Sistema local de seguridad alimentaria: estrategias de jornaleras agrícolas de Charay, El Fuerte, Sinaloa, México
Local Food Security System: Strategies of Agricultural Day Laborers in Charay, El Fuerte, Sinaloa, Mexico
Sistema Local de Segurança Alimentar: Estratégias das Trabalhadoras Rurais de Charay, El Fuerte, Sinaloa, México
DOI:
https://doi.org/10.15446/ts.v26n2.115490Palabras clave:
Seguridad alimentaria, Sostenibilidad, Sobrevivencia, Sistema local, Jornaleras, Comunidad, Disonancia cognitiva (es)Segurança alimentar, Sustentabilidade, Sobrevivência, Sistema local, Diaristas, Comunidade (pt)
Food security, Sustainability, Local system, Day laborers, Community (en)
El presente estudio recupera las narrativas de jornaleras agrícolas de Charay, El Fuerte, Sinaloa, sobre el sistema agroalimentario local que desarrollan para garantizar la seguridad alimentaria de su comunidad. El proceso metodológico comprende un estudio descriptivo-interpretativo desde el enfoque cualitativo basado en un método hermenéutico mediante la aplicación de las técnicas de observación participante y grupos de discusión. Los resultados muestran cómo las mujeres jornaleras agrícolas en su localidad desarrollan estrategias de seguridad alimentaria mediante el conocimiento de sus saberes y cuidado de los recursos naturales usando el entramado de relaciones que han construido con diversos actores sociales.
This study recovers the narratives of agricultural day laborers from Charay, El Fuerte, Sinaloa, about the local agri-food system they develop to ensure food security for their community. The methodological process comprises a descriptive-interpretative study from a qualitative approach based on a hermeneutic method through the application of participant observation techniques and discussion groups. The results show how the female agricultural day laborers in their locality develop food security strategies through their knowledge and care of natural resources using the network of relationships they have built with various social actors.
Este estudo recupera as narrativas das trabalhadoras rurais de Charay, El Fuerte, Sinaloa, sobre o sistema agroalimentar local que desenvolvem para garantir a segurança alimentar de sua comunidade. O processo metodológico compreende um estudo descritivo-interpretativo a partir de uma abordagem qualitativa baseada em um método hermenêutico mediante a aplicação de técnicas de observação participante e grupos de discussão. Os resultados mostram como as trabalhadoras rurais em sua localidade desenvolvem estratégias de segurança alimentar por meio do conhecimento de seus saberes e cuidado dos recursos naturais utilizando a rede de relações que construíram com diversos atores sociais.
Recibido: 2 de octubre de 2023; Aceptado: 19 de diciembre de 2023
Resumen
El presente estudio recupera las narrativas de jornaleras agrícolas de Charay, El Fuerte, Sinaloa, sobre el sistema agroalimentario local que desarrollan para garantizar la seguridad alimentaria de su comunidad. El proceso metodológico comprende un estudio descriptivo-interpretativo desde el enfoque cualitativo basado en un método hermenéutico mediante la aplicación de las técnicas de observación participante y grupos de discusión. Los resultados muestran cómo las mujeres jornaleras agrícolas en su localidad desarrollan estrategias de seguridad alimentaria mediante el conocimiento de sus saberes y cuidado de los recursos naturales usando el entramado de relaciones que han construido con diversos actores sociales.
Palabras clave
seguridad alimentaria, sostenibilidad, sobrevivencia, sistema local, jornaleras, comunidad.Abstract
The present study recovers the narratives of agricultural workers from Charay, El Fuerte, Sinaloa, about the local agri-food system they develop to guarantee the food security of their community. The methodological process includes a descriptive-interpretive study from a qualitative approach based on a hermeneutic method through the application of participant observation techniques and discussion groups. The results show how women agricultural laborers in their locality develop food security strategies through knowledge of their knowledge and care of natural resources using the network of relationships they have built with various social actors.
Keywords
Food security, sustainability, survival, local system, day laborers, community.Resumo
O presente estudo recupera as narrativas dos trabalhadores agrícolas de Charay, El Fuerte, Sinaloa, sobre o sistema agroalimentar local que desenvolvem para garantir a segurança alimentar da sua comunidade. O processo metodológico compreende um estudo descritivo-interpretativo de abordagem qualitativa baseado em método hermenêutico por meio da aplicação de técnicas de observação participante e grupos de discussão. Os resultados mostram como as mulheres trabalhadoras agrícolas da sua localidade desenvolvem estratégias de segurança alimentar através do conhecimento do seu conhecimento e do cuidado com os recursos naturais utilizando a rede de relações que construíram com diversos atores sociais.
Palavras-chave
Segurança alimentar, sustentabilidade, sobrevivência, sistema local, diaristas, comunidade.Introducción
Abordar el concepto de seguridad alimentaria es un tema complejo, ya que existen diversos elementos que se entrecruzan para lograr una alimentación adecuada. Inicialmente su abordaje fue desde el acceso y disponibilidad; ahora se integran otros aspectos como la calidad e inocuidad, así como los determinantes socioculturales del consumo. La seguridad alimentaria fue definida en los años noventa por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, 1996) como aquella que se da cuando las personas tienen en todo momento acceso físico y económico a suficientes alimentos inocuos y nutritivos para satisfacer sus necesidades y preferencias alimenticias a fin de llevar una vida activa y sana. Sus principales dimensiones han sido tradicionalmente: la disponibilidad física de los alimentos, acceso físico-económico y estabilidad; sin embargo, hoy se ha agregado al análisis también las preferencias alimentarias relacionadas con las decisiones que se realizan sobre el consumo.
Precisamente para Oseguera y Esparza (2009), la seguridad alimentaria representa una serie de significados que tienen que ver no solo con la disponibilidad de alimentos y el poder de compra de la población en cuestión, sino con las estrategias económicas, ecológicas y sociales de las personas para hacerse de ellos, así como sus preferencias y costumbres alimentarias. Por tanto, el tema de la seguridad alimentaria implica un desafío estructural que se conecta con la pobreza y las dificultades de acceso, pero también se relaciona con aspectos subjetivos del consumo, es decir, con los determinantes socioculturales que influyen en las familias y el contexto donde se construyen los significados sociales, los cuales pueden establecer su patrón alimentario.
Los alimentos cotidianos son vitales para la continuidad de la familia y en el desarrollo de su cultura, simbolizan sus creencias, tradiciones e intercambios culturales. Es así que las tradiciones constituyen la cultura alimentaria de cada unidad familiar. La cultura alimentaria incluye productos y técnicas de producción o elaboración, valores, creencias, usos, costumbres y formas de consumo asociadas (Gómez-Delgado y Velázquez-Rodríguez, 2019).
De acuerdo con las últimas estimaciones de la FAO (2019), en el mundo hay 820 millones de personas crónicamente subalimentadas; en México se encuentran 4,8 millones de personas en inseguridad alimentaria y un 3,7 % de la población enfrenta inseguridad alimentaria severa. En el estado de Sinaloa en el 2020, según mediciones realizadas por el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social, el 22,1 % de la población sinaloense reportada tiene carencia alimentaria (CONEVAL, 2020). Por otra parte, en los últimos datos del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL, 2022) sobre pobreza por grupos poblacionales a nivel municipal, puede considerarse que el municipio de El Fuerte, Sinaloa, se encuentra en nivel de pobreza y alimentación moderada.
Esta situación lleva a las personas a maximizar sus recursos, esfuerzos y capacidades, es decir, desarrollan acciones y estrategias para garantizar la seguridad alimentaria, como salir en busca de ingresos para satisfacer sus necesidades, desarrollar actividades para la producción y venta de productos agrícolas y pecuarios, negocios propios y trabajos asalariados, principalmente.
Mujeres jornaleras y sistemas agroalimentarios
Los saberes locales que las unidades familiares poseen y adquieren para lograr su reproducción forman parte de las estrategias que desarrollan, y por ello les es indispensable mantenerlos, transmitirlos y adaptarlos (Román-Montes de Oca, 2019, p. 8). Asimismo, Salles (1991) asegura que en el contexto rural las familias realizan actividades productivas respondiendo a las necesidades familiares como el autoconsumo y para la comercialización; lo anterior tiene sus bases y principios en la denominada economía campesina (Schejtman, 1980). Es decir, la dinámica y la operación de los trabajos familiares se estructuran con el propósito de producir, con la meta de cubrir las necesidades internas de consumo dentro de la familia. En este contexto, los miembros de la familia aportan su energía y conocimientos al trabajo agrícola, empleando diversas prácticas campesinas para asegurar la obtención de alimentos y buscar mejoras en cada ciclo de cultivo (Magdaleno-Hernández et al., 2014).
Precisamente en el contexto rural estas estrategias denominadas también de sobrevivencia han sido estudiadas bajo los esquemas de la economía campesina y las unidades domésticas de producción, tomando en consideración que estas unidades son el motor de las economías locales de carácter rural (López, 2014, p. 26). Surge entonces el concepto de Unidad Domestica de Producción Campesina (UDPC), que se define como una organización social con un propósito específico: mantenimiento y reproducción de sus integrantes, principalmente dedicada a cultivar para el sustento alimenticio (Cragnolino, 2002, p. 5). Esta unidad tiene como objetivo satisfacer las necesidades de la familia y su subsistencia, de acuerdo con los patrones culturales que comparte.
Cabe señalar que ante los cambios estructurales que se generan en los años ochenta por la liberación del mercado y la retirada del Estado en las transferencias de la economía y del extensionismo rural, la producción de las familias del campo se vio desplazada por la importación de productos agropecuarios a bajos precios, el alto costo de los insumos y la disminución de los apoyos y créditos financieros. Esta situación generó un incremento de la emigración a diferentes destinos, por tanto, las familias rurales buscaron alternativas para generar ingresos que contribuyeran a la reproducción de sus unidades familiares, las cuales dependen de los recursos con los que cuenta cada familia o comunidad. Desde esta perspectiva cabe señalar que las alternativas más frecuentes fueron las actividades relacionadas a la agricultura (Román-Montes de Oca, 2019, p. 23).
En el caso del estado de Sinaloa, sus fértiles e irrigados valles agrícolas son considerados por Tereso y Ortiz (2023) como una región de atracción para muchas personas provenientes principalmente del sur del país, que llegan a laborar en sus grandes extensiones agrícolas. Un gran número de su población trabajadora agrícola que ha migrado a Sinaloa se establece a vivir en comunidades aledañas a los campos agrícolas e instauran sus unidades domésticas de producción en estos lugares, buscando sembrar cultivos para poner en práctica sus conocimientos agrícolas.
Existen en Sinaloa grandes asentamientos de trabajadores agrícolas que incluso han fundado comunidades mediante la organización comunitaria. Cabe señalar que, según el Centro de Estudios para el Desarrollo Rural Sustentable y la Soberanía Alimentaria (CEDRSSA, 2019), un jornalero agrícola se define como la persona que percibe un salario por su fuerza de trabajo, en una actividad propia del campo dentro de un proceso productivo. En México, según datos de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE, 2019), hay 2.973.319 jornaleros agrícolas, un 89,6 % hombres (2.664.921) y un 10,4 % mujeres (308.398). En Sinaloa en el 2019 había un total de 146.142 jornaleros agrícolas; 115.737 eran hombres y 30.405 mujeres. Indiscutiblemente Sinaloa es uno de los estados de nuestro país con mayor presencia de jornaleras agrícolas. Al respecto, la ENOE (2019) señala que los estados en particular con mayor presencia de mujeres son Michoacán con un 12,9 %, Sonora con un 9,9 %, Sinaloa con un 9,9 % y Jalisco con un 9,6 %.
Precisamente, los jornaleros agrícolas asentados en las comunidades cercanas a los campos han desarrollado sistemas agroalimentarios locales, que se basan en la experiencia que tienen en el trabajo con la tierra, sus saberes agrícolas, usos, costumbres y cosmovisión, que han permitido su subsistencia trasmitiéndolos de generación en generación en sus comunidades de origen. Los sistemas agroalimentarios son definidos por Muchnik y Sautier (1998) como: sistemas construidos por organizaciones de producción y de servicio (unidades agrícolas, empresas agroalimentarias, empresas comerciales, restaurantes) asociadas, mediante sus características y funcionamiento, a un territorio específico. El medio, los productos, las personas, sus instituciones, su saber-hacer, sus comportamientos alimentarios, sus redes de relaciones se combinan en un territorio para producir una forma de organización agroalimentaria en una escala espacial dada. Por otra parte, Requier-Desjardins (2017) los define como un sistema productivo local, con anclaje territorial, que pone de manifiesto la existencia de patrones del consumo de alimentos basados en la calificación de productos vinculados al lugar de origen y a la herencia cultural alimentaria.
El papel de la mujer dentro de estas unidades agroalimentarias se ha vuelto preponderante, pues, además de llevar a cabo el trabajo doméstico y el cuidado de los hijos, crían animales pequeños y siembran sus huertos familiares, desempeñando roles reproductivos y productivos en el mismo espacio. Cabe mencionar que lo reproductivo hace relación al trabajo doméstico y el cuidado de los hijos, en tanto que el trabajo productivo hace alusión al trabajo agrícola, cría de aves, huertos y otras actividades que generan productos para el autoconsumo o intercambio (López, 2014, p. 24).
Esta situación pone a reflexionar acerca de la sobrecarga de trabajo que tienen las mujeres en el cuidado incluido el alimentario. Esto nos remite a analizar la categoría de organización social del cuidado y el papel de desigualdad que se presenta entre los distintos actores involucrados. Las sociedades actuales organizan el cuidado desde cuatro actores que lo proveen y distribuyen: el Estado, mediante sus políticas públicas de cuidado; el mercado, mediante la provisión de servicios mercantiles de cuidado a los que puede acceder la población que tiene una determinada capacidad adquisitiva; los hogares, mediante la provisión de trabajo de cuidado no remunerado realizado por sus miembros; y la comunidad, a través de arreglos comunitarios de cuidado. Sin embargo, como se mencionó, las responsabilidades de cuidado están desigualmente distribuidas en dos sentidos. Por un lado, entre los actores del cuidado (hogares, Estado, mercado y organizaciones comunitarias). Por el otro, y al interior de cada uno de estos actores, entre varones y mujeres. En efecto, el trabajo de cuidado es asumido mayormente por los hogares y, dentro de los hogares, por las mujeres (Rodríguez, Marzonetto y Alonso, 2019, pp. 3-4).
A lo anterior se suma que vivimos en una sociedad regida bajo el patriarcado ---principalmente en las zonas rurales de casi todo Latinoamérica---, lo que hace que el trabajo productivo de las mujeres esté fuertemente devaluado en los censos y estadísticas laborales del sector (Biaggi, Canevari y Tasso, 2007). No obstante, estas figuras perduran en procesos reproductivos, productivos y sociales, desde grupos y clases sociales, etnias, sistemas de producción, formas de relación laboral, espacios agroecológicos y, por supuesto, desde diversas relaciones de género.
Debido a lo anterior, la relevancia de la participación de las mujeres se hace visible en el sector público y privado, así como en contextos urbanos y rurales. Con respecto a las mujeres se señala que ellas tienen activa participación en las labores que se consideran importantes para dinamizar la economía campesina, y este tipo de participación varía de una región a otra, pues en algunos casos la implementación de políticas sociales incide en los contextos de pobreza, y en otros casos, debido a la migración de las parejas, estas tareas son delegadas a las mujeres, como el cuidado de la parcela o dar el terreno a trabajar a terceros, dedicándose ellas a la elaboración de artesanías o comercio (López, 2014, p. 27).
Estas prácticas de mejoras de acceso y disponibilidad de alimentos, para Román-Monte de Oca (2019), van acompañadas de estrategias para: enfrentar la vulnerabilidad climática y los impactos del cambio climático que provocan variaciones en la producción y, en ocasiones, disminución de los rendimientos; para que haya acceso a los alimentos; valorar la producción de pequeña y mediana escala; dar a conocer la importancia de la utilización de los alimentos para que la población no solamente tenga qué comer, sino que sepa comer nutritivamente; y considerar el tema de la disminución paulatina de la tierra de cultivo y del uso de los recursos naturales para la producción y el consumo humano.
Debido a lo anterior, conceptos como el de soberanía alimentaria cobran auge, pues permiten analizar cómo las estrategias desarrolladas por los distintos grupos sociales son autosuficientes y sustentables. En este sentido, Bringel (2015) señala que la soberanía alimentaria implica el derecho de los pueblos a definir sus propias políticas alimentarias y agrícolas, proteger y regular la producción agropecuaria nacional y el comercio para alcanzar metas de desarrollo sustentable; determinar hasta qué punto desean ser autosuficientes; restringir el dumping de productos en sus mercados; y darle la prioridad de uso y derechos sobre los recursos acuáticos a las comunidades que dependen de la pesca. La soberanía alimentaria no niega el comercio, sino que promueve la formulación de políticas y prácticas de comercio al servicio del derecho de los pueblos y la gente a una producción inocua, saludable y ecológicamente sustentable.
Por tanto, en este estudio se pretende visibilizar las estrategias que tienden asegurar la alimentación del grupo familiar y cómo contribuyen estas jornaleras agrícolas de Sinaloa al desarrollo sostenible de sus comunidades, específicamente en la localidad de Charay, El Fuerte, Sinaloa, México; un lugar de relevancia en la agricultura comercial y tecnificada, que cuenta con diversos campos agrícolas y participación activa de mujeres que se han establecido o han creado asentamientos cerca o alrededor de los campos agrícolas.
Metodología
El proceso metodológico comprende un enfoque cualitativo desde un método hermenéutico crítico que recupera las narrativas a través de los discursos de las jornaleras agrícolas. La hermenéutica desde Habermas (1987) busca comprender el objeto de interpretación a través de la acción comunicativa, centrada en los discursos, códigos lingüísticos y entendimiento subjetivo, lo que permite entender el sentido que las personas le dan a sus acciones utilizando el lenguaje como dispositivo de conocimiento. Las técnicas utilizadas son la observación participante y los grupos de discusión. El grupo de discusión es definido por Montañés (2010) como una técnica y práctica investigadora con la que se obtiene, mediante un número reducido de reuniones grupales, la pertinente materia prima discursiva cuyo análisis da cuenta de las representaciones e imágenes colectivas, así como las estructuras grupales que se articulan en torno a un significante o determinada problemática objeto de estudio.
El estudio es parte de un trabajo de investigación más amplio denominado "Mujeres y desarrollo sostenible: estrategias comunitarias de seguridad alimentaria de las jornaleras agrícolas del Navolato y el Fuerte, Sinaloa, México", llevado a cabo del 1 de octubre del 2022 al 30 de septiembre del 2023. Las mujeres participantes en este estudio (tabla 1), pertenecen a una red de mujeres que se han integrado para resolver necesidades, incluidas las alimentarias, de sus comunidades; son 11 integrantes que pertenecen a la comunidad de Charay, El Fuerte, Sinaloa.
Nota: J.A: Jornalera Agrícola.Tabla 1.: Caracterización de las mujeres participantes.
Localización del área del estudio
El municipio de El Fuerte se localiza al noroeste del estado de Sinaloa. Según el INEGI (2020), su población se registra en 96,563 habitantes (50,2 % mujeres y 49,8 % hombres); está integrado por 373 localidades y 7 sindicaturas administrativas, entre las que se encuentra Charay, considerado como el pueblo más poblado en la posición número seis de todo el municipio, con 3.041 habitantes. Está situada a 26 m de altitud y a 48,7 km (en dirección noroeste) de la localidad de El Fuerte, que es la que más habitantes tiene dentro del municipio (figura 1).
Figura 1.: Área de estudio.
De acuerdo con algunos aspectos socioeconómicos y culturales de esta población, el 3,42 % es considerado analfabeta; el grado de escolaridad es en promedio de casi nueve años. La población ocupada laboralmente mayor de 12 años es del 46,17 %. De acuerdo con la población indígena, en la localidad de Charay un 4,87 % se identifica como tal y el 1,51 % menciona hablar una lengua indígena. Respecto a los servicios básicos con los que cuentan las viviendas, casi el 100 % cuenta con electricidad, agua entubada y excusado o sanitario.
Caracterización del sistema agroalimentario local que desarrollan jornaleras agrícolas
La base del sistema alimentario está integrada por el conjunto de conocimientos y saberes agrícolas que poseen las personas en las comunidades. Es decir, la experiencia acumulada de las mujeres jornaleras agrícolas sobre las formas de cómo preparar y sembrar la tierra forma parte de prácticas aprendidas en sus lugares de origen fusionadas con los aprendizajes obtenidos en el trabajo asalariado que desarrollan en los campos agrícolas. Por tanto, esta ecología de saberes ha sido lo que les ha permitido asentarse en comunidades cercanas a sus espacios de trabajo y poder recrear formas de producción que les permitan la sobrevivencia.
Cuando sea habla de ecología de saberes se hace alusión al reconocimiento de otras acciones que también son válidas y que radican en la sabiduría de los pueblos, y el diálogo entre diferentes formas de saberes. Para Arce-Rojas (2020), desde esta perspectiva se promueve la interacción entre los saberes científicos producidos por la modernidad occidental y saberes distintos no científicos. Ente concepto permite explicar cómo, si bien hay aprendizajes del trabajo tecnificado que se realizan en los campos agrícolas, también existen aprendizajes de herencia cultural que se desarrollan, porque las fusiones de estos hacen una experiencia enriquecedora. Por tanto, allí se han construido sistemas de alimentación comunitarios que han posibilitado que las personas se establezcan, se apropien y arraiguen a dichos territorios.
En este sentido, una de las características principales del sistema agroalimentario de esta comunidad de estudio es que la principal estrategia de suministro de alimento son los huertos familiares o agricultura de traspatio, ganadería de traspatio e intercambio de productos o trueque, así como la comercialización.
La actividad que aún realizo y aprendí de mis padres es cosechar mis propios vegetales. Como puede ver en mi huerto tengo sembrado acelgas y cebollas, las uso para consumo familiar, pero también las intercambio por otros productos que tienen sembrados otras mujeres de la comunidad. (J.A. 5)
En mi pequeño huerto tengo sembrado zanahorias, cebollas y rábanos, también algunas plantitas medicinales que uso para tratar algunas enfermedades. Desde pequeña aprendí a trabajar la tierra, desde los 12 años trabajo en los campos agrícolas y traté de aplicar algunas cosas en el patio de mi casa, la misma necesidad me llevó a tener mis propios cultivos. (J.A. 3)
Los huertos familiares o agricultura de traspatio están integrados por la siembra de hortalizas como cebolla, zanahorias, tomates, chiles, acelgas y rábanos. Asimismo, tienen árboles frutales, maderables y plantas medicinales que utilizan para remedios caseros ante enfermedades. Otra de las estrategias utilizadas es tener ganadería de traspatio; puede observarse que las mujeres tienen en sus patios cría de animales que utilizan también para el consumo familiar, poseen diversidad de especies, ya que no solo tienen animales pequeños como gallinas y pavorreales, sino también tienen cerdos, vacas y chivos, los cuales utilizan para consumo personal y para vender productos obtenidos de ellos.
Al respecto, Lara et al. (2013) señalan que los huertos representan una estrategia productiva, lo cual implica un amplio conocimiento de las especies y del ambiente en el que se desarrollan. Todas las especies aprovechadas son una fuente de alimentos y de ingresos monetarios que circula en la economía campesina local, sobre todo por el manejo de especies definidas con propósitos comerciales que los hace muy productivos. En este sentido, desarrollan una serie de actividades para la subsistencia; sin embargo, el sustento principal sigue siendo el maíz. Las mujeres con ayuda de algunos hombres lo siembran y lo utilizan para hacer tortillas y realizar algunos platillos.
De lo que vivimos es de la siembra del maíz, sigue siendo lo más valioso pa' nosotros porque la tortilla no puede faltar en nuestra mesa, además que hacemos otros platillos con el grano de la mazorca, como atoles, pozoles o la gallina pinta. La gente sabe que tengo mi parcela siempre surtida de maíz; cuando es temporada les vendo y también tenemos animalitos, tengo cría de cerditos, gallinas, chivitos y unas poquitas vacas; en el caso de los cerditos, cuando se ponen gorditos, entre mi esposo y yo hacemos carnitas y chicharrones para vender. (J.A.2)
De manera general se puede precisar que el traspatio tanto de agricultura como de ganadería se ha convertido en la principal estrategia de seguridad alimentaria. El traspatio ha sido considerado por González et al. (2014) un agroecosistema adjunto a las viviendas donde por acción humana se han concentrado diversos componentes e interacciones que favorecen una rica biodiversidad y que tiene un rol relevante en la alimentación de las familias rurales, además de conservación y reproducción del germoplasma de una diversidad de especies comestibles, medicinales, condimentarias y de ornato, entre otras.
Por otra parte, se observó que dentro de sus consumos comunitarios consideran valioso el mezquite, un elemento biótico importante para su identidad cultural, a pesar de que ha habido una tala excesiva de este árbol:
El mezquite es muy importante, mi madre me enseñó a hacer harina con la pechita del mezquite y con ella hacemos muchos alimentos, hasta utilizan la miel del mezquite, además la madera del mezquite la usamos como leña y, le voy a decir algo, el mezquite ayuda a combatir muchas enfermedades, es muy bueno, dicen que ayuda al estrés y a dolores musculares. (J.A. 9)
Al respecto Luna, Martínez y Alemán (2022) en un estudio realizado sobre el mezquite demostraron que la resistencia de esta especie a temperaturas extremas hace que su producción sea sencilla, eficiente y sostenible. Por lo tanto, se le considera como un recurso de la vegetación cuyo importante valor nutricional y potencial económico puede aprovecharse para atender la diversa problemática nacional relacionada con la revaloración de la flora nativa, la escasez de alimentos saludables y la desnutrición en comunidades marginadas; como legumbre (vaina) se utiliza como harina, la miel de mezquite como sustituto de la miel tradicional, la goma de mezquite representa una destacable fuente de carbohidratos (82,10 %), proteínas (5,24 %) y cenizas (2,17 %), así como de grasa (0,18 %) y taninos (0,35 %), lo que la convierte en un importante emulsionador para la industria alimenticia. Además, para esta industria la madera del mezquite es relevante por su capacidad de cocción y la incorporación de sabores. Se puede observar cómo el mezquite, para las comunidades del Fuerte, representa un árbol multipropósitos ancestral por sus diferentes atributos y propiedades. Otra fuente de alimento importante que consideran valiosa son los árboles de guamúchil, sobre todo el consumo de la semilla.
Tenemos árboles de guamúchil, ese árbol es muy preciado por estos rumbos, lo usamos de consumo personal y familiar, la semilla es muy rica y tiene buenas propiedades, decía mi mamá que hasta curativas tanto para calmar el dolor e incluso para desparasitar. (J.A.7)
Puede observarse que consideran importante que los productos que consumen tengan propiedades nutritivas que beneficien su salud, lo cual muestra que el mezquite y el guamúchil son árboles que deben tener cerca y continuar con su consumo. Por otra parte, existen actividades que han disminuido considerablemente aunque se siguen realizando, como la caza y la pesca:
Todavía cazan y pescan, pero ya no hay tanta variedad, se iban al monte y cazaban venados, jabalís de monte, conejo y codornices, o si no al río y pescaban curvinas, cauques o lisas, pero ya no es lo mismo ya escasea esto. (J. A. 10)
Cabe señalar que las actividades anteriores han disminuido por efectos del cambio climático y algunos fenómenos como las sequías.
Cambio climático y acciones de sostenibilidad
El cambio climático se ha planteado, para Casanova-Pérez et al. (2022), como un fenómeno que ha creado condiciones de incertidumbre mayor para quienes realizan el quehacer agrícola. Los afectados seguirán siendo, al igual que en otras regiones del mundo, los pequeños productores, quienes realizan su actividad agrícola en áreas productivas marginales como tierras de temporal, laderas, suelos delgados y proclives a la erosión, y cuyas estrategias de adaptación son mínimas o nulas; esto profundizará la pobreza, el hambre y, con ello, flujos de migración hacia los centros urbanos, donde la pobreza rural pasará a aumentar la pobreza urbana ya existente.
El cambio climático que se espera ocurra en los próximos años, relacionado con precipitaciones, inundaciones y temperaturas extremas, impactará en los aspectos bióticos como la vegetación espinosa, los pronósticos de vulnerabilidad de rendimientos de los cultivos se verán alterados y seguramente se modificará el desarrollo de la agricultura regional del Fuerte en los próximos años. Instituciones de gobierno, expertos y una creciente sociedad incluyente de mestizos y pueblos originarios preocupados por el ambiente deben informarse adecuadamente y coordinarse para poder frenar los efectos del cambio climático que ha comenzado a hacer estragos (Lara, 2020, p. 159).
Los efectos del cambio climático han sido obstáculos para que el sistema agroalimentario local se desarrolle de manera natural, por lo que las mujeres de este estudio han realizado estrategias para combatir los estragos de las sequías y también la falta de agua en las comunidades.
Seguimos utilizando pozos artesanales o aljibes para tener agua disponible cuando en ocasiones escasea, ya que la ausencia de ella también afecta la calidad de la tierra, ya que no es la misma, antes teníamos más variedad de alimentos sembrados, por ejemplo, la planta de papaya ya es muy difícil que se dé. (J.A.11)
Asi mismo, desarrollan estrategias de sostenibilidad que les permita desarrollar las actividades anteriores, por lo que desde la preparación de la tierra hasta la siembra de los productos utilizan acciones como fertilizantes ecológicos a base de compostas para abonar la tierra y evitar las plagas.
Algunas mujeres de la localidad hacen compostas para abonar las plantas, incluso algunas hacen humus de lombriz, dicen que este favorece la calidad de la tierra y libera nutrientes y estimula el crecimiento de las plantas. (J.A.8)
Estas acciones les posibilitan tener productos que puedan utilizar para su consumo personal y familiar y que no supongan un riesgo para su salud e incluso que puedan intercambiar y comercializar.
Intercambio y trueque: comercialización
Las jornaleras agrícolas han establecido una red de entramado de relaciones que les permite relacionarse con otras mujeres y poder intercambiar productos obtenidos de sus huertos familiares; de esta forma se establecen interacciones de apoyo mutuo que contribuye a los consumos familiares.
Hemos formado una red entre las mujeres de la comunidad donde nos reunimos para realizar actividades en apoyo de nuestra comunidad, pero también para intercambiar productos de los que tenemos cosechados en nuestros patios, incluso algunas hasta lo venden a las orillas de la carretera principal, ya sean las frutas o verduras o las conservas que hacen con los productos de sus huertos. (J.A.1)
En este sentido, Muñoz (2021) menciona que las mujeres rurales han visto lo importante de reunirse con otras mujeres, pues es el espacio donde confluyen, la identificación a razón del género y de las vivencias en común que las atraviesan. Es un lugar donde por medio de la escucha, la empatía y la sororidad se generan nuevos cambios profundos en su cotidianidad. Las mujeres han desarrollado en sus comunidades una red de apoyo mutuo para el trueque e intercambio comunitario. Por otra parte, algunas van más allá y también ponen a la venta productos elaborados con la materia prima obtenida de los huertos familiares y la ganadería de traspatio, estos son ofrecidos en los tianguis comunitarios, afuera de sus hogares, o a la orilla de la carretera San Blas-Los Mochis. Dentro de los productos elaborados se encuentran conserva de papaya o calabaza, quesos, chicharrones y carnitas. Estas actividades les generan obtención de recursos económicos y productos para la subsistencia.
De manera general el sistema agroalimentario local puede esquematizarse como se muestra en la figura 2.
Figura 2.: Sistema agroalimentario local.
Conclusiones
De manera sintética puede precisarse que los conocimientos y saberes agrícolas de las jornaleras agrícolas está determinado por el conjunto de prácticas y experiencias que poseen de sus lugares de origen, pero también por los adquiridos en el trabajo asalariado que desarrollan en los campos agrícolas. Asimismo, la agricultura de traspatio o huertos familiares distribuidos en árboles frutales, maderables, hortalizas, plantas medicinales y semillas comestibles, además de la ganadería de traspatio donde crían especies pequeñas y grandes como gallinas, pavorreal, vacas, cerdos y chivos, son las principales estrategias de seguridad alimentaria. Por otra parte, las actividades de intercambio o trueque comunitario adicionales permiten obtención de recursos económicos y productos para la sobrevivencia. Por tanto, este sistema agroalimentario que han desarrollado garantiza el acceso de manera inmediata a los alimentos para la subsistencia familiar.
Los resultados muestran cómo la organización de las jornaleras agrícolas coincide con los elementos considerados en los Sistemas Agroalimentarios Localizados, principalmente porque la producción de alimentos se ha convertido parte del arraigo territorial. Han tenido que desarrollar estrategias de innovación social, usando sus saberes, cuidando los recursos naturales y el equilibrio ambiental con el apoyo del entramado de relaciones que han ido construyendo y que les ha permitido enlazarse con otras personas solidarias.
Cabe destacar que se ha perdido una parte del conocimiento de origen yoreme-mayo; sin embargo, también se ha logrado conservarlo, enriquecerlo y transmitirlo de una generación a otra, además de complementarlo con nuevas prácticas, de tal manera que los huertos familiares han desempeñado un papel esencial en estos procesos de sobrevivencia. Por último, es importante mencionar que la participación de las mujeres en las estrategias de cuidados alimentarios las posiciona como actoras protagónicas, pero también con una mayor sobrecarga de trabajo, por lo que es necesario el involucramiento de todos los actores en los sistemas agroalimentarios locales.
Referencias
Referencias
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