Vol. 35 Núm. 3 (2025): Mirada crítica a la vivienda. Alternativas para habitar
La vivienda constituye un bien básico para la existencia humana; es evidente que, sin distinción del grupo social al que se pertenezca, toda persona, familia o comunidad necesita disponer de un espacio material donde pueda desarrollar las actividades necesarias para sostener su vida social. Para lograrlo, los colectivos humanos deben considerar las condiciones topográficas del terreno, los materiales que ofrece el entorno natural o geológico, las particularidades del clima y, de manera central, la dimensión social del proceso de construcción y los modos de habitar.
Desde esta perspectiva, los procesos vinculados a la ocupación y apropiación del suelo, su ubicación respecto a otros usos, la organización del trabajo constructivo y la producción de experiencias subjetivas asociadas al lugar de habitación, convierten la producción de vivienda en un fenómeno social que responde a un determinado momento del desarrollo histórico, de carácter desigual y contradictorio. Así, el tipo de vivienda al que se haga referencia está definido por las características de su producción social y no únicamente por sus atributos físico-espaciales.
En síntesis, los modos concretos en los que cada grupo organiza su vida en el espacio, las prácticas culturales y funcionales que estructuran el hábitat y el nivel de desarrollo técnico de los sistemas constructivos exige pensar la vivienda como proceso histórico y como un campo de tensiones, en el que se disputan los patrones de vida individuales y colectivos. De esta forma, la perspectiva crítica de este número de Bitácora Urbano Territorial invitó a situar el análisis tipológico de la vivienda en un conjunto más amplio de relaciones desiguales de producción y modos de habitar que sobrepasan la sola racionalización físico-espacial de las actividades domésticas, debate característico de la noción de vivienda mínima de mediados del siglo XX (Warmburg, 2020; Mumford, 2007).





