Cíborgs del sur global: ensamblajes, sonidos y afectos
Para este número convocamos análisis antropológicos que indagaran por lo cyborg, la robótica y la inteligencia artificial. La inesperada y sugerente respuesta a nuestro llamado reúne un conjunto de novedosos análisis antropológicos, estéticos y socioculturales que escrutan una serie de experiencias cíborg, todas situadas en estas latitudes, mediante la evocación de las relaciones entre humanas y seres no humanos, tecnología, aparatos, objetos e instrumentos. En particular, examinan los vínculos que provoca la experiencia de escuchar y no escuchar o escuchar aún más: nuestras voces, otras voces, otros seres. Dos hilos atraviesan y se superponen en este volumen: uno, los sonidos, entendidos según lo proponen Antonio Tobón y Mariana León, “como objetos perceptivos”, “como puras ondas sónicas que aparentan estar ‘allá afuera’” (22), y dos, los acoples entre humanas y no humanas. En conjunto, los artículos que aquí publicamos hablan de las redes e historias que se hacen audibles cuando nos damos cuenta de que interactuamos con el mundo a partir de nuestros sentidos y, crucialmente también, en ausencia de alguno de ellos. En efecto, se trata de “darse cuenta”, como llama la atención Paulina Avellaneda, la curadora de los ensayos audiovisuales de Diana Ramírez y Camila Esguerra, quien señala que las reflexiones de estas autoras le permitieron darse cuenta de que ella había sufrido una pérdida auditiva que la llevó a percibir el mundo de otro modo.
Percibir el mundo de otro modo supone dejarnos afectar o ser afectadas. Aquí hacemos eco del homenaje que hacen Antonio Tobón y Mariana León a la propuesta de Jeanne Favret-Saada, quien ya varios decenios atrás nos incitaba a permitir que el campo nos atravesara. En consonancia con ello, y desde la producción situada, las investigaciones reunidas en este número nos alientan a admitir que abordar, estudiar y entender las complejidades de lo cyborg/cíborg pasa por dejarnos afectar e ir más allá de las usuales categorías dualistas que dividen tajantemente lo humano de lo que no lo es. De este modo, los textos y piezas que conforman este volumen resuenan con los afectos que atraviesan cuerpos humanos y más que humanos. Precisamente, uno de los más poderosos vehículos para esos afectos es el sonido.
En concordancia, la investigación artística-etnográfica de Antonio Tobón y Mariana León ahonda en la mutua afectación sónica entre un grupo de personas y el bosque nativo del Parque Nacional Villarrica, Chile. El sonido aquí acompasa la relación entre humanos, no humanos y seres más que humanos que habitan el bosque. A partir del gran potencial, pero también del oído crítico hacia el concepto de “paisaje sonoro” acuñado por Murray Schafer, este artículo indaga por la manera en que la escucha humana moldea la experiencia acústica y al tiempo modela el conocimiento y percepción del espacio. De esta manera, Tobón y León revelan las sensibilidades sónicas que se comprometen al experimentar y conocer el entorno desde la “escucha expandida” al “Caminar por el bosque” que va más allá de una visión antropocéntrica y coclear. Para hacerlo, recurren a mediaciones creativas de dispositivos digitales y no digitales en pos de producir el registro sonoro del bosque, en el cual entran en juego otros sentidos como la vista, pues escuchar supone la afectación de todo el cuerpo.
Así como Tobón y León han caminado por el bosque, Ricardo Lozano, José Méndez y Guillermo Paleta conocieron el territorio tutunakú de Pantepec, México. Al escuchar en alto las voces de sus gentes, en el marco del conflicto territorial generado por el fracking, comprendieron que el análisis territorial puede ir más allá de la división tajante entre sus partes y, a cambio, integrar las múltiples relaciones entre territorio, humanos y entidades no humanas. Inspirados en la ontología indígena tutunakú, su análisis espacial de los conflictos territoriales causados por actividades humanas ausculta la agencia de no humanos: objetos, animales y elementos naturales en las prácticas humanas para cuestionar las relaciones de poder, que de manera vertical conceptualizan y definen lo que es un territorio. Voces sin lenguaje humano también importan y resuenan alto en esta propuesta analítica.
En clave distinta, pero en resonancia con la propuesta de Tobón y León, Pablo Ortiz se ocupa de la imbricación entre instrumentos, dispositivos y objetos y la experiencia corporal y multisensorial de sentir el mundo. En particular, el autor examina las agencias de los instrumentos musicales en las historias de vida y de formación de tres estudiantes de música en Bogotá, Colombia. En diálogo con la teoría actor-red de Bruno Latour, Ortiz hace audibles las maneras en que se ensamblan las materialidades de los instrumentos musicales y del cuerpo de cada intérprete. Propone que el ensamblaje cuerpo-instrumento produce un cuerpo cíborg que narra historias sobre la cotidianidad, la experiencia corporal y las relaciones sociales que configuran la vida de músicos y músicas.
Bajaremos un momento el volumen de sonidos de bosques e instrumentos, para prestar oído a la reflexión en torno a lo cíborg en latitudes latinoamericanas. Así, oiremos a David Beltrán, quien, a partir de una investigación etnográfica virtual del performance multimedial de Praba Pilar —una artista colombiana—, cambia el diapasón del Norte global en torno a la noción de cyborg, invirtiendo su escala para poner en escena el cíborg monstruoso latinoamericano. En concreto, Beltrán cuestiona el transhumanismo euroamericano hegemónico, aquel que busca preservar la mente, separada del cuerpo, al cual califica como obsoleto, envoltorio de la mente y obstáculo del avance consumista de la tecnología del norte global. En contrapunto, Beltrán indaga por otras maneras de pulsar el cuerpo mediante la tecnología obsoleta, la basura tecnológica. Esta línea de fuga subvierte la ruidosa espectacularización estética del norte global al optar por la producción artística del sur. Para Beltrán, el cíborg monstruoso latinoamericano modifica su cuerpo desde ideales propios y de manera autónoma, no como simple consumidor o consumidora inerte del desarrollo tecnológico, sino que, en colaboración con la tecnología obsoleta —vuelta desecho—, hace audibles los cuerpos que han sido excluidos, proscritos, desechados.
A propósito de los malignos resultados del consumo tecnológico, Juan Pablo Tagliafico y Pablo Schamber exploran los manejos humanos de uno de los productos más masivos pero muy despreciados de la sociedad capitalista: la basura. Este artículo no trata strictu sensu de la experiencia cíborg, pero resuena con ella: analiza el circuito de relaciones entre humanos y no humanos que supone la tarea de hacerse cargo de los desperdicios en Buenos Aires, Argentina. Los autores siguen con atención a una cooperativa de recicladores que pone en riesgo el cuerpo y su salud en la recolección, clasificación, procesamiento y comercialización de los residuos de la ciudad. Los residuos aquí se revelan como articuladores entre personas, espacios, objetos y tecnologías, en un ensamblaje cuyos flujos dan forma a un sistema de reciclaje que lucha por ser inclusivo en medio de incentivos y obstáculos generados por las políticas públicas y la falta de colaboración de quienes generan la basura.
Para cerrar, subimos de nuevo el volumen para volver sobre el palpitar del cuerpo que emana de un conjunto de ensayos autoetnográficos transmedia y textuales que se mueven entre la reflexión autobiográfica íntima y la ficción impersonal. Sin excepción, todos auscultan las experiencias provocadas por la pérdida de la audición. El audiovideo de Diana Martínez discurre sobre la manera en que la pérdida de un oído en la infancia la llevó con el tiempo hacia otro tipo de escucha: la cibernética, producto de fundirse con el implante coclear. En ese proceso, Martínez se descubrió como cíborg y, al mismo tiempo, más humana.
En diálogo con Martínez, Camila Esguerra nos enseña cómo vivió la hipoacusia como intersticio en el que escuchaba más alto al mundo y a otras personas que solo oían su propio eco. En la pérdida de la escucha comenzó a escuchar el sonido. Precisamente ahí, en la “pérdida” o lo que Esguerra denomina el “arte de perder”, está el intersticio que permite que nos articulemos con objetos y otras formas de escucha y, por ende, convertirnos en cyborgs.
Pablo Acosta pulsa un acorde afín. Desde la distancia de la tercera persona, su relato ficcional autobiográfico narra el devenir cyborg a partir de la hipoacusia y la incomunicación. En homenaje y parodia del estilo de las descripciones etnográficas clásicas, Acosta retrata la trepidante experiencia de extrañamiento de un ser otro que convivía con una especie/tribu que no lo entendía. Como Martínez, este relato enlaza el devenir cíborg con la tecnología que le permitió experimentar el mundo de otra manera y más intensamente que los de su especie.
Entre perder la escucha, ruidos de basura, sonidos del bosque e instrumentos musicales, somos seres en la frontera, tal como Donna Haraway nos invita a sentir lo cyborg/cíborg. Somos o podemos devenir cíborgs que, entre murmullos, silencios o aullidos, experimentamos la vida con y más allá de esencialismos deterministas. Y a eso, precisamente, invita este volumen, a reflexionar sobre cómo devenimos cíborgs que por largo tiempo hemos convivido con múltiples inteligencias, como seres articulados con otros seres, situados socialmente, moldeados históricamente, capaces de crearnos, recrearnos, modificarnos y, como nos incita Pablo Acosta al final de su relato, capaces de cacharrearnos/hackearnos. Solo hace falta subir y bajar el sonido para escuchar mejor y escuchar diferente.
Agradecimientos
Nuestros más sentidos agradecimientos a Praba Pilar, reconocida artista contemporánea y protagonista de uno de los artículos de este número, quien gentil y generosamente compartió con Maguaré varias de sus piezas fotográficas; una de ellas ilustra la portada de este volumen. Agradecemos también a Antonio Tobón y a Mariana León, cuyo artículo integra este número, por cedernos la foto que ilustra con sus huellas la sección Horizontes. Aprovechamos para darle la bienvenida a Mariana Sierra, quien ha puesto al día nuestras redes sociales y al tiempo reconocer su trabajo e iniciativa al crear una imagen con inteligencia artificial que encabeza la sección Artículos, la cual hace bello eco al tema de este número, poniendo a prueba la capacidad humana para desdibujar las fronteras entre la imaginación y la tecnología.
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Derechos de autor 2024 Marta Zambrano, Tatiana Herrera

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