actúan contra esas normas, experimentan culpa. Sin embargo, en ocasiones, los individuos pueden suprimir esa culpa para permitirse actuar de forma censurable. Estos mecanismos se utilizan de forma consciente y son muchas veces empleados por dirigentes políticos para eludir una responsabilidad o justificar su negligencia. Luego de las declaraciones que AUV hizo respecto a la Comunidad de Paz de San José de Apartadó en 2005, la Corte Constitucional ordenó al Estado colombiano retractarse respecto a estas en 2012<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_4012922002_ref13"> (Auto 164/12, 2012)</xref>, pero solo hasta el 2013 el Estado ofreció disculpas formales por estos señalamientos. En mayo de 2017, AUV tuvo que retractarse por unas declaraciones que hizo en Twitter<sup>
<xref ref-type="fn" rid="fn5">[2]</xref>
</sup> respecto a los jóvenes de Soacha presentados como bajas en combate en 2008<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_4012922002_ref28"> (Obligado, Uribe se retracta con las madres de Soacha, 2017)</xref>.  </p>
<p> Ahora bien, tanto la masacre en San José de Apartadó como el caso de los “falsos positivos” —como fue denominado en los medios de comunicación a las ejecuciones extrajudiciales— han sido analizados desde lo jurídico y lo político, pero poco desde lo moral. Sin ánimo de hacer un juicio respecto a las cualidades morales de AUV, sus declaraciones frente a estos hechos resultaron estigmatizantes, revictimizantes e, incluso, hoy tienen repercusiones políticas y sociales para los afectados. Las víctimas fueron culpabilizadas de las violencias a las que fueron sometidas y hasta muchos años después se logró determinar que agentes del Estado colombiano habían actuado de forma conjunta con los perpetradores. Estas estigmatizaciones pueden estudiarse desde la perspectiva descrita por Bandura y es por ello por lo que en este artículo se pretende responder qué mecanismos de desconexión moral se pueden identificar en las declaraciones que AUV hizo respecto a los sucesos ya referidos. </p>
<p> Con base en lo expuesto, el propósito del artículo es realizar un análisis discursivo de los mecanismos de desconexión moral presentes en las declaraciones de AUV respecto a la masacre de San José de Apartadó y las ejecuciones extrajudiciales de Soacha. Para conseguir dicho propósito, es menester: definir y contrastar las declaraciones de AUV con los ocho mecanismos de desconexión moral definidos por Bandura (1994, 1999); establecer una relación entre esos mecanismos de desconexión moral y la construcción de imaginarios en torno a las víctimas sobre las que recae dichos mecanismos; así como concluir si hay alguna correlación con el discurso de AUV con la percepción que la opinión pública tiene de los grupos victimizados. </p>
<p> Este artículo sentará un modesto precedente en el campo, pues los análisis de desconexión moral se han hecho, hasta el momento, para evaluar el terrorismo o el comportamiento en combate entre ejércitos irregulares <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_4012922002_ref46">(Villegas de Posada, Flores y Espinel, 2018)</xref>, pero no para estudiar la violencia de Estado o la violencia paramilitar amparada en el Estado. De igual manera, se toma el discurso de AUV por su gran influencia en la política y la sociedad colombianas. Lo anterior con el ánimo de establecer, en últimas, si hay alguna correlación con el discurso de AUV y la percepción que la opinión pública tiene de los grupos victimizados. Los mecanismos de desconexión moral le permiten al victimario hacer una reconfiguración moral y discursiva de su víctima. Es decir que, para hacer de la víctima merecedora del acto deshumanizante al que es sometida, es necesario crear un imaginario en torno a ella. En el caso mencionado, el discurso de AUV establece una equivalencia entre las víctimas de una masacre y las FARC-EP, de ahí que sea legítimo y comprensible ejercer violencia hacia ellas y ese imaginario es el que se convierte en insumo para justificar la violencia hacia las víctimas.  </p>
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<sec>
<title>
<bold>La desconexión moral</bold>
</title>
<p>La  teoría  de  la  desconexión  moral  de  Bandura  <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_4012922002_ref4">(1994)</xref>  es  una  teoría  cognitiva  que,  a  diferencia de otros enfoques que se centran en el razonamiento moral, estudia cómo se comporta la gente en situaciones concretas. Bandura et al.<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_4012922002_ref7"> (1996)</xref> se propusieron de-terminar la relación que hay en el mundo social y el comportamiento de los individuos. </p>
<p>De acuerdo con Bandura <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_4012922002_ref6">(2002)</xref>, en el proceso de socialización de los seres humanos, las personas aprenden normas morales —estándares de lo que es lo bueno y lo malo— que sirven  para  orientar  la  conducta.  Lo  anterior  supone  que  “[u]na  vez  se  ha  desarrollado  el  control interno, las personas regulan sus acciones por medio de las sanciones que se apli-can  a  sí  mismas.  Hacen  cosas  que  las  satisfacen  y  construyen  su  sentido  de  autovaloración”  <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_4012922002_ref4">(Bandura,  1994,  p.  173)</xref>.  Lo  anterior  implica  que  las  personas  tienden  a  reforzar  las conductas que son buenas y a castigar las que son malas. Aunque dichas conductas pueden estar determinadas por aspectos sociales, culturales y religiosos, así como cada comunidad privilegia un grupo determinado de valores morales sobre otros, las normas religiosas o sociales no sustituyen las morales. En Occidente se tiende a privilegiar la libertad, la igualdad y  la  justicia,  por  ejemplo,  pero  los  individuos  pueden  jerarquizar  estos  valores  de  forma  particular y también pueden cuestionar las instituciones sociales, políticas o económicas si contradicen dichos valores. Todo esto produce la ética: orientadora de la conducta humana. </p>
<p>Actuar en contra de las conductas buenas causa culpa, es decir, genera un mecanismo de autosanción y hace que los humanos actuemos conforme a unas pautas morales internas.  Las  personas  pueden  alterar  una  norma  social  o  una  norma  religiosa,  pero  quebrar una norma moral atenta directamente con la propia imagen de sí mismo. De ahí que las personas “se abstengan de actuar de forma que atenten contra sus conductas morales  porque  dicha  conducta  puede  causar  auto-condenación”  <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_4012922002_ref6">(Bandura,  2002,  p.  102)</xref>. De esto se desprende que actuar de forma humana o inhumana sea una opción para el individuo. De acuerdo con Bandura <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_4012922002_ref4">(1994)</xref>: </p>
<p>
<disp-quote>
<p>Las pautas morales no funcionan como reguladores internos fijos de conducta. Los mecanismos autorreguladores no funcionan a menos que sean activados, y existen muchos procesos psicológicos por medio de los cuales las reacciones morales pueden desconectarse de la conducta inhumana.  La  activación  selectiva  y  la  desconexión  del  control  interno  permiten  diferentes  tipos de conducta por parte de las personas que tienen las mismas pautas morales. [...] Las au-tosanciones se pueden desconectar mediante la reconstrucción de la conducta como si sirviera para propósitos morales, la desconsideración o malinterpretación de las consecuencias nocivas de las acciones propias, o bien echándole la culpa a las víctimas y deshumanizándolas. (p. 173)</p>
</disp-quote>
</p>
<p>Lo anterior supone que, si bien las personas son capaces de reconocer las pautas morales, pues su conducta está regulada por ellas y por la culpa que implica actuar en contra de ellas, hay momentos en que el individuo se permite “poner en pausa” dichos mecanismos de auto sanción para cometer actos inmorales. Esto no quiere decir que el individuo  deliberadamente  quiera  hacer  un  acto  inmoral,  sino  que  lo  resignifica  para  que no esté en contravía de sus pautas morales. Siguiendo a Bandura et al. <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_4012922002_ref7">(1996)</xref> “existen diferentes tipos de pensamiento que pueden justificar el robo, el fraude fiscal o el bombardeo  militar  del  enemigo  utilizando  razonamientos  muy  sofisticados,  o  por  el  contrario muy simples” (p. 25). Este proceso cognitivo, que Bandura <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_4012922002_ref4">(1994</xref>, <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_4012922002_ref6">2002)</xref> denomina desconexión moral, puede identificarse en el discurso de AUV cuando presentó sus declaraciones respecto a la masacre en San José de Apartadó y a los “falsos positivos” en Soacha. La desconexión moral se puede presentar a través de diferentes niveles y mecanismos que se detallan a continuación. </p>
<sec>
<title>Niveles o dominios</title>
<p> Hay cuatro niveles generales que las personas utilizan para justificar sus conductas inmorales, a pesar de saber que sus acciones contradicen sus pautas morales. El primer dominio está relacionado con la <italic>conducta</italic>. En este nivel, el individuo reconstruye o resignifica su conducta de modo que no sea valorada como inmoral. El segundo dominio está relacionado con las <italic>acciones</italic> y hace que el agente moral, es decir, el individuo que toma decisiones morales minimice su responsabilidad en las conductas inmorales. En el tercer dominio, que está vinculado a los <italic>resultados</italic> de las acciones inhumanas, el agente ignora las consecuencias de sus actos. El cuarto dominio se caracteriza porque el agente reduce el valor humano de la víctima, la<italic> deshumaniza</italic>
<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_4012922002_ref1">(Alfonso, 2017;</xref>
<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_4012922002_ref4">Bandura, 1994)</xref>.  </p>
</sec>
<sec>
<title>Mecanismos</title>
<p> A partir de los niveles generales mencionados en el apartado anterior, Bandura<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_4012922002_ref4"> (1994)</xref> define ocho tipos específicos de mecanismos de desconexión moral. El primero es la justificación moral. Las personas usualmente no cometen conductas contrarias a sus normas morales a menos que tengan una buena justificación que las soporte. Una vez el individuo actúa de forma inmoral, reconstruye cognitivamente dicho evento para que parezca moralmente justificable. Entonces, en el proceso de justificación moral, “la conducta reprochable se presenta de forma personal y socialmente aceptable al retratarla al servicio de un valor social o de propósitos morales” <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_4012922002_ref7">(Bandura et al., 1996, p. 365)</xref>. Las personas pueden cometer actos reprochables en nombre del honor o de la justicia, por ejemplo. El segundo mecanismo es el <italic>lenguaje o etiquetado eufemístico</italic>. Este mecanismo es importante porque el lenguaje moldea patrones de pensamiento sobre los cuales se asienta la conducta. Es así como una conducta inhumana se puede minimizar o atenuar a través del lenguaje mostrándola como algo menos dañino <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_4012922002_ref6">(Bandura, 2002)</xref>. El tercer mecanismo es la comparación ventajosa. Este mecanismo compara la propia conducta con una mucho más grave con el objetivo de restarle importancia o gravedad. Dice Bandura <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_4012922002_ref4">(1994)</xref>: “Los actos autodeplorables pueden hacerse aparecer como si fueran justos, contrastándolos con actos flagrantemente inhumanos. Cuanto más ultrajantes sean las prácticas de comparación más probable será que la propia conducta destructiva parezca insignificante o incluso benévola” (p. 184). Con el<italic> desplazamiento de la responsabilidad</italic>, las personas le restan importancia a su papel en las conductas inhumanas. De esta forma, las personas “ve[n] sus acciones como si surgieran dictados de las autoridades, y no de su propia voluntad. Si no son los verdaderos agentes de sus acciones, se evitan reacciones de autoprohibición” <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_4012922002_ref4">(Bandura, 1994, p. 186)</xref>. En esta misma línea de mecanismos que le permiten al individuo desentenderse de las consecuencias de sus acciones se encuentran, por un lado, la <italic>difusión de la responsabilidad</italic> y, por el otro, la <italic>distorsión de las consecuencias</italic>. Con la difusión, el control moral se diluye cuando la agencia personal se oculta bajo muchos agentes. Es decir, una acción inmoral puede pasar desapercibida si no la comete un agente, sino muchos: “cuando todos son responsables, nadie realmente se siente responsable”<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_4012922002_ref6"> (Bandura, 2002, p. 107)</xref>. Con la distorsión, el control moral se debilita, pero ya no al absolver la responsabilidad del individuo, sino al minimizar los efectos de la propia conducta. Así, “mientras los resultados de la conducta dañina sean ignorados, minimizados, distorsionados o increíbles, hay pocas razones para que se activen la autocensura” <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_4012922002_ref6">(Bandura, 2002, p. 108)</xref>. Los últimos dos mecanismos, la <italic>deshumanización y la atribución de la culpa</italic>, centran la justificación de las acciones inmorales en la víctima. Una persona solo puede actuar de forma inhumana hacia otra si deja de percibirla como una igual y deja de sentir empatía hacia ella. De este modo, “[l]a autocensura a una conducta cruel puede desconectarse o atenuarse cuando se le quitan a una persona las cualidades humanas” <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_4012922002_ref6">(Bandura, 2002, p. 109)</xref>. Este mecanismo opera junto con el etiquetado con nombres indeseables hacia la víctima, lo que contribuye a su cosificación y al despojo de sus características humanas. Por último, al atribuirle la culpa a la víctima por la acción inhumana a la que es sometida, la conducta reprochable se ve como una respuesta justificable a una provocación. </p>
<p> Para poder detectar los anteriores mecanismos en el discurso de AUV, es necesario aclarar qué se entiende por análisis de discurso. Según Haidar<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_4012922002_ref23"> (2006)</xref> un análisis de discurso no puede ser inmanentista o limitarse únicamente al sentido que ofrece un enunciado aislado, en la medida en que no es posible separarlo de las condiciones en las que se genera y la visión de mundo que produce. Al contrario,  </p>
<p>
<disp-quote>
<p>El  lenguaje  no  se  considera  solamente  un  vehículo  para  expresar  y  reflejar  nuestras  ideas,  sino un factor que participa y tiene injerencia en la constitución de la realidad social. [...] Por consiguiente lo social como objeto de observación no puede ser separado ontológicamente de los discursos que en la sociedad circulan.<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_4012922002_ref36"> (Santander, 2011, p. 209)</xref>
</p>
</disp-quote>
</p>
<p>En este punto vale la pena mencionar algunos antecedentes que se han tenido en Colombia respecto al discurso de AUV. El primero de ellos es el de Cárdenas-Támara<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_4012922002_ref9"> (2012)</xref> quien estudia un fragmento del discurso de AUV con el fin de “captar de manera crítica las posibles  equivocidades  [equivocaciones]  presentes  en  la  voz  discursiva  del  expresidente, como también las representaciones colectivas de importantes sectores colombianos” (p. 140). El autor concluye que en la moral discursiva de AUV predomina el pensamiento  neoliberal,  idea  que  recoge  en  otro  estudio.  En  este,  Cárdenas-Támara  <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_4012922002_ref9">(2013)</xref>  afirma  que el sistema discursivo de Uribe Vélez “expresa modelos mentales pragmáticos del hacer, centrados en el eje de la seguridad como concepto esencialmente policivo y militar” (p. 105) y sacrifica otras demandas sociales que no se limitan a garantizar la seguridad.</p>
<p>En  esa  misma  línea,  Orozco  <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_4012922002_ref29">(2016)</xref>  hace  un  análisis  desde  la  narratología  de  las  memorias de Uribe Vélez (2012) <italic>No hay causa perdida</italic>, las cuales se caracterizan por tener una “carga de suspenso que lo acerca al guion cinematográfico o al <italic>thriller</italic> político” <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_4012922002_ref29">(Orozco,  2016,  p.  140)</xref>.  Además,  Orozco  concluye  que  la  narración  presenta  a  Uribe  Vélez como un protector (2016, p. 152). Si bien en estas páginas no se busca profundizar  o  continuar  las  investigaciones  anteriormente  presentadas,  el  análisis  que  Orozco  (2016)  hace  de  las  memorias  de  Uribe  Vélez  pone  en  evidencia  la  autoimagen  que  el  expresidente tiene de sí mismo como un padre que se sacrifica por el bien de la patria. Este autoconcepto es el que debe ser protegido y es por eso por lo que los mecanismos de desconexión moral operan. Lo que se presenta a continuación es la manera en que se pueden identificar dichos mecanismos en el discurso de AUV.</p>
</sec>
</sec>
<sec>
<title>
<bold>La coyuntura y las formaciones imaginarias: categorías de análisis</bold>
</title>
<p>Para lograr identificar los mecanismos de desconexión moral es necesario centrarse en el enunciado como parte del discurso y entendido en relación con el contexto que le da  sentido.  Esto,  en  primer  lugar,  porque  el  discurso  es  expresión  del  mecanismo  de  desconexión en la medida en que es el único vehículo a través del cual se exterioriza y se establece en la comunidad de hablantes y, en segundo lugar, porque el discurso más allá de su equivalencia con el texto, “está articulado con las condiciones de producción, circulación y recepción” <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_4012922002_ref23">(Haidar, 2006, p. 73)</xref>. Dicho lo anterior, las categorías de análisis que servirán para lograr los objetivos de investigación propuestos son: los sujetos discursivos, la coyuntura y las formaciones imaginarias. El lector podrá notar que dichas categorías no se pueden aislar, sino que, al contrario, deben entenderse de manera conjunta. Para Haidar <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_4012922002_ref23">(2006)</xref>, el análisis de coyuntura es uno de los abordajes analíticos más trabajados en lo que a las condiciones de producción y recepción del discurso se refiere. Para este análisis de discurso, lo fundamental es comprender que la relación entre el discurso y la coyuntura no es directa, sino como lo explica Haidar <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_4012922002_ref23">(2006)</xref>, “es necesario recurrir a los conceptos de formación ideológica, discursiva, aparatos discursivos para dar cuenta de su complejidad” (p. 175). A lo anterior hay que añadirle que el discurso no solo se da en la coyuntura, sino que la modifica y la constituye. De igual manera, el universo discursivo no se puede entender de forma paralela al universo social en el que se manifiesta. Esta relación está influida por “las formaciones ideológicas que se materializan en aparatos hegemónicos” <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_4012922002_ref23">(Haidar, 2006, p. 176)</xref>.</p>
<p>Se ahonda en lo anterior. De acuerdo con Verón<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_4012922002_ref45"> (1971)</xref>, los sistemas ideológicos, tal y como los veían Marx y Engels, “encerraban una interpretación general de la realidad social y no social” (p. 3). En Haidar <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_4012922002_ref23">(2006)</xref>, la ideología tiene dos efectos sobre los destinatarios: el reconocimiento y el convencimiento (p. 200). A su vez, se puede decir que la ideología les imprime a las palabras “no sólo un sentido, sino también un poder de persuasión,  convocatoria,  consagración,  estigmatización,  rechazo,  legitimación,  excomunión” <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_4012922002_ref23">(Haidar, 2006, p. 200)</xref>. Las formaciones ideológicas-hegemónicas ofrecen el marco interpretativo a partir de la cual los miembros de una sociedad interpretan su mundo.</p>
<p>Ahora bien, Pêcheux <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_4012922002_ref31">(1978) </xref>destaca el lugar de las formaciones imaginarias en las condiciones de producción del discurso: “las formaciones imaginarias designan el lugar que el emisor y el receptor se atribuyen a sí mismos y al otro en el discurso, así como la imagen que se hacen de su propio lugar y del lugar del otro” (p. 48). Además de ello, las formaciones imaginarias dan cuenta de la imagen que tanto emisor como receptor tienen del referente, es decir, del objeto discursivo. Aquí vale la pena aclarar que ese objeto discursivo es un “objeto imaginario —el punto de vista de un sujeto— y no pertenece a la realidad física” <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_4012922002_ref23">(Haidar, 2006, p. 214)</xref>. De igual forma, es necesario aclarar que  el  productor  y  el  receptor  del  discurso  no  corresponde  a  personas  individuales,  concretas,  sino  que  “designan  lugares  determinados  en  la  estructura  de  la  formación  social”  (Haidar,  2006,  p.  214).  Con  lo  anterior  en  mente,  se  procederá  a  presentar  la  metodología empleada en el análisis en cuestión.</p>
</sec>
<sec>
<title>
<bold>Metodología de análisis</bold>
</title>
<p>El estudio que se propone será de tipo cualitativo, pues se hará una indagación dinámica entre el discurso de AUV y su interpretación. Con esto en mente, la estrategia analítica que se utilizará es el análisis de discurso por dos razones. La estrategia permite estudiar el  lenguaje  en  uso,  así  como  “la  realidad  social  que  tienen  los  discursos”  <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_4012922002_ref36">(Santander,  2011, p. 207)</xref>. Esto posibilita una concepción activa del lenguaje. El análisis de discurso deja  leer  las  emisiones  de  los  hablantes  con  el  ánimo  de  entender  la  realidad  social  <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_4012922002_ref37">(Sayago,  2014)</xref>.  Como  el  objeto  de  estudio  son  los  mecanismos  de  desconexión  moral  de  un  político  influyente  en  Colombia,  es  imposible  separar  dicho  estudio  de  sus  implicaciones políticas, sociales y morales. El análisis de discurso propuesto parte de los  mecanismos  descritos  por  Bandura  (1994,  1999)  y  del  concepto  de  coyuntura  de  Haidar<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_4012922002_ref23"> (2006)</xref>, así como de sujeto discursivo y formaciones imaginarias definidos por Pêcheux <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_4012922002_ref31">(1978)</xref>. Estas categorías de análisis —la coyuntura, los sujetos discursivos y las formaciones imaginarias— resultan útiles para determinar cómo se evidencian en el discurso los mecanismos de desconexión moral indicados previamente porque permiten entender  el  contexto  en  el  que  se  produce  el  discurso,  así  como  las  imágenes  que  se forman de los grupos afectados a partir de los mecanismos de desconexión moral. Así las cosas, en primer lugar, se tomarán las declaraciones que emitió el expresidente AUV en 2005 a propósito de la masacre en San José de Apartadó y en 2008 respecto al caso conocido como los “falsos positivos” o ejecuciones extrajudiciales en Soacha. Después, se empleará como unidad de análisis el enunciado, que no puede ser interpretado como una unidad aislada de su contexto, sino que debe dar cuenta de toda la carga política, social y, por supuesto, moral que contiene. Se recuerda que un enunciado es una unidad mínima de comunicación, de un acto de hablar, en cuya producción intervienen un hablante, un oyente y un mensaje que se comunica en un contexto <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_4012922002_ref21">(Fuentes, 2007)</xref>. De ahí la necesidad de analizar dichos enunciados en función de su contexto de producción y de los mecanismos de desconexión moral definidos por Bandura <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_4012922002_ref4">(1994</xref>, <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_4012922002_ref5">1999)</xref>.</p>
<p>El  tipo  de  estudio  cualitativo  aquí  propuesto  es  relevante  en  aras  de  responder  a  la  pregunta  de  investigación  porque  integra  las  unidades  de  análisis  del  discurso,  a  saber, enunciados extraídos de las declaraciones de AUV, contrastables a través de los mecanismos de desconexión moral, con los contextos de comunicación en que se dan los discursos. Esto es fundamental porque la mera identificación de los mecanismos de desconexión moral es insuficiente para comprender qué implicaciones tiene que un jefe de Estado emplee dichos mecanismos como estrategia para justificar la violencia hacia sectores vulnerables. El recorte espacio-temporal elegido —las declaraciones respecto a la masacre en San José de Apartadó en 2005 y al caso de “falsos positivos” en Soacha en 2008— obedece a casos paradigmáticos en el conflicto armado colombiano, así como el papel que la institucionalidad y el gobierno se otorgó en dicho conflicto por oposición a otros actores como son la sociedad civil o grupos armados al margen de la ley.</p>
</sec>
<sec>
<title>
<bold>La desconexión moral en las declaraciones de Álvaro Uribe Vélez</bold>
</title>
<sec>
<title>La masacre de San José de Apartadó </title>
<p>Entre  los  departamentos  de  Antioquia  y  Córdoba,  en  el  noroeste  colombiano,  en  la  zona  conocida  como  el  Urabá,  está  ubicado  San  José  de  Apartadó,  municipio  que  en  1997 se declaró neutral frente al conflicto armado y rechazó la presencia de cualquier actor armado legal o ilegal. La Corte Interamericana de Derechos Humanos le exigió al gobierno colombiano la debida protección de la comunidad. Sin embargo, en 2005, el Ejército y algunos paramilitares ingresaron a la zona y hostigaron a los pobladores. El 21 de febrero de ese año, uno de los líderes más reconocidos de la Comunidad de Paz, Luis Eduardo Guerra, su familia y otros habitantes del municipio fueron asesinados por paramilitares que contaron con la ayuda de miembros del Ejército colombiano. Por este acto, la Corte Suprema de Justicia colombiana condenó a 34 años de cárcel a 6 miembros del Ejército<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_4012922002_ref14"> (Corte Suprema condenó a seis militares por masacre de San José de Apartadó en 2005, 2019)</xref>.</p>
<p>Días después de la masacre, el 20 de marzo de 2005, el gobierno colombiano, en cabeza de AUV, hizo las siguientes declaraciones respecto a la masacre en San José de Apartadó en un consejo de seguridad:</p>
<p>
<disp-quote>
<p>En esta comunidad de San José de Apartadó hay gente buena, pero algunos de sus líderes, patrocinadores y defensores están seriamente señalados, por personas que han residido allí, de auxiliar a las FARC y de querer utilizar a la comunidad para proteger a esta organización terrorista. <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_4012922002_ref12">(Comunidad de Paz de San José de Apartadó, 2005)</xref>
</p>
</disp-quote>
</p>
<p>De los anteriores señalamientos hay que decir varias cosas. A nivel internacional, la  masacre  se  da  luego  del  9-11,  evento  que  inaugura  la  política  mundial  de  la  “Guerra contra el terror”, instada desde Washington, de la que no escapa Colombia. En los gobiernos  de  AUV  la  guerrilla  de  las  FARC-EP  es  denominada  como  una  organización  terrorista y no como un grupo subversivo. Esto tuvo como consecuencia que en el discurso hegemónico se viera a las FARC-EP como una amenaza terrorista y no como un ejército irregular en un conflicto armado. Asimismo, las víctimas de los enfrentamientos entre las Fuerzas Armadas y las FARC-EP eran víctimas del terrorismo y no víctimas de un conflicto con unos orígenes mucho más complejos como se describe a continuación:</p>
<p>
<disp-quote>
<p>Con la finalidad de mostrar que el conflicto armado es inexistente y lo que llama “amenaza terrorista” está en su fase final de extinción por vía militar (la popular tesis militar del “fin del fin”), el presidente Uribe, sus ideólogos y sus partidarios realizan una doble operación retó-rica. Por una parte, destacan los elementos criminales del conflicto armado —el narcotráfico, los  vínculos  de  las  guerrillas  con  él,  las  “nuevas  bandas  criminales”  como  exclusivamente  ligadas al negocio, el secuestro, etc.— y minimizan otros, como el desplazamiento, el número de homicidios relacionados con el conflicto armado, los estragos de las minas antipersonas; todo ello con el objetivo de reducir el conflicto armado a un fenómeno de criminalidad que el gobierno viene combatiendo con éxito.<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_4012922002_ref27"> (López de la Roche, 2014, p. 127)</xref>
</p>
</disp-quote>
</p>
<p>Lo anterior produjo una ficcionalización de la realidad, como lo indica López de la Roche <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_4012922002_ref27">(2014)</xref>, impuesta desde la agenda gubernamental, cuyo propósito era definir tanto los sujetos como los objetos discursivos. En cuanto a los primeros, el discurso gubernamental ubica a víctimas y victimarios, en el caso señalado, como susceptibles de ser deshumanizados. Esto debido a que la ilegalidad destierra de su condición humana tanto a miembros de las FARC-EP como a todos aquellos —presuntamente— relacionados con  ellos.  En  cuanto  a  los  objetos  discursivos,  el  gobierno  de  AUV  centró  su  retórica  en la dupla seguridad-amenaza, a partir de la cual se construye un lenguaje eufemístico que suaviza y justifica la violencia ejercida hacia una población vulnerable. La siguiente declaración de AUV fue recogida por la comunidad afectada: </p>
<p>
<disp-quote>
<p>Las comunidades de paz tienen derecho a instalarse en Colombia gracias a nuestro régimen de libertades. Pero no pueden, como lo practica la de San José de Apartadó, obstruir la justicia, rechazar la Fuerza Pública, prohibir el comercio de artículos lícitos ni coartar la libertad de los ciudadanos que allí residen. <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_4012922002_ref12">(Comunidad de Paz de San José de Apartadó, 2005)</xref>
</p>
</disp-quote>
</p>
<p>Esta masacre ocurre en el primer gobierno de AUV, cuya principal bandera era la Política  de  Seguridad  Democrática.  Su  objetivo  principal  era  “reforzar  y  garantizar  el  Estado de Derecho en todo el territorio, mediante el fortalecimiento de la autoridad democrática: del libre ejercicio de la autoridad de las instituciones, del imperio de la ley y de la participación activa de los ciudadanos en los asuntos de interés común” <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_4012922002_ref34">(Presidencia de la República de Colombia, Ministerio de Defensa Nacional, 2003, p. 12)</xref>. El foco de la PSD era involucrar a todo el aparato estatal en la derrota militar de las FARC-EP y la recuperación de territorios históricamente controlados por esta guerrilla. Esto permitió limitar el control del grupo guerrillero en varias zonas del país, particularmente cerca de las grandes ciudades y corredores comerciales, aunque también trajo consigo graves violaciones a los Derechos Humanos <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_4012922002_ref2">(Ávila, 2019)</xref>. En el marco de la PSD, el gobierno implementó  cinco  estrategias  entre  las  que  se  destacan  la  “red  de  cooperantes”.  Este  eje obligó a la población civil a tomar partido y a ayudar a las Fuerzas Armadas en su intento por hacerle frente a las FARC-EP. Lo que trajo como resultado fue una “cacería de brujas”, en la que los vecinos se acusaban mutuamente de ser auxiliadores de uno u otro bando. Lo anterior explica por qué AUV señala a miembros de la comunidad de auxiliar a las FARC-EP.</p>
<p>Con lo expuesto previamente, es posible afirmar que el discurso de AUV legitima una visión antagónica entre quienes cooperan con las autoridades y quienes no, lo que crea una distinción entre “ellos” y “nosotros”. Por un lado, existe un “ellos” que actúa de  forma  ilegal,  coarta  las  libertades,  obstruye  la  justicia,  rechaza  la  Fuerza  Pública  y  ampara  a  las  FARC-EP  como  una  organización  terrorista.  Por  el  otro,  existe  un  “nosotros”  perteneciente  al  régimen  de  libertades,  a  la  institucionalidad  y  a  la  legalidad.  Esta división es expresión de las formaciones imaginarias que AUV tiene del receptor. Siguiendo  el  modelo  de  Pêcheux  <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_4012922002_ref31">(1978)</xref>,  se  puede  decir  que  dichas  formaciones  fue-ron reforzadas por diferentes actores del gobierno Uribe como el ministro de defensa de  ese  entonces,  Jorge  Alberto  Uribe:  “en  ocasiones  estas  agrupaciones  han  utilizado dichas comunidades como refugio para sus actividades delictivas. La Comunidad de San José de Apartado no ha sido la excepción” <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_4012922002_ref35">(Restrepo, 2008)</xref>. Esto tiene relación con lo que menciona Pabón <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_4012922002_ref30">(2016) </xref>respecto a la construcción de identidades nacionales. Como lo observa este autor, AUV hace una construcción discursiva de la identidad nacional, la cual se convierte en un elemento de cohesión. De ahí la importancia de establecer quiénes pertenecen y quiénes no a esa colectividad y a esa representación nacional: todo apunta  a  responder  a  la  pregunta  sobre  “¿quiénes  somos  los  colombianos?”  <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_4012922002_ref30">(Pabón,  2016)</xref>. Un elemento que se puede ver en la construcción de ese imaginario en torno a la nación aparece en el discurso de posesión de AUV en su primer mandato cuando alude a Bolívar y a Santander, dos símbolos constitutivos de la “patria” colombiana.</p>
<p>Ahora bien, se puede decir que AUV se ubica del lado de la legalidad, la justicia y la autoridad. Esta representación no solo se ve en las declaraciones mencionadas, sino en varios de sus discursos. Muchas veces se presenta a sí mismo en singular, en tanto que  sujeto  discursivo,  como  un  individuo  que  ha  experimentado  la  influencia  de  las  “guerrillas marxistas” y otras veces como parte de un colectivo, de una nación; él es, a su vez, un “todo” y sujeto:</p>
<p>
<disp-quote>
<p>No venimos a quejarnos, llegamos a trabajar. En 4 años será imposible resolverlo todo, pero no  ahorraremos  esfuerzo.  Este  es  mi  deber  frente  al  derecho  de  los  jóvenes  y  de  quienes  habrán de venir. Es mi obligación de honor con el 80% de nuestros compatriotas que vive aún en el despertar de su juventud y requiere que acertemos para que brote su ilusión. Tenemos que hacerlo bien para que se restablezca la fe de un pueblo que jamás ha rendido la cabeza pero que reclama firmeza en el timonel para interrumpir el triste discurrir de la miseria y el atentado criminal.<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_4012922002_ref17"> (Discurso de posesión del presidente Álvaro Uribe Vélez, 2002)</xref>
</p>
</disp-quote>
</p>
<p>En  este  punto  es  necesario  ahondar  un  poco  más  sobre  la  construcción  de  AUV  como sujeto discursivo. El gobierno de AUV se enmarcó en lo que De La Torre <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_4012922002_ref15">(2005) </xref>llama neopopulismo, es decir, una forma de representación política en la que el líder —el presidente— personifica el orden y se presenta a sí mismo como un “padre”, imagen que reproduce a través de los medios de comunicación que funcionan a su servicio. AUV se configuró como un padre protector, pero estricto<sup>
<xref ref-type="fn" rid="fn6">[3]</xref>
</sup>, de hablar cálido y en diminutivos<sup>
<xref ref-type="fn" rid="fn7">[4]</xref>
</sup> y cercano al pueblo, lo cual hizo patente a través de lo que se denominó en su gobierno como “consejos comunales”<sup>
<xref ref-type="fn" rid="fn8">[5]</xref>
</sup>. Estos eran espacios en los que AUV se acercaba a la comunidad, pero que le permitía controlar el relato. El discurso gira en torno a sí mismo, pues configura los demás sujetos discursivos y establece los temas y discusiones, es decir, los objetos discursivos. AUV, además, se ubica en la arista de la legalidad: </p>
<p>
<disp-quote>
<p>He prometido cumplir la Constitución y las leyes ante el presidente del Congreso, ciudadano probo, administrador eficiente y hombre de Estado. Este juramento reviste la circunstancia especial de que en la tierra de ambos la palabra dada es escritura otorgada.<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_4012922002_ref17"> (Discurso de posesión del presidente Álvaro Uribe Vélez, 2002)</xref>
</p>
</disp-quote>
</p>
<p>Además de lo anterior, AUV “sintonizaba con un valor muy importante para los colombianos, cual [sic] es el valor del trabajo y el de ser y reconocerse como trabajadores” <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_4012922002_ref27">(López de  la  Roche,  2014,  p.  135)</xref>.  En  cambio,  la  Comunidad  de  Paz  de  San  José  de  Apartadó  es  vista como permisiva con el terrorismo, es decir, las FARC-EP, lo cual es impensable desde el imaginario del gobierno. Antes de continuar, hay que indicar que para AUV hay una equivalencia en el sujeto discursivo “FARC-EP” al “terrorismo”. Se despersonifica la agrupación subversiva, así como sus integrantes y se engloba en una figura amorfa, en un fantasma, un enemigo sin rostro. Así, en el imaginario colectivo se construye una identidad entre una y otra, eliminando, además, otros actores en el conflicto como los paramilitares o las Fuerzas Armadas.  Esta  equivalencia  es  importante  para  comprender  cómo  se  evidencian  discursivamente los mecanismos de desconexión moral. Como mencionamos en otro apartado, las personas reconocen las pautas morales, pero muchas veces se pone en pausa dichas pautas para facilitar o excusar conductas inhumanas, o sea contrarias a la dignidad humana. </p>
<p>Así  las  cosas,  ¿cómo  se  ven  estos  mecanismos  en  las  declaraciones  de  AUV?  Se  había mencionado que la equivalencia entre “FARC-EP” y “terrorismo” era importante para comprenderlos. Se parte de la idea que los pronunciamientos de AUV justificaron el  asesinato  con  sevicia  de  civiles,  entre  los  que  se  encontraban  tres  niños.  Como  lo  observa Bandura<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_4012922002_ref4"> (1994)</xref>, un hecho como un homicidio se puede resignificar cognitivamente apelando a la moralidad de un acto condenable. El asesinato de auxiliadores de la guerrilla puede justificarse en la medida en que se protege la sociedad de un mal mayor, a saber, la amenaza terrorista. Cuando poco a poco se elimina la influencia de las FARC-EP, la institucionalidad y la seguridad se recuperan. </p>
<p>Ahora  bien,  las  formaciones  imaginarias  permiten  observar  otro  mecanismo  de  desconexión moral a partir del discurso de AUV: la atribución de la culpa. Se recuerda que  este  mecanismo  permite  que  la  violencia  ejercida  sobre  un  antagonista  sea  vista  como la respuesta a alguna provocación que este hizo en primer lugar<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_4012922002_ref4"> (Bandura, 1994</xref>, <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_4012922002_ref5">1999)</xref>.  En  el  caso  estudiado,  la  masacre  se  da  por  irrespetar  el  régimen  de  libertades  colombiano, por interferir en las acciones de la Fuerza Pública y, además, por auxiliar a las FARC–EP. En otras palabras, si uno no quiere ser víctima de una acción violenta, no debe tratarse con terroristas. Esto se enfatiza en el uso del “pero” cuando AUV dice que “[l]as  comunidades  de  paz  tienen  derecho  a  instalarse  en  Colombia  gracias  a  nuestro  régimen  de  libertades.  Pero  no  pueden,  como  lo  practica  la  de  San  José  de  Apartadó,  obstruir la justicia, rechazar la Fuerza Pública” y cuando dice que “[e]n esta comunidad de San José de Apartadó hay gente buena, pero algunos de sus líderes, patrocinadores y defensores están seriamente señalados, por personas que han residido allí, de auxiliar a las FARC” <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_4012922002_ref32">(Presidencia de la República de Colombia, 2005. Énfasis de la autora)</xref>. </p>
<p>Es así como la cabeza del gobierno señala y estigmatiza a la comunidad afectada. En el marco de la PSD, los fines son superiores a los medios y la sensación de seguridad se logra ante la opinión pública mostrando resultados y una mano dura contra el terrorismo. Sobre esta última idea se profundizará en el apartado que sigue.</p>
</sec>
</sec>
<sec>
<title>
<bold>Los “falsos positivos” de Soacha</bold>
</title>
<p>Soacha  es  un  municipio  ubicado  al  sur  de  la  capital  colombiana,  que  cuenta  con  una  población de más de medio millón de habitantes, de los cuales el 53.8 % se encuentra por  debajo  de  la  línea  pobreza  <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_4012922002_ref22">(Gobernación  de  Cundinamarca,  2012)</xref>.  Entre  los  años  2006  a  2009,  el  Ejército  colombiano  comenzó  a  presentar  como  bajas  de  guerrilleros  en combate a civiles que fueron ejecutados y luego vestidos de camuflado. Entre esos civiles se encontraban 16 jóvenes de Soacha a quienes se les llevó a otra zona del país con la excusa de ofrecerles trabajo como jornaleros en haciendas:</p>
<p>
<disp-quote>
<p>Los  hechos  conocidos  como  los  “falsos  positivos”  de  Soacha  hacen  referencia  a  la  privación  de manera injusta de la libertad de dieciséis jóvenes, su traslado a un lugar apartado, seguido del ocultamiento del paradero de las víctimas y su posterior ejecución extrajudicial en el municipio de Ocaña (Norte de Santander), que utilizaron reclutadores para el cobro de incentivos económicos, hechos que acontecieron de manera secuencial y sistemática en un corto periodo de tiempo y que obedecen a patrones de realización comunes. <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_4012922002_ref42">(Uribe Tirado, 2010, párr. 80)</xref>
</p>
</disp-quote>
</p>
<p>Respecto a estos hechos, AUV dijo lo siguiente: “El fiscal general aseguró que los jóvenes desaparecidos de Soacha, fueron dados de baja en combate y no fueron a recoger café, fueron con propósitos delincuenciales y no murieron un día después de su desaparición sino un mes más tarde” <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_4012922002_ref19">(Duzán, 2018)</xref>. Estas palabras fueron proferidas por el expresidente en una reunión con la Asociación Nacional de Instituciones Financieras y están enmarcadas en el mismo discurso de la guerra contra el terrorismo. ¿A quiénes se les presenta el éxito en las operaciones militares? A los banqueros colombianos que buscan estabilidad y seguridad económica. </p>
<p>De igual manera, estas ejecuciones extrajudiciales, como se conoce en el derecho internacional humanitario al homicidio en persona protegida, los “falsos positivos”, se dieron en la segunda presidencia de AUV y en el marco de la PSD. Como se mencionó en el apartado anterior, la PSD tenía como propósito: </p>
<p>
<disp-quote>
<p>Combatir el terrorismo y el narcotráfico, recuperar y mantener el monopolio de la fuerza del Estado en el territorio nacional y la protección de la población civil, propósitos que obedecían a pilares básicos de eficacia, cooperación de la sociedad civil con las Fuerzas Amadas, fortalecimiento de toda la estructura militar, la retórica del respeto a los derechos humanos y, se decía, un apego estricto a la legalidad. <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_4012922002_ref42">(Uribe Tirado, 2010, párr. 28)</xref>
</p>
</disp-quote>
</p>
<p>El  periodo  en  el  que  ocurren  estos  hechos  coincide  con  el  de  la  masacre  de  San  José de Apartadó y corresponde a una lógica más o menos parecida: las Fuerzas Armadas son protagonistas en una contienda contra un grupo terrorista que tiene a la sociedad civil como rehén. Es importante destacar que, bajo esta narrativa, el gobierno se niega a  hablar  de  conflicto  armado  y,  en  su  lugar,  lo  sustituye  por  una  amenaza  terrorista.  Asimismo, la PSD hace coincidir el trabajo conjunto de todas las Fuerzas Armadas más la participación civil o cooperación activa. Como se dijo previamente, esto empujó a los civiles a hacer parte de un conflicto del que resultaba imposible permanecer aislado.</p>
<p>Una de las estrategias que empleó el gobierno de AUV para animar la efectividad de la Fuerza Pública era una política de incentivos por capturas, desmovilizaciones y bajas. A lo anterior se suma que el municipio de donde eran los jóvenes abatidos por el Ejército es un contexto propicio para la práctica de los “falsos positivos”, a causa de sus condiciones socioeconómicas. Como lo describe Uribe Tirado (2010), Soacha es un municipio que:</p>
<p>
<disp-quote>
<p>[s]e ha constituido en el lugar de ubicación de las capas sociales más excluidas, que a con-secuencia  del  desarrollo  urbano  de  la  capital  han  sido  paulatinamente  expulsadas  hacia  la  periferia.  Igualmente,  Soacha  ha  sido  un  municipio  receptor  de  población  en  situación  de  desplazamiento (a consecuencia de hechos de violencia sociopolítica propios de la dinámica del  conflicto  armado),  toda  vez  que,  por  sus  condiciones  de  cercanía  con  la  capital,  se  ha  convertido  en  lugar  de  paso  en  algunos  casos  o  de  residencia  en  otros,  de  quienes  llegan  producto de tal circunstancia.<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_4012922002_ref42"> (Uribe Tirado, 2010, párr. 55)</xref>
</p>
</disp-quote>
</p>
<p>Este contexto ha vinculado a los habitantes de Soacha —de forma directa o indirecta— al conflicto armado y ha convertido a la población civil en un enemigo <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_4012922002_ref42">(Uribe Tirado, 2010)</xref>. En otras palabras, en Soacha vive gente en condición de pobreza, que soporta el estigma de ser asociada a los grupos armados ilegales. Esto hace que los homicidios ocurridos en este municipio no despierten interés e, incluso, se justifiquen.</p>
<p>Es a partir de esta configuración y estigmatización que AUV construye a un sujeto discursivo  —los  jóvenes  de  Soacha—  de  la  misma  forma  que  lo  hizo  respecto  a  la  comunidad  de San José de Apartadó: el destino de las víctimas es producto de sus vínculos con la ilegalidad. Esta idea se refuerza cuando dice que los jóvenes “no fueron a recoger café, fueron con propósitos delincuenciales”. Además, establece una nueva dicotomía: por un lado, está la legalidad, el Ejército, en su justo ejercicio institucional y, por el otro, la delincuencia y el terrorismo, que debe estar dispuesto a enfrentarse a las consecuencias de sus actos. Algo que profundizó esta equivalencia entre “delincuencia”, “terrorismo” y “FARC-EP” fue la forma en que AUV se refería a esta organización guerrillera como “La FAR”, sin la “C” de Colombia, con el fin de excluirla de la patria: “al referirse a ésta como ‘la far’, lo que hace es minimizarla de manera inconsciente en lo lingüístico. Pensará que negándola en lo simbólico y trivializando la alusión a su identidad, cambiándole el nombre para mejor decir, va a desaparecerla del lenguaje y a volverla una referencia paria sin asidero con lógica política alguna” <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_4012922002_ref18">(Duque-Naranjo, 2013, párr. 4)</xref>. Esto juega un papel en la construcción de este sujeto discursivo, pues determina quienes hacen parte —o no— de la “patria”. Así, “el uso reiterado de esa palabra desde el discurso político puede terminar estableciendo, de manera dogmática, quiénes son verdaderos patriotas y quiénes no lo son, constituyéndose estos últimos en potenciales traidores a la patria” <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_4012922002_ref27">(López de la Roche, 2014, p. 137)</xref>. Esta diferenciación, que media el discurso a través del cual se presentó el caso de los “falsos positivos” de Soacha, se constituye como una herramienta de deshumanización en la medida en que contribuye a eliminar rasgos humanos en el enemigo. Si dicho enemigo —el delincuente, las FARC-EP, el terrorismo— no posee cualidades humanas, se objetualiza y, en ese orden de ideas, puede ser tratado sin empatía. </p>
<p>Esta configuración del sujeto discursivo —“el delincuente merecedor de su suerte”— y de la manera en que este discurso se presenta ante la opinión pública expresa otros mecanismos de desconexión moral. Como sucedió en el caso anterior, las víctimas pertenecen a un sector vulnerable de la población, cuya identidad queda construida por el discurso hegemónico, en este caso, el construido por AUV. Las víctimas, nuevamente, son culpables de su suerte. De esta manera, “[u]no puede seleccionar de la cadena de eventos un acto defensivo del adversario y retratarlo como iniciador provocación. Luego se culpa a las víctimas por traer sufrimiento a sí mismas” <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_4012922002_ref4">(Bandura, 1994, p. 11)</xref>. Dicho de otra forma, quien comete un delito es responsable de su propia muerte y del sufrimiento que esta le pueda causar a su familia.</p>
<p>Días después de la ejecución de los jóvenes en Soacha, la Presidencia de la República de Colombia emitió un comunicado en el que anunció la creación de una comisión para investigar las desapariciones y posteriores homicidios de los jóvenes. De este comunicado hay que destacar cómo, en primer lugar, la creación de la comisión es una respuesta a la política de “cero tolerancia con las violaciones a los derechos humanos” <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_4012922002_ref33">(Presidencia de la República de Colombia, 2008)</xref>. Se ubica, en un primer plano, el papel de la institucionalidad y del Gobierno, así como en un segundo plano, el de las víctimas. En segundo lugar, los homicidios son presentados como “negligencias” cometidas por individuos aislados y no corresponden a una práctica sistemática: “La Comisión concluyó que esta negligencia pudo haber facilitado la colusión de algunos miembros del Ejército Nacional con delincuentes externos que gozaban de impunidad, a cambio de contribuir al logro de resulta-dos irregulares que van en total contravía de la Política de Seguridad Democrática y de la doctrina y el honor militar” <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_4012922002_ref33">(Presidencia de la República de Colombia, 2008)</xref>.</p>
<p>El  calificativo  “negligencia”  expone  en  el  comunicado  otro  mecanismo  de  des-conexión  moral:  las  denominaciones  eufemísticas.  Para  Bandura  <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_4012922002_ref4">(1994)</xref>,  “el  lenguaje  eufemístico  suministra  un  mecanismo  conveniente  para  enmascarar  las  actividades  censurables e incluso para otorgarles un estatus respetable” (p. 182). Decir “negligencia” atenúa el delito y lo hace ver menos grave. La negligencia es una contravención menor, una imprudencia, mientras que una ejecución extrajudicial atenta contra el Estado de derecho. Esta diferencia no es menor, en la medida en que para el gobierno de AUV y para  la  PSD  era  imposible  admitir  que  los  protectores  del  Estado,  los  encargados  de  recuperar la institucionalidad eran perpetradores. En ambos casos, tanto en la masacre de San José de Apartadó como en los crímenes de Soacha hubo participación directa de miembros del Ejército.</p>
<p>Otro  mecanismo  que  se  puede  observar  a  través  de  las  formaciones  imaginarias,  aunque en menor medida, es el desplazamiento de la responsabilidad. AUV no se presenta a sí mismo como portavoz de la verdad, aunque sea oficial, sino como un vocero del fiscal general. La justificación del crimen, “no estaban recogiendo café”, fue algo que le dijo un tercero y no es algo que pueda defender por sí solo: “El Fiscal General aseguró que los jóvenes desaparecidos de Soacha, fueron dados de baja en combate...”. Este mecanismo también se hace presente cuando Uribe Vélez califica sus acciones como desea-das o por el bien del pueblo: “tenemos que hacerlo bien para que se restablezca la fe de un pueblo que jamás ha rendido la cabeza pero que reclama firmeza en el timonel para interrumpir el triste discurrir de la miseria y el atentado criminal”, no es que “quiera” hacer lo que está haciendo, sino que “tiene que”<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_4012922002_ref17"> (Discurso de posesión del presidente Álvaro Uribe Vélez, 2002)</xref>. </p>
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<title>
<bold>Discusión</bold>
</title>
<p>A  partir  del  análisis  realizado,  es  posible  encontrar  algunas  coincidencias  con  los  antecedentes explorados para esta investigación. Por un lado, se observa que el discurso de AUV establece y legítima el poder en torno a su figura. Si bien nuestro énfasis no es determinar qué legítima el poder político, sí resulta clave entender cómo se construye AUV como sujeto discursivo y cómo, a través de dicha construcción, crea un imaginario en torno a sus enemigos que son, a su vez, enemigos de la patria. La identidad social se vuelve un valor moral superior a la hora de tolerar una conducta inmoral y, a su vez, una justificación de dicha conducta. Así, cuando se ubica al contendor en un escena-rio contrario al propio y en contradicción con los valores que se comparten con otros miembros del grupo al que se pertenece, es más fácil desproveerlo de rasgos humanos. De ahí que sea fundamental la etiqueta de “terrorista” o “terrorismo”, como lo señala Delgado <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_4012922002_ref16">(2013)</xref> y que tenga una relevancia no solo discursiva, sino también moral.</p>
<p>Sumado  a  lo  anterior,  se  puede  decir  que,  en  las  investigaciones  revisadas,  la  deshumanización  se  hizo  presente  como  mecanismo  de  desconexión  moral.  En  estas  páginas  se  expone  un  modesto  avance  en  la  medida  en  que  no  solo  se  identifica  el  mecanismo,  sino  su lugar en las formaciones imaginarias y en las construcciones de los sujetos discursivos y de los lugares de cada uno en los discursos. Así, deshumanizar al otro a través del discurso permite justificar acciones inhumanas y hacerlas pasar como actos morales sustentados en valores como la seguridad, la legalidad o la patria. Respecto a esto habría que agregar que, así como lo vieron investigaciones más centradas en el análisis del discurso político, los medios de comunicación tienen un papel fundamental a la hora de reproducir estos imaginarios. En el caso de AUV, su comunicación gubernamental tuvo un fuerte apoyo en los medios de comunicación que solo hacían las veces de vehículo del mensaje, sin lugar a cuestionamientos o reflexión. Esto debido, en primer lugar, a que los medios de comunicación en Colombia pertenecen a grandes grupos económicos que poco actúan en contravía del poder a menos que este atente contra sus intereses y, en segundo lugar, los medios “interesados en la promoción de la inversión extranjera [...] decidieron también bajarle el perfil al conflicto armado en la información nacional y regional, para no espantar a los potenciales inversionistas” <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_4012922002_ref27">(López de la Roche, 2014, p. 132)</xref>. Esta particularidad de los medios facilitó la transmisión del discurso hegemónico no solo respecto al conflicto armado, sino a sus victimarios y a sus víctimas. </p>
</sec>
<sec>
<title>
<bold>Conclusiones</bold>
</title>
<p>Después de presentar el análisis del discurso previo, se llega a las siguientes conclusiones que alimentan el objetivo de investigación propuesto. Dichas conclusiones son: la Política de Seguridad Democrática estableció la coyuntura y el contexto a partir del cual se en-tendió el conflicto armado en Colombia durante el gobierno de Álvaro Uribe Vélez. AUV intentó dominar el relato y construyó un sujeto discursivo en torno a su figura como un padre estricto, pero cercano, así como el proveedor de seguridad y legalidad. A partir de esta construcción, el discurso de AUV estableció una dicotomía entre un “nosotros” pertenecientes a la patria y un “ellos” —delincuentes y terroristas— contrarios a ella. </p>
<p>Los sujetos discursivos excluidos son susceptibles de ser deshumanizados y culpabilizados  de  conductas  inhumanas  en  su  contra.  Dicha  deshumanización  se  alimenta  a  través del discurso que es replicado por los medios de comunicación y la opinión pública. La deshumanización y la atribución de la culpa, como mecanismos de desconexión moral, se convierten en el eje de la justificación de conductas inhumanas hacia las víctimas de San José de Apartadó y Soacha. Estas últimas son vinculadas, por medio del discurso, a las FARC-EP, lo que da pie para que la violencia hacia ellas sea naturalizada. Este discurso es imperante y determina la forma en que se entiende el conflicto armado en Colombia, lo que ha excluido discursos divergentes o, por lo menos, complementarios con el hegemónico. </p>
<p>Adicional  a  lo  anterior,  hay  que  mencionar  que  los  mecanismos  de  desconexión  moral identificados se sustentan en una supuesta oposición entre “patriotas-antipatriotas”  o,  lo  que  es  lo  mismo,  “nosotros-ellos”.  Para  esta  construcción  fue  fundamental  la figura de AUV como “padre” y la relación con la ciudadanía constituida, en primera instancia, a través de los Consejos Comunales<sup>
<xref ref-type="fn" rid="fn9">[6] </xref>
</sup>y, en segunda instancia, a través de los medios de comunicación que funcionaron como replicadores del discurso hegemónico sin la posibilidad de incluir discursos disidentes. Es así como esta división sigue afectando a las comunidades señaladas en el análisis del discurso, las cuales, años después de los eventos deshumanizantes que las aquejaron, siguen asociadas a las FARC-EP y a la delincuencia, revictimizándolas. Esta configuración del “nosotros-ellos” se ha extendido a cualquier voz opositora o, por lo menos, que cuestiona el statu quo ya sean maestros, estudiantes, indígenas, líderes sociales o activistas protectores del medioambiente. Esta polarización  ya  no  funciona  con  la  oposición  entre  “los  colombianos  de  bien”  y  los  “terroristas” de las FARC-EP, sino a través de otras imágenes. Un ejemplo de ello es la forma en que el expresidente se ha referido, en 2019, a través de Twitter, a las protestas protagonizadas por las comunidades indígenas que habitan en la zona suroccidental del país, mediante las cuales dichas comunidades le exigían al Gobierno nacional atención en este lugar del país y el cumplimiento a unos acuerdos previamente pactados (Sigue polémica  por  trino  Uribe  sobre  “masacre”  y  protesta,  2019).  Aquí  AUV,  nuevamente,  plantea la dualidad entre la “legalidad” —el Estado— y la “ilegalidad” —los ciudadanos-terroristas—, dualidad que justifican acciones inhumanas hacia quienes se oponen al establecimiento. Esto último queda pendiente para posteriores investigaciones. De igual manera, queda por abordar en otro espacio cuánto contribuyen los receptores del mensaje hegemónico en su esparcimiento y aceptación.</p>
</sec>
</body>
<back>
<ack>
<title>Agradecimientos</title>
<p>Este artículo es producto de una
investigación, “‘No estaban recogiendo café’. Análisis discursivo de los
mecanismos de desconexión moral en Álvaro Uribe Vélez”, realizada por la autora
como estudiante de la Maestría en Estudios Humanísticos del Tecnológico de
Monterrey, México. La investigación no contó con
financiación.</p>
</ack>
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<bold>Referencias</bold>
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<mixed-citation>Uribe  dice  que  desaparecidos  de  Soacha  murieron  en  combates.  (2008,  7  de  octubre). <italic>El   Espectador</italic>.   https://www.elespectador.com/noticias/judicial/articulo-uribe-dice-desaparecidos-de-soacha-murieron-combates</mixed-citation>
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<article-title>Uribe  dice  que  desaparecidos  de  Soacha  murieron  en  combates</article-title>
<source>El Espectador</source>
<year>2008</year>
<day>7 de octubre</day>
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<label>[41]</label>
<mixed-citation>Uribe Tirado, L. M. (2010). Soacha: falsos positivos e impunidad. La punta del iceberg. <italic>Equipo Nizkor</italic>. http://www.derechos.org/nizkor/colombia/doc/soacha5.html#n6</mixed-citation>
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<article-title>Soacha: falsos positivos e impunidad. La punta del iceberg</article-title>
<source>Equipo Nizkor.</source>
<year>2010</year>
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<mixed-citation>Uribe  Vélez,  A.  (2004,  24  de  abril).  <italic>Palabras  del  Presidente  Álvaro  Uribe  en  el  consejo  comunal  de  gobierno</italic>  #  63  [Transcripción  de  un  discurso].  Secretaría  de  Prensa  de   la   República   de   Colombia.   http://historico.presidencia.gov.co/discursos/discursos2004/abril/cc_choco.htm</mixed-citation>
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<article-title>Palabras  del  Presidente  Álvaro  Uribe  en  el  consejo  comunal  de  gobierno</article-title>
<source>Secretaría de Prensa de la República de Colombia.</source>
<year>2004</year>
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<label>[43]</label>
<mixed-citation>Uribe  Vélez,  A.  (2005,  6  de  agosto).  <italic>Palabras  del  Presidente  Álvaro  Uribe  en  el  consejo  comunal  de  gobierno</italic>  #  106.  [Transcripción  de  un  discurso].  Secretaría  de  Prensa  de   la   República   de   Colombia.   http://historico.presidencia.gov.co/discursos/discursos2005/agosto/cc-cupica.htm</mixed-citation>
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<article-title>Palabras  del  Presidente  Álvaro  Uribe  en  el  consejo  comunal  de  gobierno </article-title>
<source>Secretaría de Prensa de la República de Colombia</source>
<year>2005</year>
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<label>[44]</label>
<mixed-citation>Verón,  E.  (1971).  Ideología  y  comunicación  de  masas:  La  semantización  de  la  violencia  política.  En  E.  Verón,  L.  Prieto,  P.  Ekman,  W.  Friensen,  C.  Sluzki  y  O.  Masotta (comp.), <italic>Lenguaje y comunicación social</italic> (pp. 133-191). Nueva Visión</mixed-citation>
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<label>[45]</label>
<mixed-citation>Villegas  de  Posada,  M.  C.,  Flórez,  J.  y  Espinel,  N.  (2018).  Moral  Disengagement  Mechanisms  and  Armed  Violence.  A  Comparative  Study  of  Paramilitaries  and  Guerrillas  in  Colombia.  <italic>Revista  Colombiana  de  Psicología,  27</italic>(1),  55-69.  https://doi.org/10.15446/rcp.v27n1.62191</mixed-citation>
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<source>Revista Colombiana de Psicología</source>
<year>2018</year>
<volume>27</volume>
<issue>1</issue>
<fpage>55</fpage>
<lpage>69</lpage>
<pub-id pub-id-type="doi">10.15446/rcp.v27n1.62191</pub-id>
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<title>Notas</title>
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<label>*</label>
<p> Artículo recibido: 15 de febrero de 2021 / Aceptado: 3 de agosto de 2021 / Modificado: 11 de agosto de 2021.  </p>
</fn>
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<label>**</label>
<p>Maestra en Estudios Humanísticos por el Tecnológico de
Monterrey, México. Catedrática de la Universidad del Rosario, Colombia. Correo
electrónico: laura.bolano@urosario.edu.co https://orcid.org/0000-0002-3906-682X</p>
</fn>
<fn id="fn4" fn-type="other">
<label>[1]</label>
<p>La
Jurisdicción Especial para la Paz (JEP, 2018) es el componente de justicia del
Sistema Integral de Verdad, Justicia, Reparación y no Repetición, creado por el
Acuerdo de Paz entre el Gobierno Nacional y las FARC-EP.</p>
</fn>
<fn id="fn5" fn-type="other">
<label>[2]</label>
<p>“En reunión con las
madres de Soacha varias me expresaron que sus hijos estaban infortunadamente
involucrados en actividades ilegales, lo cual no excusa para asesinarlos, pero
la hipótesis no fue examinada por la justicia” (Obligado, Uribe se retracta con
las madres de Soacha, 2017). El trino original fue eliminado de la cuenta de
Twitter de AUV.</p>
</fn>
<fn id="fn6" fn-type="other">
<label>[3]</label>
<p>“Con tolerancia a la
idea ajena y cero permisividad al crimen” (Discurso de posesión del presidente
Álvaro Uribe Vélez, 2002).</p>
</fn>
<fn id="fn7" fn-type="other">
<label>[4]</label>
<p>“Bueno, para que
seamos “claritos” / “Esta tierra es una joyita de la humanidad” / “organicen un
viajecito” / “un poquito más de 10 kilómetros de hasta está la Pelton, ahí
acondicionaron un llanito” (Uribe Vélez, 2004, 2005).</p>
</fn>
<fn id="fn8" fn-type="other">
<label>[5]</label>
<p>De acuerdo con la Secretaría de Prensa de la Presidencia de
AUV, los consejos comunales “Son espacios de interacción y diálogo permanente
entre ciudadanos, autoridades del orden territorial y el Gobierno Nacional, que
buscan trabajar concertadamente en la solución de los problemas, necesidades e
inquietudes de los pobladores, a la vez que se estimula la transparencia en la
gestión pública, la democracia participativa y el fortalecimiento de la
confianza institucional” (Secretaría de Prensa Presidencia de la República,
2004, párr. 10).</p>
</fn>
<fn id="fn9" fn-type="other">
<label>[6]</label>
<p>Los
Consejos Comunales “fueron emblemáticos durante el gobierno de Uribe y marcaron
el ‘habitus’ de muchas personas y agentes del Estado” (Cárdenas-Támara, 2012, p. 142) y como señala
Castro (2009), los discursos proferidos por AUV en dichos Consejos se pueden
identificar características neopopulistas. En estos espacios, AUV era quien
dominaba el discurso y quien establecía antagonismos e imaginarios.</p>
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