Esbozo genealógico de la sociología a la luz de la relación entre teoría y práctica: el caso del Departamento de Sociología de la Universidad Nacional de Colombia
Genealogical outline of sociology in light of the relationship between theory and practice: the case of the Department of Sociology at the National University of Colombia
Esboço genealógico da sociologia à luz da relação entre teoria e prática: o caso do Departamento de Sociologia da Universidade Nacional da Colômbia
DOI:
https://doi.org/10.15446/rcs.v47n2.113241Palabras clave:
enseñanza, práctica, profesionalización, sociología, teoría, Universidad Nacional de Colombia (es)actors of environmental assessment, theory, praxis, sociology, National University of Colombia, professionalization, teaching (en)
teoria, prática, sociologia, Universidade Nacional da Colômbia, profissionalização, ensino (pt)
En este artículo se analiza la evolución de la relación entre teoría y práctica a lo largo de las etapas definitorias de la historia del Departamento de Sociología de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL). En general, se argumenta que para el momento de su fundación teoría y práctica fueron concebidas como dimensiones complementarias se indiferenciadas del quehacer del/a sociólogo/a. Tal articulación estaría sustentada con base en la alineación de la disciplina con un proyecto de cambio sociopolítico coyuntural. Más tarde, producto de la transformación del campo revolucionario en la UNAL y la reforma al plan de estudios de Sociología, que buscó hacer de la disciplina “nacional, política y científica”, teoría y práctica comienzan a ser dimensiones diferenciadas e incluso opuestas del desenvolvimiento de la disciplina. Para entonces, la dimensión práctica de la sociología es vaciada de todo contenido y posibilidades de realización dada la incapacidad del Departamento de materializar integralmente su renovado proyecto de sociología y todo esto en medio de un contexto universitario y nacional contrario a la cualificación académica del discurso revolucionario. Finalmente, resultado de la creación de la Revista Colombiana de Sociología (RCS) y la reapertura de la Asociación Colombiana de Sociología (ASC), se gestó en el Departamento un proceso de tematización y flexibilización de la sociología. Durante este, si bien hubo una inclusión paulatina de la dimensión práctica de la sociología, esta no se realizó de manera tal que volviera la praxis sociológica un componente integral e indiferenciado de la teoría, como otrora lo fue, sino más bien un elemento análogo y diferencial dentro de la enseñanza de la profesión. Desde entonces, la dimensión teórica de la sociología se ha sostenido como el elemento preponderante dentro de la identidad sociocognitiva del Departamento, determinando en gran parte la manera como re-reproduce la enseñanza de la disciplina en esta unidad académica.
This article analyzes the evolution of the relationship between theory and practice throughout the defining stages of the history of the Department of Sociology at the National University of Colombia. Overall, it is argued that at the time of its foundation, theory and practice were conceived as complementary and undifferentiated dimensions of the sociologist's work. This articulation was based on the alignment of the discipline with a project of sociopolitical change. Later, because of the transformation of the revolutionary field at the National University of Colombia and the reform of the sociology curriculum, which sought to impart a "national, political, and scientific" emphasis to the discipline, theory and practice began to be differentiated and even opposed dimensions of the development of the discipline within and outside the Department. By then, the practical dimension of sociology was emptied of all content and possibilities of realization given the Department's inability to fully materialize its renewed sociology project, all in the midst of a university and national context contrary to the academic qualification of the revolutionary discourse. Finally, as a result of the creation of the Colombian Journal of Sociology (RCS) and the reopening of the Colombian Association of Sociology (ASC), a process of thematization and flexibilization of sociology was initiated in the Department. During this process, although there was a gradual inclusion of the practical dimension of sociology, it was not carried out in a way that sociological praxis returned to being an integral and undifferentiated component of theory, as it once was, but rather an analogous and differential element within the teaching of the profession. Since then, the theoretical dimension of sociology has remained the predominant element within the sociocognitive identity of the Department, largely determining how the teaching of the discipline is reproduced in this academic unit.
Neste artigo, analisa-se a evolução da relação entre teoria e prática ao longo das etapas definidoras da história do Departamento de Sociologia da Universidade Nacional da Colômbia. Em geral, argumenta-se que no momento da fundação do Departamento de Sociologia, teoria e prática foram concebidas como dimensões complementares e indiferenciadas do trabalho do sociólogo. Tal articulação esteve sustentada na alinhamento da disciplina com um projeto de mudança sociopolítica conjuntural de grande trascendência. Mais tarde, produto da transformação do campo revolucionário na Universidade Nacional da Colômbia e da reforma ao plano de estudos de sociologia com o Acordo 09 de 1969 do Conselho Superior Universitário, que buscou imprimir na sociologia um caráter “nacional, político e científico”, teoria e prática começaram a ser dimensões diferenciadas e até opostas do desenvolvimento da disciplina dentro e fora do Departamento de Sociologia. Por então, a dimensão prática da sociologia foi esvaziada de todo conteúdo e possibilidades de realização dada a incapacidade do Departamento de materializar integralmente seu renovado projeto de disciplina sociológica e tudo isso em meio a um contexto universitário e nacional contrário à qualificação acadêmica do discurso revolucionário. Finalmente, resultado da criação da Revista Colombiana de Sociologia (RCS) e da reapertura da Associação Colombiana de Sociologia (ASC), gerou-se no interior do Departamento um processo de tematização e flexibilização da sociologia. Durante este processo, embora tenha havido uma inclusão paulatina da dimensão prática da sociologia, isso não ocorreu de maneira a tornar a praxis sociológica um componente integral e indiferenciado da teoria, como foi durante sua fundação, mas sim um elemento análogo e diferencial dentro do ensino da profissão. Desde então, a dimensão teórica da sociologia tem sido o elemento predominante na identidade sociocognitiva do Departamento, determinando em grande parte a maneira como se reproduz o ensino da disciplina nesta unidade acadêmica até o dia de hoje.
Recibido: 29 de febrero de 2024; Aceptado: 3 de junio de 2024
Resumen
En este artículo se analiza la evolución de la relación entre teoría y práctica a lo largo de las etapas definitorias de la historia del Departamento de Sociología de la Universidad Nacional de Colombia (unal). En general, se argumenta que para el momento de su fundación teoría y práctica fueron concebidas como dimensiones complementarias e indiferenciadas del quehacer del/a sociólogo/a. Tal articulación estaría sustentada con base en la alineación de la disciplina con un proyecto de cambio sociopolítico coyuntural. Más tarde, producto de la transformación del campo revolucionario en la unal y la reforma al plan de estudios de Sociología, que buscó hacer de la disciplina “nacional, política y científica”, teoría y práctica comienzan a ser dimensiones diferenciadas e incluso opuestas del desenvolvimiento de la disciplina. Para entonces, la dimensión práctica de la sociología es vaciada de todo contenido y posibilidades de realización dada la incapacidad del Departamento de materializar integralmente su renovado proyecto de sociología y todo esto en medio de un contexto universitario y nacional contrario a la cualificación académica del discurso revolucionario. Finalmente, resultado de la creación de la Revista Colombiana de Sociología (rcs) y la reapertura de la Asociación Colombiana de Sociología (asc), se gestó en el Departamento un proceso de tematización y flexibilización de la sociología. Durante este, si bien hubo una inclusión paulatina de la dimensión práctica de la sociología, esta no se realizó de manera tal que volviera la praxis sociológica un componente integral e indiferenciado de la teoría, como otrora lo fue, sino más bien un elemento análogo y diferencial dentro de la enseñanza de la profesión. Desde entonces, la dimensión teórica de la sociología se ha sostenido como el elemento preponderante dentro de la identidad sociocognitiva del Departamento, determinando en gran parte la manera como re-reproduce la enseñanza de la disciplina en esta unidad académica.
Palabras clave
enseñanza, práctica, profesionalización, sociología, teoría, Universidad Nacional de Colombia, Colombia, educación, Universidad.Descriptores
Colombia, educación, sociología, Universidad.Abstract
This article analyzes the evolution of the relationship between theory and practice throughout the defining stages of the history of the Department of Sociology at the National University of Colombia. Overall, it is argued that at the time of its foundation, theory and practice were conceived as complementary and undifferentiated dimensions of the sociologist's work. This articulation was based on the alignment of the discipline with a project of sociopolitical change. Later, because of the transformation of the revolutionary field at the National University of Colombia and the reform of the sociology curriculum, which sought to impart a "national, political, and scientific" emphasis to the discipline, theory and practice began to be differentiated and even opposed dimensions of the development of the discipline within and outside the Department. By then, the practical dimension of sociology was emptied of all content and possibilities of realization given the Department's inability to fully materialize its renewed sociology project, all in the midst of a university and national context contrary to the academic qualification of the revolutionary discourse. Finally, as a result of the creation of the Colombian Journal of Sociology (rcs) and the reopening of the Colombian Association of Sociology (asc), a process of thematization and flexibilization of sociology was initiated in the Department. During this process, although there was a gradual inclusion of the practical dimension of sociology, it was not carried out in a way that sociological praxis returned to being an integral and undifferentiated component of theory, as it once was, but rather an analogous and differential element within the teaching of the profession. Since then, the theoretical dimension of sociology has remained the predominant element within the sociocognitive identity of the Department, largely determining how the teaching of the discipline is reproduced in this academic unit.
Keywords
National University of Colombia, practice, professionalization, sociology, teaching, theory, Colombia, curriculum, social theory.Descriptors
Colombia, curriculum, sociology, social theory.Resumo
Neste artigo, analisa-se a evolução da relação entre teoria e prática ao longo das etapas definidoras da história do Departamento de Sociologia da Universidade Nacional da Colômbia. Em geral, argumenta-se que no momento da fundação do Departamento de Sociologia, teoria e prática foram concebidas como dimensões complementares e indiferenciadas do trabalho do sociólogo. Tal articulação esteve sustentada na alinhamento da disciplina com um projeto de mudança sociopolítica conjuntural de grande trascendência. Mais tarde, produto da transformação do campo revolucionário na Universidade Nacional da Colômbia e da reforma ao plano de estudos de sociologia com o Acordo 09 de 1969 do Conselho Superior Universitário, que buscou imprimir na sociologia um caráter “nacional, político e científico”, teoria e prática começaram a ser dimensões diferenciadas e até opostas do desenvolvimento da disciplina dentro e fora do Departamento de Sociologia. Por então, a dimensão prática da sociologia foi esvaziada de todo conteúdo e possibilidades de realização dada a incapacidade do Departamento de materializar integramente seu renovado projeto de disciplina sociológica e tudo isso em meio a um contexto universitário e nacional contrário à qualificação acadêmica do discurso revolucionário. Finalmente, resultado da criação da Revista Colombiana de Sociologia (rcs) e da reapertura da Associação Colombiana de Sociologia (asc), gerou-se no interior do Departamento um processo de tematização e flexibilização da sociologia. Durante este processo, embora tenha havido uma inclusão paulatina da dimensão prática da sociologia, isso não ocorreu de maneira a tornar a praxis sociológica um componente integral e indiferenciado da teoria, como foi durante sua fundação, mas sim um elemento análogo e diferencial dentro do ensino da profissão. Desde então, a dimensão teórica da sociologia tem sido o elemento predominante na identidade sociocognitiva do Departamento, determinando em grande parte a maneira como se reproduz o ensino da disciplina nesta unidade acadêmica até o dia de hoje.
Palavras-chave
ensino, prática, profissionalização, sociologia, teoria, Universidade Nacional da Colômbia, Colômbia, educação, universidade.Descritores
Colômbia, educação, sociologia, universidade.Introducción: una inquietud inexplorada
Cada generación debe escribir de nuevo la historia de la sociología, de su pasado sociológico. Esto no quiere decir naturalmente que cada generación debe comenzar de nuevo, sino que cada generación debe renovar y enriquecer su pasado sociológico.
Gabriel Restrepo Foreno
El objetivo del presente artículo es analizar las condiciones institucionales que han demarcado la formación en el Departamento de Sociología1 de la Universidad Nacional de Colombia desde la óptica de la evolución de la relación entre teoría y práctica2. La historia de la sociología y del Departamento es un proyecto inacabado, que debe retomarse periódicamente, no en pro de la acumulación o reproducción estéril, sino a la luz del cuestionamiento y la resignificación del presente a través del pasado. Es justamente bajo esta óptica que se construye el presente artículo, teniendo en cuenta que la persistencia de la relación entre teoría y práctica como tema de controversia recurrente es lo suficientemente significativa para sospechar la existencia de una problemática subyacente a la disciplina que demanda ser (re)descubierta.
Fundación del Departamento de Sociología: grandes proyecciones profesionales en un limitado contexto sociopolítico
La apertura del Departamento de Sociología en 1959 fue la “realización práctica” (Cataño, 2005, p. 156) del proceso de emergencia del pensamiento sociológico en Colombia, al demarcar el tránsito de una primera etapa de germinación y crecimiento de la sociología a una segunda etapa de reproducción. Este momento no es menor; siguiendo a Jaime Jaramillo Uribe, “dentro del proceso de avance y complejidad de la actividad científica, la profesionalización […] constituye una de sus más importantes etapas” (1970, p. 260). Mientras que los demás programas de Sociología que también dieron apertura hacia 1959 en Colombia surgieron de una decisión burocrática3, el programa de Sociología de la Universidad Nacional de Colombia (unal) contó con Fals Borda y Camilo Torres como los protagonistas de su fundación. Esto hizo que el programa estuviera animado por el espíritu particular de sus fundadores en lo que respecta a su visión de la sociología, grabándole una impronta vanguardista al ser tomado como modelo a seguir4.
En el Departamento se buscaba cualificar “recursos humanos” con habilidades para el diseño de estrategias de planeación social y que realizaran proyectos de cambio (Cataño, 1980, p. 54). Ese propósito estaba en directa relación con la coyuntura del Frente Nacional en su demandaba por cambios profundos a nivel político, económico y social (Asociación Colombiana de Sociología, 1980, p. 11). Tanto Fals Borda como Camilo Torres, en conjunto con la primera generación de docentes, “aspiraban a demostrar que la sociología podía acelerar el cambio social con el uso de la investigación, la consejería, la extensión universitaria y un nuevo modelo de convivencia de creencias diferentes” (Restrepo y Restrepo, 1997, p. 5). Para ello, el programa de sociología se definió haciendo énfasis en el carácter instrumental de esta ciencia; esto es, en su utilidad para el diagnóstico y análisis de los problemas sociales y la proposición de soluciones lo menos traumáticas posibles. Ello se tradujo en una formación que incentivaba la investigación aplicada, a través de la enseñanza de metodologías y técnicas de investigación social, las mismas empleadas en Estados Unidos y Europa, así como en el desarrollo de habilidades para su adaptación a las realidades de la sociedad colombiana (Cataño, 1980, p. 54; Oñate, 2012, p. 8; Restrepo y Restrepo, 1997, pp. 73-74).
Rápidamente, producto de una suerte de afinidad electiva, la sociología de esta unidad logró alinear los propósitos desarrollistas del Estado colombiano con los estándares globales de las ciencias sociales5. No fue difícil, pues, su aprovechamiento, o cuando menos su aceptación, por parte de las instituciones oficiales del país; así como tampoco el establecimiento de alianzas con organismos internacionales en la búsqueda de financiación6 y la construcción de redes transnacionales de conocimiento para la conformación de una comunidad sociológica interdisciplinar e internacional (Cataño, 1980, pp. 54-57; Restrepo y Restrepo, 1997, pp. 9-10).
El primer lustro de la década de 1960 marcó, pues, un primer hito para la reproducción de la sociología profesional con el Departamento liderando ese proceso. Se podría decir que el espíritu del pensamiento sociológico, tal como se concibió en la etapa anterior, se mantuvo inalterado en esta etapa7. La sociología se institucionalizó como una profesión articulada a un proyecto político de trasformación social. La idoneidad de la teoría estaba determinada, más que por su capacidad de síntesis de las tendencias sociales, por su utilidad práctica para indicar el camino más conveniente para el tránsito hacia nuevas formas de sociedad, idealmente hacia una más justa y democrática. Lo anterior se condensa en un prospecto de la entonces Facultad de Sociología, en el que se diferencia el carácter “puro” y “aplicado” de la disciplina. Mientras que como ciencia pura la sociología trataría de “entender la organización y la estructura de la sociedad, así como los procesos mediante los cuales se opera el cambio social y cultural”, como ciencia aplicada indicaría “el camino para alcanzar tales cambios con un mínimo de traumas” (Cataño, 1980, p. 55). No habría en los sociólogos alrededor del Departamento ninguna escisión entre teoría y práctica; ambas eran un soporte entre sí, siendo su diferenciación más bien un fundamento analítico en lugar del reflejo de una actividad fragmentada del sociólogo en la realidad.
Luego, pese a su carácter más bien técnico y reformista, el Departamento un fue hasta cierto grado una suerte de “punta de lanza” del espíritu tradicionalista y conservador presente aún dentro y fuera de la universidad (Rudas, 2019, pp. 44-45). En la Universidad Nacional, más allá del inevitable halo de modernidad y heterodoxia que rodeaba a la sociología resultado de la novedad de su oferta como opción de formación profesional, algunas de las dinámicas de su comunidad eran vistas con desconfianza o incluso tomadas como transgresiones (Restrepo y Restrepo, 1997, p. 11; Rudas, 2019, p. 44). Por un lado, las convenciones de formalidad y jerarquía de la universidad fueron trasformadas al interior del Departamento por parte de sus estudiantes y profesores, creando nuevos significados y estrategias en su interacción con la academia y la vida universitaria8. Al mismo tiempo, de cara al exterior de la universidad, el Departamento llegó a generar ruido con algunas de sus contribuciones, las cuales alcanzaron una connotación contestataria o de denuncia. El referente más destacado en ese sentido fue la publicación del primer tomo de La violencia en Colombia en 1962, cuyo carácter académico ciertamente no opacó su sentido contestatario para algunas de las autoridades políticas del momento9 (Valencia, 2019, citado en Rudas, 2019, p. 45).
Ciertamente, análogamente al proceso de institucionalización de la sociología se gestaban en el país y al interior de la Universidad Nacional particulares tensiones políticas y sociales con repercusiones para la misma. Por un lado, el movimiento estudiantil, que venía de un momento de expansión durante la década de 1950, ingresaba a una etapa de agitación con el inicio de los años sesenta10. Por otro lado, contrario a lo esperado, el inicio del Frente Nacional en realidad no conllevó a una apertura democrática que incorporara las demandas de los distintos grupos sociales. Detengámonos un momento en esto.
Con la instauración del Frente Nacional, los mecanismos y espacios institucionales de participación política de los partidos tradicionales fueron estrechándose a tal nivel que resultaron incapaces de incorporar las demandas sociales emergentes desde sectores alternativos (Buitrago, 1980, pp. 267-271; Rudas, 2019, pp. 59-60). Esto incluyó a las clases medias de la Universidad Nacional, pues, si bien la actividad estudiantil hasta comienzos de los años sesenta reproducía las divisiones partidistas existentes, con el viraje de la universidad hacia una institución de “masas”11 ( Cataño, 1980, p. 65), los sectores ahora incorporados a la educación superior comenzaron a movilizar expectativas de cambio a través de medios distintos a los que la limitada y rígida estructura del monopolio bipartidista permitía. Rápidamente, los intentos de conectarse políticamente gestados al interior de la unal entraron en contradicción con el formalismo del Frente Nacional, cuya oposición se volvía cada vez más transgresiva dada la “maniquea visión de subversión que cualquier informalidad política representaba para los guardianes de la patria” (Buitrago, 1980, p. 277).
En este punto, los amplios y diversos sectores sociales aglutinados al interior de la universidad “entendieron que sus demandas materiales solo podrían materializarse sustituyendo el sistema político en una ruptura revolucionaria” (Rudas, 2019, p. 60). Este fue el momento decisivo que comenzó a proyectar un talante revolucionario de los miembros de la unal partícipes de las distintas organizaciones del movimiento estudiantil por sobre cualquier inclinación reformista. De ese modo, fue emergiendo en el movimiento estudiantil un sentimiento de desdén por la estructura política fuera de la universidad. Ello trajo consigo la escisión entre “el mundo político universitario y el espacio de poder del resto de la sociedad, ya que el primero construía proyectos ideales de cambio y de revolución, mientras que el segundo alimentaba el distanciamiento estudiantil”12 ( Buitrago, 1980, p. 277).
La primera mitad de los años sesenta representó así un momento de arranque de varios procesos que continuaron en lo que siguió de la década y que desembocaron en la transformación del campo revolucionario de la unal hacia los años setenta. Autores como Buitrago (1980) delimitan este momento como el inicio del ocaso del movimiento estudiantil. Sin embargo, lejos de representar su desaparición, esto se refiere más bien al ocaso de los fundamentos organizadores de su estructura y acciones iniciales producto del paulatino abandono de una concepción militante de la universidad por una que la posicionaba cada vez más como un escenario adicional de la lucha contra el Estado.
Esta coyuntura de cambio puede ser leída a través de la relación entre revolución y academia. Inicialmente, la militancia en la UNAL potenciaba la academia; “el militante tenía que probar que podía ser el mejor de su curso y darse la autoridad intelectual para responder al desafío del momento: la caracterización adecuada de la sociedad colombiana” (Rudas, 2019, p. 102). Al mismo tiempo, el discurso revolucionario y sus promotores gozaban de amplia legitimidad y reconocimiento al interior de la universidad, consolidando un vínculo relativamente orgánico entre la vida académica y la política revolucionaria. Sin embargo, con el tránsito del movimiento estudiantil hacia la crítica del sistema político y los límites del sistema de participación política del Frente Nacional, el vínculo entre academia y militancia comenzó a dislocarse.
Esta relación entre academia y militancia encuentra un correlato en la articulación entre teoría y práctica. Para el caso del Departamento de Sociología, la militancia política representaba la posibilidad de desplegar la dimensión práctica de la disciplina, al tiempo que se esperaba que su dimensión teórica la cualificara. Militar en el movimiento estudiantil permitía conectar el sentido comprensivo y realizativo de la disciplina en un proyecto concreto de trasformación social. Empero, los cambios deseados y los medios para realizarlos comenzaron a resultar incompatibles con esa “gradual reforma”13 esperada de la sociología desde el propio germen del pensamiento sociológico. Como resultado, la conexión entre la teoría y la práctica empezó a percibirse como menos directa e incluso prescindible, lo que propició el surgimiento de formas distintas de comprender y enfrentar esta doble existencia de la sociología.
No es casual que dos de los sucesos que representaron el divorcio entre academia y militancia política tuvieran lugar en el seno del Departamento de Sociología entre 1955 y 1966. El primero fue el enlistamiento de Camilo Torres al Ejército de Liberación Nacional (eln), poco después de haber fundado el Movimiento “Frente Unido”14, y quien prontamente fue dado de baja. El segundo fue el veto y la posterior renuncia de Orlando Fals Borda como docente del Departamento15. Estos fueron los eventos que demarcaron el principio del fin de esta segunda etapa de reproducción de la sociología, que comienza con la fundación del Departamento y termina con su refundación.
Refundación del Departamento: tabula rasa de un proyecto inacabado
El segundo lustro de la década de los sesenta trajo consigo un marchitamiento de los logros alcanzados en los primeros años del Departamento. Si bien la labor acumulada hasta entonces había contribuido a impulsar algunos programas de desarrollo social, como la Reforma Agraria, lo que parecía ser un progreso continuo y firme en realidad tuvo lugar sobre bases institucionales aún no sedimentadas, no logrando resistir las convulsiones de la década en marcha (Cataño, 2005, p. 74). Se trató de un periodo de crisis en la que parte significativa de la comunidad alrededor de esta unidad se volvió contra el carácter empírico y reformista de la disciplina, impulsando un proceso de reforma del programa que buscó hacer tabula rasa de lo construido hasta entonces.
Ante la imposibilidad de materializar los cambios anhelados a través de los canales institucionales en pleno momento de ampliación y diversificación de la estructura de clase de los estudiantes, un nuevo inconformismo de tipo “utópico” emergió y tomó fuerza. Se trató de un deseo de cambio fuertemente altruista, emprendido a través de bases solidarias, pero no fundamentado en el conocimiento “auténtico” de la realidad. Este inconformismo sería incompatible con el espíritu del Departamento16. Y es que, conjugadas la imposibilidad de materializar los proyectos de cambio anhelados, un efervescente discurso revolucionario que desdeñaba las iniciativas reformistas y un significativo cerramiento de la institucionalidad política, se crearon las condiciones para el cuestionamiento interno del sentido de la sociología y la desestimación de los logros de sus anteriores promotores. Particularmente, la crítica se dirigió hacia la legitimidad de la sociología desarrollada hasta entonces como ciencia autónoma, libre de las determinaciones de los grandes centros de poder, no solo en su agenda, sino en la propia manera de asumir la disciplina17.
En medio de este contexto, el Departamento comenzó un proceso de retracción. Con la ruptura de sus vínculos con el exterior y la consecuente pérdida de financiación, la planta docente se transformó. La mayoría de docentes que asistieron a la fundación del Departamento o que fueron vinculados en calidad de profesores visitantes se retiraron paulatinamente y no siempre bajo las mejores condiciones18. Al mismo tiempo, nuevos profesores ingresaron como reemplazo, usualmente jóvenes egresados del mismo Departamento, aunque sin significativa experiencia docente o investigativa (Cataño, 1980, p. 61). Esta renovada generación de profesores, junto con las nuevas cohortes de estudiantes, fueron los principales propulsores de la reforma al plan de estudios del Departamento, materializada en el Acuerdo 09 de 1969 del csu de la unal. Esta reforma, lejos de representar el desenlace de un proceso de cohesión de la comunidad del Departamento, sería la cristalización de su cisma19. Se trató de una fractura que incidió no solo en la clausura del Programa Latinoamericano de Estudios para el Desarrollo (Pledes), sino también en la disolución de la Asociación Colombiana de Sociología (Restrepo y Restrepo, 1997, p. 13).
Los fundamentos que guiaron la definición del nuevo plan de estudios fueron consignados en el documento “Neocolonialismo y sociología en Colombia: un intento de respuesta”, consolidado por varios docentes del Departamento20. En este, el estilo de sociología trasmitido hasta entonces fue desestimado por su identificación con la sociología estadounidense, considerándola un apéndice del positivismo y del pragmatismo norteamericanos; criticando además su énfasis microsociológico y su carácter reformista, porque no conllevaban a ninguna acción verdaderamente revolucionaria de las estructuras originadoras de los problemas sociales o tan siquiera a su comprensión (Escobar y Guizado, 1999, p. 29; V. M. Gómez, 2010, p. 14; Restrepo y Restrepo, 1997, p. 12). De acuerdo con sus detractores, la sociología del Departamento un hasta entonces había sido una forma de penetración del imperialismo alineado con los intereses de las elites nacionales, causante de un gran malestar entre los y las estudiantes, quienes se encontrarían en una situación de dominación intelectual (Cataño, 2005, p. 74; Restrepo y Restrepo, 1997, p. 27). No es difícil entrever que el espíritu de la crítica a la sociología del Departamento fue más ideológico y político que científico o investigativo.
El anhelo del nuevo plan de estudios fue configurar una sociología “nacional, científica y política”. Nacional por la responsabilidad de estudiar los problemas propios de la realidad colombiana y derivar de estos una teoría propia; científica porque se abría al estudio crítico de los grandes pensadores de la disciplina sociológica; y política por la vocación de transformar el Estado mediante el conocimiento (Restrepo y Restrepo, 1997, p. 13). Para ello, se concibió un plan de estudios que ponía el acento en la formación de sociólogos capaces de describir, explicar y prever el país, esperando que emprendieran la tarea de “asimilar críticamente el pensamiento sociológico mundial […] en un proceso que requería estudiar literalmente todo el pensamiento social contemporáneo y, si fuere posible, probar su validez epistemológica en el examen de nuestra realidad” (Restrepo y Restrepo, 1997, pp. 28-29). En la práctica, ello se tradujo en el reemplazo de los cursos centrados en los aspectos prácticos de la sociología, como los métodos y técnicas de investigación, por asignaturas asociadas con la filosofía de la ciencia, los problemas gnoseológicos y epistemológicos de la investigación social, así como con la teoría marxista y la economía política (Cataño, 1980, p. 62, 2005, p. 75).
La premisa que impulsó y definió el diseño de la reforma es que la sociología del Departamento solo podría igualarse con la de los grandes centros de pensamiento y responder a los desafíos del país apropiadamente, una vez brotara y se asentara en su seno una concepción autónoma de la disciplina, como resultado natural de la asimilación de las bases fundacionales de la sociología en la historia de la sociedad moderna. Sin embargo, este renovado ideal de sociología engendró consecuencias no buscadas. La asimilación crítica de la tradición sociológica devino en exégesis piadosa de los clásicos de la ciencia social moderna y el estudio de las teorías se convirtió en una retórica sobre las bondades y limitaciones de estas, sin llegar a confrontarlas con la realidad colombiana. Paradójicamente, lo que comenzó como un impulso emancipador, pronto se convirtió en una “servidumbre intelectual” incluso mayor a la que anteriormente se le había criticado al primer plan de estudios, por lo que el resultado fue una pérdida del objeto y de la perspectiva de la disciplina por parte de sus propios practicantes (Cataño, 1980, p. 78, 2005, pp. 78-79).
Lo anterior fue acaso el mayor punto de inflexión en la relación entre teoría y práctica en la sociología del Departamento un. Por primera vez se introduce de manera específica y tácita la diferenciación entre la dimensión práctica y la dimensión teórica de la sociología; ya no era una simple diferenciación analítica que pretendía distinguir de algún modo las particulares facetas de la sociología para comprenderla, sino un elemento determinante y diferenciador de su reproducción21. Si bien el proyecto de una sociología nacional, científica y política articulaba ambas dimensiones de manera orgánica, en la realidad solo se materializó a medias, logrando realizar únicamente, o especialmente, el carácter científico de la disciplina. La reforma, en tanto pretendió purgar al Departamento un de cualquier influencia extranjera, no pudo sino plantear un “nuevo comienzo”, una “refundación” en todo caso, haciendo tabula rasa del ideal de sociología que hasta el momento se había impulsado junto con sus logros22.
El resultado de todo lo anterior no pudo ser otra cosa que la composición de un medio contradictorio y desalentador para los estudiantes. Contradictorio porque mientras el proyecto de sociología promulgada la articulación entre la teoría y la práctica de la sociología, en la realidad limitó a los estudiantes a una labor más intelectual que investigativa. Y desalentador porque, en tanto el nuevo estilo de sociología impugnó los avances de la disciplina hasta entonces, delegó en las nuevas generaciones la tarea de probar una vez más que la sociología, en su nueva configuración, era una ciencia legítima y útil.
Si bien el objetivo de la sociología nacional, científica y política era construir una teoría conectada con la realidad colombiana, la asimilación de los conceptos, los problemas y las teorías propias de la ciencia social occidental dejó de ser un eslabón más en la cadena del quehacer sociológico, para convertirse en el objeto mismo de su ocupación. Siguiendo a Cataño, “profesores y estudiantes se dedicaron con tal ahínco a la labor de interpretación y exégesis […] que por un momento llegó a confundirse su estudio con los objetivos mismos de la sociología” (1980, p. 73). No es de extrañar, pues, que el nuevo plan de estudios quedara a medio camino de la asimilación de la teoría sociología y la derivación de un cuerpo de teorías aplicable al contexto colombiano. Este no es un problema menor; ya Salvador Camacho Roldán advertía, cuando el pensamiento sociológico estaba aún en su etapa embrionaria, que “la asimilación del pensamiento europeo no podría sustituir el conocimiento directo de nuestras condiciones nacionales. De otra forma, se incurriría en errores irremediables; o la teoría, así trasplantada a terrenos diferentes, no fructificaría” (Universidad Nacional de Colombia, 2010, p. 165).
La sociología nacional, política y científica in partibus infidelium
Con el cambio de década, todos los ingredientes puestos en juego desde la segunda mitad de los años sesenta materializaron una modificación en el campo revolucionario de la unal. En términos de Rudas (2019), la universidad pasó de ser una “institución militante” a ser una “universidad en guerra”23. Anteriormente, la violencia en el campus se centraba en hegemonizar y homogenizar el discurso público entre su comunidad académica. En esta nueva etapa, no obstante, las demandas del movimiento estudiantil rebasaron los marcos del ámbito institucional universitario y su relación con las guerrillas insurgentes se trasformó, dejando de ser un agente para la difusión del discurso revolucionario o foco para el reclutamiento, a ser un apéndice mismo para el despliegue de la guerra contra el Estado dentro de la universidad (pp. 98-134). Fue en este periodo, que va desde los años setenta hasta finales de los años ochenta, que la Universidad Nacional padeció la violencia revolucionaria con mayor intensidad y que la vida democrática al interior de su campus fue erosionada como nunca.
Bajo este contexto, dos fenómenos conexos se consolidaron al interior de la universidad, con significativo impacto para el Departamento. Primeramente, si bien el discurso revolucionario se extendió con bastante fuerza, llegando incluso a penetrar en el estamento docente24, con las nuevas dinámicas de violencia este perdió parte de su respaldo entre la comunidad académica. Luego, en parte como resultado de lo anterior, el movimiento estudiantil experimentó una descomposición organizativa que no solo debilitó su capacidad autorreguladora de sus acciones violentas, sino que también redujo su proclividad negociadora con las autoridades de la universidad y del Estado (Rudas, 2019, pp. 134-135). Resultado de lo anterior fue la definitiva separación entre academia y militancia política. Las nuevas lógicas y acciones de la militancia revolucionaria resultaban incompatibles con el carácter civil y académico de la unal, incluyendo al Departamento de Sociología, que si bien propendía por la trasformación social, defendió siempre su realización mediante medios pacíficos y democráticos. Si antes la militancia salvaba a la academia, ahora era lo opuesto25.
En el Departamento un, la separación entre academia y militancia tuvo lugar a partir de su “enconchamiento” tanto al interior como al exterior de la universidad (Restrepo y Restrepo, 1997, p. 30). Por un lado, con la reforma al plan de estudios realizada años atrás, la sociología del Departamento, concentrada ahora en la aprehensión de la teoría sociológica, se alejó de la búsqueda de la transformación social radical a corto plazo, ya que esta no se sustentaba sobre bases académicas, civiles y democráticas. Por otro lado, pese al alejamiento de las formas radicales de reivindicación revolucionaria, irónicamente, el ideario de trasformación social característico de la unal, que se manifestó con mayor fuerza en las ciencias sociales y humanas durante la década anterior, comenzó a ser calificado de subversivo y revolucionario. Esto, entre otras cosas, provocó el inicio de un proceso de movilidad profesional descendente. Los sociólogos y sociólogas del Departamento comenzaron a ser considerados “agitadores”, y tanto instituciones oficiales como el sector privado “tendieron a elegir otros profesionales que se esperaba valoraran mucho más sus habilidades técnicas que sus consideraciones sobre la organización de la sociedad” (Cataño, 1980, pp. 68-70).
A la larga, el Departamento entró en una etapa de “sobrevivencia”, que comenzó con la clausura de la unal por casi dos años, entre 1972 y 197326. Aún luego de su reapertura, el Departamento un permaneció en un estado de relativa inactividad, manteniendo una baja productividad académica durante toda la década en comparación con sus primeros años. En general, la interrelación entre teoría y práctica no sufrió modificaciones aparentes en el trascurso de este periodo; de hecho, el Departamento continuó el proceso de asimilación y exégesis de la teoría sociológica moderna. Empero, lo que sí cambió con el proceso de movilidad profesional descendente, fue la configuración de un contexto más desfavorable para cualquier aplicabilidad práctica de la sociología, reduciéndose cada vez más la posibilidad de poner en práctica la disciplina en una ocupación laboral concreta fuera de la universidad.
Ahora bien, bajo este contexto, ¿cómo leer la relación entre teoría y práctica abarcando la etapa de profesionalización y posterior reforma de la sociología del Departamento? Para dar una respuesta, es necesario tener en cuenta que análogo al desenvolvimiento del campo revolucionario en la unal, distintos procesos de resistencia se gestaron también en su interior. Siguiendo el trabajo de Rudas sabemos que dichas resistencias se configuraron alrededor de dos “libretos”. El primero es el de la legitimidad, el cual buscaba señalar la violencia revolucionaria como un fenómeno reducido y marginal que no reflejaba las aspiraciones generales de la comunidad universitaria. El segundo es el libreto de la cualificación cuya lógica discursiva presentaba la violencia revolucionaria como una acción que no cumplía los estándares de “calidad” del discurso público propios de una institución académica (2019, p. 87).
Con esto en mente, la hipótesis que sostengo es que la restructuración del plan de estudios de sociología se pretendió como un mecanismo para hacer frente a las resistencias basadas en el libreto de la cualificación que, no obstante, resultó inefectivo porque para entonces las dinámicas del campo revolucionario ya se habían transformado27. Lejos de ser un propósito modesto, la cualificación del discurso revolucionario era un objetivo de gran trascendencia; después de todo, las resistencias sustentadas en el libreto de la cualificación eran las que verdaderamente cuestionaban la autolegitimación del discurso revolucionario como expresión intelectual vanguardista (Rudas, 2019, p. 87). Recordemos que, en los primeros años de la década del sesenta, el inconformismo estudiantil implicaba un deseo de cambio sustentado en el conocimiento racional y objetivo de los problemas de la realidad. Fue este “inconformismo científico” el sentimiento subyacente que animó el proyecto de sociología nacional, científica, política, y que era en gran medida afín con los propósitos del discurso revolucionario durante esta primera etapa, la de la universidad militante, pues pretendía la transformación profunda de las estructuras de la sociedad colombiana, pero a partir de una labor que concluyera en el fortalecimiento sectorial y académico, primero del Departamento de Sociología y luego de la unal en su conjunto.
Sin embargo, como ya lo vimos, para el momento en que la reforma se estaba gestando e implementando al interior del Departamento, la lógica organizadora del campo revolucionario en la institución a su vez se estaba transformando. En principio, el anhelo de transformación social presente en el movimiento estudiantil ya no estaba constituido sobre un inconformiso científico, sino sobre una perspectiva “utópica”, para la cual el conocimiento de la realidad no era necesario para actuar sobre esta con efectividad. Este fue, de hecho, el punto nodal de la ruptura entre el mundo de la academia y el mundo de la militancia revolucionaria. Justamente por eso, la introducción del nuevo tipo de sociología no podía sino fracasar en su propósito de cualificar el discurso revolucionario de su comunidad académica a través de la incorporación del análisis de los problemas de la sociedad desde una perspectiva profunda y estructural. Después de todo, durante la “universidad en guerra”, el discurso revolucionario no se legitimaba ya por su carácter vanguardista dentro del medio académico de la universidad, sino por su efectividad como elemento movilizador de actos de coacción contra el Estado.
Es este contexto el que explica parcialmente la incapacidad de la sociología del Departamento para consolidarse como política y nacional al tiempo que científica, lo que es lo mismo que articular teoría y práctica. Por donde se la mire, durante el periodo que va desde finales de la década de los sesenta y gran parte de los setenta, la sociología del Departamento fue una ciencia in partibus infidelium 28. El medio en que la renovada concepción de la disciplina se iba a desenvolver fue penetrado y transformado por nuevas lógicas, tanto dentro como fuera de la universidad, obligándola a “huir” replegándose en sí misma ante la imposibilidad de penetrar en este. Y aunque persistieron “creyentes” de la sociología nacional, política y científica, estos no pudieron consolidarse como una comunidad de practicantes, en tanto las nuevas lógicas de la “universidad en guerra” lo impidieron. De este modo, estudiantes y profesores del Departamento un perdieron su “sede” tanto dentro del campo revolucionario de la unal como fuera en la institucionalidad oficial del Estado; esto es, literalmente su “jurisdicción”, el lugar donde les correspondía decir su saber. Por tanto, durante ese periodo la sociología del Departamento no dijo nada, cultivó el saber sociológico, pero sin poderlo aplicar a nada. La sociología fue entonces nacional, científica y política, pero solo de manera honorífica; se trató de un rotulo sin sustancia. Y ello por supuesto contribuyó entre los estudiantes a una ilegibilidad del desenvolvimiento de la relación entre teoría y práctica de la sociología que el nuevo plan de estudios configuró29.
En este punto, la sociología del Departamento perdió dos características que habían estado presentes desde la formación del pensamiento social en Colombia y aseguraban la articulación entre su dimensión aplicada y analítica. Para comenzar, la disciplina ya no estaba ligada a un proyecto de construcción del Estado en el marco de una tendencia política coyuntural, a pesar de que el tiempo que va desde la década de los setenta hasta finales de los noventa fue un periodo de crisis para este, principalmente por la escalación y ampliación del conflicto armado interno. Más lejos, desde la reforma, la sociología se planteó ya no como una ciencia que pretendía que la trasformación de la sociedad colombiana se llevara a cabo de manera gradual y sin traumatismos, sino que buscaría justamente una trasformación profunda en las estructuras políticas, sociales y económicas.
Todo lo anterior, en términos de la relación entre teoría y práctica, implicó una pérdida de las condiciones favorables, sino necesarias, para la aplicabilidad del conocimiento sociológico en la realidad. Este conocimiento era otrora un puente entre teoría y práctica, haciendo no solo posible su conexión y garantizando su mutua determinación, sino facilitando también un tránsito fluido, casi natural e indisociable, entre estas dos dimensiones de la sociología. Luego, en cambio, la sociología del Departamento se vio compelida a la generación y acumulación de conocimiento; y es que, en su viraje hacia una labor sobre todo comprensiva de la tradición sociológica occidental, por primera vez pudo permitirse, con relativa libertad, no estar articulada con un propósito instrumental de cara a la realidad sociopolítica. Herbert Spencer comenta que para que la sociología prospere no hay que esperar nada de ella y al mismo tiempo ofrecerle todo. El caso del Departamento cala justamente allí. Y es que el ideal de sociología nacional, científica y política fue tal que se esperó mucho de ella mientras se le ofreció poco, o al menos no lo suficiente como para realizar las expectativas depositadas en ella.
La conclusión abierta de la sociología
Finalmente, con el tránsito de la década de los setenta a la de los ochenta, el Departamento de Sociología entró en un periodo de resurgimiento e integración de la comunidad sociológica, que aún se mantiene hoy día. Los dos eventos conexos que demarcaron un impulso de recomposición de la comunidad del Departamento un y de reafirmación de su identidad sociocognitiva fueron la reapertura de la Asociación Colombiana de Sociología (acs) y la creación de la Revista Colombiana de Sociología (rcs) en 197930. Ciertamente, para entonces, la sociología presenció un crecimiento más orgánico en el país, con los desarrollos del Departamento como referente, permitiendo una proyección pública de la disciplina (Restrepo y Restrepo, 1997, p. 16).
Hasta antes de la reapertura de la asc, la investigación fue casi nula. De hecho, ninguna línea temática fue abordada sistemáticamente en el Departamento, a excepción de los estudios de la violencia en Colombia que adelantaron los “violentologos” en los primeros años de su fundación (Cubides, 1982, p. 361; Restrepo y Restrepo, 1997, pp. 15-16). Así pues, después de casi dos décadas de actividades dispersas, no es extraño que la reapertura de la asc y la posterior realización del tercer Congreso Nacional de Sociología situaran en primer plano el problema de las dificultades de la disciplina y de las alternativas más adecuadas para su desenvolvimiento, fijando la agenda para futuros encuentros en los problemas de investigación que deberían ocupar su labor (Restrepo, 1980, pp. 9-10). Estos congresos, pese a no ser periódicos31, ayudaron a introducir una idea más plural de la sociología y del rol de los sociólogos. Lo anterior resonó incluso en el Departamento, generando relativos cambios de énfasis en su plan de estudios, concebido hasta entonces en función del rol académico del sociólogo, pero sin la suficiente potencia o amplitud como para impulsar un verdadero reconocimiento e integración de otros estilos de pensamiento o acción en la disciplina (Restrepo y Restrepo, 1997, p. 18).
En consecuencia, aunque se tuvieran que acomodar a la preponderancia cientificista del Departamento, nuevos temas fueron emergiendo y ganando espacio flexibilizando el currículo. La RCS acaso fue epicentro de esta expansión temática, gestando una identidad cognitiva entre los miembros del Departamento32. Así pues, el proceso de tematización de la sociología al interior del Departamento un, que incluyó no solo la emergencia de algunas especialidades y el fortalecimiento de otras33, ciertamente sobrevino en un incremento de la productividad de la RCS (Y. Gómez et al., 2009, p. 22). No obstante, la teoría sociológica se mantuvo como el área más consistente en el tiempo y con mayores contribuciones de miembros del Departamento, llegando a servir como el sustrato dentro del cual se formó una “escuela” de pensamiento que, mediante la fijación de un canon literario basado en los autores clásicos de la sociología europea, grabó la identidad cognitiva del programa curricular (Y. Gómez et al., 2009, pp. 24-39).
De cara a la relación entre teoría y práctica, lo anterior implicó que, si bien las acciones encaminadas a rebajar la preponderancia de la teoría por sobre la práctica no fueron exitosas, la tematización de la sociología sí le abrió campo al desarrollo práctico de la sociología o cuando menos al anhelo de incorporarla a la formación. Y si a primera vista esto pareciera un logro menor, en realidad representó un gran cambio respecto al aura que dominó al Departamento en el periodo anterior, en el que el espíritu que animaba el carácter aplicado de la sociología quiso ser exorcizado34. Con la renovación del Departamento, la dimensión práctica de la sociología encontró un medio que sí contaba con condiciones para dotarla de sentido, volviéndola a significar como útil y necesaria, así como para movilizarla, aunque marginal y limitadamente. Si bien la dimensión práctica fue incorporada de nuevo al Departamento, no lo hizo de forma articulada a la teoría sociológica, como otrora lo estuvo, sino más bien como un elemento adicional a la formación, diferenciado de la teoría35, elemento que aún hoy pervive como rasgo característico de su formación. Así pues, luego de un proceso de separación, que opuso teoría y práctica vaciando a esta última de todo contenido y posibilidades de realización, se generó un nuevo proceso de aglutinación de ambas, pero sin generar su reconciliación o unificación. Desde entonces, desde la óptica de la relación entre teoría y práctica, la sociología del Departamento no tuvo ningún avance o cambio significativo. Al contrario, ha presentado momentos tanto de reafirmación como de retracción del carácter teórico de su formación. Verbigracia, la nueva disolución de la acs en 1972 y la modificación del plan de estudios para adaptarlo al Acuerdo 033 de 2008. Profundizando en este último, dado que el plan de estudios de la reforma de 1969 fue concebido como una totalidad conectada entre sí, es decir que cualquier modificación en su estructura resultaría en la alteración de su coherencia y unidad, todos los cambios implementados se han realizado evitado desvirtuar su sentido original. Se trataría de “una estructura monolítica, cerrada, definida como intocable […] [que] exigiría para modificarse una estructura igualmente coherente que pudiera cuestionar la existente” (Restrepo y Restrepo, 1997, p. 33). En efecto, esto aún no se ha logrado; tal como se menciona en el informe de autoevaluación del Departamento un a propósito del proceso de adaptación del plan de estudios al nuevo acuerdo organizador de la enseñanza en la universidad: “de los debates desarrollados para llegar al acuerdo que representó el nuevo Plan de Estudios se destaca la dificultad para lograr un consenso sobre una tarea central del Departamento” (Celis et al., 2018, p. 26).
En esencia, pese a que el Departamento de Sociología desde la década de los años noventa ha emprendido procesos de flexibilización curricular, abriéndose a la tematización de su quehacer y a la expansión de sus fronteras disciplinares, sugiriendo con esto incluso posibles modificaciones en la emergencia y abandono de nuevos clásicos y de nuevas escuelas (Y. Gómez et al., 2009, pp. 33-37), puede afirmarse que el énfasis teórico sigue dominando la configuración de la identidad sociocognitiva de su comunidad. Con esto en mente, el reto que tiene la sociología del Departamento hoy día es constituir una comunidad de sociólogos y sociólogas que, en lugar de solo tolerar las diferentes dimensiones, tradiciones y concepciones de la sociología, las aprovechen de manera articulada, bajo un proyecto de sociología común que no dependa de figuras particulares, sino que se institucionalice adquiriendo cierta independencia.
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