Estrategias compositivas para la arquitectura de valor cultural desde la analogía entre obra de arte y hechos urbanos
Compositional Strategies for Culturally Valuable Architecture Based on the Analogy Between Works of Art and Urban Artifacts
Stratégies compositionnelles pour l’architecture à valeur culturelle à partir de l’analogie entre l’œuvre d’art et le fait urbain
Strategie compositive per l’architettura di valore culturale a partire dall’analogia tra opera d’arte e fatto urbano
Estratégias compositivas para a arquitetura de valor cultural a partir da analogia entre obra de arte e fato urbano
DOI:
https://doi.org/10.15446/actio.v10n1.127154Palabras clave:
Procedimiento compositivo, analogía arquitectónica, hecho urbano, tipología arquitectónica, intervención patrimonial, ciencia urbana (es)compositional procedure, architectural analogy, urban artifact, architectural typology, heritage intervention, urban science (en)
procedimento compositivo, analogia arquitetônica, fato urbano, tipologia arquitetônica, intervenção patrimonial, ciência urbana (pt)
procédé compositionnel, analogie architecturale, fait urbain, typologie architecturale, intervention patrimoniale, science urbaine (fr)
procedimento compositivo, analogia architettonica, fatto urbano, tipologia architettonica, intervento sul patrimonio, scienza urbana (it)
El presente artículo examina la relación entre los hechos urbanos y la obra de arte planteada por Aldo Rossi, con el propósito de definir un procedimiento compositivo en la intervención de edificaciones con valor cultural. A partir de ello, se plantea el análisis del edificio Plaza Real, para estudiar cómo la actualización de infraestructuras patrimoniales puede integrar criterios de modernización sin comprometer los valores arquitectónicos preexistentes. Este análisis es contrastado con el marco normativo del Decreto 763 de 2009 y los principios de las cartas del International Council on Monuments and Sites (ICOMOS), lo que manifiesta la necesidad de reformular consideraciones hacia un enfoque analítico que supere una visión meramente normativa. Asimismo, es planteada la gobernanza de la ciencia urbana como eje en la toma de decisiones proyectuales, prescindiendo la fragmentación disciplinar en la conservación del patrimonio. Desde esta perspectiva, es propuesto un modelo de intervención que armonice la conservación con la sostenibilidad y la adaptación al cambio climático, garantizando la continuidad histórica de la ciudad sin restringir su evolución funcional y cultural.
This article examines the relationship between urban artifacts and works of art as proposed by Aldo Rossi, with the aim of defining a compositional procedure for interventions in buildings of cultural value. Based on this framework, the article analyzes the Plaza Real building in order to investigate how the upgrading of heritage infrastructures can integrate modernization criteria without compromising pre-existing architectural values. This analysis is contrasted with the regulatory framework established by Decree 763 of 2009 and the principles set out in the charters of the International Council on Monuments and Sites, highlighting the need to move beyond a purely normative approach toward an analytical perspective. Furthermore, urban science governance is proposed as a central axis in project decision-making, avoiding disciplinary fragmentation in heritage conservation. From this perspective, an intervention model is proposed that harmonizes conservation with sustainability and climate change adaptation, ensuring the historical continuity of the city without restricting its functional and cultural evolution.
Cet article examine la relation entre le fait urbain et l’œuvre d’art telle que formulée par Aldo Rossi, dans le but de définir un procédé compositionnel pour l’intervention sur des bâtiments à valeur culturelle. À partir de ce cadre, il propose une analyse de l’immeuble Plaza Real afin d’étudier comment la mise à niveau des infrastructures patrimoniales peut intégrer des critères de modernisation sans compromettre les valeurs architecturales préexistantes. Cette analyse est mise en regard avec le cadre normatif du décret 763 de 2009 ainsi qu’avec les principes des chartes de l’International Council on Monuments and Sites, mettant en évidence la nécessité de dépasser une approche strictement normative au profit d’une perspective analytique. Par ailleurs, la gouvernance de la science urbaine est proposée comme axe central des décisions de projet, en évitant la fragmentation disciplinaire dans la conservation du patrimoine. Dans cette perspective, un modèle d’intervention est proposé afin d’harmoniser la conservation avec la durabilité et l’adaptation au changement climatique, garantissant la continuité historique de la ville sans restreindre son évolution fonctionnelle et culturelle.
Il presente contributo esamina il rapporto tra il fatto urbano e l’opera d’arte così come formulato da Aldo Rossi, con l’obiettivo di definire un procedimento compositivo nell’intervento su edifici di valore culturale. A partire da questo quadro, viene proposta l’analisi dell’edificio Plaza Real al fine di indagare come la riqualificazione delle infrastrutture patrimoniali possa integrare criteri di modernizzazione senza compromettere i valori architettonici preesistenti. Tale analisi è posta in relazione con il quadro normativo del Decreto 763 del 2009 e con i principi delle carte dell’International Council on Monuments and Sites, evidenziando la necessità di superare un approccio meramente normativo a favore di una prospettiva analitica. Inoltre, viene proposta la governance della scienza urbana come asse centrale nelle decisioni progettuali, evitando la frammentazione disciplinare nella conservazione del patrimonio. In questa prospettiva, si propone un modello di intervento che armonizzi la conservazione con la sostenibilità e l’adattamento ai cambiamenti climatici, garantendo la continuità storica della città senza limitarne l’evoluzione funzionale e culturale.
O presente artigo examina a relação entre o fato urbano e a obra de arte conforme proposto por Aldo Rossi, com o objetivo de definir um procedimento compositivo na intervenção em edifícios de valor cultural. Com base nesse referencial, propõe-se a análise do edifício Plaza Real, a fim de investigar como a requalificação de infraestruturas patrimoniais pode integrar critérios de modernização sem comprometer os valores arquitetônicos preexistentes. Essa análise é confrontada com o marco normativo do Decreto 763 de 2009 e com os princípios das cartas do International Council on Monuments and Sites, evidenciando a necessidade de superar uma abordagem meramente normativa em favor de uma perspectiva analítica. Ademais, propõe-se a governança da ciência urbana como eixo central nas decisões de projeto, evitando a fragmentação disciplinar na conservação do patrimônio. Nessa perspectiva, propõe-se um modelo de intervenção que harmonize a conservação com a sustentabilidade e a adaptação às mudanças climáticas, garantindo a continuidade histórica da cidade sem restringir sua evolução funcional e cultural.
ACTIO VOL. 10 NÚM. 1 | Enero - Junio / 2026
Arquitecto, magíster en Arquitectura y especialista en Tecnología de la Construcción. Docente universitario y Premio Lápiz de Acero (mobiliario). Investiga la teoría del proyecto desde escalas urbanas, arquitectónicas y de objeto. Colaborador en proyectos seleccionados al Mies Crown Hall Americas Prize.
Correo electrónico: saninor@unal.edu.co
ORCID: orcid.org/0009-0000-2221-6134
Arquitecta y magíster en Arquitectura de la Universidad Nacional de Colombia, tesis meritoria. Docente universitaria y fundadora de Mubleti. Investiga la teoría del proyecto desde sistemas complejos. Premio Lápiz de Acero en mobiliario y jurado CoPLA.
Correo electrónico: ambellog@unal.edu.co
Introducción
La actualización de la infraestructura en centros históricos responde a factores ambientales, sociales y académicos que buscan redefinir la relación entre el ser humano y su entorno. Organismos como la Organización de Naciones Unidas (ONU), a través de la Agenda 2030, entendida como el plan maestro para conseguir un futuro sostenible para todos (ONU, 2015), y el centro de estudios participativo global (The Millennium Project) (Glenn et al., 1996) han formulado estrategias para mitigar el impacto del cambio climático e integrar las metas de actualización en la planificación urbana mediante instrumentos como los planes de ordenamiento territoriales (Ministerio de Vivienda, Ciudad y Territorio, 2025). Por otra parte, ICOMOS ha establecido directrices para la conservación del patrimonio ante las transformaciones urbanas que no solo responden a criterios de sostenibilidad, sino también a cambios demográficos, especulación inmobiliaria y conflictos sociales. La problemática a resolver es la necesidad de modernizar estas infraestructuras sin comprometer su integridad arquitectónica.
Este artículo propone que la relación entre la obra de arte y el hecho urbano, planteada por Aldo Rossi, permite conciliar las exigencias contemporáneas de transformación con los principios de conservación establecidos en las Cartas de ICOMOS y el Decreto 763 de 2009. Esta hipótesis es desarrollada a partir del análisis del edificio Plaza Real en Tunja, cuyas sucesivas intervenciones esclarecen una continuidad tipológica que articula permanencia y adaptación funcional. A través de esta lectura, se sugiere que los procedimientos compositivos determinados en el análisis permiten proyectar transformaciones sin comprometer la identidad patrimonial del inmueble.
Para sustentar esta hipótesis, el artículo esta presentado en cuatro apartados. Primero, en la metodología, se plantea un análisis formal orientado a identificar las partes y las relaciones entre partes del edificio Plaza Real, con un enfoque tanto deductivo como inductivo4 en el contexto de la analogía de Aldo Rossi. Este procedimiento permite determinar su estructura formal y establecer su condición como hecho urbano. Segundo, en el análisis del caso de estudio, desde la metodología es examinada la evolución arquitectónica del inmueble, a partir de su concepción por Lelarge hasta las intervenciones contemporáneas, para deducir su continuidad tipológica. Tercero, la discusión interpreta los criterios de valoración del Decreto 763 de 2009 y las cartas de ICOMOS como herramientas analíticas para establecer la individualidad del bien patrimonial. Finalmente, las conclusiones abordan cómo articular la ciencia urbana y normativas de conservación en procedimientos de intervención que no comprometan la identidad del patrimonio arquitectónico.
Metodología
Como metodología, es analizado el edificio Plaza Real5 localizado en el centro histórico de la ciudad de Tunja, cuya utilidad inicial fue feria de exposiciones y plaza de mercado; fue seleccionado por su valor arquitectónico y representatividad en sus intervenciones físicas. Es estudiado mediante la teoría expuesta por Aldo Rossi en su libro La arquitectura de la ciudad, que permite comprender los elementos estructurales de la ciudad desde la relación entre hechos urbanos y la obra de arte (Rossi, 1982). A diferencia de enfoques normativos, esta perspectiva determina una base conceptual para estudiar cómo las modificaciones físicas pueden mantener su principio tipológico sin comprometer la identidad del bien. Los resultados son contrapuestos con el Decreto 763 de 2009 y las cartas internacionales de conservación, indagando cómo los procedimientos compositivos pueden integrar criterios normativos sin subordinar la disciplina del proyecto arquitectónico.
Al considerar el caso de estudio como un hecho urbano en relación con la obra de arte, se identifican características compartidas que permiten su comprensión. Ambos son construcciones humanas que emergen de la vida inconsciente: individual en la obra de arte y colectiva en el hecho urbano. No pueden definirse de manera absoluta, pero sí ser analizados (Rossi, 1982). En esta perspectiva, la ciencia urbana adquiere un rol fundamental para el estudio de los hechos urbanos y su vinculación con la arquitectura, estableciendo un marco analítico para interpretar la ciudad en su complejidad. Rossi señala la interdependencia entre el análisis urbano y el proyecto arquitectónico6, análisis y proyecto son propuestas en este trabajo como dimensiones fundamentales para la intervención del patrimonio edificado.
El planteamiento de Rossi, circunscrito en una racionalidad arquitectónica, establece que el análisis urbano es fundado en la arquitectura y permite deducir un procedimiento compositivo proyectual. Este procedimiento parte de la extracción de estructuras formales preexistentes en la ciudad para ser extrapoladas a nuevos contextos, generando resultados imprevistos mediante operaciones analógicas. La composición proyectual, en este sentido, opera como un proceso lógico-formal que identifica y relaciona las partes del hecho urbano estableciendo continuidades y reinterpretaciones en nuevas composiciones arquitectónicas (Luque Valdivia, 1996). Así, la analogía permite identificar reglas compositivas que están presentes en la ciudad y de las cuales es posible acercarnos a la comprensión del hecho urbano.
Análisis del caso de estudio: edificio Plaza Real
Para comprender el edificio como hecho urbano, es necesario discernir la estructura tipológica7 inicial que dio origen al conjunto que hoy conocemos como Plaza Real. Este procedimiento comienza con la identificación de sus partes y su análisis independiente, con el propósito de determinar las relaciones entre ellas. Estas relaciones estructuran la composición arquitectónica y, al mismo tiempo, confieren valor a cada parte dentro del conjunto. De este modo, la parte no puede ser entendida de manera aislada, sino en función de las interacciones que establece con otras partes, lo que permite definir su papel dentro de la totalidad del proyecto arquitectónico.
Pabellones
Cinco ejes de columnas espaciadas cada 4 m conforman las fachadas cortas, y siete ejes con una separación de 4,5 m conforman las fachadas largas. Esta distribución determina un primer anillo de columnas en el perímetro del pabellón. En correspondencia con la separación entre ejes, es configurado un segundo anillo al interior, con tres ejes en las caras cortas y cinco en las largas, lo que estructura la relación entre anillos de columnas a la manera de un díptero sin aula. Este sistema permite la relación con el espacio público mediante los intercolumnios, extendiéndola al interior del edificio y sus pasajes, propiciando la liturgia del mercado en un recinto protegido sin aislarse del entorno. La diferencia de altura entre cubiertas, de 7,5 m en la fachada y 12,5 m en el espacio central, es resuelta con una celosía apoyada en el anillo central, permitiendo ventilación por diferencia de presión (figura 1).
Figura 1. Pabellones. Fuente: elaboración propia.
Pasaje mayor
El pasaje está alineado con el eje de simetría de la fachada corta del edificio, con una trayectoria de 69,1 m que atraviesa su totalidad. Su configuración resulta de la yuxtaposición de los cuatro pabellones, separados 8,9 m entre sí, generando dos calles internas, una de mayor longitud debido a las dimensiones del predio. Durante el trayecto, las columnas de las caras largas del pabellón marcan el ritmo del recorrido. El pasaje se enfatiza en las fachadas mediante pórticos en cada extremo, definidos por cuatro columnas de capiteles corintios, fustes estriados en la base y lisos hasta el capitel, soportando un frontón. En el intercolumnio, un arco de medio punto reduce el ancho a 5 m. Debido a las relaciones entre los pabellones y las calles que conecta, el pasaje adquiere valores de calle cubierta. La actividad del mercado es desarrollada también en su interior, con puestos de venta transitorios, integrando las dinámicas del sector tanto a nivel urbano como dentro del edificio (figura 2).
Figura 2. Pasaje mayor. Fuente: elaboración propia.
Pasaje menor
Está localizado en el eje de simetría de la fachada más larga del edificio y está compuesto de las mismas
partes que el pasaje mayor, incluidos los pórticos de entrada. Su disposición en forma de transepto respecto
al pasaje mayor establece una articulación entre las circulaciones del edificio. Con una longitud de 50,37
m, su recorrido está acompasado por las columnas de las caras cortas de los pabellones. A diferencia del
pasaje mayor, esta pieza está situada en el eje de simetría de la fachada principal, conectando de manera
más eficiente las dinámicas internas del mercado con el contexto urbano. Su menor trayecto permite articular
todas las partes del edificio con la calle principal (figura 3).
Figura 3. Pasaje menor. Fuente: elaboración propia.
Baldaquino
Ubicado en el centro del edificio, el baldaquino está configurado por cuatro pilares que resuelven la intersección de los pasajes y permiten la percepción simultánea de los cuatro pórticos de entrada, sin depender formalmente de los pabellones. Sobre estos pilares se erige una estructura metálica de planta cuadrada que sostiene el revestimiento de la cúpula, coronada por una linterna piramidal. Mientras los pasajes, por su relación con los pabellones y la ciudad, adquieren el valor de calles techadas, el baldaquino, pese a su disposición basilical, opera como una esquina urbana cubierta. En este sistema, la cúpula no consolida un centro, sino que articula un nodo de circulación, facilitando la conexión y continuidad del flujo interno del edificio (figura 4).
Figura 4. Baldaquino. Fuente: elaboración propia.
La analogía presente en Plaza Real
La analogía sitúa el análisis en el plano tipológico, donde los valores que constituyen el hecho urbano no pueden determinarse de forma aislada respecto a otras arquitecturas. Del mismo modo, la estructura tipológica no puede establecerse a partir del análisis exclusivo de un solo edificio8, ya que un edificio por sí mismo no conforma un tipo. La tipología surge de las semejanzas identificables entre distintas arquitecturas consolidadas en la ciudad, en función de la disposición de las partes que las componen. Este proceso de identificación y categorización no es arbitrario, sino que se fundamenta en un procedimiento analógico, permitiendo así comprender las estructuras formales que subyacen en la configuración arquitectónica y urbana9.
La analogía opera mediante un procedimiento lógico-formal que identifica estructuras subyacentes en las relaciones entre partes de un proyecto arquitectónico preexistente. No se trata de semejanzas formales, sino de la coherencia interna del sistema compositivo. En este marco, el Mercado de Trajano ofrece un primer acercamiento a la composición del edificio Plaza Real mediante su organización en ejes estructurales y un nodo central. No obstante, la correspondencia más precisa está en los pabellones Baltard, cuya disposición modular, interconexión de pabellones y el uso de hierro y vidrio consolidan una analogía directa. Así, la composición espacial de Plaza Real es comprendida desde un procedimiento analógico que extrae de la ciudad una estructura formal dada y es puesta en un nuevo contexto cuyo resultado es algo nuevo (figura 5).
Figura 5. Plaza Real. Fuente: elaboración propia.
Carlos Martí Arís describe la liturgia del mercado cuando esta es resuelta al interior de un edificio a partir de semejanzas con la formación de una ciudad o un barrio10. Los puestos de venta son dispuestos espontáneamente según relaciones análogas a las de una hilera de viviendas frente a una calle, generando un tejido barrial estructurado por manzanas y calles, lo que reproduce una lógica de composición urbana dentro del edificio (Marti, 1993). En esta lógica, los Pabellones Baltard y Plaza Real adoptan disposiciones espaciales que facilitan la liturgia del mercado. Los pabellones funcionan a la manera de manzanas, el díptero estructura la distribución de los puestos en relación con los pasajes como calles interiores. Así, los intercolumnios regulan la dinámica del mercado y definen una continuidad en la espacialidad arquitectónica con su entorno urbano.
Esta lógica de relaciones entre partes estructura la primera ampliación del edificio, a cargo del ingeniero Jorge E. Valbuena. Seis nuevos pabellones son incorporados a la composición inicial de Lelarge, siguiendo un procedimiento analógico basado en la relación entre los pabellones y las calles circundantes. Valbuena estableció una pieza canon: el pabellón diseñado por Lelarge, del cual realizó seis copias con dos variaciones para ajustarse al lote. Las dos declinaciones presentan plantas de cinco por cuatro y doce por cuatro ejes, manteniendo la coherencia en la composición espacial. La intervención duplicó el área construida de aproximadamente 3000 m² a 6000 m² sin alterar la estructura formal que articula la unidad del conjunto. Este proceso garantizó la permanencia de los principios que rigen la actividad del mercado, asegurando que la ampliación respetara el orden original sin transgredir su lógica compositiva (figura 6).
Figura 6. Ampliación del ingeniero Jorge E. Valbuena. Fuente: elaboración propia.
En la década del ochenta, las dinámicas inherentes a la plaza de mercado generaron fenómenos urbanos que contradecían el entorno inmediato, lo que llevó a su reubicación fuera del edificio Plaza Real hacia una zona más propicia. En respuesta a las nuevas dinámicas urbanas, la intervención de Obregón y Bueno & CIA buscó reestablecer el edificio, considerando estructuras formales que en la ciudad contemporánea atienden demandas de ocupación, densidad y flexibilidad.
La intervención redefinió la composición espacial y alteró la estructura formal interna del edificio, manteniendo en gran medida sus características epiteliales. No obstante, el reconocimiento del edificio en el contexto urbano no radica en estos aspectos superficiales, sino en la nueva estructura formal resultante de la reorganización de sus partes y relaciones.
Los intercolumnios del anillo exterior de los pabellones fueron modificados mediante la instalación de planos de vidrio y puertas para generar un cerramiento. En el interior, la subdivisión de los pabellones permitió la creación de locales comerciales y oficinas, complementada con la adición de entrepisos que aprovecharon la doble altura, incrementando el área construida a más de 12 000 m². Los pasajes interiores integraron nuevos elementos, como pavimentos en baldosas de cemento hidráulico, árboles dispuestos a modo de bulevar e iluminación adosada a las fachadas. Un paseo peatonal arbolado organiza la disposición de los locales, generando dos configuraciones: una relación directa cuando el paseo es cubierto y la formalización de una loggia cuando es descubierto (figura 7).
Figura 7. Ampliación Obregón y Bueno & CIA. Fuente: elaboración propia.
Las modificaciones basadas en la infraestructura iniciada por Lelarge y ampliada por Valbuena, consolidaron un sistema de pasajes interiores con arborización y mobiliario urbano, similar a los implementados en las Galerías Pacífico de Buenos Aires a inicios de los años 90. Sin embargo, su nueva estructura formal guarda mayor relación con Plaza de las Américas y el Centro Comercial Andino (1991-1993). En estos dos casos, la organización espacial es establecida a partir de corredores comerciales cubiertos o descubiertos, en los cuales los locales son dispuestos en relación directa con el recorrido cuando es cubierto, o mediados por loggias o pórticos cuando es descubierto, integrando el espacio peatonal con la actividad comercial de manera continua.
Estas estrategias de composición también fueron implementadas en la transformación de Hacienda Santa Bárbara en centro comercial, intervención en la que participó el arquitecto Edgar Bueno. En ambos casos, la obsolescencia de la preexistencia exigió modificar su estructura interna para adaptarla a la ciudad contemporánea. Aunque fueron conservadas características epiteliales, su integración en el sector inmediato responde principalmente a la reorganización de sus partes y relaciones, asegurando su vigencia dentro de las nuevas dinámicas urbanas.
Si bien estas intervenciones fueron ejecutadas sin tener en cuenta la teoría expuesta aquí por Aldo Rossi y dieron lugar a lo que hoy es Plaza Real, es posible entenderlas desde el análisis del edificio como hecho urbano a partir de su identificación y naturaleza. Al igual que la obra de arte, el hecho urbano contiene elementos condicionados y condicionantes; es una construcción humana por excelencia, originada en la vida inconsciente y en los valores propios de la ciudad (Rossi, 1982). En la actualidad, no es exclusivamente el edificio diseñado por Lelarge, la ampliación de Valbuena ni la intervención de Obregón y Bueno & CIA. No es posible definirlo de manera absoluta, pero sí analizarlo11 y comprender el procedimiento intelectual que orientó su transformación para responder a una problemática urbana concreta. Este procedimiento lógico-formal plantea dos direcciones esenciales para la ciencia urbana: por un lado, contribuye al análisis de los hechos urbanos; por otro, permite desarrollar un procedimiento compositivo que guíe futuras intervenciones12.
Figura 8 Ampliaciones Plaza Real. Fuente: elaboración propia.
Discusión
Con el objetivo de proponer un procedimiento compositivo asociado a la obra de arte dentro del marco teórico planteado por Rossi, se requiere evaluar su viabilidad mediante la identificación de coincidencias y diferencias con los criterios normativos y académicos respecto a la intervención en edificaciones que están catalogadas como de conservación arquitectónica. Para ello, la discusión es estructurada en torno a tres consideraciones fundamentales: los criterios de valoración, los principios generales de intervención y los tipos de obras permitidas, establecidos tanto en el Decreto 763 de 2009 como en el contexto académico de ICOMOS. A partir de este análisis, se busca determinar en qué medida el enfoque rossiano puede articularse con los lineamientos existentes, permitiendo una aproximación proyectual dentro de la práctica patrimonial contemporánea.
Criterios de valoración
El artículo 6 del Decreto 763 de 2009 establece criterios de valoración para la declaración de bienes de interés cultural, fundamentados en principios formulados en las Cartas de ICOMOS. La antigüedad, determinada por la fecha de construcción del bien (Decreto 763 de 2009), se vincula con la Carta de Venecia, que reconoce el valor histórico de los monumentos como testimonios de una civilización o acontecimiento significativo, y con la Carta de Burra, que asocia la significación cultural con el pasado y las experiencias vividas13. La autenticidad, definida por el estado de conservación del bien y su evolución en el tiempo (Decreto 763 de 2009), se relaciona con la Carta de Nara, que amplía su interpretación más allá de los aspectos físicos, considerando memoria, tradición y contexto cultural, y con la Carta de Venecia, que establece que las intervenciones deben evidenciar las transformaciones sin desvirtuar el carácter original del bien14.
La constitución del bien, en términos de materiales y técnicas constructivas (Decreto 763 de 2009), responde a los principios de la Carta de Venecia, que enfatiza la conservación de materiales y técnicas tradicionales, y de la Carta de Burra, que los asocia con la denominación fábrica15 y reconoce su importancia en la preservación del significado cultural del bien. La forma se relaciona con los elementos compositivos y ornamentales del bien con el propósito de reconocer su utilización y sentido estético (Decreto 763 de 2009), vinculándose con la Carta de Venecia, que resalta los valores formales en la restauración del patrimonio arquitectónico16. El estado de conservación, referido a las condiciones físicas del bien en términos de materiales, estructura, espacialidad y volumetría (Decreto 763 de 2009), se vincula con la Carta de Burra, que define la conservación como el mantenimiento de la integridad física del bien a lo largo del tiempo (ICOMOS, 1979).
El contexto ambiental, referido a la constitución e implantación del bien en relación con el ambiente y el paisaje, y el contexto urbano, vinculado a su inserción como unidad individual en un sector urbano consolidado (Decreto 763 de 2009), encuentran fundamentos en la Carta de Washington, que resalta la forma definida por la trama urbana, las relaciones entre partes urbanas, la forma de los edificios y su vínculo con el entorno natural, además de las funciones adquiridas por la población17. También se relacionan con la Carta de Burra, desde el término sitio relacionado, que reconoce la interacción entre el bien y su contexto en la definición de su valor cultural (ICOMOS, 1979). Finalmente, el contexto físico, referido a la relación del bien con su lugar de ubicación (Decreto 763 de 2009), se vincula con la Carta de Washington, que destaca su integración con el entorno histórico (ICOMOS, 1987), y con la Carta de Venecia, en su apartado sobre ambientes monumentales que deben ser objeto de cuidados especiales para su valoración y uso18.
Los criterios de representatividad y contextualización sociocultural, que refieren la significación cultural del bien en función de los lazos emocionales que genera en la sociedad, y autoría, entendida como la identificación del autor, autores o grupo responsables de su producción (Decreto 763 de 2009), presentan coincidencias y diferencias con las Cartas de Nara sobre autenticidad y Burra. Ambas enfatizan el valor del bien dentro de su contexto sociocultural, resaltando la memoria colectiva y la relación con la comunidad, lo que se alinea con la representatividad y contextualización sociocultural. No obstante, en cuanto a autoría, el decreto la considera un criterio de valoración, mientras que la Carta de Nara sostiene que la autenticidad debe evaluarse desde múltiples fuentes de información, incluyendo factores internos y externos como la forma, el diseño, los materiales, la tradición, el uso, el entorno y el significado cultural (ICOMOS, 1994). Este enfoque amplía la valoración patrimonial, integrando dimensiones artísticas, técnicas, históricas y sociales.
Los criterios de valoración del Decreto 763 de 2009, en contraste con las Cartas de ICOMOS, establecen el valor de un edificio a partir de clasificaciones como antigüedad, autenticidad, contexto y representatividad, determinando su significación cultural en función de su pertenencia a un conjunto de bienes con características similares. Rossi, en cambio, enfatiza el análisis sobre la definición, privilegiando la comprensión de la individualidad del edificio como hecho urbano. En el caso de Plaza Real, su valor no se fundamenta en una categoría patrimonial predefinida, sino en la individualidad respecto a su configuración y evolución formal determinada mediante procedimientos compositivos que han condicionado sus transformaciones a lo largo del tiempo.
El análisis del patrimonio arquitectónico como hecho urbano puede contribuir significativamente a la investigación del proyecto arquitectónico y, por extensión, a la comprensión de la ciudad. Permite evaluar su desempeño como parte activa en la solución de problemáticas contemporáneas. En palabras de Rossi:
Podemos estudiar la ciudad desde muchos puntos de vista: pero esta emerge de manera autónoma cuando la consideramos como dato último, como construcción, como arquitectura. En otras palabras, cuando se analizan los hechos urbanos por lo que son, como construcción última de una elaboración compleja; teniendo en cuenta todos los datos de esta elaboración que no pueden ser comprendidos por la historia de la arquitectura, ni de la sociología, ni de otras ciencias. (Rossi, 1982, p. 63)
Desde esta perspectiva, resulta viable interpretar los criterios de valoración establecidos en el Decreto 763 de 2009 y contrastados con las Cartas de ICOMOS como «criterios analíticos para determinar la individualidad de un bien patrimonial». Aunque originalmente concebidos para definir el valor cultural dentro de clasificaciones generales, estos criterios pueden reformularse como herramientas de análisis que permitan comprender la condición específica de un edificio dentro de su contexto. Este enfoque no busca establecer una categoría predefinida, sino examinar los procesos compositivos que han condicionado su evolución. La representatividad, la autenticidad y el contexto, en particular la contextualización sociocultural, se ajustan mejor al procedimiento analógico formulado por Rossi en La ciudad análoga, pues permiten identificar persistencias, transformaciones y asociaciones simbólicas dentro de la estructura urbana. Estos criterios no solo refieren a aspectos históricos y materiales, sino que posibilitan la reconstrucción de relaciones formales y tipológicas, fundamentales en la interpretación del hecho urbano como obra de arte.
En el análisis de Plaza Real, la representatividad se manifiesta en la armonización entre las liturgias cambiantes de la ciudad y las relaciones entre partes del tipo arquitectónico19, modificadas para responder a dichas dinámicas. Así, el tipo no es una forma fija, sino una base que ha posibilitado una multiplicidad de variaciones formales en un proceso de analogía, otorgando sentido a su individualidad. La autenticidad radica en la singularidad del edificio, evidenciada en las huellas dejadas por cada transformación, las cuales reflejan su devenir formal sin anular su identidad. La contextualización sociocultural permite comprender su evolución dentro del hecho urbano, mostrando cómo su estructura espacial ha sido, a la vez, condicionada y condicionante en la ciudad.
El análisis de Plaza Real evidencia cómo su transformación y autonomía han operado dentro de las reglas de su estructura formal preexistente, permitiendo la asignación de nuevos valores sin anular su identidad. En este sentido, la analogía utilizada por Rossi constituye tanto un método analítico como un procedimiento compositivo. Extraer de la ciudad estructuras preexistentes y dotarlas de nuevos significados dentro de un proceso proyectual implica reconocer la continuidad tipológica como base de una multiplicidad de variaciones formales. Así, el paso del análisis a la composición proyectual se fundamenta en la comprensión de la tipología a través de las relaciones entre partes y huellas existentes, operando dentro de sus propias reglas estructurales. Este procedimiento integra pasado y presente, asegurando la continuidad del hecho urbano.
Principios generales de intervención
El Decreto 763 de 2009 establece principios generales de intervención en bienes de interés cultural que incluyen: la mínima intervención con el fin de garantizar su estabilidad, la utilización de técnicas modernas para preservar el bien, la reversibilidad de las acciones cuando sea necesario y la diferenciación y documentación de los elementos sustituidos para garantizar la legibilidad de las nuevas intervenciones (Decreto 763 de 2009). A partir del análisis del edificio Plaza Real, es posible entender estos principios no solo desde una perspectiva normativa, sino también como parte de un proceso proyectual. La intervención realizada respetó la evolución histórica del inmueble, conservó su sistema estructural y permitió su adaptación funcional mediante técnicas contemporáneas, sin borrar las huellas de sus transformaciones previas.
Asimismo, las adaptaciones han mantenido las huellas de cada etapa de su desarrollo, permitiendo su lectura a lo largo del tiempo y respetando su autenticidad como hecho urbano. La posibilidad de revertir o reinterpretar ciertas modificaciones en el futuro, dada la legibilidad de las intervenciones, refuerza la compatibilidad de este proceso con el principio de reversibilidad. Al concebir el hecho urbano como un elemento condicionado por su contexto, pero que a su vez lo condiciona, se establece la necesidad de operar proyectualmente desde una estructura formal base, derivando en nuevas relaciones formales. Estas, aunque determinadas por las dinámicas urbanas, conservan las huellas de la estructura original, permitiendo la mínima intervención sin impedir la evolución funcional del bien. La estabilidad del edificio debe garantizarse sin alterar sus valores culturales, asegurando que las nuevas incorporaciones sean legibles y distinguibles. Así, la proyección arquitectónica se integra en las normas patrimoniales sin reducir el edificio a una forma estática.
Tipos de obras permitidas
El Decreto 763 de 2009 establece distintos tipos de intervención sobre los Bienes de Interés Cultural (BIC): primeros auxilios, reparaciones locativas, reforzamiento estructural, rehabilitación o adecuación funcional, restauración, obra nueva, ampliación, consolidación, demolición, liberación, modificación, reconstrucción y reintegración (Decreto 763 de 2009). Estas categorías responden a diversas necesidades técnicas, funcionales y patrimoniales, bajo el principio de garantizar la conservación de los valores culturales y la estabilidad física del inmueble. En particular, la ampliación y el reforzamiento estructural representan intervenciones con alto potencial de transformación, por lo que deben respetar la identidad del bien y las disposiciones que rigen su evolución histórica. Las cartas de ICOMOS, como la de Venecia, Burra, Xi’an20 y Washington21, ofrecen marcos conceptuales que regulan la autenticidad, la compatibilidad, la coherencia histórica y el impacto urbano, fortaleciendo la dimensión proyectual de toda intervención.
En este contexto, la ampliación de Plaza Real se ejecutó dentro de la tipología base sin comprometer su identidad arquitectónica, articulando las exigencias del Decreto 763 de 2009 con los principios de las cartas internacionales. El decreto establece que las ampliaciones deben preservar los valores culturales, respetar la evolución histórica y garantizar la estabilidad estructural, condiciones que se cumplieron mediante la continuidad tipológica y el mantenimiento del sistema portante original. La intervención reafirmó el rol de la estructura como soporte material y conceptual de las transformaciones formales, permitiendo su adaptación. Esta compatibilidad entre lo preexistente y lo nuevo no implicó una réplica formal, sino una integración proyectual que responde a las reglas compositivas del tipo, conforme a una lógica interna que permite reconocer la individualidad del hecho urbano (figura 8).
Al concebir el edificio como una superposición de estructuras formales que emergen en respuesta a las transformaciones de las liturgias urbanas, es evidente cómo el sistema estructural opera como un elemento constante que posibilita dichas transformaciones sin comprometer la identidad del inmueble. Aunque la composición espacial y las funciones del edificio han cambiado con el tiempo, su coherencia estructural ha permitido estas variaciones. Esta interpretación se alinea con la propuesta de Aldo Rossi, donde la obra de arte surge de la continuidad tipológica en el contexto del hecho urbano. Así, la ampliación no fija una forma inmutable, sino que genera variantes dentro de una estructura formal reconocible, permitiendo que el inmueble se adapte a nuevas dinámicas sin perder su integración armónica en el tejido urbano ni sus valores patrimoniales.
Desde la perspectiva desarrollada en el análisis comparativo entre el Decreto 763 de 2009, las cartas de ICOMOS y la teoría de Rossi, enriquecer los lineamientos del Decreto 763 de 2009 con la interpretación del patrimonio como hecho urbano permite formular procedimientos compositivos que integren la conservación con los requerimientos contemporáneos. Esta articulación facilita la implementación de un método proyectual en aras de alcanzar las metas de la Agenda 2030 y The Millennium Project, al vincular la continuidad tipológica y la adaptabilidad funcional con objetivos de sostenibilidad urbana, resiliencia y cohesión social. De este modo, es posible atender las transformaciones necesarias sin comprometer los valores arquitectónicos y culturales inherentes a este tipo de bienes patrimoniales.
Tabla 1. Análisis comparativo Fuente: elaboración propia.
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Grupo de análisis |
Decreto 763 de 2009 |
Equivalencia con las Cartas de ICOMOS |
Interpretación desde Aldo Rossi |
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Criterios de valoración |
• Antigüedad |
• Carta de Venecia: valores históricos, formales y materiales |
• Valor centrado en la individualidad del hecho urbano |
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Principios generales de intervención |
• Mínima intervención |
• Compatibilidad y coherencia histórica |
• Intervenir desde la estructura formal base |
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Tipos de obras permitidas |
• Primeros auxilios |
• Preservación de valores culturales |
• Ampliación como continuidad tipológica |
Conclusiones
El Decreto 763 de 2009, al estructurar criterios de valoración patrimonial con un enfoque normativo, podría beneficiarse de un enfoque analítico que considere las dinámicas de transformación del bien dentro de su contexto urbano. Mientras que sus disposiciones establecen parámetros administrativos y técnicos para la intervención, una aproximación basada en el análisis permitiría comprender la evolución del inmueble desde sus estructuras formales y su interacción con el entorno. Esto facilitaría la integración de las modificaciones dentro de una continuidad tipológica, sin limitarse a la mera conservación de valores predefinidos. Así, el decreto podría incorporar herramientas metodológicas que permitan evaluar las intervenciones no solo por su conformidad normativa, sino por su capacidad de articular pasado y presente en una composición proyectual coherente.
Los principios generales de intervención del Decreto 763 de 2009, alineados con las cartas de ICOMOS, establecen la conservación de los valores culturales, la mínima intervención y la estabilidad estructural del bien. Sin embargo, el análisis de Plaza Real aclara que la intervención patrimonial no debe entenderse como una acción meramente restrictiva, sino como un proceso proyectual donde la transformación y la permanencia coexisten. El decreto introduce criterios normativos que, aunque garantizan la conservación material, pueden limitar la interpretación evolutiva del bien. En este sentido, Plaza Real demuestra que es posible ampliar y reforzar un inmueble sin comprometer su identidad, integrando la continuidad tipológica en un marco normativo.
Los tipos de obras permitidas en el Decreto 763 de 2009 abarcan desde la conservación y restauración hasta la ampliación y el reforzamiento estructural, siempre que se garantice la estabilidad y los valores culturales del bien. Las Cartas de ICOMOS, en particular la Carta de Venecia, priorizan la mínima intervención y la reversibilidad, lo que restringe modificaciones significativas. Sin embargo, el análisis de Plaza Real demuestra que intervenciones como la ampliación pueden ejecutarse dentro de una tipología base sin comprometer la identidad del inmueble. Esto sugiere que las obras permitidas deben evaluarse no solo desde un criterio normativo, sino también analítico, considerando la estructura formal y las dinámicas urbanas para lograr una intervención que logre la actualización de la infraestructura sin perder sus valores arquitectónicos preexistentes.
El análisis de Plaza Real muestra que la intervención en edificaciones patrimoniales puede alinearse con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) mediante estrategias que equilibran conservación y transformación. La ampliación del inmueble, ejecutada dentro de la tipología base, demuestra que es posible actualizar la infraestructura sin comprometer su identidad, lo que se relaciona con el ODS 11 (ciudades y comunidades sostenibles), al preservar el patrimonio cultural mientras se optimizan sus condiciones de uso. Asimismo, la compatibilidad entre nuevas estructuras y las preexistentes contribuye al ODS 9 (industria, innovación e infraestructura), promoviendo soluciones resilientes y sostenibles. De este modo, el análisis proyectual basado en la continuidad tipológica permite cumplir principios de sostenibilidad sin renunciar a los valores arquitectónicos y urbanos del bien intervenido.
El análisis de Plaza Real permite vincular la intervención patrimonial con The Millennium Project, particularmente en la modernización de los centros históricos para mejorar la calidad de vida y prolongar la expectativa de vida. La actualización de la infraestructura del inmueble, sin comprometer su identidad arquitectónica, responde a la necesidad de adaptar los espacios urbanos a las exigencias contemporáneas, garantizando condiciones óptimas de habitabilidad, accesibilidad y seguridad estructural. La intervención, al respetar la continuidad tipológica, demuestra que es posible modernizar centros históricos sin recurrir a la demolición, promoviendo la conservación como un mecanismo de desarrollo sostenible. Así, Plaza Real se convierte en un modelo de integración entre la preservación del patrimonio y la mejora de la calidad de vida urbana.
Los procedimientos analíticos, los criterios de valoración con enfoque analítico y los principios de intervención en el patrimonio arquitectónico deben estudiarse bajo la gobernanza de la ciencia urbana, pues esta disciplina integra los factores que configuran la ciudad como construcción última de una elaboración compleja. En este sentido, la ciencia urbana proporciona el marco adecuado para abordar la intervención en el patrimonio edificado, asegurando que las decisiones proyectuales respondan a una visión integral sin transgredir los límites establecidos por las normas.
Este trabajo ha permitido establecer un marco analítico para la intervención en edificaciones patrimoniales desde la ciencia urbana, integrando criterios de valoración, principios de intervención y tipos de obras permitidas en consonancia con la normativa y el análisis arquitectónico. Asimismo, resulta relevante estudiar la relación entre la intervención patrimonial y la sostenibilidad urbana, vinculando estrategias de modernización con los Objetivos de Desarrollo Sostenible y las proyecciones de The Millennium Project. Esto permitiría consolidar un enfoque transdisciplinar en el que la ciencia urbana articule distintos saberes sin perder su papel rector en la gobernanza del patrimonio arquitectónico.
Referencias
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- Escobar, A., Delgadillo, H. y Ulloa, R. (2018). Gaston Lelarge Itinerario de su obra en Colombia. Instituto Distrital de Patrimonio Cultural.
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- Luque Valdivia, J. (1996). La ciudad de la arquitectura: una relectura de Aldo Rossi. Oikos-Tau
- Marti, A. C. (1993). Las variaciones de la identidad. Ensayo sobre el tipo en arquitectura. Colegio de Arquitectos de Cataluña y Ediciones del Serbal.
- Ministerio de Vivienda, Ciudad y Territorio. (2025). Plan de Ordenamiento Territorial (POT). https://minvivienda.gov.co/viceministerio-de-vivienda-espacio-urbano-y-territorial-plan-ordenamiento-territorial-pot
- Organización de Naciones Unidas (ONU). (2015). Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). https://www.un.org/sustainabledevelopment/es/
- Presidencia de la República. (2009). Decreto 763 de 2009. Por el cual se reglamentan parcialmente las Leyes 814 de 2003 y 397 de 1997 modificada por medio de la Ley 1185 de 2008, en lo correspondiente al Patrimonio Cultural de la Nación de naturaleza material. https://www.funcionpublica.gov.co/eva/gestornormativo/norma.php?i=35447
- Rossi, A. (1982). La arquitectura de la ciudad. Gustavo Gili.
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- «Al plantear interrogantes sobre la individualidad y la estructura de un hecho urbano determinado se ha planteado una serie de preguntas cuyo conjunto parece constituir un sistema capaz de analizar una obra de arte. Ahora bien, aunque toda la presente investigación sea llevada a fin de establecer la naturaleza de los hechos urbanos y su identificación, se puede declarar por de pronto que admitimos que en la naturaleza de los hechos urbanos hay algo que los hace muy semejantes, y no solo metafóricamente, con la obra de arte» (Rossi, 1982, p. 73). Ir al texto
- «Por el cual se reglamentan parcialmente las Leyes 814 de 2003 y 397 de 1997 modificada por medio de la Ley 1185 de 2008, en lo correspondiente al Patrimonio Cultural de la Nación de naturaleza material» (Decreto 763 de 2009). Ir al texto
- «El nexo de estos problemas y sus implicaciones ponen a la ciencia urbana en relación con el complejo de las ciencias humanas; pero en este cuadro creo que esa ciencia tiene autonomía propia, aunque en el transcurso de este estudio me pregunto muchas veces cuáles son las características de autonomía y los límites de la ciencia urbana. Podemos estudiar la ciudad desde muchos puntos de vista: pero ésta emerge de manera autónoma cuando la consideramos como dato último, como construcción, como arquitectura» (Rossi, 1982, p. 63). Ir al texto
- «Frente a estos dos tipos de razonamientos la analogía actúa de modo peculiar: toma como punto de partida un conocimiento particular, y sobre él sugiere un nuevo conocimiento igualmente particular: una semejanza entre las características y circunstancias de dos objetos, nos permite conocer que lo que conocemos del primero puede afirmarse del segundo. Sin embargo, como es fácilmente comprensible, el conocimiento análogo —al igual que el razonamiento inductivo— queda sometido a una posterior verificación» (Luque Valdivia, 1996, p. 330). «La analogía se entiende como un proceso racional que extrae de la lectura de la ciudad un sistema lógico-formal que permite la construcción de nuevos elementos que entran así mismo a formar parte de la ciudad» (Luque Valdivia, 1996). Ir al texto
- «Mediante la Ley 8 de 1913, se dispuso la celebración del Primer Centenario de la Batalla de Boyacá y se declaró fiesta nacional el día 7 de agosto de 1919. Entre los múltiples eventos, se ordenó realizar en la ciudad de Tunja una Exposición Nacional de Ciencias, Artes e Industrias, y por tal motivo en el aparte 3 del artículo 2 se estableció construir “en dicha ciudad los pabellones necesarios para la exposición, en disposición tal, que puedan utilizarse luego como plaza de mercado de aquella capital» (Escobar, Delgadillo y Ulloa, 2018, p. 196). Ir al texto
- «Los dos términos aquí presentados (análisis y proyecto), sobre los cuales se ha vuelto muchas veces y que han sido objeto de un trabajo colectivo, creo que van disponiéndose en una sola investigación fundamental, donde el estudio de los hechos urbanos y de la forma se hacen arquitectura» (Rossi, 1982, p. 43). Ir al texto
- «Uno de los mayores teóricos de la arquitectura, Quatremère de Quincy, comprendió la gran importancia de este problema y dio una definición magistral de tipo: la palabra tipo no representa tanto la imagen de una cosa que copiar o que imitar perfectamente cuanto la idea de un elemento que debe servir de regla al modelo. El modelo entendido según la ejecución práctica del arte es un objeto que tiene que repetirse tal cual es; el tipo es, por el contrario, un objeto según el cual nadie puede concebir obras que no se asemejen en absoluto entre ellas. Todo es preciso y dado en el modelo; todo es más o menos vago en el tipo. Así, vemos que la imitación de los tipos nada tiene que el sentimiento o el espíritu no puedan reconocer» (Rossi, 1982, p. 78). Ir al texto
- «En el proceso de comparación y superposición de las formas individuales para la determinación del tipo se eliminan los caracteres específicos de cada edificio, conservando todos y nada más que los elementos presentes en la totalidad de la serie» (Argan, 1969). Ir al texto
- «Se trata, desde luego, de un razonamiento peculiar que, atendiendo a sus características operativas, es denominado por Rossi como un procedimiento lógico-formal. Ese razonamiento actúa en dos direcciones diversas: por una parte recae en la ciudad existente y de ella extrae los elementos necesarios para formar, o mejor identificar, un sistema o una estructura formal; pero además, sobre esa estructura, permite ampliar o reconstruir la ciudad» (Luque Valdivia, 1996, p. 324). Ir al texto
- «Tal vez por ello, cuando el mercado se desgaja del espacio público propiamente dicho y se refugia en un edificio autónomo los puestos de venta parecen disponerse como casas alineadas según una trama de calles que van formando las manzanas y las plazas, reproduciendo con obstinada fijeza los ritmos y situaciones del tejido urbano» (Marti, 1993, p. 90). Ir al texto
- «Esta artisticidad de los hechos urbanos va muy unida a su cualidad, a su unicum; y, por lo tanto, a su análisis y a su definición. Esta cuestión es extremadamente compleja. Ahora bien, Ir al texto
- «La estructura mental que aparece como base de un proceso lógico-formal que es la analogía y que se sitúa en el interior de la actividad proyectual no puede aparecer espontáneamente en el arquitecto, tiene que ser el resultado de un proceso de observación y análisis» (Luque Valdivia, 1996, p. 328). Ir al texto
- «La noción de monumento histórico comprende tanto la creación arquitectónica aislada, como el ambiente urbano o paisajístico que constituya el testimonio de una civilización particular, de una evolución significativa o de un acontecimiento histórico. Esta noción se aplica no solo a las grandes obras, sino también a las obras modestas que con el tiempo hayan adquirido un significado cultural» (ICOMOS, 1964, p. 1). «Significación cultural significa valor estético, histórico, científico, social o espiritual para las generaciones pasada, presente y futura» (ICOMOS, 1979, p. 2). Ir al texto
- «Los juicios de autenticidad pueden vincularse al valor de una gran variedad de fuentes de información. Algunos de los aspectos de las fuentes pueden ser la forma y el diseño, los materiales y la sustancia, el uso y la función, la tradición y las técnicas, la ubicación y el entorno, así como el espíritu y sentimiento, y otros factores internos y externos. La utilización de estas fuentes brinda la posibilidad de analizar el patrimonio cultural en sus dimensiones específicas en los planos artístico, técnico, histórico y social» (ICOMOS, 1994, p. 255). «La restauración es un proceso que debe tener un carácter excepcional. Su finalidad es la de conservar y poner de relieve los valores formales e históricos del monumento y se fundamenta en el respeto a los elementos antiguos y a las partes auténticas. La restauración debe detenerse allí donde comienzan las hipótesis: cualquier trabajo encaminado a completar, considerado como indispensable por razones estéticas y teóricas, debe distinguirse del conjunto arquitectónico y deberá llevar el sello de nuestra época» (ICOMOS, 1964, p. 2). Ir al texto
- «Las adiciones no pueden ser toleradas si no respetan todas las partes que afectan al edificio, su ambiente tradicional, el equilibrio de su conjunto y sus relaciones con el ambiente circundante» (ICOMOS, 1964). «Fabrica significa todo material físico del sitio, incluyendo componentes, dispositivos, contenidos y objetos» (ICOMOS, 1979). Ir al texto
- «La restauración es una operación que debe tener un carácter excepcional. Su finalidad es la de conservar y poner de relieve los valores formales e históricos del monumento y se fundamenta en el respeto a los elementos antiguos y a las partes auténticas» (ICOMOS, 1964, p. 2). Ir al texto
- «Los valores a conservar son el carácter histórico de la población o del área urbana y todos aquellos elementos materiales y espirituales que determinan su imagen, especialmente: Ir al texto
- «Los lugares monumentales deben ser objeto de cuidados especiales a fin de salvaguardar su integridad y asegurar su saneamiento, su utilización y su valoración. Los trabajos de conservación y restauración, que se efectúen en ellos, deben inspirarse en los principios enunciados en los artículos precedentes» (ICOMOS, 1964, p. 3). Ir al texto
- «Las corrientes críticas más inclinadas a admitir el valor y la función del tipo son las que explican las formas arquitectónicas en relación con un simbolismo y su correspondiente ritual» (Argan, 1969, p. 57) Ir al texto
- «Reunidos, por invitación de ICOMOS China, en la ciudad histórica de Xi’an, del 17 al 21 de octubre de 2005, con ocasión de celebrarse la XV Asamblea General de ICOMOS, y coincidiendo con el cuadragésimo aniversario de este organismo, que ha contribuido a la salvaguarda y conservación del patrimonio cultural del mundo como parte del desarrollo sostenible y humano» (ICOMOS, 2005, p. 1). Ir al texto
- «La presente Carta concierne a los núcleos urbanos de carácter histórico, grandes o pequeños, comprende todo tipo de poblaciones (ciudades, villas, pueblos, etc.) y, más concretamente, los cascos, centros, barrios, barriadas, arrabales, u otras zonas que posean dicho carácter, con su entorno natural o hecho por el hombre. Más allá de su utilidad como documentos históricos, los referidos núcleos son expresión de los valores de las civilizaciones urbanas tradicionales. Actualmente se hallan amenazados por la degradación, el deterioro y, a veces, por la destrucción provocada por una forma de desarrollo urbano surgida de la era industrial que afecta a todas las sociedades» (ICOMOS, 1987, p. 1). Ir al texto
descuidando los aspectos psicológicos de la cuestión, creo que los hechos urbanos son complejos en sí mismos y que a nosotros nos es posible analizarlos, pero difícilmente definirlos» (Rossi, 1982, p. 73).
a) la forma urbana definida por la trama y el parcelario; b) la relación entre los diversos espacios urbanos, edificios, espacios verdes y libres; c) la forma y el aspecto de los edificios (interior y exterior), definidos a través de su estructura, volumen, estilo, escala, materiales, color y decoración; d) las relaciones entre población o área urbana y su entorno, bien sea natural o
creado por el hombre; e) las diversas funciones adquiridas por la población o el área urbana en el curso de la historia. Cualquier amenaza a estos valores comprometería la autenticidad de la población o área urbana histórica» (ICOMOS, 1987, p. 2).
Referencias
Argan, G. C. (1969). Proyecto y destino. Biblioteca de la Universidad Central de Venezuela.
Escobar, A., Delgadillo, H. y Ulloa, R. (2018). Gaston Lelarge Itinerario de su obra en Colombia. Instituto Distrital de Patrimonio Cultural.
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Luque Valdivia, J. (1996). La ciudad de la arquitectura: una relectura de Aldo Rossi. Oikos-Tau
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Presidencia de la República. (2009). Decreto 763 de 2009. Por el cual se reglamentan parcialmente las Leyes 814 de 2003 y 397 de 1997 modificada por medio de la Ley 1185 de 2008, en lo correspondiente al Patrimonio Cultural de la Nación de naturaleza material. https://www.funcionpublica.gov.co/eva/gestornormativo/norma.php?i=35447
Rossi, A. (1982). La arquitectura de la ciudad. Gustavo Gili.
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