Publicado

2012-01-01

La vida de doña Concepción: memorias de una hija de hacendados del Valle de Bravo (México) en las primeras décadas del siglo XX

DOI:

https://doi.org/10.15446/historelo.v4n7.25131

Palabras clave:

historia de vida, memoria, economía moral, porfiriato, valores (es)

Autores/as

  • Gabriela Fuentes Reyes Universidad Autónoma del Estado de México
  • Mariela Coudannes

 

El presente estudio se ubica espacial y temporalmente en Donato Guerra, municipio localizado en la parte oeste del Estado de México, en el país homónimo, en un momento de transición situado en las primeras décadas del siglo XX. Es conocido que después de la revolución no se produjeron inmediatamente cambios significativos en el sistema de tenencia de la tierra, tampoco en las percepciones de mundo ni en cierta economía moral instalada desde tiempos de la colonia. Las prácticas heredadas del porfiriato y la educación conformaron una sociedad en la que se planteaban valores bien diferenciados según el género y la posición social. Se analiza en este marco el relato contemporáneo de la joven Concepción, hoy una mujer de noventa años. En su memoria aparece una supuesta red de lealtades entre patrones y sirvientes, y se olvidan los aspectos menos amables de la explotación de los trabajadores. La evocación de denominaciones de la época, y asimismo lo que no se dice, ilustra cómo la movilidad social seguía estando vedada a aquellos cuya condición étnica es invisible en la mayor parte del relato, también las descalificaciones de las que eran objeto, entre otros aspectos.

Palabras clave: historia de vida, memoria, economía moral, porfiriato, valores.

 

 

Doña Concepción’s life: Memoirs of a Landowners’ Child in Valle Bravo (Mexico) in the Early Decades of XXth Century

Abstract

This study is located in space and time in Donato Guerra, a municipality located in western State of Mexico, Mexico; in a transition period during the first decades of the XXth century. It is known that after the Revolution, no significant changes were produced immediately in land tenure system, in world’s perceptions or in some moral economy settled since colonial times. Practices inherited from Porfirism and education formed a society in which well-differentiated values were proposed according to gender and social standing. Within this framework, the contemporary report of young Conception- today a 90-year-old woman- is analyzed. In her memory, a supposed loyalty network between landlords and servants appears, and the less kind aspects of workers’ exploitation are forgiven. The evocation of names of those times -but also what is not mentioned- illustrates how social mobility was still forbidden to those whose ethnic condition is invisible in most of the report. It shows also the disqualification they were subjected to, among other aspects.

Keywords: story of life, memoirs, moral economy, porfirism, values.

La vida de doña Concepción: memorias de una hija de hacendados del Valle de Bravo (México) en las primeras décadas del siglo XX

Doña Concepción's life: Memoirs of a Landowners' Child in Valle Bravo (Mexico) in the Early Decades of XXth Century.

Gabriela Fuentes Reyes*

Mariela Alejandra Coudannes Aguirre**

* Doctora en Ciencias Sociales y Políticas por la Universidad Iberoamericana (México) y Maestra en Derecho por la Facultad de Derecho de la Universidad Autónoma del Estado de México (México). En la actualidad es profesora de Tiempo Completo en la misma institución e integrante del Cuerpo Académico en Estudios de Derecho Social, Procesos Sociales y Políticos de la Facultad de Derecho, además cuenta con Perfil PROMEP. Correo electrónico: gafure77@gmail.com

** Magister en Ciencias Sociales por la Universidad Nacional del Litoral (Argentina). En la actualidad se encuentra realizando una tesis de Doctorado en Didáctica de las Ciencias Sociales en Universidad Autónoma de Barcelona (España), y profesora-investigadora de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Universidad Nacional del Litoral (Argentina). Correo electrónico: macoudan@fhuc.unl.edu.ar

Recepción: 18 de octubre de 2011 - Aceptación: 27 de febrero de 2012. Páginas: 85-111


Resumen

El presente estudio se ubica espacial y temporalmente en Donato Guerra, municipio localizado en la parte oeste del Estado de México, en el país homónimo, en un momento de transición situado en las primeras décadas del siglo XX. Es conocido que después de la revolución no se produjeron inmediatamente cambios significativos en el sistema de tenencia de la tierra, tampoco en las percepciones de mundo ni en cierta economía moral instalada desde tiempos de la colonia. Las prácticas heredadas del porfiriato y la educación conformaron una sociedad en la que se planteaban valores bien diferenciados según el género y la posición social. Se analiza en este marco el relato contemporáneo de la joven Concepción, hoy una mujer de noventa años. En su memoria aparece una supuesta red de lealtades entre patrones y sirvientes, y se olvidan los aspectos menos amables de la explotación de los trabajadores. La evocación de denominaciones de la época, y asimismo lo que no se dice, ilustra cómo la movilidad social seguía estando vedada a aquellos cuya condición étnica es invisible en la mayor parte del relato, también las descalificaciones de las que eran objeto, entre otros aspectos.

Palabras clave: historia de vida, memoria, economía moral, porfiriato, valores.

Abstract

This study is located in space and time in Donato Guerra, a municipality located in western State of Mexico, Mexico; in a transition period during the first decades of the XXth century. It is known that after the Revolution, no significant changes were produced immediately in land tenure system, in world's perceptions or in some moral economy settled since colonial times. Practices inherited from Porfirism and education formed a society in which well-differentiated values were proposed according to gender and social standing. Within this framework, the contemporary report of young Conception- today a 90-year-old woman- is analyzed. In her memory, a supposed loyalty network between landlords and servants appears, and the less kind aspects of workers' exploitation are forgiven. The evocation of names of those times -but also what is not mentioned- illustrates how social mobility was still forbidden to those whose ethnic condition is invisible in most of the report. It shows also the disqualification they were subjected to, among other aspects.

Keywords: story of life, memoirs, moral economy, porfirism, values.


El espacio del presente estudio es la antigua zona de Asunción Malacatepec, luego municipio de Donato Guerra1 localizado en la parte oeste del Estado de México, en la región que se ha identificado como Valle de Bravo, actualmente con una importante movilidad económica de tipo turístico (ver fig. 1). El territorio municipal limita al norte con el municipio de Valle de Bravo e Ixtapan del Oro, al este colinda con el municipio de Amanalco de Becerra, y al oeste con el municipio de Ixtapan del Oro y el estado de Michoacán.

A principios de siglo la población rural de esta región2 era aproximadamente el 90% de la población total.3 La lucha agraria fue producto del descontento que se produjo en las clases campesinas por más de treinta años, señalada como una de las principales causas de la Revolución Mexicana. Para los porfiristas el problema de la tierra nunca había existido y el que un individuo llegara a poseer una gran riqueza en tierras se justificaba por sí solo como una prueba evidente de éxito.

En la década de 1910, durante la Revolución, Valle de Bravo recibió la incursión reiterada de los zapatistas. Si bien la villa de Donato Guerra no pudo ser ocupada presenció los efectos de otro movimiento de resistencia violenta de carácter regional, conocido como la "Guerra de los Cristeros" en 1927. Campesinos católicos y ex militantes zapatistas atacaron los palacios municipales y las haciendas, pero fueron reprimidos por el ejército federal. En los treinta, durante el gobierno de Cárdenas, se llevó a cabo la mayor parte del reparto agrario, otorgando a las comunidades el reconocimiento y titulación de tierras para bienes comunales.4 A pesar de las buenas intenciones que parecían animar el discurso de los gobernantes, hasta esa época no se habían producido cambios significativos en el sistema de tenencia de la tierra (Velasco Santos 2005, 20). La reforma agraria fue un proceso inacabado ya que el latifundismo era "sobre todo un sistema social, un universo en el cual se desenvolvía cierto tipo de relaciones sociales y económicas. La mayor parte de la población rural se encontraba enclavada en los límites de las haciendas y carecía de hecho de los más elementales derechos civiles" (Delgado Moya 1977, 150).

Como ya son conocidos los procesos económicos y sociales, lo que interesa en este trabajo es comprender qué sucedió a un nivel microscópico con las percepciones de mundo, con cierta economía moral instalada desde tiempos de la Colonia, y con los valores que se intentaba inculcar a los más pequeños. El concepto de economía moral explicaría, no sin algunas limitaciones, la obligación recíproca de ayuda mutua siempre desigual en el marco de la relación patrón-clientela. Este habría comenzado a desintegrarse a finales del porfiriato principalmente bajo el argumento de que fomentaba la ociosidad pero muchas de sus prácticas habrían subsistido aún después de la prohibición del peonaje en 1914. Las mujeres y niñas de los campesinos arrastraban la carga ya naturalizada de prestar servicios regulares en las haciendas, como por ejemplo la preparación de tortillas y atole5, a cambio de una remuneración módica (Nickel 1989).

Una de las preocupaciones principales y de larga data de los grupos dominantes fue que los males sociales agravaran el problema de la falta de brazos útiles para la agricultura, entonces la escuela fue pensada como una solución importante. Los libros, que leían los niños y las niñas durante este período, propiciaron una moral más bien laica, valores de orden social y respeto al prójimo como la puntualidad, la obediencia, la gratitud, el amor filial, fraternal y a los semejantes, el desinterés y la abnegación. El nuevo espíritu liberal y moderno quedaba plasmado en el amor al trabajo, al progreso y al dinero. Los rasgos inadecuados de los individuos eran la mentira, la glotonería y la embriaguez, y los ideales eran la abstinencia, la castidad, la monogamia y la higiene. En cuanto a las mujeres, su papel se mantenía invariable: para ser íntegras y morales debían guardar la virginidad, la obediencia al marido, la prudencia, la sumisión, la abnegación, la conducción de los hogares y velar por la buena educación de los hijos (Rodríguez Centeno 1997, 113-4; Briseño Senosiain 2005, 438-43).

El análisis de un relato de vida

María Concepción Josefina Ávila Montes de Oca (en adelante Doña Concepción) nació un 21 de noviembre de 1921 y fue la tercera hija de Jesús y Luz (en adelante Chucho y Lucha). Hoy, con noventa años a cuestas y una salud implacable, sólo se queja de que ya no puede leer, que era una de las actividades que más le gustaba hacer. A partir de lo que dice esta mujer de 89 años, de mirada inquieta, cabello gris, constitución delgada y complexión ligeramente pequeña, se puede conocer no sólo su experiencia, sino también la de los padres y la de los abuelos maternos Santiago y Soledad (en adelante Chago y Cholita).

El relatar la vida, o una parte significativa de la misma, no es tarea fácil; se impone traducir los silencios, los gestos, la añoranza del pasado. A través de la recreación de las vivencias narradas, la reconstrucción del pasado que ocurre en la memoria traída al presente, se procura conocer y comprender un espacio que ya no existe. El desafío es hacer de lo individual y cotidiano algo que permita ser contrastado con otras fuentes y contribuir a la comprensión de un entramado social más amplio. Las características de la fuente oral ofrecen la posibilidad de establecer conjeturas respecto a la relación entre lo individual y el contexto, entre lo posible y lo "real", difícilmente certezas. No se puede perder de vista que los recuerdos de un período tan alejado en el tiempo sufren las modificaciones de las experiencias posteriores al período narrado, ocultando una parte significativa de ese pasado. Y ese olvido también forma parte de la tarea de interpretación (Doeswijk 2001).

De las tres sesiones de entrevista se presenta sólo la primera, en la que la fuente narra una pequeña parte de su infancia, su origen, sus padres y los ámbitos sociales en los que se desenvolvió su familia.6 Da cuenta, a veces entrelíneas, de esa economía moral de la que hablábamos arriba, del papel de la mujer, los prejuicios sociales y étnicos, y los valores que se imponían como dominantes aún después de la revolución.

Tener la tierra: una combinación de valores tradicionales y modernos

El problema de la tierra aparece de manera indirecta y naturalizada en el recuento de la vida de los abuelos maternos. A pesar del paso del tiempo Concepción considera todavía al padre de su madre como un hombre trabajador y visionario, exitoso como lo concebía el imaginario del porfiriato. Éste vivía en Valle de Bravo y era dueño de la La Fragua, una herrería en la que "se ganaba un dineral". Cuando Chago se casó con Cholita, quien junto con sus dos hermanas había heredado las tierras de Tiloztoc, comenzó a hacerse de más tierras que las que tenía su esposa:

[…] mi abuelito muy trabajador, muy listo, muy inteligente, le compra, bueno tenía el terreno que era de mi abuelita, y ya luego, empezó a trabajarlo, a trabajarlo y luego le compra el terreno de la otra hermana de mi abuelita, y así se fue haciendo mi abuelito, dueño de todo Tiloztoc que daba desde cerca de Colorines hasta la cabecera de indígenas de Donato Guerra, todo eso eran tierras de ellos, y ya les compra y entonces ya mi abuelito se hizo dueño de toditito eso, y luego las tierras, eran, ya cuando mi abuelito era dueño, las tierras eran de temporal. Temporal es donde esperas que llueva para que te produzca la tierra, ¿no? entonces mi abuelito muy listo ya, como en 1900 bueno pues ahí está la fecha del cuadro este señalando un cuadro que tiene la pared en el que se encuentra enmarcada una copia de las tierras de Tiloztoc. Bueno pues ya le compró a mi abuelita su pedazo y ya luego dice: 'les voy a comprar' a las hermanas de su esposa, ¿no? Y les empezó a comprar a las hermanas, entonces mi abuelito se hizo dueño de toditita esa hacienda, de Santa María Tiloztoc [unas cinco mil hectáreas, producía maíz, frijol, cacahuate], y luego ya al paso de los años, mi abuelito muy inteligente pensó que podía coger el agua de un río7 de Donato Guerra para regar todo Tiloztoc, todo, todo, todas las tierras y así lo hizo; ahí está el plano, todavía lo conservo yo, el plano de 1897. Pero como en 1885 mi abuelito empezó a tramitar para sacar el agua del río de Donato Guerra para regar su hacienda y ya regó todo, así se hizo de todos esos terrenos; y luego mi abuelito les empezó a comprar a toda la familia de mi abuelita. A los Chamorros les compró sus pedazos, sus tierras. 'Véndemela' y se la vendían, pero mi abuelito trabajaba mucho para poder juntar su dinero, ¿no? Entonces mi abuelito ya casado con mi abuelita se iba los viernes en la tarde se iba para Valle de Bravo a abrir su negocio (La Fragua).8

A pesar de la innumerable cifra de peones que trabajaba en la Hacienda de Tiloztoc, papá Chago "veía por todos", situación que Doña Concepción explica de la siguiente manera:

Mi abuelo ayudó mucho ¿cómo me explico? si había un huérfano mi abuelito lo veía, y este, lo enseñaba, lo mandaba a la escuela, le enseñaba a trabajar y ya que lo formaba, un hombre hecho y derecho, se puede decir ya le decía mi abuelito 'ahora sí vete a donde tu quieras, si quieres seguir aquí en la hacienda puedes seguir y si no, toma tu camino y vete, pero ya te hice un hombre de bien', a muchos, eh!, no nada más a uno. Y muchos se iban y muchos se quedaban, ahí se quedaban con mi abuelo, muchos se iban pero la mayor parte se quedaban.9

De esta manera en el recuerdo se soslayan los aspectos menos amables de la explotación de los peones, libres sólo en teoría, cuestión característica de las haciendas del porfiriato. En cambio se resaltan las prácticas que se encuadran en el concepto de economía moral. Los años cristalizaron el recuerdo de esta red de lealtades invisibles entre patrones y sirvientes, y dejaron en el olvido que la vida de los trabajadores era intensa y sin límite de horarios.

Figura 2.

Aun cuando Papá Chago se opuso al matrimonio de los padres de Concepción por las diferencias sociales, ella expresa el amor que le tenía a su abuelo y las atenciones que le gustaba tener con él, como tenerle listas unas grandes chirimoyas10 y "pasearle" al caballo cuando llegaba a visitarlos "era muy lambiscona11, yo", dice entre risas:

Pues que a mi abuelito lo quise mucho con toda mi alma, era un señor muy bueno y cada ocho días o cada quince días bajaba a Donato Guerra a ver a mi mamá; ¡ah! Pero para esto se casó mi mamá, bueno ya la pidieron, se casó y ya tuvo un niño mi mamá, su primer hijo, para contentar al abuelo lo hicieron padrino, fue padrino de bautizo. Ahí ya se limó la aspereza y nos quiso mucho mi abuelito, a los hijos de mi mamá, y yo me acuerdo que era también niña y a mi abuelito le gustaban mucho las chirimoyas, y allá se daban unas chirimoyas pero grandotas, y ya sabía que mi abuelito iba a ir y rápido me iba a la entrada del pueblo, había un puente de piedra […]

Creo que tenía como diez años. Y como éramos, bueno, mi mamá era la rica del pueblo, ya me trataban muy bien, toda la gente, ¿no? y ya les decía 'a ver quiero unas chirimoyas pero de las más grandotas', me acuerdo que a veces sacaban varias chirimoyas para escoger. Las más grandes para mi abuelito, ya me las compraba y me iba para la casa, le daba a mi abuelito en cuanto llegaba. Luego me acomedía a ayudarle. Venían cansados los caballos y los paseaba ahí en la calle, luego le decía: 'ya abuelito, papá Chago', porque no se acostumbraba decir abuelo, ya luego mi abuelito ya estaba sentado, ya llegaba yo y después de pasear el caballo le sacaba sus chirimoyotas a mi abuelito, ¡ah qué gusto le daba a mi abuelito!12

Conseguir las chirimoyas más grandes o pasear a caballo eran las sencillas marcas de la distinción social que formó parte del aprendizaje de la niña Concepción. También el consumo suntuario que llevaba a cabo su abuela, difícil de sostener para sectores menos acomodados. Lo que ganaba papá Chago a mamá Cholita le gustaba gastarlo, y Concepción asegura que eso lo heredó de su abuela. Relata que en su infancia

nos íbamos a Valle, bueno, nos íbamos a la hacienda y de la hacienda nos llevaban a caballo a Valle, y me acuerdo que llegaba mi abuelita a un cajón de ropa. Era una tienda donde había de todas las telas que tú quisieras. Entonces íbamos a la hacienda y luego decía mi abuelita: 'mañana nos vamos a Valle, ¡voy a comprar unas telas, hija de mi vida!' Yo estaba chiquilla... unos diez años me acuerdo muy niña, pero sí se me grababa mucho que mi abuelita llegaba y el dueño de la tienda, del cajón de ropa, porque así se decía, era primo de mi abuelita, mi tío Saturnino, y le decía 'ya vine Satur', '¡ah sí! Pásale Cholita, ¿qué se te ofrece?' '¡Uh! Mira quiero ese cachimir', porque así le decían, 'quiero ese, ese, ese, ¡quiero esta tela, hijo!' ¡Se echaba unas drogas mi abuelita! Pero ¡señoras drogas13! Así… y luego cogía dinero de mi abuelito, pero de todos modos ella era feliz comprando y luego le decía, llevaba su dinero, y si le faltaba dinero, le decía mi abuelita: '¡ay me falta dinero!' Y le decía: 'no te apures Cholita ahí luego me lo mandas o cuando vuelvas me pagas' […]14

La educación como creadora de valores sociales

Doña Concepción sugiere en varios lugares las diferencias de estatus que había entre sus progenitores. Ella habla de su padre (Chucho), y destaca en reiteradas ocasiones que él no era un hombre rico pero sí trabajador, autodidacta, de suma inteligencia y bondad.

Mi padre quedó huérfano muy chico a los tres años, era una persona muy inteligente. Entonces mi papá empezó muy chiquito, le gustaba mucho la escuela, se iba a la escuela y mi abuelita se ayudaba mucho porque tenía muchas flores y cada ocho días vendía mucha flor mi abuelita, iban a comprar. Y luego creció mi papá y siguió estudiando él solo en su casa, estudiaba y estudiaba y estudiaba. Siempre trabajó, nunca estuvo de flojo, le gustaba mucho leer, le gustaba, todavía conservo un libro de que recortaba los periódicos el Excélsior y conservo un libro que dejó mi papá.

Yo creo que le gustaba mucho lo de contador, entonces le gustaba mucho y empezó a estudiar y ya creció y se fue a trabajar a Valle de Bravo a un juzgado. Ayudaba ahí como contador y ahí aprendió mucho mi papá como contador y resulta que de ahí se cogió y ya después regresó de Valle y empezó a buscar trabajo en las haciendas, como ayudante o como contador, entonces tuvo un trabajo muy bueno porque ya se vino de Valle para no dejar a su mamá sola con su hermana; y luego de allí ya mi papá empezó a buscar trabajo, entonces su primer trabajo ya firme así bien hecho, pero nunca les faltó dinero porque tenían sus ahorros, no eran ricos, no eran hacendados, hacendada era mi madre, y entonces de allí ya empezó mi papá a buscar trabajo y se encontró en una hacienda que se llamaba La Haciendita.15

Los datos del Censo de 1921 muestran la acentuada concentración de la tierra en pocas manos. Aproximadamente un 12 por ciento de la población criolla del país era propietaria de bienes raíces. Esta cifra sin embargo era sensiblemente mayor en el Estado de México propiamente dicho, un 22 por ciento aproximadamente.16 Aun así Concepción cuenta que su padre siempre tuvo trabajo. Después de "La Haciendita", propiedad de españoles que luego pasó a manos de unos señores de Toluca,17 se fue a trabajar a una hacienda que se llamaba "San Bartolo", donde estuvo muchos años, hasta que llegó el agrarismo y repartieron las haciendas, tiempo después trabajó en "La Fragua" de papá Chago; por lo que lo veía sólo los fines de semana, aunque a diario les llamaba por teléfono para preguntarles cómo estaban y qué se les ofrecía.

Marcado por una vida difícil, como muchos otros que no eran propietarios, don Chucho fue un ejemplo para Concepción. Tanto que aún conserva el interés por leer y aprender, aunque sus ojos, como ella suele decir, "ya no le funcionan". Él siempre decía "Que estudiáramos, que estudiáramos, que estudiáramos, pero desgraciadamente en el pueblo no había hasta cuarto año, yo repetí cuatro veces cuarto año porque no me quería salir de la escuela." Y de tal consejo, señala que ella fue "la más estudiosa de todos sus hermanos". El censo de 1930 arroja un 62 por ciento de alfabetismo en las niñas de 10 años que habitaban en Toluca de Lerdo pero no disponemos de datos sobre las poblaciones cercanas, donde evidentemente las posibilidades de acceder a la educación se hallaban considerablemente reducidas.

Después de trabajar en "La Fragua", su padre regresó a Donato Guerra para quedarse y trabajar. Ella señala "Ahí en el pueblo pues hacía este… ¿cómo te dijera? Papeles, escrituras, así y ya con eso, tenía su dinerito pero ya con eso se sostenía y luego llegó a ser presidente de Donato Guerra."18 El fungir como presidente municipal no lo cambió, por el contrario la experiencia fue muy grata ya que "siempre todo el mundo lo quiso mucho". Y una de las cualidades que tuvo su padre, y de la cual Concepción se siente orgullosa, fue su honradez, y a pregunta expresa, sobre alguna anécdota en particular, comenta lo siguiente:

Pues sí, porque cuando mi papá recibió ahí la presidencia no había ni un centavo en caja, entonces mi papá como era tan honrado y todo, pues empezó a... y cuando se retiró que ya terminó y todo, dejó dinero en la caja, lo que ningún presidente había dejado, mi papá dejó no me acuerdo si tres o cuatro mil pesos, pero era mucho dinero, y entonces otro quedó en lugar de mi papá, recibió ahí la presidencia y vio que ahí había dinero y luego se fue a Valle de Bravo a jugar a los gallos, y ahí se acabó la caja que había dejado mi papá.19

La honradez y las condiciones intelectuales constituyen en su relato una especie de compensación por no cumplir con los ideales y valores asociados a la gran propiedad que estaba casi siempre en manos de varones. Volvemos a citar el censo de 1921 para consignar que sólo un 5 por ciento de los propietarios de bienes raíces en el país eran mujeres, y en la región que estudiamos, aproximadamente un 9 por ciento.20 Una de ellas era doña Lucha, como ya dijimos, hija de hacendados de Tiloztoc.

Los padres de Concepción se conocieron y se escribían cartas, como era la costumbre, y pese a que después Chucho acudió, junto con el señor Antonio y un sacerdote, a pedir a Lucha, el padre de ésta, molesto, les dio un plazo de dos años para que se casaran "esos dos años de plazo todavía después ya se cumplieron esos dos años y fue todavía el padre, mi papá y don Antonio a ver a mi abuelito y dio otra vez el plazo, creo un año, mientras que se leían las amonestaciones y ¡uy, una de líos! Que al final se casaron".21 Lo hicieron "ya grandes" porque precisamente era muy difícil en ese entonces que los padres dejaran casar a sus hijas, y ante tal situación los novios optaban por "robárselas", aunque como asegura ella "que ni se lo robaban a uno, uno se iba". Y esto muestra cómo algunas mujeres, al menos las de más holgada condición social, no eran determinadas totalmente por el paternalismo y los roles de género que éste establecía.

Nacer y vivir como hija de hacendados

Según el censo de 1921 el municipio de Donato Guerra contaba con una población de 8379 habitantes, 4078 hombres y 4301 mujeres.22 Doña Concepción nació en su casa atendida por matronas, mujeres autorizadas para asistir a las madres en el parto, de quien comenta eran "como enfermeras, que desde antes que naciera el bebé ellas las atendían, las curaban, las revisaban y todo, que todo el niño viniera bien".23

Recuerda que la casa donde nació y vivió las primeras dos décadas de su vida:

Era una casa muy bonita que tenía una, dos, tres, cuatro recámaras, la cocina… Afuera de las recámaras era un corredor donde se ponían muchas macetas con muchas plantas y enfrente del pretil se llamaba eso, que era un pasillo para entrar a las piezas, a las recámaras, y luego de ahí era el jardín de enfrente y toda la entrada, era un zaguán, se llamaba zaguán, ahí de la entrada para la casa, la entrada de la calle. Entonces había adentro del zaguán una banca muy grande donde las personas que llegaban a ver a mis papás o que necesitaban algo, los pasaban allí a sentarse adentro del zaguán, y ponían una banca grande y ahí se esperaban las personas, o peones que llegaran también se sentaban ahí.24

En esa época doña Concepción le tomó el gusto a tener dinero, y relata cómo lo obtenía en ese entonces

[…] mi abuelito nos daba, les daba a mis hermanos y a mí, nos daba nuestro domingo, pero yo como era tan barbera25 le paseaba el caballo, les daba sus chirimoyas, a mi me daba un peso de plata de 0720 un peso, a mis hermanos les daba 50 centavos, pero yo como era la lambiscona me daba más y luego mis tíos también que me mandaban: 'vete a traer los cigarros, o veme a traer esto', también me daban mi dinero, entonces ya el día domingo juntaba un peso de 0720, y un tostón del tío que iba con mi abuelito, y otro tostón quién sabe de quién pero juntaba yo mi buen dinero, y mi papá nos daba 25 centavos a cada niño, cada domingo.26

Asegura que todo el dinero que juntaba se le iba en comprar "puro dulce" y entre los que más le gustaban

Compraba sobre todo avellanas, almendras, chocolates, pero las almendras mi mamá nos hacía unos mandilitos,27 como batitas, para que no nos ensuciáramos el vestido, entonces yo bien vaciada me llenaba las bolsas de almendras y la otra de nueces, la otra de avellanas, ¡ay bueno! Comía hija, no tienes idea la cantidad que comía. Y también disfrutaba comprar chocolates de cereza que valían en aquella época, en mi época valían creo 5 centavos un chocolate, pero en eso me gastaba yo mi dinero, ¡era un dineral lo que yo me gastaba! Y luego nunca me faltó dinero, toda la vida tuve bendito sea Dios, aparte de que nos daban, me gustaba mucho cogerle el dinero a mi mamá, me fascinaba […].28

El desayuno también daba cuenta de la abundancia, consistía en "mucha mantequilla, mucha nata, de la leche, pan y si queríamos almorzar hacía mi mamá unos huevos y mucha fruta, porque siempre hubo mucha fruta".29

Mujer, poder y distinción social en la vida cotidiana

En la casa ubicada en la calle de Lerdo número cinco en el centro de Donato Guerra, vivían sus hermanos, su madre, su padre cuando llegaba de Valle de Bravo los fines de semana, y las personas que ayudaban a las labores.

Como te vuelvo a repetir mi papá [abuelo Chago] era hacendado, porque no era, no era postizo, era verdaderamente hacendado, entonces mi mamá de todo el pueblo, mi mamá era la única que tenía muchas sirvientas, mi mamá tenía la pilmama30 que le decían, la que lavaba los trastes, la que hacía las tortillas, la que lavaba la ropa, había cuatro sirvientas en la casa, lo que ninguno del pueblo tenía, cuatro sirvientas y un mozo, que nunca faltó porque mi mamá era muy chocante31.32

Doña Lucha "era muy enérgica, mi mamá fue una persona como hacendada era muy enérgica porque tenían mucho dinero, eran muy ricos, pero como persona mi mamá fue muy humanitaria, eso sí… ayudaba mucho a la gente".33 Lo demostraba con la gente humilde de Donato Guerra, a veces con consejos, pues nunca les dio dinero,

pero sí les compraba ropa. En cuanto mi abuelito se iba para Valle llegaban las señoras a ver a mi mamá, ¿no? Las señoras del pueblo sí, gente muy humilde entonces mi mamá como era la consentida de mi abuelo a ella siempre le confiaba mi abuelito las llaves y todo, porque mi abuelita era muy gastadora, ¡esa sí fue gastadora hasta donde se paraba! y luego llegaban las peones, las pobres mujeres. 'Ya venimos Lucha', todo mundo le decía Lucha, e iba mi mamá y abría la bodega, eso nos platicaba y fue verídico, abría la bodega y les daba a las señoras, maíz, frijol, todo les daba pero así, cuartillos, cuartillos era donde se medía el maíz, les daba su maíz, su frijol, y ya se iban, luego otra vez volvían, seguido las socorría. Y había una persona muy humilde ahí en Donato Guerra que siempre la regañaba mi mamá. Siempre las regañaba porque tenían hijo, hijo, e hijo; y le decía mi mamá: 'ustedes parecen fábrica de...' ¿cómo les decía?, ¿fábrica de encuerados?34

Doña Concepción no considera que su mamá haya trabajado, sino que como las señoras, se dedicaba a "puro bordar"; sin embargo, sus actividades –de soltera– en la hacienda, hoy en día, podrían considerarse como un trabajo. Cuenta que otra de las actividades que hizo su mamá, como una forma de ayudar a la gente, era venderles los alimentos de las cosechas a bajo costo: "Mi mamá vendía maíz de allá de la hacienda para mi abuelito, para beneficiar al pueblo. Si el cuartillo de más valía 5 centavos mi abuelito lo daba a 4, y si el maíz valía un peso, mi abuelito lo daba a 50, siempre les rebajaba ¿no? y mi mamá se encargaba de vender el maíz ahí en la casa".35

¿Cómo pensar el conflicto en una hacienda donde los amos son magnánimos y la abundancia garantiza al grupo una seguridad permanente frente a otros menos privilegiados? En lo cotidiano la aparente armonía vivida entre patrona, niñas de la casa y sirvientas no hacía olvidar sin embargo que las categorías sociales nunca se borraban. Si bien es cierto que las personas que ayudaban comían lo mismo que los demás, la diferenciación se evidenciaba en la separación de los trastes, la extrema limpieza al momento de cocinar o la asignación de sillas para las tardes de bordar.

Tenían sus trastes aparte porque era muy chocante mi mamá, era algo especial. Tenían sus trastes aparte pero la comida era la misma, lo que comía mi mamá comían todos, ahí no hubo qué señalara mi mamá o qué no, y como nunca faltó nada, hija.36

Así también, para la preparación de los alimentos, añade "Le ayudaban las muchachas, una muchacha especialmente le ayudaba a ella, porque tenían que lavarse esas pobres las manos desde aquí (señalando el codo) hasta acá (las manos) y bueno una de mitote de mi mamá que… ¡qué barbaridad!37

"¡Cosíamos! A mí me encantaba, siempre fui muy envidiosa, bueno lo reconozco ´ora, en la escuela nos daban trabajo manual, que era la costura, entonces tenía uno la costumbre de ver cuántas costuras hacía uno en todo el año para exhibirlas a fin de año, y a ver quién se ganaba las que hacía más, ¡ay hija de mi vida! Yo me apuraba a coser, a coser, a coser y les ganaba a todas, tenía vicio de estar ¡cose, cose, cose! Y ya luego, ya cosíamos en la tarde, pero para esto, se acostumbraba afuera, en las ventanas de la casa había una ventana más bajita que era donde salíamos, ahí nos sentábamos en la puerta y el que ganaba el lugar primero, se lo ganaba, y si no su silla, cada quien tenía su silla, hasta las sirvientas tenían su silla, eh!38

Qué esperanzas que dejara mi mamá sentarse en una silla de las sirvientas, no ¡ni de broma! Cada quien tenía su silla, y ahí se sentaban, se sentaba mi mamá, y nos sentábamos todas a coser y las sirvientas también por allá, así.39

Comentarios adicionales vislumbran una crítica más o menos consciente al intercambio desigual. Se trataba de una vida "entregada" de las personas que trabajaban en su casa, ya que como lo refiere Concepción "ningún día tenían de descanso, todo el tiempo estaban ahí como esclavos, a menos de que se les muriera alguien de su familia o se enfermaran o menos no".40 De las cinco personas que trabajaban en su casa, recuerda con cierta alegría a Felipa, quien era la responsable de hacer las tortillas, y quien cumplía lo que le pedía.

Felipa era la de las tortillas, ¡pobre! Yo me acuerdo cómo se fregaba la gente antes, ¿verdad? Molían el nixtamal41, lo remolían y quién sabe qué tanto para hacer las tortillas, era una friega que ¡olvídate! Ahora de grande me acuerdo y digo yo... cuando era niña ni me fijaba, pero esa famosa Felipa era rebuena gente, pero era yo muy fregona, muy molona con ellas, estaban haciendo las tortillas e iba a que me hicieran unas, iba con un tenedor y les hacía así a la tortilla (indicando con su dedo unas líneas) y le ponía sal y que me las doraran que estuvieran bien doraditas y ya Felipa, ¡ah! Pero para esto mis papás tenían la costumbre, sobre todo mi papá, de llevarle flores al santo de la familia. Entonces Felipa vivía ahí cerca del panteón y entonces en su casa había un durazno muy bueno, y siempre me gustaba mucho el durazno, entonces ya llegábamos, poníamos las flores y le decía yo a Felipa, ya íbamos para la casa: 'no ´ora me llevas a tu casa a cortar duraznos, y vamos a tu casa a cortar duraznos', 'no niña Concepción' dice 'mi magrina' porque no sabían hablar, 'mi magrina se va a enojar si nos dilatamos'. '¡Ay! A mí no me importa, no me interesa si se enoja mi mamá. Aquí vamos a cortar los duraznos', y me jalaba, y Carmela mi hermana, le decía "no, no, no Felipa, vámonos" y yo 'a que sí' y ella 'a que no', teníamos a Felipa. Yo estaba fuerte, me jalaba a Felipa para acá y Carmela para la casa, pero al final ganaba yo y me iba a cortar los duraznos, ¡híjole!42

Mientras su madre daba de comer a los pájaros, realizaba labores propias del hogar, y sus hermanos y ella jugaban:

Nunca faltaban actividades que debían hacer tanto las mujeres como el peón que ayudaba en su casa "¡Uy! ¡Pus no faltaba hija! Que a limpiar, que a sacudir, que a barrer los patios, porque en la casa había el patio principal que era donde estaba la casa, luego seguía el traspatio que era un pedazo muy grande donde había muchos árboles frutales y todo, y a recoger toda la basura el peón, no, no, no, una de respetos, que bueno!43

Pese al carácter de su madre y a que ella, de todos sus hermanos "fue la que dio más lata", Concepción asegura que nunca dejó de hacer lo que le gustaba, como ir a feriar, por ejemplo:

Y luego era yo, bien, pues me gustaba todo, entonces en aquella época cuando yo era niña te digo de diez años, ocho, se acostumbraba en el pueblo la gente humilde ir a feriar. Feriar era que llevabas tú dos canastas una con el maíz y otra para pagar la fruta, entonces cogías un puñito de maíz, bueno había dos puños de cañas dijéramos, ¿no? Entonces cuántos puñitos de maíz te pedían para que te dieran el montón de cañas, que tres puñitos de maíz, y cogías tus cañas y las echabas a tu […] teniendo yo tanto dinero, porque yo me crié en mucho dinero. Mucho por eso a la fecha me gusta el dinero, no lo tengo pero me lo gasto. Entonces ya feriaba mis cosas, fruta y eso, ¿no? la golosina porque siempre tuve, y mi mamá hacía unos corajes 'eso es de indios, como vas a feriar tú, escuincla babosa cómo va a feriar tú', no, no nos decía escuincla porque mi papá decía que decirle escuincle a un niño era decir perro, era siempre dijo mi papá eso, y me regañaba pero yo ni caso hacía.44

Las características o atributos con las que se designaban a los otros, a los desconocidos, eran estigmatizaciones que sin embargo se percibían como corrientes en los miembros de cada una de esas categorías, salvo quizás para Chucho. Y este sentido común conspiraba con el cambio social que promovían los movimientos de revuelta y algunas iniciativas desde el Estado.

Conclusiones

La narración de Concepción traduce una visión idealizada de la vida cotidiana en las primeras décadas del siglo XX en la región del Valle de Bravo. Por un lado, confirma el impacto relativo que tuvieron las luchas sociales por la reforma agraria en la situación social y en la cosmovisión de los hacendados de dicho espacio. Tanto en lo material como en lo simbólico las continuidades predominan sobre las rupturas respecto del porfiriato. Si bien cierta movilidad social estaba presente, más o menos exitosamente, como demuestran las trayectorias del padre y el abuelo, seguiría estando vedada para los peones cuya condición étnica es invisible en la mayor parte del relato. Las abultadas descripciones sobre el vestido y la alimentación dan cuenta de que el consumo y la ostentación ocupaban un lugar importante en la constitución de la identidad del grupo social al que doña Concepción considera haber pertenecido en los primeros años de su vida. Las prácticas que hoy se analizan bajo el concepto de economía moral aparecen en su memoria como recuerdos de generosidad y protección de los más humildes, por sobre la explotación más cruda. Está ausente la crítica sobre los valores en los que fue educada. Sin embargo, su relato es una fuente rica de descripciones sobre la manera en que éstos ayudaban a construir y conservar las distinciones sociales y de género.


1. Su cabecera municipal es la Villa Donato Guerra. Ha tenido al menos tres denominaciones en el curso de la historia, se la ha llamado: Malacatepec, La Asunción Malacatepec y Donato Guerra (Antonio 1999).

2. Cuando hablamos de región entendemos que ésta es distinguible por una estructura propia y se identifica en ciertas representaciones que tienen los propios y los extraños. Los lazos intrarregionales e interregionales se transforman con el transcurso del tiempo y aportan originalidad a ese conjunto coherente de componentes materiales y simbólicos (Cariño-Olvera 1996).

3. Instituto Nacional de Estadística y Geografía de México. 1910. "Censo de Población y Vivienda de 1910". http://www.inegi.org.mx

4. Gobierno del Estado de México. Centro Nacional de Desarrollo Municipal. 2001. "Enciclopedia de los Municipios de México. Estado de México. Donato Guerra". http://www.mexicantextiles.com/library/mazahua/donatodeguerra.pdf

5. Bebida caliente de harina de maíz disuelta en agua o leche, a la que se pueden agregar sabores edulcorantes.

6. Doña Concepción posteriormente formó una familia junto con Don Alfonso. Cabe señalar aquí, que la vida de casada forma parte de la segunda parte del proyecto de investigación.

7. El río más importante de municipio de Donato Guerra es el río La Asunción, el cual es afluente del río Xilóstoc o Tilóstoc. Nace en los municipios de Villa de Allende y Villa Victoria, durante su curso va cambiando de nombre. En la actualidad, de este río se derivan los canales de riego para abastecer la zona agrícola de San Agustín de las Palmas y San Lucas Texcaltitlán (Antonio 1999).

8. Entrevista (2011) con María Concepción Josefina Ávila Montes de Oca, Toluca (México). Entrevista realizada por Gabriela Fuentes Reyes.

9. Entrevista (2011) con María Concepción Josefina Ávila Montes de Oca, Toluca (México). Entrevista realizada por Gabriela Fuentes Reyes.

10. Fruto del chirimoyo. Baya verdosa con pepitas negras y pulpa blanca de sabor muy agradable. Su tamaño varía desde el de una manzana al de un melón.

11. Aduladora.

12. Entrevista (2011) con María Concepción Josefina Ávila Montes de Oca, Toluca (México). Entrevista realizada por Gabriela Fuentes Reyes.

13. Deudas, a veces la que no se piensa pagar.

14. Entrevista (2011) con María Concepción Josefina Ávila Montes de Oca, Toluca (México). Entrevista realizada por Gabriela Fuentes Reyes.

15. Entrevista (2011) con María Concepción Josefina Ávila Montes de Oca, Toluca (México). Entrevista realizada por Gabriela Fuentes Reyes.

16. Cabe tener en cuenta la observación que proporciona el Instituto de Estadística y Geografía de México acerca de que datos son poco exactos, porque en ellos se encuentran englobados algunos bienes, que no son propiedades urbanas o rústicas a las que se refiere este cuadro; y, además, porque se presentaron superposiciones de declaración de la misma propiedad por parte de varios componentes de la familia. En Instituto Nacional de Estadística y Geografía de México. 1921. "Censo de Población y Vivienda de 1921". http://www.inegi.org.mx

17. Esta se ubicaba a las afueras de Donato Guerra, y sus dueños eran españoles, Antonio y Alberto Usandisaga, quienes vieron a su padre como un hermano. Posteriormente, unos señores de Toluca de apellido López les "quitaron" La Haciendita, para cobrarse "de mala manera" una deuda monetaria que estaba pendiente.

18. Entrevista (2011) con María Concepción Josefina Ávila Montes de Oca, Toluca (México). Entrevista realizada por Gabriela Fuentes Reyes.

19. Entrevista (2011) con María Concepción Josefina Ávila Montes de Oca, Toluca (México). Entrevista realizada por Gabriela Fuentes Reyes.

20. La institucionalización de la revolución no tuvo el efecto de democratizar el acceso de las mujeres a la tierra sino más bien reafirmó el monopolio masculino sobre los recursos económicos y el derecho patriarcal sobre instituciones sociales y políticas (Velasco Santos 2005, 31).

21. Entrevista (2011) con María Concepción Josefina Ávila Montes de Oca, Toluca (México). Entrevista realizada por Gabriela Fuentes Reyes.

22. Instituto Nacional de Estadística y Geografía de México. 1921. "Censo de Población y Vivienda de 1921". http://www.inegi.org.mx

23. Entrevista (2011) con María Concepción Josefina Ávila Montes de Oca, Toluca (México). Entrevista realizada por Gabriela Fuentes Reyes.

24. Entrevista (2011) con María Concepción Josefina Ávila Montes de Oca, Toluca (México). Entrevista realizada por Gabriela Fuentes Reyes.

25. Aduladora.

26. Entrevista (2011) con María Concepción Josefina Ávila Montes de Oca, Toluca (México). Entrevista realizada por Gabriela Fuentes Reyes..

27. Prenda de vestir que, atada a la cintura, usan las mujeres para cubrir la delantera de la falda, y por analogía, el que usan algunos artesanos, los criados, los camareros y los niños.

28. Entrevista (2011) con María Concepción Josefina Ávila Montes de Oca, Toluca (México). Entrevista realizada por Gabriela Fuentes Reyes.

29. Entrevista (2011) con María Concepción Josefina Ávila Montes de Oca, Toluca (México). Entrevista realizada por Gabriela Fuentes Reyes.

30. En náhuatl pilli es hijo, niño, y mama, que carga.

31. Presuntuosa.

32. Entrevista (2011) con María Concepción Josefina Ávila Montes de Oca, Toluca (México). Entrevista realizada por Gabriela Fuentes Reyes.

33. Entrevista (2011) con María Concepción Josefina Ávila Montes de Oca, Toluca (México). Entrevista realizada por Gabriela Fuentes Reyes.

34. Entrevista (2011) con María Concepción Josefina Ávila Montes de Oca, Toluca (México). Entrevista realizada por Gabriela Fuentes Reyes.

35. Entrevista (2011) con María Concepción Josefina Ávila Montes de Oca, Toluca (México). Entrevista realizada por Gabriela Fuentes Reyes.

36. Entrevista (2011) con María Concepción Josefina Ávila Montes de Oca, Toluca (México). Entrevista realizada por Gabriela Fuentes Reyes.

37. Entrevista (2011) con María Concepción Josefina Ávila Montes de Oca, Toluca (México). Entrevista realizada por Gabriela Fuentes Reyes.

38. Entrevista (2011) con María Concepción Josefina Ávila Montes de Oca, Toluca (México). Entrevista realizada por Gabriela Fuentes Reyes.

39. Entrevista (2011) con María Concepción Josefina Ávila Montes de Oca, Toluca (México). Entrevista realizada por Gabriela Fuentes Reyes.

40. Entrevista (2011) con María Concepción Josefina Ávila Montes de Oca, Toluca (México). Entrevista realizada por Gabriela Fuentes Reyes.

41. Maíz ya cocido en agua de cal, que sirve para hacer tortillas después de molido.

42. Entrevista (2011) con María Concepción Josefina Ávila Montes de Oca, Toluca (México). Entrevista realizada por Gabriela Fuentes Reyes.

43. Entrevista (2011) con María Concepción Josefina Ávila Montes de Oca, Toluca (México). Entrevista realizada por Gabriela Fuentes Reyes.

44. Entrevista (2011) con María Concepción Josefina Ávila Montes de Oca, Toluca (México). Entrevista realizada por Gabriela Fuentes Reyes.


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Velasco Santos, Paola. 2005. “Por la buena o por la mala” El Estado y la lucha por la tierra en Santa María Tonantzintla, Puebla. Una historia ejidal. Tesis de licenciatura, Universidad de las Américas.

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Fuentes Reyes, G., & Coudannes, M. (2012). La vida de doña Concepción: memorias de una hija de hacendados del Valle de Bravo (México) en las primeras décadas del siglo XX. HiSTOReLo. Revista de Historia Regional y Local, 4(7), 85-111. https://doi.org/10.15446/historelo.v4n7.25131

ACM

[1]
Fuentes Reyes, G. y Coudannes, M. 2012. La vida de doña Concepción: memorias de una hija de hacendados del Valle de Bravo (México) en las primeras décadas del siglo XX. HiSTOReLo. Revista de Historia Regional y Local. 4, 7 (ene. 2012), 85-111. DOI:https://doi.org/10.15446/historelo.v4n7.25131.

ACS

(1)
Fuentes Reyes, G.; Coudannes, M. La vida de doña Concepción: memorias de una hija de hacendados del Valle de Bravo (México) en las primeras décadas del siglo XX. Historelo.rev.hist.reg.local 2012, 4, 85-111.

ABNT

FUENTES REYES, G.; COUDANNES, M. La vida de doña Concepción: memorias de una hija de hacendados del Valle de Bravo (México) en las primeras décadas del siglo XX. HiSTOReLo. Revista de Historia Regional y Local, [S. l.], v. 4, n. 7, p. 85-111, 2012. DOI: 10.15446/historelo.v4n7.25131. Disponível em: https://revistas.unal.edu.co/index.php/historelo/article/view/25131. Acesso em: 21 sep. 2021.

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Fuentes Reyes, Gabriela, y Mariela Coudannes. 2012. «La vida de doña Concepción: memorias de una hija de hacendados del Valle de Bravo (México) en las primeras décadas del siglo XX». HiSTOReLo. Revista de Historia Regional y Local 4 (7):85-111. https://doi.org/10.15446/historelo.v4n7.25131.

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Fuentes Reyes, G. y Coudannes, M. (2012) «La vida de doña Concepción: memorias de una hija de hacendados del Valle de Bravo (México) en las primeras décadas del siglo XX», HiSTOReLo. Revista de Historia Regional y Local, 4(7), pp. 85-111. doi: 10.15446/historelo.v4n7.25131.

IEEE

[1]
G. Fuentes Reyes y M. Coudannes, «La vida de doña Concepción: memorias de una hija de hacendados del Valle de Bravo (México) en las primeras décadas del siglo XX», Historelo.rev.hist.reg.local, vol. 4, n.º 7, pp. 85-111, ene. 2012.

MLA

Fuentes Reyes, G., y M. Coudannes. «La vida de doña Concepción: memorias de una hija de hacendados del Valle de Bravo (México) en las primeras décadas del siglo XX». HiSTOReLo. Revista de Historia Regional y Local, vol. 4, n.º 7, enero de 2012, pp. 85-111, doi:10.15446/historelo.v4n7.25131.

Turabian

Fuentes Reyes, Gabriela, y Mariela Coudannes. «La vida de doña Concepción: memorias de una hija de hacendados del Valle de Bravo (México) en las primeras décadas del siglo XX». HiSTOReLo. Revista de Historia Regional y Local 4, no. 7 (enero 1, 2012): 85-111. Accedido septiembre 21, 2021. https://revistas.unal.edu.co/index.php/historelo/article/view/25131.

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1.
Fuentes Reyes G, Coudannes M. La vida de doña Concepción: memorias de una hija de hacendados del Valle de Bravo (México) en las primeras décadas del siglo XX. Historelo.rev.hist.reg.local [Internet]. 1 de enero de 2012 [citado 21 de septiembre de 2021];4(7):85-111. Disponible en: https://revistas.unal.edu.co/index.php/historelo/article/view/25131

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