Publicado

2016-07-01

Paternidad o procreación responsable: Iglesia católica, Acción Cultural Popular y control de la natalidad en Colombia (1964-1978)

Responsible paternity or procreation: Catholic Church, Acción Cultural Popular and birth control in Colombia (1964-1978)

DOI:

https://doi.org/10.15446/hys.n31.55450

Palabras clave:

Radio Sutatenza, Acción Cultural Popular, control de la natalidad, historia de la comunicación, Colombia (es)
Radio Sutatenza, Acción Cultural Popular, birth control, communication history, Colombia (en)

Autores/as

Radio Sutatenza y Acción Cultural Popular crearon durante la segunda mitad del siglo XX un modelo exitoso e innovador de alfabetización de adultos en Colombia, mediante el uso de tecnologías de información y comunicación. Tras cuatro décadas, esta institución relacionada con la Iglesia Católica cayó tan rápido como se construyó. Aunque pocos de sus antiguos colaboradores se animan a hablar de ello, algunas voces culpan de este declive a la Campaña de Procreación Responsable (una estrategia revolucionaria que ofreció orientación a la población campesina ante el crecimiento demográfico). Mediante la revisión de fuentes primarias y secundarias, el artículo reconstruye la historia de la campaña, y plantea visiones alternativas sobre el ocaso de esta obra.

Radio Sutatenza and Acción Cultural Popular created during the second half of the twentieth century a successful and innovative adult literacy model using radio as a powerful tool. After four decades, this institution related to the Catholic Church fell as fast as it was built. Although not all of its former associates are willing to talk about it, some of them blame for this decline to the Responsible Procreation Campaign (a revolutionary strategy that provided guidance to the colombian peasants about population growth). After reviewing primary and secondary sources, the article traces the history of the campaign and presents alternative views about the decline of this initiative.

ARTÍCULO DE INVESTIGACIÓN

 

DOI: https://doi.org/10.15446/hys.n31.55450

 

 

Paternidad o procreación responsable: Iglesia católica, Acción Cultural Popular y control de la natalidad en Colombia (1964-1978)

 

Responsible paternity or procreation: Catholic Church, Acción Cultural Popular and birth control in Colombia (1964-1978)

 

 

 

Juan Alejandro Lopera López**

** Magíster en Historia. Coordinador de proyectos educativos en el Centro de Innovación & Recursos Educacionales-CIDRE. Bogotá-Colombia. Correo electrónico: alopera@cidre.com.co

 

Artículo recibido el 28 de enero de 2016 y aprobado el 26 de febrero de 2016.

 


Resumen

Radio Sutatenza y Acción Cultural Popular crearon durante la segunda mitad del siglo XX un modelo exitoso e innovador de alfabetización de adultos en Colombia a través de la radio. Tras cuatro décadas, esta institución relacionada con la Iglesia católica cayó tan rápido como se construyó. Aunque pocos de sus antiguos colaboradores se animan a hablar de ello, algunas voces culpan de este declive a la Campaña de Procreación Responsable, una estrategia revolucionaria que ofreció orientación a la población campesina ante el crecimiento demográfico. Mediante la revisión de fuentes primarias y secundarias, el artículo reconstruye la historia de la campaña, y plantea visiones alternativas sobre el ocaso de esta obra.

Palabras clave: Radio Sutatenza, Acción Cultural Popular, control de la natalidad, historia de la comunicación, Colombia.


Abstract

Radio Sutatenza and Acción Cultural Popular created during the second half of the twentieth century a successful and innovative adult literacy model using radio as a powerful tool. After four decades, this institution related to the Catholic Church fell as fast as it was built. Although not all of its former associates are willing to talk about it, some of them blame for this decline to the Responsible Procreation Campaign, a revolutionary strategy that provided guidance to the colombian peasants about population growth. After reviewing primary and secondary sources, the article traces the history of the campaign and presents alternative views about the decline of this initiative.

Keywords: Radio Sutatenza, Acción Cultural Popular, birth control, communication history, Colombia.


 

 

Introducción

Ante sonados fallos judiciales sobre el matrimonio entre personas del mismo sexo, la adopción por parte de parejas LGTBI o la legalidad del aborto, nuestra sociedad se cuestiona en estos días sobre la responsabilidad de la paternidad, la salud pública o el modelo ideal de familia. Estas discusiones mantienen vigentes problemas que Colombia debatió cuando se empezó a hablar del ''problema demográfico'', hace ya varias décadas. Durante la segunda mitad del siglo XX, diversos sectores sociales esgrimieron públicamente argumentos a favor y en contra de fenómenos e ideas novedosas para la época como el aumento de la población y la planificación familiar. Sin embargo, al igual que con los métodos de anticoncepción, la información se quedaba en las ciudades. En este contexto, la Acción Cultural Popular (ACPO) —una reconocida iniciativa de capacitación popular para adultos ideada por un sacerdote jesuita— trató de responder con la Campaña de Procreación Responsable a las dudas de fieles católicos y sacerdotes (en especial, en las zonas rurales).

A través de la radio y otros soportes, ACPO difundió a los campesinos colombianos mensajes sobre la paternidad responsable, el buen manejo del noviazgo, la necesidad de romper el tabú sobre el sexo e invitaciones a preguntar por la planificación familiar. Esto último no fue bien recibido por algunos sectores de la sociedad. Personas cercanas a la obra sostienen que dicha campaña fue la principal causa de su caída,1 y se refieren al asunto como ''la pelea con los curas''. Tras una revisión de fuentes primarias y secundarias, se dará cuenta de cómo una emisora enmarcada en la Iglesia católica propuso en la segunda mitad del siglo XX un enfoque de avanzada frente a la natalidad para resolver los dilemas morales de sus audiencias: los alumnos, facilitadores y directores de las Escuelas Radiofónicas.

El nacimiento de Radio Sutatenza (1947) y ACPO (1949), así como su modelo educativo y su rápido crecimiento inicial serán reseñados brevemente en una primera parte. Luego se presentará un contexto del surgimiento de la discusión sobre el problema demográfico en Colombia por parte de diversos sectores (resaltando el papel de los médicos y la Iglesia) para explicar cómo ACPO empezó a involucrarse en el asunto a partir de 1964. En un tercer momento, la atención se centrará en la Campaña de Procreación Responsable iniciada oficialmente en 1973, y en las polémicas generadas por la misma. A modo de cierre, se presentarán elementos de juicio y otras alternativas para comprender el derrumbe de ACPO, además de algunas conclusiones sobre el posible impacto de la campaña en la adopción de prácticas de planificación familiar sobre su audiencia.

 

1. Radio Sutatenza, ACPO y la Educación Fundamental Integral

Monseñor José Joaquín Salcedo, hijo de telegrafista, nació el 8 de diciembre de 1921 en Corrales, Boyacá. Aunque no fue ''muy apegado a los libros'' durante sus años de seminarista,2 el joven Salcedo no abandonó sus inquietudes por la mecánica y la electricidad. En 1947 fue ordenado sacerdote en Tunja, capital del departamento. Luego fue nombrado vicario parroquial de Sutatenza, un retirado pueblo del Valle de Tenza. Su población en ese entonces era de ocho mil habitantes, la mayoría ubicados en el sector rural y con un alto índice de analfabetismo debido al difícil acceso a las escuelas. Allí eran frecuentes los desórdenes debido al consumo exagerado de alcohol.3La inquietud por mejorar las condiciones de los campesinos de la región llevó a Salcedo a iniciar las transmisiones de prueba de Radio Sutatenza, tan solo un mes después de su llegada. Los ensayos de media hora se hicieron con un transmisor de aficionado fabricado por su hermano José Antonio (también sacerdote). José Ramón Sabogal, párroco de la población vecina de Tiribita, sumó a la obra sus 14 centros catequísticos y de asistencia social ubicados en las veredas.

De esta manera, Sabogal y Salcedo se propusieron crear una emisora para enseñar a leer y escribir a los campesinos de Boyacá y Cundinamarca. La primera Escuela Radiofónica, espacio donde estos seguían las lecciones de radio con ayuda de un tutor (auxiliar inmediato), se estableció en septiembre de 1947. La primera licencia de radiodifusión fue otorgada durante el mandato de Mariano Ospina Pérez, el 17 de octubre de 1947.4 Ospina fue el primer presidente conservador tras 16 años de gobiernos liberales, en los cuales se adelantaron reformas como la recuperación del papel del Estado en la educación, liquidando así el prolongado privilegio de la Iglesia católica.5 Este tema, clave en los intentos de modernización liberales, generó un fuerte inconformismo entre algunos sectores conservadores y la Iglesia.6

Este fue el escenario en el cual surgió Acción Cultural Popular, nombre que recibió la obra de Salcedo al obtener su personería jurídica. Antes de convertirse en obra diocesana, ACPO nació en octubre de 1949 en el marco del derecho civil, mediante una resolución del Ministerio de Justicia.7 Su acta de constitución fue firmada, entre otras personas, por monseñor Crisanto Luque, obispo de Tunja; el director de la coordinación de Acción Social Católica, padre Vicente Andrade Valderrama; el coordinador de Acción Social Católica en Tunja, padre Jorge Monastoque; y el mismo Salcedo como director de las Escuelas Radiofónicas Culturales de Sutatenza.

Radio Sutatenza y ACPO recibieron, desde sus inicios, apoyo de diversas fuerzas de la sociedad. Monseñor Luque fue nombrado arzobispo de Bogotá en 1950. Luego de convertirse en el primer cardenal de Colombia en 1953, ratificó la fundación de esta empresa.8 Tras el éxito temprano de ACPO, el episcopado la acogió formalmente dentro del conjunto de actividades de la Acción Católica,9 creada en 1944 como un esfuerzo de renovación de la acción social de la Iglesia.10 Los párrocos de los municipios donde funcionaban las Escuelas Radiofónicas sirvieron como sus directores. Por su parte, el Estado hizo lo propio. Así durante la dictadura militar de Gustavo Rojas Pinilla (nacido en Tunja) se otorgó un contrato para formar maestros rurales. También se decretó que los hacendados con arrendatarios o más de cinco trabajadores permanentes debían comprar un radio receptor para seguir la programación de Radio Sutatenza.11

Se calculaba que, para 1953, la emisora había capacitado a trescientos mil campesinos; un esfuerzo insuficiente para una población estimada en trece millones de habitantes (hacia 1950, se calculaba que el 38 % de los colombianos eran analfabetas).12 Rojas reconoció a ACPO como institución de utilidad común en 1955, eximiéndola del pago de impuestos y facilitando el apoyo estatal. Dicho acuerdo fue revalidado por el primer presidente del Frente Nacional, el liberal Alberto Lleras Camargo, en 1961.13 Al año siguiente, se presentaron unas nuevas cartillas básicas para las Escuelas Radiofónicas financiadas por su Gobierno.14

Otras organizaciones internacionales también aportaron su granito de arena. Después de una solicitud de ayuda presentada por Salcedo, Naciones Unidas otorgó recursos para la compra de dos trasmisores en 1948.15 ACPO recibió apoyos de la Agencia para el Desarrollo Internacional de Estados Unidos (AID), del Banco Interamericano de Desarrollo y de MISEREOR, obra episcopal de la Iglesia católica alemana.16 Por otro lado, los sociólogos, particularmente en Estados Unidos, empezaban a interesarse por los problemas del campo, además del papel de la comunicación en el cambio social y la aceptación de ideas novedosas. Prueba de ello fue el trabajo realizado por Orlando Fals Borda y Paul Deutschmann.17 De otro lado, Everett M. Rogers, precursor de la teoría sociológica de difusión de las innovaciones, plasmó parte de sus aprendizajes en Colombia en un libro dedicado a la modernización de los campesinos y el impacto de la comunicación.18 Esos postulados fueron retomados en una publicación posterior sobre estrategias de comunicación para la planificación familiar.19

La Unesco financió la publicación de la primera cartilla propia de ACPO en 1955 e impulsó la implementación de su modelo educativo en otros países. El organismo planteó la idea de la Educación Fundamental, base para la construcción de la estrategia pedagógica de ACPO: la Educación Fundamental Integral. Esta última fue planteada por los sacerdotes Francisco Houtart, sociólogo y profesor de la Universidad de Lovaina, y Gustavo Pérez Ramírez, su alumno.20 La Educación Fundamental Integral buscó la formación de personas capaces de vivir en sociedad y de participar directamente en la promoción de su propio desarrollo. Estas dos tareas, asumidas libre y responsablemente por los campesinos, se enmarcaron en lo que se denominó la ''cruzada contra la pobreza''.

Para lograr ese objetivo, ACPO transmitía conocimientos a través de cinco Nociones, categoría que sintetizó a las materias: ''Espiritualidad'', ''Salud'', ''Alfabeto'', ''Número'' y ''Economía y Trabajo''. Con el tiempo se desarrollaron tres niveles formativos que, al ser completados, preparaban a los campesinos para solicitar la validación del grado quinto de primaria ante las secretarías de educación. Además de las Nociones, ACPO manejó campañas que invitaban a los campesinos a realizar actividades o a incorporar comportamientos en su vida diaria considerados como deseables. Los contenidos de las Nociones y las campañas circulaban a través de las Escuelas Radiofónicas. Estas funcionaban en una casa campesina o en cualquier espacio adaptado para seguir las lecciones de los maestros locutores. Los campesinos recibían ayuda de los auxiliares inmediatos, voluntarios con algún grado de educación formal, quienes se instruían adicionalmente en los cursos de extensión ofrecidos en Institutos Campesinos de ACPO o en los municipios.

Las Escuelas Radiofónicas se apoyaron en varios recursos. Entre ellos estaban el semanario El Campesino (publicado desde 1958 como el único periódico dirigido a la población campesina), la correspondencia, libros vendidos a bajo costo (La Biblioteca del Campesino), carteles, discos prensados (a partir de 1960), vehículos para distribución de material pedagógico conocidos como los Acpo Móviles (1971), un helicóptero llamado El Radiofónico (1967) y la Editorial Andes. Este crecimiento da cuenta de los intereses de diversos sectores alrededor de la obra de Salcedo. Por parte de los Gobiernos de turno, se esperaba que las Escuelas Radiofónicas ayudaran a amainar la situación de violencia en los campos. Boyacá (en particular en el nororiente y el occidente) fue escenario de luchas entre poderes políticos locales que luego tuvieron impacto en el resto del país. La zona donde se encuentra Sutatenza limita con El Cocuy, región cundinamarquesa en donde también se registraron alteraciones importantes del orden público.21

Rojas Pinilla, cuyo ascenso al poder significó un intento por dirimir las divisiones entre partidos, vio en ACPO y en la Iglesia a dos aliados para su proyecto de regeneración moral. El episcopado retiró su bendición ante decisiones como el apoyo a la Confederación Nacional de Trabajadores22 y los matices peronistas del final de su Gobierno. A esto hay que sumar su ineficaz política de amnistías y de combate a las guerrillas liberales.23 ACPO, por su parte, abogaba por una reforma agraria integral, que coincidió con el proyecto de Alberto Lleras Camargo el cual terminó como un intento fallido por apaciguar los ánimos en el sector rural.24 El Frente Nacional permitió un acuerdo político entre los partidos tradicionales, pero no garantizó la realización de reformas necesarias para enfrentar los cambios vividos en Colombia durante esos años.25

Aunque algunas facciones de la Iglesia calificaron al analfabetismo como un agravante de la violencia, ACPO tampoco suplió el rezago en educación formal. Solo el 4 % de las escuelas rurales en 1957 ofrecían los primeros cuatro años de primaria; la mayoría de alumnos no superaban el segundo grado.26 De una población proyectada sobre los catorce millones en 1961, casi cinco millones de personas mayores de 7 años eran analfabetas, y solo el 62 % de la población en edad escolar tenía cupo para estudiar. En 1964, de acuerdo con ACPO, solo uno de cada 100 alumnos terminaba la secundaria, y solo uno de cada 600 terminaba la universidad.27 En ese sentido, la prioridad de ACPO fue capacitar adultos en zonas rurales, aunque el Estado no pareció comprenderlo y tampoco la Iglesia. Francisco Zuluaga, citado por Brzezinski, señaló varios problemas que se enfrentaban en ese entonces en términos de educación: un insuficiente número de sacerdotes ordenados, las dificultades para formarlos y el crecimiento progresivo de la población.28 La radio, se convirtió así en una alternativa viable para evangelizar salvando tiempos y distancias. El episcopado comenzó a ver en las Escuelas Radiofónicas una oportunidad para reafirmar su autoridad en las regiones, mientras que ACPO siempre defendió su origen y verdadero propósito.29

La obra de Salcedo creía que la participación activa de la Iglesia católica colombiana era importante, en especial ante los cambios generados por la modernización del país. De no hacerlo, sería condenada a un rol irrelevante en el futuro.30 El episcopado, en cambio, era renuente a las transformaciones producidas por el proceso de secularización de la sociedad. Ambas visiones chocaron durante las discusiones por cuenta del control sobre la institución. Mediante una declaración de agosto de 1957, los ''miembros fundadores'' de ACPO afirmaron que el desarrollo de la propuesta requería una norma distinta a la canónica en lo concerniente a su representación legal y al manejo de su patrimonio.31 Dicha declaración consideró como ''miembro fundador'' a todo aquel que aportó en sus inicios una suma superior a 10 pesos. Los párrocos se reunieron en ese mismo año con la intención de asumir el manejo de ACPO argumentando que se trataba de un organismo únicamente dedicado a la catequesis y la evangelización.32 En 1963, una reforma de estatutos impuso a ACPO la tarea de establecer mecanismos de autofinanciación y la conformación de un equipo de trabajo para la creación de metodologías propias.33 El descontento de los párrocos llevó a plantear la conveniencia de desmontar el modelo de las Escuelas Radiofónicas ligadas a las parroquias, pero eso fue difícil.

Para 1964, el trabajo estaba coordinado por 24 sacerdotes delegados por la jerarquía eclesiástica en calidad de directores diocesanos. Estos brindaban apoyo a los curas (los directores de las Escuelas Radiofónicas) cubriendo 12 departamentos y 554 parroquias de 30 jurisdicciones eclesiásticas.34 La asamblea general de ACPO, cuerpo colegiado en donde participaban los sacerdotes, era su principal órgano de gobierno y el único con poder para cambiar sus estatutos. La ''pelea con los curas'' empezó antes de que ACPO tomara una posición propia frente al control de natalidad, por cuenta de los conflictos sobre el dominio de la institución. Para ese entonces, se dio inicio a lo que se convertiría, eventualmente, en una nueva fuente de discordia: la discusión sobre la explosión demográfica.

 

2. La explosión demográfica y la salud pública

En 1964, el país se preparaba para un nuevo censo de población que se realizó el 15 de junio. ACPO informó a los campesinos para que comprendieran su importancia en el logro de cambios positivos para sí mismos y sus comunidades.35 El Campesino describió la labor que iba a desarrollar el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE). Según el semanario, los resultados serían prueba del crecimiento de la población en las ciudades, por cuenta de la migración desde los campos.sup>36 Para 1938, el 31 % de la población se concentraba en las urbes; la cifra se elevó a un 39 % hacia 1951 y a un 52 % en 1964.37 Este fenómeno y los sucesos de actualidad nacional sirvieron de insumo para los contenidos de las Escuelas Radiofónicas. En un material complementario para la Noción de Alfabeto, se afirmó que el trabajo del DANE serviría para conocer cuántos habitantes tenía Colombia. Esto era un paso esencial: ''¿Qué sucedería si un país cualquiera dejara que su población creciera y en ningún momento se tuviera en cuenta el factor demográfico? Pues, indudablemente, llegaría a un extremo en que explotaría una ''bomba'' que se llama ''gran problema social''. Precisamente, eso se trata de evitar''38.

El censo enmarcó el punto de partida para la discusión nacional sobre la explosión demográfica. Según el DANE, Colombia tenía 17 529 000 habitantes en 1964. Al comparar la cifra con la de 1951 (11 548 000) se calculó una tasa acumulativa de 3,3 % de crecimiento anual de la población. De mantenerse ese ritmo, en 21 años el número se duplicaría. Otro estudio determinó que, entre 1962 y 1963, las mujeres colombianas alrededor de los 30 años ya llevaban 10 de vida fértil, y que estas deseaban tener un aproximado de 3.5 hijos en su familia (la cifra real llegaba en promedio a 4.7).39 El crecimiento demográfico empezó a ser un tema de interés al terminar la Segunda Guerra Mundial,40 si bien el grado de preocupación en cada país fue distinto. Por ejemplo, en Estados Unidos, durante los años cuarenta del siglo pasado, inició un movimiento conocido como el family planning. Sus impulsores consideraban que el bienestar de la familia era garantía de las promesas de libertad y prosperidad del capitalismo.

Mientras socialistas y feministas cuestionaban un modelo de familia en el que la mujer y los hijos obedecían al hombre a cambio de su protección, el family planing abogaba por mejorar las condiciones de llegada de los hijos. De acuerdo con Andrea Tone, citada por Felitti, la inquietud por limitar los nacimientos y extender programas a otras regiones se intensificó con el tiempo, a la vez que aumentó el temor por el crecimiento de la población en el planeta.41 La Alianza Para el Progreso jugó un papel importante en el debate llevado a cabo en América Latina. Esta estrategia, diseñada como contrapeso a la Unión Soviética y su relación con la Revolución cubana, impuso la planeación económica y los estudios socioeconómicos como mecanismos adecuados para asegurar una transición de una sociedad tradicional hacia la modernidad. Comprender y controlar la población eran acciones claves para mejorar las condiciones de vida, así como para favorecer el desarrollo económico.42

Las primeras instituciones creadas para hacerle frente a la explosión demográfica aparecieron hacia la década de 1950, si bien anteriormente otras fundaciones ya habían creado programas de atención y habían destinado recursos para tal fin. Entre las nuevas entidades pueden mencionarse a la Fundación Rockefeller, la Fundación Ford y la Federación Internacional de Planificación Familiar (IPPF). Esta última, formada en 1952, fue la primera organización internacional dedicada al tema. En América Latina, las Naciones Unidas y el Gobierno chileno firmaron un convenio para la creación del Centro Latinoamericano de Demografía (CELADE) en 1957.43 Dos centros similares se abrieron en India y Egipto.

En 1953, una misión médica estadounidense estudió los currículos de medicina en Colombia, y recomendó la creación de una asociación de facultades. Esto se concretó en 1959 con la Asamblea Colombiana de Facultades de Medicina (Ascofame). En 1964, con el concurso de la Fundación Ford se creó la División de Estudios de Población (DEP) de Ascofame.44 Por otro lado la Asociación Pro Bienestar de la Familia Colombiana (Profamilia) inauguró su primera clínica en 1966. Para ese momento, su fundador —el doctor Francisco Tamayo— ya importaba con ayuda de la IPPF dispositivos intrauterinos desde Estados Unidos, que eran suministrados a mujeres de escasos recursos en su espacio de consulta dentro del Hospital San José de Bogotá.45

La comunidad médica fue la primera en preocuparse en Colombia por la explosión demográfica. Más allá del aumento exponencial de la población, su interés se centró en atender un grave problema de salud pública: el aborto inducido. En 1964, CELADE coordinó un estudio de fecundidad urbana entre mujeres embarazadas de cinco capitales latinoamericanas. Aunque el porcentaje de madres que practicaron abortos no representó variaciones importantes en términos cuantitativos, sí llamó la atención su decisión de emplearlo como única alternativa de planificación. En los sitios donde la fecundidad era baja, el aborto inducido era el último recurso cuando los otros métodos fallaban.46

Si bien el uso de anticonceptivos era más frecuente en los países que contaban con una tasa de fecundidad más baja, su incorporación no significó una reducción de los abortos voluntarios. Ni siquiera la penalización de esta conducta sirvió para disminuir esa tendencia. En el caso de Colombia el problema ya empezaba a generar inquietud. Hernán Mendoza Hoyos, director de la DEP, afirmó en una ponencia presentada en Nueva York en 1967 que los hospitales de Cali registraban un aborto por cada tres embarazos sin complicaciones, siendo esta la primera causa de muerte en mujeres entre 15 y 34 años. Más del 60 % de los abortos inducidos se presentaban en mujeres con siete o más embarazos. La conclusión era por tanto que el número ideal de hijos era alcanzado y mantenido mediante abortos inducidos.47Las primeras mujeres en adoptar métodos de planificación familiar fueron las de las ciudades capitales; la información y la disponibilidad de los mismos no alcanzaron en ese momento a las zonas rurales. A pesar de los esfuerzos de entes privados como Profamilia y de programas implementados por el Estado y Ascofame, la anticoncepción era prácticamente desconocida para las colombianas de bajos recursos. Gran parte de ellas no sabían qué era el ''ritmo'' o cuáles opciones eran aceptadas moralmente por la Iglesia católica.48 También debe considerarse la oposición por parte de ciudadanos católicos, de la misma Iglesia y de sectores de la izquierda colombiana a la ejecución de esos programas.

Un estudio realizado por el Ministerio de Salud y Ascofame en 1968 encontró que las mujeres con mayores ingresos (30 mil pesos de la época o más por año) usaban métodos de planificación con más frecuencia y tenían una tasa de fecundidad más baja. Las tasas de aborto espontáneo eran más altas en los sectores más pobres (ingresos por 6 mil pesos o menos al año) mientras que el aborto inducido era más recurrente en los estratos medios. La tasa de aborto inducido en Bogotá se calculó en 16 %; la media para otras ciudades se fijó en 20.1 %, mientras que en las zonas rurales disminuyó al 8 %.49

 

3. La Iglesia católica, los laicos y los párrocos

La Iglesia católica abordó el crecimiento demográfico desde su doctrina social. Ya en 1930, la encíclica Casti Connubli de Pio XI rechazó que el Estado controlara la decisión de los esposos sobre cuántos hijos debían tener, inclusive ante argumentos asociados con la salud de la madre o con la situación económica de las familias. Siguiendo al Génesis, esta institución afirmaba que los hijos debían poblar la tierra y ayudar así al crecimiento de la Iglesia.50 A principio de los años 60, ante la mayor disponibilidad de métodos como el dispositivo intrauterino o la píldora, el mundo católico demostró su preocupación ante la posibilidad de una excesiva libertad individual de las mujeres y los probables efectos colaterales de los anticonceptivos,51 así como por la supuesta falta de recursos económicos, sociales o institucionales.

Juan XXIII, en Mater et Magistra, afirmó que la Tierra contaba con una capacidad inagotable de producción. La colaboración entre los pueblos y un justo desarrollo económico y social serían suficientes como solución. Según la encíclica, la vida humana era sagrada, y los métodos artificiales de control de natalidad respondían a una visión materialista de la misma.52 Al no ser lícitos los procedimientos usados en la genética de plantas o animales se propuso como respuesta implementar una formación cultural y religiosa más perfecta sobre los derechos y deberes de los padres. También debía inculcarse un profundo sentido de responsabilidad en la constitución de la familia, la procreación y la educación de los hijos.

El acto conyugal encerraba, además de un significado creador, un sentido de unidad y de amor para el matrimonio. Esto resumía un concepto novedoso para la predicación de la época: la paternidad responsable. La Constitución Gaudium et Spes (Concilio Vaticano II) reafirmó estas ideas. Presentó a los esposos como cooperadores e intérpretes del amor de Dios, a través de su misión de transmitir y educar la vida humana. Esto los invitaba a cumplir su deber con responsabilidad humana y cristiana (respetando los mandatos del Altísimo) haciendo un juicio recto frente a su propio bienestar y el de sus hijos, nacidos o posibles.53

Este discurso representó un cambio importante; hasta ese entonces, el poder de decisión de los esposos se limitaba al deseo de casarse y la selección de la pareja. No obstante la nueva apuesta mantuvo las prohibiciones a la intervención del Estado y al uso de métodos anticonceptivos. Juan XXIII murió antes de conocer las conclusiones de la Comisión Pontificia sobre población, familia y natalidad convocada en 1963 para plantear los aportes de la Santa Sede en eventos internacionales sobre población. Algunas de sus sugerencias se filtraron a la prensa. Junto con algunos apartes de la encíclica Populorum Progressio, que reconoció el derecho de los poderes públicos a intervenir en el problema demográfico ''dentro de los límites de su competencia''54, se previó una transformación en la posición de la Iglesia con respecto al control de la natalidad y la planificación familiar.

Las esperanzas se desvanecieron con la aparición en 1968 de Humanæ Vi.55 Tras desconocer las recomendaciones de la Comisión, Pablo VI rechazó que los matrimonios tuvieran libertad de elegir un método de planificación familiar, pues su conducta debía ajustarse siempre a la intención creadora de Dios. La encíclica reiteró la defensa del amor conyugal y la paternidad responsable, y rechazó los métodos artificiales y antinatales. Este panorama no impidió que surgieran iniciativas y voces disidentes al interior de la Iglesia católica. Bien fuese a favor o en contra, la fe incidió en la decisión personal de las familias y las mujeres sobre la planificación y la implementación de políticas de control de natalidad.

Algunas figuras de la Iglesia apoyaron en Lima (Perú)56 y Cali (Colombia)57 programas de atención en donde, además de una formación acorde a la doctrina social de la Iglesia, se prescribieron anovulatorios bajo ciertas condiciones. En su tesis doctoral en teología moral (presentada en el día de la Inmaculada Concepción) el jesuita antioqueño Alfonso Llano Escobar afirmó que una intervención materialmente anticonceptiva, que limitara la procreación bajo decisión responsable y sin estar basada en el egoísmo, no era un acto de anticoncepción sino de regulación de la natalidad (compatible con las ideas del Concilio Vaticano II).58

Sin embargo, el dilema moral para los fieles se mantuvo vigente. Con la prohibición de los métodos de planificación, no parecía existir una alternativa para regular el número de hijos. Algunos optaron por obviar el problema. Entre 1963 y 1964, se adelantó un estudio con mujeres católicas en Latinoamérica. En Bogotá, el 73 % de las participantes consideró que se debía distribuir información sobre el control de la natalidad; mientras un 51 % afirmó que estarían dispuestas a tomar píldoras anticonceptivas.59 Las autoridades eclesiásticas no pensaban igual. Aun antes de la publicación de Humanæ Vitæ, el episcopado colombiano decidió que ''la anticoncepción por motivos caprichosos y egoístas es moralmente reprochable en todos los casos''60, y que el derecho de información solo aplicaba sobre las cosas que convenían a los hombres.

El colectivo también se opuso a las conclusiones de la Asamblea Panamericana de Población celebrada en Cali en 1965, en especial al discurso del expresidente Alberto Lleras Camargo quien defendió al control de la natalidad como una solución humana y cristiana.61 La Iglesia colombiana rechazó, con el apoyo de sectores laicos, un contrato firmado en 1967 entre el Estado, la AID y Ascofame. El convenio contempló la formación en planificación familiar de 1200 médicos, que compartirían sus conocimientos con los campesinos. Vicente Andrade Valderrama, cofirmante del acta de constitución de ACPO, se sumó a las voces de protesta.62

Los párrocos tampoco encontraron una guía unánime sobre la manera en que debían orientar a sus feligreses. Un estudio financiado por el Population Council en 1969 en tres países incluyó una muestra de 500 curas colombianos. Sus resultados reflejaron una gran diversidad de opiniones. No hubo un acuerdo definitivo sobre el mensaje de la Humanæ Vitæ acerca de la moralidad de la concepción. Solo una tercera parte de los sacerdotes consideraron como su responsabilidad el guiar la selección de un método de planificación familiar. Menos de la mitad se sentían lo suficientemente informados como para aconsejar al respecto.63 A pesar de la oposición, varios de los programas de planificación familiar siguieron en pie, reflejando un impacto positivo en indicadores como la tasa bruta de natalidad.64 A mediados de los años setenta, Profamilia —que contaba con más de setenta y nueve mil usuarios— implementó puntos de distribución rural de anticonceptivos orales en siete departamentos65 y anunció por radio la apertura en ciudades capitales de los servicios de clínica.66 Proyectos estatales en la misma línea llegaron también a los campos.

ACPO llevó y explicó a sus audiencias (principalmente rurales) los pormenores de este debate nacional. Además, construyó un discurso propio sobre la explosión demográfica, tomando como base la doctrina social de la Iglesia católica. Esta fue una posición ''revolucionaria'', pero nunca comparable a la de grupos disidentes como Golconda o Sacerdotes para América Latina. ACPO nunca defendió la rebelión o la lucha armada; su apuesta para el cambio social estuvo en la educación.

Ahora bien, la sola existencia de un programa de planificación familiar no garantiza su éxito. Otras herramientas deben ayudar a que esas innovaciones sean adoptadas en la vida diaria. Al respecto podemos pensar que la Campaña de Procreación Responsable de ACPO aportó a este propósito. Por ahora, no es posible comprobar la influencia de las políticas estatales o propuestas privadas en la creación de la campaña, pero algo es innegable: sus impulsores entendieron cómo estos acontecimientos impactaban la vida del campo.

 

4. La Campaña de Procreación Responsable

Además de las preguntas realizadas por los jóvenes en los Institutos Campesinos de ACPO, monseñor Salcedo mencionó como inspiración de la campaña un viaje por el río Magdalena, en donde encontró varias familias que decidieron tener ''demasiados hijos, demasiado pronto [...] Con frecuencia la madre, soltera, era una niña de 14 años de edad''67. Los contradictores del antinatalismo pensaban que la prohibición del sexo prematrimonial ayudaba al control de los nacimientos, retrasando el inicio de la vida reproductiva de la mujer. Sin embargo, aunque no era algo extraño para la época, existían voces contrarias a la posibilidad de casar parejas menores de 18 años. Las sanciones por adulterio eran más benignas para los hombres casados y las hazañas sexuales eran parte del prestigio entre solteros. En ese contexto machista se valoraba la masculinidad manifestada en el número de hijos y una conducta sexual libre.68

Ante este panorama, la Noción de Espiritualidad empezó a referirse a la paternidad responsable, así como a los llamados del Vaticano y el episcopado para ofrecer una correcta educación sexual y formación para el matrimonio. Con el tiempo, esto evolucionó hasta referirse más directamente a la sexualidad y al ''amor verdadero''. Desde 1969 aparecieron en El Campesino artículos en esa línea. El primero presentó a José, esposo de María, como un padre responsable: su misión no concluyó con el nacimiento de sus hijos, sino que asumió su obligación ''con libertad y conciencia''69.

ACPO promocionó su propio modelo ideal de familia: papá, mamá y dos hijos como máximo: ''En el paraíso, el Creador dijo a los primeros hombres: 'creced y multiplicaos'. Eso es cierto. Pero jamás quiso decir: 'creced y multiplicaos irresponsablemente'''70. Esta era una imagen diferente a la de los hogares voluntaria y responsablemente numerosos, defendida por el episcopado. ACPO tuvo cuidado de no controvertir la doctrina de la Iglesia. La estrategia de usar fragmentos de textos bíblicos y encíclicas para hablar de estos temas apuntaba a que los campesinos aceptaran poco a poco ideas novedosas relacionadas con el control de los nacimientos. Por supuesto, también servían de orientación para los párrocos. ACPO transformó poco a poco su idea acerca del rol de la mujer; el antes ''corazón del hogar'' debía ser algo más que una ''máquina de hacer hijos''71. Esto llevó a cuestionar el autoritarismo y las relaciones excluyentes de género, las cuales solo podían ser contrarrestadas ofreciendo a las mujeres acceso a la educación y oportunidades de participar como iguales en las decisiones del hogar y la comunidad,72 y en el derecho a definir el número de hijos en su familia. Las hijas jóvenes no debían ser expulsadas de sus casas por culpa de un ''error amoroso'' (embarazo antes del matrimonio).

Pese a los temores de los opositores a la cultura norteamericana de las ''citas'', ACPO insistió en que el noviazgo era una etapa ideal para aprender las responsabilidades que se iban a adquirir en el matrimonio.73 Se instó en dar mayor libertad a las mujeres para reunirse con jóvenes del sexo opuesto, sin llegar al libertinaje. A todo esto se sumó un elemento adicional: la invitación a los esposos a consultar por métodos de planificación familiar. En 1970, la sección catequesis de El Campesino aclaró a sus lectores la diferencia entre control de natalidad y planificación familiar. El primero buscaba que los niños ''no nazcan por ningún motivo'' y recurría a métodos castigados por el Estado y la Iglesia. La planificación familiar, por su parte, permitía una mayor distancia entre cada nacimiento. El artículo recomendó consultar al médico o al centro de salud sobre el ''ritmo'', y a solicitar información sobre otros métodos lícitos y eficaces.74

Los católicos más ortodoxos nunca estuvieron de acuerdo. Para ellos, la planificación familiar no refería con claridad los procedimientos usados para mantener un número reducido de hijos. Además la opción de la continencia periódica tampoco podía considerarse como una escapatoria permitida por la Iglesia para limitar los nacimientos.75 Desde la doctrina católica, la posibilidad de que los esposos consultaran sobre métodos de planificación no estaba dentro de las decisiones que estos podían tomar. ACPO no promovió alternativas con nombre propio, pero sí respondió a su manera al llamado de ofrecer una mejor y más completa educación sexual. Al ser esta una necesidad moral y un derecho individual se envió información a las Escuelas Radiofónicas sobre los cambios vividos en la pubertad, las funciones de los órganos reproductivos e invitaciones a asumir la práctica de una sexualidad generosa y un amor responsable.

La suma de todos estos elementos dio origen a la ''procreación responsable'', mencionada por primera vez en un editorial de marzo de 1972, si bien la Conferencia Episcopal había usado el término en su declaración de 1967. Allí se marcó un cambio radical para ACPO, pues el aumento de la producción y de los bienes de consumo dejó de promoverse como un recurso para enfrentar la explosión demográfica. Citando palabras del primer ministro chino, Chon En-Lai, el texto afirmó que la respuesta al problema demográfico estaba en la responsabilidad individual sobre el don de crear vidas. Para ello, debía contarse con ''hombres y mujeres conscientes de su responsabilidad personal y social''. El no asumir o entender esa obligación podía explicar en parte el cuadro de subdesarrollo en Colombia.76 En esta línea, el editorial siguió presentado ideas controversiales. Algunos sectores del catolicismo consideraban absurdo culpar a los esposos de irresponsables por tener hijos; esto sería la negación práctica del derecho a la paternidad y maternidad. Además, era responsabilidad de la sociedad la creación de las condiciones que permitieran ejercer esa potestad.77

Las voces de protesta no se hicieron esperar. Una carta dirigida a ACPO criticó la ''visión materialista'' del problema,78 y un grupo de ciudadanos irascibles se congregaron para expresar su inconformidad ''por medios fuera de recibo''79. El periódico se defendió citando un discurso de Pablo VI, en donde afirmó que el papel de estos instrumentos de comunicación era mostrar todos los aspectos de la realidad e intentar un conocimiento profundo y objetivo de los mismos. La ''peligrosa ilusión'', según El Campesino, era creer que el país podía avanzar si hombres y mujeres no adquirían ''plena inteligencia de sus deberes como progenitores''. Desde la publicación del polémico editorial, varios artículos de El Campesino incluyeron como conclusión la misma frase: ''Los hijos no deben ser producto de la casualidad''. Otras más empezaron a aparecer en el semanario: ''Es usted quien libremente debe averiguar o determinar lo que más le convenga para regular su fertilidad''. ''[...] el matrimonio es un contrato que no está exclusivamente destinado a la procreación''. ''[...] son muchos los actos sexuales que no comunican la vida. Dios sabe eso y lo permite.''

Estos mensajes no solo fueron elaborados por los redactores de El Campesino. Hacia 1973, se invitó a sus lectores a enviar frases sobre el verdadero significado del amor, ofreciendo como motivación la rifa de 100 radios Sutatenza (receptores) y el envío de un nuevo libro dedicado al amor, la educación sexual y la preparación para el matrimonio. Así nació la ''Campaña del Amor'', que luego se convirtió en la Campaña de Procreación Responsable. Varios comentarios de los lectores fueron publicados en separatas especiales. ACPO consideró ''muy grave'' que las personas asumieran el ''hablar de 'eso''' como pecado.80 El sexo y la distancia entre nacimientos no debían verse desde la culpa, sino considerarse como virtudes. El verdadero pecado, la ''falta grave ante Dios'', era la ignorancia sobre la sexualidad, a la que también se le había declarado la guerra. Para lograr ese objetivo se conformó un pequeño equipo de trabajo que tuvo a su cargo la redacción de artículos para El Campesino, la supervisión y edición de libretos radiofónicos y el aseguramiento de la relevancia de los materiales producidos dentro de los propósitos de la campaña.81

Ante el abandono de los hijos, ACPO propuso ir más allá de la educación sexual, brindando contenidos sobre la vida familiar y social. Como el acto sexual era equiparable al poder creador de Dios, la procreación debía ser una decisión libre y responsable. Para lograr esto era necesario superar tres problemas: la prioridad dada a la discusión sobre los métodos de planificación o la moralidad de la anticoncepción; los tabúes alrededor de la educación sexual producto de una errada idea de moral; y la mala interpretación de la libertad de los seres humanos frente al sexo. Si el problema del crecimiento demográfico tenía como fondo un asunto de responsabilidad, no era necesario promover la liberación sexual o dar recomendaciones sobre métodos específicos; bastaba con invitar a los matrimonios a informarse. ACPO consideró que frente a otros esfuerzos similares, la idea de su campaña era pionera.83

Esta labor implicó la producción continua de nuevos materiales pedagógicos. Los mensajes se incluyeron en cartillas y clases de lectoescritura,83 cuñas radiales,84 una serie radial de dramatizados titulada ''Viva la Vida'', canciones, libretos teatrales,85 publicaciones de la Biblioteca del Campesino86 (incluyendo un libro dedicado a las enfermedades de transmisión sexual),87 adaptaciones de los textos tradicionales de la novena de aguinaldos (publicadas en 1971 y 1977) y hasta en un tablero de ajedrez.88 Los conocimientos sobre estos temas fueron evaluados en las comprobaciones (los exámenes finales). La frecuencia con que aparecieron tales contenidos durante la década de los 70 fue variable, al menos en El Campesino. Aún está por determinarse si este vaivén fue producto de la autorregulación o de la censura. En todo caso, el nombre que algunos colaboradores de ACPO le dieron a la campaña no fue ''producto de la casualidad''.

 

5. La ''mayoría de edad'' y el ocaso de ACPO

La Campaña de Procreación Responsable se basó en la experiencia de ACPO en su trabajo con los campesinos, y ofreció una respuesta más acorde al día a día de los fieles que querían mantenerse dentro de los preceptos de la doctrina católica. Al igual que los pioneros de la planificación familiar en Colombia, ACPO no buscó un enfrentamiento con las autoridades eclesiásticas. Sin embargo, aunque se manejara de forma pública o privada, ''la pelea con los curas'' era inevitable. Las conclusiones de la visita de un enviado del Vaticano reflejaron la existencia de cuestionamientos en la Santa Sede sobre la tendencia de ACPO de alejarse de la doctrina católica.89

También hay huellas de un memorando emitido por monseñor Salcedo a Roma, tras ser acusado de difundir ''ideas anticonceptivas y maltusianas''90. La respuesta a las acusaciones fue redactada en un tono conciliador, pero en ella no se dudó en plantear que la Iglesia debía indagar más sobre la realidad popular y profundizar científicamente sobre el problema de la población; esto ante la confusión y desobediencia del mundo católico. La historia de ese posible enfrentamiento directo aún está por escribirse, pero también deben considerarse otros elementos para entender el ocaso de ACPO. En 1972 se planteó la necesidad de una reorganización para mejorar los costos, la productividad del edificio donde estaban las oficinas y las finanzas de El Campesino.

Para ese momento, no se contaba con una tesorería que controlara el presupuesto, y las ventas de la emisora no cubrían los costos de funcionamiento de la cadena.91 Tres años antes, las páginas de El Campesino revelaron un infructuoso intento de cuantificar el número de alumnos y de Escuelas Radiofónicas. Por otro lado, no se puede olvidar la discusión sobre la misión de ACPO, que tuvo un último round a partir de 1975. Tras la aprobación de unos nuevos estatutos por la Gobernación de Boyacá, Andrade Valderrama demandó la decisión al considerar que estos no habían sido redactados por la Asamblea General. Un fallo del Consejo de Estado le dio la razón a los ''miembros fundadores'' en 1977.

Un año después, la Conferencia Episcopal aprobó otros estatutos para ACPO, según los cuales su actividad educativa y programática pasarían a depender de ese cuerpo colegiado. Los ''miembros fundadores'' apelaron el veredicto con éxito. Tras este enfrentamiento y luego de presentar a ACPO como una ''fundación autónoma e independiente'' se instaló en 1978 una nueva junta directiva. La ''mayoría de edad'' aumentó la libertad para tratar asuntos como la noticia del ''bebé probeta'',92 mientras que por el lado de la Iglesia se veían pocos cambios. Juan Pablo II condenó el aborto y los anticonceptivos en uno de sus primeros discursos por Radio Vaticana.93 En tiempos recientes, el papa Francisco recordó a bordo de un avión, que los buenos católicos no debían reproducirse como conejos, pero sí debían acogerse a la paternidad responsable.94

En ese sentido, la independencia implicaba riesgos. Después de la acusación ante el Vaticano por la Campaña de Procreación Responsable se habló de la negativa de organizaciones católicas internacionales a otorgar nuevos fondos. Además de la controversia por el cambio de estatutos, el organismo también debió soportar que la Iglesia alemana retirara su apoyo por petición del episcopado colombiano.95 A continuación, ACPO perdió sus beneficios tributarios ante la queja de los gremios radiales96 y de la industria gráfica.97 Adicionalmente las dificultades económicas durante el Frente Nacional obligaron a reducir los auxilios brindados por el Estado. Así, los problemas en las finanzas de ACPO encontraron su punto más crítico entre 1976 y 1982.

A pesar de los esfuerzos de la junta, no pudo evitarse la quiebra en 1986.98 La deuda conllevó a la venta de Radio Sutatenza y a la pérdida de su sede central.99 El Campesino dejó de circular en 1990, aunque recientemente cumplió su promesa de regresar en un formato digital. Monseñor Salcedo murió en Miami en 1994, donde se radicó tras recibir amenazas contra su vida. El padre Sabogal falleció en 1996. Sin embargo a pesar de estos años difíciles, los proyectos actuales de ACPO cubren 30 municipios de ocho departamentos, a través de las Escuelas Digitales Campesinas y el Centro de Estudios sobre Innovación y Desarrollo Socioeconómico. Al parecer, de la Campaña de Procreación Responsable no se volvió a hablar.

 

Conclusiones

Aunque se indagó en varias oportunidades por la posibilidad de reconstruir esta historia con algunos de sus protagonistas, muchos prefirieron no referirse a la campaña. La lucha por romper con un viejo tabú generó uno nuevo. Sin embargo, las fuentes revisadas dan cuenta de cómo un medio de comunicación, asociado con la Iglesia católica, trató temas polémicos como el sexo o el control de natalidad. Esto permitió a los campesinos y párrocos colombianos informarse, además de —si fuere el caso— tomar decisiones al respecto. La Campaña de Procreación Responsable prueba que los métodos de enseñanza de las Escuelas Radiofónicas fueron tan revolucionarios como algunas posiciones de ACPO frente al cambio social. No obstante, la evidencia sugiere que resulta insuficiente culpar a la campaña por la caída de la institución. Por eso valdría la pena revisar minuciosamente el estado de sus finanzas y su capacidad de mantener un equilibrio económico. Al respecto, deben tenerse en cuenta las críticas sobre la fiabilidad de las cifras del número de Escuelas Radiofónicas o de personas alcanzadas.

El aporte de la campaña en la incorporación efectiva de la planificación familiar es difícil de calcular; ACPO, por su parte, promocionó métodos específicos. En ese sentido, la amplia cobertura de Radio Sutatenza para ese entonces obligaría a realizar una comparación detallada de las tasas de natalidad en las zonas donde llegaba o no su señal. Incluso es muy probable que otros programas de atención hayan impactado los mismos territorios. La invitación a los esposos a preguntar por opciones de planificación pudo haber motivado la llegada de esos programas a las zonas rurales, pero eso aún debe demostrase. Debemos tener en cuenta que la difusión masiva de mensajes sobre la planificación familiar no garantizaba el acceso a los métodos promovidos. De hecho, ACPO se quejó reiteradamente sobre la falta de médicos en los campos. Además, es difícil probar el éxito de los programas de planificación familiar debido a la falta de precisión de los datos sobre fecundidad en países en vías de desarrollo, o por la imposibilidad de separar los efectos directos de esas actividades con los causados por otros factores. Tampoco es posible saber qué habría pasado con las tendencias poblacionales si esos esfuerzos no se hubiesen ejecutado.100

Hernando Bernal hizo su propio balance. Para 1979, se habían recibido más de 12 mil cartas que fueron contestadas por el semanario o la radio. Pese al rechazo inicial, los mensajes ganaron aceptación con el tiempo. El interés decayó cuando los programas dejaron de referirse específicamente a los métodos para controlar la población, además de que se perdió el mecanismo para retroalimentar a los guionistas sobre los contenidos de las cartas, estimando así acciones correctivas.101

Como vemos, quedan tareas pendientes y caminos posibles para avanzar en nuevos relatos sobre un hito de la comunicación y la educación a distancia para adultos en América Latina. Infortunadamente, el tabú sobre la Campaña de Procreación Responsable aún es tan fuerte que no todos se atreven a llamarla por su nombre: hablar de ''eso'' no debería ser un pecado. Sin embargo, con todas sus contradicciones, este acontecimiento nos puede llevar a comprender el carácter ''revolucionario'' de Radio Sutatenza, ACPO y las Escuelas Radiofónicas.

 


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Resumen

Radio Sutatenza y Acción Cultural Popular crearon durante la segunda mitad del siglo XX un modelo exitoso e innovador de alfabetización de adultos en Colombia a través de la radio. Tras cuatro décadas, esta institución relacionada con la Iglesia católica cayó tan rápido como se construyó. Aunque pocos de sus antiguos colaboradores se animan a hablar de ello, algunas voces culpan de este declive a la Campaña de Procreación Responsable, una estrategia revolucionaria que ofreció orientación a la población campesina ante el crecimiento demográfico. Mediante la revisión de fuentes primarias y secundarias, el artículo reconstruye la historia de la campaña, y plantea visiones alternativas sobre el ocaso de esta obra.

Palabras clave:

Radio Sutatenza, Acción Cultural Popular, control de la natalidad, historia de la comunicación, Colombia.

Abstract

Radio Sutatenza and Acción Cultural Popular created during the second half of the twentieth century a successful and innovative adult literacy model using radio as a powerful tool. After four decades, this institution related to the Catholic Church fell as fast as it was built. Although not all of its former associates are willing to talk about it, some of them blame for this decline to the Responsible Procreation Campaign, a revolutionary strategy that provided guidance to the colombian peasants about population growth. After reviewing primary and secondary sources, the article traces the history of the campaign and presents alternative views about the decline of this initiative.

Keywords:

Radio Sutatenza, Acción Cultural Popular, birth control, communication history, Colombia.

Introducción

Ante sonados fallos judiciales sobre el matrimonio entre personas del mismo sexo, la adopción por parte de parejas LGTBI o la legalidad del aborto, nuestra sociedad se cuestiona en estos días sobre la responsabilidad de la paternidad, la salud pública o el modelo ideal de familia. Estas discusiones mantienen vigentes problemas que Colombia debatió cuando se empezó a hablar del ''problema demográfico'', hace ya varias décadas. Durante la segunda mitad del siglo XX, diversos sectores sociales esgrimieron públicamente argumentos a favor y en contra de fenómenos e ideas novedosas para la época como el aumento de la población y la planificación familiar. Sin embargo, al igual que con los métodos de anticoncepción, la información se quedaba en las ciudades. En este contexto, la Acción Cultural Popular (ACPO) -una reconocida iniciativa de capacitación popular para adultos ideada por un sacerdote jesuita- trató de responder con la Campaña de Procreación Responsable a las dudas de fieles católicos y sacerdotes (en especial, en las zonas rurales).

A través de la radio y otros soportes, ACPO difundió a los campesinos colombianos mensajes sobre la paternidad responsable, el buen manejo del noviazgo, la necesidad de romper el tabú sobre el sexo e invitaciones a preguntar por la planificación familiar. Esto último no fue bien recibido por algunos sectores de la sociedad. Personas cercanas a la obra sostienen que dicha campaña fue la principal causa de su caída,1 y se refieren al asunto como ''la pelea con los curas''. Tras una revisión de fuentes primarias y secundarias, se dará cuenta de cómo una emisora enmarcada en la Iglesia católica propuso en la segunda mitad del siglo XX un enfoque de avanzada frente a la natalidad para resolver los dilemas morales de sus audiencias: los alumnos, facilitadores y directores de las Escuelas Radiofónicas.

El nacimiento de Radio Sutatenza (1947) y ACPO (1949), así como su modelo educativo y su rápido crecimiento inicial serán reseñados brevemente en una primera parte. Luego se presentará un contexto del surgimiento de la discusión sobre el problema demográfico en Colombia por parte de diversos sectores (resaltando el papel de los médicos y la Iglesia) para explicar cómo ACPO empezó a involucrarse en el asunto a partir de 1964. En un tercer momento, la atención se centrará en la Campaña de Procreación Responsable iniciada oficialmente en 1973, y en las polémicas generadas por la misma. A modo de cierre, se presentarán elementos de juicio y otras alternativas para comprender el derrumbe de ACPO, además de algunas conclusiones sobre el posible impacto de la campaña en la adopción de prácticas de planificación familiar sobre su audiencia.

1. Radio Sutatenza, ACPO y la Educación Fundamental Integral

Monseñor José Joaquín Salcedo, hijo de telegrafista, nació el 8 de diciembre de 1921 en Corrales, Boyacá. Aunque no fue ''muy apegado a los libros'' durante sus años de seminarista,2 el joven Salcedo no abandonó sus inquietudes por la mecánica y la electricidad. En 1947 fue ordenado sacerdote en Tunja, capital del departamento. Luego fue nombrado vicario parroquial de Sutatenza, un retirado pueblo del Valle de Tenza. Su población en ese entonces era de ocho mil habitantes, la mayoría ubicados en el sector rural y con un alto índice de analfabetismo debido al difícil acceso a las escuelas. Allí eran frecuentes los desórdenes debido al consumo exagerado de alcohol.3 La inquietud por mejorar las condiciones de los campesinos de la región llevó a Salcedo a iniciar las transmisiones de prueba de Radio Sutatenza, tan solo un mes después de su llegada. Los ensayos de media hora se hicieron con un transmisor de aficionado fabricado por su hermano José Antonio (también sacerdote). José Ramón Sabogal, párroco de la población vecina de Tiribita, sumó a la obra sus 14 centros catequísticos y de asistencia social ubicados en las veredas.

De esta manera, Sabogal y Salcedo se propusieron crear una emisora para enseñar a leer y escribir a los campesinos de Boyacá y Cundinamarca. La primera Escuela Radiofónica, espacio donde estos seguían las lecciones de radio con ayuda de un tutor (auxiliar inmediato), se estableció en septiembre de 1947. La primera licencia de radiodifusión fue otorgada durante el mandato de Mariano Ospina Pérez, el 17 de octubre de 1947.4 Ospina fue el primer presidente conservador tras 16 años de gobiernos liberales, en los cuales se adelantaron reformas como la recuperación del papel del Estado en la educación, liquidando así el prolongado privilegio de la Iglesia católica.5 Este tema, clave en los intentos de modernización liberales, generó un fuerte inconformismo entre algunos sectores conservadores y la Iglesia.6

Este fue el escenario en el cual surgió Acción Cultural Popular, nombre que recibió la obra de Salcedo al obtener su personería jurídica. Antes de convertirse en obra diocesana, ACPO nació en octubre de 1949 en el marco del derecho civil, mediante una resolución del Ministerio de Justicia.7 Su acta de constitución fue firmada, entre otras personas, por monseñor Crisanto Luque, obispo de Tunja; el director de la coordinación de Acción Social Católica, padre Vicente Andrade Valderrama; el coordinador de Acción Social Católica en Tunja, padre Jorge Monastoque; y el mismo Salcedo como director de las Escuelas Radiofónicas Culturales de Sutatenza.

Radio Sutatenza y ACPO recibieron, desde sus inicios, apoyo de diversas fuerzas de la sociedad. Monseñor Luque fue nombrado arzobispo de Bogotá en 1950. Luego de convertirse en el primer cardenal de Colombia en 1953, ratificó la fundación de esta empresa.8 Tras el éxito temprano de ACPO, el episcopado la acogió formalmente dentro del conjunto de actividades de la Acción Católica,9 creada en 1944 como un esfuerzo de renovación de la acción social de la Iglesia.10 Los párrocos de los municipios donde funcionaban las Escuelas Radiofónicas sirvieron como sus directores. Por su parte, el Estado hizo lo propio. Así durante la dictadura militar de Gustavo Rojas Pinilla (nacido en Tunja) se otorgó un contrato para formar maestros rurales. También se decretó que los hacendados con arrendatarios o más de cinco trabajadores permanentes debían comprar un radio receptor para seguir la programación de Radio Sutatenza.11

Se calculaba que, para 1953, la emisora había capacitado a trescientos mil campesinos; un esfuerzo insuficiente para una población estimada en trece millones de habitantes (hacia 1950, se calculaba que el 38 % de los colombianos eran analfabetas).12 Rojas reconoció a ACPO como institución de utilidad común en 1955, eximiéndola del pago de impuestos y facilitando el apoyo estatal. Dicho acuerdo fue revalidado por el primer presidente del Frente Nacional, el liberal Alberto Lleras Camargo, en 1961.13 Al año siguiente, se presentaron unas nuevas cartillas básicas para las Escuelas Radiofónicas financiadas por su Gobierno.14

Otras organizaciones internacionales también aportaron su granito de arena. Después de una solicitud de ayuda presentada por Salcedo, Naciones Unidas otorgó recursos para la compra de dos trasmisores en 1948.15 ACPO recibió apoyos de la Agencia para el Desarrollo Internacional de Estados Unidos (AID), del Banco Interamericano de Desarrollo y de MISEREOR, obra episcopal de la Iglesia católica alemana.16 Por otro lado, los sociólogos, particularmente en Estados Unidos, empezaban a interesarse por los problemas del campo, además del papel de la comunicación en el cambio social y la aceptación de ideas novedosas. Prueba de ello fue el trabajo realizado por Orlando Fals Borda y Paul Deutschmann.17 De otro lado, Everett M. Rogers, precursor de la teoría sociológica de difusión de las innovaciones, plasmó parte de sus aprendizajes en Colombia en un libro dedicado a la modernización de los campesinos y el impacto de la comunicación.18 Esos postulados fueron retomados en una publicación posterior sobre estrategias de comunicación para la planificación familiar.19

La Unesco financió la publicación de la primera cartilla propia de ACPO en 1955 e impulsó la implementación de su modelo educativo en otros países. El organismo planteó la idea de la Educación Fundamental, base para la construcción de la estrategia pedagógica de ACPO: la Educación Fundamental Integral. Esta última fue planteada por los sacerdotes Francisco Houtart, sociólogo y profesor de la Universidad de Lovaina, y Gustavo Pérez Ramírez, su alumno.20 La Educación Fundamental Integral buscó la formación de personas capaces de vivir en sociedad y de participar directamente en la promoción de su propio desarrollo. Estas dos tareas, asumidas libre y responsablemente por los campesinos, se enmarcaron en lo que se denominó la ''cruzada contra la pobreza''.

Para lograr ese objetivo, ACPO transmitía conocimientos a través de cinco Nociones, categoría que sintetizó a las materias: ''Espiritualidad'', ''Salud'', ''Alfabeto'', ''Número'' y ''Economía y Trabajo''. Con el tiempo se desarrollaron tres niveles formativos que, al ser completados, preparaban a los campesinos para solicitar la validación del grado quinto de primaria ante las secretarías de educación. Además de las Nociones, ACPO manejó campañas que invitaban a los campesinos a realizar actividades o a incorporar comportamientos en su vida diaria considerados como deseables. Los contenidos de las Nociones y las campañas circulaban a través de las Escuelas Radiofónicas. Estas funcionaban en una casa campesina o en cualquier espacio adaptado para seguir las lecciones de los maestros locutores. Los campesinos recibían ayuda de los auxiliares inmediatos, voluntarios con algún grado de educación formal, quienes se instruían adicionalmente en los cursos de extensión ofrecidos en Institutos Campesinos de ACPO o en los municipios.

Las Escuelas Radiofónicas se apoyaron en varios recursos. Entre ellos estaban el semanario El Campesino (publicado desde 1958 como el único periódico dirigido a la población campesina), la correspondencia, libros vendidos a bajo costo (La Biblioteca del Campesino), carteles, discos prensados (a partir de 1960), vehículos para distribución de material pedagógico conocidos como los Acpo Móviles (1971), un helicóptero llamado El Radiofónico (1967) y la Editorial Andes. Este crecimiento da cuenta de los intereses de diversos sectores alrededor de la obra de Salcedo. Por parte de los Gobiernos de turno, se esperaba que las Escuelas Radiofónicas ayudaran a amainar la situación de violencia en los campos. Boyacá (en particular en el nororiente y el occidente) fue escenario de luchas entre poderes políticos locales que luego tuvieron impacto en el resto del país. La zona donde se encuentra Sutatenza limita con El Cocuy, región cundinamarquesa en donde también se registraron alteraciones importantes del orden público.21

Rojas Pinilla, cuyo ascenso al poder significó un intento por dirimir las divisiones entre partidos, vio en ACPO y en la Iglesia a dos aliados para su proyecto de regeneración moral. El episcopado retiró su bendición ante decisiones como el apoyo a la Confederación Nacional de Trabajadores22 y los matices peronistas del final de su Gobierno. A esto hay que sumar su ineficaz política de amnistías y de combate a las guerrillas liberales.23 ACPO, por su parte, abogaba por una reforma agraria integral, que coincidió con el proyecto de Alberto Lleras Camargo el cual terminó como un intento fallido por apaciguar los ánimos en el sector rural.24 El Frente Nacional permitió un acuerdo político entre los partidos tradicionales, pero no garantizó la realización de reformas necesarias para enfrentar los cambios vividos en Colombia durante esos años.25

Aunque algunas facciones de la Iglesia calificaron al analfabetismo como un agravante de la violencia, ACPO tampoco suplió el rezago en educación formal. Solo el 4 % de las escuelas rurales en 1957 ofrecían los primeros cuatro años de primaria; la mayoría de alumnos no superaban el segundo grado.26 De una población proyectada sobre los catorce millones en 1961, casi cinco millones de personas mayores de 7 años eran analfabetas, y solo el 62 % de la población en edad escolar tenía cupo para estudiar. En 1964, de acuerdo con ACPO, solo uno de cada 100 alumnos terminaba la secundaria, y solo uno de cada 600 terminaba la universidad.27 En ese sentido, la prioridad de ACPO fue capacitar adultos en zonas rurales, aunque el Estado no pareció comprenderlo y tampoco la Iglesia. Francisco Zuluaga, citado por Brzezinski, señaló varios problemas que se enfrentaban en ese entonces en términos de educación: un insuficiente número de sacerdotes ordenados, las dificultades para formarlos y el crecimiento progresivo de la población.28 La radio, se convirtió así en una alternativa viable para evangelizar salvando tiempos y distancias. El episcopado comenzó a ver en las Escuelas Radiofónicas una oportunidad para reafirmar su autoridad en las regiones, mientras que ACPO siempre defendió su origen y verdadero propósito.29

La obra de Salcedo creía que la participación activa de la Iglesia católica colombiana era importante, en especial ante los cambios generados por la modernización del país. De no hacerlo, sería condenada a un rol irrelevante en el futuro.30 El episcopado, en cambio, era renuente a las transformaciones producidas por el proceso de secularización de la sociedad. Ambas visiones chocaron durante las discusiones por cuenta del control sobre la institución. Mediante una declaración de agosto de 1957, los ''miembros fundadores'' de ACPO afirmaron que el desarrollo de la propuesta requería una norma distinta a la canónica en lo concerniente a su representación legal y al manejo de su patrimonio.31 Dicha declaración consideró como ''miembro fundador'' a todo aquel que aportó en sus inicios una suma superior a 10 pesos. Los párrocos se reunieron en ese mismo año con la intención de asumir el manejo de ACPO argumentando que se trataba de un organismo únicamente dedicado a la catequesis y la evangelización.32 En 1963, una reforma de estatutos impuso a ACPO la tarea de establecer mecanismos de autofinanciación y la conformación de un equipo de trabajo para la creación de metodologías propias.33 El descontento de los párrocos llevó a plantear la conveniencia de desmontar el modelo de las Escuelas Radiofónicas ligadas a las parroquias, pero eso fue difícil.

Para 1964, el trabajo estaba coordinado por 24 sacerdotes delegados por la jerarquía eclesiástica en calidad de directores diocesanos. Estos brindaban apoyo a los curas (los directores de las Escuelas Radiofónicas) cubriendo 12 departamentos y 554 parroquias de 30 jurisdicciones eclesiásticas.34 La asamblea general de ACPO, cuerpo colegiado en donde participaban los sacerdotes, era su principal órgano de gobierno y el único con poder para cambiar sus estatutos. La ''pelea con los curas'' empezó antes de que ACPO tomara una posición propia frente al control de natalidad, por cuenta de los conflictos sobre el dominio de la institución. Para ese entonces, se dio inicio a lo que se convertiría, eventualmente, en una nueva fuente de discordia: la discusión sobre la explosión demográfica.

2. La explosión demográfica y la salud pública

En 1964, el país se preparaba para un nuevo censo de población que se realizó el 15 de junio. ACPO informó a los campesinos para que comprendieran su importancia en el logro de cambios positivos para sí mismos y sus comunidades.35El Campesino describió la labor que iba a desarrollar el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE). Según el semanario, los resultados serían prueba del crecimiento de la población en las ciudades, por cuenta de la migración desde los campos.36 Para 1938, el 31 % de la población se concentraba en las urbes; la cifra se elevó a un 39 % hacia 1951 y a un 52 % en 1964.37 Este fenómeno y los sucesos de actualidad nacional sirvieron de insumo para los contenidos de las Escuelas Radiofónicas. En un material complementario para la Noción de Alfabeto, se afirmó que el trabajo del DANE serviría para conocer cuántos habitantes tenía Colombia. Esto era un paso esencial: ''¿Qué sucedería si un país cualquiera dejara que su población creciera y en ningún momento se tuviera en cuenta el factor demográfico? Pues, indudablemente, llegaría a un extremo en que explotaría una ''bomba'' que se llama ''gran problema social''. Precisamente, eso se trata de evitar''38.

El censo enmarcó el punto de partida para la discusión nacional sobre la explosión demográfica. Según el DANE, Colombia tenía 17 529 000 habitantes en 1964. Al comparar la cifra con la de 1951 (11 548 000) se calculó una tasa acumulativa de 3,3 % de crecimiento anual de la población. De mantenerse ese ritmo, en 21 años el número se duplicaría. Otro estudio determinó que, entre 1962 y 1963, las mujeres colombianas alrededor de los 30 años ya llevaban 10 de vida fértil, y que estas deseaban tener un aproximado de 3.5 hijos en su familia (la cifra real llegaba en promedio a 4.7).39 El crecimiento demográfico empezó a ser un tema de interés al terminar la Segunda Guerra Mundial,40 si bien el grado de preocupación en cada país fue distinto. Por ejemplo, en Estados Unidos, durante los años cuarenta del siglo pasado, inició un movimiento conocido como el family planning. Sus impulsores consideraban que el bienestar de la familia era garantía de las promesas de libertad y prosperidad del capitalismo.

Mientras socialistas y feministas cuestionaban un modelo de familia en el que la mujer y los hijos obedecían al hombre a cambio de su protección, el family planing abogaba por mejorar las condiciones de llegada de los hijos. De acuerdo con Andrea Tone, citada por Felitti, la inquietud por limitar los nacimientos y extender programas a otras regiones se intensificó con el tiempo, a la vez que aumentó el temor por el crecimiento de la población en el planeta.41 La Alianza Para el Progreso jugó un papel importante en el debate llevado a cabo en América Latina. Esta estrategia, diseñada como contrapeso a la Unión Soviética y su relación con la Revolución cubana, impuso la planeación económica y los estudios socioeconómicos como mecanismos adecuados para asegurar una transición de una sociedad tradicional hacia la modernidad. Comprender y controlar la población eran acciones claves para mejorar las condiciones de vida, así como para favorecer el desarrollo económico.42

Las primeras instituciones creadas para hacerle frente a la explosión demográfica aparecieron hacia la década de 1950, si bien anteriormente otras fundaciones ya habían creado programas de atención y habían destinado recursos para tal fin. Entre las nuevas entidades pueden mencionarse a la Fundación Rockefeller, la Fundación Ford y la Federación Internacional de Planificación Familiar (IPPF). Esta última, formada en 1952, fue la primera organización internacional dedicada al tema. En América Latina, las Naciones Unidas y el Gobierno chileno firmaron un convenio para la creación del Centro Latinoamericano de Demografía (CELADE) en 1957.43 Dos centros similares se abrieron en India y Egipto.

En 1953, una misión médica estadounidense estudió los currículos de medicina en Colombia, y recomendó la creación de una asociación de facultades. Esto se concretó en 1959 con la Asamblea Colombiana de Facultades de Medicina (Ascofame). En 1964, con el concurso de la Fundación Ford se creó la División de Estudios de Población (DEP) de Ascofame.44 Por otro lado la Asociación Pro Bienestar de la Familia Colombiana (Profamilia) inauguró su primera clínica en 1966. Para ese momento, su fundador -el doctor Francisco Tamayo- ya importaba con ayuda de la IPPF dispositivos intrauterinos desde Estados Unidos, que eran suministrados a mujeres de escasos recursos en su espacio de consulta dentro del Hospital San José de Bogotá.45

La comunidad médica fue la primera en preocuparse en Colombia por la explosión demográfica. Más allá del aumento exponencial de la población, su interés se centró en atender un grave problema de salud pública: el aborto inducido. En 1964, CELADE coordinó un estudio de fecundidad urbana entre mujeres embarazadas de cinco capitales latinoamericanas. Aunque el porcentaje de madres que practicaron abortos no representó variaciones importantes en términos cuantitativos, sí llamó la atención su decisión de emplearlo como única alternativa de planificación. En los sitios donde la fecundidad era baja, el aborto inducido era el último recurso cuando los otros métodos fallaban.46

Si bien el uso de anticonceptivos era más frecuente en los países que contaban con una tasa de fecundidad más baja, su incorporación no significó una reducción de los abortos voluntarios. Ni siquiera la penalización de esta conducta sirvió para disminuir esa tendencia. En el caso de Colombia el problema ya empezaba a generar inquietud. Hernán Mendoza Hoyos, director de la DEP, afirmó en una ponencia presentada en Nueva York en 1967 que los hospitales de Cali registraban un aborto por cada tres embarazos sin complicaciones, siendo esta la primera causa de muerte en mujeres entre 15 y 34 años. Más del 60 % de los abortos inducidos se presentaban en mujeres con siete o más embarazos. La conclusión era por tanto que el número ideal de hijos era alcanzado y mantenido mediante abortos inducidos.47 Las primeras mujeres en adoptar métodos de planificación familiar fueron las de las ciudades capitales; la información y la disponibilidad de los mismos no alcanzaron en ese momento a las zonas rurales. A pesar de los esfuerzos de entes privados como Profamilia y de programas implementados por el Estado y Ascofame, la anticoncepción era prácticamente desconocida para las colombianas de bajos recursos. Gran parte de ellas no sabían qué era el ''ritmo'' o cuáles opciones eran aceptadas moralmente por la Iglesia católica.48 También debe considerarse la oposición por parte de ciudadanos católicos, de la misma Iglesia y de sectores de la izquierda colombiana a la ejecución de esos programas.

Un estudio realizado por el Ministerio de Salud y Ascofame en 1968 encontró que las mujeres con mayores ingresos (30 mil pesos de la época o más por año) usaban métodos de planificación con más frecuencia y tenían una tasa de fecundidad más baja. Las tasas de aborto espontáneo eran más altas en los sectores más pobres (ingresos por 6 mil pesos o menos al año) mientras que el aborto inducido era más recurrente en los estratos medios. La tasa de aborto inducido en Bogotá se calculó en 16 %; la media para otras ciudades se fijó en 20.1 %, mientras que en las zonas rurales disminuyó al 8 %.49

3. La Iglesia católica, los laicos y los párrocos

La Iglesia católica abordó el crecimiento demográfico desde su doctrina social. Ya en 1930, la encíclica Casti Connubli de Pio XI rechazó que el Estado controlara la decisión de los esposos sobre cuántos hijos debían tener, inclusive ante argumentos asociados con la salud de la madre o con la situación económica de las familias. Siguiendo al Génesis, esta institución afirmaba que los hijos debían poblar la tierra y ayudar así al crecimiento de la Iglesia.50 A principio de los años 60, ante la mayor disponibilidad de métodos como el dispositivo intrauterino o la píldora, el mundo católico demostró su preocupación ante la posibilidad de una excesiva libertad individual de las mujeres y los probables efectos colaterales de los anticonceptivos,51 así como por la supuesta falta de recursos económicos, sociales o institucionales.

Juan XXIII, en Mater et Magistra, afirmó que la Tierra contaba con una capacidad inagotable de producción. La colaboración entre los pueblos y un justo desarrollo económico y social serían suficientes como solución. Según la encíclica, la vida humana era sagrada, y los métodos artificiales de control de natalidad respondían a una visión materialista de la misma.52 Al no ser lícitos los procedimientos usados en la genética de plantas o animales se propuso como respuesta implementar una formación cultural y religiosa más perfecta sobre los derechos y deberes de los padres. También debía inculcarse un profundo sentido de responsabilidad en la constitución de la familia, la procreación y la educación de los hijos.

El acto conyugal encerraba, además de un significado creador, un sentido de unidad y de amor para el matrimonio. Esto resumía un concepto novedoso para la predicación de la época: la paternidad responsable. La Constitución Gaudium et Spes (Concilio Vaticano II) reafirmó estas ideas. Presentó a los esposos como cooperadores e intérpretes del amor de Dios, a través de su misión de transmitir y educar la vida humana. Esto los invitaba a cumplir su deber con responsabilidad humana y cristiana (respetando los mandatos del Altísimo) haciendo un juicio recto frente a su propio bienestar y el de sus hijos, nacidos o posibles.53

Este discurso representó un cambio importante; hasta ese entonces, el poder de decisión de los esposos se limitaba al deseo de casarse y la selección de la pareja. No obstante la nueva apuesta mantuvo las prohibiciones a la intervención del Estado y al uso de métodos anticonceptivos. Juan XXIII murió antes de conocer las conclusiones de la Comisión Pontificia sobre población, familia y natalidad convocada en 1963 para plantear los aportes de la Santa Sede en eventos internacionales sobre población. Algunas de sus sugerencias se filtraron a la prensa. Junto con algunos apartes de la encíclica Populorum Progressio, que reconoció el derecho de los poderes públicos a intervenir en el problema demográfico ''dentro de los límites de su competencia''54, se previó una transformación en la posición de la Iglesia con respecto al control de la natalidad y la planificación familiar.

Las esperanzas se desvanecieron con la aparición en 1968 de Humanæ Vitæ.55 Tras desconocer las recomendaciones de la Comisión, Pablo VI rechazó que los matrimonios tuvieran libertad de elegir un método de planificación familiar, pues su conducta debía ajustarse siempre a la intención creadora de Dios. La encíclica reiteró la defensa del amor conyugal y la paternidad responsable, y rechazó los métodos artificiales y antinatales. Este panorama no impidió que surgieran iniciativas y voces disidentes al interior de la Iglesia católica. Bien fuese a favor o en contra, la fe incidió en la decisión personal de las familias y las mujeres sobre la planificación y la implementación de políticas de control de natalidad.

Algunas figuras de la Iglesia apoyaron en Lima (Perú)56 y Cali (Colombia)57 programas de atención en donde, además de una formación acorde a la doctrina social de la Iglesia, se prescribieron anovulatorios bajo ciertas condiciones. En su tesis doctoral en teología moral (presentada en el día de la Inmaculada Concepción) el jesuita antioqueño Alfonso Llano Escobar afirmó que una intervención materialmente anticonceptiva, que limitara la procreación bajo decisión responsable y sin estar basada en el egoísmo, no era un acto de anticoncepción sino de regulación de la natalidad (compatible con las ideas del Concilio Vaticano II).58

Sin embargo, el dilema moral para los fieles se mantuvo vigente. Con la prohibición de los métodos de planificación, no parecía existir una alternativa para regular el número de hijos. Algunos optaron por obviar el problema. Entre 1963 y 1964, se adelantó un estudio con mujeres católicas en Latinoamérica. En Bogotá, el 73 % de las participantes consideró que se debía distribuir información sobre el control de la natalidad; mientras un 51 % afirmó que estarían dispuestas a tomar píldoras anticonceptivas.59 Las autoridades eclesiásticas no pensaban igual. Aun antes de la publicación de Humanæ Vitæ, el episcopado colombiano decidió que ''la anticoncepción por motivos caprichosos y egoístas es moralmente reprochable en todos los casos''60, y que el derecho de información solo aplicaba sobre las cosas que convenían a los hombres.

El colectivo también se opuso a las conclusiones de la Asamblea Panamericana de Población celebrada en Cali en 1965, en especial al discurso del expresidente Alberto Lleras Camargo quien defendió al control de la natalidad como una solución humana y cristiana.61 La Iglesia colombiana rechazó, con el apoyo de sectores laicos, un contrato firmado en 1967 entre el Estado, la AID y Ascofame. El convenio contempló la formación en planificación familiar de 1200 médicos, que compartirían sus conocimientos con los campesinos. Vicente Andrade Valderrama, cofirmante del acta de constitución de ACPO, se sumó a las voces de protesta.62

Los párrocos tampoco encontraron una guía unánime sobre la manera en que debían orientar a sus feligreses. Un estudio financiado por el Population Council en 1969 en tres países incluyó una muestra de 500 curas colombianos. Sus resultados reflejaron una gran diversidad de opiniones. No hubo un acuerdo definitivo sobre el mensaje de la Humanæ Vitæ acerca de la moralidad de la concepción. Solo una tercera parte de los sacerdotes consideraron como su responsabilidad el guiar la selección de un método de planificación familiar. Menos de la mitad se sentían lo suficientemente informados como para aconsejar al respecto.63 A pesar de la oposición, varios de los programas de planificación familiar siguieron en pie, reflejando un impacto positivo en indicadores como la tasa bruta de natalidad.64 A mediados de los años setenta, Profamilia -que contaba con más de setenta y nueve mil usuarios- implementó puntos de distribución rural de anticonceptivos orales en siete departamentos65 y anunció por radio la apertura en ciudades capitales de los servicios de clínica.66 Proyectos estatales en la misma línea llegaron también a los campos.

ACPO llevó y explicó a sus audiencias (principalmente rurales) los pormenores de este debate nacional. Además, construyó un discurso propio sobre la explosión demográfica, tomando como base la doctrina social de la Iglesia católica. Esta fue una posición ''revolucionaria'', pero nunca comparable a la de grupos disidentes como Golconda o Sacerdotes para América Latina. ACPO nunca defendió la rebelión o la lucha armada; su apuesta para el cambio social estuvo en la educación.

Ahora bien, la sola existencia de un programa de planificación familiar no garantiza su éxito. Otras herramientas deben ayudar a que esas innovaciones sean adoptadas en la vida diaria. Al respecto podemos pensar que la Campaña de Procreación Responsable de ACPO aportó a este propósito. Por ahora, no es posible comprobar la influencia de las políticas estatales o propuestas privadas en la creación de la campaña, pero algo es innegable: sus impulsores entendieron cómo estos acontecimientos impactaban la vida del campo.

4. La Campaña de Procreación Responsable

Además de las preguntas realizadas por los jóvenes en los Institutos Campesinos de ACPO, monseñor Salcedo mencionó como inspiración de la campaña un viaje por el río Magdalena, en donde encontró varias familias que decidieron tener ''demasiados hijos, demasiado pronto [...] Con frecuencia la madre, soltera, era una niña de 14 años de edad''67. Los contradictores del antinatalismo pensaban que la prohibición del sexo prematrimonial ayudaba al control de los nacimientos, retrasando el inicio de la vida reproductiva de la mujer. Sin embargo, aunque no era algo extraño para la época, existían voces contrarias a la posibilidad de casar parejas menores de 18 años. Las sanciones por adulterio eran más benignas para los hombres casados y las hazañas sexuales eran parte del prestigio entre solteros. En ese contexto machista se valoraba la masculinidad manifestada en el número de hijos y una conducta sexual libre.68

Ante este panorama, la Noción de Espiritualidad empezó a referirse a la paternidad responsable, así como a los llamados del Vaticano y el episcopado para ofrecer una correcta educación sexual y formación para el matrimonio. Con el tiempo, esto evolucionó hasta referirse más directamente a la sexualidad y al ''amor verdadero''. Desde 1969 aparecieron en El Campesino artículos en esa línea. El primero presentó a José, esposo de María, como un padre responsable: su misión no concluyó con el nacimiento de sus hijos, sino que asumió su obligación ''con libertad y conciencia''69.

ACPO promocionó su propio modelo ideal de familia: papá, mamá y dos hijos como máximo: ''En el paraíso, el Creador dijo a los primeros hombres: 'creced y multiplicaos'. Eso es cierto. Pero jamás quiso decir: 'creced y multiplicaos irresponsablemente'''70. Esta era una imagen diferente a la de los hogares voluntaria y responsablemente numerosos, defendida por el episcopado. ACPO tuvo cuidado de no controvertir la doctrina de la Iglesia. La estrategia de usar fragmentos de textos bíblicos y encíclicas para hablar de estos temas apuntaba a que los campesinos aceptaran poco a poco ideas novedosas relacionadas con el control de los nacimientos. Por supuesto, también servían de orientación para los párrocos. ACPO transformó poco a poco su idea acerca del rol de la mujer; el antes ''corazón del hogar'' debía ser algo más que una ''máquina de hacer hijos''71. Esto llevó a cuestionar el autoritarismo y las relaciones excluyentes de género, las cuales solo podían ser contrarrestadas ofreciendo a las mujeres acceso a la educación y oportunidades de participar como iguales en las decisiones del hogar y la comunidad,72 y en el derecho a definir el número de hijos en su familia. Las hijas jóvenes no debían ser expulsadas de sus casas por culpa de un ''error amoroso'' (embarazo antes del matrimonio).

Pese a los temores de los opositores a la cultura norteamericana de las ''citas'', ACPO insistió en que el noviazgo era una etapa ideal para aprender las responsabilidades que se iban a adquirir en el matrimonio.73 Se instó en dar mayor libertad a las mujeres para reunirse con jóvenes del sexo opuesto, sin llegar al libertinaje. A todo esto se sumó un elemento adicional: la invitación a los esposos a consultar por métodos de planificación familiar. En 1970, la sección catequesis de El Campesino aclaró a sus lectores la diferencia entre control de natalidad y planificación familiar. El primero buscaba que los niños ''no nazcan por ningún motivo'' y recurría a métodos castigados por el Estado y la Iglesia. La planificación familiar, por su parte, permitía una mayor distancia entre cada nacimiento. El artículo recomendó consultar al médico o al centro de salud sobre el ''ritmo'', y a solicitar información sobre otros métodos lícitos y eficaces.74

Los católicos más ortodoxos nunca estuvieron de acuerdo. Para ellos, la planificación familiar no refería con claridad los procedimientos usados para mantener un número reducido de hijos. Además la opción de la continencia periódica tampoco podía considerarse como una escapatoria permitida por la Iglesia para limitar los nacimientos.75 Desde la doctrina católica, la posibilidad de que los esposos consultaran sobre métodos de planificación no estaba dentro de las decisiones que estos podían tomar. ACPO no promovió alternativas con nombre propio, pero sí respondió a su manera al llamado de ofrecer una mejor y más completa educación sexual. Al ser esta una necesidad moral y un derecho individual se envió información a las Escuelas Radiofónicas sobre los cambios vividos en la pubertad, las funciones de los órganos reproductivos e invitaciones a asumir la práctica de una sexualidad generosa y un amor responsable.

La suma de todos estos elementos dio origen a la ''procreación responsable'', mencionada por primera vez en un editorial de marzo de 1972, si bien la Conferencia Episcopal había usado el término en su declaración de 1967. Allí se marcó un cambio radical para ACPO, pues el aumento de la producción y de los bienes de consumo dejó de promoverse como un recurso para enfrentar la explosión demográfica. Citando palabras del primer ministro chino, Chon En-Lai, el texto afirmó que la respuesta al problema demográfico estaba en la responsabilidad individual sobre el don de crear vidas. Para ello, debía contarse con ''hombres y mujeres conscientes de su responsabilidad personal y social''. El no asumir o entender esa obligación podía explicar en parte el cuadro de subdesarrollo en Colombia.76 En esta línea, el editorial siguió presentado ideas controversiales. Algunos sectores del catolicismo consideraban absurdo culpar a los esposos de irresponsables por tener hijos; esto sería la negación práctica del derecho a la paternidad y maternidad. Además, era responsabilidad de la sociedad la creación de las condiciones que permitieran ejercer esa potestad.77

Las voces de protesta no se hicieron esperar. Una carta dirigida a ACPO criticó la ''visión materialista'' del problema,78 y un grupo de ciudadanos irascibles se congregaron para expresar su inconformidad ''por medios fuera de recibo''79. El periódico se defendió citando un discurso de Pablo VI, en donde afirmó que el papel de estos instrumentos de comunicación era mostrar todos los aspectos de la realidad e intentar un conocimiento profundo y objetivo de los mismos. La ''peligrosa ilusión'', según El Campesino, era creer que el país podía avanzar si hombres y mujeres no adquirían ''plena inteligencia de sus deberes como progenitores''. Desde la publicación del polémico editorial, varios artículos de El Campesino incluyeron como conclusión la misma frase: ''Los hijos no deben ser producto de la casualidad''. Otras más empezaron a aparecer en el semanario: ''Es usted quien libremente debe averiguar o determinar lo que más le convenga para regular su fertilidad''. ''[...] el matrimonio es un contrato que no está exclusivamente destinado a la procreación''. ''[...] son muchos los actos sexuales que no comunican la vida. Dios sabe eso y lo permite.''

Estos mensajes no solo fueron elaborados por los redactores de El Campesino. Hacia 1973, se invitó a sus lectores a enviar frases sobre el verdadero significado del amor, ofreciendo como motivación la rifa de 100 radios Sutatenza (receptores) y el envío de un nuevo libro dedicado al amor, la educación sexual y la preparación para el matrimonio. Así nació la ''Campaña del Amor'', que luego se convirtió en la Campaña de Procreación Responsable. Varios comentarios de los lectores fueron publicados en separatas especiales. ACPO consideró ''muy grave'' que las personas asumieran el ''hablar de 'eso''' como pecado.80 El sexo y la distancia entre nacimientos no debían verse desde la culpa, sino considerarse como virtudes. El verdadero pecado, la ''falta grave ante Dios'', era la ignorancia sobre la sexualidad, a la que también se le había declarado la guerra. Para lograr ese objetivo se conformó un pequeño equipo de trabajo que tuvo a su cargo la redacción de artículos para El Campesino, la supervisión y edición de libretos radiofónicos y el aseguramiento de la relevancia de los materiales producidos dentro de los propósitos de la campaña.81

Ante el abandono de los hijos, ACPO propuso ir más allá de la educación sexual, brindando contenidos sobre la vida familiar y social. Como el acto sexual era equiparable al poder creador de Dios, la procreación debía ser una decisión libre y responsable. Para lograr esto era necesario superar tres problemas: la prioridad dada a la discusión sobre los métodos de planificación o la moralidad de la anticoncepción; los tabúes alrededor de la educación sexual producto de una errada idea de moral; y la mala interpretación de la libertad de los seres humanos frente al sexo. Si el problema del crecimiento demográfico tenía como fondo un asunto de responsabilidad, no era necesario promover la liberación sexual o dar recomendaciones sobre métodos específicos; bastaba con invitar a los matrimonios a informarse. ACPO consideró que frente a otros esfuerzos similares, la idea de su campaña era pionera.82

Esta labor implicó la producción continua de nuevos materiales pedagógicos. Los mensajes se incluyeron en cartillas y clases de lectoescritura,83 cuñas radiales,84 una serie radial de dramatizados titulada ''Viva la Vida'', canciones, libretos teatrales,85 publicaciones de la Biblioteca del Campesino86 (incluyendo un libro dedicado a las enfermedades de transmisión sexual),87 adaptaciones de los textos tradicionales de la novena de aguinaldos (publicadas en 1971 y 1977) y hasta en un tablero de ajedrez.88 Los conocimientos sobre estos temas fueron evaluados en las comprobaciones (los exámenes finales). La frecuencia con que aparecieron tales contenidos durante la década de los 70 fue variable, al menos en El Campesino. Aún está por determinarse si este vaivén fue producto de la autorregulación o de la censura. En todo caso, el nombre que algunos colaboradores de ACPO le dieron a la campaña no fue ''producto de la casualidad''.

5. La ''mayoría de edad'' y el ocaso de ACPO

La Campaña de Procreación Responsable se basó en la experiencia de ACPO en su trabajo con los campesinos, y ofreció una respuesta más acorde al día a día de los fieles que querían mantenerse dentro de los preceptos de la doctrina católica. Al igual que los pioneros de la planificación familiar en Colombia, ACPO no buscó un enfrentamiento con las autoridades eclesiásticas. Sin embargo, aunque se manejara de forma pública o privada, ''la pelea con los curas'' era inevitable. Las conclusiones de la visita de un enviado del Vaticano reflejaron la existencia de cuestionamientos en la Santa Sede sobre la tendencia de ACPO de alejarse de la doctrina católica.89

También hay huellas de un memorando emitido por monseñor Salcedo a Roma, tras ser acusado de difundir ''ideas anticonceptivas y maltusianas''90. La respuesta a las acusaciones fue redactada en un tono conciliador, pero en ella no se dudó en plantear que la Iglesia debía indagar más sobre la realidad popular y profundizar científicamente sobre el problema de la población; esto ante la confusión y desobediencia del mundo católico. La historia de ese posible enfrentamiento directo aún está por escribirse, pero también deben considerarse otros elementos para entender el ocaso de ACPO. En 1972 se planteó la necesidad de una reorganización para mejorar los costos, la productividad del edificio donde estaban las oficinas y las finanzas de El Campesino.

Para ese momento, no se contaba con una tesorería que controlara el presupuesto, y las ventas de la emisora no cubrían los costos de funcionamiento de la cadena.91 Tres años antes, las páginas de El Campesino revelaron un infructuoso intento de cuantificar el número de alumnos y de Escuelas Radiofónicas. Por otro lado, no se puede olvidar la discusión sobre la misión de ACPO, que tuvo un último round a partir de 1975. Tras la aprobación de unos nuevos estatutos por la Gobernación de Boyacá, Andrade Valderrama demandó la decisión al considerar que estos no habían sido redactados por la Asamblea General. Un fallo del Consejo de Estado le dio la razón a los ''miembros fundadores'' en 1977.

Un año después, la Conferencia Episcopal aprobó otros estatutos para ACPO, según los cuales su actividad educativa y programática pasarían a depender de ese cuerpo colegiado. Los ''miembros fundadores'' apelaron el veredicto con éxito. Tras este enfrentamiento y luego de presentar a ACPO como una ''fundación autónoma e independiente'' se instaló en 1978 una nueva junta directiva. La ''mayoría de edad'' aumentó la libertad para tratar asuntos como la noticia del ''bebé probeta'',92 mientras que por el lado de la Iglesia se veían pocos cambios. Juan Pablo II condenó el aborto y los anticonceptivos en uno de sus primeros discursos por Radio Vaticana.93 En tiempos recientes, el papa Francisco recordó a bordo de un avión, que los buenos católicos no debían reproducirse como conejos, pero sí debían acogerse a la paternidad responsable.94

En ese sentido, la independencia implicaba riesgos. Después de la acusación ante el Vaticano por la Campaña de Procreación Responsable se habló de la negativa de organizaciones católicas internacionales a otorgar nuevos fondos. Además de la controversia por el cambio de estatutos, el organismo también debió soportar que la Iglesia alemana retirara su apoyo por petición del episcopado colombiano.95 A continuación, ACPO perdió sus beneficios tributarios ante la queja de los gremios radiales96 y de la industria gráfica.97 Adicionalmente las dificultades económicas durante el Frente Nacional obligaron a reducir los auxilios brindados por el Estado. Así, los problemas en las finanzas de ACPO encontraron su punto más crítico entre 1976 y 1982.

A pesar de los esfuerzos de la junta, no pudo evitarse la quiebra en 1986.98 La deuda conllevó a la venta de Radio Sutatenza y a la pérdida de su sede central.99El Campesino dejó de circular en 1990, aunque recientemente cumplió su promesa de regresar en un formato digital. Monseñor Salcedo murió en Miami en 1994, donde se radicó tras recibir amenazas contra su vida. El padre Sabogal falleció en 1996. Sin embargo a pesar de estos años difíciles, los proyectos actuales de ACPO cubren 30 municipios de ocho departamentos, a través de las Escuelas Digitales Campesinas y el Centro de Estudios sobre Innovación y Desarrollo Socioeconómico. Al parecer, de la Campaña de Procreación Responsable no se volvió a hablar.

Conclusiones

Aunque se indagó en varias oportunidades por la posibilidad de reconstruir esta historia con algunos de sus protagonistas, muchos prefirieron no referirse a la campaña. La lucha por romper con un viejo tabú generó uno nuevo. Sin embargo, las fuentes revisadas dan cuenta de cómo un medio de comunicación, asociado con la Iglesia católica, trató temas polémicos como el sexo o el control de natalidad. Esto permitió a los campesinos y párrocos colombianos informarse, además de -si fuere el caso- tomar decisiones al respecto. La Campaña de Procreación Responsable prueba que los métodos de enseñanza de las Escuelas Radiofónicas fueron tan revolucionarios como algunas posiciones de ACPO frente al cambio social. No obstante, la evidencia sugiere que resulta insuficiente culpar a la campaña por la caída de la institución. Por eso valdría la pena revisar minuciosamente el estado de sus finanzas y su capacidad de mantener un equilibrio económico. Al respecto, deben tenerse en cuenta las críticas sobre la fiabilidad de las cifras del número de Escuelas Radiofónicas o de personas alcanzadas.

El aporte de la campaña en la incorporación efectiva de la planificación familiar es difícil de calcular; ACPO, por su parte, promocionó métodos específicos. En ese sentido, la amplia cobertura de Radio Sutatenza para ese entonces obligaría a realizar una comparación detallada de las tasas de natalidad en las zonas donde llegaba o no su señal. Incluso es muy probable que otros programas de atención hayan impactado los mismos territorios. La invitación a los esposos a preguntar por opciones de planificación pudo haber motivado la llegada de esos programas a las zonas rurales, pero eso aún debe demostrase. Debemos tener en cuenta que la difusión masiva de mensajes sobre la planificación familiar no garantizaba el acceso a los métodos promovidos. De hecho, ACPO se quejó reiteradamente sobre la falta de médicos en los campos. Además, es difícil probar el éxito de los programas de planificación familiar debido a la falta de precisión de los datos sobre fecundidad en países en vías de desarrollo, o por la imposibilidad de separar los efectos directos de esas actividades con los causados por otros factores. Tampoco es posible saber qué habría pasado con las tendencias poblacionales si esos esfuerzos no se hubiesen ejecutado.100

Hernando Bernal hizo su propio balance. Para 1979, se habían recibido más de 12 mil cartas que fueron contestadas por el semanario o la radio. Pese al rechazo inicial, los mensajes ganaron aceptación con el tiempo. El interés decayó cuando los programas dejaron de referirse específicamente a los métodos para controlar la población, además de que se perdió el mecanismo para retroalimentar a los guionistas sobre los contenidos de las cartas, estimando así acciones correctivas.101

Como vemos, quedan tareas pendientes y caminos posibles para avanzar en nuevos relatos sobre un hito de la comunicación y la educación a distancia para adultos en América Latina. Infortunadamente, el tabú sobre la Campaña de Procreación Responsable aún es tan fuerte que no todos se atreven a llamarla por su nombre: hablar de ''eso'' no debería ser un pecado. Sin embargo, con todas sus contradicciones, este acontecimiento nos puede llevar a comprender el carácter ''revolucionario'' de Radio Sutatenza, ACPO y las Escuelas Radiofónicas.

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Cómo citar

APA

Lopera López, J. A. (2016). Paternidad o procreación responsable: Iglesia católica, Acción Cultural Popular y control de la natalidad en Colombia (1964-1978). Historia y sociedad, (31), 235–267. https://doi.org/10.15446/hys.n31.55450

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[1]
Lopera López, J.A. 2016. Paternidad o procreación responsable: Iglesia católica, Acción Cultural Popular y control de la natalidad en Colombia (1964-1978). Historia y sociedad. 31 (jul. 2016), 235–267. DOI:https://doi.org/10.15446/hys.n31.55450.

ACS

(1)
Lopera López, J. A. Paternidad o procreación responsable: Iglesia católica, Acción Cultural Popular y control de la natalidad en Colombia (1964-1978). Hist. Soc. 2016, 235-267.

ABNT

LOPERA LÓPEZ, J. A. Paternidad o procreación responsable: Iglesia católica, Acción Cultural Popular y control de la natalidad en Colombia (1964-1978). Historia y sociedad, [S. l.], n. 31, p. 235–267, 2016. DOI: 10.15446/hys.n31.55450. Disponível em: https://revistas.unal.edu.co/index.php/hisysoc/article/view/55450. Acesso em: 12 ago. 2022.

Chicago

Lopera López, Juan Alejandro. 2016. «Paternidad o procreación responsable: Iglesia católica, Acción Cultural Popular y control de la natalidad en Colombia (1964-1978)». Historia Y Sociedad, n.º 31 (julio):235-67. https://doi.org/10.15446/hys.n31.55450.

Harvard

Lopera López, J. A. (2016) «Paternidad o procreación responsable: Iglesia católica, Acción Cultural Popular y control de la natalidad en Colombia (1964-1978)», Historia y sociedad, (31), pp. 235–267. doi: 10.15446/hys.n31.55450.

IEEE

[1]
J. A. Lopera López, «Paternidad o procreación responsable: Iglesia católica, Acción Cultural Popular y control de la natalidad en Colombia (1964-1978)», Hist. Soc., n.º 31, pp. 235–267, jul. 2016.

MLA

Lopera López, J. A. «Paternidad o procreación responsable: Iglesia católica, Acción Cultural Popular y control de la natalidad en Colombia (1964-1978)». Historia y sociedad, n.º 31, julio de 2016, pp. 235-67, doi:10.15446/hys.n31.55450.

Turabian

Lopera López, Juan Alejandro. «Paternidad o procreación responsable: Iglesia católica, Acción Cultural Popular y control de la natalidad en Colombia (1964-1978)». Historia y sociedad, no. 31 (julio 1, 2016): 235–267. Accedido agosto 12, 2022. https://revistas.unal.edu.co/index.php/hisysoc/article/view/55450.

Vancouver

1.
Lopera López JA. Paternidad o procreación responsable: Iglesia católica, Acción Cultural Popular y control de la natalidad en Colombia (1964-1978). Hist. Soc. [Internet]. 1 de julio de 2016 [citado 12 de agosto de 2022];(31):235-67. Disponible en: https://revistas.unal.edu.co/index.php/hisysoc/article/view/55450

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