Elementos geológicos: vestigios de procesos imperceptibles
Geological Elements: Vestiges of Imperceptible Processes
Éléments géologiques : vestiges de processus imperceptibles
Elementi geologici: vestigi di processi impercettibili
Elementos geológicos: vestígios de processos imperceptíveis
DOI:
https://doi.org/10.15446/actio.v10n2.128246Palabras clave:
elemento geológico, proceso, tiempo, técnica, ciencia, vestigio (es)geological element, process, time, technique, science, vestige (en)
élément géologique, processus, temps, technique, science, vestige (pt)
elemento geológico, processo, tempo, técnica, ciência, vestígio (fr)
elemento geologico, processo, tempo, tecnica, scienza, vestigio (it)
Este escrito, más que de carácter investigativo es una nota reflexiva que da cuenta de la importancia de la consciencia de la acción de los procesos sobre objetos inanimados, aparentemente sin historias por contar. Parte de un ámbito académico enmarcado en la historia del arte para proponer un acercamiento a los procesos geológicos de los que trata el estudio de la Tierra, mediante analogías relacionadas con experiencias y visiones personales de la autora sobre el arte activo del expresionismo abstracto de Jackson Pollock y de elementos del land art. Además, invita a pensar en el planeta desde una perspectiva geológica, como el fascinante resultado de un proceso artístico continuo desarrollado durante millones de años, que tiene más por aportar que proveer materiales para la creación de obras. Así, desde la observación de los objetos como huellas de un proceso, se muestra que las rocas, además de ser obras de arte en sí mismas, tras procesos geológicos y técnico-científicos pueden constituirse como vestigios, síntesis y confluencia de fenómenos y tiempos reconocibles dentro del arte procesual.
Rather than being a research article, this text is a reflective note that highlights the importance of becoming aware of the action of processes upon inanimate objects that, at first glance, seem to have no stories to tell. Originating from an academic context framed within art history, it proposes an approach to the geological processes studied by Earth sciences through analogies related to the author’s personal experiences and perspectives on the active art of Jackson Pollock’s Abstract Expressionism and elements of Land Art. Furthermore, it invites readers to think about the planet from a geological perspective, as the fascinating result of a continuous artistic process unfolding over millions of years, one that offers far more than merely providing materials for the creation of artworks. Through the observation of objects as traces of a process, the text shows that rocks, in addition to being works of art in themselves, may, through geological and technical-scientific processes, become vestiges, syntheses, and points of convergence of phenomena and temporalities recognizable within process art.
Plus qu’un texte à caractère scientifique, cet écrit se présente comme une note réflexive mettant en lumière l’importance de la prise de conscience de l’action des processus sur des objets inanimés qui semblent, à première vue, dépourvus d’histoires à raconter. Inscrit dans un cadre académique relevant de l’histoire de l’art, il propose une approche des processus géologiques étudiés par les sciences de la Terre à travers des analogies liées aux expériences et aux visions personnelles de l’autrice concernant l’art actif de l’Expressionnisme abstrait de Jackson Pollock ainsi que certains éléments du Land Art. Le texte invite également à penser la planète selon une perspective géologique, comme le résultat fascinant d’un processus artistique continu développé au cours de millions d’années, dont l’apport dépasse largement la simple fourniture de matériaux destinés à la création artistique. En observant les objets comme les traces d’un processus, il montre que les roches, au-delà d’être des œuvres d’art en elles-mêmes, peuvent, à travers des processus géologiques et technico-scientifiques, devenir des vestiges, des synthèses et des points de convergence de phénomènes et de temporalités reconnaissables dans le champ de l’art processuel.
Più che un contributo di carattere strettamente scientifico, questo testo si configura come una nota riflessiva che evidenzia l’importanza della consapevolezza dell’azione dei processi sugli oggetti inanimati, apparentemente privi di storie da raccontare. Muovendo da un contesto accademico legato alla storia dell’arte, propone un avvicinamento ai processi geologici studiati dalle scienze della Terra attraverso analogie con esperienze e visioni personali dell’autrice relative all’arte attiva dell’Espressionismo Astratto di Jackson Pollock e ad alcuni elementi della Land Art. Inoltre, invita a pensare al pianeta da una prospettiva geologica, come il risultato affascinante di un processo artistico continuo sviluppatosi nel corso di milioni di anni, capace di offrire molto più che semplici materiali per la creazione di opere d’arte. Attraverso l’osservazione degli oggetti come tracce di un processo, il testo mostra come le rocce, oltre a essere opere d’arte in sé, possano costituirsi, mediante processi geologici e tecnico-scientifici, come vestigi, sintesi e punti di convergenza di fenomeni e temporalità riconoscibili nell’ambito dell’arte processuale.
Mais do que um texto de caráter investigativo, este escrito constitui uma nota reflexiva que destaca a importância da consciência da ação dos processos sobre objetos inanimados, aparentemente desprovidos de histórias para contar. Partindo de um contexto acadêmico vinculado à história da arte, propõe uma aproximação aos processos geológicos estudados pelas ciências da Terra por meio de analogias relacionadas às experiências e às visões pessoais da autora acerca da arte ativa do Expressionismo Abstrato de Jackson Pollock e de elementos da Land Art. Além disso, convida a pensar o planeta a partir de uma perspectiva geológica, como o fascinante resultado de um processo artístico contínuo desenvolvido ao longo de milhões de anos, que tem muito mais a oferecer do que simplesmente fornecer materiais para a criação de obras de arte. A partir da observação dos objetos como vestígios de um processo, o texto demonstra que as rochas, além de serem obras de arte em si mesmas, podem constituir-se, por meio de processos geológicos e técnico-científicos, em vestígios, sínteses e confluências de fenômenos e temporalidades reconhecíveis no âmbito da arte processual.
ACTIO VOL. 10 NÚM. 2 | Julio - Diciembre / 2026
Geóloga de la Universidad de Colombia, estudiante de la Maestría en Ordenamiento Urbano Regional de la misma institución, con cinco años de experiencia en elaboración de mapas y estudios paleontológicos en el Servicio Geológico Colombiano y tres en evaluación de trámites de licenciamiento ambiental en la Autoridad Nacional de Licencias Ambientales. Actualmente es colaboradora en el Servicio Geológico Colombiano, interesada en el cuidado del medio ambiente y en la divulgación de las ciencias de la Tierra, con una publicación sobre geomaquetas para público general en la revista Enseñanza y Comunicación de las Geociencias editada por la Universidad Nacional Autónoma de México.
Correo electrónico: m.alejandra.ramos.ga@gmail.com
Introducción
Dentro del mundo artístico y su infinidad de técnicas, la geología parece tener un papel meramente utilitario: paredes naturales, planchas en ríos o cuevas y superficies lisas de roca fueron quizás los primeros lienzos en los que cobraron vida las figuras de Chauvet, Altamira o los pictogramas precolombinos que están por toda América.
Las rocas fueron también apetecidas en el mundo de la escultura, pero meramente como un insumo, como materiales perfectos para plasmar los suaves pliegues de las vestiduras de La Pietá (Chacón Palomares, 2018) o la fuerza corporal de Laocoonte y sus hijos (National Geographic Historia, 2022).
Incluso después, cuando las técnicas de la pintura y la destreza de los artistas plásticos quisieron plasmar de forma casi fidedigna los paisajes que sus ojos percibían día a día, esas formaciones geológicas iluminadas con la luz del atardecer fueron fuente de inspiración, pero no parecían ser obras en sí mismas. De pronto la fotografía de paisaje empezó a mostrar cómo un paisaje en determinado momento podía ser una obra de arte.
El paisaje se fue transformando no solo para ser observado como una obra de arte, sino como un escenario capaz de despertar infinidad de sentimientos que podrían ser transmitidos a espectadores remotos: tanto la experimentación de sensaciones únicas como la elaboración de instalaciones de carácter temporal y efímero, realizadas con materiales provenientes del mismo paisaje, al aire libre y alejadas del alcance de las galerías de exhibición, llevó a los artistas del land art a reconocer la necesidad de documentar el proceso en mapas, fotografías, videos o películas (Raquejo, 1998). Todo esto, debido a que una obra en medio de una montaña o un desierto, como el caso de la obra Self Similar de Jim Denevan (Fakharany, 2023), además de no poder ser visitada por un público numeroso, podría desaparecer con una avalancha, un terremoto, un viento fuerte o un simple chubasco. De ahí, la importancia del registro tanto del resultado como del proceso.
De esta manera, si bien la idea de la geología como una obra de arte en sí misma ha empezado a cobrar fuerza, no parece percibirse la importancia de los procesos que casi por milagro ocurren naturalmente en el planeta Tierra, sin importar si se habla de océanos, montañas, volcanes o cuevas.
Parece increíble que un fósil, como vestigio de la vida pasada sea apenas la punta del iceberg de toda una historia. Que lo mismo ocurra con un grano de cuarzo inmerso entre una arenisca de la cascada del salto del Tequendama o incluso, con un inmenso valle en forma de U en medio de las montañas a una altura mayor a 3500 m s.n.m., en cuya formación está implícita la abrasión de masas de hielo glaciar.
Ante este último marco, el de los vestigios del pasado, es que merece la pena rescatar el poder de los procesos geológicos. Ellos resultan tan imperceptibles en el tiempo y fuera de la escala diaria de un ser humano, pero a la vez tan contundentes como el tamaño de las montañas, la fuerza de los ríos o cualquier paisaje, que resulta tentadora la posibilidad de entenderlos como obras de arte continuas con cierta magia intrínseca. El hecho de que pasen desapercibidos, no excluye la realidad de que la Tierra está en constante movimiento.
Reflexión
Como geóloga sensible a lo que el arte puede ofrecer a las reflexiones cotidianas, quien escribe estas palabras fantasea con la creencia de que la Tierra y sus procesos, aunque sujetos a la interpretación de un observador, puede ser entendida como una obra de arte que se viene creando y alimentando desde hace millones de años.
Este número especial en el que se invita a la reflexión sobre el proceso en la creación o sobre el arte procesual permite aludir a una de las clases universitarias favoritas de la autora: Historia y Apreciación del Arte. En una de las sesiones acerca de las expresiones del siglo XX que hubo en aquella cátedra, se abordó un tipo de arte que muchos ojos suelen ver con recelo. Un arte aparentemente carente de orden o sentido, un arte que roza tanto el límite de lo visible y lo oculto, como la permeabilidad o transparencia de la barrera entre el artista y el espectador: el arte abstracto.
A pesar de que se mencionaron varios exponentes de esta categoría artística, enmarcados en una tendencia vanguardista del momento, particularmente Jackson Pollock llamaba la atención. No solo por la sonoridad con la que la profesora argentina María Soledad García pronunciaba su nombre, como una suerte de «Shákson Pólok», sino por el proceso de su arte, por esa otra palabra que lo acompaña: «expresionismo abstracto».
Bien puede uno quedarse con las manchas de pintura de sus grandes lienzos. Bien puede uno limitarse a observar sus trazos para buscarles un sentido o para buscarse a sí mismo en los manchones, tratando de dilucidar alguna emoción provocada. O puede ir más allá de la obra, para rastrear su proceso.
Precisamente eso logró María Soledad García en el auditorio. Con la ayuda de videos, transmitió uno de los mayores aportes de Jackson Pollock al arte: no se trataba únicamente del uso de materiales aparentemente reservados para obras de construcción y vetados para la elaboración de cuadros dignos de ser expuestos en una galería, como brochas gruesas, galones o latas de pintura, palos o traperos, sino el proceso mismo de creación. De hecho, Núñez (1999) hace una muy buena descripción de lo que pudo quedar registrado en los videos que mostraba María Soledad:
[…] con un cubo de óleo mezclado con aguarrás en una mano y un palo o pincel en la otra, totalmente concentrado, Pollock se inclina sobre la tela, pisándola cuando es necesario, para arrojar sobre ella, con movimientos precisos y un tanto espasmódicos, sus famosos goteos de pintura. Dependiendo de la rapidez y recorridos de su mano, surgen líneas, charcos, gotas, que van formando una maraña fluida. En ocasiones se retira para contemplar la imagen, rodea el lienzo, reflexiona el tiempo necesario —minutos, a veces días—, y cuando recupera la fuerza emotiva o la claridad de concepto que buscaba, ataca la obra en un nuevo arrebato pasional. Todo el trabajo, tan lleno de movimientos y de decisiones, tan convulsivo, da la impresión de ser física y mentalmente agotador. La intensidad de la acción queda reflejada en la pintura que, indisolublemente vinculada al proceso, efectivamente rememora la energía empleada y algún tipo de lucha librada en el interior de Pollock. (Núñez, 1999)
En otras palabras, en el proceso creativo de Jackson Pollock se podía ver una suerte de danza orientadora de cada salpicadura o cada brochazo, que lo hacía a uno sentir que el lienzo final, ese que terminaría expuesto en una galería y sería vendido bajo una clasificación de arte abstracto, era realmente un segundo plano. Una huella apenas visible de una danza creadora. Y que más bien la danza y la lucha interna del artista eran la verdadera obra.
En ese sentido, el lienzo resulta ser una huella como aquellas que los geólogos aprenden a leer en las rocas y el paisaje: vestigios invaluables de los procesos longevos del planeta.
Puede ser que inicialmente se creyera que la Tierra realmente resultó de un proceso creador, o si se quiere, de una fuerza divina creadora que en siete días dio vida al mundo. Siete días en los que se diferenció la luz de la oscuridad, el agua de la tierra emergida, el suelo de la vegetación, el sol de la luna y las estrellas, los animales voladores de los acuáticos, los animales terrestres del humano y que acabaron en un descanso merecido por tanto esfuerzo y trabajo.
No obstante, debieron pasar muchos años y vuelcos paradigmáticos para descubrir que realmente la Tierra, con sus formas antiguas y actuales, con sus huellas apenas comprensibles, es el producto de algo más que siete días de fuerza creadora.
Y resulta asombroso revelarse a sí mismo, como sociedad o como individuo, que son los vestigios de lo inanimado los que han permitido encontrar dinamismo y movimiento: procesos longevos que se escapan a nuestro marco temporal. En la Tierra lo que más abunda son vestigios: rastros de procesos de millones de años condensados en un lienzo llamado roca, playa, volcán, fósil o un largo etcétera.
De hecho, la clave de que los lienzos geológicos cobren sentido es precisamente el entendimiento de los procesos. Quienes se dedican al estudio de los vestigios que ha dejado la evolución del planeta evocan permanentemente el proceso, desde lo que se conoce como «uniformitarismo»: esa danza guiada por la frase «el presente es la llave del pasado», expresada por Charles Lyell en 1830, siguiendo las propuestas que James Hutton plasmó en su Theory of the Earth en 1785 (Rudwick, 2014).
El principio de uniformitarismo indica que los procesos geológicos actuales también ocurrieron en el pasado y es por ello que se pueden desdibujar las fronteras del tiempo con solo un vestigio: con el entendimiento de la formación de un glaciar actual, se identifican paisajes glaciares que hoy no tienen ni un pedazo de hielo sin necesidad de tener que ver las nieves actuando (figura 1).
Figura 1. Glaciar del pasado y del presente. Laguna de Humantay en Perú, ubicada a 4500 m s.n.m. (2024). El valle en forma de U estrecha es una muestra de la acción del hielo en el pasado, que ha modelado el paisaje que hoy se observa a pesar de que el borde de nieve se haya desplazado hacia arriba. Fuente: fotografía de María Alejandra Ramos.
Con la apreciación del correr de un río o del ir y venir de las olas se observa la acción del agua en paredes rocosas que ahora se ven como montañas y están lejos de los ríos o del mismo océano (figura 2).
Figura 2. El ir y venir del oleaje. A la izquierda se observa un afloramiento rocoso formado a partir de dinámica marina con acción del oleaje y del viento, en lo que actualmente se conoce como Cerro Ferú, en el departamento del Atlántico, Colombia (2022). A la derecha se observa la acción del oleaje en playas actuales del departamento del Magdalena, Colombia (2023). Fuente: fotografías de María Alejandra Ramos.
Con el estudio de un fósil es posible rastrear un linaje, preguntarse por el origen y la extinción de su especie, reconstruir paisajes del pasado e incluso sentir que se observa una fotografía tomada en tiempos en que ni si quiera los humanos pisaban los suelos del mundo.
Y, por si fuera poco, estos procesos de escalas tan diferentes a la de la humanidad, de tiempos tan prolongados y cambios tan imperceptibles, junto con los vestigios apenas apreciables por algunos, han retado al poder de la percepción a tal punto que solo las soluciones artísticas podrían tener algún sentido.
Resulta creíble, y a la vez desalentador, que ante los ojos de una sociedad que hoy más que nunca quiere resultados, beneficios y productos inmediatos sin esfuerzo, dedicación o trabajo (Bauman, 2023), se pase por alto el arte del proceso en todos los elementos geológicos, que solamente con la acción de la dinámica terrestre actuando por cientos de miles de años pueden revelar historias de fantasía, imperceptibles ante el diario vivir de la humanidad y su corta existencia sobre el planeta.
Ahora bien, apelando a la importancia del registro del proceso como mecanismo análogo del land art y que en el aspecto más científico de la geología permite el estudio del origen y características de las rocas, desde la disciplina conocida como petrografía, entra en juego la técnica. Para entenderlo, se invita al lector a apreciar fotografías y videos de rocas vistas bajo el microscopio.
En primer lugar, la figura 3 muestra los colores de los minerales cuando rayos de luz polarizada atraviesan una lámina de roca del grosor de un cabello humano. No está teñida con tintes especiales y el efecto de su apariencia ante los ojos de un observador primerizo puede causar una sensación de psicodelia que aleja toda realidad de que provengan naturalmente de las entrañas de la Tierra.
Figura 3. Minerales al microscopio. Vista al microscopio de luz transmitida de una lámina delgada proveniente de un tipo de roca llamada anfibolita. Los colores permiten diferenciar diferentes minerales. Fuente: Restrepo (2010).
En segundo lugar, los videos 1a y 1b son un ejemplo más real del proceso de observación petrográfica: bajo el microscopio, esas láminas del grosor de un cabello se observan con un polarizador (una especie de filtro de rayos de luz) o con dos, y además se giran para que la luz pase por los minerales en diferentes ángulos. Como los minerales son estructuras cristalinas, la luz los afecta de forma diferente cuando los rayos atraviesan, se reflejan o se refractan, de manera que cada mineral exhibe formas, colores y texturas diferentes.
Cuando se usa un solo polarizador (video 1a) los geólogos buscan identificar el grosor de las líneas que delimitan cada mineral, ya que unas son más delgadas que otras, si existen cambios de color y si hay cruces de líneas.
Cuando se usan dos polarizadores (video 1b) la luz es doblemente filtrada y hay posiciones del cristal que no permiten el paso de la luz, por lo que se observan de color negro: esto permite a los geólogos identificar a qué ángulos ocurre la extinción (color negro) y reconocer un mineral de otro. Asimismo, con la luz doblemente polarizada los colores intensos y aparentemente antinaturales, característicos de cada mineral, permiten reconocer estructuras internas entre cada cristal, como se observa en el video 1b.

Video 1. Vista de mineral de biotita bajo el microscopio
a) Vista con luz
polarizada que permite observar el relieve o grosor del contorno del mineral y el
pleocroísmo o cambio de color con el giro de la lámina; b) vista con luz doblemente
polarizada que permite diferenciar estructuras internas de los minerales con diferencias de
color y ángulos de extinción, es decir, posiciones de los cristales que no permiten el paso
de luz, de manera que se ven de color negro. Fuente: Kohn (2021).
En ambos ejemplos, el elemento geológico o vestigio es una lámina delgada que, para constituirse como un lienzo psicodélico, ha sufrido dos tipos de procesos: uno geológico relacionado con la dinámica terrestre, y uno técnico que permite el estudio científico.
Con el proceso técnico, se puede ampliar el entendimiento del proceso geológico. Por ello, resulta fundamental pensar cómo se llega a construir una lámina delgada: muchas rocas se sacan de lo profundo de una montaña (figura 4a y 4b) para luego ser cortadas por discos diamantados en pequeños prismas que difícilmente superan el tamaño de un jabón de hotel. Luego de pegar estos prismas a una base de vidrio se desbastan para darles un espesor milimétrico ideal para aplicar la resina que en el horno dará unidad a la muestra, evitando su desintegración. Una vez enfriada la roca enresinada, manualmente se pule con un material abrasivo hasta alcanzar el grosor de un cabello, con el fin de lograr un punto de transparencia inaudita en un pedazo de planeta (figura 4c).
Todo esto, con el objetivo de que un haz de luz atraviese esa lámina delgada y por medio de un microscopio revele los secretos que sin proceso no habrían podido si quiera imaginarse (figura 4d).
Figura 4. Procesos geológicos y técnicos: de la montaña al microscopio.
Secuencia fotográfica ilustrativa de la vista del proceso desde la toma de una muestra hasta
su visión al microscopio.
a) Afloramiento de roca con contenido fósil en un arroyo del
departamento del Atlántico (2022);
b) detalle de la roca en su estado natural, antes de
ser extraída, con evidencia de conchas de origen marino (2022);
c) lámina delgada con el
espesor del tamaño de un cabello humano y dimensiones de 2,5 cm x 4,5 cm (2016);
d)
vista al microscopio de una concha fósil (2016). Fuente: fotografías de María Alejandra
Ramos.
Una vez terminado el proceso técnico, con el estudio geológico de estas láminas, los enamorados de las rocas pueden reconstruir historias a partir de los indicios del origen de los minerales contenidos allí, de su mecanismo de formación, de la temperatura a la que estuvo la muestra en algún momento y de otros cuantos datos que, finalmente, dan cuenta de los procesos que a simple vista y en escalas humanas no se suelen percibir.
Aparentemente, los ejemplos aquí mencionados comparten varios aspectos reconocibles en el land art y propios del arte procesual: los vestigios geológicos, bien sea paisajes glaciares, rocas marinas, playas, fósiles o minerales, son elementos propios de la naturaleza que configuran obras temporales erigidas tras la acción de procesos. Su particularidad recae en que dichos procesos son generalmente imperceptibles al ojo humano debido al abismo temporal entre la vida personal y la vida planetaria.
En definitiva, la observación de los vestigios resalta la importancia de entender los procesos y de registrarlos, bien sea en forma de paisaje, de roca, de lámina delgada, de fotografía o de video para encontrar el símil de un artista en la Tierra dinámica que actúa lenta pero continuamente.
Conclusión
Con esta reflexión se invita al lector a descubrir que un mismo objeto tras un proceso, bien sea natural, artístico, científico o meramente humano, puede resultar un universo infinito de posibilidades. Las rocas, los fósiles y los paisajes son apenas vestigios del cambio constante de un planeta aparentemente inerte, de su proceso continuo, de su eternidad dinámica.
Referencias
- Bauman, Z. (2023). Amor líquido: Acerca de la fragilidad de los vínculos humanos. Fondo de Cultura Económica.
- Fakharany, N. (2023, diciembre 10). Jim Denevan inaugura Una instalación monumental de arena en Abu Dhabi. ArchDaily en Español. https://www.archdaily.cl/cl/1010835/jim-denevan-inaugura-una-instalacion-monumental-de-arena-en-abu-dhabi?ad_campaign=normal-tag
- Chacón Palomares, M. (2018, junio 2). La Piedad de Miguel Ángel. Historia-arte.com. https://historia-arte.com/obras/la-piedad
- Kohn, M. [Matt Kohn]. (2021, abril 29). Biotite tutorial Optical mineralogy [video]. YouTube. https://www.youtube.com/watch?v=dgh7NWuujgg
- National Geographic Historia. (2022, octubre 14). El Laocoonte y sus hijos: una tragedia griega en piedra. National Geographic España. https://historia.nationalgeographic.com.es/a/laocoonte-y-sus-hijos-tragedia-griega-piedra_18508
- Núñez, M. (1999). Jackson Pollock y las máquinas de dibujar. Marina Núñez. https://www.marinanunez.net/textos/jackson-pollock-y-las-maquinas-de-dibujar/
- Raquejo, T. (1998). Land art (Vol. 1). Editorial Nerea.
- Restrepo, J. (2010, octubre 21). Sección delgada de roca vista con luz polarizada [Fotografía]. Flickr. https://www.flickr.com/photos/22012266@N02/5056793469/in/photostream/
- Rudwick, M. J. S. (2014). Earth’s deep history: How it was discovered and why it matters. The University of Chicago Press.
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Rudwick, M. J. S. (2014). Earth’s deep history: How it was discovered and why it matters. The University of Chicago Press.
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