Lugares de memoria y marcación territorial: sobre la recuperación de los centros clandestinos de detención en Argentina y los lugares de memoria en España
Lugares de memória e marcação territorial: sobre a recuperação dos centros clandestinos de detenção na Argentina e os lugares de memória na Espanha
Places of Memory and Territorial Marking: On the Recovery of Clandestine Detention Centers in Argentina and the Places of Memory in Spain
Silvina M. Fabri*
Universidad de Buenos Aires, Argentina
* Geógrafa, becaria doctoral en Geografía de la Facultad de Filosofía y Letras, Universidad de Buenos Aires. Participante del proyecto de investigación UBACYT Lugares y Políticas de la Memoria: Acontecimientos, Saberes, Testimonios e Instituciones 1955-2010, dirigido por Cora Escolar, con sede en el Instituto de Geografía Romualdo Ardissone.
Dirección postal: Instituto de Geografía Dr. Romualdo Ardissone, Facultad de Filosofía y Letras, Universidad de Buenos Aires, Puán 470 - 4to Piso, Ciudad Autónoma de Buenos Aires. C. P. 1044, Argentina.
Correo electrónico: fabrisilvina@gmail.com
Recibido: 10 de febrero del 2012. Aceptado: 12 de julio del 2012.
Artículo de reflexión sobre la relación existente entre lugar, memoria y políticas públicas, que toma como punto de partida la comparación entre un lugar de memoria, como La Casa de la Memoria y la Vida (anterior centro clandestino de detención Atila, en la Argentina), y un sitio memorial, El Memorial de la Batalla del Ebro, en España.
Resumen
El siguiente artículo problematiza los conceptos de lugar de memoria y de marcas territoriales de la memoria, tomando como punto de partida la comparación entre un lugar de memoria (antiguo centro clandestino de detención Atila, Argentina) y un sitio memorial (Memorial de la Batalla del Ebro, España) y así avanzar hacia la especificación de cómo estos lugares son resignificados a partir de la implementación de ciertas políticas públicas de memoria, con el fin de conmemorar-rememorar a las víctimas de procesos traumáticos del pasado reciente y contribuir a la construcción de la memoria colectiva. Los procesos de reapropiación de los sitios y el análisis de las marcas territoriales de la memoria son elementos centrales que intervienen en la construcción de la(s) memoria(s) con particularidades específicas.
Palabras clave: lugares de memoria, marcas territoriales, políticas públicas de la memoria, sitio memorial.
Resumo
O seguinte artigo problematiza os conceitos de lugar de memória e de marcas territoriais da memória tomando como ponto de partida a comparação entre um lugar de memória (exclandestino de detenção Atila, Argentina) e um lugar memorial (Memorial da Batalha do Ebro, Espanha), para especificar como eles são ressignificados a partir da implementação de certas políticas públicas de memória, com o objetivo de comemorar e recordar as vítimas dos processos traumáticos do passado e contribuir para a construção da memória coletiva. Os processos de reapropriação dos lugares e a análise das marcas territoriais da memória são elementos centrais que intervêm na construção da memória com particularidades específicas.
Palavras-chave: lugares de memória, marcações territoriais, políticas públicas de memória, local de memória.
Abstract
This article questions the concepts of place of memory and of territorial memory marks on the basis of a comparison between a place of memory (Atila, a former clandestine detention center in Argentina) and a memorial site (the Battle of Ebro Memorial in Spain). It examines how these places are re-signified when certain public policies on memory are implemented in order to commemorate-remember the victims of traumatic processes in the recent past and to contribute to the building of collective memory. The processes of reappropriation of the sites and the analysis of the territorial marks of memory are core elements the construction of memory/memories with specific characteristics.
Keywords: places of memory, territorial marks of memory, public policies on memory, memorial site.
Donde ellos torturaron, acallaron y mataron, hoy hay niños,
mujeres y varones, familias, trabajadores, estudiantes,
deportistas y centenares de personas disfrutando,
creando y compartiendo distintas vivencias
Intendente Martín Sabatella en la inauguración
de la Casa de la Memoria y la Vida, Subsecretaría
de Comunicación Institucional s.f., 28
Tímidamente van saliendo a la luz objetos, recuerdos, nombres.
Y hoy, no queremos seguir perdiendo la ocasión de conocer
nuestra historia, de regalar algo de justicia a quienes sufrieron
por defender unos ideales nobles y proclamar la libertad.
Este museo es por todos ellos, porque no queremos olvidarles
Portal del Museo Virtual de la Memoria Republicana de Madrid, s.f.
Introducción
El propósito del siguiente trabajo consiste en articular el concepto de lugar de memoria y marcas territoriales con la puesta en marcha de políticas públicas de la memoria. Para ello se han tomado como puntos de comparación los sitios paradigmáticos de la última dictadura militar en Argentina, los antiguos centros clandestinos de detención –en adelante, ex CCD– haciendo especial hincapié en la Casa de la Memoria y la Vida –sitio de memoria que funciona en el predio del ex CCD Atila–, y en uno de los lugares de memoria en España, el Memorial de la Batalla del Ebro. En este trabajo se presenta un recorrido de los cambios y reconfiguraciones de esos sitios que hoy funcionan como activadores de memoria1.
Se sostiene que en ambos casos se da una suerte de triangulación entre lugar, política pública de memoria y construcción de una memoria colectiva. Al mismo tiempo, puede pensarse en estos lugares como marcas que visibilizan una forma de denuncia acerca de los traumáticos momentos históricos que se dieron en contextos particulares y concretos, pues se constituyen en sitios que rememoran y conmemoran a las víctimas (tanto del Golpe Militar en Argentina [1976-1983], como de la Guerra Civil en España [1932-1939]), construyendo un relato del pasado que impacta de determinada manera en el presente.
La pregunta para los dos casos que aquí se analizan es: ¿cuáles son los vínculos que se establecen con la concreción de las políticas públicas de la memoria para la marcación de estos espacios en función de la construcción de una memoria colectiva?
Por lo tanto, se hará una aproximación a estos lugares de memoria teniendo en cuenta tres niveles particulares: en primer lugar, la reapropiación de estos sitios a partir de la implementación de políticas públicas de la memoria, con particularidades específicas en cada país, y el proceso por medio del cual hoy se constituyen en sitios de memoria y memoriales; en segundo lugar, se buscará precisar los elementos que marcan a estos sitios como tales, a través de monumentos y marcas territoriales que imprimen ciertas especificidades en la construcción de una memoria colectiva, y en tercer lugar, se especificarán algunos puntos de encuentro y desencuentro de los casos analizados, con especial referencia a los usos de los sitios y las características de cada uno, focalizando las actividades que en ellos se llevan a cabo en función de la construcción de la(s) memoria(s).
Los lugares de memoria: una aproximación conceptual
Los lugares de memoria, siguiendo a Nora (1998), podrían entenderse como los sitios que condensan significaciones en torno a una política nacional de la memoria, por ello son entendidos como productos sociales (con contenidos culturales y políticos específicos) en los que la memoria se materializa otorgando cierta especificidad al lugar. Las nuevas relaciones de los sujetos con el espacio material –producto del cambio en el uso del lugar a partir de la puesta en marcha de las políticas públicas de la memoria– modifican la fisonomía del espacio vivido y habitado. Se entretejen en un mismo proceso tanto los cambios en la cotidianeidad y la reconstitución de ciertos símbolos urbanos (Harvey 1992), como las subjetividades que intervienen en la apropiación y resignificación de los lugares. Precisamente:
Hablar de lugar2 supone pensar en cómo ese espacio es vivido y apropiado, en su vínculo con la propia experiencia del sujeto, tanto práctica y materialmente como mental y simbólicamente; estos niveles no pueden disociarse si se pretende comprender la complejidad de la construcción de estos enclaves territoriales en donde se construye una memoria.
El territorio de la memoria como lugar construido se despliega al mismo tiempo en un sentido político. La noción de 'territorio' interesa, para los fines de este trabajo, en su arista más específica: un lugar inserto y constituido a partir de una trama particular de poder. La noción de poder como dispositivo, en su carácter de productor de determinadas prácticas sociales y en su microespecificidad (Foucault 1979), resulta sugerente para desanudar los diversos grados de consenso y las posiciones encontradas entre diferentes sectores. Como señala Haesbaert da Costa, la distribución de las relaciones de poder de alguna manera demarcan y enmarcan estos territorios puesto que son:
Por 'enclave territorial' se entiende aquí la idea de que un espacio es delimitado a partir de una dimensión política o jurídico-política (en tanto referencia a las relaciones de poder), una dimensión cultural o simbólica (en tanto dimensión subjetiva) y una dimensión económica (en tanto dimensión productiva del espacio). El territorio no es un mero sistema de objetos y de acciones, en un sentido funcional, pues está siempre cargado de diversos significados que imprimen una veta simbólica en su constitución (Cfr. Haesbaert da Costa 2004).
Es en este sentido que la política de memoria se anuda con el espacio socialmente construido y produce su efecto-proceso de lugarización. El hacer efectivas las políticas que llevan a lugarizar la memoria implica cierta capacidad de decisión de los actores que intervienen en dicho proceso (Jelin 2002). Conviene mencionar que:
Por lo tanto, se sostiene que:
Por ende, se tratará de dar cuenta del proceso por medio del cual los casos analizados se han configurado en sitios de memoria, interpelando a los panoramas contextuales que hicieron posible que se concretaran los proyectos y las actividades efectivas llevadas a cabo en los espacios de memoria. Sobre todo si se tiene en cuenta que no existen linealidades construidas con base en la representación del horror y del trauma. La pregunta central es, entonces, ¿cómo se representa lo que ya no está, lo que ha sido?
Estos relatos que se tejen y anudan en la construcción de los sitios de memoria implican diversas luchas de sentido en dichos espacios.
En estas luchas por la marcación en el territorio existen ciertas pugnas sobre lo que efectivamente se recordará, sobre cómo se recordará, a través de qué vehículos y de qué elementos. Esta confrontación trasciende el plano político y va más allá, toca los límites de lo estético y se introduce en los canales sobre los que se montará el entramado del relato para la activación de la memoria. Al mismo tiempo, se pone en juego la subjetividad de la interpretación de esos enclaves, en los que la lectura de quien recibirá el mensaje o visitará el lugar de memoria o el sitio memorial inscribe sentidos particulares, específicos y diversos. Los marcos interpretativos trazan recorridos que pueden estructurarse en relación con la activación de la memoria, como también con la indiferencia o con el olvido (Young 2000).
Es en esa continua resemantización del lugar en donde opera la actividad de la memoria. Así, el lugar de memoria pensado como signo (Halbwachs 2004) acentúa el papel del espacio material y simbólico puesto que la relación entre memoria y lugar solo puede comprenderse mediante la introducción de un tercer término, el espacio social, entendido como un sistema interindividual y estructurado a partir de prácticas sociales, un espacio relacional y simbólico que contiene varias capas de sentido yuxtapuestas e imbricadas, capas de memoria de materiales disímiles (Gensburger 2008).
Estos espacios en donde se construye el pasaje de mero espacio a lugar de memoria o territorio memorial se articulan con procesos sociales y políticos y con ciertos sentidos inscritos en esos espacios. Las capas de sentidos que constituyen estos lugares serían, en efecto, un elemento interesante para el análisis de la construcción de las memorias colectivas. Por ello, las marcas territoriales pueden ser el vehículo de la memoria, pero el recorrido y los avatares son trazados por la propia subjetividad de quien las transita, logrando, o no, reapropiarse de ellas (Jelin y Langland 2003a).
Reapropiación de los sitios a partir de la implementación de las políticas públicas de la memoria
Pensar las políticas públicas de la memoria asociadas con la reescritura de un nuevo significado en estos sitios supone entender que existe una intencionalidad narrativa en la puesta en marcha de estos proyectos que intentan marcar los espacios como espacios de memoria.
En ambos casos, la política de memoria fue implementada a través de la política institucional municipal. Tanto en el caso de la recuperación del predio de la mansión Seré, como en los sitios que componen el Memorial3 de la Batalla del Ebro, la dirección provino de esta esfera pública, pero se basó, en un primer momento, en mecanismos y procesos de marcación territorial surgidos de manera espontánea de parte de actores heterogéneos, quienes pretendieron reapropiarse simbólicamente de estos espacios para incorporarles nuevos sentidos4. Cabría aquí realizar una disquisición acerca de lo que implica pensar en políticas de la memoria y también en lo que Rabotnikof (2007) llama memorias de la política:
Según el discurso del municipio de Morón, el cambio en el uso del espacio:
Se entrelazan y articulan aquí la política pública, la reactivación de una memoria en relación con el traumático pasado reciente, la conmemoración a las víctimas y el pedido de justicia.
La legitimación de este discurso se sostiene en un contexto de producción asociado a una política estatal amplia –iniciada por el Estado nacional y por el énfasis que puso el gobierno del intendente Martín Sabatella5 en la necesidad de recuperar dicho espacio–, pero también muestra las pautas y lineamientos con los que el municipio trabajó en la construcción de este sitio de memoria, que tuvo su base en el desarrollo del Proyecto Mansión Seré6 –cuya característica principal fue el desarrollo de un trabajo de tipo arqueológico a cargo de un equipo interdisciplinario encargado de la recuperación de la vieja casona que había funcionado como CCD entre 1977-1978 y que posteriormente fue incendiada por las Fuerzas Armadas con el fin de borrar las marcas de su accionar y, finalmente, demolida en los inicios del periodo democrático, siendo esto muestra de hacer tabula rasa con el pasado.
En el caso español, la reconstrucción de la memoria histórica comienza a tener momentos de inflexión con la creciente participación en eventos conmemorativos de gran cantidad y diversidad de actores. Estos puntos de inflexión vienen dados también por las fechas de los aniversarios de la Batalla del Ebro.
A partir de 1998, con la celebración del aniversario de la batalla, en los municipios de Corbera d'Ebre y Gandesa, la amplia convocatoria del evento y la masiva participación en el mismo dio lugar a que se abriera un periodo de reflexión que posteriormente propició la creación de un centro museográfico sobre la importancia de la batalla y de sus consecuencias. Esta iniciativa surgió de los ayuntamientos de ambos municipios, y fue apoyada en gran medida por la sociedad civil, representada por entidades como el Centre d'Estudis de la Batalla de l'Ebre - CEBE, o el Patronat del poble Vell de Corbera de l'Ebre. "La iniciativa municipal llegó hasta el Museu d'Història de Catalunya7 [...], que puso en marcha, con diversas ayudas básicas y fundamentales, gestiones necesarias para llevar a la práctica este proyecto museográfico [...]" (Solé i Sabaté 2009, 360).
La marcación de la ruta en los espacios de la Batalla del Ebro mediante las visitas grupales guiadas puede verse como un sitio memorial que articula historia y memoria, sustentada en una política que traza de alguna forma los relatos que se construyen en relación con el pasado de la Guerra Civil Española, en general, y de la batalla del Ebro, en particular, construyendo así una suerte de itinerario narrativo (Balcells 2008).
A partir del 2000, se entablan diversas negociaciones para impulsar el proyecto museográfico de la Batalla del Ebro, las cuales finalizan en el 2001 con la creación del Consorci per a la Museïtzació dels Espais de la Batalla de l'Ebre, que luego, en el 2002, se denominó Consorci Memorial dels Espais de la Batalla de l'Ebre –en adelante, COMEBE–8.
El proyecto se basó en un plan de señalización e integración territorial y local con una fuerte base en el desarrollo del turismo patrimonial: el plan de gestión del conjunto de los espacios que lo integran y el proceso de museización, junto con los avances en los programas señaléticos, presuponen una coordinación de instancias gubernamentales y núcleos administrativos en estrecha relación. Como sostiene Guixé:
Lo interesante de este proyecto museográfico se anuda con el próximo punto a tratar, la marcación el territorio en pos de hacer visible cierto relato sobre el pasado. Esto mismo se observa en el proceso de recuperación del predio que contenía el ex CCD Atila, donde, a partir de la puesta en marcha de la política gubernamental, se logra marcar el sitio en favor de la conmemoración, la denuncia y la construcción de la memoria colectiva sobre la base de la resignificación de la lectura que puede hacerse del pasado.
En este sentido, puede precisarse que la Casa de la Memoria y la Vida fue creada para contribuir en la búsqueda de la verdad y la justicia, promover la memoria colectiva sobre la historia reciente y generar un espacio de participación y diálogo en torno a los derechos humanos:
Ahora bien, en el caso español, una vez desaparecido el régimen dictatorial, se asiste a un intento de imprimir otro sentido a estos sitios ya marcados por el franquismo. ¿Cómo puede entenderse la situación actual en España? Atravesada por el reposicionamiento de los paradigmas de la democracia con respecto al pasado reciente se fueron revalorizando y reivindicando las tareas de conmemoración (Rodrigo 2003, 1-2). Estos procesos, coadyuvados por un recambio generacional y por el inminente fin de la memoria viva, han revalorizado la rememoración histórica previa y han encauzado hacia la crítica el intento de subsanar el pasado traumático mediante políticas concretas de la memoria (Argul 2003).
En este sentido, con el "establecimiento de los hechos", un paso fundamental para la presencia del pasado en el presente, comienza el camino de la victoria de la "memoria contra la nada" con respecto al traumático tema de la violencia franquista durante la Guerra Civil. Desde hace algunos años, se ha avanzado notablemente en la segunda fase: la construcción de un sentido para los hechos. Y recientemente, "[...] la sociedad civil ha tomado la decisión de aprehender ese pasado, de situarlo en el centro, de asociarse para reivindicarlo [...]" (Rodrigo 2003, 2).
Vincular estos contenidos discursivos, tanto en el caso del lugar de memoria como en el del sitio memorial, con la producción material de los espacios de la memoria muestra, en cierta medida, el alcance que estas intervenciones pretenden alcanzar a través de las políticas y de las marcaciones, de las conmemoraciones y de los relatos que se construyen en torno a estos sitios. Ya se había hecho referencia a esta conexión entre políticas de memoria y memorias de la política.
Las marcas territoriales de la memoria
Al entender las políticas públicas de memoria como "prácticas de marcación territorial"10 efectiva y como prácticas que hacen visible la denuncia acerca del antiguo uso y función de los sitios surge la posibilidad de delinear un nuevo sentido de aquellas estructuras funcionales de los mecanismos de represión de la última dictadura en Argentina, así como también de los lugares emblemáticos de la Batalla del Ebro exaltados por el régimen franquista.
Los nuevos sentidos asociados con los lugares abarcan desde diferentes formas de homenaje y conmemoración –como placas recordatorias y cambios de nombre de las calles y lugares de recreación– hasta grafitis, murales y pintadas en las cercanías del ex CCD. Como sostiene Díaz:
Lo mismo pude precisarse en relación con el caso español, en donde las marcas se refuncionalizan en busca de la construcción de un nuevo sentido del pasado (Madalena Calvo et ál. 1988).
Estas marcas tratan así de dar materialidad a la memoria y de hacerla pública, visible a las miradas y a su apropiación11. Las marcas son espacios físicos transformados en un "lugar" con significados particulares, cargado de sentidos y sentimientos para los sujetos que vivieron en ellos en ese pasado particular. Las marcas son territorios en tanto devienen lugares, son "espacios apropiados por la vía de alguna construcción de sentido. Sin embargo, [...] la dimensión territorial no implica una mera lugarización sino que trae la carga simbólica del límite impuesto y establecido por la política" (Besse 2005, 19).
En el caso español, las marcas históricas que fueron yuxtaponiéndose al espacio que conformarían posteriormente el Memorial de la Batalla del Ebro12 evidencian una suerte de cambio de sentido. Los sitios ya habían sido marcados por el franquismo como nodos estructurantes de su poder e ideología; la constante preocupación franquista por fijar un nuevo sentido de memoria y una nueva lectura de la historia aporta un rasgo más que característico a la hora de revisar los lugares de memoria y el papel que desempeñaron en el andamiaje político-institucional y simbólico para la sociedad española:
Pero al mismo tiempo es consciente del papel que juega en ello lo "territorialmente visible", puesto que se imprime sobre el entramado urbano un plus de sentido dado por las marcas tangibles de los lugares de memoria (Nora 1998); es decir, no solo los lugares físicos y materiales sino también las conmemoraciones, los homenajes, los emblemas, etc.
Con el paso del tiempo los monolitos y lápidas –siendo estos recordatorios oficiales de la batalla– continuaron en el mismo emplazamiento, incluso manteniendo su aspecto, pero también se operaba una transformación a otro nivel13. Para que un monumento continúe teniendo su función simbólica, ha de actuarse de manera continuada: exhibiéndolo, conservando sus materiales y adecuando sus entornos. Si no es así, va perdiendo su significado: se pasa con indiferencia ante él y se vuelve invisible.
El franquismo fue esfumándose en los mismos espacios en donde se le representaba solemnemente, y los símbolos que los vencedores de la Batalla del Ebro erigieron en su tiempo fueron transformándose en fantasmas de un pasado que se iba olvidando. Como señala Argul (2003), en el caso de la Transición Española, podrían analizarse estos lugares de memoria como "lugares de consenso", lugares en los que actuó cierto mecanismo conciliatorio que revistió a los lugares de memoria de una impronta no conflictiva, en apariencia.
La forma cómo se produjo el fin del régimen dictatorial de Franco, y también el periodo de la transición democrática impactaron en la forma cómo las marcas territoriales que relatan una memoria fueron articulándose en el espacio. No tuvieron lugar ni concreción aquellas que implicaban una reivindicación de la memoria de la lucha antifranquista. La presencia de todos aquellos que lucharon durante la Batalla del Ebro por defender la democracia en España continuó siendo ignorada dentro de los espacios del campo de batalla durante buena parte de la transición democrática y de las transformaciones que tanto los monumentos franquistas como los monolitos republicanos han sufrido con los años, siendo su estado actual un ejemplo paradigmático del carácter de esta transición. Una transición a la democracia construida sobre la base de un pacto de silencio acerca del pasado más reciente, que impedía actuar e intervenir sobre estos sitios (Rodrigo 2003).
Durante los años de la transición, las intervenciones territoriales tuvieron un carácter puntual: generalmente se limitaron a retirar algunos símbolos de los monumentos franquistas y, de manera paralela, algunos municipios erigieron monumentos dedicados a aquellos que lucharon en el Ebro contra el fascismo, y, en el mismo sentido, las marcas surgidas en el periodo franquista comenzaron a operar a partir de la incorporación de nuevos sentidos en gran parte de la sociedad española (Balcells 2008).
El caso del Monumento a los Caídos14 (figura 1) muestra cómo se ha dado el proceso de marcación de la memoria y cómo las disputas en torno a qué se recuerda y conmemora han ido variando con el paso del tiempo. Las pujas en torno a este monumento han cobrado relevancia en la comunidad favoreciendo la discusión acerca de la pervivencia de los símbolos del franquismo en la democracia que esta construcción detenta, y que operó como símbolo de la victoria franquista en España.
Ahora bien, a pesar de la lucha desigual entre vencedores y vencidos por la marcación de los lugares en donde se evidenció una necesidad de fijar el recuerdo sobre la guerra en el mismo escenario de los combates, los que habían perdido la batalla ocuparon espacios marginales; presencia que había sido ignorada durante muchos años y que recientemente se ha hecho visible. Resulta interesante al respecto la idea planteada por Winter (2007) sobre la "remitificación" de los lugares de memoria en España, puesto que, para él, sería el producto de la recuperación estética de dichos lugares, así como también de la recuperación narrativa/cinematográfica, resignificando el manejo de los símbolos de la etapa franquista en el presente.
En el mismo campo de batalla, y desde el verano de 1938, se pueden localizar algunos rastros de los que lucharon por defender la República. Todavía hoy puede leerse, a pesar del paso del tiempo:
Sobre el Monumento a los Caídos, pueden hacerse ciertas apreciaciones: como señalan Castell y Oriol (2003), estas ocupaciones del espacio y su intento de marcarlo a través de símbolos urbanos contrasta con el dominio del franquismo sobre los espacios centrales del campo de batalla. Esta presencia ha persistido durante los cuarenta años de la dictadura hasta hoy día, siendo una muestra del fracaso del franquismo por hegemonizar y otorgar un sentido único al recuerdo de la batalla en el lugar mismo donde triunfó el régimen dictatorial.
Es decir, que los lugares de memoria muestran la yuxtaposición de diferentes memorias (Nora 1998), las diferentes capas de sentido, como puede observarse en los elementos que presentan las figuras 1 y 2.
Al mismo tiempo, pensar en el monumento como forma de intentar cristalizar y detener la función productiva de la memoria, siempre en movimiento, implica, como sostiene Achugar, que "[...] la memoria pública ha sido instrumento de un poder que ha construido monumentos en piedra pero que también ha derruido monumentos [...] de aquellos a quienes se había vencido, se había dominado o se había exterminado [...]" (2003, 200). Este proceso complejo implica ver los conflictos que se anudan en el momento de hacer prevalecer una memoria sobre otra, un relato de los hechos sobre otros, en donde el poder entra en juego de manera conflictiva, pero también productiva.
La pervivencia de las marcas, su resignificación y su relectura dependen de la mirada que otorga el presente a ese pasado que intenta conmemorarse, así como de la capacidad subjetiva de los sujetos que se enfrentan a ellas. En la figura 2 puede apreciarse el monumento, ubicado en el cerro Pandols, que rinde homenaje a los caídos en batalla del bando republicano,15 y que, por obvias razones, no había podido prosperar en la etapa franquista en España.
En el caso de la Casa de la Memoria y la Vida, la marcación del espacio y su mayor visibilidad está asociada con las placas conmemorativas. Los espacios y monumentos con significación que conmemoran personajes públicos o fechas significativas no son estáticos, sino que se redefinen en cuanto el valor del proceso evocado. Y en alguna medida, estos espacios, al constituirse en monumentos o museos, influyen en el sentido que se le otorga socialmente al proceso evocado (Bustigorry 2005). Puede reflexionarse acerca de cuáles fueron efectivamente los alcances asociados a la iniciativa de marcar el sitio; el impulso de estas prácticas para "hacer visible el lugar y denunciar los hechos ocurridos allí" implica hacer signo, de modo que se establezca como un puente entre el pasado y el presente (Achugar 2003).
La placa conmemorativa en la entrada del predio que ocupa actualmente la Casa de la Memoria y la Vida (figura 3) proclama la necesidad de trabajar a favor de la construcción de una memoria colectiva para que los atroces hechos acaecidos en la última dictadura militar en Argentina no vuelvan a repetirse. Actúa como una denuncia, pero rindiendo homenaje a las víctimas.
Estas marcas territoriales son de alguna manera reapropiadas por la política pública municipal que inicia el proyecto para la recuperación del predio del ex CCD Atila, y forman parte de lo que puede denominarse como los antecedentes del desarrollo posterior del proyecto. Las marcas institucionales (figura 3) son como marcas espontáneas que irrumpen en la cotidianeidad del lugar y van construyendo sentidos asociados con la necesidad de denuncia y con la reconfiguración narrativa de esos sitios (figura 4).
Los lugares de memoria no deben entenderse como meros receptáculos en donde la memoria se deposita y se cristaliza, sino como sitios que funcionan como disparadores de nuevos sentidos y reinterpretaciones, constituyéndose en lugares en los cuales la memoria se activa, se vuelve dinámica, se transforma, se torna reflexiva y productora de nuevos sentidos y de resignificaciones constantes.
En ambos casos, la reapropiación y resignificación de los espacios marcados y seleccionados para convertirse tanto en lugares de memoria como en espacios memoriales se conectan. Puede resumirse dicho proceso como la necesidad de visibilizar estos sitios a través de la elaboración de nuevos relatos que denuncien ese pasado traumático en favor de la construcción de una memoria colectiva. Y al mismo tiempo, a partir del trabajo de memoria, se abre la posibilidad de inscribir una actitud crítica que problematice ese pasado.
Construcción de la memoria colectiva en los lugares de la memoria
Es interesante plantear que sobre los escenarios de los combates, y sobre el mismo campo de batalla, se encuentran restos de relevancia cultural e histórica que han dado forma a la construcción de la memoria colectiva en el sentido dado por Halbwachs (2004). La memoria individual per se es inexistente, pues toma elementos o huellas de un conjunto más amplio; la memoria solo puede ser colectiva, porque los sujetos viven y realizan sus prácticas sociales en una comunidad, y sus acciones y pensamientos siempre van a ser influidos por la sociedad, y por la cultura creada por ella. Halbwachs (2004) desarrolla la idea de que la memoria depende del grupo social en el que los sujetos se ubican. La memoria colectiva se forma a partir del recuerdo que una comunidad tiene de su propia historia, y también de las lecciones y aprendizajes que, más o menos conscientemente, extrae de esta. Por supuesto, una persona puede tener una memoria de acontecimientos relevantes; sin embargo, para que estos recuerdos del individuo sean relevantes y merezcan un sitio en la sociedad y su cultura, necesitan ser compartidos por la colectividad. La memoria colectiva es por eso una memoria social. En palabras de Mateos: "[...] la memoria individual autobiográfica se alimenta de la conciencia histórica de la colectividad. [...] se trata de averiguar hasta qué punto la memoria colectiva tiene su principal basamento en el uso público del pasado y en la política [...]" (2007, 150-151).
La historia del lugar, así como también el quiebre de la vida cotidiana relacionada con la represión llevada a cabo por la última dictadura militar en Argentina, se intentan reconstruir, por un lado, a partir del trabajo arqueológico y, por otro, a partir de la reconstrucción de historias de vida de los actores participantes. Esta tarea se enmarca dentro de un trabajo del equipo de investigación interdisciplinario que tiene sede en la antigua Mansión Seré16.
La elaboración y reelaboración que surge de la intervención en ese recorte de "lo real" es una construcción de la memoria social y, por lo tanto, está posicionada política, histórica y culturalmente. Resulta evidente que no puede hablarse de una única memoria y que las temporalidades diversas le imprimen a la construcción de la memoria colectiva una característica de constante reactualización, proceso asentado en un entretejido complejo y en constante tensión (Jelin y Langland 2003a).
¿Cómo articular, entonces, el sentido de construcción de memoria colectiva a partir de los casos seleccionados en este trabajo? Se considera como primer eje la construcción de un nuevo relato acerca del pasado a partir de los emplazamientos de estos lugares; un segundo eje implicaría revisar qué elementos se enlazan y se problematizan en función de la marcación de estos lugares como "testigos" de lo que ha ocurrido.
Para el caso español, a pesar de la dispersión territorial, el área que se designó como memorial estaba sustentada por tres elementos que sirvieron de sostén al proyecto: los objetivos históricos, pedagógicos y la dinamización económica a través del turismo patrimonial. Se intentó de este modo impulsar la recuperación de la memoria histórica de España, por medio del desarrollo de múltiples espacios de discusión y de reflexión dentro del proyecto del memorial de la Batalla del Ebro.
Es llamativo cómo fueron interrelacionándose los puntos de contacto de los sitios que son parte del memorial y el discurso construido en función de las características puntuales de cada uno de ellos, conjuntamente con los aportes en torno a qué papel desempeñaron en la Guerra Civil Española (en una escala amplia) y en la Batalla del Ebro (en una escala más reducida). Tanto los lugares históricos como los centros de interpretación ponen en juego un relato que implica repensar la historia tradicional española en función de intentar construir una memoria colectiva en torno a los hechos que propulsaron y enmarcaron la Guerra Civil en España17 (Solé i Sabaté 2009).
Los centros de interpretación18 pueden entenderse como espacios que trascienden la idea de los museos tradicionales. Si bien se encuentran, como los museos, dentro de un espacio delimitado en donde se exponen permanentemente una serie de elementos e informaciones sobre un tema determinado, la diferencia principal radica en la metodología de exposición y en los objetivos que se pretende alcanzar por medio de esa exposición. Dicho esto, puede sostenerse que los trabajos realizados en estos espacios materiales "[...] usan los lugares como disparadores de elaboraciones conceptuales y ofrecen herramientas para hacer las preguntas analíticas e interpretar los procesos sociales y políticos analizados [...]" (Jelin y Langland 2003b, 9). Pero también debería tenerse en cuenta que:
En la Casa de la Memoria y la Vida, las tareas llevadas a cabo en pos de la construcción de la memoria colectiva se organizan a partir de diversas actividades: la creación de un archivo documental gráfico y audiovisual de consulta pública; la generación de espacios de difusión, discusión y exposición artística sobre el terrorismo de Estado, y la construcción de una base de datos acerca de cómo operó el terrorismo en la zona oeste de la provincia de Buenos Aires. Al mismo tiempo, se trabaja en la participación en diversas instancias judiciales a través de la información recabada en el proyecto, sea testimonial o sean elementos de prueba que se han conseguido con el trabajo arqueológico (Proyecto Mansión Seré 2006). Otra instancia corresponde al taller que se realiza con alumnos de las escuelas de la zona sobre violación de derechos humanos, como base para el desarrollo de una actitud crítica acerca de lo ocurrido durante la última dictadura militar, y, a partir de ello, se busca fomentar la valoración y defensa de estos como condición necesaria para la formación ciudadana (Municipio de Morón s.f.a).
Ambos espacios de memoria coinciden en los rasgos fundamentales de conmemoración, conservación, investigación, difusión y divulgación para la formación de una conciencia crítica acerca de los acontecimientos traumáticos que relatan y de la participación de la sociedad civil en estas discusiones.
Se trata de lugares que intentan propiciar, de alguna manera, una activación de la memoria a partir de la presentación de información al visitante, para que sea este quien elabore su propia interpretación sobre aquellos acontecimientos y para que, a partir de este ejercicio, pueda repreguntarse sobre el pasado a través de su propia subjetividad.
Ambos articulan lo que puede llamarse "patrimonio tangible e intangible" en relación con la construcción de una memoria colectiva que sea capaz de operar en el presente y en el futuro. En el caso español, se articula el patrimonio histórico en función de los desarrollos turísticos, y, en el caso del ex CCD Atila, es el patrimonio arqueológico el que vertebra el desarrollo del proyecto.
Existe en la visibilización de este patrimonio una "puesta en valor" que solo puede concretarse a partir de lo que Prats (2005) denomina proceso de negociación en el todo de la sociedad. En sus palabras:
A partir de la selección, la ordenación y la interpretación de los elementos, sitios o restos, el proceso de patrimonialización cobra sentido como resultado de una construcción asociada a una determinada política de memoria.
El lugar de memoria o el espacio memorial, en donde se realizan tareas específicas en torno a la activación de la memoria colectiva, inscribe ciertas características y relatos que sirven de vehículo para la construcción de una actitud crítica acerca del pasado; proceso complejo que anuda la subjetividad del visitante con la capacidad de narrar lo acontecido a través de la gestión de la memoria; es decir, a través de la aplicación de políticas de memoria que potencien los lugares seleccionados para la conmemoración y la denuncia de los hechos pasados y considerados como traumáticos para la sociedad. Como sostiene Todorov (2000), la utilización que puede hacerse del pasado motiva, abiertamente, acciones políticas, por lo que evidenciar en un lugar los restos del pasado implica una toma de posición, de decisión y asumir una postura ideológica.
Los "usos públicos de la historia" y la utilización política del pasado, como señala Mateos, requieren una reflexión profunda, ya que, al margen de la de memoria oficial, coexisten diversas memorias colectivas y, por tanto, culturas políticas. Para ello resulta decisivo "[...] el concepto de memoria dominante y memoria hegemónica. La política conmemorativa del grupo dirigente dominante puede ser incongruente con la memoria hegemónica de uno o varios grupos generacionales [...] de una formación política [...]" (Mateos 2007, 151, cursivas mías). Dicho esto, puede pensarse en la memoria colectiva como en una suerte de palimpsesto en el que, según en dónde se realice la escansión, se encuentran diversos sentidos, relatos y testimonios de un aspecto del pasado.
Cierre abierto
En el transcurso de este trabajo se ha querido dar cuenta de las conexiones entre política pública, lugar y memoria, tratando de precisar ciertas características de dos lugares de memoria: el ex CCD Atila, en el municipio de Morón, provincia de Buenos Aires, y el Memorial de la Batalla del Ebro, en España.
Si bien puede objetarse que cada uno corresponde a una particular forma de entender a la memoria, se considera que los dos se apoyan en estas categorías para efectivizarse en el plano de construir canales para activar la memoria acerca de un pasado determinado. En ambos casos, la instancia institucional y gubernamental les da la posibilidad de constituirse como tales; así ambos sitios se apoyan en la conmemoración y rememoración de las víctimas, al tiempo que conjugan en su especificidad el reclamo de justicia para con estas. Por otra parte, el trabajo permanente con las generaciones posteriores, que no vivieron los hechos violentos de ese pasado relatados por los lugares, adquiere un valor central para cada uno, como también la necesidad de proporcionar a los visitantes los elementos básicos para la construcción de una mirada crítica al pasado problemático.
Finalmente, la diferencia más acentuada entre ambos lugares de la memoria puede asociase con la escala territorial que abarcan: en el caso de la antigua Mansión Seré, la escala es municipal –aunque asociada a la política nacional sobre memoria, y teniendo en cuenta que, como ex CCD, las conexiones con otros sitios de tortura y de desaparición son evidentes–, y el centro de la actividad está direccionado a través del municipio. Por el contrario, el caso del memorial de la batalla del Ebro implica desplegar en el mapa territorial una interconexión entre diversos municipios, organismos y grupos de trabajo que trascienden el ámbito municipal.
Quedan, seguramente, un sinnúmero de interrogantes acerca de las vías utilizadas para repensar la memoria en torno a estos sitios. Entre ellos resultaría interesante reflexionar sobre si es posible patrimonializar la memoria (y hablar de museos de la memoria), y determinar si las actividades desarrolladas en estos sitios son suficientes para cubrir el amplio espectro de los eventos que tratan de denunciar, rememorar o conmemorar.
Creo que, en función de los recorridos particulares, se pueden pensar y recrear diversos sentidos del pasado en relación con ciertas prácticas y discursos que logran constituirse en estos lugares de la memoria. La puesta en escena de distintos recursos y la constante necesidad de nombrar lo silenciado, de sacar a la luz aquello que estaba oculto u olvidado pone en juego la subjetividad, la memoria (tanto individual como colectiva) y la práctica de una crítica reflexiva en torno a las narraciones del pasado que allí han sido esbozadas y que encuentran un andamiaje territorial para poder expresarse.
Los casos aquí presentados dan cuenta de una construcción compleja que enlaza planos institucionales, gubernamentales, culturales, políticos e históricos. Establecer la complejidad del proceso de construcción de estos sitios de memoria implica estar atentos a las narrativas de la(s) memoria(s) y a los recorridos diversos que entre pasado, presente y futuro pueden establecerse, que se confrontan constantemente con las subjetividades propias de cada visitante, quienes reactualizan esa memoria asociada a un lugar.
Pie de página
1Para el caso de la Mansión Seré, antiguo centro clandestino Atila, en Argentina. En el marco de la intervención estatal acerca de la concreción de políticas públicas de memoria, el sitio fue recuperado por el Municipio de Morón, a través de un largo proceso de lucha y negociación iniciado en 1999; allí funciona actualmente la Casa de la Memoria y la Vida, en la cual se desarrollan actividades tendientes a rememorar y conmemorar a las víctimas de la última dictadura militar en Argentina (1976-1983). El Proyecto Mansión Seré se inició con trabajos arqueológicos intensivos relacionados con la recuperación de la antigua casona, que funcionaba como CCD, y que fue incendiada en el periodo dictatorial y luego dinamitada a inicios del periodo democrático. Para profundizar al respecto, véase Área de Investigación de la Dirección de Derechos Humanos del Municipio de Morón (2006). Con respecto al caso del Memorial de la Batalla del Ebro, allí se construyen marcas particulares a través del desarrollo de visitas guiadas por espacios históricos y centros de interpretación que intentan relatar diversos aspectos de la Guerra Civil Española para articular la Batalla del Ebro y su especificidad en la memoria colectiva española. Véase el trabajo de Solé i Sabaté (2009), en el que se hace un desarrollo detallado de los aspectos descriptivos del memorial.Referencias
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