Publicado

2024-05-01

Historia y valor. Lo económico desde la crítica postoniana al marxismo tradicional

History and value. The economic from the postonian critique of traditional Marxism

DOI:

https://doi.org/10.15446/ideasyvalores.v73n185.95702

Palabras clave:

marxismo, filosofía política, M. Postone, economía, filosofía práctica (es)
marxism, political philosophy, M. Postone, economics, practical philosophy (en)

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Autores/as

En este artículo buscamos presentar la necesidad de una conceptualización más profunda de lo económico como condición de posibilidad de una crítica marxista. Para ello nos centraremos en la crítica de M. Postone al marxismo tradicional —cuyo representante en este caso es G. Markus—, para luego dar cuenta de las limitaciones de dicha crítica. Fundamentalmente, sostendremos, a partir de la argumentación, que la crítica postoniana constituye un momento exclusivamente negativo al postular la abolición del valor como objetivo de la praxis, sin construir una legalidad diferenciada de lo económico que la reemplace.

In this paper we seek to present the need for a deeper conceptualization of the economic as a condition for the possibility of a Marxist critique. To this end, we will focus on M. Postone’s critique of traditional Marxism, taking G. Markus as a figurehead, to account for the limitations of the formers critique. Fundamentally, we will argue, based on the previous development, that the Postonean critique constitutes an exclusively negative moment when it postulates the abolition of value as the objective of praxis without constructing a legality differentiated from the economic that replaces it.

Recibido: 12 de mayo de 2021; Aceptado: 25 de enero de 2022

Resumen

En este artículo buscamos presentar la necesidad de una conceptualización más profunda de lo económico como condición de posibilidad de una crítica marxista. Para ello nos centraremos en la crítica de M. Postone al marxismo tradicional —cuyo representante en este caso es G. Markus—, para luego dar cuenta de las limitaciones de dicha crítica. Fundamentalmente, sostendremos, a partir de la argumentación, que la crítica postoniana constituye un momento exclusivamente negativo al postular la abolición del valor como objetivo de la praxis, sin construir una legalidad diferenciada de lo económico que la reemplace.

Palabras clave

marxismo, filosofía política, M. Postone, economía, filosofía práctica.

Abstract

In this paper we seek to present the need for a deeper conceptualization of the economic as a condition for the possibility of a Marxist critique. To this end, we will focus on M. Postone's critique of traditional Marxism, taking G. Markus as a figurehead, to account for the limitations of the formers critique. Fundamentally, we will argue, based on the previous development, that the Postonean critique constitutes an exclusively negative moment when it postulates the abolition of value as the objective of praxis without constructing a legality differentiated from the economic that replaces it.

Keywords

marxism, political philosophy, M. Postone, economics, practical philosophy.

Introducción

Uno de los elementos centrales y más discutidos de El capital, tanto por autores marxistas como críticos, es la teoría del valor allí desarrollada. Esta, en consonancia con otros clásicos del pensamiento económico, ubica al trabajo como fuente del valor, pero introduciendo distinciones fundamentales. En primer lugar, Marx establece la diferencia entre el valor de uso, fuente de la riqueza, y el valor, propiamente entendido, origen del valor de cambio, de la posibilidad de convertir un objeto útil en mercancía. Mientras que existen objetos con indudable utilidad para la vida humana, como el aire que respiramos, estos no tienen necesariamente un valor económico. Aunque las mercancías satisfagan necesidades humanas ---"La mercancía es, ante todo, un objeto externo, una cosa que por sus cualidades satisface cualquier tipo de necesidades humanas." (Marx 42)³ no todo lo que satisfaga una necesidad humana es mercancía. En un primer momento, las mercancías aparecen como portadoras de un valor de cambio, una cualidad mediante la cual pueden ser intercambiadas, en proporciones constantemente variables, con otras mercancías. Aquello común a todas las mercancías, que posibilita su intercambio, es su valor. Este solo está presente en un objeto "[...] en cuanto que en él se objetiva o materializa trabajo humano abstracto." (Marx 44) y la cantidad de trabajo presente en este se mide por el tiempo de trabajo socialmente necesario para crear el valor de uso de la mercancía en condiciones de producción normales (Ibid.). A partir del análisis de la mercancía es que Marx postula al valor, la expresión del tiempo de trabajo social abstracto contenido en ellas, como relación social fundamental en el capitalismo. Esta relación funciona por detrás de las conciencias de los productores, manifestándose a través de los productos del trabajo mismo. La mercancía manifiesta a los productores "[...] el carácter social de su propio trabajo como si se tratara del carácter objetivo de los mismos productos del trabajo, como cualidades sociales nacidas de la naturaleza de estas mismas cosas" (Marx 88). Es a partir de esta determinación inicial de lo económico en el capitalismo ---el valor como expresión del trabajo social abstracto---, que se desarrollarán las demás categorías fundamentales de la obra, siendo el capital mismo valor que se valoriza y estando su posibilidad dada por la diferencia entre el valor de la fuerza de trabajo y el valor producido por esta. A pesar de la centralidad que tiene el concepto de valor en la obra de Marx, existen importantes divergencias en torno al modo de interpretar este elemento de su teoría, las cuales conllevan consecuencias teóricas y prácticas sumamente relevantes. M. Postone (1993), en la reinterpretación de la teoría del Marx maduro elaborada en Time, Labor and Social Domination, sostiene que gran parte de la recepción de su obra se encuentra atravesada por una concepción transhistórica de la teoría del valor. Esta no sería adecuada a la obra del Marx maduro, aunque sí, a partir de ciertas interpretaciones, a la de algunos de sus escritos previos a El capital. Más aún, sostener el estatus del valor-trabajo como hecho transhistórico implicaría, para Postone, obviar la innovación específica de Marx respecto a los desarrollos de los ricardianos y los hegelianos de izquierda. Postone cree encontrar en este punto la razón detrás del naufragio de gran parte de la teoría crítica del siglo xx, que, una vez caído el muro de Berlín y disuelta la URSS, parecería verse sumida en el pesimismo adorniano. La incapacidad de salir de una consideración transhistórica del valor imposibilitaría a la crítica salirse de los estrechos márgenes de acción delimitados por la tradición liberal, la cual compartiría este presupuesto. Es así que el problema de la historicidad o transhistoricidad de la teoría del valor trabajo se encuentra en el centro de una reelaboración crítica de la tradición marxiana y de la interpretación de la obra del Marx maduro. En el presente escrito buscaremos abordar esta problemática atendiendo a la obra de G. Markus como representante de una concepción transhistórica de la teoría crítica marxiana, para luego elaborar la crítica postoniana en torno a los elementos destacados en esta primera instancia. Finalmente, trataremos algunas limitaciones presentes en la propuesta de Postone, a partir de la ausencia, en Tiempo, trabajo y dominación social, de una conceptualización acabada de lo económico.

Markus, marxismo, antropología. El trabajo y el ser humano

Una interpretación transhistórica de la teoría del valor parecería, en principio, incompatible con el historicismo presente en gran parte de la tradición marxista. La transhistoricidad, sin embargo, aparece en gran parte de la literatura bajo la forma de cierta naturaleza humana, desde la cual se desprende la posibilidad de la crítica al capitalismo. Parecería que, sin cierta exterioridad a las condiciones históricas del capital, la crítica es imposible. Dicha exterioridad suele tomar la forma de un elemento constitutivo de la antropología, la cual sería reprimida, expropiada o alienada en la sociedad capitalista. El objetivo histórico de la praxis sería su plena restitución bajo la figura de una vuelta a la unidad perdida de la polis, de una liberación del deseo, territorializado por el aparato capitalista, o de una organización racional de la producción, orientada ahora hacia la eudaimonía. En definitiva, Postone sostiene que esta comprensión del marxismo se fundamenta en la tesis de que la contradicción básica del capitalismo es aquella existente entre las fuerzas y las relaciones de producción (Postone 43), derivada de concebir a la crítica de estas últimas "[...] desde la perspectiva del trabajo." (Postone 53). El capitalismo, por su propia naturaleza, daría a luz a fuerzas que no es capaz de controlar (las fuerzas de producción) ni de utilizar eficientemente para el beneficio de la humanidad, generando un sistema profundamente irracional, una irracionalidad ubicada fundamentalmente en las relaciones de producción signadas por la propiedad privada de los medios de producción. Es allí también en donde el marxismo tradicional ubica el rol histórico del capitalismo, en el desarrollo, a partir de este género de relaciones de producción, de las fuerzas productivas de la humanidad, en tanto que sin este no estarían dadas las condiciones para la transición al comunismo. Esta última afirmación ha sido sumamente contestada, por ejemplo, con base en el problema de la transición al socialismo en países atrasados en términos capitalistas, sin embargo, Postone sostiene que dicho esquema básico es común a lo que denomina como marxismo tradicional.

Uno de los elementos fundamentales de este sistema, aunque no siempre explicitado, es la tesis de que el valor trasciende a la formación social capitalista, es decir, es un resultado natural del trabajo humano atravesado por la división del trabajo, del trabajo abstracto. Para sostener esto es necesaria una caracterización de lo que constituye trabajo humano y, por tanto, una caracterización de la naturaleza humana, una antropología filosófica que, como G. Markus (1973) sostiene, se le podría atribuir al propio Marx y sería fundamental para comprender su filosofía. En su estudio Marxismo y antropología, desarrolla esta tesis a partir de los Manuscritos de filosofía y economía, junto con fragmentos de distintas obras de Marx. Para Markus los componentes de la esencia humana consisten en el trabajo (la objetivación de la actividad esencial), la socialidad, la universalidad, la consciencia y la libertad (Heller 23). Estos no están presentes a priori en una esencia inteligible, sino que se han manifestado y configurado a lo largo del desarrollo concreto de las fuerzas productivas humanas, configurando, a su vez, este mismo desarrollo. Su contenido transhistórico no radica en una exterioridad respecto a la historia humana misma, sino en su coincidencia con esta:

Creemos que Marx ha entendido por "ser humano" ante todo aquellos rasgos esenciales de la historia humana real que permiten entender dicha historia como un proceso unitario dotado de una determinada dirección y una determinada tendencia evolutiva. [...] Para la concepción de Marx, la característica principal del género humano es precisamente el hecho de que el hombre tiene historia en sentido estricto: si se hace abstracción de esa historicidad, se hace abstracción del rasgo más esencial al hombre. (Markus 66-67)

El desarrollo de la historia humana existe como un proceso no teleológico, pero que, a su vez, orienta la praxis hacia la realización de las posibilidades inscritas en su seno. Mientras que el desarrollo humano ha significado una expansión de los márgenes de libertad colectiva, al mismo tiempo ha generado una expansión de la servidumbre y la dominación, merced a la expropiación de las fuerzas elementales humanas por el sistema. El trabajo no existe como una acción exterior respecto al ser humano, sino que es el medio por el cual efectiviza su libertad. "[...] el trabajo no trasforma sólo la naturaleza exterior, sino que altera al mismo tiempo también la naturaleza del hombre mismo" (Markus 26). Sin embargo, en el modo de producción capitalista (y en mayor o menor medida, en los anteriores), la intensificación de las capacidades productivas de la especie, derivadas de la actividad humana, no resultan en un aumento similar de la libertad y las capacidades de los individuos, particularmente de los trabajadores proletarizados. Es así que la humanidad, de este modo concebida, no se concretiza en los individuos, atravesados por la necesidad del trabajo alienante, sino que existe de modo abstracto: "El concepto filosófico-general de 'ser humano' se puede aplicar a todo el proceso histórico global. Pero no alcanza verdad practica más que en el comunismo, porque sólo en él deviene realmente el 'ser humano' rasgo esencial de los individuos" (Markus 83). La imposibilidad de actualización de la esencia humana en el individuo ---dentro del capitalismo--- implica y se deduce de la incapacidad de este para desarrollarse plenamente, de realizar su esencia. La lucha por la liberación del trabajo alienado aparece, así, como la verdadera praxis, capaz de concretar el concepto y el proyecto de una historia humana que, hasta este punto, existía solo abstractamente.

No ha sido posible ver la unidad de la historia humana en la actividad autoproductiva y autocreadora, libre y universal del hombre, en el trabajo como práctica, más que cuando se ha podido contemplar la actividad productiva humana misma en la perspectiva comunista de la "liberación del trabajo", o sea, desde el punto de vista de la lucha revolucionaria del proletariado. (Markus 91)

Es así que, en la concepción del ser humano y su relación con la historia, Markus concibe en el marxismo la profunda interrelación entre teoría y praxis:

Ya en cuanto teoría, esta concepción es ella misma parte de la lucha revolucionaria por la trasformación del mundo, de la historia y de la sociedad, por la libertad y la universalidad del hombre: parte de la práctica revolucionaria del proletariado. (Ibid.)

El trabajador se muestra entonces como el sujeto histórico por antonomasia, aquel que posibilita, mediante su acción, la realización de las potencialidades de la especie. En él se cristaliza la contradicción fundamental, para el marxismo tradicional, entre las fuerzas productivas, cada vez más poderosas y ricas, y las relaciones de producción que dejan al individuo cada vez más empobrecido material y espiritualmente. El fin de la revolución es, por tanto, la realización del trabajo, i. e. su liberación respecto de los modos alienados en los que se presenta en el capitalismo y su devenir consciente, racional, universal, en la sociedad comunista. En efecto, el trabajo en la sociedad capitalista no se presentaría totalmente bajo su aspecto social, sino que, debido a la propiedad privada de los medios de producción, este es alienado, para el individuo, y orientado hacia fines privados, quedando la universalidad del trabajo del lado del capital y apareciéndosele entonces, al trabajador, como ajeno, opuesto a sí.

[...] la misma alienación no es sino esa discrepancia en la cual la evolución histórica de la humanidad discrepa de la evolución de los individuos, y el efecto autoconfigurador, autodesarrollador de la actividad humana aparece sólo en el plano social global. (Markus 80)

Es precisamente este trabajo como acción humana libre, consciente y universal, la que es tomada como origen del valor. En este sentido, afirma A. Heller:

Consideramos, pues, valores las fuerzas productivas, y despliegue de valores el despliegue de esas fuerzas, pues este despliegue significa, directa y mediatamente, el de las capacidades humanas, por aumentar la cantidad de valores de uso y, por lo tanto, de necesidades humanas y disminuir el tiempo socialmente necesario para la obtención de los varios productos. Este desarrollo es la base del despliegue de todos los demás valores. (Heller 28)

Independientemente de las relaciones sociales capitalistas, el valor es el resultado del trabajo y, por tanto, cumple su mismo rol histórico. No habría una especificidad en la sustancia apropiada por el capital, esta sería externa a su lógica, al periodo histórico que la sustenta, y puede inscribirse en un desarrollo general de lo que llamamos humanidad. La especificidad del modo de producción capitalista sería la forma en que se apropia de este valor producido por el trabajo. Es así que, desde esta perspectiva, el núcleo del aporte de El capital a la economía política y a la praxis socialista radicaría en su descubrimiento de la plusvalía como fin del proceso productivo y determinación de este, mostrando así la injusticia intrínseca e indisoluble del sistema de producción. Es también allí en donde se ubicaría su diferencia con los economistas clásicos, específicamente Ricardo, tal como lo afirma Dobb: "[...] la diferencia esencial entre Marx y la economía política clásica consiste [...] en la teoría de la plusvalía" (citado por Postone 51). En definitiva, el presupuesto, para Postone, de esta interpretación, es que las bases para la crítica del capitalismo presentes en El capital no surgen del texto en cuestión y requieren otro tipo de fundamentación, más allá de las categorías desde las que Marx parte (Ibid.), e. g. una antropología filosófica o una ontología, para funcionar argumentalmente.

Es así que la apropiación capitalista del plusvalor no constituye meramente una injusticia particular, sino que tiene consecuencias históricas, ontológicas, que impiden el desarrollo humano por fuera de los límites impuestos por la producción. El sistema se develaría, de este modo, como intrínsecamente inmoral, contrario al desarrollo y perfeccionamiento ético-político del individuo y la sociedad. Esta injusticia, sin embargo, no yace en el valor en sí y es independiente de este: las fuerzas productivas, expresadas por los valores acumulados en el desarrollo de las sociedades, cumplen un rol histórico positivo al proveer la base material para la emancipación, mientras que son las relaciones de producción ---fundamentalmente la explotación capitalista---, las que inhiben la actualización de la potencialidad intrínseca a su desarrollo. La propiedad privada de los medios de producción y la división del trabajo son, por lo tanto, el objetivo de la crítica de Markus:

Por el nacimiento de la propiedad privada el producto del trabajo se separa del trabajo, se convierte en objeto ajeno, en propiedad de otro; el objeto y resultado de la actividad se aliena del sujeto activo. Sobre esa base se produce el fenómeno general de la alienación, por el cual las fuerzas y los productos sociales de la actividad humana se sustraen al control y a la fuerza de los individuos, se trasforman en fuerzas contrapuestas a los individuos. Por eso, en condiciones de alienación, la discrepancia, ya mencionada, entre la evolución social y la evolución individual es un fenómeno necesario, inevitable. (Markus 80)

No solo se ubica la génesis del capital en la propiedad privada y la alienación del trabajo, sino toda la historia de desarrollo y alienación de la esencia humana, del valor que es extraído a sus legítimos propietarios-productores. La propiedad privada funciona argumentalmente como un pecado originario, del cual la humanidad ha de ser redimida mediante el advenimiento del comunismo. El objetivo de la acción política, entonces, consiste en volver a hacer coincidir la producción con la propiedad del valor social, logrando a partir de esa coincidencia la eliminación de la discrepancia entre evolución social e individual, entre enriquecimiento colectivo y empobrecimiento individual. Es por esto que Postone sostiene que la contradicción fundamental, si se considera la teoría del valor como transhistóricamente válida, es la existente entre las fuerzas y las relaciones de producción: bastaría con redistribuir la riqueza y los medios de su producción, llevarlos a una ordenación consciente y colectiva, para superar este estadio histórico, para darle inicio a la humanidad. Las diferencias entre el modo concreto de esta redistribución, sea a través de una colectivización de los medios de producción o un régimen impositivo sumamente progresivo, constituirían la diferencia entre los distintos partidos políticos y teóricos de izquierda. Sin embargo, la consideración subyacente, que el valor qua valor ha de ser preservado, en tanto que en él consiste el patrimonio de la humanidad toda, el resultado de sus esfuerzos, se mantiene constante. La distinción recae, fundamentalmente, en el medio de solucionar el problema derivado de la explotación (la usurpación de plusvalor en el proceso productivo). En definitiva, la superación del capitalismo no requiere la superación de la forma valor, ni su abolición, sino que implica su realización, en tanto que la esta impondría la medida última de justicia.

Elementos de la crítica postoniana al marxismo tradicional

En esta sección analizaremos algunos elementos de la reinterpretación de Postone de la obra de Marx en Tiempo, trabajo y dominación social, centrándonos, fundamentalmente, en sus diferencias en torno a la conceptualización del trabajo, el valor y la crítica, respecto de lo que él llama posiciones marxistas tradicionales. "La diferencia esencial entre la crítica marxiana y la economía política clásica es precisamente el estatus del trabajo" (Postone 55). Para Postone, la distinción entre la consideración marxiana del trabajo y la ricardiana yace en que, mientras el primero postula al trabajo de modo indiferenciado como generador de valor, Marx especifica el trabajo dentro de marcos históricos concretos (el trabajo productor de mercancías y luego el trabajo industrial) como productor de valor. Marx sostendría que, inicialmente, solo el trabajo que se manifiesta como generador de valor de cambio es capaz de producir valor (Postone 56). La particularidad del trabajo en el capitalismo, sus características concretas, así como su objetivo y cualidad ---la producción de valor---, solo serían inteligibles como resultado de un desarrollo histórico particular y, por tanto, opuesto a toda forma de naturalización como relación social fundamental. Esta naturalización vacía al trabajo como relación social capitalista de su especificidad: el trabajo social como actividad productiva de los seres humanos en general, de hecho, constituiría una abstracción que, por sí misma, no existe en lo absoluto (Postone 56). En El capital, Marx no toma las categorías de la economía política para refinarlas, agregando la teoría de la plusvalía como sustento de la crítica a la formación social capitalista, sino que descubre el carácter históricamente específico de estas categorías (Postone 56), naturalizadas por los teóricos clásicos para sustentar las aspiraciones políticas de la burguesía. El trabajo en el capitalismo no constituye una acción unitaria, una acción humana orientada a fines que modifica la materia de cierto modo, mero trabajo comprendido abstractamente; sino que, al igual que la mercancía, solo es comprensible a partir de la doble constitución que toma en este estadio histórico.

Más aún, es su carácter específicamente social dentro del capitalismo, es decir, el trabajo en cuanto productor de valor, el que se le aparece a los productores de forma transhistórica como una mediación entre los hombres y la naturaleza: es sobre esta apariencia que se basa la economía política clásica (Postone 56).

La redefinición de la categoría de trabajo, conlleva, a su vez, una reconsideración de la categoría trabajador. La especificidad histórica del trabajo productor de mercancías implica una especificidad histórica del trabajador, es decir, una imposibilidad de postularlo como elemento transhistórico, superador por sí mismo de las dualidades intrínsecas al desarrollo de la sociedad mercantil, en tanto que es, a su vez, producto de estas. Para Postone, la crítica que realiza Marx no es una crítica desde el punto de vista del trabajo, en la cual el trabajo mismo resta como fundamento insuperable del análisis, sino que es una crítica que tiene como elemento fundamental el concepto de trabajo (Postone 57). Postone, en su reinterpretación de Marx, no busca negar que exista una contradicción entre capital y trabajo, sino mostrar que esta contradicción se mantiene dentro de los marcos de desarrollo específicos de la propia sociedad capitalista, es decir, que no apunta más allá de la formación social específica que le da lugar. Desde ya, es sobre la indeterminación y cualidad profundamente histórica de la jornada de trabajo (en intensidad, duración, salario, etc.) que radica la posibilidad de la plusvalía y, por tanto, la del capital, lo cual lleva a un incesante conflicto entre las partes de la relación salarial: la contradicción existe de hecho y da lugar a una dinámica histórica. Sin embargo, tal mediación conflictiva no implica una exterioridad respecto de las relaciones mismas del capital, sino que se encuentra indisolublemente vinculada a estas:

La lucha de clases entre trabajadores y capitalistas [...] es un momento de la dinámica recurrente, totalizante, de la sociedad capitalista. Está estructurada por, y constituye, la totalidad social. Las clases involucradas no son entidades sino estructuraciones de la práctica y la conciencia social, las cuales, en relación a la producción de plusvalía, están organizadas antagonistamente; ellas están constituidas por las estructuras dialécticas de la sociedad capitalista e impelen su desarrollo, el desenvolvimiento de su contradicción básica. (Postone 321)

El trabajador no constituye una excedencia respecto del sistema, un resto humano incapaz de ser sintetizado por el capital debido a la necesidad lógica de la apropiación de plusvalía; sino que su actividad, la producción de valor, está intrínsecamente ligada a las condiciones históricas de la sociedad mercantil. El elemento "humano" del trabajo es mencionado por Marx en El capital, pero solo como primer momento, premisa ---como trabajo productor de valores de uso, productos (Marx 165)--- desde la cual desarrolla su característica fundamental, dentro del sistema capitalista, como fuente de valor. En efecto, "Si se producen, en general, valores de uso es, sencillamente, porque estos son el sustrato material del valor de cambio, aquello en que toma cuerpo el valor." (Marx 169). El trabajo abstracto, como relación del hombre con la naturaleza, solo da cuenta del elemento contingente del trabajo en el capitalismo, el cual, de no ser porque la mercancía requiere siempre, en tanto cuerpo, tener un valor de uso (Marx 42), podría ser eliminado. Es la producción de valor la que no solo da cuenta de la fundamentación del proceso del trabajo, sino también legitima el intercambio salarial dentro de los marcos de la sociedad liberal, ya que "[...] el vendedor de la fuerza de trabajo, como el de cualquier otra mercancía, realiza su valor de cambio y enajena su valor de uso. [...] El valor de uso de la fuerza de trabajo, que es el trabajo mismo, no le pertenece al vendedor..." (Marx 176). Para Postone, interpretar a Marx a partir de una noción indiferenciada de trabajo implica postular que la relación que este trabajo establece con el trabajo como productor de valor es contingente, por lo cual, quienes lo postulan "[...] son igual de incapaces de lidiar con la cuestión de la relación entre el contenido social y su forma, del trabajo y el valor, que lo era la economía política clásica" (Postone 63). Es decir, se retrocede respecto de la conquista teórica marxiana de la diferenciación del trabajo en el capitalismo y en formaciones sociales anteriores: su característica fundamental no es la de ser trabajo alienado por la propiedad privada de los medios de producción, sino la de estar configurado y orientado por la creación de valor, en tanto funciona, en la sociedad capitalista, como su fuente.

Esta reinterpretación del trabajo cumple un rol central en la crítica postoniana en tanto le permite diferenciar la estrategia crítica de los marxistas tradicionales de la del propio Marx. Postone sostiene que la tradición marxiana ha realizado una crítica de la sociedad desde el punto de vista del trabajo, una crítica positiva, que denuncia lo existente basándose en lo existente, mientras que Marx habría buscado articular una crítica negativa, una crítica de lo existente basada en lo posible (Postone 64). La condición de posibilidad de la crítica negativa estaría dada no por un sustrato ontológico ajeno a los condicionantes históricos del capital, sino por la potencialidad abierta en el seno del proceso productivo mismo. La crítica positiva, por el otro lado, requiere de este punto de vista cuasi-natural:

Es una crítica de lo que es artificial en el nombre de la "verdadera" naturaleza de la sociedad. La categoría de "trabajo" en el marxismo tradicional, entonces, le otorga un sustento normativo a una crítica social realizada en nombre de la justicia, la razón, la universalidad y la naturaleza. (Postone 65)

La revolución es comprendida, por la crítica positiva, como una realización del proletariado, del trabajo, que logra universalizarse al liberarse de los límites alienantes impuestos por el capital. "La emancipación se realiza cuando una estructura del trabajo ya existente deja de ser limitada por las relaciones capitalistas, es decir, es usada para satisfacer intereses particulares, para pasar a sujetarse a un control consciente en interés de todos." (Postone 66).

Ahora bien, esta concepción de la emancipación sigue moviéndose dentro de los límites establecidos por la propia sociedad burguesa, en tanto que, como hemos visto antes, el trabajo no representa un momento no capitalista de las relaciones sociales, sino que constituye uno de sus fundamentos. Para Postone, la liberación de las fuerzas productivas de las relaciones de producción, que pueden comprenderse como las relaciones de mercado tout court, o de mercado mediadas en mayor o menor medida por el Estado, no constituiría la abolición del capitalismo sino su realización, ya que el proletariado como clase no encarna un principio ajeno a la lógica del capital. Según Marx, sostiene Postone, el sujeto histórico dentro del capitalismo no puede ser identificado con ningún grupo o clase social, ni siquiera con la humanidad en cuanto concepto, sino que ha de ser comprendido como la estructura de las relaciones sociales constituidas por formas de prácticas objetivantes, i.e. como capital (Postone 75).

Esta reinterpretación implica una desvinculación de la asociación entre marxismo y humanismo o de marxismo y antropología, tal como estaba presente en Markus, al no requerir la crítica ya de una preconcepción de lo humano y de su transhistoricidad, aparejada a la del trabajo. El valor no ha de ser comprendido como producto de una actividad humana universal (cancelando así la discusión en torno a si de hecho existe semejante actividad o, incluso aún, si es cognoscible sin recaer en posiciones epistémicas insostenibles), sino como producto de las relaciones sociales concretas dentro del capitalismo. La ley del valor no puede ser aplicada a formaciones sociales previas, en tanto que la hipótesis de que existió una sociedad precapitalista de propietarios de mercancías mutuamente independientes es espuria (Postone 131). La naturalización de su ley deriva del modo en que el valor, en su manifestación cotidiana, aparece como natural a los productores.

En lo que respecta a la historicidad dentro de la formación social capitalista, i. e. a la existencia de un movimiento progresivo histórico automediado negativamente, la tesis de Postone consiste en que este no requiere de una negatividad extrínseca a sus condiciones concretas de aparición. La dinámica histórica estaría inscrita en la propia lógica social y, más aún, solo sería comprensible a partir de ella, oponiéndose así a consideraciones vinculadas a algunos autores de la Escuela de Frankfurt respecto de la totalidad constituida por la sociedad administrada (Postone 84). Esta negatividad también deriva de la doble constitución del trabajo dentro del capitalismo: a diferencia del marxismo tradicional que considera al elemento históricamente activo como ajeno al capital (recordemos que para Markus la historia solo puede realizarse en cuanto la propiedad privada, el capitalismo, hayan quedado abolidos: el rol histórico de este depende fundamentalmente de su eventual superación, no de un elemento propio), para Postone los dos momentos del trabajo, como actividad productiva y como actividad social, dan lugar a una dinámica dialéctica inmanente (Postone 287). En cuanto actividad productiva, el trabajo debe generar constantemente más valores de uso ya que estos son los portadores del valor social. Pero, cuando las condiciones de esta mayor productividad se normalizan, el valor contenido en los valores de uso disminuye hasta el punto anterior al aumento de productividad. Es por esto que la dinámica histórica del capital es caracterizada por Postone como "treadmill effect", mediante el cual el trabajo concreto y el abstracto se redeterminan mutuamente, generando un aumento generalizado de la productividad (Postone 290), que a su vez revoluciona constantemente las condiciones sociales, por fuera, incluso, de lo estrictamente económico.

El problema que surge a partir de lo analizado es cómo sostener la crítica sin una instancia ajena a las condiciones históricas determinadas por el capital. Si el capital es intrínsecamente negativo, en tanto tiene en sí una dinámica interna de reconfiguración de su propia temporalidad, mediante la redefinición del tiempo histórico producto del aumento de la productividad (Postone 294), ¿cómo podemos pensar la praxis sin la referencia a una exterioridad a las propias condiciones de producción?

Crítica y contradicción

La conclusión fundamental de la reinterpretación postoniana de la crítica marxiana consiste en que la superación del capitalismo no puede ser lograda meramente a partir de la abolición de la propiedad privada, sino que requiere la abolición/superación concreta de la forma valor. Esta abolición supone también la negación del proletariado como sujeto histórico, no su realización encarnada en la figura de la dictadura del proletariado, sea como instancia final o intermedia hacia un comunismo pleno en el que la abolición de la propiedad privada se efectivice, precisamente porque da cuenta de la supervivencia del valor como organizador económico, productivo, es decir, como forma principal de la riqueza social1. El capitalismo no se fundamenta en las instituciones liberales, aunque haya surgido gracias a ellas, sino que se sustenta fundamentalmente en la lógica del aparato productivo, en su organización industrial (Postone 389).

Al apuntar a la posible superación del valor, la crítica marxiana apunta a la posible superación de las estructuras de compulsión abstracta características del capitalismo, a la posible abolición del trabajo proletario y a la posibilidad de una organización social de la producción diferente, sugiriendo que estas están relacionadas intrínsecamente. (Postone 389)

La contradicción, como fundamento de la crítica a la que apunta la teoría marxista, no es la del trabajo y el capital, ni la de las fuerzas y las relaciones de producción, en tanto que estas son las contradicciones derivadas del dinamismo interno de su lógica, no las que van más allá de esta. La crítica, como la entiende Postone, no debe basarse ni en formas tradicionales de relaciones sociales, en el retorno a formas anteriores de vínculos con lo natural y con el otro, ni en la denuncia de la hipocresía de los ideales liberales, sino en comprender la creciente brecha entre las posibilidades nacidas en el seno del capitalismo y su actualidad (Postone 392). La liberación que tendría que orientar la práctica marxista es la liberación respecto del modo de dominación abstracta establecido por la ley del valor (Postone 397), no la aquiescencia a esta bajo la forma de su transhistorización. En virtud de lo anterior, la comprensión cabal de su accionar tiene eficacia tanto teórica como política, en tanto que permitiría darle a la praxis un horizonte verdaderamente revolucionario respecto a la lógica del capital, evitando encallar en los dilemas económicos y políticos que atravesaron y atraviesan a las distintas experiencias socialistas de los siglos xx y xxi.

Encontramos, sin embargo, un problema inherente a este último punto del planteo postoniano, respecto a la abolición del mecanismo de dominación abstracta que supone la lógica del capital, que nos retrotrae a la distinción entre política y economía. Ahora bien, no solo los límites de este trabajo nos impiden desarrollar esta cuestión con la extensión y la profundidad que nos parecen necesarias, sino que excede los objetivos del proyecto concreto de Postone en Tiempo, trabajo y dominación social, por lo que, en lo que respecta al desarrollo concreto de Postone, le es exterior. Nuestra crítica no busca insertarse en el debate respecto de la correcta interpretación o reinterpretación del corpus marxiano, sino discutir en torno a los problemas del pensamiento político marxista al que, consideramos, este libro realiza una poderosa contribución. Mientras que formaciones sociales anteriores habrían estado caracterizadas principalmente por relaciones de dominación personal, en el capitalismo la compulsión fundamental, la verdadera distribuidora de recursos y órdenes en la esfera social, es de índole abstracta. Aunque los Estados sigan ejerciendo un rol fundamental en la regulación de lo económico, junto con elementos redistributivos, estos ponen un límite a su accionar a partir de la idea de propiedad. Allí donde impera lo mío y lo tuyo exterior, el Estado opera como garante, pero no se inmiscuye en las particularidades de su utilización, donde termina lo político comienza a jugar lo económico y, específicamente, lo económico condicionado por la legalidad capitalista. La ley del valor no ha sido elegida por ninguna nación soberana, en tanto, podríamos afirmar, hasta Marx e incluso luego de su obra, ella no era conocida sino de un modo sumamente deficiente. La determinación inicial de este género de ley, de imperativo, consiste en que los individuos están impelidos a producir e intercambiar esos productos para sobrevivir y enriquecerse (Postone 159). A diferencia de un impuesto, de un látigo, de una orden divina, quien determina este mandato no es un hombre, un ser humano, sino un estado de las relaciones sociales, abstracto y objetivado, opuesto a los individuos y frente al cual no tienen, en principio, poder alguno.

El problema que encontramos, derivado de la postulación de la abolición de este género de compulsión abstracta como fin de la praxis emancipatoria, es el de la pregunta de por qué y cómo reemplazarlo. Si el carácter central de la crítica radica en la abstracción e impersonalidad de la dominación, existen, parecería, dos alternativas: el establecimiento de un género de dominación personal, humano, justo, o la abolición de todo género de dominación, la anarquía. Postone, aunque no lo desarrolle demasiado explícitamente en esta oportunidad, parecería pensar la dimensión práctica su texto como la contribución a las bases de la democracia en una sociedad poscapitalista (Postone 393). El análisis postoniano mostraría los límites sociales que tiene la plena actualización de una democracia en el seno de una sociedad capitalista, más allá de los elementos señalados por la crítica tradicional (inequidad material enmascarada por la igualdad política).

Asumiendo que el ideal de justicia estaría encarnado por la instauración de un régimen político plenamente democrático, ¿a qué fin serviría toda la reinterpretación de la teoría marxiana de la que trata Tiempo, trabajo y dominación social? Si la única contribución consiste en mostrar que es necesario abolir no solo las relaciones de producción capitalistas, sino también la lógica inscrita en el seno de las fuerzas productivas, para dar lugar a una verdadera democracia participativa, entonces dicha contribución tiene un carácter meramente negativo y sería bastante limitada. Más aún, resta determinar cómo organizar la producción de todo aquello correspondiente a las necesidades de la vida humana, dado que no podemos asumir que, en una sociedad poscapitalista, no tendremos género alguno de necesidad fisiológica, social, etc. Finalmente, queda sin resolver el problema de la asignación de recursos vinculados al desarrollo de las capacidades de la especie, i. e. la inversión a gran escala, así como la determinación de nuevas necesidades, cuestiones que, de una manera u otra, con resultados mejores o peores, el valor resuelve en la actualidad.

Esencialmente, lo que queremos destacar es que Postone, a pesar de realizar una reinterpretación de la obra de Marx capaz de poner en primer plano la especificidad de lo económico, bajo la forma de su singularidad histórica y de su irreductibilidad a la política, a las relaciones de producción, no culmina este movimiento y recae, por ello, en las dualidades y la impotencia que critica respecto de los marxistas tradicionales y de la Escuela de Frankfurt. Comparte con la tradición marxista que critica un impasse frente al problema que le plantea lo económico como elemento histórico fundamental a partir de la modernidad. Si el marxismo tradicional se plantea como una cancelación de lo económico, una superación de esa etapa de la historia humana bajo la forma de una eliminación de sus condiciones (la eliminación de la escasez, de la necesidad del acrecentamiento de la producción y, fundamentalmente, la eliminación de la sociedad civil como opuesta al Estado), Postone mantiene esta perspectiva al no ir más allá de su propuesta puramente negativa.

El problema fundamental, vinculado a la abolición del valor, consistiría en que el reemplazo de un género de dominación abstracto e impersonal por uno personal, aunque sea universal y consciente (más aún con la crítica a los presupuestos de la universalidad planteados a lo largo de la filosofía del siglo xx y la filosofía contemporánea, i. e. que oculta desigualdades genéricas, sexuales, etc.) vuelve a instanciar el problema de lo político, la inevitable disputa humana respecto de la verdad, de quién decide, que atraviesa la historia humana. Surge así la cuestión de si delegar la decisión a instituciones humanas consiste realmente en una superación de la forma valor, de lo económico. No pretendemos de ninguna manera afirmar que las respuestas a las que llega la lógica del valor sean siempre las correctas, sino que solo buscamos sostener, provisoriamente, que la superación implicada en la existencia de lo económico y de su particular y universal legalidad, respecto de la división y guerra características de lo político, se expresa bajo la forma de la imposibilidad material de volver atrás, de regresar a una primacía histórica de lo político, sin consecuencias catastróficas para gran parte de la población mundial. La reinterpretación que realiza Postone de la obra marxiana nos permite considerar a Marx como un pensador de lo económico y concebir, de este modo, la crítica bajo una luz particular: esta no debe meramente mostrar la posibilidad generada en el seno del desarrollo del capital, ni mucho menos enjuiciarla desde un transhistórico tribunal de la razón, sino elaborar de forma positiva y consciente elementos para modificar la lógica de lo económico, o, si se determina esto último como imposible, encontrar en su desarrollo un principio superador.

Consideraciones finales

Los objetivos de este artículo han sido, por un lado, criticar la naturalización del valor presente en autores de la tradición marxista y, por el otro, pensar desde la reinterpretación postoniana de la obra de Marx elementos para la praxis a partir de la consideración de lo económico como elemento irreductible a las categorías de la política y la distribución. Este segundo objetivo se ha realizado de forma tentativa, en tanto que requiere un desarrollo teórico que excedería con creces las limitaciones del presente escrito. La justificación acabada de la especificidad histórica de lo económico y la investigación respecto de su separabilidad de la lógica del valor han de ser acometidas sistemática y exhaustivamente. La crítica a las posturas marxistas tradicionales realizada por Postone nos permite pensar más allá del comunismo como redención mesiánica de una humanidad solo existente a posteriori del acto salvífico (con las contradicciones y dificultades que esta perspectiva implica desde un punto ya meramente teórico, como puede ser la postulación de una filosofía de la historia sustantiva desde una perspectiva suprahistórica); y también abre la posibilidad de pensar la praxis marxiana a partir de una reelaboración constructiva de lo económico, cuyo fin radique en la resignificación de las estructuras productivas y los modos de concebir el trabajo y la inversión. Este escrito, aunque no cumple dichos objetivos, allana el camino para que sean el objeto de una investigación más amplia.

Bibliografía

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Si bien la riqueza, para Marx, está vinculada al valor de uso de los objetos, en el capitalismo la utilidad no constituye una medida de la riqueza sino en cuanto representa una cantidad de valor contenida en ella.
Polakiewicz, Martín. “Historia y valor. Lo económico desde la crítica postoniana al marxismo tradicional.” Ideas y Valores, 73.185 (2024): 9-25
Polakiewicz, M. (2024). Historia y valor. Lo económico desde la crítica postoniana al marxismo tradicional, Ideas y Valores, 73 (185), 9-25
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Referencias

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Theory. Cambridge, ma: Cambridge University Press, 1993.

Cómo citar

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Polakiewicz, M. «Historia y valor. Lo económico desde la crítica postoniana al marxismo tradicional». Ideas y Valores, vol. 73, n.º 185, mayo de 2024, pp. 9-25, doi:10.15446/ideasyvalores.v73n185.95702.

ACM

[1]
Polakiewicz, M. 2024. Historia y valor. Lo económico desde la crítica postoniana al marxismo tradicional. Ideas y Valores. 73, 185 (may 2024), 9–25. DOI:https://doi.org/10.15446/ideasyvalores.v73n185.95702.

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Polakiewicz, M. Historia y valor. Lo económico desde la crítica postoniana al marxismo tradicional. Ideas Valores 2024, 73, 9-25.

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Polakiewicz, M. (2024). Historia y valor. Lo económico desde la crítica postoniana al marxismo tradicional. Ideas y Valores, 73(185), 9–25. https://doi.org/10.15446/ideasyvalores.v73n185.95702

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POLAKIEWICZ, M. Historia y valor. Lo económico desde la crítica postoniana al marxismo tradicional. Ideas y Valores, [S. l.], v. 73, n. 185, p. 9–25, 2024. DOI: 10.15446/ideasyvalores.v73n185.95702. Disponível em: https://revistas.unal.edu.co/index.php/idval/article/view/95702. Acesso em: 22 jul. 2026.

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Polakiewicz, Martín. 2024. «Historia y valor. Lo económico desde la crítica postoniana al marxismo tradicional». Ideas Y Valores 73 (185):9-25. https://doi.org/10.15446/ideasyvalores.v73n185.95702.

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Polakiewicz, M. (2024) «Historia y valor. Lo económico desde la crítica postoniana al marxismo tradicional», Ideas y Valores, 73(185), pp. 9–25. doi: 10.15446/ideasyvalores.v73n185.95702.

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M. Polakiewicz, «Historia y valor. Lo económico desde la crítica postoniana al marxismo tradicional», Ideas Valores, vol. 73, n.º 185, pp. 9–25, may 2024.

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Polakiewicz, Martín. «Historia y valor. Lo económico desde la crítica postoniana al marxismo tradicional». Ideas y Valores 73, no. 185 (mayo 1, 2024): 9–25. Accedido julio 22, 2026. https://revistas.unal.edu.co/index.php/idval/article/view/95702.

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Polakiewicz M. Historia y valor. Lo económico desde la crítica postoniana al marxismo tradicional. Ideas Valores [Internet]. 1 de mayo de 2024 [citado 22 de julio de 2026];73(185):9-25. Disponible en: https://revistas.unal.edu.co/index.php/idval/article/view/95702

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